Enrique Nalda en la UR 85
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Enrique Nalda en los 90s, Fotografía Tomada de Internet, crédito a quien corresponda. |
Como un recuerdo ancestral de la época de su
fundación, se tenía el conocimiento de que en el barrio de la Cruz,
específicamente en la parte alta del cerro del mismo nombre había existido un
asentamiento prehispánico.
Seguramente los primeros pobladores coloniales conocieron
esos elementos que aunque tenían siglos de abandono, debieron estar completos, sobre todo la pirámide principal. En el transcurso de los siglos,
ese conocimiento persistió, aunque el lugar fue deteriorándose. El montículo
principal debió conservar por entonces gran parte de las lajas que recubrieron la última etapa, luego utilizadas para la
construcción de la actual capilla cristiana, lo que precipitó su deterioro.
Igualmente se utilizó piedra de otros elementos existentes para un par de
construcciones coloniales que aún existen, con igual resultado.
Para la década de 1970 poco relacionaba a la pequeña
meseta con un sitio arqueológico, la pirámide principal era un uniforme
amontonamiento de piedras que pocos reconocían como artificial. Las plazas
habían sido invadidas por la maleza, y en el lado poniente incluso, se
sembraba maíz. La calzada de acceso quizá era lo único que se adivinaba como perfectamente delineado.
Fue don Rafael Ayala en 1971, quien se encargó de
recordarnos que ese montículo era prehispánico, aunque erróneamente señalaba
que tenía forma semicircular y recordaba a la pirámide de Cuicuilco. (Erróneamente
porque la forma que tenía era producto de haberse retirado las rocas que
recubrían la última etapa, dejando visible solo el relleno, que poco a poco
colapsaba hacia abajo por lo que los habitantes modernos del lugar apilaron algunas de esas
rocas, seguramente ya en el siglo XX, para evitar más desgajamientos, dándole
la forma redondeada en la base, que observó don Rafael, no era esa
su forma original)
Por 1975, se esparció el rumor por la entonces pequeña
ciudad, de que un arqueólogo estaba trabajando en el Barrio de la Cruz y ya
había encontrado una pirámide enterrada y varios túneles. Incluso el periódico
local dio cuenta de ello.
Por esos años, en el barrio, sobre todo en la parte
baja, era muy común encontrar caritas, cerámica y flechas de obsidiana, máxime
si realizaban excavaciones para la construcción de casas. En la cima, los
restos superficiales eran abundantes
pero muy fragmentados. El hecho de que ahí no hubiera viviendas no había permitido
descubrimientos mayores.
Quienes nos enteramos de la noticia, de inicio no concebíamos cómo podía haber
enterrada una pirámide en un cerro que sabíamos era completamente de roca, a lo
mejor los túneles que se mencionaban, decíamos que les habían llevado a algún
lugar donde se habían encontrado restos arqueológicos.
Imagen Tomada de González, 2009 |
Con el tiempo supimos que la pirámide mencionada sí estaba enterrada, pero debajo del montículo de rocas, no en el cerro mismo y
que los túneles en realidad eran las trincheras de excavación que los
arqueólogos realizaron para buscar etapas anteriores de construcción.
La excavación dio como resultado
descubrimientos aún más inesperados. Para empezar, como dije, se desechó la
conseja de que la pirámide era circular y que había sido realizada solo
amontonando rocas, debajo de ella, se descubrieron intactas, al menos
otras dos etapas constructivas, que remontan incluso al periodo Formativo.
Se descubrió que la cima del cerro no era completamente plana de manera
natural, sino que había sido nivelada utilizando relleno traído de otras
partes, arena, rocas de río y desperdicios de otras construcciones, lo que explicaba
los restos fragmentados. En la meseta
resultante, se construyó un centro ceremonial en forma, que en su etapa final tuvo dos montículos
piramidales, dos plazas, una calzada de acceso y un camino de ronda que
circunda todo el conjunto.
Se dató además, la temporalidad del lugar, resultando
que la primera fase constructiva tenía elementos cercanos al año 500 A.C. y que sus
constructores tenían al menos influencia de Chupícuaro, una de las
culturas madre en Mesoamérica.
El arqueólogo encargado de realizar esta prospección,
fue Enrique Nalda Hernández, (Logroño, España, 1936, México D.F., 2010) quien, buscando en la región elementos de un trabajo de investigación para su tesis de
Maestría, llegó en el mencionado año de 1975 a San Juan del Río.
Aunque se tiene la idea de que solo exploró el barrio
de la Cruz, en realidad registró casi 200 sitios arqueológicos.
Uno de los postulados de su tesis consistía en que
cada asentamiento con evidencias líticas, cerámicas o constructivas tenía
interrelación con otro ubicado a cierta
distancia, así que a pie, entre los
cerros y valles recorrió toda el área circundante al municipio y los vecinos. En
algunos lugares solo encontraba restos superficiales, en otros, elementos
mayores e incluso arquitectura visible. Al conjunto de sitios interdependientes
le llamó UA (Unidad Arqueológica) Así aparece el concepto de la UA San Juan del
Río, con un área de 1000 KM2. Los sitios en particular (en total 182) fueron
denominados UR (Unidad de Recolección)
A partir de
cada una de esas UR, localizadas por él con una técnica novedosa, la fotografía
aérea, pasaba a recorridos a pie, preguntando a los
vecinos, localizaba el siguiente.
Obviamente documentado, sabía por los escritos de
Ayala, de la existencia del cerro de la Cruz, y por otros arqueólogos de la
existencia de los yacimientos de la Estancia, Xajay y El Rosario en San Juan
del Río, además de La Trinidad y los Cerritos en Tequisquiapan. Clasificados también como Unidades
Arqueológicas.
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Figura Chupícuro, Barrio de la Cruz, Imagen tomada de Crespo, 1992. |
En el cerro de la Cruz, por la magnitud material y
temporal de lo ahí encontrado, puso el énfasis principal de su trabajo, ya que su existencia
le permitió cuestionar algunos de los mitos de la historia oficial.
Hasta esa fecha,
se tenía la idea de que la región formaba parte de Aridoamérica, y que
había sido dominio de los chichimecas, por encontrarse ellos en la región a la
llegada de los españoles y que por lo mismo en la zona no se habían establecido
civilizaciones en la antigüedad. La existencia de un sitio con ocupación
continua hasta casi el Postclásico, ponía en duda donde había sido la frontera
entre ambas regiones.
Algunos de sus maestros en la Escuela Nacional de Antropología e investigadores que le precedieron ya habían postulado que la
frontera entre las dos regiones no había sido fija, sino fluctuante debido a
cambios climáticos flotante, pero los descubrimientos de Nalda, aunaron otra
variante: En San juan del Río no había evidencia de que un cambio climático
hubiese empujado a los habitantes a huir a otros lugares como postulaba la
teoría inicial. Cierto que los centros ceremoniales se abandonaban, pero la
población no parecía disminuir.
El cerro de la Cruz y sus alrededores, recreación tomada de Crespo, 1996 |
El hecho de que se pudiera construir y mantener aunque fuera por
etapas, un centro ceremonial de las dimensiones del barrio de la Cruz, con la dificultad
para llevar los materiales necesarios hasta la cima, implicaba una sociedad bien organizada, con
autoridades de cualquier tipo y una numerosa población disponible como mano de
obra.
Por su importancia, los resultados del proyecto U. A.
San Juan del Río, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, coordinado
por Nalda, fueron presentados en 1975 en la tesis de Maestría del mencionado
arqueólogo con el Título “UA San Juan
del Río: trabajos arqueológicos preliminares”.
Por sus novedosos conceptos, las técnicas empleadas,
su posición contraria a las hasta entonces vigentes teorías, el proyecto dio
como resultado la búsqueda y exploración de gran cantidad de sitios
arqueológicos en los estados aledaños, algunos ya conocidos y a los que se les
había restado importancia, otros completamente desconocidos o ubicados en zonas
que la consideraría no aptas para la civilización mesoamericana, incluso a la
fecha. Todos ellos ubicados en el hoy llamado CENTRO NORTE que comprende principalmente
los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y otros aledaños en menor
medida.
Pirámide principal, la parte de arriba da una idea de como se encontraba toda en los años 70s, la parte de abajo, es la parte reconstruida. Fotografía personal, 2016. |
Igualmente, desde su publicación, la tesis de maestría
de Nalda y otro escrito derivado, llamado “la Contracción de la Frontera
Mesoamericana” un año después, son de consulta obligatoria y referencia
bibliográfica en cientos y quizá miles de trabajos de investigación, libros,
artículos y tesis relacionadas con la
arqueología y la historia de gran parte de los estados de la república.
La importancia de su investigación y sus resultados,
proyectaron a Nalda a las grandes esferas de la arqueología nacional: Publicó
varios libros en lo personal, además de los informes de investigación de sus
trabajos arqueológicos, cada vez de mayor importancia, fue docente e
investigador de la Escuela Nacional de Antropología de donde había egresado,
líder sindical y al final de su vida llegó a ser reconocido por muchos de sus
colegas como uno de los mejores arqueólogos del País.
A partir de su titulación, su trabajo se concentró en
el área maya, donde fiel a sus principios, además de la exploración
arqueológica, otra vez revolucionó las teorías establecidas para esa área.
Nunca volvió a San Juan del Río, es difícil establecer los hilos del destino, y
todo lo que debió conjuntarse para que alguien no predestinado para ello, ya
que había nacido en España, pero su familia llegó a México huyendo de la Guerra
civil; que se había titulado de Ingeniero; que abrazó tardíamente la arqueología,
hubiera desenterrado, en la cima de un promontorio tan cercano en distancia al
centro de San Juan del Río, pero del que realmente hasta su llegada, se
desconocía completamente lo que contenía y su importancia arqueológica e
Historia.
Posteriores investigaciones y más exploraciones han aumentado los conocimientos que sobre el
centro ceremonial iniciaron con Nalda. Actualmente no hay trabajos en él, pero
puede observarse una reconstrucción de la etapa anterior al promontorio
explorado por Nalda, aquella que apareció en las calas efectuadas en 1975, la
“pirámide enterrada” en la que entonces
solo era la U.R. 85. Como dije, nunca volvió, pero qué bueno que vino
una vez.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Creo que no tarda en salir impreso el programa cultural de Feria, no se lo pierdan, habrá sorpresas.
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