Recuerdos
de aquellos tiempos 5 Capítulo Cinelandia.
Fotografía personal, de las últimas fotografías del cine, ya cerrado por la huelga. |
Presento a Ustedes la
recopilación de recuerdos, anécdotas, muchas personales, muchas comunes a todos
los que ahí estuvieron.
Como en todas las entradas de esta serie, esperando les traiga un recuerdo pero sobre todo una sonrisa.
Su nombre oficial era “Teatro Cinelandia” pero era conocido popularmente como el “piojito”, piojilandia y piojorama.
La
taquilla era una caseta hexagonal en el centro del vestíbulo. Aunque a veces la
misma que te vendía los boletos era quien te los recibía a la entrada.
Como era de segunda categoría,
las películas presentadas dependían de que llegaran los carretes de los de
primera de la misma empresa.
Por la misma razón, la
programación a veces era de una sola película larga, o programas dobles y hasta
triples.
Como casi nunca había estrenos,
casi siempre había permanencia voluntaria.
En sus comienzos era de un solo
piso y dos categorías: luneta, o sea asiento individual o banco de madera
comunal.
Al agregársele el segundo nivel,
abajo eran las lunetas y arriba gradas de cemento.
La dulcería era muy surtida y
cara, lo mismo vendía dulces muy exclusivos, que como otros completamente
locales.
Por las concesiones del Circuito
Montes, al cual pertenecía, solo se vendía Pepsi y Jarritos, nuca entró la coca
cola.
Había venta de palomitas, pero no
eran tan populares como hoy.
Como no tenían congelador, las
paletas de hielo llegaban un poco antes del intermedio en una caja metálica
para preservarse.
Se vendían pepitas en un canastón como el del pan.
Los gritos populares eran el
nacional ¡Cacaro! al apagarse las luces
y ante cualquier falla o interrupción ¡Deja a la dulcera!
Se presentaban en la feria muchos eventos, inauguración, coronación, los juegos florales y el míster San Juan, o sea los más ponchados del pueblo. asistiendo los más ponchados del pueblo, incluidos varios trabajadores del rastro, en los últimos años ya participaban féminas como concursantes (y muchos más hombres como espectadores) Luego se profesionalizó el asunto y ya no fue lo mismo porque había muchos foráneos.
La gente se emocionaba de verdad
en las películas de luchadores y echaba porras, casi siempre al bueno. El
santo.
En las novatadas de la prepa a
veces terminaban con los rapados viendo gratis una función del cinelandia (en
gradas obviamente)
Al salir los sábados, cuando se
presentaban películas de Karate, los niños trataban de imitar lo visto,
colgándose de las rejas de los Valenzuela, sobre las bancas de la Av. Juárez o
en las jardineras de la Plaza Independencia.
Algún día tuvo un letrero
luminoso vertical adosado a la fachada. que no duro mucho porque era muy grande
y pesado y la estructura no podía sostenerlo.
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Fotografía personal, recreación de cuando tenía su letrero luminoso. |
Los sanitarios estaban en un
entrepiso, los de la planta baja Debian subir por las escaleras.
Aunque teóricamente no se
permitía ingresar alimentos, en la vida real se metía lo que se pudiera,
tortas, tacos, gorditas, carnitas, pollo rostizado, guisados y refrescos en el
tamaño más grande que era el familiar. Muchas madres llevaban hasta loncheras
de pisos con varios guisados.
Al principio había muchos
vendedores afuera, de Alimentos diversos, poco a poco se fueron.
Supuestamente estaba prohibido fumar,
y había un aviso de ello en la oscuridad, pero creo que nunca se obedeció. No había
peligro de incendio porque el piso era de cemento.
En ambos
pisos había un policía siempre atento a que no se lanzaran objetos a la
pantalla o se dijeran groserías, actos que ameritaban ser sacado ipso facto de
la sala.
Ya
existían vasos desechables, pero era más común que vendieran el refresco y
dejaran importe por la botella.
No
tenía aire acondicionado, pero toda la sala estaba recubierta con fibracel, lo
que daba cierto grado de aislamiento.
Los días del niño había promociones
diversas, casi siempre descuento y las escuelas o padres de familia llevaban a
los niños ese día
En su inauguración tenía
hidrantes para tomar agua en el interior del único piso.
Nunca cerraba, solo cuando había
otro tipo de eventos no había proyecciones.
En la época final, el proyector
constantemente quemaba la cinta aparecía una mancha que iba creciendo poco a
poco hasta que había que detener la proyección.
En la época de oro del cine
nacional había llenos completos, únicas veces que no hubo permanencia voluntaria.
Había muchas funciones de
beneficio, sobre todo para escuelas.
Casi siempre hubo matiné, hasta
entre semana, con películas diversas, luego solo los domingos con temática
infantil.
Chabelo, pepito, el santo,
viruta y capulina, Gastón Santos y luchadores diversos eran las estrellas del
matiné.
Aunque lo correcto era decir la
matiné, aquí siempre se le dijo el matiné.
Los del piso de abajo debían
salir un poco antes del final de la función, porque los de arriba, al salir
lanzaban hacia abajo toda clase de líquidos, incluso los envases de vidrio.
Alguna vez alguien rasgó la tela
de la pantalla con una navaja, que se remendó, pero siempre quedó la “cicatriz”
b,
Cuando se apagaban las luces
para iniciar la función, después del ¡Cácaro! no faltaba alguien gritando ¡Ya
llegué Cabrones! o ¡Ya llegó su padre!
En los ochenta, casi siempre se
proyectaban películas clasificación “C” supuestamente solo para adultos, aunque
no llegaban a nopor, lo extraño era que siempre había mayoría de alumnos de la
secundaria.
Ahí se efectuaban las tomas de
posesión e informes de gobierno de los presidentes municipales.
La pantalla era gigantesca,
mayor que cualquiera de las actuales.
Tenía marcos metálicos en el centro para sus carteles y repartían programas de mano.
La mayor fila recordada en los últimos tiempos fue cuando
se proyectó “el Chanfle”.
casi
postreramente se sostuvo proyectando indiscriminadamente un día sí y los demás
también, cintas nopor extranjeras, ya hasta sin subtítulos o traducción. (Que
en realidad no era muy necesaria, como quiera se entendía)
Al final, su único atractivo era
la oscuridad, y se hizo popular como sitio romántico de quienes no querían que
los vieran.
La oscuridad era más oscura por alguna razón desconocida, si salías al baño o a la dulcería, difícilmente llegabas al mismo lugar dónde estabas antes, hasta que te acostumbrabas otra vez a ella.