martes, 19 de mayo de 2026

Érase una vez (Relatos de Viajeros III) Un viajero de 10 años en San Juan del Río

 Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros III)

Un viajero de 10 años en San Juan del Río


Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, corresponde ahora una escrita a finales del siglo XIX. En que la trama es ficticia, no es el relato de un viaje específico, pero los datos contenidos en la redacción provienen de alguien que debió estar aquí muchas veces y por conocer bastante los lugares pudo escribir así. El libro se llama:  

Es todo un compendio entre historia, costumbrismo, viajes e incluso algo de novela, ya que su autor quiso abarcar todo lo relacionado a lugares entre la capital de la república y el estado de Guanajuato.

Está escrita en un formato ya en desuso llamado Catecismo, consistente en que en la redacción abundan preguntas claras y concisas, que son respondidas igualmente por el narrador o los personajes, así, además de la descripción de lugares, involucra geografía física y política, costumbres nacionales y locales y lo que hoy llamaríamos Valores.

El relato es de una familia, integrada por don Juan Santiestevan, su esposa Luisa y sus hijos Carlos, de 10 años, Adelina de 8 y Luis de 6, radicados en la capital de la república, que, por negocios comerciales del padre, viajan a Guanajuato, a través de la Compañía de Diligencias, que existió por esos años y tenía puntos fijos de descanso y alojamiento.

Inicia solo con varones de la familia, pero terminan todos reunidos en Querétaro. A partir de la Villa, entonces Ciudad Guadalupe Hidalgo hay una constante que se repetirá en todos los lugares a través de las preguntas; haciendo descripción detallada y hasta sobrada de su ubicación geográfica características, edificios, los alrededores, crítica social y cualquier tema de cultura general, relacionado o no que pudo incluir. Es difícil siquiera mencionar todas las áreas del conocimiento que aborda: los habitantes de cada lugar durante la Colonia, las constelaciones, adelantos técnicos, el ya existente ferrocarril, la luz eléctrica, el telégrafo y muchos más, llegando a tomar tintes de sensacionalismo disfrazado de lenguaje poético y usar personajes populares y a sus hijos para, en tramas inventadas, dar un mensaje moral a los lectores como ocurre en San Juan, que narrará adelante.

En el carruaje toman por la hacienda de los Ahuehuetes, primera parada de la ruta, para llegar a Tlalnepantla, donde dedicaron tiempo a almorzar en la plaza del lugar. Pasaron luego a Barrientos, para entrar a las seis de la tarde a Cuautitlán, a 6 leguas de México, donde tras cenar y recorrer el lugar, pernoctaron en un mesón.

Al día siguiente almorzaron en la fonda de las diligencias de Tepeji del Río, de la ya mencionada compañía, dirigiéndose a la Cañada donde pasarían la noche. (para evitar asaltos, solo se avanzaban de día).

Fotografía reciente del antiguo Mesón de la Cañada de Tautla. Perteneciente a la Compañia de Diligencias. Tomada de Internet. Crédito a quien corresponda.

A las cinco de la mañana del día siguiente cruzando la sierra de Calpulalpan llegan a Arroyozarco, hacienda con mesón y hotel de Diligencias donde tomaron alimentos y pasaron la noche tras visitar a los alrededores, en especial la fábrica de camisas. A las seis de la mañana continuaron el viaje por un camino en mal estado para llegar al portal de La Soledad o Polotitlán, pueblo formado 20 años antes del relato donde almorzaron. A las once y cincuenta y dos minutos llegaron a San Juan del Río. (se detalla adelante)

Luego de un viaje de 5 horas llegaron a Querétaro por la Cuesta China, pernoctando en el Hotel del águila Roja. Entre los negocios del padre visitaron lugares entonces emblemáticos de la ciudad, vista como “ni la sombra de lo que en otro tiempo fue: lánguido y silencioso, revela en su actitud inerte el profundo malestar que le devora. La animación, el movimiento, el placer de otra época más bonancible, parece haber desaparecido para jamás volver: su comercio está casi inmóvil, su industria se apaga, su agricultura decae: todo, en una palabra, está manifestando que la miseria y la desolación se aproximan a grandes pasos para destruirlo.”

A pesar del patético análisis, recorrieron las calles y conocieron el hospital, la plaza, templos, conventos y el palacio de gobierno. En días subsecuentes el teatro y las fábricas de hilados y tejidos del sr. Cayetano Rubio: el Hércules y la Purísima. Una tarde fueron a la Cañada y al acueducto y al regreso a la Alameda y el Cerro de las Campanas.

Al volver al hotel, (como mencioné, además del cúmulo de datos, hay una especie de relato novelado) la familia se reúne al llegar la madre y la hermana y reciben noticias de que don Juan debe ir a Guadalajara, sufren un robo y viajan juntos a Guanajuato, separándose luego. Al final, deja en suspenso la trama porque Luis desaparece y aunque anticipa que regresa al hogar, promete enterarnos porque: “Carlos y Adelina nos han ofrecido mandamos sus memorias de viaje; creemos que la relación de sus infantiles excursiones será grata a nuestros lectores y nos proponemos publicarlas en nuestra biblioteca bajo el título de Aventuras de Tres Niños. Ojalá que nuestros humildes trabajos sean de alguna utilidad a la infancia mexicana a quien consagramos nuestras más tiernas y cariñosas afecciones.”

Esa parte ya no se publicó. El libro narrado, es una segunda edición, no he podido obtener la primera, que debió editarse, por datos en este, en el último gobierno de Benito Juárez. Avecindado el autor en León, se notan sus preferencias, ensalzando aspectos que en la parte anterior del viaje criticaba. Incluso menciona que en Querétaro había abundancia de ladrones y Guanajuato tiene un clima de paz. (sin comentarios)

Transcribo lo referente a San Juan del Río, recortando lo innecesario, solo modernicé algo la redacción, conservando términos considerados correctos entonces.

San Juan del Río es una de las ciudades más importantes del pequeño Estado de Querétaro.

—¿Qué extensión tiene este Estado, papá? preguntó Carlos.

—La superficie de su territorio es de 506 leguas cuadradas o sea 8,883 kilómetros. Está situado entre los 20° 1' y 21° 36' de latitud septentrional / y los 0° 4' y O' 14" de longitud O. del meridiano de México.

—¿Y cuáles son los Estados que están cerca de Querétaro, preguntó Luis?

—Querétaro tiene por límites: al N. el Estado de San Luis Potosí, al E. el de Hidalgo; al S. el de Michoacán, y al O. el de Guanajuato.

—¿Y también hay en Querétaro presidente, papá?

—No, hijo mío; el Estado de Querétaro es libre, soberano e independiente, como los demás Esta dos de la federación; pero no es una república ni constituye una nacionalidad. Como una de las partes integrantes de la República Mexicana, está unido por medio del pacto general a los demás Estados. Para su régimen interior, tiene su constitución particular y sus leyes. El poder ejecutivo está depositado en el gobernador, el legislativo en el congreso del Estado, y el judicial en el tribunal superior de justicia.

—¿Cuál es la división política del Estado? preguntó Carlos.

—Querétaro está dividido en seis distritos que son: Querétaro, S. Juan del Rio, Amealco, Jalpam, Toliman y Cadereita.

—¿Y hay aquí muchos habitantes, papá?

—La población del Estado, contestó D. Juan, se calcula en 153,286 habitantes; la del distrito de S. Juan del Río, donde estamos, en 31,412 y la de esta agradable y pintoresca ciudad, cabecera del distrito, en 9 o 10,000.

—¿Y qué figura tiene el Estado de Querétaro?

—Es muy irregular: la línea que lo circuye, dividiéndolo de los Estados limítrofes, presenta una multitud de ángulos entrantes y salientes. En el interior del país hay algunos cerros áridos, y no lejos de estos, montañas cubiertas de frondosos bosques. En este distrito, como habrás visto, el aspecto es enteramente diverso; el viajero descubre valles bellísimos, entrecortados por colinas pintorescas y poco elevadas. Efectivamente, papá, dijo Carlos: S. Juan del Rio está situado en un valle estrecho, pero hermosísimo.

—San Juan del Rio, es la perla del Estado de Querétaro: en su distrito, la agricultura es de grande importancia, porque posee excelentes tierras de labor. aquí hace menos frío que en Arroyozarco, papá, exclamó Luis.

—El clima del Estado de Querétaro es muy variado, contestó don Juan; en Amealco: Mextitlan y otros varios pueblos, el temperamento es muy frío; en el mineral del Doctor, el invierno es también riguroso; en Tolimán, San Pablo y otros lugares de la Sierra, el temperamento es caliente y en San Juan del Rio y Querétaro es templado y agradable.

—¿Y hay muchas montañas en el Estado, papá? preguntó Carlos.

—Hay algunas, hijo mío; las principales son: la del Gallo en el Distrito de Amealco á legua y media al S. O. de la cabecera; la de Santa Rosa, la de Minteji á dos leguas N. E. de Cadereita. Los cerros más notables son: el de Mastranto a tres leguas al Sur de Tequisquiapam; el del Aguacate, y el del Cimatario, al Sur de Querétaro. El de la peña de Bemal es celebrado por la altísima roca que lo corona.

—¿Y cuáles son los ríos principales?

—Creo que no te ha llamado mucho la atención la geografía de Querétaro y la vas olvidando, dijo D. Juan bondadosamente. Voy a decirte cuales son los ríos principales de Querétaro y procura que no se te olviden sus nombres. Uno de los más notables es el de San Juan, que nace en Huapango y pasa por San Juan del Rio, Tequisquiapam, la Magdalena, Venta de San José, Hacienda de los Charcos y Rancho de Pato, uniéndose al fin al rio de Moctezuma del cual es afluente.

—¿Es decir que ese rio pasa a las orillas de esta población, dijo Luis? ¿cómo no lo hemos visto?

—Mañana lo verás, contestó D, Juan; pero té ruego que no me interrumpas.

—¿Cuáles son los otros ríos que riegan al territorio del Estado, papá? preguntó Carlos.

Los siguientes: el de Huimilpam, que nace en el cerro de las Neverías y recorre diez y seis leguas en el Estado, pasando por el Batan y el pueblito; el de Querétaro que nace en la hacienda de Servin y va a aumentar las aguas del rio de la Laja, y el de Moctezuma que forma parte de los límites orientales del Estado.

El carruaje se detuvo en la puerta del hotel de las diligencias.

—Me gusta mucho esta población, exclamó Carlos.

—¡Qué calle tan ancha! dijo Luis.

—Esa doble hilera de árboles que le dan sombra, la hace muy agradable, añadió D. Juan.

Fotografía del siglo pasado de la actual Av. Juárez. Todavía con la doble hilera de árboles que vieron los personajes.

—He oído decir que San Juan del Rio no tiene más que una calle ¿será esta, papá?

—Te han engañado, hijo mío: esta es la vía principal, pero la ciudad es bastante extensa; dentro de un momento iremos a conocerla.

—He observado que la mayor parte de las casas son de un solo piso, dijo Carlos.

—Efectivamente; pero hay casas de construcción moderna y muy cómodas.

—Vamos a dar una vuelta, papá.

—Estás muy ansioso; tomaremos algo en la fonda y después iremos, dijo D. Juan. Su idea fue aprobada por los dos niños. La comida que les sirvieron en el hotel de diligencias les pareció excelente. A las dos de la tarde, se dirigieron a la oficina del telégrafo, y de allí a la casa de correos. D. Juan recogió sus cartas, y después de haberlas leído, comenzó a vagar por la ciudad, seguido de sus hijos.

Fotografía Personal reciente. Antiguo edificio de la compañía de Diligencias en la actual Av. Juárez. 


—¿Pues qué distancia hay de aquí a México? peguntó Carlos.

—Cuarenta y tres leguas.

—¿Qué edificio es este, papá? preguntó el niño, enjugando sus lágrimas.

Es la casa del ayuntamiento, construida hace poco tiempo: aquí está la jefatura política y algunas otras oficinas públicas.

—-He visto muchos templos, papá.

—Sí, hay algunos.

—¿A dónde vamos ahora?

—A la plaza principal.

—Allí, está, exclamó Luis; tiene una columna en el centro, coronada por un águila.

—Lo más notable de San Juan del Rio es, el panteón nuevo; vamos a verlo para que Carlos complete sus apuntes, dijo D. Juan.

-Vamos, papá.

Los tres viajeros retrocedieron en el acto; atravesaron algunas angostas callejuelas, y comenzaron a subir por la suave pendiente de una loma poco elevada.

En la cumbre de esta pequeña altura está el panteón. Antes de visitar la fúnebre morada, don Juan hizo admirar a los dos niños el magnífico paisaje que a su vista se presentaba. Al pie de la loma se extiende la ciudad, irregular y caprichosa apiñada en el estrecho valle, ostentando sus esbeltas torres y presentando a los viajeros sus estrechas calles bordadas de arboledas extensas, y salpicadas, por decirlo así, de festones de verdura; a la orilla de la población corre el rio, entre huertos frondosísimos y serpenteando en diversas direcciones, se pierde entre las colinas.

La puerta del panteón se abrió en ese momento para dar paso a un lúgubre cortejo. En un pequeño ataúd, dos hombres conducían el cadáver de un niño de pocos años: a pocos pasos una mujer del pueblo lloraba silenciosamente. Al ver aquel dolor mudo y profundo,' se comprendía que la pobre mujer era una madre.

Don Juan y los dos niños penetraron a la triste morada, detrás de la mortuoria comitiva.

El panteón de San Juan del Rio es un cuadrado de poca extensión, cercado por todas partes por una alta barda. Su aspecto es melancólico, pero no pavoroso; la luz penetra libremente allí, y algunos árboles plantados á cortas distancias, purifican el ambiente. En el centro se eleva un magnífico monumento, que cubre los restos del fundador de aquel sagrado asilo.

Fotografía de los años sesenta del siglo pasado. Panteón de la Santa Veracruz, aún con el monumento central completo del "fundador".

Carlos y Luis se entretuvieron en mirar la multitud de epitafios que cubren las paredes; D. Juan conversaba entre tanto con el sepulturero.

La indecisa luz del crepúsculo, vino al fin a dar un tinte indefinible a aquel doloroso cuadro. Los tres viajeros salieron de allí conmovidos y se dirigieron a su alojamiento.

Al llegar a la casa de diligencias, D. Juan sentado cerca de una mesa, tomó el álbum de Carlos y escribió lo siguiente:

"A la orilla del rio se eleva una casita pobre medio oculta en un silvestre bosquecillo. Allí vi ven desde hace mucho tiempo, tranquilos y felices ¿un honrado jornalero y su esposa María. Ambos amaban con todo su corazón a su pequeño hijo Miguel. María había sido una esposa excelente y era una madre tierna y cariñosa. Un día Miguel, que tenía ya seis años, se entre divertía en hacer puentes y casitas, en la arena del rio, metido en el agua, y recibiendo los rayos de un sol abrasador.

María lo reprendió bondadosamente, y le dijo que nunca volviera a bajar al cauce del arroyo porque las avenidas de éste eran muy frecuentes y podía llegar a sucederle una desgracia. El niño prometió obedecerla, llenándola de besos y de caricias. Trascurrió algún tiempo. Una tarde Miguel estaba solo en la casa.

Su madre, al salir, le había mandado que no se apartara del punto donde lo dejaba; pero al cabo de algunas horas, olvidándose de los consejos maternales, el inquieto niño se sentó a la sombra de unos fresnos. Poco a poco fue venciendo su temor y al fin descendió al río.  La tarde declinaba. Miguel oyó a lo lejos un ruido extraño; pero no alcanzando a descubrir nada que pudiera alarmarle, continuó en sus infantiles juegos. De repente oyó un grito penetrante y desgarrador; volvió los ojos y descubrió a su pobre madre, que pálida como la muerte, le llamaba y corría hacia él.

En ese instante se sintió arrebatado por la corriente. Tendió las manos con indecible angustia, paren ninguna parte encontró un apoyo. Dos labradores recogieron esa misma noche el cadáver del hijo desobediente.

Carlos y Luis han asistido esta tarde a los funerales del desdichado niño.

Al leer Carlos estas líneas, abrazó a D. Juan cariñosamente, y le ofreció no desobedecerle nunca.

—Hazlo así, hijo mío, dijo D. Juan, pues sobre el hijo cariñoso y bueno desciende siempre la bendición del cielo.

Imagen tomada del libro, ilustrando la tragedia narrada.

Los datos del estado de Querétaro y especialmente los de San Juan del Río son exactos para la época, solo mencionar que el “águila” en el jardín, seguramente en la primera edición sí estaba, pero luego un rayo la derribó, que el panteón, para 1881 tenía décadas de uso y que el Ayuntamiento (antigua Presidencia Municipal) no había sido construida recién, sino que se adaptó el antiguo Convento de Santo Domingo.

EL AUTOR

José Rosas Moreno (Lagos de Moreno 1838- León Guanajuato, 13 de julio de 1883) Perteneciente a familia acomodada, pudo estudiar en León y en la ciudad de México.

No intervino en hechos de armas, pero fue activo desde joven dentro del bando liberal. creció y vivió en tiempos convulsos y entre 1854 y 1864 sufrió persecuciones y cárcel, pero en la república restaurada fue regidor en León y diputado local y federal en distintas ocasiones. Pasó casi toda su vida en León.   

Como muchos escritores surgidos de las fuerzas liberales, ya para la época post imperio. entiende las costumbres y el modo de vida porfiriano como el que debe seguir la patria. Formados en debates entre facciones buscando definir el proyecto de nación, forjando su pensamiento a la luz de las nuevas ideas políticas y científicas y vivió de cerca las guerras de Reforma y contra la intervención francesa.  

Entre las décadas de 1860- 70 inicia como escritor en publicaciones y lecturas destinadas a los niños, algunos utilizados para la enseñanza en las escuelas. Se le ha llamado "El poeta de la niñez” aunque buscó también otros públicos, sobre todo la clase media urbana viendo en la lectura un medio para instruir y moralizar. Escribió el considerado primer guion de teatro infantil y otras obras entre comedia y drama, también, poemas líricos, en parte publicados póstumamente en 1891 como "Ramo de violetas". Considerado el mejor fabulista mexicano a la altura de Iriarte, Fedro y Escopo.  Su estética gira en torno a Dios, la virtud y la patria para contribuir a crear una nueva cultura nacional para la cual describe más como un deseo, a una familia perfecta.

No tan casualmente, la ruta descrita, casi lugar por lugar, en sentido inverso, es prácticamente la misma de la peregrinación a pie de Querétaro a la Villa de Guadalupe, ya que esta fue establecida casi en los mismos años en que se ubica el relato. Incluso creo lo que fue el mesón de ese lugar pertenece a la Pía Unión de peregrinos.

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Agradezco a Salvador Lara Bayón, del magnifico Blog de Aculco por facilitarme  el archivo con las imagen de la tragedia, ya que yo solo tenía el texto, sin ella. Visitenlo. Además de este viaje narrado desde allá, hay muchos temas de interés. 

Fotografía personal. Lapida en el Panteón de la Santa Veracruz. 

Obviamente no es la del niño, pero su mensaje es uno de los más sentidos que aún se pueden leer  y parafraseando a Rosas, correspondería algo parecido.   

OCTAVA

QUIEN PUDIERA EN TU SEPULCRO 
HIJA NUNCA OLVIDADA
SOMETER EL AMARGO LLORO 
QUE TU RECUERDO ME ARRANCA

HOY SE PIERDEN EN LA ARENA
DE ESTA VEGA SOLITARIA
LÁGRIMAS DEL CORAZÓN
LAGRIMAS QUE BROTAN DEL ALMA.

lunes, 23 de febrero de 2026

Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros II) Viajes y aventuras en San Juan del Río

 Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros II)

Viajes y aventuras en San Juan del Río

Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, presento ahora la contenida en un libro que por su kilométrico título pareciera que su autor realizó el viaje con ese propósito, sin embargo, gran parte fue como prisionero durante la guerra entre Estados Unidos y México y en esa condición, iba donde sus captores. Su mala suerte influyó también ya que los americanos nunca ocuparon partes significativas del territorio nacional; sus compatriotas ganaban batallas, pero él siempre cautivo, iba en una marcha que lo llevó a San Juan del Río. El libro se llama:

VIAJES Y AVENTURAS EN MÉXICO EL RECORRIDO DE VIAJES DE MÁS DE 2500 MILLAS, REALIZADOS A PIE. UN RELATO DE LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES DEL PUEBLO, Y DE LOS RECURSOS AGRÍCOLAS Y MINERALES DE ESE PAÍS.

POR WILLIAM W. CARPENTER, ANTIGUO MIEMBRO DEL EJÉRCITO DE LOS ESTADOS UNIDOS. NUEVA YORK: HARPER & BROTHERS, EDITORES, 82 CLIFF STREET. 1851. 

Al declararse la guerra, viviendo William en Louisville Kentucky donde estudiaba o había estudiado medicina y cirugía se enlistó como voluntario en el ejército de su país y sin fecha exacta, entró a pie a México para unirse al grueso del ejército americano en la batalla de Monterrey. (1846)

Batalla de Monterrey. Grabado americano de la época

Realizando un reconocimiento cerca de Ramos Arizpe fue capturado con algunos compañeros en febrero de 1847 por una división mexicana al mando del General Urrea. Ahí empieza su recorrido a pie, siguiendo el retroceso del ejército mexicano necesariamente al sur, entre maltratos de la gente en los lugares que recorrían.

Por acuerdos de guerra, recibían algo de dinero para medio sostenerse, comprar comida, a veces ropa, a veces nada. En esas condiciones avanzaron a Montemorelos, ya no eran maltratados e incluso recibían favores de la población, pero compartiendo las condiciones del ejército mexicano a veces ni siquiera comían. Llegando a San Luis Potosí se decide fueran escoltados a México. Tras seis días de camino llegaron a Querétaro, donde gozaron de cierta libertad, aunque no de recursos y pudieron pasear por la ciudad a pesar de su para entonces repugnante apariencia, según dice. Conocieron la Alameda y la fábrica de hilados y tejidos. Enfermó gravemente y en esas condiciones, continuó hacia México. No menciona su padecimiento, quizá solo desnutrición y cansancio, pero a tal grado que llegó a San Juan del Río inconsciente, delirando y al lomo de un mulo por lo que compañeros y captores lo dejaron en el hospital civil,
(Nota de la Redacción: Se refiere al actual edificio de Bellas Artes de la U.A.Q.) continuando ellos hacia la capital. Aquí permaneció mucho tiempo y dedica bastantes páginas a las incidencias vividas.

Fotografía de principio del siglo XX. El Hospital de San Juan del Río, a la derecha la Iglesia de San Juan de Dios. Probablemente casi en el estado como los vio William.

Imagen de Google Earth. Avenida Juárez Poniente. Mismos edificios, época actual.

Sin saber siquiera donde estaba, permaneció 4 semanas en cama, que es cuando recobra el sentido. Alimentado por los encargados empieza a recuperarse lentamente, dice estar reducido a un esqueleto y su ropa, antes ajustada le daba 2 vueltas. Era visitado diariamente por el doctor, sacerdotes y damas y caballeros de la alta sociedad local, quienes después de la misa diaria en la Iglesia adjunta (N. de la R.: La actual de San Juan de Dios) le daban bondad y hasta dinero. Cuando pudo caminar fue invitado por su Doctor a su casa, esta y muchas ocasiones donde recibió atenciones e incluso trabaron amistad y un acuerdo para que cada uno instruyera al otro en su idioma. Describe al médico como educado, católico y con principios liberales. Él a su vez, por sus conocimientos de aritmética, geografía y gramática, griego y latín, quitó el estigma de los estadounidenses como una nación de bárbaros. (N. de la R: No lo dice en el texto, pero por las fechas pudo ser el Dr. Guadalupe Perusquía) Les contó de los ferrocarriles, inexistentes entonces en México y de la rapidez de la comunicación por telégrafo. Por medio del sacerdote, Julián Miranda conoció familias prominentes quienes le daban respeto y protección e hizo muchos amigos, no así con las que llama clases bajas, quienes lo maltrataban e incluso varias veces intentaron asesinarlo, sobrevivió peleando con las manos primero y luego con un bastón de roble que fabricó. Miranda le regaló ropa nueva y dinero varias ocasiones. Menciona que su comida, que no era la del hospital y nunca supo de dónde venía, consistía el desayuno y cena en un vaso de chocolate o te de naranjas agrias y un pedazo de pan, en la comida medio litro de sopa, un trozo de carne y 3 o 4 tortillas, que completaba comprando lo que sus ingresos le permitían.

Del encargado del hospital recibió enseñanza para convertirse en zapatero y financiado por el médico, se dedicó un tiempo a ese oficio con cierto éxito. Por entonces pasaron por San Juan algunos prisioneros que estuvieron con él en Querétaro, pero extrañamente no fue enviado con ellos, a pesar de pedirlo. Su carácter de prisionero de guerra no le impedía pasar libremente por el pueblo y prueba de ello, es lo siguiente. 

“Ahora voy a dar una descripción de San Juan del Río. Tiene aproximadamente cinco mil habitantes. Hay solo una calle que se puede llamar propiamente calle; el resto son estrechas, como callejones o veredas. La ciudad está limitada por un lado por un río, que en la temporada seca es tan bajo que se podría cruzar a pie sobre las piedras sin mojarse los zapatos; pero en la temporada de lluvias he visto que el agua sube cinco pies en una hora. Frecuentemente se desborda, formando un mar perfecto. La parte junto al río está protegida por un muro grueso y sólido. La ciudad se construye sin ningún orden o regularidad, cada persona edificando donde le viene en gana; en consecuencia, las calles son estrechas y muy tortuosas. Las casas están hechas de adobe o ladrillo sin cocer. Estos adobes se hacen en forma de ladrillo, de unas dieciocho pulgadas de largo, diez de ancho y tres de grueso, secados al sol; y cuando alcanzan suficiente dureza, se colocan en las paredes que forman la casa. La longitud del adobe determina el grosor de la pared. Los techos generalmente están cubiertos con una especie de caña y hechos lo suficientemente inclinados para evacuar el agua. Las casas de los ricos están cubiertas de ladrillo cocido y enlucidas abundantemente, tanto por dentro como por fuera, con cemento, lo que las hace impermeables al agua. El techo tiene una ligera pendiente, justo suficiente para evacuar el agua. Las habitaciones suelen estar más bien desprovistas de muebles, conteniendo solo una cama y algunos bancos para sentarse, siendo las sillas un lujo que solo los ricos pueden permitirse. Las mesas no son de uso común. Cuando comen, la gente se sienta en el suelo, coloca los platos sobre sus piernas y come con sus tortillas y cucharas; los cuchillos y tenedores se usan rara vez. Las tortillas se hacen de maíz indígena. Primero se remojan en lejía débil por unas horas para quitar las cáscaras, luego se machacan o muelen finamente y después se amasan con las manos hasta que quedan como un panqueque común; luego se cocinan en un comal de barro. Si se comen calientes, están muy buenas. Este es todo el pan que tienen las clases pobres, y también lo consumen los ricos dos veces al día. Algunas mujeres se mantienen haciendo tortillas para vender; se las puede ver en la Plaza a cualquier hora del día, con sus cestas bajo sus rebozos o chales, gritando sus tortillas. En casi todas las partes de la ciudad hay grandes jardines (quiere decir huertas) a veces ocupando cuatro o cinco acres, en los cuales se cultivan todo tipo de frutas, como manzanas, peras, cerezas, uvas, higos, plátanos, granadas y muchos otros tipos, tanto de producciones tropicales como templadas.”

por su cercanía con las clases acomodadas, era invitado frecuente a las huertas, incluso le ofrecían capital para un negocio a condición de hacerse ciudadano mexicano y quedarse para siempre.

La guerra seguía, pero no había certeza real de lo que pasaba por las contradictorias noticias que llegaban; a veces diciendo que los americanos iban perdiendo, recibida con retoques de campanas de las iglesias, cuando eran contrarias, él salía a la calle a gritar, incluso a lanzar cohetes. Sobre todo, cuando se supo verazmente del avance americano.

Invitado a fiestas y fandangos, una vez borracho y peleando con un sacerdote terminó diciendo que era protestante y por ser prisionero no le podía tocar nadie y que esperaba que pronto todo México fuera anexado a Estados Unidos.

Días después pasó por San Juan el grueso del ejército mexicano, 20 mil efectivos hacia México. De alguna manera William conocía a los generales, características y hasta familias y a detalle la biografía y triquiñuelas de Santana y sus robos al erario. Excepto el presidente, todos los descritos morirían en los combates en México. Incluso cuando se dio el triunfo americano, la toma de la capital, la huida de Santana y su descrédito hubo calma, solo con el temor que los americanos avanzaran a Querétaro, ocurriendo al revés: pasaron aquí a los restos del ejército mexicano y funcionarios. (N. de la R.: recordar que el gobierno se trasladó a Querétaro, nombrada capital provisional) Llegaron igual restos del batallón de S. Patricio, los desertores del ejército estadounidense que se unieron con los mexicanos.

Ocupación de la capital. Grabado americano de la época

Por esos días hubo un intercambio de prisioneros que no lo incluyó a pesar de sus solicitudes escritas y le hizo trazar un plan para escapar. Calculó 150 millas la distancia a México y recorrerlo en 3 días. Ahorró dinero y una noche, recogió su ropa y caminó hasta el mediodía siguiente. Tomaba un descanso cuando descubrió que un sargento y una fila de hombre iban por él. Atado a un caballo regresó a San Juan, esta vez a una oscura celda de la cárcel sin manta, ni ropa. Atado de pies, manos y cintura solo recibía dos comidas diarias. Tras muchos días logró liberar manos y cintura y estando en la celda trasera de la cárcel sabía, por sus paseos en la ciudad que tras el muro solo había un patio y una casa vieja así que inició un orificio en el adobe. Teniéndolo casi completo, en una revisión descubrieron que sus cadenas ya no lo sujetaban y las reforzaron. Nunca vieron el agujero, pero ya era más vigilado. Su siguiente plan fue fingirse enfermo: dejando de comer 2 días logró que, considerándolo moribundo trajeron al médico e interviniera en su favor. Con ayuda de él y Miranda fue puesto en libertad a condición de jurar no hacer más intentos de ir a México y presentarse cada noche con el comandante, volvió al hospital a sus dos cuartos asignados.

Fotografía de principios del siglo XX . Cárcel de San Juan del Río. Probablemente casi en el estado en que recibió a William.



Fotografía personal. Avenida Juárez Oriente. Mismo edificio, época actual.


Fotografía personal. Barda trasera de la antigua cárcel, ya no de adobe como la horadada por William. Los puntos azules señalan las celdas traseras. En la parte baja el patio, en aquellas época abandonado.

Por entonces llegó un oficial mexicano de sus captores iniciales. Le informó de la rendición de México, la huida de Santana y las revueltas entre los mexicanos. Sutilmente obtuvo la información sobre distancia y poblaciones para llegar a la costa del pacifico, su nuevo plan, sin romper el juramento de no intentar ir a México.  Pidió otro traje al sacerdote, consiguió dinero prestado y 10 días luego de salir de la cárcel, con algunas provisiones y un bulto de ropa se dirigió hacia Querétaro.  

A partir de aquí, el relato se vuelve descriptivo y costumbrista, quizá su relativa libertad le daba más tiempo para sus notas que dice haber tomado desde su captura:  detalla paisajes, costumbres, personas, modos de producción, minas etc. incluso anota que el mayor insulto para los americanos era “Gringo” un derivado de Green horn, referente a cornudo, equivalente en los mexicanos a la palabra “chivo” que menciona como el mayor agravio entre ellos. (N. De la R. Por el contexto supongo que se refería a cabrón) 

Planeó caminar 15 leguas cada noche y descansar de día. Llevaba provisiones, pero recogía lo que podía en las milpas y huertas que encontraba. A la cuarta noche llegó a Querétaro, donde pidió inútilmente ayuda a los ingleses de la fábrica. Un irlandés le dio de comer y contó su idea de llegar al pacífico y conseguir un buque rumbo a casa.

Luego de Querétaro, otro golpe de mala suerte: pensando ir a Celaya tomó el camino a San miguel. Dándose cuenta mucho después y debió regresar lo andado. Su única orientación era observar donde se ponía el sol y la estrella del norte.

Además de las milpas, a veces lo alimentaban los pobladores en su camino. Un tiempo le acompañó un irlandés, que borracho lo metía en problemas y decidió separase. Así llegó a Celaya, aún oculto de día y avanzando de noche. En Salamanca, consiguió un pasaporte y se hizo pasar como integrante del Batallón de San patricio. Desde ahí, al llegar a cualquier poblado o ciudad buscaba a las autoridades, mostrándoles el documento, exigiendo un apoyo por haber defendido a México. Algunos le daban dinero, otra comida a comida o alojamiento y de esa manera, siempre a pie, pudo avanzar a Guanajuato, León, Lagos, Guadalajara, Ixtlán, Tepic y finalmente al puerto de San Blas. 

Portada original del libro  (no hay edición en español. 

Por lo increíble de su historia, fue difícil conseguir ayuda, pero el 7 de junio de 1848, abordó el buque Lexington rumbo a Mazatlán. Al arranque hallan al Cyane que iba directo a casa y al cual pasó. Su último golpe de mala suerte: el barco iba a Estados Unidos, pero por el sur, rodeando todo el continente. El 11 de octubre desembarca en Norfolk, Virginia, pesaba ya 160 libras, cuando había salido de San Blas 111. En Washington cobró sus honorarios y regresó… “con sus amigos quienes le habían llorado como muerto durante mucho tiempo” (versión abreviada por la R.)

Quizá por su carácter de voluntario, no militar, no hay datos posteriores de él. Por común, entre muchos llamados así se pierde su rastro tras la publicación en 1851 del libro, que fue un éxito en su tiempo y es muy mencionado en la literatura de esa guerra Casualmente, de los lugares mencionados aquí aún están de pie, con modificaciones de 180 años: el hospital, la iglesia y la cárcel; la Casa del Dr. Perusquía, hoy es una caja popular. De las huertas ni hablamos. 

Calle 16 de septiembre. Época actual.  cerca del local alto a la izquierda estaba la casa del Dr. Perúsquía. 


domingo, 1 de febrero de 2026

Érase una vez (San Juan en Relatos de viajeros I)

 Érase una vez (San Juan en Relatos de viajeros I)


Relación de algunos viajeros que conocieron y escribieron sobre el pueblo en todas las épocas. Selección personal de textos.

Aunque han existido desde todos los tiempos (baste decir que la Ilíada y la Odisea, en esencia son uno de los primeros, los relatos de viajeros, es decir la descripción escrita de lugares visitados, fueron durante mucho tiempo un género aislado y esporádico. Es hasta la publicación de los Viajes de Marco polo cuando se establece el formato de ese tipo de textos que es común hasta nuestros días.

Con la popularización de la imprenta al bajar sus costos y medios de transporte más rápidos y seguros, es durante el siglo XIX que esos relatos se hacen populares y de acceso masivo a los lectores, al grado de que muchos de ellos ya no eran incidentales o subproductos de un viaje, sino que la descripción es el único propósito incluso patrocinados por instituciones, periódicos y revistas.

Cada viajero, de acuerdo con su circunstancia personal enfatiza algún aspecto en el relato: la geografía, la ruta, los edificios, el paisaje, los habitantes, sus interacciones etc. De tal manera que no hay ninguno completo, lo que hace a cada uno pieza única dentro del género.

Para el caso de Querétaro o de lo que ahora es el estado de Querétaro, sobre todo la su capital, hay una extensa recopilación de relatos de viajeros en el libro “Desde la otra orilla, miradas extranjeras sobre Querétaro” de José N. Iturriaga.

De manera personal, hace algunos años elaboré algunos extractos de crónicas de viajeros que pasaron por San Juan del Río que por su situación en la ruta del Camino Real era frecuentemente visitados y relatado. No es una lista exhaustiva, hay muchos más. Se respetó la escritura y ortografía original. Se puede identificar ciertas coincidencias; obviamente las geográficas, el río y su corriente en distintas épocas del año, una sola calle, el verdor de los alrededores, las huertas y el puente cuando estuvo.  Podrán notar que la última es de un sanjuanense.

 15??

“… el puesto onde estan el rrio grande estan rrodiado de savino, estan unos ojos de agua; en la orilla de dicho rrio estan un cerro rrodiado de peña, un rincon…”

Relación de San Luis Montañez en Ayala, 1948.

  1582

” … el asiento del pueblo de San Juan es un valle junto a un río de muy escogida y buena agua. Está todo él cercado de una cerca pequeña y baja que solamente lo defiende, y las tierras de labranza del de los ganados mayores que por aquí pastan. Tendrá esta cerca de norte a sur a mi parecer más de legua y media. El pueblo, aunque está poblado en forma conveniente, con sus calles, no tiene buena traza porque como es pueblo pequeño que no tiene doscientos indios, aunque era mucho mayor antes de la pestilencia arriba dicho, se ha destruido mucho de su policía.”

“El pueblo de San Juan está junto a un río de muy buena agua, el cual no es muy caudaloso si no es por junio, julio y agosto y septiembre y octubre que en esta tierra es la furia de las aguas. Es todo lleno de unos árboles llamados sabinos que lo hermosean. De él tienen sacados los naturales una acequia con la cual riegan sus cementeras de chile y frijoles y con lo que sobra muele un molino que es de los propios de su comunidad. Corre este río norte-sur por el dicho pueblo.”

Francisco Ramos de Cárdenas.

Dibujo de Ajofrín Modificado.  Al centro el Hoy llamado Puente de la Historia,  arriba a la izquierda podría ser la hacienda de la venta, hoy hotel.

1743

...”será la habitación de dicho pueblo agradable para muchos otros que soliciten su aumento por ser su temperamento muy provechoso para la salud, su terreno muy fértil y abundante, por el caudaloso río que le circunda, cuyas aguas lo riegan y fecundan, siendo memorable la hermosa y bien construida puente que tiene, y como tal, celebrada entre las más famosas obras del reino, costeada por los dueños de las haciendas de ganado menor de la tierra adentro, para que sin riesgo la transiten y no perezcan en tiempo de aguas por las grandes avenidas y crecientes que en dicho río se experimentan. “

Esteban Gómez de Acosta

 1746

“El pueblo de S. Juan del Rio es Cabezera, y Republica de Indios con su gobernador, cuentanse en él quinientas, noventa, y tres familias Othomies, administrados en su Idioma por un Cura Clerigo, con dos Vicarios, sus Coadjutores Reside en este Pueblo un Theniente de Corregidor para el Gobierno politico, y civil del Partido.   ….   Y en el districto de ellos se hallan treinta, y ocho Haciendas, que producen razonables cosechas de trigo, mayz, y cebada, que es el renglón principal, con que comercian, pues aunque sus naturales cogen cosechas de frixol, estas son muy cortas. A mas de las familias de Indios, que ay en este Pueblo de San Juan del Rio, lo habitan cerca de doscientas, y cincuenta de Españoles, Mestizos, y Mulatos.”

Joseph Antonio de Villa-Señor y Sánchez.

 1764

“Después de la venta (que Dios haya) de las Palmillas… empieza el camino muy pedregoso y cansado hasta la villa de San Juan del Río, donde fui a dormir…me recibió el señor don Julio de Arteaga. Señor del Hache.

Desde las Palmillas a San Juan del Río hay muchos ranchos de indios para reforzarse de la molestia que causan las piedras del camino.

Este pueblo tiene muchas familias de indios otomíes, que es el idioma común por todo este rumbo; y también le habitan muchos españoles, mestizos y mulatos, administrados todos en lo espiritual por un cura y dos vicarios. Loas naturales o indios tienen su iglesia aparte donde celebran sus funciones, y como república numerosa de indios, tiene su gobernador de la misma nación y lengua.

Hay también un teniente corregidor español para el gobierno civil y político, sujeto al corregidor de Querétaro. Los frutos del país son trigo y cebada, con buenos pastos para ganado de toda suerte. El comercio es considerable por ser la puerta y paso para toda tierra adentro. Hay convento de padres Dominicos y de San Juan de Dios, en cuya portería se venera una efigie de Cristo que dicen apareció allí pintada en la pared. También hay un beaterio de terceras franciscanas.  

Francisco de Ajofrín

 

Dibujo de Ajofrín Modificado. bajo el número 5 el Convento e iglesia de San Juan de Dios, a su izquierda podría ser Jesusito y luego el Hospital.  la  cruz al otro extremo pudiera ser la hoy desaparecida Capilla de la Soledad.

1777

” Este lugar está de irregular construcción, hay una calle muy larga” con otras pocas que la atraviesan: en la primera a la vuelta, tiene una buena parroquia… “

“Se compondrá la población de cuatrocientas casas bajas y la mayor parte mal construidas, pero todas ellas con huertas en las que se coge muy buena fruta y uvas excelentes, aunque no fabrican vino.”

“Se hace un competente comercio por la bella situación que tiene, ser la garganta de toda tierra adentro y las muchas poblaciones y haciendas de que está cercado. El terreno es generalmente fertilísimo y propio de todas frutas, granos y semillas de las tierras frías y calientes; que unos y otros crecen aquí y producen con feracidad asombrosa, hay abundancia de aguas y le baña un río que le da el nombre, vadeable en tiempo de secas y adornado de un puente sólido con cinco arcos de regular construcción. En una palabra, el lugar sería un vergel si hubiera más policía, menos avaricia y algún amor a la agricultura.”

Fray Juan Agustín Morfi.

Dibujo de Ajofrín modificado. Apenas distinguible por su espadaña, el Beaterio.


 1794

“El Pueblo de San Juan del Rio, Cabecera de su Feligresia, y de la Jurisdicción está fundado en una ladera tendida que mira al Norte y Poniente, que remata en un Valle quebrado insensiblemente, que este cercado por todas partes de Cerros y Lomas, y en el están situadas, varias de las principales Haciendas de ella. Se llama el Pueblo de San Juan del Rio, porque baña sus orillas en la sazon de las aguas del Rio que corre por sus inmediaciones, formando una herradura, una abra esta ála parte del oriente que es la salida y camino que va para Mexico…

El Nacimiento principal de las Aguas, que corren por el río de San Juan quando abundan por el sueste, y el sudsuest, lo tiene en la presa de Huapango, perteneciente ála cuantiosa Hacienda de Arroyo Zarco, del Fondo Piadoso de Californias; y asi mismo delas  vertientes de unos manantiales que se hallan en los Pueblos de San Ildefonso, y de San Francisco pertenecientes a la Jurisdiccion de xilotepec que la brotan todo el año”

Pedro Martínez de Salazar y Pacheco.

Dibujo de Ajofrín modificado. La Iglesia de Santo Domingo. 

 

1822

” Una caminata de una hora nos puso a la vista de la población de San Juan del Río y del rico y bien cultivado valle en que está situada.”

“… dimos una vuelta por la población y encontramos que era limpia y bien construida. Corre a través de ella una corriente de agua y frente a nuestro mesón hay un cerro de roca basáltica coronado con una capilla y su torre. Desde este punto el panorama abarca el valle entero que es el más fértil y mejor cultivado que hasta aquí hemos visto.”

“A esa hora cruzamos el Río San Juan, sobre un hermoso puente de cinco arcos de piedra. En estos momentos no es más que un arroyuelo insignificante, pero en la temporada de lluvias, no obstante, la gran anchura del cauce del río, a menudo se desborda por encima de sus márgenes, e inunda grandes extensiones de la planicie. La elevación de esta villa es de seis mil cuatrocientos ochenta y nueve pies sobre el nivel del mar. No hay nada que pueda sobrepasar la belleza y fertilidad de la campiña que la circunda. Durante una hora avanzamos por un camino cubierto de rocas y piedras sueltas, de pórfido, teniendo debajo de nosotros, a nuestra derecha, uno de los más hermosos valles del orbe.”

Joel R. Poinsett.

 1822

“San Juan del Río, rodeado de huertas que están adornadas de viñas y anonas. Altura, 1,978 metros.”

De Humboldt, Alejandro.

 

1853-1855

” La Orilla del Río San Juan que ciñe con una faja de esmeralda y flores la pintoresca población, es en extremo alegre, y como para Querétaro la Cañada, para San Juan la orilla del río es su lugar de recreo, su poesía, y el nido de recuerdos y de amores de aquellos habitantes.”

“Esta orilla, como se ha dicho, es una calzada que va culebreando con la corriente del río; pero tan fértil, tan aromática, tan llena de árboles frutales y de flores, que sólo halagado por su perspectiva, refrescado por su ambiente, acariciado por sus aromas, se podría tener una idea clara de lugar tan agradable. La arboleda y el jardín los forman una serie de huertas cultivadas con particular cuidado por los dueños de las casas vecinas, que se ven entre los árboles con su apariencia humilde, pero respirando bienestar y alegría.

Guillermo Prieto “Fidel”.

 1854

 “Se dice que hasta hace pocos años el comercio era floreciente en esta ciudad, pero en el día ha caido considerablemente. A dos causas principales debe atribuirse el estado precario en que hoy se halla esta población: 1ª, porque habiendo subsistido siempre sus habitantes de la clase pobre, del cultivo de las huertas que tienen y ocupan la extensión de una y media caballerías de tierra, regadas con agua del río; como las corrientes de éste se han reducido á muy poco pues manando de la presa de Huapango, perteneciente a la hacienda de Arroyozarco, ésta ha pretendido quitar los derrames, sin los cuales el río queda cortado y por consiguiente privados los terrenos de sus riegos….”

Juan María Balbontín.

 1888

“Rodea la ciudad por el N. y el N.O el río llamado de San Juan, que fertiliza con sus aguas las muchas huertas y amenos jardines que tiene en sus inmediaciones. Al lado occidental de la ciudad y sobre dicho río hay un puente de sillería y elegante arquitectura:  ….”

Juan de la Torre.

Dibujo de Ajofrín modificado.  El paso del camino Real desde la entrada poniente del pueblo hasta el centro.

 1890

“San Juan del Río, distante 191 kilómetros de la ciudad de México y á 1904 metros sobre el nivel del mar.  El tren llega aquí a las 2:20 de la mañana lo cual impide que el viajero que va de paso pueda recrear su vista en las verdes praderas y ricas haciendas que rodean á la población. Se fundó esta á la falda de una baja colina, y fertilizan las aguas del rio San Juan sus ricos terrenos poblados de muchísimas huertas que en la propia estación del año ostentan abundante y dorado fruto. Se estima  en 10,000 el numero de habitantes de San Juan del Río, que en su mayoría se ocupan de la agricultura.”

S. Adalberto de Cardona

1902

 “Sus casas son amplias, cómodas y generalmente bien construidas; sus habitantes francos y hospitalarios, tiene siete elegantes templos destinados al culto católico, notables por su belleza y por su aseo; su calle principal que antiguamente era por donde se verificaba del camino real para el interior del país, es ancha, bien empedrada y ostenta una doble hilera de fresnos corpulentos que forman una bellisima calzada a cuyo extremo occidental existe un magnífico puente de cinco arcos, que mantiene siempre expedita la comunicación, no obstante las frecuentes y caudalosas avenidas del río. La multitud de huertas con árboles frutales propios del clima los más, y muchos otros exóticos que se han logrado aclimatar, los callejones formados en su mayor parte por una doble valla de flores, enredaderas y trepadoras, y sus alrededores siempre verdes por el constante cultivo de los solares, dan a la ciudad un aspecto muy halagador, y durante el invierno, sobre todo, en que generalmente los campos y laderas de las cercanías están secos y entristecen con su aridez, el panorama de San Juan hace todo el efecto de un oasis en medio del desierto.”

Ángel M. Domínguez

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Dibujo de Ajofrín modificado. Por donde hoy sería la Colonia Juárez, el dibujo nos parece indicar  una persona con un arma practicando tiro al blanco y a la izquierda una mujer  cargando algo en su espalda.

Para ilustrar esta entrada tomé extractos de la panorámica que hizo francisco de Ajofrín en su paso por el pueblo recolectando limosnas para los Misioneros del Tíbet. Dada la mala calidad del dibujo, le hice un retoque manual en líneas para que se vean más claro los edificios, aunque en algunos casos hay que forzar mucho la imaginación para interpretar lo que se quiso dibujar.

Paso por aquí en el mes de abril de 1764, poco antes de semana santa. El Sr. Del ache que dice que lo hospedó debe referir al entonces dueño de la hacienda de la “H”. En su relato está la mención documental más temprana de Jesusito de la portería., La vista que presenta debió ser tomada cerca de donde hoy es el cruce del paseo Central y Juárez oriente.

Dibujo de Ajofrín modificado.  En la entrada del pueblo parece distinguirse un guardia con fusil. A su lado derecho podría ser la Garita de México y a la izquierda la hacienda de San Cayetano.