LAS
HUERTAS 6 LA VIÑA

Oleo del Maestro Armando Otero, Mostrando en sus recuerdos de los años sesenta, la reja de acceso a la Huerta y a sus últimos propietarios como tal, doña Teresa y don Felipe, siempre elegantemente vestidos a la usanza antigua.
Concluyo la
serie referente a las legendarias huertas Sanjuanenses, con una de las últimas
persistentes y la mención de algunas otras. Ya en entradas precedentes he mencionado
por qué estuvieron estos terrenos, propiedad de españoles dentro del pueblo de
Indios desde épocas tempranas del periodo colonial.
La huerta
de la Viña, si bien no fue la más grande en extensión, sí la más productiva, famosa,
(tras el declive de la huerta Grande y el molino que aún existían, pero ya como
terrenos de cultivo y alfalfares) fue la última de las grandes que se mantuvo
en pie, agregándose que su entrada estaba en la zona tempranamente urbanizada.
Algo
de Historia
Por su
ubicación en el barrio indígena de la Concepción junto al del Calvario, solo separados
por la acequia de riego, originalmente perteneció a la República de Indios,
probablemente de las tierras de comunales originales. El nombre se debe a que
en su parte plana (hoy fraccionamiento la Viña) se cultivó vid en alguna época.
No he
podido encontrar documento que diga con certeza el nombre del primer propietario,
en el AGN existe un expediente de 1759 donde el virrey otorga a José
Joaquín Caraveo, originario del pueblo, licencia para fabricar vino y
aguardiente en la viña que tiene en San Juan del Río. Por
alguna razón, de los sitios donde hubo ese cultivo, este es el único llamado específicamente
viña, de ser así, el nombre persistió. A la muerte del mencionado, antes de
1775, habiendo varios herederos de su viña, esta fue administrada por don Ygnacio
de Pineda quien presenta una “cuenta y relación jurada” en 1776. No debió haber
sido tan buena la administración o el difunto dejó muchas deudas porque ya para
1793, hay una memoria de acreedores a los bienes dejados que se extiende al menos
hasta 1803.
Debe
recordarse que en ciertas etapas del virreinato la producción de vino fue casi monopolio de la metrópoli (España) y los
permisos para producirlo en las colonias eran escasos. No es posible saber si
esta viña es la que conocimos como huerta hasta el siglo pasado, es probable ya
que no hay registro que consigne otra en el pueblo, solo el permiso para
fabricar vino y aguardiente, otorgado antes de 1776 a Juan González Guerra en
su hacienda de San Joseph de Galindo.
La primera mención certera de la
Viña está en otro documento del AGN de 1803 en la que el gobernador de los
indios señala que pertenecía a “varios individuos” y estaba junto a
sus solares y hortalizas bajo el Calvario. Desde ese el siglo ya se llamaba calle de la Viña a la hoy
sección de Allende que la colindaba.
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Fotografía tomada de Google Earth, En la diagonal que hace la calle de Allende, a la derecha del poste, el letrero, de los pocos antiguos que quedan, con el nombre de la viña. |
Para 1843 el
propietario era el señor Rafael Ugalde, aunque tenía un gravamen de 2663 pesos
y 3 reales para las obras pías de la Parroquia, cuyo pago se garantizaba con la
huerta y una casa en la calle Nacional, En una lista de bienes eclesiásticos
esa deuda estaba sobre bienes de don Eusebio Camacho. Seguramente Rafael la
heredó o adquirió con ella, como era común y Eusebio debía un contrato de maíz
a Francisco Ugalde que reclamaban sus herederos en 1814.
Al parecer desde
entonces esa familia la mantuvo como propiedad familiar, porque a inicio del
siglo XX el dueño era Agustín Ugalde, de quien pasó a su hijo Felipe Ugalde
Farfán, que la tuvo hasta la época final de la huerta.
En 1968, los límites,
que consignaremos como originales, refiriéndonos ya a la huerta constituida con
el nombre de la Viña, eran los siguientes:
1.- El frente y acceso estaba en la actual plazuela Guadalupe Victoria,
ocupando su barda de piedra la mitad de la acera sur, continuando en diagonal
por Allende, pasar por donde ahora inicia el B. Hidalgo, (para trazarlo, se
derrumbó esa parte) terminando metros adelante en la misma. (La barda era también
el fondo de la casa de campo había dentro)
2.- Por su parte trasera colindaba con la huerta del Molino, con una barda de
piedra que, en diagonal, desde lo alto de Cóporo llegaba hasta la casa de campo.
3.- Finalmente, por el fondo de las casas de la calle de Cóporo y algunas de
la Plazuela Guadalupe Victoria, aquí casi sin barda, únicamente protegida por lo
alto del desnivel, carrizales y enramadas de espinas. (La meseta del pueblo
terminaba exactamente aquí, Cóporo, la Plazuela e incluso la reja estaban en la
meseta, pero la huerta afuera y varios metros abajo)
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Fotografía tomada de Google Earth. la extensión de la huerta sobre las calles actuales. |
Don Felipe y su esposa
Teresa Martínez, en temporada de cosecha vendían personalmente la fruta recolectada
y regalaban otro mucho en el despacho, un local junto a la reja. Inmediatamente
al interior empedrado, resaltaba un enorme chirimoyo. Cabe mencionar que la
familia vivía en una casona en la Avenida Juárez y se mudaba a habitar la casa
de campo de la huerta durante esos meses del año.
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Fotografía del Detenal de 1970.La huerta, ya cruzada por el B. Hidalgo.
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Había adentro gran
cantidad de árboles frutales dispersos, pero ocupando todo el espacio posible;
manzanas de varios tipos, pera, naranja, limón, granada, cidra, membrillo y
nuez. La sección central plana (donde debieron estar los viñedos) tenía hortalizas maíz y alfalfa. Por 1970 había vides aisladas,
no en cepa sino árboles permanentes. En la parte colindante con Cóporo había
fresnos y nogales enormes donde en invierno pernoctaban parvadas de tordos que,
por las tardes, antes de posarse revoloteaban por las calles colindantes. No sé
si todavía se dé este espectáculo, los árboles gigantes ya son pocos. (Se
pueden ver al fondo del actual fraccionamiento la Viña)
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Recreación personal. La huerta y su entorno en los sesenta. No se dibujaron todos los árboles del frente, se aumento el tamaño de la fuente para hacerla visible, las escaleras son imaginarias y la línea diagonal, es el trazo del B. Hidalgo. 1.- Cancha de basquet en la Plazuela 2.- Reja de entrada. 3.- Acceso empedrado 4.- Posible Ubicación de la escalera. 5.- Estanque de Agua. 6.- Glorieta y Fuente. 7.- Patio para actividades sociales. 9.- Acequia del pueblo. 10.- Casa de campo |
La gran
productividad se debía a que tenía riego de la acequia del pueblo por tres de
sus extremos, conduciéndola a canales secundarios al interior:
1.- Por la
parte trasera, entraba una zanja derivadora paralela a la barda que luego
volvía a la huerta del Molino. Ya no funcionaba en la etapa final de la huerta,
quedó una zona hundida, especie de bordo creado al hacerse el B. Hidalgo,
ubicado donde hoy es un estacionamiento subterráneo, el suelo de arena y
tepetate ya no era fértil, parece que una crecida del río llegó hasta ahí,
inutilizándolo y motivó su abandono.
2.- En el
costado colindante con el fondo de las casas de Cóporo y la Plazuela pasaba al
descubierto el canal principal que derivaba agua por dos bitoques -especie de
compuertas- alimentando canales secundarios, algunos revestidos de piedra y
ladrillo, otros eran zanjas en tierra.
3.- Por la
fachada, aunque el canal pasaba por la calle, había una atarjea con derivación
que proveía subterráneamente agua al estanque interior, inmediato a la barda. (aunque
ya tenía tabique rojo en forma de rombo en la parte superior formando un barandal
de protección, el resto se veía más antiguo) La alberca iniciaba en la meseta,
al nivel de la calle y terminaba fuera de ella, en la parte baja de la huerta.
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Fotografía del INAH, 1910 Tomada desde el poniente de la huerta hacia el Calvario. Abajo se observa la parte plana, la línea azul indica el paso de la acequia metros arriba tras las casas de Cóporo (Melchor Ocampo) |
Para
salvar la altura de la Meseta, se menciona una escalera monumental antes de un
sendero hacia una glorieta de piso de ladrillo con una fuente circular alimentada
por la acequia que durante muchos años fue sitio preferido por la élite sanjuanense
para celebrar reuniones sociales por la belleza del entorno rodeado de
frutales. Siendo común que en las visitas de políticos y autoridades se les
invitara a comidas en huertas, esta era una de las preferidas.
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Fotografía del INAH. Década de 1910. La fuente de la huerta. En la exuberancia de la vegetación se pueden observar al gobernador Ernesto Perusquia y su esposa, don Agustín Ugalde, Severino Ayala y algunos de los diputados constituyentes por Queretaro. El color de la fuente era rojo oscuro, |
Ignoro cuando la fuente
dejó de funcionar, para 1969 solo quedaba sus restos. (estarían detrás del banco
que hoy se encuentra en el B. Hidalgo) Para entonces, los dueños ya habían
construido un patio con arcos para las actividades sociales junto a la barda de
Allende. Para el trazo del B. Hidalgo por entre la huerta, esa sección fue demolida iniciando ahí la nueva calle. Se tiró también
gran parte de la que la dividía con la del Molino.
La huerta
quedó separada desde entonces en dos predios. A sendos lados del Boulevard se
hicieron cercas con los restos de los arcos, espinos y alambre de púas para
evitar ingresos indeseables, especialmente en la parte oriente donde quedaron
la mayoría de los frutales sobrevivientes. Al otro lado solo quedó el pequeño
terreno triangular sobre el que estaba la casa de campo de la huerta, entonces
en buen estado de conservación ya que había sido deshabitada pocos años antes.
Esta casa
de construcción antigua de piedra y lodo estaba sobre un terraplén dado lo
irregular del terreno, en su frente tenía una especie de banqueta cubierta por
loza. Su última habitación al sur era una extraña instalación de dos niveles
llamada “la paila”. Había ciertas comodidades como pisos de duela, pero nunca
tuvo luz eléctrica. Algunas paredes tenían murales y una la adornaba un óleo: “el
último réquiem de Mozart”, al parecer de alto valor artístico. Al quedar aislada
del resto y deshabitada, fue deteriorándose por la invasión de maleza y la
pérdida de sus puertas de madera. A fines de los setenta, la esquina de Allende
y el boulevard que era la casa se acondicionó para un local de carnes asadas y
las habitaciones siguientes se modificaron para albergar un restaurante
italiano (Michelangelo) en la década de 1990.
Lo antiguo y lo nuevo se demolieron 10 años después para construir un
pequeño centro comercial que aún hoy tiene la forma triangular del predio
original.
La barda
de casi un metro de espesor tenía en la Plazuela una altura de unos dos metros y
en Allende casi 4, aquí más ancha en la parte baja por un contrafuerte adosado
para resistir las crecientes de agua. Su remate superior era triangular con
vidrios encajados, hecha totalmente con piedra de cantera y río unidas con
lodo. Su aplanado era de arenilla, el último color que tuvo fue blanco de cal,
pero en partes conservaba la pintura salmón impregnada al aplanado original.
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Recreación personal. Reja de la Huerta en la Plazuela. No se pusieron los árboles. Luego de entrar al puente, la acequia continuaba subterránea, la mancha en el suelo era el registro. El rectángulo en la pared junto al enrejado era una base para los anuncios del Cinelandia.
 | Oleo del maestro Armando Otero, casi en el mismo lugar. Los árboles fuera de la Huerta eran mucho más grandes de los mostrados.
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Durante
las fuertes lluvias de 1948 y 49, las grandes crecidas de agua que descendieron
de la parte alta de la ciudad y convergieron en ella, dañaron gran parte de la
barda en las dos calles. Fue reconstruida en partes utilizando cemento.
Después
del trazo del B. Hidalgo la huerta conservó 10 años el resto de barda en
Allende en dos secciones separadas con un total de unos 40 metros y otros 30 en
la Plazuela, mismos que fueron derrumbados con maquinaria junto con el aljibe,
el despacho, su baño adjunto, la glorieta con fuente, los restos de la escalera
y la soberbia reja de hierro forjado de la entrada, para la construcción de la
actual plaza comercial “los Faroles” y el fraccionamiento la Viña.
En un dato adicional,
en esta huerta pasó lastimeramente sus últimos años el pianista José Martínez,
quien llegó a dar conciertos en famosas salas del país, se dice que hasta el
palacio de Bellas artes. La enfermedad y la vida lo trajeron de regreso a su
pueblo natal, imposibilitado para caminar, se arrastraba de un lado para otro
sobre un tapete y sobre su fama. Su recuerdo también fue sepultado para siempre
junto con la huerta donde casi nadie que lo vio conoció sus glorias pasadas.
A continuación, un
recuento de datos de las dos calles donde se encontraba la huerta en su frente
con la zona urbana.
LA PLAZUELA
El trazo original de
las calles de la ciudad fue determinado, por estar en declive, por la corriente
de agua en época de lluvia. Así todas las que van de oriente a poniente son
irregulares y la altura de sus banquetas dependía del caudal que conducían en
esa temporada. No se podía quitar el arroyo, pero lo encauzaban en lo posible.
La ordenanza indicaba que las calles, a partir de la plaza principal debían ser
rectas y perpendiculares, aquí no se cumplió aquí, por esa circunstancia.
Una de las más anchas
es la plazuela Guadalupe Victoria, donde convergían las corrientes de lluvia
que bajaban de las Peñitas por arroyos que hoy son calles y llegaban a la cuesta.
(hoy Fernando de Tapia) Actualmente tiene un drenaje de gran capacidad, pero hasta
1975 bajaba con gran fuerza, abarcándola toda y pasando el nivel de las
banquetas entraba a las casas. La calle consta de 2 cuadras desde Allende hasta
2 de Abril y continúa hacia el oriente como Fernando de Tapia.
Su nombre antiguo fue
plaza de los Trabajos, refiriendo a que aquí hacían algunas labores los indios.
Parece que originalmente no había casas y era un terreno abierto más amplio.
Según “la sombra de
Arteaga” en 1870, el municipio instaló una plaza de baratillo (tianguis de
menudeo) de 4 a 7 de la tarde diario y desde entonces se llamó plazuela o plaza
“del Baratillo”. El nombre no perduró, veinte años después otra vez era “de los
Trabajos” y parece ser el origen de los locales de comercios que después tuvo y
se constituyera como el punto de llegada y reunión de la gente de las
comunidades del sur del municipio hasta 1970.
En la década de 1930 se
instaló un parque infantil con juegos y una cancha de tierra para basquetbol y
volibol, además de unos lavaderos y baños públicos que pronto fueron
vandalizados
Antes de la Viña, que tenía
el número 2, junto a la hoy la plaza los Faroles había una puerta en el callejón
formado por las bardas dentro del cual venía la acequia
antes de salir a la calle. (El INAH la cataloga como casa habitación, pero solo
fue hasta que la acequia se entubó y se pudo poner piso) Exactamente en
la salida se le había puesto fachada y puerta, porque sobre el canal se hizo un
baño. A partir de ahí, la acequia iba por el exterior de la calle, junto a
barda de la Viña, incluso bajo la entrada (hubo un pequeño puente frente a la
reja) donde se hundía y ya no salía.
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Fotografía del INAH, 1910, desde la Cuesta, leo del maestro Armando Otero, casi en el mismo lugar. Los árboles fuera de la Huerta eran mucho más grandes de los mostrados. Junto al último árbol a la izquierda se asoman los pilares de la huerta.
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Esta condición de
humedad permitió que fuera de la Viña hubiera gran cantidad de fresnos, algunos
de más de treinta metros, en ellos se escenificaba una curiosa tradición de la
calle; habiendo en casas cercanas corrales de puercos, los compradores
foráneos, instalaban en ellos sus viejas básculas “romanas” para pesar los
animales, no sin antes vencer su resistencia y llenar el ambiente con sus
chillidos, ya que se requería colgarlos de la cintura.
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Fotografía de aproximadamente los años 30s del siglo pasado. Desde el Calvario, marcados con la silueta, los árboles gigantes de las dos cuadras de la Plazuela. |
Aproximadamente
en 1970, aun funcionando la huerta, se entubó la acequia desde el socavón hasta
la atarjea en la esquina con Allende, tal vez para evitar accidentes. Y aún
más, al empezar a morir los árboles, el municipio siempre previsor determinó que eran un peligro porque las ramas
secas podían dañar a alguien al caer y se determinó cortarlos de raíz.
Las fotos
antiguas donde puede observarse la calle muestran que los árboles gigantes
cubrían las dos cuadras de la Plazuela en ambas aceras, principalmente
alcanfores y fresnos, los penúltimos existentes fueron dos alcanfores en la
esquina con Reforma, sobrevivió hasta 2016 un fresno de unos 20 m que era el
más pequeño de todos.
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Fotografía personal, 2016.El último árbol sobreviviente frente al 10 de la plazuela. A su lado estab l el monumento de la placa de la cancha. |
En los
setenta, cuando la calle solo era de tierra, quedaban algunas banquetas
antiguas de ladrillo cuadrado con restos de pequeños canales para regar los
árboles, venían de la cuesta y Cóporo con agua del acueducto y terminaban todos
en la acequia.
Contaba
mi bisabuela, quien murió en 1977 a los 105 años, que en los árboles fuera de
la Viña había visto ahorcar a personas y mencionaba a un “jefe Yaca” de tiempos
de la revolución. Según Jaime Nieto era Benito Llaca, jefe de los Rurales de San Juan del Río,
dueño de la hacienda los Pirules, aprehendido por Francisco Villa
aproximadamente en 1917.
Un poco
antes, por la década de 1960, aprovechando su anchura, se construyó una cancha
de básquetbol, moderna entonces, es decir de cemento, que al ser casi la única
del municipio y pública, fue bastante concurrida, debió ser un acontecimiento
memorable y hasta se colocó una placa alusiva en mármol al frente de un
basamento rectangular. Los encuentros deportivos eran un suceso y los vecinos
en ocasiones instalaban puestos de antojitos que regalaban a propios y extraños.
Las crecientes de lluvia dejaban sobre ella gran
cantidad de tierra, lodo y piedras que debió ser
fastidioso remover, más si llovía constantemente, de ahí que se fue
abandonando. Para 1970 solo quedaban las bases de los postes de concreto y
secciones de la plancha de cemento que una lluvia descubría y otra tapaba, y
casi intacta la base con placa que después fue demolido.
Hay
bastantes recuerdos y documentos que mencionan que aquí se practicaron muchos deportes
durante todo el siglo XX, hasta ecuestres y carreras de caballos y se instalaron
muchas diversiones ambulantes, circos, magos, compañías de títeres, prestidigitadores,
cine ambulante y los famosos gitanos o húngaros.
Posteriormente
fue costumbre lo
que se conocía como “la feria” o “los juegos” consistente en la instalación
durante semanas y hasta meses de juegos mecánicos y puestos que los
acompañaban; la afluencia de gente del entonces pequeño pueblo, carente de
diversiones era enorme, sobre todo los domingos por la noche, a las diez ya no
cabía ni un alma. La rueda de la fortuna se instalaba frente a la reja de la Viña.
En la
década de 1980 se cambió el vetusto drenaje por un grueso tubo de más de medio
metro de diámetro reduciendo las crecientes sobre la calle. Hasta entonces su
amplitud, ausencia casi total de tráfico (Fernando de Tapia, 2 de Abril y
Reforma se empedraron desde 1968, no así la plaza) pero sobre todo el piso de
tierra significaba un verdadero paraíso lúdico para los niños.
Era común
ver por la calle al personal de la huerta, entre ellos don Marcos Mondragón
tenía construido casi a mitad de la calle, un puesto de fruta, según provisional,
pero de ladrillo y cemento. Era al mismo tiempo cuidador de la Viña y se
rumoraba que en la glorieta de la fuente de la huerta había hallado un tesoro.
(No sé si era requisito para ser cuidador, pero él, igual que los otros
hortelanos como don Pablo Uribe y otro llamado Porfirio eran bastante malhablados)
En la
otra acera, en la misma época tenía su casa y un local de chicharrones, don
Toño Rico, uno carniceros tradicional, fuera de ella, había varios árboles y
bajo ellos vivía “Juana la loca”, una pordiosera algo afectada, célebre por
estar siempre acompañada por una multitud de perros, a los que alimentaba con
sobras que recogía durante el día. Lo de vivienda es un decir, al llegar la
noche simplemente colgaba algunos trapos de los árboles y se disponía a
descansar, protegida por los animales. (O al revés) Vestía con andrajos y las
pocas veces que se bañaba era en el río, lo que la hacía ver mayor a lo que
era, aunque era algo agresiva, nunca hizo mal a nadie, pero eran célebres sus
disputas con la policía, un día desapareció, no se sabe si fue el municipio
quien la retiró, no regresó nunca a sus “habitaciones” Dicen que murió con el
siglo, en un manicomio de México. Originalmente vivía junto a los árboles
afuera de la Viña.
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| Óleo del Maestro Armando Otero. Juana la loca con sus peros frente a la huerta. |
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Hasta
hace pocos años, disimulado por la infinidad de taxis suburbanos, que aquí
tienen su paradero y sustituyeron a los niños que antes la ocupaban, podíamos
encontrar a un personaje llamado Juan,
su vestimenta militar hecha harapos daban una impresión equivocada de él, que
se desvanecida al escucharlo hablar, herrero de profesión, trabajador como pocos, amigo de muchos y
dueño de una gran cultura y amplios conocimientos que le daba el haber
vivido muchos años en el popular barrio, los detalles de su vestimenta no nos
corresponde mencionarlos aquí por ser de carácter personal. Un buen día la
cambió por ropa normal y dejó el alcohol, por lo demás, es el mismo.
Igualmente, la barda era utilizada por gran cantidad
de vendedores que instalaban al frente sus puestos, sobre todo una vez que la
acequia fue entubada.
Aunque la acequia estuvo descubierta mucho tiempo en
esta calle, nunca se supo de un accidente real, las mamás alimentaban la
creencia de que ahí salía la “llorona” y que, por ser bastante profunda, si
alguien caía ahí “ya no salía”. Los que la vieron cuando cortaron su
flujo antes de entubarla, observaron que la profundidad ya era de apenas unos
centímetros por la tierra acumulada y en consecuencia ya nadie creyó en la
aparición.
El cruce de Allende
La actual
calle Allende se llamó de varias formas: partiendo de Av. Juárez, la primera
cuadra era calle del Canal por ser la primera donde se veía la acequia viniendo
del centro, recuérdese que hasta aquí venía por en medio de propiedades
privadas y no se le podía ver. La sección siguiente se llamó calle de la Viña,
por estar frente a ella, al terminar esta se conocía como calle de los
Aguadores por transitar estos con sus cántaros o botes desde el río o el pozo
de Guadalupe.
Para
evitar destrozos en época de lluvia, por bajar aquí rumbo al río uno de los
arroyos más violentos de la ciudad, el tramo de acequia que la atraviesa desde la
Plazuela fue subterráneo desde tiempos antiguos, con una atarjea o resumidero,
regresando a la superficie más adelante. El resumidero estaba frente a la puerta
de la Viña, cubierto por un registro de cantera dentro del cual había una
desviación a la alberca o pila de riego de la huerta, lo que hoy es una
mercería en la plaza los Faroles. Por el desnivel, (la parte de la alberca
junto a la barda era baja, pero al otro extremo muy profundo) tenía escaleras
de piedra para descender al fondo. De ahí se regaba la parte baja de la huerta.
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Captura de un video de internet. Una creciente de lluvia en Allende, en donde estuvo anteriormente la casa de Campo de la Huerta.
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Estuve presente
cuando la máquina derrumbó la barda del boulevard a la Plazuela, el despacho, así
como la alberca, se pudo observar entonces un canal que salía de ella por
arriba y un tubo por debajo, ambos iban a la casa de campo, el último estaba muy
enterrado solo apareció por el gran volumen de piedra y tierra que la máquina
removió). Desde la apertura del b. Hidalgo en 1969, al quedar expuesta parte de
la huerta, se protegió en los tramos abiertos con cercas de alambre de púas,
espinos y un cuidador, que hasta portaba un rifle, no sé si lo llegó a utilizar
contra alguien, los tiros se oían frecuentemente, pero al final de su jornada
se le veía pasar con un cargamento de tordos. Años antes, en el apogeo de su
producción además de los cuidadores tenían muchos perros, famosos por su
ferocidad, no tanto por su raza. La caída de un nogal se encargó de cinco de
ellos y provocó igual número de fracturas a doña Teresa, la dueña.
Los
resumideros
La acequia
originalmente fue superficial en toda su extensión, al trazarse las calles,
generalmente se optó por construir de manera que el fondo de las casas, generalmente
huerta o corral colindara con ella para aprovechar el agua. Donde cruzaba una
calle se le colocaban troncos o tablas encima. Al aumentar la población y necesitarse
un paso firme, se hizo subterránea con el método más sencillo que existe y que
permite bajar su nivel para que por encima haya paso libre. El primer
lugar con este resumidero, atarjea o vaso comunicante fue el cruce de Allende,
entre la Plazuela y el actual hotel Jalisco.
El
proceso es sencillo: La corriente viene al descubierto a nivel de piso, al
llegar a la calle por cruzar, se hacía el canal más profundo y se cubría a
media altura con lajas, cubriendo todo con tierra o piedra quedando solo los
pozos de entrada y de salida con registros para evitar accidentes y facilitar
la limpieza. El agua al caer al pozo de entrada inunda la parte baja y al alcanza
el mismo nivel al lado contrario, volvía a correr. La ventaja sobre un puente
es quedar protegido de escurrimientos, se utilizó especialmente en donde la
lluvia acarreaba escombros como aquí, donde se le dio metro y medio de
profundidad (según se veía en el registro afuera de la Viña)
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Fotografía de Gustavo Nieto, 1977 Derrumbe de casas viejas junto al Hotel Jalisco. a la izquierda se puede ver la blanca barda de la viña en Allende, ya cortada para el trazo del B. Hidalgo.
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Imagen de Google Earth. El mismo lugar en la actualidad. El proyecto inicial era un jardín triangular con fuente sobre el área de las viejas casas, que después fue cortado.
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Fotografía de Gustavo Nieto, 1977. Derrumbe de parte de la esquina de Allende y la Plazuela. Se observar a la izquierda, el resto de la barda de la huerta y el anuncio metálico en ella. La máquina estaría sobre el antiguo estanque. |
Imagen de Google Earth. Mismo lugar. la línea indica el antiguo paso de la acequia y el fin de la meseta del pueblo.
Hubo en
el pueblo hasta hace pocas décadas infinidad de huertas de tamaños diversos, se
recuerdan hasta la década de los setenta “El retiro” donde hoy es la
preparatoria de la UAQ y “el Esparrago”, en el fraccionamiento actualmente
nombrado así y muchas más, la mayoría ya no fueron para actividades sociales,
eran completamente familiares o para producción comercial.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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SECCION COMERCIAL
A finales de los setenta, quedaba al inicio del B. Hidalgo, la casa de campo de la Huerta. Ahí se instaló una negociación de carnes y quesos al carbón. Simplemente de le hizo un gran hoyo a la pared de piedra para colocar el zaguán. Abajo, el mismo lugar en la actualidad, De la casa ya no queda nada, se derrumbó para construir la actual plaza comercial
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AVISO PARROQUIAL
La creación según San Juan.
Se invita cordialmente al primer encuentro de escritores sanjuanenses los días 20,21y 22 de septiembre. Un esfuerzo para que los creadores sanjuanenses expongan su trabajo y puntos de vista.

Un servidor estará presente en la mesa de Historia el día 22 a las 19:00 horas en el foro San Juan del Portal del Diezmo. Ahí nos vemos.