Contrariamente a lo que se dice de las conocidas haciendas
sanjuanenses de Galindo y la Estancia, en las pocas evidencias documentales tempranas
que de ellas hay, no tienen relación directa alguna con la leyenda
popular que las indican como propiedad de la famosa Malinche, sobre todo la
primera, que se dice fue un regalo para ella de Hernán Cortés.
En realidad, en vida de la Malinche dichas propiedades no existían,
incluso, creo que ni siquiera para mediados del siglo XVI.
Estoy completando un estudio sobre ambas, difícil de poner en este espacio por la gran cantidad de
referencias bibliográficas y documentales que la respaldan. Todo parece indicar que, incluso a finales del
siglo XVI, dichos lugares solo eran
“estancias” es decir tierras de cultivo. La denominación de “Hacienda”
como unidad productiva compleja en territorio queretano no existió sino hasta
mediados del siglo XVII. Así que Cortés no pudo haber regalado ninguna
“hacienda” a nadie.
La Malinche, en efecto, sí fue esposa de Juan Jaramillo
Salvatierra encomendero de Jilotepec, incluido en este, la zona del actual San
Juan del Río. Cabe mencionar que la figura de la Encomienda no otorgaba
posesión de tierras, sino el tributo de los indios de la zona encomendada, a través de trabajo personal. Así,
aunque se dice también que por ser encomendero, Jaramillo fue dueño de grandes
extensiones de tierras, eso no fue cierto, ya que para ello debía solicitar “Mercedes” es decir permisos para explotar la tierra, que se
concedían por extensiones grandes pero acotadas, no hay posibilidad alguna que
Jaramillo haya podido obtener una merced que abarcara la Llave, la Estancia y
Galindo juntas.
La leyenda parece provenir de que en algún momento, a
mediados del siglo relatado, también se conceden en la zona mercedes de tierras
a Luis de Quesada, esposo de María Jaramillo, la hija de La Malinche y Juan
Jaramillo. (Quien en juicio había peleado y ganado a Beatriz de Andrada,
segunda esposa de Jaramillo, la tercera parte de la encomienda, aclarando
de nuevo que lo que obtuvo fue la tercera parte del trabajo de los indios, no
de tierras) Incluso también intervino el
hijo de María y Luis; Pedro de Quesada y el hecho de ser ellos esposo e hijo de
la Malinche parece ser el origen de la leyenda.
Hay otro personaje poco conocido, Juan Jaramillo “el Joven”
que fue un sobrino del otro llamado Igual, que se conoció como “el viejo” quien
también obtuvo mercedes de tierras al
oeste de San Juan del Río. Los descendientes de Quesada y Jaramillo el Joven, a través
de matrimonios consolidaron las dos propiedades y en algún momento se
convierten en las dos haciendas mencionadas al principio.
Los mapas antiguos de San Juan del Río, en la década de 1580
identifican plenamente ambas propiedades.
La “Estancia” de Alonso Pérez de Bocanegra sería la posterior
Galindo.
La “Estancia” de
Álvaro de Horca sería la después la Estancia Grande.
De esta última, ya como hacienda hay muchas referencias
históricas que espero abundar más adelante. Con el mismo nombre llegó al siglo
XX y su casco, aunque no original, se conservó casi hasta la década de 1970, cuando
siendo ya propiedad del gobierno federal, se decide construir en sus alrededores una presa, que
poco tardó en inundar el edificio y las pocas tierras aledañas que conservaba tras
el reparto agrario.
Geográficamente, su ubicación era privilegiada. Se constituyó
su fundo en la confluencia de dos ríos de corriente permanente. El de la “H” Y el "Galindo", lo que le permitió desde tiempos de la colonia, la posibilidad
de tener grandes extensiones de tierras de riego, a través de canales, bordos e
incluso presas, aunque nunca de la extensión de la actual “Constitución de
1917”.
La ubicación del lugar desde tiempos prehispánicos atrajo
incluso a los Teotihuacanos, que constituyeron en los alrededores dos centros
urbanos de consideración, uno llamado el Rosario, a unos tres kilómetros al sur
y otro, ubicado en los alrededores de la antigua hacienda. (Por carecer de información no puedo asegurarlo, pero parece
ser que el casco de la hacienda estuvo sobre las antiguas edificaciones
teotihuacanas) Por estar hoy debajo de las aguas casi todos los restos de la zona
arqueológica, será difícil confirmarlo, así como la filiación de los habitantes
originales, previos a la oleada imperial teotihuacana)
Para la época de su inmersión, la hacienda conservaba todas
sus instalaciones completas, incluso una capilla construida a mediados del siglo
XVII.
Por su altura, al irse llenando la nueva presa con las aguas
de los dos ríos mencionados, la capilla fue el último resto visible de la
hacienda. Incluso, llena a su máxima capacidad, la solitaria torre sobresalía
entre las aguas hasta fines de la década de 1980 y en temporadas de sequía
incluso se podían observar restos de la “Casa Grande”. Desafortunadamente, por
estar las viejas instalaciones cerca de las compuertas, la corriente generada
al abrirlas las erosionó y actualmente no es visible nada completo.
Cuentan, sobre todo los asistentes al “Acapulquito”, en la
orilla oriental de la presa, que todavía en
años recientes el viento permitía ver entre las olas al menos la sombra de la
vieja torre, no se sí sería cierto, o producto de la ingesta de bebidas
espirituosas que se consumen en el popular sitio.
Recuerdo que la primera vez que visité el lugar de niño, la torre aun se veía perfectamente, casi no había sufrido deterioros y destacaban los decorados de cantera morena entre las paredes de piedra.
Por estar construida casi a la vera del viejo camino Real, esta hacienda vio pasar a los más ilustres visitantes de todas las épocas. Apenas a unos metros debajo de esa torre, pasó toda la historia nacional. Cuántos de nuestros héroes no tomarían un descanso dentro de ella para meditar sus acciones, quizá lo pensado en su interior cambió nuestro destino como país. Nunca lo sabremos. El colonial monumento, hoy bajo las aguas continua su lenta pero inexorable erosión. Es difícil imaginar el dolor de algunos de los viejos habitantes, que ante la inminente inundación, arrancaron de la capilla, tres siglos después de que sus antepasados la habían colocado, la piedra que marcaba la fecha de construcción como el único recuerdo que algún día tendrían de ella, para trasladarla a la capilla del nuevo poblado donde fueron reubicados. Dice la inscripción: "Se acabó a fin del mes de junio de 1664"
Presento a Ustedes algunas imágenes que pude localizar:
Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1960. Parte de la Hacienda y la torre de la Capilla. |
Fotograma de la película "El Extensionista" de 1980. Desde la cortina de la presa, el ángulo contrario. La torre y algunas instalaciones. |
Fotograma de la película "El Extensionista" de 1980. Desde la cortina de la presa, los troncos marcan el antiguo trayecto del río.. |
Fotograma de la película "El Extensionista" de 1980. Desde la cortina de la presa, al fondo, la otra legendaria hacienda: Galindo. |
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Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1980. La torre aún completa. |
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Fotografía de la década de 1990. La corriente ya había hecho estragos. |
NOTA DE LA REDACCIÓN: ( Mayo de 2019) Esta entrada es una de las más leídas del blog, pero hay más información relativa en las siguientes entradas, por si quieren abundar, dar clic en:
Hombres lobos en San Juan del Río
Especial de la Estancia 1
La alucinante plaza de la Estancia
Un culto insólito en la Estancia
El Acapulco de tierra adentro
La doble resurrección de un asentamiento
Había una vez una capilla
EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Se puede adquirir solo en la comunidad de la Estancia, con familiares del autor. Ya lo había mencionado en esta entrada:
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Para los foráneos: El "Acapulquito" es una extraña zona de restaurantes ubicada a la orilla de la presa, iniciada por los pescadores locales pero que expende (o expendía, ya no sé, porque tiene un largo historial de clausuras, reaperturas, cierres, reubicaciones y hasta inundaciones) toda clase de comidas, sobre todo mariscos. Sin embargo, su atractivo no es (o no era...) el culinario, sino el ambiente generado por los grupos musicales y el entorno... acuático?
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Otra especie de héroe, el mismísimo Santo, el Enmascarado de Plata, también hizo de las suyas en esta hacienda, interesados, pueden verlo en la siguiente entrada.
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