viernes, 31 de julio de 2026

La feria sin feria

                                 

Para no perder la bonita costumbre de los viejos sanjuanenses que, en tiempos pasados, antes de la llegada de las siete plagas tecnológicas, dedicaban sus tiempos libres del mes de junio para criticar y en veces muy contadas alabar a la feria anual, no pretendo como otras ocasiones, hacer un recuento de memes o publicaciones en redes al respecto, solo una observación en lo general. 

El título de la entrada, no creo que sea necesario explicarlo, pero si ya hace bastantes años que tenemos un palenque sin gallos, todo se puede esperar y más que ahora fue enunciada como feria nacional. 


Acostumbrados a que su duración sea al menos de tres semanas completas, causó extrañeza que este año fuese más corta, incluso, terminando entre semana, cuando generalmente es en fin de, indicando seguramente la falta de artistas suficientemente atractivos para justificar su extensión al domingo, como correspondería o bien, de recursos para traerlos. Como todos los años, el lugar principal, fue el centro de feria, ubicado en la carretera a Tequisquiapan, instalaciones aceptables en tiempo de secas, no así cuando llueve o ha llovido, ya que es piso de tierra, con algo de grava encima. El lugar permanece desolado el resto del año, solo habitado por muchas llantas de desecho que mágicamente desaparecen al iniciar los festejos, no así los varios arroyos que le atraviesan y que nunca han sido encauzados u ocultados adecuadamente, a menos que las tablas de desecho que ponen encima para poder cruzar en ciertos puntos lo sea. Al ser pequeños no representan problema si no hay lluvia; pero en cuanto llega, por mínima que sea, es bastante problemático. Igualmente, el estacionamiento, muy práctico al lado pero que se convierte en una especie de albercota y/o pantano, según la cantidad de lluvia. Afortunadamente fue ahora solo al inicio de los eventos. 


En el caso del de enfrente, al otro lado de la carretera, no se inunda, pero no deja de ser piso de lodo en esas ocasiones. Ya sería tiempo de que al menos una especie de andador de material permanente se hiciera en los tramos del estacionamiento principal a la entrada. Quizá, otra vez por falta de recursos, a diferencia de años anteriores cuando iniciaban los festejos con los famosos caballos Domeq, de raza y perfectamente entrenados, de nuevo se programó una cabalgata y a falta de aquellos, se acude los famosos charros sanjuanenses, sí auténticos, pero de los que cada vez hay menos, incluso casi no hubo presencia de jinetes políticos quizá por no ser año electoral. 

Tras la suspensión de la feria durante el COVID, en su reanudación se notó la gran cantidad de asistentes a los espectáculos de todo tipo, sobre todo en el escenario de la plaza Independencia, quizá por el ánimo festivo de salir del encierro. Este año pocas veces se llenó, solo en fechas clave, con artista de renombre gratis, el resto de los días, el público, siendo el mismo, no acudió a los mismos artistas. Hubo Además en diversos escenarios eventos para todos los gustos, pero pocos en los que la constante fue la falta de público, ya casi nada atrae multitudes, como antes. 

Hace años, se tenía a la feria de San Juan, como una de las mejores de todo el país, eso ya es tiempo pasado, como es sabido, hay una clasificación de lugares donde los artistas top se presentan, en la que hace varios años ya no estamos. Ocasionalmente en los últimos años llegan los del segundo nivel, pero al parecer en este ya ni siquiera para estos alcanzamos. Respecto a los músicos, no me considero conocedor, pero entiendo que se programan a los más populares posibles para garantizar ingresos y al ser la única manera de muchos para conocer a sus favoritos se garantizan entradas. 
Una forma de medir la asistencia masiva es la fila de coches para ingresar al estacionamiento, que muchas veces ha llegado hasta la unidad deportiva pero este año en todo momento fue de unos cuantos. Una muestra fue con Gloria Trevi, que tuvo bastante público, pero apenas la mitad de los que ciertos artistas del segundo nivel han atraído antes. 

Como gran acierto, fue el establecimiento en el Jardín de la familia, de un carrusel de “caballitos” de doble nivel, artístico y de magnifica vista, pero en el centro de feria los juegos mecánicos fueron raquíticos, con grandes espacios vacíos entre ellos y alrededor, incluso, un par de atracciones que nunca habían venido, no tenían filas extremas para acceder como en otros años, por la gran cantidad de asistentes. El solitario gritón de las cobijas se cansó la voz por el poco aforo y como muestra de la poca importancia dada, no estuvo el señor de los trastes. El colmo fue que no hubo ni un solo juego de tiro de canicas, donde generalmente se obtienen los premios para los niños. Me dirán que las mencionadas son anacrónicas, que esta vez había otras más novedosas, pero ni por modernas tuvieron mucha clientela. 


Fotografía personal 2026: la soledad del gritón, la ausencia del de los trastes y el inofensivo arroyo (cuando no llueve)

Esta vez el área gastronómica se ubicó en una carpa completamente techada y cubierta por tres lados, supongo para evitar las inclemencias de la lluvia, pero la buena intención ocasionó que el humo de los diversos asadores se concentrara dentro del espacio de manera molesta, aunque ni siquiera estaba ocupada la mitad del espacio con puestos, o no si la cantidad de humo no dejaba ver los del fondo. Se notó la ausencia del puesto de Jorge, taquero sanjuanense, indicador del costo de los locales, cada año, según su precio, alquilas más grandes, más pequeños o asociado con colegas. Este año creo que ni siquiera apareció. Tampoco vi el stand con las novedosas propuestas expositivas del JAPAM, el organismo municipal del agua potable, esta vez, ni presencia tuvo. No hubo muestra ganadera, espero haya sido por la problemática del gusano barrenador y su espacio se ocupó para un recorrido infantil con animales pequeños. 

Acostumbrados a ver en el área comercial a empresas con sede en el municipio, como Boing y Coca cola, con grandes estantes, atractivos visuales y ofertas comerciales, ahora brillaron por su ausencia, incluso la cantidad de espacios ocupados era mínima. Supongo que los precios de renta no fueron atractivos para el comercio local. Cuando digo pocos, significa, que ni la mitad se llenó y menos hubiera sido solo que se rentaron dos muy grandes espacios para la venta de ropa de paca, contra la que no tengo nada, pero… ¿en la segunda feria más importante del estado? Para asuntos culturales, aunque los hubo no fueron con profusión en el escenario del portal del Diezmo, se notó que fueron contados los eventos programados ahí, variados, para todos los gustos, pero contados, acorde con la política cultural adelgazada que se ha observado en los meses recientes, no solo en la feria, ya es una constante. Afortunadamente, muchos de los que se presentaron eran de las diversas academias o escuelas municipales, que al menos tuvieron esa oportunidad y los familiares pudieron disfrutar y garantizar el aforo. 

Por enésima vez, la falta de recursos solo alcanzó para programar una corrida de feria, sin publicidad, casi a escondidas, cuando en años anteriores ha habido hasta cuatro y variedades como novilladas, forcados etc. Aún esa raquítica fecha estuvo a punto de quedar en nada ante las manifestaciones de colectivos en contra, pocos, pero combativos que se apersonaron en la plaza del centro de feria. 

Esta vez el programa de feria, que antes se repartía, al menos en el centro casa por casa, fue en tamaño carta, seguramente por las críticas en años anteriores de ser muy pequeño, no sé si será bueno o malo, solo lo menciono su particularidad. También en el Portal del diezmo, se presentó la tradicional colectiva de pintores sanjuanenses, que por ser un arte de apreciación corresponde simplemente su puesta, dejando la opinión de las obras para el público. Pero se presentaron algunos problemas porque algunas obras no fueron aceptadas, a pesar de cumplir con los requisitos exigidos, lo que derivó en discusiones, incluso ventiladas en las redes sociales. Independientemente del hecho, surge una pregunta ¿Es posible, a un arte de interpretación subjetiva o contemplativa ponerle requisitos? O mejor aún, ¿hay un pintor tan reconocido, como supongo fue el censor en este año con la capacidad suficiente para decidir el ingreso o no de obras cuyo sentido es contemplativo a una exposición? Exposición que por cierto es a tono gratuito porque los artistas no reciben apoyo económico alguno, únicamente quieren presentar su arte. 

Ante las experiencias de las precedentes ferias en los municipios aledaños, se temía que esta iba a ser peor, creo que no ocurrió así, fue austera, pero en general, digna. Igualmente se decía luego de lo ocurrido, que las ferias municipales se estaban convirtiendo en ferias de rancho. En lo personal, creo que es al revés: cuando se dejaron de ser ferias de pueblo fue cuando perdieron su esencia. Son nuevos tiempos, en los que ya no es para todos, la población se ha diversificado y es imposible encontrar puntos comunes y a la vez, combinar eso con los intereses comerciales. Creo que la tendencia es que el centro de feria termine únicamente para la presentación de artistas, cosa necesaria para que muchos acudan a ver a sus preferidos y se destinen los recursos que este año no tuvo. 

En nuestro municipio, en uno de los antiguos barrios pervive una feria de pueblo, la de San Isidro, tan de pueblo que tiene llenos todos los días combinando lo moderno y lo tradicional a precios que permiten concurrir al comercio local y … harta paca. __________________________________________________ EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD __________________________________________________ Este agosto, se llevará a cabo el siguiente evento: 


Donde especialistas de todo el país acuden a presentar sus proyectos, avances o conclusiones sobre el tema. Están invitados, consulten el programa, aunque hay poco de investigación local, en general hay ponencias de muchas partes que pueden interesarles además de exposición de carteles, fotografías, videos y recorridos.


En lo personal, estaré exponiendo el jueves 27 a las 11:00 a.m. sobre los primeros espacios funerarios de San Juan del Río, con datos novedosos producto de investigación propia. 

 Por ser las actividades desde temprano, no podré estar todos los días, pero aseguro al menos mi asistencia el lunes por ser el registro y el jueves por mi participación, esto por quienes han pedido adquirir el libro de la acequia del Pueblo, me busquen durante los recesos (11:45) solo estoy cobrando su costo, ya que tuve que mandar hacer otros cuantos más, no en fotostáticas sino en impresión directa del PDF original engargolado.

martes, 19 de mayo de 2026

Érase una vez (Relatos de Viajeros III) Un viajero de 10 años en San Juan del Río

 Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros III)

Un viajero de 10 años en San Juan del Río


Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, corresponde ahora una escrita a finales del siglo XIX. En que la trama es ficticia, no es el relato de un viaje específico, pero los datos contenidos en la redacción provienen de alguien que debió estar aquí muchas veces y por conocer bastante los lugares pudo escribir así. El libro se llama:  

Es todo un compendio entre historia, costumbrismo, viajes e incluso algo de novela, ya que su autor quiso abarcar todo lo relacionado a lugares entre la capital de la república y el estado de Guanajuato.

Está escrita en un formato ya en desuso llamado Catecismo, consistente en que en la redacción abundan preguntas claras y concisas, que son respondidas igualmente por el narrador o los personajes, así, además de la descripción de lugares, involucra geografía física y política, costumbres nacionales y locales y lo que hoy llamaríamos Valores.

El relato es de una familia, integrada por don Juan Santiestevan, su esposa Luisa y sus hijos Carlos, de 10 años, Adelina de 8 y Luis de 6, radicados en la capital de la república, que, por negocios comerciales del padre, viajan a Guanajuato, a través de la Compañía de Diligencias, que existió por esos años y tenía puntos fijos de descanso y alojamiento.

Inicia solo con varones de la familia, pero terminan todos reunidos en Querétaro. A partir de la Villa, entonces Ciudad Guadalupe Hidalgo hay una constante que se repetirá en todos los lugares a través de las preguntas; haciendo descripción detallada y hasta sobrada de su ubicación geográfica características, edificios, los alrededores, crítica social y cualquier tema de cultura general, relacionado o no que pudo incluir. Es difícil siquiera mencionar todas las áreas del conocimiento que aborda: los habitantes de cada lugar durante la Colonia, las constelaciones, adelantos técnicos, el ya existente ferrocarril, la luz eléctrica, el telégrafo y muchos más, llegando a tomar tintes de sensacionalismo disfrazado de lenguaje poético y usar personajes populares y a sus hijos para, en tramas inventadas, dar un mensaje moral a los lectores como ocurre en San Juan, que narrará adelante.

En el carruaje toman por la hacienda de los Ahuehuetes, primera parada de la ruta, para llegar a Tlalnepantla, donde dedicaron tiempo a almorzar en la plaza del lugar. Pasaron luego a Barrientos, para entrar a las seis de la tarde a Cuautitlán, a 6 leguas de México, donde tras cenar y recorrer el lugar, pernoctaron en un mesón.

Al día siguiente almorzaron en la fonda de las diligencias de Tepeji del Río, de la ya mencionada compañía, dirigiéndose a la Cañada donde pasarían la noche. (para evitar asaltos, solo se avanzaban de día).

Fotografía reciente del antiguo Mesón de la Cañada de Tautla. Perteneciente a la Compañia de Diligencias. Tomada de Internet. Crédito a quien corresponda.

A las cinco de la mañana del día siguiente cruzando la sierra de Calpulalpan llegan a Arroyozarco, hacienda con mesón y hotel de Diligencias donde tomaron alimentos y pasaron la noche tras visitar a los alrededores, en especial la fábrica de camisas. A las seis de la mañana continuaron el viaje por un camino en mal estado para llegar al portal de La Soledad o Polotitlán, pueblo formado 20 años antes del relato donde almorzaron. A las once y cincuenta y dos minutos llegaron a San Juan del Río. (se detalla adelante)

Luego de un viaje de 5 horas llegaron a Querétaro por la Cuesta China, pernoctando en el Hotel del águila Roja. Entre los negocios del padre visitaron lugares entonces emblemáticos de la ciudad, vista como “ni la sombra de lo que en otro tiempo fue: lánguido y silencioso, revela en su actitud inerte el profundo malestar que le devora. La animación, el movimiento, el placer de otra época más bonancible, parece haber desaparecido para jamás volver: su comercio está casi inmóvil, su industria se apaga, su agricultura decae: todo, en una palabra, está manifestando que la miseria y la desolación se aproximan a grandes pasos para destruirlo.”

A pesar del patético análisis, recorrieron las calles y conocieron el hospital, la plaza, templos, conventos y el palacio de gobierno. En días subsecuentes el teatro y las fábricas de hilados y tejidos del sr. Cayetano Rubio: el Hércules y la Purísima. Una tarde fueron a la Cañada y al acueducto y al regreso a la Alameda y el Cerro de las Campanas.

Al volver al hotel, (como mencioné, además del cúmulo de datos, hay una especie de relato novelado) la familia se reúne al llegar la madre y la hermana y reciben noticias de que don Juan debe ir a Guadalajara, sufren un robo y viajan juntos a Guanajuato, separándose luego. Al final, deja en suspenso la trama porque Luis desaparece y aunque anticipa que regresa al hogar, promete enterarnos porque: “Carlos y Adelina nos han ofrecido mandamos sus memorias de viaje; creemos que la relación de sus infantiles excursiones será grata a nuestros lectores y nos proponemos publicarlas en nuestra biblioteca bajo el título de Aventuras de Tres Niños. Ojalá que nuestros humildes trabajos sean de alguna utilidad a la infancia mexicana a quien consagramos nuestras más tiernas y cariñosas afecciones.”

Esa parte ya no se publicó. El libro narrado, es una segunda edición, no he podido obtener la primera, que debió editarse, por datos en este, en el último gobierno de Benito Juárez. Avecindado el autor en León, se notan sus preferencias, ensalzando aspectos que en la parte anterior del viaje criticaba. Incluso menciona que en Querétaro había abundancia de ladrones y Guanajuato tiene un clima de paz. (sin comentarios)

Transcribo lo referente a San Juan del Río, recortando lo innecesario, solo modernicé algo la redacción, conservando términos considerados correctos entonces.

San Juan del Río es una de las ciudades más importantes del pequeño Estado de Querétaro.

—¿Qué extensión tiene este Estado, papá? preguntó Carlos.

—La superficie de su territorio es de 506 leguas cuadradas o sea 8,883 kilómetros. Está situado entre los 20° 1' y 21° 36' de latitud septentrional / y los 0° 4' y O' 14" de longitud O. del meridiano de México.

—¿Y cuáles son los Estados que están cerca de Querétaro, preguntó Luis?

—Querétaro tiene por límites: al N. el Estado de San Luis Potosí, al E. el de Hidalgo; al S. el de Michoacán, y al O. el de Guanajuato.

—¿Y también hay en Querétaro presidente, papá?

—No, hijo mío; el Estado de Querétaro es libre, soberano e independiente, como los demás Esta dos de la federación; pero no es una república ni constituye una nacionalidad. Como una de las partes integrantes de la República Mexicana, está unido por medio del pacto general a los demás Estados. Para su régimen interior, tiene su constitución particular y sus leyes. El poder ejecutivo está depositado en el gobernador, el legislativo en el congreso del Estado, y el judicial en el tribunal superior de justicia.

—¿Cuál es la división política del Estado? preguntó Carlos.

—Querétaro está dividido en seis distritos que son: Querétaro, S. Juan del Rio, Amealco, Jalpam, Toliman y Cadereita.

—¿Y hay aquí muchos habitantes, papá?

—La población del Estado, contestó D. Juan, se calcula en 153,286 habitantes; la del distrito de S. Juan del Río, donde estamos, en 31,412 y la de esta agradable y pintoresca ciudad, cabecera del distrito, en 9 o 10,000.

—¿Y qué figura tiene el Estado de Querétaro?

—Es muy irregular: la línea que lo circuye, dividiéndolo de los Estados limítrofes, presenta una multitud de ángulos entrantes y salientes. En el interior del país hay algunos cerros áridos, y no lejos de estos, montañas cubiertas de frondosos bosques. En este distrito, como habrás visto, el aspecto es enteramente diverso; el viajero descubre valles bellísimos, entrecortados por colinas pintorescas y poco elevadas. Efectivamente, papá, dijo Carlos: S. Juan del Rio está situado en un valle estrecho, pero hermosísimo.

—San Juan del Rio, es la perla del Estado de Querétaro: en su distrito, la agricultura es de grande importancia, porque posee excelentes tierras de labor. aquí hace menos frío que en Arroyozarco, papá, exclamó Luis.

—El clima del Estado de Querétaro es muy variado, contestó don Juan; en Amealco: Mextitlan y otros varios pueblos, el temperamento es muy frío; en el mineral del Doctor, el invierno es también riguroso; en Tolimán, San Pablo y otros lugares de la Sierra, el temperamento es caliente y en San Juan del Rio y Querétaro es templado y agradable.

—¿Y hay muchas montañas en el Estado, papá? preguntó Carlos.

—Hay algunas, hijo mío; las principales son: la del Gallo en el Distrito de Amealco á legua y media al S. O. de la cabecera; la de Santa Rosa, la de Minteji á dos leguas N. E. de Cadereita. Los cerros más notables son: el de Mastranto a tres leguas al Sur de Tequisquiapam; el del Aguacate, y el del Cimatario, al Sur de Querétaro. El de la peña de Bemal es celebrado por la altísima roca que lo corona.

—¿Y cuáles son los ríos principales?

—Creo que no te ha llamado mucho la atención la geografía de Querétaro y la vas olvidando, dijo D. Juan bondadosamente. Voy a decirte cuales son los ríos principales de Querétaro y procura que no se te olviden sus nombres. Uno de los más notables es el de San Juan, que nace en Huapango y pasa por San Juan del Rio, Tequisquiapam, la Magdalena, Venta de San José, Hacienda de los Charcos y Rancho de Pato, uniéndose al fin al rio de Moctezuma del cual es afluente.

—¿Es decir que ese rio pasa a las orillas de esta población, dijo Luis? ¿cómo no lo hemos visto?

—Mañana lo verás, contestó D, Juan; pero té ruego que no me interrumpas.

—¿Cuáles son los otros ríos que riegan al territorio del Estado, papá? preguntó Carlos.

Los siguientes: el de Huimilpam, que nace en el cerro de las Neverías y recorre diez y seis leguas en el Estado, pasando por el Batan y el pueblito; el de Querétaro que nace en la hacienda de Servin y va a aumentar las aguas del rio de la Laja, y el de Moctezuma que forma parte de los límites orientales del Estado.

El carruaje se detuvo en la puerta del hotel de las diligencias.

—Me gusta mucho esta población, exclamó Carlos.

—¡Qué calle tan ancha! dijo Luis.

—Esa doble hilera de árboles que le dan sombra, la hace muy agradable, añadió D. Juan.

Fotografía del siglo pasado de la actual Av. Juárez. Todavía con la doble hilera de árboles que vieron los personajes.

—He oído decir que San Juan del Rio no tiene más que una calle ¿será esta, papá?

—Te han engañado, hijo mío: esta es la vía principal, pero la ciudad es bastante extensa; dentro de un momento iremos a conocerla.

—He observado que la mayor parte de las casas son de un solo piso, dijo Carlos.

—Efectivamente; pero hay casas de construcción moderna y muy cómodas.

—Vamos a dar una vuelta, papá.

—Estás muy ansioso; tomaremos algo en la fonda y después iremos, dijo D. Juan. Su idea fue aprobada por los dos niños. La comida que les sirvieron en el hotel de diligencias les pareció excelente. A las dos de la tarde, se dirigieron a la oficina del telégrafo, y de allí a la casa de correos. D. Juan recogió sus cartas, y después de haberlas leído, comenzó a vagar por la ciudad, seguido de sus hijos.


Fotografía Personal reciente. Antiguo edificio de la compañía de Diligencias en la actual Av. Juárez. 


—¿Pues qué distancia hay de aquí a México? peguntó Carlos.

—Cuarenta y tres leguas.

—¿Qué edificio es este, papá? preguntó el niño, enjugando sus lágrimas.

Es la casa del ayuntamiento, construida hace poco tiempo: aquí está la jefatura política y algunas otras oficinas públicas.

—-He visto muchos templos, papá.

—Sí, hay algunos.

—¿A dónde vamos ahora?

—A la plaza principal.

—Allí, está, exclamó Luis; tiene una columna en el centro, coronada por un águila.

—Lo más notable de San Juan del Rio es, el panteón nuevo; vamos a verlo para que Carlos complete sus apuntes, dijo D. Juan.

-Vamos, papá.

Los tres viajeros retrocedieron en el acto; atravesaron algunas angostas callejuelas, y comenzaron a subir por la suave pendiente de una loma poco elevada.

En la cumbre de esta pequeña altura está el panteón. Antes de visitar la fúnebre morada, don Juan hizo admirar a los dos niños el magnífico paisaje que a su vista se presentaba. Al pie de la loma se extiende la ciudad, irregular y caprichosa apiñada en el estrecho valle, ostentando sus esbeltas torres y presentando a los viajeros sus estrechas calles bordadas de arboledas extensas, y salpicadas, por decirlo así, de festones de verdura; a la orilla de la población corre el rio, entre huertos frondosísimos y serpenteando en diversas direcciones, se pierde entre las colinas.

La puerta del panteón se abrió en ese momento para dar paso a un lúgubre cortejo. En un pequeño ataúd, dos hombres conducían el cadáver de un niño de pocos años: a pocos pasos una mujer del pueblo lloraba silenciosamente. Al ver aquel dolor mudo y profundo,' se comprendía que la pobre mujer era una madre.

Don Juan y los dos niños penetraron a la triste morada, detrás de la mortuoria comitiva.

El panteón de San Juan del Rio es un cuadrado de poca extensión, cercado por todas partes por una alta barda. Su aspecto es melancólico, pero no pavoroso; la luz penetra libremente allí, y algunos árboles plantados á cortas distancias, purifican el ambiente. En el centro se eleva un magnífico monumento, que cubre los restos del fundador de aquel sagrado asilo.


Fotografía de los años sesenta del siglo pasado. Panteón de la Santa Veracruz, aún con el monumento central completo del "fundador".

Carlos y Luis se entretuvieron en mirar la multitud de epitafios que cubren las paredes; D. Juan conversaba entre tanto con el sepulturero.

La indecisa luz del crepúsculo, vino al fin a dar un tinte indefinible a aquel doloroso cuadro. Los tres viajeros salieron de allí conmovidos y se dirigieron a su alojamiento.

Al llegar a la casa de diligencias, D. Juan sentado cerca de una mesa, tomó el álbum de Carlos y escribió lo siguiente:

"A la orilla del rio se eleva una casita pobre medio oculta en un silvestre bosquecillo. Allí vi ven desde hace mucho tiempo, tranquilos y felices ¿un honrado jornalero y su esposa María. Ambos amaban con todo su corazón a su pequeño hijo Miguel. María había sido una esposa excelente y era una madre tierna y cariñosa. Un día Miguel, que tenía ya seis años, se entre divertía en hacer puentes y casitas, en la arena del rio, metido en el agua, y recibiendo los rayos de un sol abrasador.

María lo reprendió bondadosamente, y le dijo que nunca volviera a bajar al cauce del arroyo porque las avenidas de éste eran muy frecuentes y podía llegar a sucederle una desgracia. El niño prometió obedecerla, llenándola de besos y de caricias. Trascurrió algún tiempo. Una tarde Miguel estaba solo en la casa.

Su madre, al salir, le había mandado que no se apartara del punto donde lo dejaba; pero al cabo de algunas horas, olvidándose de los consejos maternales, el inquieto niño se sentó a la sombra de unos fresnos. Poco a poco fue venciendo su temor y al fin descendió al río.  La tarde declinaba. Miguel oyó a lo lejos un ruido extraño; pero no alcanzando a descubrir nada que pudiera alarmarle, continuó en sus infantiles juegos. De repente oyó un grito penetrante y desgarrador; volvió los ojos y descubrió a su pobre madre, que pálida como la muerte, le llamaba y corría hacia él.

En ese instante se sintió arrebatado por la corriente. Tendió las manos con indecible angustia, paren ninguna parte encontró un apoyo. Dos labradores recogieron esa misma noche el cadáver del hijo desobediente.

Carlos y Luis han asistido esta tarde a los funerales del desdichado niño.

Al leer Carlos estas líneas, abrazó a D. Juan cariñosamente, y le ofreció no desobedecerle nunca.

—Hazlo así, hijo mío, dijo D. Juan, pues sobre el hijo cariñoso y bueno desciende siempre la bendición del cielo.

Imagen tomada del libro, ilustrando la tragedia narrada.


Los datos del estado de Querétaro y especialmente los de San Juan del Río son exactos para la época, solo mencionar que el “águila” en el jardín, seguramente en la primera edición sí estaba, pero luego un rayo la derribó, que el panteón, para 1881 tenía décadas de uso y que el Ayuntamiento (antigua Presidencia Municipal) no había sido construida recién, sino que se adaptó el antiguo Convento de Santo Domingo.

EL AUTOR

José Rosas Moreno (Lagos de Moreno 1838- León Guanajuato, 13 de julio de 1883) Perteneciente a familia acomodada, pudo estudiar en León y en la ciudad de México. 


No intervino en hechos de armas, pero fue activo desde joven dentro del bando liberal. creció y vivió en tiempos convulsos y entre 1854 y 1864 sufrió persecuciones y cárcel, pero en la república restaurada fue regidor en León y diputado local y federal en distintas ocasiones. Pasó casi toda su vida en León.  

Como muchos escritores surgidos de las fuerzas liberales, ya para la época post imperio. entiende las costumbres y el modo de vida porfiriano como el que debe seguir la patria. Formados en debates entre facciones buscando definir el proyecto de nación, forjando su pensamiento a la luz de las nuevas ideas políticas y científicas y vivió de cerca las guerras de Reforma y contra la intervención francesa. 

Entre las décadas de 1860- 70 inicia como escritor en publicaciones y lecturas destinadas a los niños, algunos utilizados para la enseñanza en las escuelas. Se le ha llamado "El poeta de la niñez” aunque buscó también otros públicos, sobre todo la clase media urbana viendo en la lectura un medio para instruir y moralizar. Escribió el considerado primer guion de teatro infantil y otras obras entre comedia y drama, también, poemas líricos, en parte publicados póstumamente en 1891 como "Ramo de violetas". Considerado el mejor fabulista mexicano a la altura de Iriarte, Fedro y Escopo.  Su estética gira en torno a Dios, la virtud y la patria para contribuir a crear una nueva cultura nacional para la cual describe más como un deseo, a una familia perfecta.

No tan casualmente, la ruta descrita, casi lugar por lugar, en sentido inverso, es prácticamente la misma de la peregrinación a pie de Querétaro a la Villa de Guadalupe, ya que esta fue establecida casi en los mismos años en que se ubica el relato. Incluso una sección de la antigua hacienda de Arroyo Zarco pertenece a la Pía Unión de peregrinos.

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Agradezco a Salvador Lara Bayón, del magnífico Blog de Aculco por facilitarme el archivo con la imagen de  la tragedia ya que yo tenía solo el texto sin ella. Visítenlo. Además de este viaje narrado desde allá, hay muchos temas de interés.

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Fotografía personal. Lapida en el Panteón de la Santa Veracruz. 

Obviamente no es la del niño, pero su mensaje es uno de los más sentidos que aún se pueden leer y parafraseando a Rosas, correspondería a algo parecido.

OCTAVA


QUIEN PUDIERA EN TU SEPULCRO 
HIJA NUNCA OLVIDADA
SOMETER EL AMARGO LLORO 
QUE TU RECUERDO ME ARRANCA

HOY SE PIERDEN EN LA ARENA
DE ESTA VEGA SOLITARIA
LÁGRIMAS DEL CORAZÓN
LAGRIMAS QUE BROTAN DEL ALMA.

lunes, 23 de febrero de 2026

Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros II) Viajes y aventuras en San Juan del Río

 Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros II)

Viajes y aventuras en San Juan del Río

Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, presento ahora la contenida en un libro que por su kilométrico título pareciera que su autor realizó el viaje con ese propósito, sin embargo, gran parte fue como prisionero durante la guerra entre Estados Unidos y México y en esa condición, iba donde sus captores. Su mala suerte influyó también ya que los americanos nunca ocuparon partes significativas del territorio nacional; sus compatriotas ganaban batallas, pero él siempre cautivo, iba en una marcha que lo llevó a San Juan del Río. El libro se llama:

VIAJES Y AVENTURAS EN MÉXICO EL RECORRIDO DE VIAJES DE MÁS DE 2500 MILLAS, REALIZADOS A PIE. UN RELATO DE LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES DEL PUEBLO, Y DE LOS RECURSOS AGRÍCOLAS Y MINERALES DE ESE PAÍS.

POR WILLIAM W. CARPENTER, ANTIGUO MIEMBRO DEL EJÉRCITO DE LOS ESTADOS UNIDOS. NUEVA YORK: HARPER & BROTHERS, EDITORES, 82 CLIFF STREET. 1851. 

Al declararse la guerra, viviendo William en Louisville Kentucky donde estudiaba o había estudiado medicina y cirugía se enlistó como voluntario en el ejército de su país y sin fecha exacta, entró a pie a México para unirse al grueso del ejército americano en la batalla de Monterrey. (1846)

Batalla de Monterrey. Grabado americano de la época

Realizando un reconocimiento cerca de Ramos Arizpe fue capturado con algunos compañeros en febrero de 1847 por una división mexicana al mando del General Urrea. Ahí empieza su recorrido a pie, siguiendo el retroceso del ejército mexicano necesariamente al sur, entre maltratos de la gente en los lugares que recorrían.

Por acuerdos de guerra, recibían algo de dinero para medio sostenerse, comprar comida, a veces ropa, a veces nada. En esas condiciones avanzaron a Montemorelos, ya no eran maltratados e incluso recibían favores de la población, pero compartiendo las condiciones del ejército mexicano a veces ni siquiera comían. Llegando a San Luis Potosí se decide fueran escoltados a México. Tras seis días de camino llegaron a Querétaro, donde gozaron de cierta libertad, aunque no de recursos y pudieron pasear por la ciudad a pesar de su para entonces repugnante apariencia, según dice. Conocieron la Alameda y la fábrica de hilados y tejidos. Enfermó gravemente y en esas condiciones, continuó hacia México. No menciona su padecimiento, quizá solo desnutrición y cansancio, pero a tal grado que llegó a San Juan del Río inconsciente, delirando y al lomo de un mulo por lo que compañeros y captores lo dejaron en el hospital civil,
(Nota de la Redacción: Se refiere al actual edificio de Bellas Artes de la U.A.Q.) continuando ellos hacia la capital. Aquí permaneció mucho tiempo y dedica bastantes páginas a las incidencias vividas.

Fotografía de principio del siglo XX. El Hospital de San Juan del Río, a la derecha la Iglesia de San Juan de Dios. Probablemente casi en el estado como los vio William.

Imagen de Google Earth. Avenida Juárez Poniente. Mismos edificios, época actual.

Sin saber siquiera donde estaba, permaneció 4 semanas en cama, que es cuando recobra el sentido. Alimentado por los encargados empieza a recuperarse lentamente, dice estar reducido a un esqueleto y su ropa, antes ajustada le daba 2 vueltas. Era visitado diariamente por el doctor, sacerdotes y damas y caballeros de la alta sociedad local, quienes después de la misa diaria en la Iglesia adjunta (N. de la R.: La actual de San Juan de Dios) le daban bondad y hasta dinero. Cuando pudo caminar fue invitado por su Doctor a su casa, esta y muchas ocasiones donde recibió atenciones e incluso trabaron amistad y un acuerdo para que cada uno instruyera al otro en su idioma. Describe al médico como educado, católico y con principios liberales. Él a su vez, por sus conocimientos de aritmética, geografía y gramática, griego y latín, quitó el estigma de los estadounidenses como una nación de bárbaros. (N. de la R: No lo dice en el texto, pero por las fechas pudo ser el Dr. Guadalupe Perusquía) Les contó de los ferrocarriles, inexistentes entonces en México y de la rapidez de la comunicación por telégrafo. Por medio del sacerdote, Julián Miranda conoció familias prominentes quienes le daban respeto y protección e hizo muchos amigos, no así con las que llama clases bajas, quienes lo maltrataban e incluso varias veces intentaron asesinarlo, sobrevivió peleando con las manos primero y luego con un bastón de roble que fabricó. Miranda le regaló ropa nueva y dinero varias ocasiones. Menciona que su comida, que no era la del hospital y nunca supo de dónde venía, consistía el desayuno y cena en un vaso de chocolate o te de naranjas agrias y un pedazo de pan, en la comida medio litro de sopa, un trozo de carne y 3 o 4 tortillas, que completaba comprando lo que sus ingresos le permitían.

Del encargado del hospital recibió enseñanza para convertirse en zapatero y financiado por el médico, se dedicó un tiempo a ese oficio con cierto éxito. Por entonces pasaron por San Juan algunos prisioneros que estuvieron con él en Querétaro, pero extrañamente no fue enviado con ellos, a pesar de pedirlo. Su carácter de prisionero de guerra no le impedía pasar libremente por el pueblo y prueba de ello, es lo siguiente. 

“Ahora voy a dar una descripción de San Juan del Río. Tiene aproximadamente cinco mil habitantes. Hay solo una calle que se puede llamar propiamente calle; el resto son estrechas, como callejones o veredas. La ciudad está limitada por un lado por un río, que en la temporada seca es tan bajo que se podría cruzar a pie sobre las piedras sin mojarse los zapatos; pero en la temporada de lluvias he visto que el agua sube cinco pies en una hora. Frecuentemente se desborda, formando un mar perfecto. La parte junto al río está protegida por un muro grueso y sólido. La ciudad se construye sin ningún orden o regularidad, cada persona edificando donde le viene en gana; en consecuencia, las calles son estrechas y muy tortuosas. Las casas están hechas de adobe o ladrillo sin cocer. Estos adobes se hacen en forma de ladrillo, de unas dieciocho pulgadas de largo, diez de ancho y tres de grueso, secados al sol; y cuando alcanzan suficiente dureza, se colocan en las paredes que forman la casa. La longitud del adobe determina el grosor de la pared. Los techos generalmente están cubiertos con una especie de caña y hechos lo suficientemente inclinados para evacuar el agua. Las casas de los ricos están cubiertas de ladrillo cocido y enlucidas abundantemente, tanto por dentro como por fuera, con cemento, lo que las hace impermeables al agua. El techo tiene una ligera pendiente, justo suficiente para evacuar el agua. Las habitaciones suelen estar más bien desprovistas de muebles, conteniendo solo una cama y algunos bancos para sentarse, siendo las sillas un lujo que solo los ricos pueden permitirse. Las mesas no son de uso común. Cuando comen, la gente se sienta en el suelo, coloca los platos sobre sus piernas y come con sus tortillas y cucharas; los cuchillos y tenedores se usan rara vez. Las tortillas se hacen de maíz indígena. Primero se remojan en lejía débil por unas horas para quitar las cáscaras, luego se machacan o muelen finamente y después se amasan con las manos hasta que quedan como un panqueque común; luego se cocinan en un comal de barro. Si se comen calientes, están muy buenas. Este es todo el pan que tienen las clases pobres, y también lo consumen los ricos dos veces al día. Algunas mujeres se mantienen haciendo tortillas para vender; se las puede ver en la Plaza a cualquier hora del día, con sus cestas bajo sus rebozos o chales, gritando sus tortillas. En casi todas las partes de la ciudad hay grandes jardines (quiere decir huertas) a veces ocupando cuatro o cinco acres, en los cuales se cultivan todo tipo de frutas, como manzanas, peras, cerezas, uvas, higos, plátanos, granadas y muchos otros tipos, tanto de producciones tropicales como templadas.”

por su cercanía con las clases acomodadas, era invitado frecuente a las huertas, incluso le ofrecían capital para un negocio a condición de hacerse ciudadano mexicano y quedarse para siempre.

La guerra seguía, pero no había certeza real de lo que pasaba por las contradictorias noticias que llegaban; a veces diciendo que los americanos iban perdiendo, recibida con retoques de campanas de las iglesias, cuando eran contrarias, él salía a la calle a gritar, incluso a lanzar cohetes. Sobre todo, cuando se supo verazmente del avance americano.

Invitado a fiestas y fandangos, una vez borracho y peleando con un sacerdote terminó diciendo que era protestante y por ser prisionero no le podía tocar nadie y que esperaba que pronto todo México fuera anexado a Estados Unidos.

Días después pasó por San Juan el grueso del ejército mexicano, 20 mil efectivos hacia México. De alguna manera William conocía a los generales, características y hasta familias y a detalle la biografía y triquiñuelas de Santana y sus robos al erario. Excepto el presidente, todos los descritos morirían en los combates en México. Incluso cuando se dio el triunfo americano, la toma de la capital, la huida de Santana y su descrédito hubo calma, solo con el temor que los americanos avanzaran a Querétaro, ocurriendo al revés: pasaron aquí a los restos del ejército mexicano y funcionarios. (N. de la R.: recordar que el gobierno se trasladó a Querétaro, nombrada capital provisional) Llegaron igual restos del batallón de S. Patricio, los desertores del ejército estadounidense que se unieron con los mexicanos.

Ocupación de la capital. Grabado americano de la época

Por esos días hubo un intercambio de prisioneros que no lo incluyó a pesar de sus solicitudes escritas y le hizo trazar un plan para escapar. Calculó 150 millas la distancia a México y recorrerlo en 3 días. Ahorró dinero y una noche, recogió su ropa y caminó hasta el mediodía siguiente. Tomaba un descanso cuando descubrió que un sargento y una fila de hombre iban por él. Atado a un caballo regresó a San Juan, esta vez a una oscura celda de la cárcel sin manta, ni ropa. Atado de pies, manos y cintura solo recibía dos comidas diarias. Tras muchos días logró liberar manos y cintura y estando en la celda trasera de la cárcel sabía, por sus paseos en la ciudad que tras el muro solo había un patio y una casa vieja así que inició un orificio en el adobe. Teniéndolo casi completo, en una revisión descubrieron que sus cadenas ya no lo sujetaban y las reforzaron. Nunca vieron el agujero, pero ya era más vigilado. Su siguiente plan fue fingirse enfermo: dejando de comer 2 días logró que, considerándolo moribundo trajeron al médico e interviniera en su favor. Con ayuda de él y Miranda fue puesto en libertad a condición de jurar no hacer más intentos de ir a México y presentarse cada noche con el comandante, volvió al hospital a sus dos cuartos asignados.

Fotografía de principios del siglo XX . Cárcel de San Juan del Río. Probablemente casi en el estado en que recibió a William.



Fotografía personal. Avenida Juárez Oriente. Mismo edificio, época actual.


Fotografía personal. Barda trasera de la antigua cárcel, ya no de adobe como la horadada por William. Los puntos azules señalan las celdas traseras. En la parte baja el patio, en aquellas época abandonado.

Por entonces llegó un oficial mexicano de sus captores iniciales. Le informó de la rendición de México, la huida de Santana y las revueltas entre los mexicanos. Sutilmente obtuvo la información sobre distancia y poblaciones para llegar a la costa del pacifico, su nuevo plan, sin romper el juramento de no intentar ir a México.  Pidió otro traje al sacerdote, consiguió dinero prestado y 10 días luego de salir de la cárcel, con algunas provisiones y un bulto de ropa se dirigió hacia Querétaro.  

A partir de aquí, el relato se vuelve descriptivo y costumbrista, quizá su relativa libertad le daba más tiempo para sus notas que dice haber tomado desde su captura:  detalla paisajes, costumbres, personas, modos de producción, minas etc. incluso anota que el mayor insulto para los americanos era “Gringo” un derivado de Green horn, referente a cornudo, equivalente en los mexicanos a la palabra “chivo” que menciona como el mayor agravio entre ellos. (N. De la R. Por el contexto supongo que se refería a cabrón) 

Planeó caminar 15 leguas cada noche y descansar de día. Llevaba provisiones, pero recogía lo que podía en las milpas y huertas que encontraba. A la cuarta noche llegó a Querétaro, donde pidió inútilmente ayuda a los ingleses de la fábrica. Un irlandés le dio de comer y contó su idea de llegar al pacífico y conseguir un buque rumbo a casa.

Luego de Querétaro, otro golpe de mala suerte: pensando ir a Celaya tomó el camino a San miguel. Dándose cuenta mucho después y debió regresar lo andado. Su única orientación era observar donde se ponía el sol y la estrella del norte.

Además de las milpas, a veces lo alimentaban los pobladores en su camino. Un tiempo le acompañó un irlandés, que borracho lo metía en problemas y decidió separase. Así llegó a Celaya, aún oculto de día y avanzando de noche. En Salamanca, consiguió un pasaporte y se hizo pasar como integrante del Batallón de San patricio. Desde ahí, al llegar a cualquier poblado o ciudad buscaba a las autoridades, mostrándoles el documento, exigiendo un apoyo por haber defendido a México. Algunos le daban dinero, otra comida a comida o alojamiento y de esa manera, siempre a pie, pudo avanzar a Guanajuato, León, Lagos, Guadalajara, Ixtlán, Tepic y finalmente al puerto de San Blas. 

Portada original del libro  (no hay edición en español. 

Por lo increíble de su historia, fue difícil conseguir ayuda, pero el 7 de junio de 1848, abordó el buque Lexington rumbo a Mazatlán. Al arranque hallan al Cyane que iba directo a casa y al cual pasó. Su último golpe de mala suerte: el barco iba a Estados Unidos, pero por el sur, rodeando todo el continente. El 11 de octubre desembarca en Norfolk, Virginia, pesaba ya 160 libras, cuando había salido de San Blas 111. En Washington cobró sus honorarios y regresó… “con sus amigos quienes le habían llorado como muerto durante mucho tiempo” (versión abreviada por la R.)

Quizá por su carácter de voluntario, no militar, no hay datos posteriores de él. Por común, entre muchos llamados así se pierde su rastro tras la publicación en 1851 del libro, que fue un éxito en su tiempo y es muy mencionado en la literatura de esa guerra Casualmente, de los lugares mencionados aquí aún están de pie, con modificaciones de 180 años: el hospital, la iglesia y la cárcel; la Casa del Dr. Perusquía, hoy es una caja popular. De las huertas ni hablamos. 

Calle 16 de septiembre. Época actual.  cerca del local alto a la izquierda estaba la casa del Dr. Perúsquía.