martes, 25 de marzo de 2014

LAS POQUIANCHIS EN SAN JUAN DEL RIO


 LAS POQUIANCHIS EN SAN JUAN DEL RIO, HISTORIA DE UN MITO 

    
Descansemos un poco de la historia y pasemos al terreno de la crónica:

Prácticamente desconocida por el público, la historia de las casas de citas en nuestra ciudad está nutrida solo por la tradición oral, obviamente propalada por quienes a ellas asistían. Supongo que siempre hubo en el pueblo quienes se dedicaran a la antigua profesión, pero dentro de locales solo he escuchado que por allá de los años 50s del siglo pasado existía uno en la Casa colorada de la Estación y por los años 70s y ochentas  algunas casas particulares clandestinas en las calles de Allende y Morelos aunque nunca he podido saber su ubicación exacta. (Estos datos también los consigna Jaime Nieto, pero igual, no da ubicación)

Fotografía personal: Fachada

En la década de 1960 se abre sus puertas  un local de manera pública, a vistas de todo mundo en la entonces alejadísima calle de Cóporo (hoy Melchor Ocampo)  con servicio de Salón de baile, bar, damas de compañía y "dormitorios".
Cándidamente las madres de familia de entonces  trataron siempre de alejar a niños y jóvenes de semejantes lugares, inventando mitos hoy motivo de risa pero que en aquellos años eran creíbles. Recuerdo vagamente que en la Casa Colorada (Allá por el rumbo de la Estación del tren) se decía que vivía... el ¡Vampiro!  También decían que en la calle de Cóporo  salía... ¡La llorona! Yo que vivía cerca de esta última nunca la vi,  y por tanto me siento en condición de darles a conocer la presente crónica, ya fue publicada en  “San Juan del Río en el tiempo” pero como fue segmentada, no se entiende totalmente, aquí se las presento completa, de la autoría de un servidor:
En el viejo barrio del Calvario, en la todavía más vieja calle de Cóporo, antes  Camino Real al Rodeo,  en la década de 1960 subsistían, tal vez desde la época colonial, varias descuidadas y ruinosas casas.  
La más famosa de todas, aunque sin el mínimo valor arquitectónico, que lo es hoy por su historia y antes por su contenido, es una enorme construcción de medianos del siglo pasado, que se hizo en aquellos años aprovechando elementos de un par de casas más antiguas a las que se adosaron nuevas secciones.  Aún existe, marcada con el número 36  y fue conocida hasta la década de 1970 popularmente como “el Burro” o “el Treinta”, por la numeración de entonces. El nombre  “Río Rita, que supongo que es el oficial casi no era usado.
Hoy es simple y falsamente llamada “Casa de las Poquianchis” (1)  y la fama que le viene de aquel entonces  se debía a que en ella vivían y trabajaban mujeres jóvenes (cuidado: en ese tiempo no había maquiladoras) que se decían eran de mala nota (tampoco se dedicaban a la música) es decir eran “carne  de  placer  y foco  de  infección  pública”, razón de que en un lugar,  entonces tan  marginal del pueblo se haya invertido en una construcción tan grande y costosa. Ahí, para evitar visitas indeseables, dado que no tiene huerta y si alguna vez la tuvo se le quitó, fue la única casa colindante entonces con la acequia que tenía barda trasera, para separarla de esta, (obviamente ellas no regaban) barda que para más seguridad se hizo doble, a ambos lados del canal y muy alta, de tal manera que la encajonaba totalmente. Aún existe la vieja casa completa. Si el morbo lo llama, puede usted ir al balcón del panteón de la Santa Veracruz, y justo bajo él, podrá observar estos detalles a plenitud, corroborando lo que aquí se dice. Si acaso siente que tal sentimiento lo domina plenamente, puede asomarse a la casa con pretexto de que busca rentar algún cuarto y entrar, ya que actualmente es una vecindad dividida en varias secciones: Inmediatamente después de la puerta hay un amplio recibidor que conduce al patio central, no muy grande pero rodeado de  habitaciones.
La administración  presentaba  espectáculos  musicales y de  baile ciertos  días de la semana, conocidos como “la variedad” en el gran Salón. Al fondo y laterales hay más habitaciones y patios, suficiente para albergar bastantes personas durante el día que era la población permanente y a la flotante, mucho más numerosa que se apersonaba por las noches.
Me dicen que llegó a haber señoras  instaladas en la entrada de la calle, es decir en la Plazuela Guadalupe Victoria, vigilando que sus maridos no fueran a la casa ella y efectivamente, nadie pasaba por ahí, pero el local siempre estaba lleno, los lúbricos parroquianos daban la vuelta por la parte de arriba (calles de Pino y Panamericana, entonces desoladas) y bajaban por el callejón detrás del Panteón, otros más recatados le daban vuelta casi Hasta Guadalupe de las Peñas. 
Cuentan a don Jaime Nieto (2) que de la casa salían por las tardes a partir plaza las damiselas, dando se una vuelta por la avenida Juárez (de ahí el conocido refrán de la que no enseña no vende) y regresar seguramente a preparar las herramientas de trabajo para el tercer turno.  El horario era, ora  sí que del crepúsculo al amanecer.
Alrededor de la casa habían creado una pequeña microeconomía, al ser un barrio pobre y ellas las únicas que disponían de efectivo, no faltaron vecinos que  aprovecharan  los empleos  indirectos  que  generaban: el  aseo del local,  cuidar a los hijos, sirvientas, lavanderas, etc. A pesar de su profesión, la mayoría de ellas eran personas bien vistas por todos. (Hoy esto es de lo más normal, pero considérese que hablamos de hace 50 años) De las dueñas o administradoras se dice alguna relación tenían con las tristemente célebres y famosas Poquianchis  y al ocurrir la detención de éstas en 1964 también declinó este negocio, aprovechando las autoridades para trasladar el giro a un local ubicado allá por la Estación.(aunque bajo otra administración)
En la poco a poco decaída casona continuaron viviendo algunas de las trabajadoras originales y durante años siguieron habitándola las damas de esa profesión que por azares del destino llegaban al pueblo, además de estudiantes pobres, migrantes nacionales e internacionales, etc. Hoy en día cada vez más abandonada, la vieja vecindad languidece, alguna vez se habló de una remodelación con fines turísticos ...
Fotografía personal: la casa
Jamás en mi niñez escuche todas las historias que hoy se cuentan, que espantan, que se siente mala vibra, que se oyen en las noches gritos de niños o sonidos macabros etc. Seguramente los únicos gritos que se escuchaban era cuando el encargado iban a cobrar la renta, lo demás son inventos modernos, también es una vil mentira la historia que cuentan los del taxivan de leyendas; que el cura que  vivía en el Calvario tenía un túnel que desde lo alto de la peña iba a dar al Burdel. (nunca vivió un cura en dicho iglesia que no tiene ni tuvo casa cural)
Falsa también es la creencia que la película "las Poquianchis" de Cazals se grabó en la casa de Cóporo, la única referencia a San Juan del Río en la película es un letrero de la carretera, con el nombre del pueblo, que se ve un par de segundos.
Después de su caída, vinieron el Foco Rojo, (en dos locales) la Escondida, el Zafiro  y algunos más, todos arrasados, no por la Liga de la Decencia, si por el temor al VIH, luego vino la modernidad. Algunos de los parroquianos todavía tienen gratos recuerdos (literalmente hablando) de los locales aquí mencionados.
Fotografia Personal: vista superior de la casa
 
 

1) “La maldiciencia así las bautizó” En 1964 en el rancho del Ángel, Municipio de San Francisco del Rincón, Gto., donde funcionaba un burdel propiedad de las Hermanas Delfina, María de Jesús y Eva González, se descubrió que estas asesinaban a sus empleadas cuando intentaban escapar, se rebelaban o resultaban embarazadas por los clientes. Se hallaron varios cuerpos enterrados. El escándalo fue mayúsculo, más si tomamos en cuenta que el largo juicio fue cubierto de principio a fin por el culto semanario ALARMA! Que las inmortalizó como las “Poquianchis” llegando sus ventas a la escalofriante cifra de 2 millones de ejemplares semanales. La relación de porque se le llamó “Casa de las Poquianchis” al burdel de Cóporo no la he podido encontrar, se menciona como dueñas del local a las González, que algunas de sus trabajadoras llegaron aquí antes y después del escándalo, etc. Todo sin base comprobable, lo que parece ser cierto fue  que siendo tratantes de blancas, vendieron mujeres para trabajar aquí. Cualquier coincidencia con el Clan Trevi - Andrade no es pura semejanza. Se hizo una multipremiada película en 1976 del director  Felipe Cazals  llamada “Las Poquianchis” de donde provienen los entrecomillados de esta sección  y los  libros  “las muertas” en 1978 de Jorge Ibargüengoitia y el casi autobiográfico “Yo, la  poquianchi, por Dios que así fue” de Elisa Robledo. Casi todas las González tuvieron un final trágico.
2) Nieto, 2000, op. cit. pp. 109 y 110. Testimonio de Restituto Rodríguez Camacho
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ACTUALIZACIÓN  29 DE MAYO DE 2014
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BIBLIOGRAFÍA DE LAS POQUIANCHIS

Acomodando algunos de mis libros, encontré casi junta la bibliografía de la que hablé en la entrada de las poquianchis en San Juan del Río, hoy se los presento aquí

1.- Guión original de la película de Felipe Cazals de 1973. Este libro es raro, lo encontré en una librería que está en Av. Juárez  arribita de la curva, posiblemente todavía estén ahí algunos ejemplares.







2.- Las Muertas, de Jorge  Ibargüengoitia.  Ora sí que la novela de la vida real, únicamente los nombres fueron cambiados para proteger a los... ¿inocentes? Esta edición es parte de una edición de obras completas pero creo que todavía se puede hallar en stock en muchas librerías.




3.- Yo, la poquianchis, por Dios que así fue. De Elisa Robledo, con base en entrevistas con una de las actoras principales del drama. Este es muy raro de conseguir. siendo la autora periodista, no se conforma solo con lo que le dicen y agrega una investigación personal, quizá lo más apegado a la realidad. Incluye muchas fotografías.








Continuo insistiendo en que la relación de las Poquianchis verdaderas con la llamada "Casa de las Poquianchis"  de San Juan del Río es incidental, limitada únicamente a que algunas de las trabajadoras de aquellas mujeres llegaron también a trabajar en San Juan del Río, sea por voluntad propia o através de las redes de tratantes de blancas.
Aunque en entrevista realizada por Armando Guerra en "El tiempo de Querétaro" a Doña Irma Villa, dueña del antiguo centro Nocturno "La escondida" ella dice que la Señora Montes, propietaria del Río Rita que era el nombre comercial de la casa de Cóporo fue hermana de las Poquianchis;  solo que fuera parentesco político.



Coloco las marcas de agua porque son fotografías de libros de mi propiedad.
 

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