LAS HUERTAS 6 LA VIÑA
Oleo del Maestro Armando Otero, Mostrando en sus recuerdos de los años sesenta, la reja de acceso a la Huerta y a sus últimos propietarios como tal, doña Teresa y don Felipe, siempre elegantemente vestidos a la usanza antigua.
Concluyo la serie referente a las legendarias huertas Sanjuanenses, con una de las últimas persistentes y la mención de algunas otras. Ya en entradas precedentes he mencionado por qué estuvieron estos terrenos, propiedad de españoles dentro del pueblo de Indios desde épocas tempranas del periodo colonial.
La huerta de la Viña, si bien no fue la más grande en extensión, sí la más productiva, famosa, (tras el declive de la huerta Grande y el molino que aún existían, pero ya como terrenos de cultivo y alfalfares) fue la última de las grandes que se mantuvo en pie, agregándose que su entrada estaba en la zona tempranamente urbanizada.
Por su ubicación en el barrio indígena de la Concepción junto al del Calvario, solo separados por la acequia de riego, originalmente perteneció a la República de Indios, probablemente de las tierras de comunales originales. El nombre se debe a que en su parte plana (hoy fraccionamiento la Viña) se cultivó vid en alguna época.
No he podido encontrar documento que diga con certeza el nombre del primer propietario, en el AGN existe un expediente de 1759 donde el virrey otorga a José Joaquín Caraveo, originario del pueblo, licencia para fabricar vino y aguardiente en la viña que tiene en San Juan del Río. Por alguna razón, de los sitios donde hubo ese cultivo, este es el único llamado específicamente viña, de ser así, el nombre persistió. A la muerte del mencionado, antes de 1775, habiendo varios herederos de su viña, esta fue administrada por don Ygnacio de Pineda quien presenta una “cuenta y relación jurada” en 1776. No debió haber sido tan buena la administración o el difunto dejó muchas deudas porque ya para 1793, hay una memoria de acreedores a los bienes dejados que se extiende al menos hasta 1803.
Debe recordarse que en ciertas etapas del virreinato la producción de vino fue casi monopolio de la metrópoli (España) y los permisos para producirlo en las colonias eran escasos. No es posible saber si esta viña es la que conocimos como huerta hasta el siglo pasado, es probable ya que no hay registro que consigne otra en el pueblo, solo el permiso para fabricar vino y aguardiente, otorgado antes de 1776 a Juan González Guerra en su hacienda de San Joseph de Galindo.
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Fotografía tomada de Google Earth, En la diagonal que hace la calle de Allende, a la derecha del poste, el letrero, de los pocos antiguos que quedan, con el nombre de la viña. |
Para 1843 el propietario era el señor Rafael Ugalde, aunque tenía un gravamen de 2663 pesos y 3 reales para las obras pías de la Parroquia, cuyo pago se garantizaba con la huerta y una casa en la calle Nacional, En una lista de bienes eclesiásticos esa deuda estaba sobre bienes de don Eusebio Camacho. Seguramente Rafael la heredó o adquirió con ella, como era común y Eusebio debía un contrato de maíz a Francisco Ugalde que reclamaban sus herederos en 1814.
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Fotografía tomada de Google Earth. la extensión de la huerta sobre las calles actuales. |
Don Felipe y su esposa Teresa Martínez, en temporada de cosecha vendían personalmente la fruta recolectada y regalaban otro mucho en el despacho, un local junto a la reja. Inmediatamente al interior empedrado, resaltaba un enorme chirimoyo. Cabe mencionar que la familia vivía en una casona en la Avenida Juárez y se mudaba a habitar la casa de campo de la huerta durante esos meses del año.
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Fotografía del Detenal de 1970.La huerta, ya cruzada por el B. Hidalgo. |
Había adentro gran cantidad de árboles frutales dispersos, pero ocupando todo el espacio posible; manzanas de varios tipos, pera, naranja, limón, granada, cidra, membrillo y nuez. La sección central plana (donde debieron estar los viñedos) tenía hortalizas maíz y alfalfa. Por 1970 había vides aisladas, no en cepa sino árboles permanentes. En la parte colindante con Cóporo había fresnos y nogales enormes donde en invierno pernoctaban parvadas de tordos que, por las tardes, antes de posarse revoloteaban por las calles colindantes. No sé si todavía se dé este espectáculo, los árboles gigantes ya son pocos. (Se pueden ver al fondo del actual fraccionamiento la Viña)
La gran productividad se debía a que tenía riego de la acequia del pueblo por tres de sus extremos, conduciéndola a canales secundarios al interior:
1.- Por la parte trasera, entraba una zanja derivadora paralela a la barda que luego volvía a la huerta del Molino. Ya no funcionaba en la etapa final de la huerta, quedó una zona hundida, especie de bordo creado al hacerse el B. Hidalgo, ubicado donde hoy es un estacionamiento subterráneo, el suelo de arena y tepetate ya no era fértil, parece que una crecida del río llegó hasta ahí, inutilizándolo y motivó su abandono.
3.- Por la
fachada, aunque el canal pasaba por la calle, había una atarjea con derivación
que proveía subterráneamente agua al estanque interior, inmediato a la barda. (aunque
ya tenía tabique rojo en forma de rombo en la parte superior formando un barandal
de protección, el resto se veía más antiguo) La alberca iniciaba en la meseta,
al nivel de la calle y terminaba fuera de ella, en la parte baja de la huerta.
Ignoro cuando la fuente dejó de funcionar, para 1969 solo quedaba sus restos. (estarían detrás del banco que hoy se encuentra en el B. Hidalgo) Para entonces, los dueños ya habían construido un patio con arcos para las actividades sociales junto a la barda de Allende. Para el trazo del B. Hidalgo por entre la huerta, esa sección fue demolida iniciando ahí la nueva calle. Se tiró también gran parte de la que la dividía con la del Molino.
La huerta
quedó separada desde entonces en dos predios. A sendos lados del Boulevard se
hicieron cercas con los restos de los arcos, espinos y alambre de púas para
evitar ingresos indeseables, especialmente en la parte oriente donde quedaron
la mayoría de los frutales sobrevivientes. Al otro lado solo quedó el pequeño
terreno triangular sobre el que estaba la casa de campo de la huerta, entonces
en buen estado de conservación ya que había sido deshabitada pocos años antes.
Durante
las fuertes lluvias de 1948 y 49, las grandes crecidas de agua que descendieron
de la parte alta de la ciudad y convergieron en ella, dañaron gran parte de la
barda en las dos calles. Fue reconstruida en partes utilizando cemento.
Después del trazo del B. Hidalgo la huerta conservó 10 años el resto de barda en Allende en dos secciones separadas con un total de unos 40 metros y otros 30 en la Plazuela, mismos que fueron derrumbados con maquinaria junto con el aljibe, el despacho, su baño adjunto, la glorieta con fuente, los restos de la escalera y la soberbia reja de hierro forjado de la entrada, para la construcción de la actual plaza comercial “los Faroles” y el fraccionamiento la Viña.
A continuación, un
recuento de datos de las dos calles donde se encontraba la huerta en su frente
con la zona urbana.
El trazo original de
las calles de la ciudad fue determinado, por estar en declive, por la corriente
de agua en época de lluvia. Así todas las que van de oriente a poniente son
irregulares y la altura de sus banquetas dependía del caudal que conducían en
esa temporada. No se podía quitar el arroyo, pero lo encauzaban en lo posible.
La ordenanza indicaba que las calles, a partir de la plaza principal debían ser
rectas y perpendiculares, aquí no se cumplió aquí, por esa circunstancia.
Su nombre antiguo fue
plaza de los Trabajos, refiriendo a que aquí hacían algunas labores los indios.
Parece que originalmente no había casas y era un terreno abierto más amplio.
Según “la sombra de Arteaga” en 1870, el municipio instaló una plaza de baratillo (tianguis de menudeo) de 4 a 7 de la tarde diario y desde entonces se llamó plazuela o plaza “del Baratillo”. El nombre no perduró, veinte años después otra vez era “de los Trabajos” y parece ser el origen de los locales de comercios que después tuvo y se constituyera como el punto de llegada y reunión de la gente de las comunidades del sur del municipio hasta 1970.
En la década de 1930 se
instaló un parque infantil con juegos y una cancha de tierra para basquetbol y
volibol, además de unos lavaderos y baños públicos que pronto fueron
vandalizados
Antes de la Viña, que tenía
el número 2, junto a la hoy la plaza los Faroles había una puerta en el callejón
formado por las bardas dentro del cual venía la acequia
antes de salir a la calle. (El INAH la cataloga como casa habitación, pero solo
fue hasta que la acequia se entubó y se pudo poner piso) Exactamente en
la salida se le había puesto fachada y puerta, porque sobre el canal se hizo un
baño. A partir de ahí, la acequia iba por el exterior de la calle, junto a
barda de la Viña, incluso bajo la entrada (hubo un pequeño puente frente a la
reja) donde se hundía y ya no salía.
Fotografía del INAH, 1910, desde la Cuesta, leo del maestro Armando Otero, casi en el mismo lugar. Los árboles fuera de la Huerta eran mucho más grandes de los mostrados. Junto al último árbol a la izquierda se asoman los pilares de la huerta. |
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Fotografía de aproximadamente los años 30s del siglo pasado. Desde el Calvario, marcados con la silueta, los árboles gigantes de las dos cuadras de la Plazuela. |
Aproximadamente
en 1970, aun funcionando la huerta, se entubó la acequia desde el socavón hasta
la atarjea en la esquina con Allende, tal vez para evitar accidentes. Y aún
más, al empezar a morir los árboles, el municipio siempre previsor determinó que eran un peligro porque las ramas
secas podían dañar a alguien al caer y se determinó cortarlos de raíz.
Las fotos antiguas donde puede observarse la calle muestran que los árboles gigantes cubrían las dos cuadras de la Plazuela en ambas aceras, principalmente alcanfores y fresnos, los penúltimos existentes fueron dos alcanfores en la esquina con Reforma, sobrevivió hasta 2016 un fresno de unos 20 m que era el más pequeño de todos.
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Fotografía personal, 2016.El último árbol sobreviviente frente al 10 de la plazuela. A su lado estab l el monumento de la placa de la cancha. |
En los setenta, cuando la calle solo era de tierra, quedaban algunas banquetas antiguas de ladrillo cuadrado con restos de pequeños canales para regar los árboles, venían de la cuesta y Cóporo con agua del acueducto y terminaban todos en la acequia.
Contaba
mi bisabuela, quien murió en 1977 a los 105 años, que en los árboles fuera de
la Viña había visto ahorcar a personas y mencionaba a un “jefe Yaca” de tiempos
de la revolución. Según Jaime Nieto era Benito Llaca, jefe de los Rurales de San Juan del Río,
dueño de la hacienda los Pirules, aprehendido por Francisco Villa
aproximadamente en 1917.
Posteriormente fue costumbre lo que se conocía como “la feria” o “los juegos” consistente en la instalación durante semanas y hasta meses de juegos mecánicos y puestos que los acompañaban; la afluencia de gente del entonces pequeño pueblo, carente de diversiones era enorme, sobre todo los domingos por la noche, a las diez ya no cabía ni un alma. La rueda de la fortuna se instalaba frente a la reja de la Viña.
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Hasta hace pocos años, disimulado por la infinidad de taxis suburbanos, que aquí tienen su paradero y sustituyeron a los niños que antes la ocupaban, podíamos encontrar a un personaje llamado Juan, su vestimenta militar hecha harapos daban una impresión equivocada de él, que se desvanecida al escucharlo hablar, herrero de profesión, trabajador como pocos, amigo de muchos y dueño de una gran cultura y amplios conocimientos que le daba el haber vivido muchos años en el popular barrio, los detalles de su vestimenta no nos corresponde mencionarlos aquí por ser de carácter personal. Un buen día la cambió por ropa normal y dejó el alcohol, por lo demás, es el mismo.
Igualmente, la barda era utilizada por gran cantidad
de vendedores que instalaban al frente sus puestos, sobre todo una vez que la
acequia fue entubada.
La actual
calle Allende se llamó de varias formas: partiendo de Av. Juárez, la primera
cuadra era calle del Canal por ser la primera donde se veía la acequia viniendo
del centro, recuérdese que hasta aquí venía por en medio de propiedades
privadas y no se le podía ver. La sección siguiente se llamó calle de la Viña,
por estar frente a ella, al terminar esta se conocía como calle de los
Aguadores por transitar estos con sus cántaros o botes desde el río o el pozo
de Guadalupe.
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Captura de un video de internet. Una creciente de lluvia en Allende, en donde estuvo anteriormente la casa de Campo de la Huerta. |
Estuve presente cuando la máquina derrumbó la barda del boulevard a la Plazuela, el despacho, así como la alberca, se pudo observar entonces un canal que salía de ella por arriba y un tubo por debajo, ambos iban a la casa de campo, el último estaba muy enterrado solo apareció por el gran volumen de piedra y tierra que la máquina removió). Desde la apertura del b. Hidalgo en 1969, al quedar expuesta parte de la huerta, se protegió en los tramos abiertos con cercas de alambre de púas, espinos y un cuidador, que hasta portaba un rifle, no sé si lo llegó a utilizar contra alguien, los tiros se oían frecuentemente, pero al final de su jornada se le veía pasar con un cargamento de tordos. Años antes, en el apogeo de su producción además de los cuidadores tenían muchos perros, famosos por su ferocidad, no tanto por su raza. La caída de un nogal se encargó de cinco de ellos y provocó igual número de fracturas a doña Teresa, la dueña.
La acequia originalmente fue superficial en toda su extensión, al trazarse las calles, generalmente se optó por construir de manera que el fondo de las casas, generalmente huerta o corral colindara con ella para aprovechar el agua. Donde cruzaba una calle se le colocaban troncos o tablas encima. Al aumentar la población y necesitarse un paso firme, se hizo subterránea con el método más sencillo que existe y que permite bajar su nivel para que por encima haya paso libre. El primer lugar con este resumidero, atarjea o vaso comunicante fue el cruce de Allende, entre la Plazuela y el actual hotel Jalisco.
El proceso es sencillo: La corriente viene al descubierto a nivel de piso, al llegar a la calle por cruzar, se hacía el canal más profundo y se cubría a media altura con lajas, cubriendo todo con tierra o piedra quedando solo los pozos de entrada y de salida con registros para evitar accidentes y facilitar la limpieza. El agua al caer al pozo de entrada inunda la parte baja y al alcanza el mismo nivel al lado contrario, volvía a correr. La ventaja sobre un puente es quedar protegido de escurrimientos, se utilizó especialmente en donde la lluvia acarreaba escombros como aquí, donde se le dio metro y medio de profundidad (según se veía en el registro afuera de la Viña)
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Fotografía de Gustavo Nieto, 1977 Derrumbe de casas viejas junto al Hotel Jalisco. a la izquierda se puede ver la blanca barda de la viña en Allende, ya cortada para el trazo del B. Hidalgo. |
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Imagen de Google Earth. El mismo lugar en la actualidad. El proyecto inicial era un jardín triangular con fuente sobre el área de las viejas casas, que después fue cortado. |
Fotografía de Gustavo Nieto, 1977. Derrumbe de parte de la esquina de Allende y la Plazuela. Se observar a la izquierda, el resto de la barda de la huerta y el anuncio metálico en ella. La máquina estaría sobre el antiguo estanque. |

AVISO PARROQUIAL
La creación según San Juan.
Se invita cordialmente al primer encuentro de escritores sanjuanenses los días 20,21y 22 de septiembre. Un esfuerzo para que los creadores sanjuanenses expongan su trabajo y puntos de vista.
Un servidor estará presente en la mesa de Historia el día 22 a las 19:00 horas en el foro San Juan del Portal del Diezmo. Ahí nos vemos.