LAS
POQUIANCHIS EN SAN JUAN DEL RIO, HISTORIA DE UN MITO
Descansemos
un poco de la historia y pasemos al terreno de la crónica:
Prácticamente
desconocida por el público, la historia de las casas de citas en nuestra ciudad está nutrida solo por la tradición oral, obviamente propalada por quienes a ellas
asistían. Supongo que siempre hubo en el pueblo quienes se dedicaran a la antigua profesión,
pero de la ejercida al interior de locales solo he escuchado que a mediados del siglo pasado existía uno en la Casa Colorada de la Estación del Ferrocarril y por los años 70s y
80s, algunas casas particulares clandestinas en
las calles de Allende y Morelos, aunque nunca he podido saber su ubicación exacta. (Estos
datos también los consigna Jaime Nieto, pero igual, no da ubicación)
Fotografía personal: Fachada |
Intermedio de los anteriores, en la década de 1940 abre sus puertas un local de manera pública, a vistas de todo mundo, en la entonces alejadísima calle de Cóporo (hoy Melchor Ocampo) con servicio de salón de baile, bar, damas de
compañía y "dormitorios".
Cándidamente
las madres de familia de entonces trataban siempre de alejar a niños y jóvenes de semejantes
lugares, inventando mitos hoy motivo de risa pero que en aquellos años eran
creíbles. Recuerdo vagamente que en la Casa Colorada se decía que vivía... el ¡Vampiro! También decían que en la calle de
Cóporo salía... ¡La llorona! Yo que viví
cerca de esta última, nunca la vi ni oí y por tanto me
siento en condición de darles a conocer la presente crónica, ya fue publicada
en “San Juan del Río en el Tiempo” pero
como fue segmentada, no se entiende totalmente, aquí se las presento completa,
de la autoría de un servidor:
En el viejo barrio del Calvario, en la todavía más vieja calle de Cóporo, antes Camino Real al Rodeo, subsisten, tal vez desde
la época colonial, varias descuidadas y ruinosas casas, sin el menor atractivo. La más famosa de todas, aunque sin el mínimo valor arquitectónico, que lo es hoy
por su historia y antes por su contenido, es una enorme construcción de medianos del siglo pasado, que se
hizo aprovechando elementos de unas más antiguas a las que se adosaron nuevas
secciones. Aún existe, marcada con el
número 36 y fue conocida popularmente hasta la década
de 1970 como “el Burro” o “el Treinta”, por la numeración de
entonces. El nombre “Río Rita, que
si existió sería solo el oficial y no era
usado.
Me
dicen que llegaron a haber señoras instaladas en la
entrada de la calle, es decir en la Plazuela
Guadalupe Victoria, vigilando que sus
maridos no fueran a la casa aquella y efectivamente, nadie pasaba por ahí, pero el local siempre
estaba lleno, los lúbricos parroquianos daban la vuelta por la parte de arriba (calles
de Pino y Panamericana, entonces desoladas) y bajaban por el callejón detrás
del panteón, otros más recatados daban vuelta casi hasta Guadalupe de las Peñas.
Cuentan
a don Jaime Nieto (2) que de la
casa salían por las tardes a partir plaza las damiselas, dándose una vuelta por
la avenida Juárez (de ahí el conocido refrán de la que no enseña no vende) y
regresar seguramente a preparar las herramientas de trabajo para el tercer
turno. El horario era, ahora sí que del crepúsculo al amanecer.
Alrededor
de la casa habían creado una pequeña microeconomía, al ser un barrio pobre y
ellas las únicas que disponían de efectivo, no faltaron vecinos que aprovecharan
los empleos indirectos que
generaban: el aseo del
local, cuidar a los hijos, sirvientas, lavanderas,
etc. A pesar de su profesión, la mayoría de ellas eran personas bien vistas por
todos. (Hoy esto es de lo más normal,
pero considérese que hablamos de hace 50 años) De las dueñas o administradoras
se dice alguna relación tenían con las tristemente célebres y famosas
Poquianchis y al ocurrir la detención de
éstas en 1964 también declinó este negocio, aprovechando las autoridades municipales para trasladar el
giro a un local ubicado allá por la Estación.(aunque bajo otra administración)
En la poco a poco decadente casona quedaron viviendo algunas de las trabajadoras originales y durante años siguieron habitándola las damas de esa profesión que por azares del destino llegaban al pueblo, además de estudiantes pobres, migrantes nacionales e internacionales, etc. Hoy en día, cada vez más abandonada, la vieja vecindad languidece, alguna vez se habló de una remodelación con fines turísticos ...
En la poco a poco decadente casona quedaron viviendo algunas de las trabajadoras originales y durante años siguieron habitándola las damas de esa profesión que por azares del destino llegaban al pueblo, además de estudiantes pobres, migrantes nacionales e internacionales, etc. Hoy en día, cada vez más abandonada, la vieja vecindad languidece, alguna vez se habló de una remodelación con fines turísticos ...
Fotografía personal: la casa |
Jamás
en mi niñez escuché todas las historias que hoy se cuentan: que espantan, que
se siente mala vibra, que se oyen en las noches gritos de niños o sonidos macabros, etc. Seguramente los únicos
gritos que se escuchaban era cuando el encargado iban a cobrar la renta, lo demás son inventos
modernos, también es una vil mentira la historia que cuentan los del taxivan de Leyendas; que el cura que vivía en el la capilla del Calvario tenía un túnel que desde lo alto de la peña, iba a dar al burdel. (Nunca vivió un cura en dicho iglesia, que no tiene ni tuvo casa cural)
Falsa también es la creencia que la película "las Poquianchis" de Cazals se grabó en la casa de Cóporo, la única referencia a San Juan
del Río en la película es un letrero de la carretera, con el nombre del entonces pueblo, que se ve un par de
segundos.
Después de su caída,
vinieron a sustituir el giro el Foco Rojo, (en dos locales) la Escondida, el Zafiro y algunos más, semi-clandestinos, todos arrasados, no por la Liga de la Decencia, sí por el temor al VIH, luego vinieron la
modernidad y los Tables. Algunos de los parroquianos de aquellos ayeres todavía tienen gratos recuerdos (literalmente hablando) de los locales aquí mencionados.
Fotografia Personal: vista superior de la casa |
1) “La
maldiciencia así las bautizó” En 1964 en el rancho del Ángel, Municipio de San
Francisco del Rincón, Gto., donde funcionaba un burdel propiedad de las
Hermanas Delfina, María de Jesús y Eva González, se descubrió que estas
asesinaban a sus empleadas cuando intentaban escapar, se rebelaban o resultaban
embarazadas por los clientes. Se hallaron varios cuerpos enterrados. El
escándalo fue mayúsculo, más si tomamos en cuenta que el largo juicio fue
cubierto de principio a fin por el culto semanario ALARMA! Que las inmortalizó
como las “Poquianchis” llegando sus ventas a la escalofriante cifra de 2
millones de ejemplares semanales. La relación de porque se le llamó “Casa de
las Poquianchis” al burdel de Cóporo no la he podido encontrar, se menciona como dueñas del local a las González,
que algunas de sus trabajadoras llegaron aquí antes y después del escándalo,
etc. Todo sin base comprobable, lo que parece ser cierto fue que siendo tratantes de blancas, vendieron
mujeres para trabajar aquí. Cualquier coincidencia con el Clan Trevi - Andrade
no es pura semejanza. Se hizo una multipremiada película en 1976 del
director Felipe Cazals llamada “Las Poquianchis” de donde provienen
las negritas del texto y
los libros “Las Muertas” en 1978 de Jorge Ibargüengoitia
y el casi autobiográfico “Yo, la poquianchi, por Dios que así fue” de Elisa Robledo. Casi todas las González tuvieron un final trágico.
2) Nieto,
2000, op. cit. pp. 109 y 110. Testimonio de Restituto Rodríguez Camacho
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ACTUALIZACIÓN 29 DE MAYO DE 2014
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BIBLIOGRAFÍA DE LAS POQUIANCHISACTUALIZACIÓN 29 DE MAYO DE 2014
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Acomodando algunos de mis libros, encontré casi junta la bibliografía de la que hablé en la entrada de las Poquianchis en San Juan del Río, hoy se los presento aquí
1.- Guión original de la película de Felipe Cazals de 1973. Este libro es raro, lo encontré en una librería que está en Av. Juárez arribita de la Curva, posiblemente todavía estén ahí algunos ejemplares.
2.- Las Muertas, de Jorge Ibargüengoitia. Ora sí que la novela de la vida real, únicamente los nombres fueron cambiados para proteger a los... ¿inocentes? Esta edición es parte de unas obras completas pero creo que todavía se puede hallar en stock en muchas librerías.
3.- Yo, la poquianchis, por Dios que así fue. De Elisa Robledo, con base en entrevistas con una de las actoras principales del drama. Es difícil de conseguir. Siendo la autora periodista, no se conforma solo con lo que le dicen y agrega una investigación personal, quizá lo más apegado a la realidad. Incluye muchas fotografías.
Continuo insistiendo en que la relación de las Poquianchis verdaderas con la llamada "Casa de las Poquianchis" de San Juan del Río es incidental, limitada únicamente a que algunas de las trabajadoras de aquellas mujeres llegaron también a trabajar en San Juan del Río, sea por voluntad propia o a través de las redes de tratantes de blancas. Aunque en entrevista realizada por Armando Guerra en "El tiempo de Querétaro" a Doña Irma Villa, dueña del antiguo centro Nocturno "La escondida" ella afirma que la Señora Montes, propietaria del Río Rita fue hermana de las Poquianchis; solo que fuera parentesco político porque Doña María montes ya andaba administrando negocios de ese tipo cuando las poquianchis todavía eran niñas.
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AVISO: Si deseas conocer algo más del tema, no te pierdas algunos datos más en este mismo blog. Da clic en la siguiente liga:
Las Poquianchis Reloaded
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