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ANTECEDENTES
Ya otras veces, en este mismo espacio, me he referido a la
llamada Plazuela Guadalupe Victoria, popularmente conocida solo como " La Plazuela", ubicada apenas una cuadra al sur de la
Av. Juárez. Por alguna razón, a pesar de
su cercanía con el centro, conservó hasta hace poco, en las dos cuadras que
la componen, características pueblerinas dentro de lo que se iba convirtiendo
en la gran ciudad de San Juan del Río. Hoy detallo una de ellas, que se instalaba ahí pero era disfrutado por todos los habitantes de la ciudad.
Con el dominio del automóvil, que ha copado todas, hoy la
calle es una más, adaptada a dicha característica de las modernas urbes. Si
acaso, quienes no la conocieron antes, se extrañan de su anchura inusual, que
le permite, además del carril de flujo de los autos, contener al frente, una
base de taxis suburbanos. Tan amplia es, que en la década de los sesentas del siglo pasado,
albergó una cancha de básquet bol, muy popular, por ser la única de la ciudad
por aquel entonces.
Dado que las calles que en ella confluyen, anteriormente eran
arroyos, en temporada de lluvias, el agua dejaba sedimentos de piedra, tierra
y otros desechos que poco a poco cubrieron la plancha de cemento. De inicio los
vecinos y usuarios, la desenterraban a fin de regresar el espacio deportivo, hasta
que se abandonó por completo, sobre todo porque las nuevas escuelas se
construían con cancha incluida. Los tableros y postes de concreto poco tardaron en caer. Para 1970 ya solo existía su recuerdo, sepultado bajo una capa de tierra y solo a veces, las caprichosas corrientes de
agua pluvial dejaban al descubierto parte del concreto. El espacio fue
tomado entonces por dos clases de juegos, los callejeros y los
mecánicos.
JUEGOS TRADICIONALES
Hasta entonces su amplitud, ausencia casi total de tráfico
(Fernando de Tapia, 2 de Abril y Reforma se empedraron hasta 1968 -no así la
plaza- antes tenían cantera desnuda a flor de tierra, con las Peñitas
ocultas en parte por casas y en el arroyo de las calles el paso del agua había
formado canales en la cantera, además de rocas sueltas, que hacían
difícil el paso de autos) pero sobre todo, el piso de tierra significaban un
verdadero paraíso lúdico para los niños, que practicaban lo mismo fútbol, que
béisbol y otros juegos más tradicionales como los encantados, la roña, el
resorte, los quemados, el "stop" y sobre todo el localmente famoso “chinches al agua". Incluso recuerdo, que aunque muy poco, todavía se practicaban muchas de las rondas que hoy solo se ven en los festivales escolares.
Los
árboles gigantes, afuera de la viña hacían casi imposible el encontrar a alguien al jugar a las
escondidas. El espacio era de uso común, los que más lo disfrutan eran los locales, pero también venían niños de la entonces Cóporo, (Melchor Ocampo) la
Cuesta (Fernando de Tapia) 2 de abril y Pino Sur. Incluso ya urbanizadas las
calles aledañas, eran tan pocos los autos que por ahí circulaban, que se recuerdan puntualmente dos de los únicos vehículos constantes, la camioneta Apache del
hotel Jalisco, ya desde entonces clásica y la panel naranja del Padre Leal, tan
vetusta que solo la intervención divina explicaba su funcionamiento.
LOS "JUEGOS" MECÁNICOS O "LA FERIA"
Supongo que desde que la cancha se descontinuó, en la plaza
fue costumbre durante muchos años tiempo que funcionara lo que nosotros
conocíamos como “la feria” o “los juegos” y que consistía en la instalación
durante semanas y hasta meses, en azarosas fechas, de juegos mecánicos y puestos
de venta de alimentos o para probar suerte o habilidades que los acompañaban. No
se crea que eran unos cuantos como ocurre actualmente que se instalan
solo por no tener a donde ir, en la periferia, se trataban de una compañía
completa (casi siempre eran las “Atracciones Alcántara” aunque llegaron a
estar las “García”) con las atracciones
más modernas de la época. Con el tiempo llegaron a tener ciertos lugares
preestablecidos.
A su llegada, las dos cuadras de la Plazuela eran
ocupadas y se podía ver entonces al terrible “pulpo”, (al iniciar la subida) los tradicionales caballitos, (frente a la
cantina la “Surianita") la romántica “rueda de la fortuna”, (en el portón de “la Viña”)
los remolinos -casi siempre al centro de la plaza- las sillas voladoras, etc. Los
espacios menores se ocupaban por los puestos: el tiro al blanco con rifles de
aire, los globos con dardos, las canicas y los de hotcakes. También llegó a
venir “el martillo” (el juego mecánico más temible que haya existido, del que
nadie salía limpio, literalmente) y la increíble mujer araña. (Que se quedó así
por desobedecer a sus padres) (A diferencia de su hermana gemela, completamente
normal que solo salía en el día) (Y creo
que prima hermana de la mujer lagarto, capturada en el golfo de México, que se
le parecía muchísimo)
Imagen de Google Earth 2015. el área verde delimita la Plazuela, su anchura solo era superada por algunas partes de la Av. Juárez. |
Aunque algunas personas las confunden en sus recuerdos, estas
atracciones no tenían que ver con la feria de la ciudad del mes de junio, eran
un acontecimiento aparte, nunca simultáneo, aunque muchas veces fueron más
atractivos y visitados estos que los del centro de feria, por entonces en el
jardín Independencia
Por la época en que estamos hablando, los juegos más modernos
que llegaron fueron los carros chocones y el trabant. A pesar de eso, la
afluencia de gente del entonces pequeño pueblo, carente de diversiones, antros
y bailes gruperos era enorme, sobre todo
los domingos por la noche, a las diez ya no cabía ni un alma en la vieja
plazuela, aunque funcionaban todos los días. La duración de su estancia en la calle era muy
variable, pero nunca menor a tres semanas. Sus precios eran módicos, solo algunos especiales o de novedad costaban un poco más. La última vez que recuerdo que
estuvieran, fue por ahí de 1979, los acontecimientos que a continuación
detallo, determinaron la desaparición de los juegos mecánicos y los
tradicionales.
En la década de 1980 llegó al fin la modernidad a la vieja
Plazuela; para empezar se cambió el vetusto drenaje de rancho por un grueso
tubo de más de medio metro de diámetro finalizando así las crecientes de agua a
todo lo ancho de la calle. Casi
simultáneo, llegó el empedrado, entonces símbolo de status porque dejaba de ser
de calle terrosa y hasta se podía barrer sin empolvarse, para ello el municipio
primero hizo desaparecer el puesto de frutas y verduras ambulante pero fijo que
Don Marcos tenía construido con ladrillo y cemento casi a mitad de la
calle, frente al número 17 aunque según él era provisional. En el colmo de la
modernidad, aprovechando la anchura se decidió instalar aquí el monumento a la
bandera, a mitad de la calle frente al número 8. Inaugurado solemnemente por
ahí de 1980 soportó varias ceremonias cívicas aunque no duró mucho, lo
acompaño un camelloncito, es lo único que sobrevive.
El momento que determinó por completo el actual destino de la calle
fue cuando se decidió pavimentarla. Antes de ello, se les explicó a los
vecinos, que tenían que cubrir parte del costo, que con el pavimento se
evitarían los problemas que se tenían al barrer el empedrado, que los niños al
jugar ya no se ensuciarían de tierra y toda clase de explicaciones surrealistas
que convencieron a la inocente gente de entonces, quienes pagaron su parte
correspondiente, (la modernidad cuesta) iniciando las obras. Nunca volvió a
jugar un niño en esa calle.