San Isidro, el barrio
de siempre
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Imagen de Google Earth. Iglesia del barrio de San Isidro. |
Antecedentes
Quizá como el último resabio de un ancestral rito, hasta
mediados de la década de 1970, muchas familias sanjuanenses emprendían durante
la segunda semana de mayo, una caminata con dirección norte hasta un asentamiento, entonces plenamente rural, pero separado de la ya para
entonces ciudad: el llamado “barrio de San Isidro”.
Supongo que era una tradición de siglos por el
hecho de que no se efectuaba por el camino más corto, que para entonces sería a
partir del centro, de manera directa por la calle Álvaro Obregón, sino
por otro, extrañamente más alejado y extenso, que sería el siguiente:
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Imagen de Google Earth. La línea verde señala el viejo camino, hoy entre calles, la línea naranja, la vieja barda. |
No importaba mucho el lugar de la ciudad donde se viviera, el
punto inicial era la estación del tren, situada al finalizar Hidalgo Norte, de
donde se cruzaba la vía y se tomaba rumbo norte un camino entre milpas que
recuerdo era de terracería pero plano y ancho, es decir, un camino en forma, no
una vereda improvisada, que continuaba con algunas ligeras curvas por una distancia de aproximadamente un
kilómetro. Ahí se encontraba con una de las curvas del río, donde el camino doblaba a la derecha. Trecientos metros adelante se llegaba a la plaza del barrio, en esas fechas completamente de tierra.
La intención original de la visita, que supongo era
religiosa, se perdió hace muchos años, al menos de lo que recuerdo, la
motivación principal era el espectáculo de la fiesta de San Isidro Labrador, el
patrono del barrio, que incluía danzas y xitás, además de juegos mecánicos y el tradicional
estruendo de los cuetes. Los juegos eran muy rústicos, pero divertidos y
baratos, y por las fechas que menciono, las danzas y Xitás todavía eran muy auténticos, lo cual era un
espectáculo aparte, ya que en la ciudad, esos elementos se habían modernizado y perdido su esencia.
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Imagen de Google Earth. Extensión aproximada del Barrio. |
Elementos
El Barrio es descrito por Ayala, (1981, p96) con información que tomó de Martínez de Salazar de 1793, de la siguiente manera:
"El Barrio de San Isidro, se halla a espaldas del de San Marcos, más al norte sobre la orilla del río, situado sobre un plan de tierras delgadas, en que tienen señalados sus solares los indios, que ellos mismos cultivan. Se han abierto calles trazadas por magueyes por donde transitan coches y todo género de gente de a pie o de a caballo. Hay una Plazuela amplia, donde se encuentra una capilla, y algunas casas bien acabadas."
Como los demás barrios del pueblo, se desconoce su
verdadera antigüedad, pero es de suponer que desde el inicio del pueblo, en
el siglo XVI, algunos habitantes otomíes se asentaron en él aprovechando la
fertilidad de sus terrenos y con un pequeño núcleo habitacional alrededor de lo
que hoy es la su plaza. Se puede distinguir su ubicación en el plano de 1592,
en su parte inferior derecha, justo donde la acequia del pueblo volvía al río.
Se llamó así por su santo Patrono, San
isidro Labrador, a quien está dedicado su templo. Dado que la santificación de
este ocurrió en 1622, se supone que su establecimiento debió darse años
después de ese acontecimiento.
Ya avanzado el siglo XVII, la situación original del pequeño
pueblo de indios cambio, con la llegada de habitantes diversos, sobre todo en
el centro, en razón de lo cual, los otomíes, se desconoce si voluntariamente o
por alguna disposición se relegaron a algunos barrios donde podían mantener su
exclusividad étnica. Así, quedaron en tal categoría la Cruz, el Calvario, el
Espíritu Santo y San Isidro.
Fue en este último, uno de los en donde más tiempo se mantuvieron las
costumbres y tradiciones indígenas, hasta casi finales del siglo XIX, aún había
muchos habitantes de raza pura. A diferencia del vecino barrio del Espíritu
Santo, muy pequeño, aquí desde siempre hubo un núcleo habitacional de regular tamaño,
rodeado de áreas cultivables, que siempre
estuvieron claramente delimitadas como propiedades indias. Además, por su relativa lejanía con el
centro del pueblo, tuvieron mayor influencia o relaciones con el cercano pueblo
de San Pedro Aguacatlán, también originalmente Otomí.
Los límites
No sé desde cuándo, pero unos metros después de la estación
del Ferrocarril, existe una barda de piedra que siempre me dijeron que era el
límite de San Juan con San Isidro. Por extraño que parezca, semi enterrada y
derribada, aún existe, en la actual calle Jesús Ma. Martínez y sería
el límite sur del Barrio. Por el lado
oriente, el límite original, sería el antiguo camino a Tequisquiapan, hoy Av.
Constituyentes, aunque parece que después se recorrió a la Calle Álvaro
Obregón. Al norte, finalizaría en los límites con las tierras de San Pedro
Aguacatlán y al poniente, el límite natural indiscutible, el río.
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Imagen de Google Earth. A la izquierda, bajo los postes en la Calle Jesús María García, los restos de la vieja barda. |
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Plano de 1590, ubicación aproximada del Barrio. |
Recuerdos
Al morir la República de Indios, en el siglo XIX, como en todos los demás
barrios, las tierras comunales de este, se desamortizaron, pero en este caso, por la
lejanía y el encierro geográfico fueron poco deseables para aquellos que no
fueran indios y estos los conservaron como terrenos particulares.
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Imagen de Google Earth. La Guitarrilla, durante muchos años, la única propiedad no indígena de la zona. |
A pesar de lo anterior, desde el inicio del pueblo, las
tierras del barrio se vieron favorecidas por el riego de la acequia del
pueblo, que hasta aquí llegaba luego de atravesar el pueblo. A la orilla del
camino a Tequisquiapan pasaba el canal principal, y tras cruzar el rancho de la
Guitarrilla, (que nunca fue parte de este barrio, sino propiedad de españoles) discurría cerca de la Plaza Principal. Metros adelante volvía al río. Además, en los alrededores se
trazaron varios canales secundarios que estuvieron en funcionamiento hasta
cerca de 1970, lo que permitió que el área siempre fuera de cultivo.
A finales del siglo XIX, cerca del barrio se construyó la
estación del Ferrocarril, principalmente en terrenos de la Guitarrilla y el Carrizo, pero
afectando también algunos predios del barrio vendidos por los lugareños, sin embargo, su
aislamiento no se vio perturbado sino hasta mucho después.
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Imagen de Google Earth. La iglesia de San Isidro, algo modernizada, dicen que así era la fachada de la iglesia de Guadalupe en el centro de la ciudad, antes de que se le pusiera la actual portada de cantera. |
En la década de 1970, un fenómeno invadía a San Juan del Río,
la explosión demográfica, lo que significó un aumento de habitantes que
requirieron de viviendas, es cuando comienza a crecer la ciudad por varios frentes, principalmente la zona oriente. El Barrio resistió el embate
constructivo unos años más, pero para la década de 1980, con la construcción
del Infonavit San Isidro, empezó la invasión de milpas, al inicio lentamente -por ser tierras completamente fértiles- ya que su precio era elevado y frenó a los
constructores. Pero el segundo aumento de población tras el año de 1985 sí lo tocó e inició la
urbanización que por tres de sus lados hoy le rodea. Llegó así la modernización de
los viejos caminos vecinales, transformados en calles y avenidas que hoy nos
llevan fácilmente en transporte público y privado a fraccionamientos, zonas
residenciales, incluso un club de Golf, que hoy ciñen al viejo barrio, antes
tan solitario, hoy es paso a lugares a los que antaño casi nadie se atrevía a entrar.
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Imagen de Google Earth. Vieja plaza, moderna apariencia. |
Sin embargo, entre el concreto y el asfalto, conserva vivas
algunas ancestrales tradiciones y elementos, su iglesia, la original figura de
San isidro labrador, el paso del Santo entierro, mayordomías, cargos y especialmente,
al menos dos de las viejas capillas familiares otomíes, último recuerdo de las
muchas que tuvo el pueblo en toda su extensión, cuando cada familia o grupo
de ellas, tenía un espacio religioso para su culto particular. Desaparecieron
casi todas en los barrios, solo quedan unas pocas, dos de ellas aquí.
EPÍLOGO
Hoy, el camino que recorrí de niño, está rodeado de viviendas, en él,
ya no se adivina a lo lejos el río, solo al final, un sucio hilo líquido nos
recuerda que ahí estuvo. Cada vez quedan menos
de los sabinos que circundaban su paso e indicaban que había que dar vuelta a
la derecha. Hoy, llego a la vieja plaza, ya modernizada, sin el polvo de
aquellos ayeres, ya no están las viejas chozas, los corrales, el verde de las
milpas de los alrededores ni la acequia con agua corriente. Casi todo se ha
ido, sin embargo, entro a la iglesia y en el altar me recibe una extraña Trinidad, en un mismo nivel, veo a la izquierda un cuadro de la
Virgen de Guadalupe, al centro un Cristo y a la derecha, la efigie de San
Isidro Labrador, tan querida por los campesinos, solo eso me recuerda que estoy
en el viejo Barrio de San Isidro, el Barrio de siempre.
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Plano de 1885, arriba, con el número 7 y línea morada, el extremo sur del Barrio, solo para observar su relación con los otros. |