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| Fotografía personal 2026: la soledad del gritón, la ausencia del de los trastes y el inofensivo arroyo (cuando no llueve) |

Espacio para aprender, entender y querer la historia de un pueblo que fue fundado en nombre de Dios del cielo y de la tierra.

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| Fotografía personal 2026: la soledad del gritón, la ausencia del de los trastes y el inofensivo arroyo (cuando no llueve) |

Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros III)
Un viajero de 10 años en San
Juan del Río
Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, corresponde ahora una escrita a finales del siglo XIX. En que la trama es ficticia, no es el relato de un viaje específico, pero los datos contenidos en la redacción provienen de alguien que debió estar aquí muchas veces y por conocer bastante los lugares pudo escribir así. El libro se llama:
Es todo un compendio entre historia, costumbrismo,
viajes e incluso algo de novela, ya que su autor quiso abarcar todo lo
relacionado a lugares entre la capital de la república y el estado de
Guanajuato.
Está escrita en un formato ya en desuso llamado
Catecismo, consistente en que en la redacción abundan preguntas claras y
concisas, que son respondidas igualmente por el narrador o los personajes, así,
además de la descripción de lugares, involucra geografía física y política, costumbres
nacionales y locales y lo que hoy llamaríamos Valores.
El relato es de una familia, integrada por don Juan Santiestevan,
su esposa Luisa y sus hijos Carlos, de 10 años, Adelina de 8 y Luis de 6, radicados
en la capital de la república, que, por negocios comerciales del padre, viajan
a Guanajuato, a través de la Compañía de Diligencias, que existió por esos años
y tenía puntos fijos de descanso y alojamiento.
Inicia solo con varones de la familia, pero terminan
todos reunidos en Querétaro. A partir de la Villa, entonces Ciudad Guadalupe
Hidalgo hay una constante que se repetirá en todos los lugares a través de las
preguntas; haciendo descripción detallada y hasta sobrada de su ubicación
geográfica características, edificios, los alrededores, crítica social y
cualquier tema de cultura general, relacionado o no que pudo incluir. Es
difícil siquiera mencionar todas las áreas del conocimiento que aborda: los
habitantes de cada lugar durante la Colonia, las constelaciones, adelantos
técnicos, el ya existente ferrocarril, la luz eléctrica, el telégrafo y muchos
más, llegando a tomar tintes de sensacionalismo disfrazado de lenguaje poético
y usar personajes populares y a sus hijos para, en tramas inventadas, dar un
mensaje moral a los lectores como ocurre en San Juan, que narrará adelante.
En el carruaje toman por la hacienda de los Ahuehuetes,
primera parada de la ruta, para llegar a Tlalnepantla, donde dedicaron tiempo a
almorzar en la plaza del lugar. Pasaron luego a Barrientos, para entrar a las
seis de la tarde a Cuautitlán, a 6 leguas de México, donde tras cenar y
recorrer el lugar, pernoctaron en un mesón.
Al día siguiente almorzaron en la fonda de las
diligencias de Tepeji del Río, de la ya mencionada compañía, dirigiéndose a la
Cañada donde pasarían la noche. (para evitar asaltos, solo se avanzaban de
día).
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| Fotografía reciente del antiguo Mesón de la Cañada de Tautla. Perteneciente a la Compañia de Diligencias. Tomada de Internet. Crédito a quien corresponda. |
A las cinco de la mañana del día siguiente cruzando
la sierra de Calpulalpan llegan a Arroyozarco, hacienda con mesón y hotel de
Diligencias donde tomaron alimentos y pasaron la noche tras visitar a los
alrededores, en especial la fábrica de camisas. A las seis de la mañana
continuaron el viaje por un camino en mal estado para llegar al portal de La
Soledad o Polotitlán, pueblo formado 20 años antes del relato donde almorzaron.
A las once y cincuenta y dos minutos llegaron a San Juan del Río. (se detalla adelante)
Luego de un viaje de 5 horas llegaron a Querétaro
por la Cuesta China, pernoctando en el Hotel del águila Roja. Entre los
negocios del padre visitaron lugares entonces emblemáticos de la ciudad, vista
como “ni la sombra de lo que en otro tiempo fue: lánguido y silencioso, revela
en su actitud inerte el profundo malestar que le devora. La animación, el
movimiento, el placer de otra época más bonancible, parece haber desaparecido
para jamás volver: su comercio está casi inmóvil, su industria se apaga, su agricultura
decae: todo, en una palabra, está manifestando que la miseria y la desolación
se aproximan a grandes pasos para destruirlo.”
A pesar del patético análisis, recorrieron las
calles y conocieron el hospital, la plaza, templos, conventos y el palacio de
gobierno. En días subsecuentes el teatro y las fábricas de hilados y tejidos
del sr. Cayetano Rubio: el Hércules y la Purísima. Una tarde fueron a la Cañada
y al acueducto y al regreso a la Alameda y el Cerro de las Campanas.
Al volver al hotel, (como mencioné, además del cúmulo de datos, hay una especie de relato novelado) la familia se reúne al llegar la madre y la hermana y reciben noticias de que don Juan debe ir a Guadalajara, sufren un robo y viajan juntos a Guanajuato, separándose luego. Al final, deja en suspenso la trama porque Luis desaparece y aunque anticipa que regresa al hogar, promete enterarnos porque: “Carlos y Adelina nos han ofrecido mandamos sus memorias de viaje; creemos que la relación de sus infantiles excursiones será grata a nuestros lectores y nos proponemos publicarlas en nuestra biblioteca bajo el título de Aventuras de Tres Niños. Ojalá que nuestros humildes trabajos sean de alguna utilidad a la infancia mexicana a quien consagramos nuestras más tiernas y cariñosas afecciones.”
Esa parte ya no se publicó. El libro narrado, es una
segunda edición, no he podido obtener la primera, que debió editarse, por datos
en este, en el último gobierno de Benito Juárez. Avecindado el autor en León,
se notan sus preferencias, ensalzando aspectos que en la parte anterior del
viaje criticaba. Incluso menciona que en Querétaro había abundancia de ladrones
y Guanajuato tiene un clima de paz. (sin comentarios)
Transcribo lo referente a San Juan del Río,
recortando lo innecesario, solo modernicé algo la redacción, conservando
términos considerados correctos entonces.
San Juan del Río es una de las ciudades más
importantes del pequeño Estado de Querétaro.
—¿Qué extensión tiene este Estado, papá? preguntó
Carlos.
—La superficie de su territorio es de 506 leguas
cuadradas o sea 8,883 kilómetros. Está situado entre los 20° 1' y 21° 36' de
latitud septentrional / y los 0° 4' y O' 14" de longitud O. del meridiano
de México.
—¿Y cuáles son los Estados que están cerca de
Querétaro, preguntó Luis?
—Querétaro tiene por límites: al N. el Estado de San
Luis Potosí, al E. el de Hidalgo; al S. el de Michoacán, y al O. el de
Guanajuato.
—¿Y también hay en Querétaro presidente, papá?
—No, hijo mío; el Estado de Querétaro es libre,
soberano e independiente, como los demás Esta dos de la federación; pero no es
una república ni constituye una nacionalidad. Como una de las partes
integrantes de la República Mexicana, está unido por medio del pacto general a
los demás Estados. Para su régimen interior, tiene su constitución particular y
sus leyes. El poder ejecutivo está depositado en el gobernador, el legislativo
en el congreso del Estado, y el judicial en el tribunal superior de justicia.
—¿Cuál es la división política del Estado? preguntó
Carlos.
—Querétaro está dividido en seis distritos que son:
Querétaro, S. Juan del Rio, Amealco, Jalpam, Toliman y Cadereita.
—¿Y hay aquí muchos habitantes, papá?
—La población del Estado, contestó D. Juan, se
calcula en 153,286 habitantes; la del distrito de S. Juan del Río, donde
estamos, en 31,412 y la de esta agradable y pintoresca ciudad, cabecera del
distrito, en 9 o 10,000.
—¿Y qué figura tiene el Estado de Querétaro?
—Es muy irregular: la línea que lo circuye,
dividiéndolo de los Estados limítrofes, presenta una multitud de ángulos
entrantes y salientes. En el interior del país hay algunos cerros áridos, y no
lejos de estos, montañas cubiertas de frondosos bosques. En este distrito, como
habrás visto, el aspecto es enteramente diverso; el viajero descubre valles
bellísimos, entrecortados por colinas pintorescas y poco elevadas.
Efectivamente, papá, dijo Carlos: S. Juan del Rio está situado en un valle
estrecho, pero hermosísimo.
—San Juan del Rio, es la perla del Estado de
Querétaro: en su distrito, la agricultura es de grande importancia, porque
posee excelentes tierras de labor. aquí hace menos frío que en Arroyozarco,
papá, exclamó Luis.
—El clima del Estado de Querétaro es muy variado,
contestó don Juan; en Amealco: Mextitlan y otros varios pueblos, el
temperamento es muy frío; en el mineral del Doctor, el invierno es también
riguroso; en Tolimán, San Pablo y otros lugares de la Sierra, el temperamento
es caliente y en San Juan del Rio y Querétaro es templado y agradable.
—¿Y hay muchas montañas en el Estado, papá? preguntó
Carlos.
—Hay algunas, hijo mío; las principales son: la del
Gallo en el Distrito de Amealco á legua y media al S. O. de la cabecera; la de
Santa Rosa, la de Minteji á dos leguas N. E. de Cadereita. Los cerros más
notables son: el de Mastranto a tres leguas al Sur de Tequisquiapam; el del
Aguacate, y el del Cimatario, al Sur de Querétaro. El de la peña de Bemal es
celebrado por la altísima roca que lo corona.
—¿Y cuáles son los ríos principales?
—Creo que no te ha llamado mucho la atención la
geografía de Querétaro y la vas olvidando, dijo D. Juan bondadosamente. Voy a
decirte cuales son los ríos principales de Querétaro y procura que no se te
olviden sus nombres. Uno de los más notables es el de San Juan, que nace en
Huapango y pasa por San Juan del Rio, Tequisquiapam, la Magdalena, Venta de San
José, Hacienda de los Charcos y Rancho de Pato, uniéndose al fin al rio de
Moctezuma del cual es afluente.
—¿Es decir que ese rio pasa a las orillas de esta
población, dijo Luis? ¿cómo no lo hemos visto?
—Mañana lo verás, contestó D, Juan; pero té ruego
que no me interrumpas.
—¿Cuáles son los otros ríos que riegan al territorio del Estado, papá? preguntó Carlos.
Los siguientes: el de Huimilpam, que nace en el
cerro de las Neverías y recorre diez y seis leguas en el Estado, pasando por el
Batan y el pueblito; el de Querétaro que nace en la hacienda de Servin y va a
aumentar las aguas del rio de la Laja, y el de Moctezuma que forma parte de los
límites orientales del Estado.
El carruaje se detuvo en la puerta del hotel de las
diligencias.
—Me gusta mucho esta población, exclamó Carlos.
—¡Qué calle tan ancha! dijo Luis.
—Esa doble hilera de árboles que le dan sombra, la hace muy agradable, añadió D. Juan.
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| Fotografía del siglo pasado de la actual Av. Juárez. Todavía con la doble hilera de árboles que vieron los personajes. |
—He oído decir que San Juan del Rio no tiene más que
una calle ¿será esta, papá?
—Te han engañado, hijo mío: esta es la vía
principal, pero la ciudad es bastante extensa; dentro de un momento iremos a
conocerla.
—He observado que la mayor parte de las casas son de
un solo piso, dijo Carlos.
—Efectivamente; pero hay casas de construcción
moderna y muy cómodas.
—Vamos a dar una vuelta, papá.
—Estás muy ansioso; tomaremos algo en la fonda y
después iremos, dijo D. Juan. Su idea fue aprobada por los dos niños. La comida
que les sirvieron en el hotel de diligencias les pareció excelente. A las dos
de la tarde, se dirigieron a la oficina del telégrafo, y de allí a la casa de
correos. D. Juan recogió sus cartas, y después de haberlas leído, comenzó a
vagar por la ciudad, seguido de sus hijos.
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| Fotografía Personal reciente. Antiguo edificio de la compañía de Diligencias en la actual Av. Juárez. |
—¿Pues qué distancia hay de aquí a México? peguntó
Carlos.
—Cuarenta y tres leguas.
—¿Qué edificio es este, papá? preguntó el niño,
enjugando sus lágrimas.
Es la casa del ayuntamiento, construida hace poco
tiempo: aquí está la jefatura política y algunas otras oficinas públicas.
—-He visto muchos templos, papá.
—Sí, hay algunos.
—¿A dónde vamos ahora?
—A la plaza principal.
—Allí, está, exclamó Luis; tiene una columna en el
centro, coronada por un águila.
—Lo más notable de San Juan del Rio es, el panteón
nuevo; vamos a verlo para que Carlos complete sus apuntes, dijo D. Juan.
-Vamos, papá.
Los tres viajeros retrocedieron en el acto;
atravesaron algunas angostas callejuelas, y comenzaron a subir por la suave
pendiente de una loma poco elevada.
En la cumbre de esta pequeña altura está el panteón.
Antes de visitar la fúnebre morada, don Juan hizo admirar a los dos niños el
magnífico paisaje que a su vista se presentaba. Al pie de la loma se extiende
la ciudad, irregular y caprichosa apiñada en el estrecho valle, ostentando sus
esbeltas torres y presentando a los viajeros sus estrechas calles bordadas de
arboledas extensas, y salpicadas, por decirlo así, de festones de verdura; a la
orilla de la población corre el rio, entre huertos frondosísimos y serpenteando
en diversas direcciones, se pierde entre las colinas.
La puerta del panteón se abrió en ese momento para
dar paso a un lúgubre cortejo. En un pequeño ataúd, dos hombres conducían el
cadáver de un niño de pocos años: a pocos pasos una mujer del pueblo lloraba
silenciosamente. Al ver aquel dolor mudo y profundo,' se comprendía que la
pobre mujer era una madre.
Don Juan y los dos niños penetraron a la triste
morada, detrás de la mortuoria comitiva.
El panteón de San Juan del Rio es un cuadrado de
poca extensión, cercado por todas partes por una alta barda. Su aspecto es
melancólico, pero no pavoroso; la luz penetra libremente allí, y algunos
árboles plantados á cortas distancias, purifican el ambiente. En el centro se
eleva un magnífico monumento, que cubre los restos del fundador de aquel
sagrado asilo.
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| Fotografía de los años sesenta del siglo pasado. Panteón de la Santa Veracruz, aún con el monumento central completo del "fundador". |
Carlos y Luis se entretuvieron en mirar la multitud
de epitafios que cubren las paredes; D. Juan conversaba entre tanto con el
sepulturero.
La indecisa luz del crepúsculo, vino al fin a dar un
tinte indefinible a aquel doloroso cuadro. Los tres viajeros salieron de allí
conmovidos y se dirigieron a su alojamiento.
Al llegar a la casa de diligencias, D. Juan sentado
cerca de una mesa, tomó el álbum de Carlos y escribió lo siguiente:
"A la orilla del rio se eleva una casita pobre
medio oculta en un silvestre bosquecillo. Allí vi ven desde hace mucho tiempo,
tranquilos y felices ¿un honrado jornalero y su esposa María. Ambos amaban con
todo su corazón a su pequeño hijo Miguel. María había sido una esposa excelente
y era una madre tierna y cariñosa. Un día Miguel, que tenía ya seis años, se
entre divertía en hacer puentes y casitas, en la arena del rio, metido en el
agua, y recibiendo los rayos de un sol abrasador.
María lo reprendió bondadosamente, y le dijo que
nunca volviera a bajar al cauce del arroyo porque las avenidas de éste eran muy
frecuentes y podía llegar a sucederle una desgracia. El niño prometió
obedecerla, llenándola de besos y de caricias. Trascurrió algún tiempo. Una
tarde Miguel estaba solo en la casa.
Su madre, al salir, le había mandado que no se
apartara del punto donde lo dejaba; pero al cabo de algunas horas, olvidándose
de los consejos maternales, el inquieto niño se sentó a la sombra de unos
fresnos. Poco a poco fue venciendo su temor y al fin descendió al río. La tarde declinaba. Miguel oyó a lo lejos un
ruido extraño; pero no alcanzando a descubrir nada que pudiera alarmarle,
continuó en sus infantiles juegos. De repente oyó un grito penetrante y desgarrador;
volvió los ojos y descubrió a su pobre madre, que pálida como la muerte, le
llamaba y corría hacia él.
En ese instante se sintió arrebatado por la
corriente. Tendió las manos con indecible angustia, paren ninguna parte
encontró un apoyo. Dos labradores recogieron esa misma noche el cadáver del
hijo desobediente.
Carlos y Luis han asistido esta tarde a los
funerales del desdichado niño.
Al leer Carlos estas líneas, abrazó a D. Juan
cariñosamente, y le ofreció no desobedecerle nunca.
—Hazlo así, hijo mío, dijo D. Juan, pues sobre el hijo cariñoso y bueno desciende siempre la bendición del cielo.
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| Imagen tomada del libro, ilustrando la tragedia narrada. |
Los datos del estado de Querétaro y especialmente
los de San Juan del Río son exactos para la época, solo mencionar que el
“águila” en el jardín, seguramente en la primera edición sí estaba, pero luego
un rayo la derribó, que el panteón, para 1881 tenía décadas de uso y que el
Ayuntamiento (antigua Presidencia Municipal) no había sido construida recién,
sino que se adaptó el antiguo Convento de Santo Domingo.
EL AUTOR
José Rosas Moreno (Lagos de Moreno 1838- León
Guanajuato, 13 de julio de 1883) Perteneciente a familia acomodada, pudo
estudiar en León y en la ciudad de México.
No intervino en hechos de armas, pero fue activo
desde joven dentro del bando liberal. creció y vivió en tiempos convulsos y
entre 1854 y 1864 sufrió persecuciones y cárcel, pero en la república
restaurada fue regidor en León y diputado local y federal en distintas
ocasiones. Pasó casi toda su vida en León.
Como muchos escritores surgidos de las fuerzas
liberales, ya para la época post imperio. entiende las costumbres y el modo de
vida porfiriano como el que debe seguir la patria. Formados en debates entre
facciones buscando definir el proyecto de nación, forjando su pensamiento a la
luz de las nuevas ideas políticas y científicas y vivió de cerca las guerras de
Reforma y contra la intervención francesa.
Entre las décadas de 1860- 70 inicia como escritor
en publicaciones y lecturas destinadas a los niños, algunos utilizados para la
enseñanza en las escuelas. Se le ha llamado "El poeta de la niñez” aunque
buscó también otros públicos, sobre todo la clase media urbana viendo en la
lectura un medio para instruir y moralizar. Escribió el considerado primer
guion de teatro infantil y otras obras entre comedia y drama, también, poemas
líricos, en parte publicados póstumamente en 1891 como "Ramo de violetas".
Considerado el mejor fabulista mexicano a la altura de Iriarte, Fedro y
Escopo. Su estética gira en torno a
Dios, la virtud y la patria para contribuir a crear una nueva cultura nacional
para la cual describe más como un deseo, a una familia perfecta.
No tan casualmente, la ruta descrita, casi lugar por lugar, en sentido inverso, es prácticamente la misma de la peregrinación a pie de Querétaro a la Villa de Guadalupe, ya que esta fue establecida casi en los mismos años en que se ubica el relato. Incluso una sección de la antigua hacienda de Arroyo Zarco pertenece a la Pía Unión de peregrinos.
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Agradezco a Salvador Lara Bayón, del magnífico Blog de Aculco por facilitarme el archivo con la imagen de la tragedia ya que yo tenía solo el texto sin ella. Visítenlo. Además de este viaje narrado desde allá, hay muchos temas de interés.
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| Fotografía personal. Lapida en el Panteón de la Santa Veracruz. |
Obviamente no es la del niño, pero su mensaje es uno de los más sentidos que aún se pueden leer y parafraseando a Rosas, correspondería a algo parecido.
OCTAVA
Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros II)
Viajes y aventuras en San Juan
del Río
Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, presento ahora la contenida en un libro que por su kilométrico título pareciera que su autor realizó el viaje con ese propósito, sin embargo, gran parte fue como prisionero durante la guerra entre Estados Unidos y México y en esa condición, iba donde sus captores. Su mala suerte influyó también ya que los americanos nunca ocuparon partes significativas del territorio nacional; sus compatriotas ganaban batallas, pero él siempre cautivo, iba en una marcha que lo llevó a San Juan del Río. El libro se llama:
VIAJES Y AVENTURAS EN MÉXICO EL RECORRIDO DE
VIAJES DE MÁS DE 2500 MILLAS, REALIZADOS A PIE. UN RELATO DE LAS COSTUMBRES Y
TRADICIONES DEL PUEBLO, Y DE LOS RECURSOS AGRÍCOLAS Y MINERALES DE ESE PAÍS.
POR WILLIAM W. CARPENTER, ANTIGUO MIEMBRO DEL
EJÉRCITO DE LOS ESTADOS UNIDOS. NUEVA YORK: HARPER & BROTHERS, EDITORES, 82
CLIFF STREET. 1851.
Al declararse la guerra, viviendo William en Louisville Kentucky donde estudiaba o había estudiado medicina y cirugía se enlistó como voluntario en el ejército de su país y sin fecha exacta, entró a pie a México para unirse al grueso del ejército americano en la batalla de Monterrey. (1846)
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| Batalla de Monterrey. Grabado americano de la época |
Realizando un reconocimiento cerca de Ramos Arizpe fue capturado con algunos compañeros en febrero de 1847 por una división mexicana al mando del General Urrea. Ahí empieza su recorrido a pie, siguiendo el retroceso del ejército mexicano necesariamente al sur, entre maltratos de la gente en los lugares que recorrían.
Por acuerdos de guerra, recibían algo de dinero para
medio sostenerse, comprar comida, a veces ropa, a veces nada. En esas
condiciones avanzaron a Montemorelos, ya no eran maltratados e incluso recibían
favores de la población, pero compartiendo las condiciones del ejército
mexicano a veces ni siquiera comían. Llegando a San Luis Potosí se decide
fueran escoltados a México. Tras seis días de camino llegaron a Querétaro,
donde gozaron de cierta libertad, aunque no de recursos y pudieron pasear por
la ciudad a pesar de su para entonces repugnante apariencia, según dice. Conocieron
la Alameda y la fábrica de hilados y tejidos. Enfermó gravemente y en esas condiciones,
continuó hacia México. No menciona su padecimiento, quizá solo desnutrición y cansancio,
pero a tal grado que llegó a San Juan del Río inconsciente, delirando y al lomo
de un mulo por lo que compañeros y captores lo dejaron en el hospital civil,
(Nota de la Redacción: Se refiere al
actual edificio de Bellas Artes de la U.A.Q.) continuando ellos hacia la capital. Aquí permaneció mucho tiempo y
dedica bastantes páginas a las incidencias vividas.
Fotografía de principio del siglo XX. El Hospital de San Juan del Río, a la derecha la Iglesia de San Juan de Dios. Probablemente casi en el estado como los vio William.
| Imagen de Google Earth. Avenida Juárez Poniente. Mismos edificios, época actual. |
Sin saber siquiera donde estaba, permaneció 4 semanas en cama, que es cuando recobra el sentido. Alimentado por los encargados empieza a recuperarse lentamente, dice estar reducido a un esqueleto y su ropa, antes ajustada le daba 2 vueltas. Era visitado diariamente por el doctor, sacerdotes y damas y caballeros de la alta sociedad local, quienes después de la misa diaria en la Iglesia adjunta (N. de la R.: La actual de San Juan de Dios) le daban bondad y hasta dinero. Cuando pudo caminar fue invitado por su Doctor a su casa, esta y muchas ocasiones donde recibió atenciones e incluso trabaron amistad y un acuerdo para que cada uno instruyera al otro en su idioma. Describe al médico como educado, católico y con principios liberales. Él a su vez, por sus conocimientos de aritmética, geografía y gramática, griego y latín, quitó el estigma de los estadounidenses como una nación de bárbaros. (N. de la R: No lo dice en el texto, pero por las fechas pudo ser el Dr. Guadalupe Perusquía) Les contó de los ferrocarriles, inexistentes entonces en México y de la rapidez de la comunicación por telégrafo. Por medio del sacerdote, Julián Miranda conoció familias prominentes quienes le daban respeto y protección e hizo muchos amigos, no así con las que llama clases bajas, quienes lo maltrataban e incluso varias veces intentaron asesinarlo, sobrevivió peleando con las manos primero y luego con un bastón de roble que fabricó. Miranda le regaló ropa nueva y dinero varias ocasiones. Menciona que su comida, que no era la del hospital y nunca supo de dónde venía, consistía el desayuno y cena en un vaso de chocolate o te de naranjas agrias y un pedazo de pan, en la comida medio litro de sopa, un trozo de carne y 3 o 4 tortillas, que completaba comprando lo que sus ingresos le permitían.
Del encargado del hospital recibió enseñanza para convertirse en zapatero y financiado por el médico, se dedicó un tiempo a ese oficio con cierto éxito. Por entonces pasaron por San Juan algunos prisioneros que estuvieron con él en Querétaro, pero extrañamente no fue enviado con ellos, a pesar de pedirlo. Su carácter de prisionero de guerra no le impedía pasar libremente por el pueblo y prueba de ello, es lo siguiente.
“Ahora voy a dar una descripción de San Juan
del Río. Tiene aproximadamente cinco mil habitantes. Hay solo una calle que se
puede llamar propiamente calle; el resto son estrechas, como callejones o
veredas. La ciudad está limitada por un lado por un río, que en la temporada
seca es tan bajo que se podría cruzar a pie sobre las piedras sin mojarse los
zapatos; pero en la temporada de lluvias he visto que el agua sube cinco pies
en una hora. Frecuentemente se desborda, formando un mar perfecto. La parte junto
al río está protegida por un muro grueso y sólido. La ciudad se construye sin
ningún orden o regularidad, cada persona edificando donde le viene en gana; en
consecuencia, las calles son estrechas y muy tortuosas. Las casas están hechas
de adobe o ladrillo sin cocer. Estos adobes se hacen en forma de ladrillo, de unas
dieciocho pulgadas de largo, diez de ancho y tres de grueso, secados al sol; y
cuando alcanzan suficiente dureza, se colocan en las paredes que forman la
casa. La longitud del adobe determina el grosor de la pared. Los techos
generalmente están cubiertos con una especie de caña y hechos lo
suficientemente inclinados para evacuar el agua. Las casas de los ricos están
cubiertas de ladrillo cocido y enlucidas abundantemente, tanto por dentro como
por fuera, con cemento, lo que las hace impermeables al agua. El techo tiene
una ligera pendiente, justo suficiente para evacuar el agua. Las habitaciones
suelen estar más bien desprovistas de muebles, conteniendo solo una cama y
algunos bancos para sentarse, siendo las sillas un lujo que solo los ricos
pueden permitirse. Las mesas no son de uso común. Cuando comen, la gente se
sienta en el suelo, coloca los platos sobre sus piernas y come con sus
tortillas y cucharas; los cuchillos y tenedores se usan rara vez. Las tortillas
se hacen de maíz indígena. Primero se remojan en lejía débil por unas horas
para quitar las cáscaras, luego se machacan o muelen finamente y después se
amasan con las manos hasta que quedan como un panqueque común; luego se cocinan
en un comal de barro. Si se comen calientes, están muy buenas. Este es todo el
pan que tienen las clases pobres, y también lo consumen los ricos dos veces al
día. Algunas mujeres se mantienen haciendo tortillas para vender; se las puede
ver en la Plaza a cualquier hora del día, con sus cestas bajo sus rebozos o
chales, gritando sus tortillas. En casi todas las partes de la ciudad hay
grandes jardines (quiere decir
huertas) a veces ocupando cuatro o cinco acres, en los cuales se cultivan
todo tipo de frutas, como manzanas, peras, cerezas, uvas, higos, plátanos,
granadas y muchos otros tipos, tanto de producciones tropicales como templadas.”
por su cercanía con las clases acomodadas, era invitado
frecuente a las huertas, incluso le ofrecían capital para un negocio a
condición de hacerse ciudadano mexicano y quedarse para siempre.
La guerra seguía, pero no había certeza real de lo
que pasaba por las contradictorias noticias que llegaban; a veces diciendo que
los americanos iban perdiendo, recibida con retoques de campanas de las
iglesias, cuando eran contrarias, él salía a la calle a gritar, incluso a
lanzar cohetes. Sobre todo, cuando se supo verazmente del avance americano.
Invitado a fiestas y fandangos, una vez borracho y peleando
con un sacerdote terminó diciendo que era protestante y por ser prisionero no le
podía tocar nadie y que esperaba que pronto todo México fuera anexado a Estados
Unidos.
Días después pasó por San Juan el grueso del ejército
mexicano, 20 mil efectivos hacia México. De alguna manera William conocía a los
generales, características y hasta familias y a detalle la biografía y triquiñuelas
de Santana y sus robos al erario. Excepto el presidente, todos los descritos morirían
en los combates en México. Incluso cuando se dio el triunfo americano, la toma
de la capital, la huida de Santana y su descrédito hubo calma, solo con el
temor que los americanos avanzaran a Querétaro, ocurriendo al revés: pasaron aquí
a los restos del ejército mexicano y funcionarios. (N.
de la R.: recordar que el gobierno se trasladó a Querétaro, nombrada capital
provisional) Llegaron igual restos
del batallón de S. Patricio, los desertores del ejército estadounidense que se
unieron con los mexicanos.
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| Ocupación de la capital. Grabado americano de la época |
Por esos días hubo un intercambio de prisioneros que
no lo incluyó a pesar de sus solicitudes escritas y le hizo trazar un plan para
escapar. Calculó 150 millas la distancia a México y recorrerlo en 3 días. Ahorró
dinero y una noche, recogió su ropa y caminó hasta el mediodía siguiente.
Tomaba un descanso cuando descubrió que un sargento y una fila de hombre iban
por él. Atado a un caballo regresó a San Juan, esta vez a una oscura celda de
la cárcel sin manta, ni ropa. Atado de pies, manos y cintura solo recibía dos
comidas diarias. Tras muchos días logró liberar manos y cintura y estando en la
celda trasera de la cárcel sabía, por sus paseos en la ciudad que tras el muro
solo había un patio y una casa vieja así que inició un orificio en el adobe. Teniéndolo
casi completo, en una revisión descubrieron que sus cadenas ya no lo sujetaban
y las reforzaron. Nunca vieron el agujero, pero ya era más vigilado. Su
siguiente plan fue fingirse enfermo: dejando de comer 2 días logró que,
considerándolo moribundo trajeron al médico e interviniera en su favor. Con
ayuda de él y Miranda fue puesto en libertad a condición de jurar no hacer más
intentos de ir a México y presentarse cada noche con el comandante, volvió al hospital
a sus dos cuartos asignados.
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Fotografía de principios del siglo XX . Cárcel de San Juan del Río. Probablemente casi en el estado en que recibió a William.
|
Por entonces llegó un oficial mexicano de sus captores iniciales. Le informó de la rendición de México, la huida de Santana y las revueltas entre los mexicanos. Sutilmente obtuvo la información sobre distancia y poblaciones para llegar a la costa del pacifico, su nuevo plan, sin romper el juramento de no intentar ir a México. Pidió otro traje al sacerdote, consiguió dinero prestado y 10 días luego de salir de la cárcel, con algunas provisiones y un bulto de ropa se dirigió hacia Querétaro.
A partir de aquí, el relato se vuelve descriptivo y costumbrista,
quizá su relativa libertad le daba más tiempo para sus notas que dice haber tomado
desde su captura: detalla paisajes,
costumbres, personas, modos de producción, minas etc. incluso anota que el
mayor insulto para los americanos era “Gringo” un derivado de Green horn,
referente a cornudo, equivalente en los mexicanos a la palabra “chivo” que
menciona como el mayor agravio entre ellos. (N.
De la R. Por el contexto supongo que se refería a cabrón)
Planeó caminar 15 leguas cada noche y descansar de día.
Llevaba provisiones, pero recogía lo que podía en las milpas y huertas que
encontraba. A la cuarta noche llegó a Querétaro, donde pidió inútilmente ayuda
a los ingleses de la fábrica. Un irlandés le dio de comer y contó su idea de
llegar al pacífico y conseguir un buque rumbo a casa.
Luego de Querétaro, otro golpe de mala suerte: pensando ir a Celaya tomó el camino a San miguel. Dándose cuenta mucho después y debió regresar lo andado. Su única orientación era observar donde se ponía el sol y la estrella del norte.
Además de las milpas, a veces lo alimentaban los pobladores en su camino. Un tiempo le acompañó un irlandés, que borracho lo metía en problemas y decidió separase. Así llegó a Celaya, aún oculto de día y avanzando de noche. En Salamanca, consiguió un pasaporte y se hizo pasar como integrante del Batallón de San patricio. Desde ahí, al llegar a cualquier poblado o ciudad buscaba a las autoridades, mostrándoles el documento, exigiendo un apoyo por haber defendido a México. Algunos le daban dinero, otra comida a comida o alojamiento y de esa manera, siempre a pie, pudo avanzar a Guanajuato, León, Lagos, Guadalajara, Ixtlán, Tepic y finalmente al puerto de San Blas.
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| Portada original del libro (no hay edición en español. |
Por lo increíble de su historia, fue difícil conseguir ayuda, pero el 7 de junio de 1848, abordó el buque Lexington rumbo a Mazatlán. Al arranque hallan al Cyane que iba directo a casa y al cual pasó. Su último golpe de mala suerte: el barco iba a Estados Unidos, pero por el sur, rodeando todo el continente. El 11 de octubre desembarca en Norfolk, Virginia, pesaba ya 160 libras, cuando había salido de San Blas 111. En Washington cobró sus honorarios y regresó… “con sus amigos quienes le habían llorado como muerto durante mucho tiempo” (versión abreviada por la R.)
Quizá por su carácter de voluntario, no militar, no hay datos posteriores de él. Por común, entre muchos llamados así se pierde su rastro tras la publicación en 1851 del libro, que fue un éxito en su tiempo y es muy mencionado en la literatura de esa guerra Casualmente, de los lugares mencionados aquí aún están de pie, con modificaciones de 180 años: el hospital, la iglesia y la cárcel; la Casa del Dr. Perusquía, hoy es una caja popular. De las huertas ni hablamos.