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sábado, 25 de abril de 2020

La leyenda que no fue

LA LEYENDA QUE NO FUE


 



Siendo niño, esporádicamente escuché en el entorno familiar, la historia que voy a tratar en esta entrada.

Por lo que de ella se relataba, me pareció siempre una leyenda con ubicación temporal y geográfica muy lejana, tanto que, con el tiempo, la olvidé… o casi.

En fecha reciente, creo que unos cinco años, entre algunos relatos de manufactura reciente que me fueron proporcionados por una amiga, de varios autores que los presentaban como leyendas sanjuanenses, casi todos me parecieron adaptaciones de pasajes de Rafael Ayala, cuentos o relatos más que fantásticos, otros se limitaban a la simple descripción, sin formato o motivo de leyenda, sin embargo, uno de ellos hizo saltar mi memoria a años pasados; destacaba por tratar un tema completamente diferente y además era, casi letra por letra, lo que yo había escuchado desde niño.

Con ese antecedente, acometí a leer de inmediato. Por la magistral forma en que la redactó su autor llevaba su lectura, en primera persona a veces, otras en segunda y otras solo como relator, a identificarme con él, ya que no se limitó al hecho en si, sino que recreó completamente la atmósfera del espacio y tiempo en el que transcurre y a su vez, yo como lector empecé a identificar esos lugares como algunos conocidos o escuchados siendo niño.

Así, en la fascinación que produce la lectura de algo que te hubiera gustado escribir, me di cuenta que lo que había supuesto de niño, no era tan lejano en tiempo ni lugar, incluso, todo discurre a unos cuantos metros del lugar donde transcurrió la primera etapa de mi vida. El autor firma únicamente como Joaquín Fonseca, y aunque he tratado de averiguar de quién se trata y si todavía vive, no he tenido éxito. Parecía que hasta ahí iba a llegar todo, pero vino en mi auxilio la musa Clío, de la manera más  inesperada.

Resulta que una tía mía, de rebote, porque el destinatario original era otro, me encargó que le platicara un relato que ella quería que conociera él, y que me dijo era la versión real de la “Llorona Sanjuanense”, real porque ocurrió cuando ella era niña y fue testigo de los hechos, incluso que el protagonista vivía en casa de su familia, en la calle 2 de abril en los años 40s del siglo pasado.

Y cuando me comenzó a describir los hechos acontecidos y el protagonista, resulta que la leyenda que mencioné al inicio, “Reyes“  de Fonseca, y lo que me decía, eran lo mismo, peor aún, Reyes tenía además de ese nombre, apellido y una vida real. Mí tía ubica los hechos en la década de 1940, y zas, resulta que encontré un relato que debió hacerse leyenda, pero no lo logró y resultó en una serie de recuerdos, pero que tenían todos los elementos para constituirla.


Imagen tomada de Google Street Viewer 2020. A la izquierda, en el actual numero 35, la casa donde vivía la familia de mi tía y el protagonista. A continuación, las otras 6 casas entonces de la misma dueña.

Datos de la vida Real.

Vivía ella, siendo niña, con su familia, en la tercera cuadra de la calle dos de abril, también conocida como la de la santa Veracruz casi al inicio de la subida del Calvario en el número 19.

Su casa, ubicada en la acera oriente, como varias de sus vecinas, tenía una entrada independiente y un solo cuarto grande como construcción, pero en la parte trasera, había un patio común con las de los vecinos, inquilinos todos (eran 7 casas) de los dueños entonces, don José Becerra y doña Merceditas Ballesteros que vivían en la calle Guerrero.

Sus padres, sin tener una relación de parentesco directa, habían, “recogido”, es decir daban alojamiento en su vivienda a un par de adultos, hermanos ellos, ambos habían sido abandonados por sus esposas, uno por haber quedado ciego y otro por su afición a la bebida. Sus nombres son respectivamente Filemón y Reyes Miranda.

Imagen tomada de Google Street View 2020. Tomada desde el ángulo contrario, aproximadamente después del árbol  sobre la calle, a la derecha, el conjunto de casas.

El invidente, sobrevivía de la caridad, trabajos ocasionales y los cuidados de la familia, apoyando en lo que podía a don Pedro, (el papá de mi tía) de oficio carpintero, Reyes en cambio, cuando la tomadera se lo permitía era trabajador como pocos, cuando no se lo permitía de todos modos trabajaba. Pocas cosas no cabían en su repertorio, ayudante general, cargador, peón y todo aquello que requiriera la fuerza necesaria de un sanjuanense de los de antes, al que mi tía describe como moreno, alto, bien parecido y a veces hasta con ínfulas de galán. Lo poco que le dejaban sus eventuales trabajos en el entorno del mercado, las fincas cercanas, la estación del ferrocarril y la incipiente carretera panamericana lo dedicaba sobre todo a su vicio y contadas veces, a apoyar a la familia que lo había recogido (no necesariamente en ese orden)

En uno de esos días de trabajo, ya medio encandilado por los tragos, accedió al entorno de su vivienda, se ignora si venía por las primeras calles de Dos de Abril o subiendo de la Plazuela, el caso es que al llegar a la encrucijada de ambas calles, donde metros arriba existía un pequeño pozo de agua con brocal circular de piedra, Reyes vio que estaba ocupado por una mujer, al parecer joven, vestida de blanco, con una larga cabellera negra y a  la que adivino guapa.

Imagen tomada de fotografía antigua, probablemente de Layseca, aproximadamente en la época del relato así lucía la calle. La línea muestra el conjunto de casas de la misma dueña. Donde vivía Reyes sería la última.

No eran esos lugares como ahora, que bullen de autos, ni siquiera había espacio para que circularan los pocos que había en la ciudad y ningún vecino estaba afuera, el mundo era solo de él… y la dama.

Se acercó y sintiéndose aceptado se sentó junto a ella, el sentir que no era rechazado, le dio valor para acariciar la sedosa y azabache cabellera, incluso se atrevió a decirle lo mejor de su repertorio en piropos, pidiéndole que volteara para verla, no creía en su suerte y eso lo volvía atrevido.

Imagen tomada de Google Street Viewer 2020.  la cuesta, actual Fernando de Tapia, en su cruce con 2 de Abril. El  punto azul señala la antigua ubicación del pozo de la aparición.

El caso es que al hacerlo, la mujer que supuso de bello rostros, resultó que tenía cara de caballo y la cabellera que se deslizaba entre sus dedos no era más que sus crines.

Se desconoce lo que pasó en los momentos posteriores a la aparición, el caso es que Reyes llegó a la casa relatando el hecho y estuvo enfermo muchos días.
¿Fue una alucinación de Reyes o de verdad vió a la auténtica Llorona Sanjuanense? Supongo que jamás lo sabremos.

Como ven, el relato con todos los merecimientos para convertirse en una leyenda al menos local, se fue perdiendo con la dinámica poblacional del barrio, los vecinos fueron mudándose y pocos se conservaron en el lugar, muchos menos conservaron el recuerdo, años después, el pozo fue tapado y la calle urbanizada en la medida de lo posible. (Como su nombre lo indicaba, antes de ser Fernando de Tapia, era una cuesta, el último rescoldo de las Peñitas, antes de que se internen debajo de las calles del centro histórico, toda la subida estaba salpicada de obstáculos, la roca viva y muchas piedras sueltas,  y sobre ellas apenas bajaba un serpenteante caminito en el que solo cabía una persona, de tal manera que si  a lo lejos se veían alguien que quería subir y alguien que quería bajar, uno tenía que esperar. A las orillas, los vecinos, en el transcurso de siglos habían instalado sus viviendas sobre la peña o armando pequeñas terrazas con rocas suelta. Ya todo ha desaparecido, la Cuesta sigue siendo cuesta, tan empinada que los autos deben subirla a gran velocidad para no pasar sustos,en un trajín que no se detiene en el día,  es la vía alterna, en sentido contrario de la Avenida Juárez, la principal del centro)

Imagen tomada de una pintura de Armando Otero, La cuesta en su recuerdo, unos 20 años después del relato. Muy favorecida, le falta el caminito sinuoso, muchas piedras sueltas y varios desniveles. No cambió en siglos hasta su compostura a la apariencia actual al final de la década de 1960. Donde sube la señora estuvo antes el pozo, a su izquierda, "el Mashin" personaje popular,  contemporáneo de Reyes.
Como los vestigios, en pocos años la historia se desvaneció entre las calles de la ciudad a donde fueron a dar quienes conocieron a Reyes, la familia Hernández vivió muchos años en ese lugar y en calles del entorno. Mí tía se fue de ahí soltera y al casarse regresó. Hoy vive, apenas a unos 30 metros debajo de donde Reyes recibió la lección de su vida.

¿Murió Reyes a causa de la aparición? Fonseca dice que sí, pero que no había sido el único, que otros vecinos ya habían tenido la misma aparición y fatal destino, mi tía dice que no lo recuerda, pero al menos no murió de pronto y sí dejó la borrachera. Hoy solo el relato de Fonseca, la narración de mi tía y el recuerdo de los pocos contemporáneos que quedan, son sus únicos testimonios.  La leyenda ya no fue, no permeó a los tiempos modernos, que ya son otra cosa, o difundiéndola, a lo mejor. Será cosa de hacérsela llegar al conocido contador sanjuanense de leyendas y ocasional lector de este blog, Juan Carlos Zerecero, el Diablito del taxiván de leyendas.

Aclaro que en la ciudad, aparte de las religiosas, no hay leyendas, todas son acomodos de las genéricas del imaginario colectivo mexicano o las suburbanas que trajo la modernidad. No se sí por los hechos que he narrado, o por alguna otra cuestión, se contaba, también hace muchos años, que la Llorona normal, es decir sin la cara de caballo, (o quién sabe, creo que nadie salía a verla) bajaba del callejón de la Santa Veracruz y la calle 2 de Abril, rumbo al centro, emitiendo no el particular grito, sino un fuerte chillido. Mi mamá que también vivió en la calle unos veinte años después continúa contándonos como lo más horrible que oyó.

Ignoro porqué y si algunas de las espirituosas bebidas que se tomaban en esos tiempos, o la combinación de algunas, el caso es que es muy común en todo México, incluso en Latinoamérica y España desde hace  siglos las apariciones a los alcohólicos de esa mujer con cara de caballo, incluso en la literatura fantástica tiene un concepto particular, “la Llorona Mula”. Casi siempre encarnada en una mujer, la muy repetitiva cara de caballo y un entorno en que el tomador cree tener una oportunidad con ella. Supongo que la relación con la llorona es por la vestimenta blanca- y no es tan sanjuanense como mi tía lo supone.

Menciono las bebidas espirituosas, porque don Cándido Pérez, vendía a los borrachitos, en su botica (todavía no había farmacias) “la Guadalupana” un elixir llamado “espíritus” según muy bueno para reanimar, y cómo no, si era alcohol del 96 con anilina, vaya usted a saber qué efectos tenía en la gente.

La próxima entrada presento el relato íntegro, escrito por Fonseca, creo que necesitaba de un antecedente como el de hoy, para que se entienda mejor, en lo personal lo considero una joya literaria, perfectamente acabada como tal, pero describiendo su entorno, se mejora.

Los relatos que lo acompañaban, eran parte de un concurso de leyendas sanjuanenses que no tuvo continuidad, creo que todos son valiosos, pero como dije, no entran en categoría de leyendas.

COLOFÓN

De Reyes, ya no tuve más datos, Filemón creo que finalmente volvió a integrarse con su familia cercana porque al separarse los padres de mi tía, devolvieron el favor y vivió ahora ella, al cobijo de esa familia durante algunos años en una vecindad de la calle Ezequiel Montes.  Filemón fue abuelo de un conocido Sanjuanense de épocas recientemente pasadas, don Ramón de la Isla, que fue agente y comandante de la policía judicial cuando las oficinas de esa corporación estaban en el ya desaparecido portal de la Comandancia, en la esquina de la Avenida Juárez y Reforma, junto a la vieja cárcel, después Centro Histórico y Cultural, hoy casi sin uso y sí en el abandono.


BONUS TRACK

Ya sin muchos detalles, hay otra historia, ocurrida a Filemón, por los mismos años y mientras residía en la calle 2 de Abril. Como ya se mencionó era ciego, pero como todos tenía necesidades en las que no se le podía ayudar, así que una noche, como a las tres de la madrugada, salió a la calle a hacer pipí, (en esos años, la calle no tenía drenaje, en el patio común los vecinos hacían precarios baños pero él había tomado costumbre de salir a la calle,  desolada de día, más de madrugadas, por ser un trayecto más corto, varios de los integrantes de la familia lo sintieron salir, pero no regresar.

En las mañanas, de la parte alta de las Peñitas, muy temprano bajaban algunas personas al molino, y pasaban por el callejón de la Santa Veracruz. Serían las 5 de la mañana cuando pasó la primera que lo conoció, estaba en la puerta del Panteón, sentado junto a la reja, dijo que al salir a la calle, una mano lo jaló para allá, y como no supo dónde estaba, se quedó donde lo dejó. Lo fueron a entregar a la casa de la familia, no se supo más.



jueves, 21 de marzo de 2019

SAN JUAN DEL RÍO. LA FUNDACIÓN SEGÚN AYALA.


SAN JUAN DEL RÍO. LA FUNDACIÓN SEGÚN AYALA.

Rafael Ayala  Echávarri, máximo historiador sanjuanense .

Siendo uno de los propósitos de este blog el apoyo a los alumnos de los diferentes niveles en sus trabajos escolares, y como tiene tiempo que no aporto nada al respecto, esta vez pongo a su disposición el texto completo de la narración de la fundación de nuestra ciudad de Rafael Ayala Echávarri, plasmado en su obra “San Juan del Río. Geografía e Historia” de 1971.

Excepto algunas adecuaciones en la parte inicial, para hacer fluida la redacción como texto unitario, se tomó íntegro el apartado, de la edición 2006 de dicho libro, para que les sea útil en algún encargo de sus maestros. El escrito por sí solo es suficiente si se trata a nivel básico el tema de la fundación.

Ahora, si de lo que se trata es de cuestionar a los maestros o al vecino que siempre les repite la misma historia o bien de un ejercicio de análisis, al final expongo algunas consideraciones respecto del texto y el hecho histórico. Algunas ya plasmadas en otras entradas, espero no ser repetitivo, pero esta vez, hago las puntualizaciones directamente sobre la redacción de Ayala.


SAN JUAN DEL RÍO Y SU FUNDACIÓN

Los conquistadores indígenas, ya para el año de 1529, andaban por todas estas regiones pacificándolas y conquistándolas, en forma irregular y sin provecho alguno, por lo que seguramente les aconsejaron frailes o gente española, que reconsideraran estas conquistas con permisos y derechos legales, para que más tarde se les tomaran en cuenta, como en efecto se les tomó.

Cuando se instaló la Segunda Audiencia de México, formada por los Oidores licenciados Juan de Salmerón, Alonso de Maldonado, Francisco Ceynos y Vasco de Quiroga, bajo la presidencia de don Sebastián Ramírez y Fuenleal, obispo de la Española, se presentaron los conquistadores indígenas a ella, para obtener permisos legalizados y amplia libertad para hacer sus conquistas. Claro está que tras de estos conquistadores indígenas estaban los frailes y soldados españoles que los aconsejaban y guiaban, sujetándolos a la Corona de España.
La llegada de los Oidores a Veracruz fue en los primeros días de enero de 1531, sólo Ramírez de Fuenleal llegó hasta el 23 de septiembre del mismo año, es muy probable que trajeran amplias facultades para resolver y gobernar la Nueva España, ya que presentados los indígenas conquistadores ante ellos, les fueron concedidos los permisos para sus conquistas en las regiones chichimecas; por lo tanto, teniendo ya los despachos necesarios estos indígenas, se regresaron a Jilotepec para planear y hacer arreglos de sus conquistas.

Los pacificadores salieron de Jilotepec, con rumbo a San Juan del Río, de la manera siguiente:
Todo el batallón militar iba asesorado por un pequeño núcleo de soldados españoles, así como de uno o dos religiosos. Guiaban la expedición don Pedro de Cristo, llevando las armas reales, así mismo un estandarte que tenía estampadas las imágenes de Santiago Apóstol y la Santa Cruz; don Alonso de Granada y don Alfonso Guini, llevaban las estampas del Espíritu Santo y San Juan Bautista, respectivamente; don Miguel de Bocanegra traía la estampa de la Purísima Concepción, más atrás iba el capitán de guerra don Martín Arco y Flecha, apellidado también Moctezuma. Llevaba de vestidura un peto y en sus brazos y pies ostentaba unos brazaletes de bronce, cubriendo, su cuerpo enteramente con un cuero de venado. En la cabeza llevaba un casco de bronce, con una pluma blanca en señal de paz, cargado además con las armas de su gentilidad. San Luis Montañez iba montado señorialmente, en su hermosa cabalgadura blanca llamada La Valona.

En la Relación de Méritos de don Nicolás de San Luis Montañez, que he revisado, dice que acompañaba a esta expedición la Malinche. Por lo tanto, llegó a San Juan del Río esta famosa india que sirvió de intérprete a Hernán Cortés. Seguramente siguió con los pacificadores hasta Querétaro.

De esta manera llegaron al paraje que más tarde se llamaría San Juan del Río. Después de andar varias leguas llegaron a un lugar donde está un río caudaloso, rodeado de sabinos y unos ojos de agua. Asimismo, hay un cerro rodeado de peñas.  Allí se acomodaron los veinticinco mil trescientos veintinueve soldados. El Capitán quedó arriba de la peña con todos los principales que le acompañaban, para esperar el día de San Juan Bautista y ponerle ese nombre al pueblo que se iba a fundar y ese mismo día celebrar la misa por primera vez en él.

Ya se dijo que en este sitio, y a orillas del río, Juan Mexici había fundado ya este poblado. Por lo tanto, los pacificadores llegaron a un lugar habitado por gente de su mismo origen, y seguramente conocidos. No hubo derrame de sangre, ni siquiera se intentó hacer ninguna escaramuza, sino que llegaron y asentaron tranquilamente a sus soldados. Es de comprenderse que así fuera, porque los pacíficos habitantes de esa pequeña población nunca podrían rivalizar con veinticinco mil y tantos hombres de guerra. Juan Mexici aceptó de buena gana someterse a la corona de España.

Entraron a lo que ahora es el centro de la población el día 24 de junio de 1531, y ese mismo día se dijo misa y, después de celebrada, se congregaron todos y acto seguido se levantó el Fiscal Mayor, que posiblemente haya sido alguno de los indios principales acompañantes de San Luis Montañez y les dijo que tuvieran fuerzas para la empresa que habían empezado en nombre del Rey de España, que asimismo le pidieran a Dios fuerzas para seguir adelante. Dijo el Fiscal que era día de San Juan Bautista, y que en el paraje donde estaban, había unos ojos de agua, así que por lo tanto debía de ser allí fundado el pueblo, y que debería llamarse el pueblo de San Juan del Río, por el caudaloso río que pasa a sus orillas. Con este hecho, todos gritaron de contento. A las dos horas de la tarde, se ordenó hacer el paseo, trazándose las calles del pueblo que fueron cuatro, en el llanito donde se dijo la misa.

Las calles debían trazarse formando un cuadro, por lo que venían a resultar ocho calles. Se hizo el fundo del pueblo y en una enramada que también se fabricó, se hizo la primera capilla. Su fundo debía de tener dos mil quinientas varas cuadradas, y señalaron en cada una de las esquinas del fundo unas cruces de sabino verde. De esta manera quedó fundado el pueblo de San Juan del Río, el 24 de junio de 1531.

En ese momento ordenó el Capitán General don Nicolás de San Luis Montañez, que se repicaran las dos campanas que traían, que se tocaran los clarines y las cajas de guerra y que salieran a recorrer el fundo legal. El abanderado que traía la bandera blanca de paz, también acompañó a la comitiva que recorrió dicho fundo, saliendo los capitanes a caballo y a pie, acompañando también este recorrido el Capitán General y el Padre Fray Juan Bautista, al que se le dio el nombre de Conquistador.
Es de comprenderse que se trazaron calles y se levantaron troneras en un momento, gracias a que eran veinticinco mil trescientos y tantos solados, por lo que siendo mucha la gente, se pudo trazar y comenzar a alinear el pueblo.

Allí permaneció el ejército acaudillado por don Nicolás de San Luis Montañez mientras se hacían gestiones con el cacique de la comarca queretana.

Antes de partir, envió al Capitán don Martín Damián con doce soldados a pedir paz al Capitán General de los chichimecas, quien después de bautizado tomó el nombre de don Juan Bautista Criado. Este Capitán acompañó a San Luis Montañez a la fundación de Huimilpan, el año de 1529, así que ya era gente conocida por los pacificadores.
Inmediatamente se procedió a levantar la planta del presidio, que fue hecho de sabino con su techo. En cada una de las esquinas del fundo se fabricaron unas troneras, además de que en diferentes trechos se fabricaron otras troneras, que hacían un total de treinta y dos; todas ellas con bandera blanca de paz, con las armas de España. Fueron habitadas cada una de las troneras de las esquinas de este fundo, al Norte, por el principal llamado don Nicolás de la Mora; al Oriente, por don Juan Juárez; al Sur, por don Marcelo Chimal y, al Poniente, por don Alfonso de Guzmán; siendo nombrados estos señores alcaldes, fiscales, alguaciles mayores y doctrineros; quedándose con ellos cien indios católicos, que se acomodaron en las calles trazadas en el fundo legal del pueblo. Inmediatamente después de estas ceremonias, se pasó a firmar el acta de dicha fundación.

Después de recorrer las calles recién trazadas y estar todos reunidos, gritaron a viva voz: "¡PUEBLO DE SAN JUAN DEL RÍO, EN NOMBRE DE DIOS NUESTRO SEÑOR, DEL CIELO Y DE LA TIERRA, QUEDAS FUNDADO!".

Fue señalado el centro del fundo legal con una cruz de piedra labrada, que se encontraba en el cementerio que había hacia el Poniente de la iglesia de San Juan Bautista, entre la Plaza Principal y la Plazuela adjunta; esta cruz, a su vez, señalaba el centro de la población.
El ejército acasillado en San Juan del Río salió rumbo a Querétaro antes del 25 de julio; pues está señalado el día 25 de julio como el de la batalla y pacificación de dicha comarca, es decir, un mes después de pacificada la región sanjuanense.


El relato, palabras más, palabras menos es el que la mayoría, algunos desde niños, oímos de nuestros maestros y mayores, cabe aclarar que dicho texto tal como lo presenta Ayala, no existe en ningún otra parte, más bien es un documento “Cognado”, es decir compuesto tomando elementos de varios textos y acomodados a la medida para un propósito. Dicho proceso dio como resultado una magnifica pieza literaria, pero no es referencia histórica.

Los documentos base son:
-La relación Geográfica de Querétaro documento oficial del año de 1584. (RGQ)
-Una de las “Relaciones de San Nicolás de San Luis Montañez” de principios del siglo XVIII, pero copiado de uno anterior sin fecha conocida. (RSLM)
-Otra Relación franciscana del siglo XVII, basada, a su vez en otra de San Luis Montañez. (RF)

Menciona al inicio Ayala que los frailes instigaron a los indígenas a legalizar sus conquistas, para que les fueran reconocidas, lo que en realidad sucedió fue que muchos años después, los descendientes de los protagonistas escribieron las hazañas a modo, para tratar de obtener algún beneficio. Igualmente, nunca hubo ninguna expedición de conquista encabezada por indígenas y supervisada por españoles, siempre fueron solo carne de cañón, pasarían muchos años incluso, para que pudieran portar al menos un arma o montar a caballo.

El número de integrantes del supuesto ejército conquistador indígena, más de 25 mil es inverosímil, unos 50 años después se calculaban en ese total los tributarios de toda la provincia de Jilotepec, suponiendo que el ejército fue integrado por todos los hombres mayores, ¿quién les proveía de alimentos? Tomemos como referencia el reciente paso de migrantes centroamericanos, en el que se tuvo que otorgar al menos algún sustento a unos cuantos miles, implicó todo un esfuerzo gubernamental y privado de ciudades con muchísima más población de la que migraba.

El año de 1531 no es mencionado en los dos primeros documentos, lo tomó Ayala de la RF en el que, con algunas argucias, tampoco históricas, se determinó arbitrariamente el año. Incluso, la RSLM ubica los hechos en el imposible año de 1502.

A pesar de ser Ayala un sistemático investigador, no dejó de ser parte de una generación que, ante la falta de herramientas para formar un aparato crítico, y la abundancia de documentos, tomaban todos como válidos, aun cuando sus contenidos fueran opuestos y usaron los datos necesarios para redactar la historia que ellos pensaban era la verdadera, es decir, repetían el patrón de los descendientes indígenas de los supuestos protagonistas de la fundación. Duró aproximadamente un siglo la corriente, iniciada por Valentín F. Frías y terminó con J. Guadalupe Ramírez Álvarez. Dicha característica no los invalida como historiadores, gracias a ellos se rescataron innumerables documentos y datos, pero es necesario aclarar que sus relatos tienden más al sentido de las leyendas.

La redacción de Ayala de la fundación es impecable, basada más en la RSLM  y pareciera que solo copió de ella, pero quien la haya leído, sabrá que precisamente el documento original es de una redacción confusa en la que muy a fuerza se pueden sacar párrafos coherentes. Este documento ha sido estudiado y se ha demostrado que seguramente son varios relatos antiguos (pero no del siglo XVI) que se reescribieron una y otra vez, y al menos uno fue redactado por un europeo, lo que ha dado pie a que se le considere como apócrifo, es decir redactado a modo muchos años después para obtener algún beneficio.  La versión tomada por Ayala es apenas una de más de una veintena de relaciones apócrifas en las que al gusto se tomó a San Luis como conquistador de inmensos territorios, o esos mismos territorios conquistados por otro líder indígena, casualmente o quizá no, ninguno de esos lugares tuvo importancia alguna por sus riquezas o número de habitantes en esos tiempos e insisto en  que quiénes o qué recursos que apenas bastaban para unos cuantos habitantes pudieron sostener por más de 20 años al ejército conquistador.

Otro dato crucial es el hecho de que la RSLM atribuye todo el mérito de la conquista a Nicolás de San Luis Montañez sin mencionar a Fernando de Tapia y la RGQ enlista lo contario, Ayala sin ningún problema los ubica juntos.
Existen datos históricos de Montañez, pero son de 70 años después, como gobernador de los indios de Querétaro, son documentos oficiales, lo que nos indica que alguien quiso aprovechar su relativa importancia para, muchos años después de muerto incrustarlo en fundaciones aún más antiguas. Incluso está documentada una acción en la que su viuda, intento atribuirse con un documento falso, la propiedad de un terreno en Querétaro que pertenecía a la República de Indios. Obviamente no prosperó la acción por haber muchos contemporáneos que conocían la verdad, pero si hizo eso recién muerto, qué no se podría hacer un siglo después.

Fotografía de la dirección de Cultura, 2016. Mural  entre las calles de Allende e Hidalgo. Mexici y Nicolás de San Luis, los dos fundadores Indios según la leyenda.(Acompañados de Fray Juan Bautista, otro nebuloso personaje)
Entre lo tomado de la RGQ destaca el nombre de un fundador,  Juan Mexici,  del que no hay ninguna otra referencia, incluso lo traduce Ayala como voz otomí cuyo significado es “Poquito” cuando en realidad la palabra es completamente náhuatl y se escribía era Mexitzin, proveniente de mexi = Mexicano y la terminación Tzin, que tiene varios significados: señor, abundancia y paradójicamente “poquito”, es decir,  ante la falta de mayores datos:  “el señor mexicano”,  las otras acepciones remiten al idioma es decir “el que habla poquito mexicano”, o “el que habla mucho mexicano”, es decir un “Nahuatlato” o hablante de ese idioma. En tierra de otomíes y chichimecas, eran muy reconocidas las personas que lo hablaban ya que era el del pueblo dominante, los aztecas. De porqué solo se recuerda a él, puede ser porque era el único personaje con alguna característica importante que recordaron los informantes de Francisco de Cárdenas, cuando redactó la relación, 50 años después de los supuestos hechos, cuando quizá ya no vivía ninguno de los protagonistas originales. Hace unos 20 años salió a la luz un documento relativo a un juicio del año de 1536, en la que aparecen como declarantes algunos habitantes de Iztacchichimeca, entre ellos, uno llamado Juan, que precisamente habla náhuatl. Saque Usted sus conclusiones.

P.D. En las casi 200 páginas que detallan el juicio, incluidos españoles, otomíes y mexicanos, locales, de Michoacán, Jalisco y la capital de la Nueva España, aunque mencionan constantemente la zona de lo que hoy es nuestra ciudad, nunca  aparece el nombre que supuestamente se le había dado 5 años antes, (San Juan del Río) siempre es IZTACCHICHIMECA o múltiples variantes. Es decir: No existía en 1536 un lugar llamado San Juan del Río. Ahora sí, saque más conclusiones.

Igualmente se pueden refutar más datos: el asunto de los permisos, la presencia de la Malinche, los capitanes, la barda, la presencia un mes después fundando Querétaro, la utilidad de conquistar un sitio al que los más optimistas le calculan 100 habitantes para esa fecha, de porqué forman un presidio, si lo que se fundaba era un pueblo, y de cómo pudo pasar de la nada a categoría de pueblo, de porque hasta 1558 se le otorgó la categoría de pueblo  si lo habían fundado como tal 37 años antes,  etc., etc.


La sección en negrita es de Ayala, el resto mío.

CONCLUSIÓN.

Nos legó Ayala un bonito relato que es conveniente perdure como tal para interesar a los niños en nuestras raíces, ni siquiera es una leyenda porque él la redactó completa, pero la historia verdadera es más compleja y probablemente, si no aparecen más documentos verdaderamente de la época, jamás sabremos el año en que fue fundada nuestra ciudad, peor aún, si hubo una fundación. Solo puedo asegurar que hasta 1536 al menos, no existía San Juan del Río como tal, y es hasta la siguiente década cuando empieza a aparecer, intercalado el antiguo nombre, con el patronímico, es decir, San Juan Iztacchichimeca, precisamente de donde toma nombre este Blog.

En mi libro “la Acequia del pueblo” que pueden consultar en la biblioteca municipal, como parte del soporte histórico, hago un detallado análisis de casi todo lo aquí mencionado, con abundantes referencias bibliográficas del tema (San Luis Montañez, las fechas, las Relaciones los nombres, los habitantes etc.) por si alguien está interesado en ahondar u obtener algunos de los libros ahí mencionados. En el blog hay bastantes entradas al respecto.

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Fotografía personal,  Inicio de la Zona del puente de la Historia, acordonado con malla por su reciente intervención.

                                     SOLO PARA SANJUANENSES

Inició la remodelación del Puente de la Historia, uno de los emblemas de la ciudad. Por su antigüedad de más de 300 años, ha sufrido innumerables arreglos, así que es difícil saber que parte es la original. 

Todo esfuerzo al respecto es bienvenido, solamente algunas peticiones menores, dirán que soy exagerado y qué es obvio lo que pido pero la burra no era arisca, los palos la hicieron:

-      Que no vaya a resultar que va a ser de cantera rosa.

-        Que no vayan a entregar uno con ocho arcos.

-        Que no se vaya a tardar dos años, (el solo presentar el proyecto tardó 14 meses)

-Que el puente alterno no sea tan alto que le quite vista, de todos modos algún día el agua lo va a rebasar.

Y ya siendo muy optimista, que no vayan a desaparecer las piedras que contienen inscripciones, algunas apenas son perceptibles, pero son de las pocas originales, sería una lástima que solo las desechen por su deterioro.

domingo, 25 de marzo de 2018

45 aniversario luctuoso


45 aniversario luctuoso



Como parece que este año nadie se acordó, casualmente un sábado 24 de marzo, pero del año  1973, falleció el insigne historiador sanjuanense Rafael Ayala Echávarri, en la tierra que le había visto nacer.

Reproduzco integro el reportaje que salió en el semanario local “La Opinión” de la familia Cabrera una semana después, el 31 de Marzo del mismo año, así como la esquela del gobierno municipal. Es el testimonio escrito más inmediato a nivel local.


Aunque en su época fue ampliamente conocido en los círculos académicos,  en  la actualidad  ya es poco mencionado, a no ser en esta ciudad, lo que no resta los méritos que consiguió como escritor, articulista y prologuista en su época.






 Comentando el contenido de la nota, efectivamente las dos obras mencionadas, son fundamentales para el estudio de la historia queretana, y especialmente de San Juan del Río.

Baste decir que casi de la nada, elaboró la historia de nuestra ciudad, la cual plasmó en su obra “ San Juan del Río, Geografía e Historia”, esfuerzo que le llevó casi 20 años de su vida, legándonos infinidad de datos, muchos de los cuales, de no ser por él, aun en la actualidad ignoraríamos. Efectivamente, a partir de su muerte, se le dio su nombre a la entonces recién construida escuela primaria de la calle Pino Suárez, de la colonia Ramos Millán, que no en la “Curva” como dice ahí. Dicha escuela iba a sustituir a vetusta “Mártir de Chihuahua” del centro de la ciudad, que se decía estaba derrumbándose y ahí se iba a trasladar a los alumnos. Hoy subsisten ambas.

La esquela, lo menciona como cronista de la ciudad, creo que nunca se le nombró oficialmente como tal, simplemente lo era. 

Por cierto, al morir se elaboró un busto mortuorio. 




Mayor información en los siguentes enlaces: 



  
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EL CHICHIMECA, AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.

aunque por motivos personales, tenía casi dos meses sin publicar nada, este blog sigue recibiendo visitas, el pasado mes de enero pasamos de las 75, 000.

Algunas miles más de las que esperaba. Gracias, retomo  la redacción. 



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Sección comercial
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Aprovechando, en el mismo ejemplar, encontré este anuncio. además de los que están encima de la nota de ocho columnas en la primera imagen de esta entrada,  


La bebida, dicen quienes la tomaron era una verdadera agua de fuego, fabricada por las “Bodegas Queretanas”, en Juárez y Zaragoza de la ciudad de Querétaro, que extrañamente en su pequeño local fabricaba lo mismo anis, brandy, vinos de mesa, ron etc. Lo extraño, decían las malas lenguas es que todos sabían igual, solo cambiaba el color. Aquí se distribuía a granel (podías llevar tu botella) en la “Cabaña” de Av. Juárez poniente.

Creo que no se les vendía mucho otro de sus productos, el anís "El León y el Cachorro" el aperitivo ideal, según decía la XEVI, porque era muy anunciado ahí.

Y para que no se dude de ser queretano, el logotipo era la peña de Bernal. 


domingo, 28 de mayo de 2017

Enrique Nalda en la UR 85

Enrique Nalda en la UR 85

Enrique Nalda en los 90s, Fotografía Tomada de Internet, crédito a  quien corresponda.
Como un recuerdo ancestral de la época de su fundación, se tenía el conocimiento de que en el barrio de la Cruz, específicamente en la parte alta del cerro del mismo nombre había existido un asentamiento prehispánico.

Seguramente los primeros pobladores coloniales conocieron esos elementos que aunque tenían siglos de abandono, debieron estar completos, sobre todo la pirámide principal. En el transcurso de los siglos, ese conocimiento persistió, aunque el lugar fue deteriorándose. El montículo principal debió conservar por entonces gran parte de las lajas que recubrieron la última etapa, luego utilizadas para la construcción de la actual capilla cristiana, lo que precipitó su deterioro. Igualmente se utilizó piedra de otros elementos existentes para un par de construcciones coloniales que aún existen, con igual resultado.

Para la década de 1970 poco relacionaba a la pequeña meseta con un sitio arqueológico, la pirámide principal era un uniforme amontonamiento de piedras que pocos reconocían como artificial. Las plazas habían sido invadidas por la maleza, y en el lado poniente incluso, se sembraba maíz. La calzada de acceso quizá era lo único que se adivinaba como perfectamente delineado.

Fue don Rafael Ayala en 1971, quien se encargó de recordarnos que ese montículo era prehispánico, aunque erróneamente señalaba que tenía forma semicircular y recordaba a la pirámide de Cuicuilco. (Erróneamente porque la forma que tenía era producto de haberse retirado las rocas que recubrían la última etapa, dejando visible solo el relleno, que poco a poco colapsaba hacia abajo por lo que los habitantes modernos del lugar apilaron algunas de esas rocas, seguramente ya en el siglo XX, para evitar más desgajamientos, dándole la forma redondeada en la base, que observó don Rafael, no era esa su forma original)

Por 1975, se esparció el rumor por la entonces pequeña ciudad, de que un arqueólogo estaba trabajando en el Barrio de la Cruz y ya había encontrado una pirámide enterrada y varios túneles. Incluso el periódico local dio cuenta de ello.

Por esos años, en el barrio, sobre todo en la parte baja, era muy común encontrar caritas, cerámica y flechas de obsidiana, máxime si realizaban excavaciones para la construcción de casas. En la cima, los restos superficiales eran  abundantes pero muy fragmentados. El hecho de que ahí no hubiera viviendas no había permitido descubrimientos mayores.

Quienes nos enteramos de la noticia, de inicio no concebíamos cómo podía haber enterrada una pirámide en un cerro que sabíamos era completamente de roca, a lo mejor los túneles que se mencionaban, decíamos que les habían llevado a algún lugar donde se habían encontrado restos arqueológicos.

Imagen Tomada de González, 2009
Con el tiempo supimos que la pirámide mencionada sí estaba enterrada, pero debajo del montículo de rocas, no en el cerro mismo y que los túneles en realidad eran las trincheras de excavación que los arqueólogos realizaron para buscar etapas anteriores de construcción.

La excavación dio como resultado descubrimientos aún más inesperados. Para empezar, como dije, se desechó la conseja de que la pirámide era circular y que había sido realizada solo amontonando rocas, debajo de ella, se descubrieron intactas, al menos otras dos etapas constructivas, que remontan incluso al periodo Formativo.

Se descubrió que la cima del  cerro no era completamente plana de manera natural, sino que había sido nivelada utilizando relleno traído de otras partes, arena, rocas de río y desperdicios de otras construcciones, lo que explicaba los restos fragmentados.  En la meseta resultante, se construyó un centro ceremonial en forma, que en su etapa final tuvo dos montículos piramidales, dos plazas, una calzada de acceso y un camino de ronda que circunda todo el conjunto.

Se dató además, la temporalidad del lugar, resultando que la primera fase constructiva tenía elementos cercanos al año 500 A.C. y que sus constructores tenían al menos influencia de Chupícuaro, una de las culturas madre en Mesoamérica.

El arqueólogo encargado de realizar esta prospección, fue Enrique Nalda Hernández, (Logroño, España, 1936, México D.F., 2010) quien,  buscando en la región elementos de un trabajo de investigación para su tesis de Maestría, llegó en el mencionado año de 1975 a San Juan del Río. 

Aunque se tiene la idea de que solo exploró el barrio de la Cruz, en realidad registró casi 200 sitios arqueológicos.

Uno de los postulados de su tesis consistía en que cada asentamiento con evidencias líticas, cerámicas o constructivas tenía interrelación con otro ubicado a cierta distancia,  así que a pie, entre los cerros y valles recorrió toda el área circundante al municipio y los vecinos. En algunos lugares solo encontraba restos superficiales, en otros, elementos mayores e incluso arquitectura visible. Al conjunto de sitios interdependientes le llamó UA (Unidad Arqueológica) Así aparece el concepto de la UA San Juan del Río, con un área de 1000 KM2. Los sitios en particular (en total 182) fueron denominados UR (Unidad de Recolección)

A  partir de cada una de esas UR, localizadas por él con una técnica novedosa, la fotografía aérea, pasaba a recorridos a pie,  preguntando a los vecinos, localizaba el siguiente.

Obviamente documentado, sabía por los escritos de Ayala, de la existencia del cerro de la Cruz, y por otros arqueólogos de la existencia de los yacimientos de la Estancia, Xajay y El Rosario en San Juan del Río, además de La Trinidad y los Cerritos en Tequisquiapan.  Clasificados también como Unidades Arqueológicas.

Figura Chupícuro, Barrio de la Cruz, Imagen tomada de Crespo, 1992.
En el cerro de la Cruz, por la magnitud material y temporal de lo ahí encontrado, puso el énfasis principal de su trabajo, ya que su existencia le permitió cuestionar algunos de los mitos de la historia oficial.

Hasta esa fecha,  se tenía la idea de que la región formaba parte de Aridoamérica, y que había sido dominio de los chichimecas, por encontrarse ellos en la región a la llegada de los españoles y que por lo mismo en la zona no se habían establecido civilizaciones en la antigüedad. La existencia de un sitio con ocupación continua hasta casi el Postclásico, ponía en duda donde había sido la frontera entre ambas regiones.

Algunos de sus maestros en la Escuela Nacional de Antropología e investigadores que le precedieron ya habían postulado que la frontera entre las dos regiones no había sido fija, sino fluctuante debido a cambios climáticos flotante, pero los descubrimientos de Nalda, aunaron otra variante: En San juan del Río no había evidencia de que un cambio climático hubiese empujado a los habitantes a huir a otros lugares como postulaba la teoría inicial. Cierto que los centros ceremoniales se abandonaban, pero la población no parecía disminuir.
El cerro de la Cruz y sus alrededores, recreación tomada de Crespo, 1996

El hecho de que se pudiera construir y mantener aunque fuera por etapas, un centro ceremonial de las dimensiones del barrio de la Cruz, con la dificultad para llevar los materiales necesarios hasta la cima, implicaba una sociedad bien organizada, con autoridades de cualquier tipo y una numerosa población disponible como mano de obra.

Por su importancia, los resultados del proyecto U. A. San Juan del Río, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, coordinado por Nalda, fueron presentados en 1975 en la tesis de Maestría del mencionado arqueólogo con el Título  “UA San Juan del Río: trabajos arqueológicos preliminares”.

Por sus novedosos conceptos, las técnicas empleadas, su posición contraria a las hasta entonces vigentes teorías, el proyecto dio como resultado la búsqueda y exploración de gran cantidad de sitios arqueológicos en los estados aledaños, algunos ya conocidos y a los que se les había restado importancia, otros completamente desconocidos o ubicados en zonas que la consideraría no aptas para la civilización mesoamericana, incluso a la fecha. Todos ellos ubicados en el hoy llamado CENTRO NORTE que comprende principalmente los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y otros aledaños en menor medida.

Pirámide principal, la parte de arriba da una idea de como se encontraba toda en los años 70s, la parte de abajo, es la parte reconstruida. Fotografía personal, 2016.
Igualmente, desde su publicación, la tesis de maestría de Nalda y otro escrito derivado, llamado “la Contracción de la Frontera Mesoamericana” un año después, son de consulta obligatoria y referencia bibliográfica en cientos y quizá miles de trabajos de investigación, libros, artículos y tesis relacionadas con la arqueología y la historia de gran parte de los estados de la república.

La importancia de su investigación y sus resultados, proyectaron a Nalda a las grandes esferas de la arqueología nacional: Publicó varios libros en lo personal, además de los informes de investigación de sus trabajos arqueológicos, cada vez de mayor importancia, fue docente e investigador de la Escuela Nacional de Antropología de donde había egresado, líder sindical y al final de su vida llegó a ser reconocido por muchos de sus colegas como uno de los mejores arqueólogos del País.

A partir de su titulación, su trabajo se concentró en el área maya, donde fiel a sus principios, además de la exploración arqueológica, otra vez revolucionó las teorías establecidas para esa área. Nunca volvió a San Juan del Río, es difícil establecer los hilos del destino, y todo lo que debió conjuntarse para que alguien no predestinado para ello, ya que había nacido en España, pero su familia llegó a México huyendo de la Guerra civil; que se había titulado de Ingeniero; que abrazó tardíamente la arqueología, hubiera desenterrado, en la cima de un promontorio tan cercano en distancia al centro de San Juan del Río, pero del que realmente hasta su llegada, se desconocía completamente lo que contenía y su importancia arqueológica e Historia.

Posteriores investigaciones y más exploraciones  han aumentado los conocimientos que sobre el centro ceremonial iniciaron con Nalda. Actualmente no hay trabajos en él, pero puede observarse una reconstrucción de la etapa anterior al promontorio explorado por Nalda, aquella que apareció en las calas efectuadas en 1975, la “pirámide enterrada” en la que entonces  solo era la U.R. 85. Como dije, nunca volvió, pero qué bueno que vino una vez.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Creo que no tarda en salir impreso el programa cultural de Feria, no se lo pierdan, habrá sorpresas.
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