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domingo, 26 de marzo de 2017

100 años no es nada, perdón, 107, años no es nada, perdón, sí es mucho.

100 años no es nada, perdón, 107 años no es nada, perdón, sí es mucho. 
Oleo del Maestro armando Otero, Fragmento. Los árboles gigantes, afuera de la Viña.

Antecedentes

Creo que es de todos conocida mi tendencia a la descripción de la historia antigua y reciente del barrio del Calvario y en especial de la Plazuela Guadalupe Victoria, en razón de que en la parte alta de la peña vivían mis padres en la década de los sesentas y cuando nací ya estaban en la Plazuela, en la parte baja.

Disfruté de mi niñez en la en la ancha calle y viví muchas de sus transformaciones a partir de entonces. Por esa época se conservaban tradiciones, relatos, construcciones y muchos detalles que obviamente o no entendía o no me llamaban la atención. Años después, en el estudio de la historia de San Juan del Río, me fui dando cuenta del gran significado cultural que ese barrio y la calle tuvieron en todos los tiempos en la historia local.

Viene la anterior reflexión por el hecho de hará un par de meses, don Javier Lara Bayón, bloguero mayor del vecino Aculco compartió la información de algunas fotografías de San Juan del Río, aunque “son muy recientes” me dijo.

Resultó que entre muchas fotografías ya conocidas, aparecieron tres de gran valor histórico, tanto por su contenido como por su fecha, fueron tomadas en 1910 y retratan tres secciones del mencionado barrio. Quizá para muchos estudiosos son conocidas pero en lo personal no sabía de la existencia de dos muy significativas ya que me dan la imagen de lugares  y tiempos de los que solo tenía referencias orales

Haré una descripción de las tres, con su comparativa en la actualidad y con ella  se darán cuenta de porqué el título: 107 años sí han cambiado enormemente para mal, un agradable entorno urbano.

Se desconoce el autor de las fotografías, pertenecen a la fototeca del Instituto Nacional de Antropología e historia. (INAH) Todas fechadas en 1910 y rotuladas en palmer (manuscrito) “Sn Juan del Río, Qro. No hay imagen de sus anversos.

1.- La Plazuela Guadalupe Victoria, antigua de los Trabajos.

A pesar de haber vivido ahí 18 años, me resultó especialmente difícil reconocer esta fotografía. Al principio pensé que era la calle de Mina. Observando detenidamente algunos detalles que todavía me tocó ver, pude identificarla. Se tomó desde la esquina de Guadalupe Victoria ( en su segunda cuadra, ) y 2 de Abril en la acera sur, con vista hacia el poniente, donde la calle se ensancha.
1910
A la derecha se observa una vieja barda, ya no la vi completa. Para 1970, que son mis primeros recuerdos, era la casa de Doña Lolita, (no recuerdo su apellido) y estaba derrumbada en parte. En la fotografía se observa oscura en su parte baja y  clara en la superior. La parte oscura es la cantera de la peña, que sobresalía de la calle y sobre la que se levantaba el resto de la barda, por lo que no tenía estabilidad. En algún momento entre 1910 y 1970, la barda debió derrumbarse y ya no la levantaron, la vieja casa, estaba sobre la cantera, a más de un metro sobre el nivel del arroyo. Por tal razón, cuando se demolió la casa y se urbanizó la calle, quedó una banqueta tan alta como se ve actualmente.

El segundo detalle es a la izquierda, una casa forma un pequeño recodo. Todavía me tocó verlo. La razón de él, es que las casas se construyeron entre la parte baja y lateral de las Peñitas y seguían originalmente los contornos de las rocas. Ya en mis tiempos, la casa se modernizó y se alineó la fachada, hoy es, creo una casa de huéspedes y por la razón anterior, no es perpendicular a la calle, sino que de la fachada avanza en forma diagonal hacia el fondo.

La gran cantidad de árboles que la fotografía registra eran un recuerdo reciente que tenían los habitantes en mi niñez. Los más jóvenes habían sido plantados en una campaña realizada a finales de la década de 1870, aunque había anteriores. La mayoría del arbolado que se observa en la fotografía sobrevivió hasta al menos 1965. Murieron o fueron cortados  entre ese año y 1969. Estos árboles tenían un sistema de riego a través de pequeños canales de piedra de río, alimentados por un pozo que se encontraba metros arriba, en la Cuesta y surtía a todos, incluso los de la parte baja. Personalmente todavía vi partes de ese canal, que terminaba en la Acequia, afuera de la huerta de la Viña. Fue tapado cuando se hicieron las banquetas modernas, a fines de los setentas.

La mayoría de esos árboles eran fresnos, solo en la esquina de Reforma había un par de eucaliptos. De los que se ven en la fotografía, creo que si son los mismos, solo quedaba en mí infancia el cuarto de la fila derecha, iniciando de la parte alta, una especie de fresno llamado "paraíso" del que su fruto eran unas bolas del tamaño de una canica, e igual de duros, lo que los hacía ideales como parque para resorteras. El pozo había dejado de surtir de agua aproximadamente en 1955 y por eso los árboles no crecieron más. No se secaron inmediatamente porque en tiempos de lluvia  obtenían agua suficiente. Muchas veces jugué arriba del ya para entonces solitario árbol, más grande de cómo se ve en la fotografía. Fue talado, aún vivo en la década de 1980.

Otro detalle que hace reconocible la fotografía, es que casi en el centro, al fondo de la calle se observa la fachada de la huerta de la viña, cuya barda, de su altura normal ascendía a los pilares que enmarcaban su reja con emplomados. Afuera de esa huerta, aunque no se observa por la lejanía, pasaba al descubierto la acequia, que salía a la calle luego de atravesar la parte trasera de las casas de Melchor Ocampo. La humedad de la acequia permitía, afuera de la huerta, el sostenimiento de cuatro fresnos, estos sí gigantescos. Quizá de varios siglos de antigüedad. Cuando yo era niño, cayó de viejo uno afuera del # 4 de la calle y aunque por entonces mucha gente cocinaba con leña, tardaron años en acabarlo.

Aparte de los fresnos gigantes, en la  fotografía se observa que toda la parte baja tenía árboles. Para 1980, solo sobrevivía uno, afuera de la casa marcada con el 10 negro. (No es error, así decía su placa de numeración, que para mayor confusión, era de color blanco) Este árbol sobrevivió hasta el año pasado, 2016, cuando ya seco, fue talado. 
(Ver La muerte de un gigante)

Entre las décadas de 1970 y 1980, los árboles gigantes afuera de la Viña fueron muriendo por la falta de Humedad, la acequia había sido entubada  y clausurada. Según según mi bisabuela sirvieron para colgar personas durante la revolución, es decir solo unos cuantos años después de tomada la fotografía. Ya secos, frecuentemente dejaban caer ramas, por lo que el municipio, siempre previsor, decidió talarlos. Tras la pérdida del arbolado, algunos vecinos plantaron casuarinas y jacarandas que no sobrevivieron.

El suelo de la calle se observa aún de tierra, con piedras sueltas al inicio de la cuesta. En 1969 se empedró la parte inclinada y  una década después la parte baja.  El pavimento en ambas es de los ochentas.

Al fondo se ve una alta pared blanca, es la de la huerta que estaba antes de la construcción del hotel Jalisco, en la calle de Allende, a su lado derecho, una ventana. Tras 107 años de captada la imagen, piedra tras piedra, tronco tras tronco, esa pequeña ventana es lo único que queda de la majestuosidad captada. La modernidad tiene su precio.
2017

Fotografía 2.- La calle de Cóporo.

Una fotografía muy similar a otra ya conocida de la década de 1920. Esta, de 1910 nos muestra que las  casas son casi las mismas de la actualidad,  solo que entonces eran de techo de teja, de un agua y se han modernizado, otras se sustituyeron completamente por modernas construcciones.

1910
El cambio más visible de la calle está en que entonces tenía árboles en ambas aceras y se ve aquí el canal de riego construido con piedra bola de río que describí en la Plazuela. Se ven recién plantados los árboles, creo que ninguno prosperó, esta calle casi no tenía capa vegetal, la cantera de las Peñitas está casi al ras y tiene rellenos de pedacería de la misma. En mi niñez había algunas jacarandas y coníferas  que tampoco existen ya. Al fondo destaca la capilla del Calvario y las casas en el escalón de las Peñitas.

En la derecha de la fotografía se observa la barda antigua de la casa que hace esquina con la Plazuela Guadalupe Victoria. En ella vivía en mis tiempos la familia Flores. (Entre ellos el Periodista Alfredo Flores). Se observa en el lado derecho una chimenea que estaba instalada en la casa que antecedió a la que se conoce como de “las Poquianchis”, tristemente célebre. Nadie recuerda de qué era la chimenea, debió ser de un molino o bomba de agua. Como detalle curioso, un vecino se asomó justo cuando se hacía la toma, en la bocacalle de la actual Melchor Ocampo, viendo al sur.
2017

Fotografía 3. El Panteón de la Santa Veracruz.

Esta fotografía fue tomada desde la huerta de la Viña, hacia las Peñitas, al oriente.

1910
Ignoro si para 1910 ya existía la barda que dividía esa huerta y la del Molino o todavía eran una sola. Si fue lo primero, la toma se hizo exactamente en esa  barda. Extrañamente, a pesar de que el Bulevar Hidalgo, trazado en medio de ambas huertas hoy es una zona comercial con grandes edificios, todavía fue posible tomar una fotografía reciente en el mismo sitio de la antigua. Ya no conocí toda la barda, había sido derrumbada en 1969 para el trazo del Bulevard, pero sí los extremos que quedaron a sendos lados, por eso puedo afirmarlo.

Describo la fotografía desde la parte inferior.
Inicia una parte plana en la que casi no se cultivaban árboles (se ven algunos dispersos) por ser suelo arenoso, hoy es la calle mencionada y exactamente al frente está un estacionamiento subterráneo. La mayoría de frutales no aparecen en la toma, estarían al extremo izquierdo, rodeando la fuente y la glorieta.

En la parte media estaba el límite de la huerta con las casas de la calle de Cóporo. No había ahí barda, la acequia del pueblo, que se puede distinguir como una doble línea blanca en la imagen, entre los carrizos y un desnivel de dos metros dividía la huerta, en la parte baja y las casas, en lo alto.

Se pueden distinguir algunas puertas traseras de esas casas, convenientemente ubicadas para tomar agua de la acequia. Al centro y a la izquierda se observa una edificación grande, es la casa antecedente de la de las Poquianchis que ya mencioné, no se alcanza a ver la chimenea.
2017
En la parte superior se observa el Panteón de la Santa Veracruz en su estado original. Sigue casi intacto, solo se le han agregado recientemente la parte que lo une a la Iglesia del Calvario donde se encuentra la sala del Museo de la Muerte y los servicios sanitarios del mismo.

Esquema personal, tomado del libro La acequia del Pueblo. Extensión de la huerta de la viña en 1968,  La línea punteada marca el trazo del Boulevard Hidalgo, el punto azul, el lugar donde se tomaron ambas fotografías.
La huerta de la viña, dividida en dos predios por el trazo del B. Hidalgo en 1969 , sobrevivió una década más. Su entrada, en la Plazuela Guadalupe Victoria, hoy es la Plaza comercial los Faroles.


El chichimeca al servicio de la comunidad.

Sobre el barrio en particular, hay información aún más detallada en mi libro “la Acequia del pueblo” por ser edición particular no está a la venta, pero pueden consultarlo en la Biblioteca Pública, en el Portal del Diezmo o en el Archivo Histórico Municipal, en el mismo edificio.

Si desean leer más al respecto en el blog: pueden consultar los siguientes enlaces, dando clic en temas relativos al Calvario, la Plazuela, la huerta, sus habitantes etc. :








Y sobre mi libro..


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La fotografía número dos aquí descrita, recientemente fue dada a conocer  por la página de los vecinos de San Juan del Río en el tiempo, creo que no interfiero con ellos, y ni modo de quitarla, ya que es parte fundamental de esta entrada por abarcar 3 de los extremos de mi barrio de la infancia.
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ACTUALIZACIÓN

Y hablando del barrio…

Ya sé que no me la van a creer, pero resulta que en pasada entrada, relaté una anécdota de un habitante de la Calle Reforma, don Marcos. No puse fotografía por carecer de ella. Resulta que en el libro San Juan del Río. 500 años, aparecido en junio pasado, está una fotografía de José Velázquez, precisamente de esa calle y aunque no puedo asegurarlo por completo, parece que los ahí retratados, son don Marcos y Rubén, los protagonistas. Si no lo son, la ilustran muy bien, incluso están precisamente afuera de donde tenía su frutería.

Ver en este Blog:   Ruben y el último duelo

martes, 27 de septiembre de 2016

La cruz arbórea de la Ermita del barrio del Calvario


La cruz arbórea de la Ermita del barrio del Calvario


La otra cruz arbórea

Anteriormente me había referido y dado detalles de la majestuosa cruz de troncos del cerro de la Cruz y su peculiar historia.

(Ver aquí:  La cruz arbórea )

En aquel momento hice la relación entre ese estilo del símbolo cristiano, las llamadas cruces arbóreas, con la encontrada por Santa Helena, es decir aquella donde fue crucificado Jesucristo y que a decir de sus contemporáneos, era un tronco al que le habían cortado las ramas. Por su significado, se le conoció como la cruz verdadera o la vera Cruz.

La ubicada en el cerro de la Cruz, por su tamaño, sería la más imponente de ese tipo, pero existen algunas más diseminadas en la ciudad.

Hoy presento a Ustedes, la Cruz Arbórea de la Ermita.

La Ermita es un pequeño edificio religioso ubicado en la acera oriente de la calle 2 de abril entre Fernando de Tapia y Mariano Jiménez. Por tradición oral, en el barrio donde se encuentra, las personas mayores indicaban que era parte de una serie que marcaba los límites del viejo pueblo, ya que antes, decían, en ese lugar, terminaba el pueblo. En lo personal, creo que la tradición oral entremezcló algunos conceptos que trataré de aclarar, esto en el entendido de que como muchos aspectos de nuestro pasado, se carece de la documentación respectiva.

Lo que vemos actualmente, es una ermita construida para marcar una de las estaciones del Víacrucis de semana santa, lo que se confirma con el cuadro que preside lo que sería el altar. Por su tipo de construcción y materiales, es del siglo XIX.
Por su estado actual, más bien parece un humilladero, es decir una construcción precisamente pequeña, para hacer que la gente bajara la vista para hacer sus oraciones, aunque originalmente no lo era tanto.

Tomando en cuenta la tradición oral, que indica que señalaba un límite, se pudiera inferir que en ese lugar se ubicó en los primeros años de la ciudad, lo que se llama “Cruz de marcaje”, es decir, un elemento religioso que indicaba el límite de un asentamiento indígena.

Por lo que he podido saber, casi exactamente en este lugar estaba el inicio original del barrio antiguo barrio del calvario, por lo cual ahí se habría colocado la señal del asentamiento.  Entre el camino Real y la ermita, solo había un territorio desolado y lleno de rocas, no atractivo en su momento para asentamientos humanos. La poca población de este barrio, indígenas, se asentaba en las partes altas del mismo, es decir al sur de la misma calle dos de abril y en los alrededores de la Capilla del Calvario.

Modificado del Plano de Ignacio Pérez, el barrio del Calvario o pueblo Nuevo
Modificado de Google 2015, elementos aquí mencionados, incluida la zona llamada "Pueblo Nuevo"
El terreno erial mencionado, básicamente las dos aceras de las dos cuadras de la calle Mariano Jiménez,  que estaban formadas con cantera, al paso de los años, por la utilización de ese material en las construcciones de la población  fue suavizándose y en el siglo XVIII, con el aumento demográfico, los indígenas lo ocuparon también para viviendas. Este asentamiento se llamó “Pueblo Nuevo” y se integró al barrio adyacente, que desde entonces ostentó los dos nombres: “Pueblo Nuevo o el Calvario”.

Seguramente para proteger la cruz de marcaje, entre las nuevas construcciones, se instauró una capilla de Indios, estas eran auspiciadas por algún personaje con recursos, para el uso de su familia y los vecinos. Generalmente sus fiestas eran sostenidas por un legado económico, dejado por otro bienhechor. Al paso de los años, al diluirse el legado, la fiesta era sostenida por los vecinos y beneficiados o se perdía para siempre.

Se tienen noticias que el Víacrucis de Semana Santa se efectúa por esta calle desde el siglo XVI, por lo cual la existencia de la primigenia cruz de marcaje y la capilla de Indios posterior determinó que se les tuviera por seña para determinar aquí una de las estaciones del recorrido, como ocurre hasta nuestros días.

Diluidas las familias indígenas y los posibles legados, la capilla persistió como espacio público y seguramente por estar muy deteriorada, se efectuó en ella una remodelación o reconstrucción, resultando lo que desde entonces se le llamó “la Ermita”  que es casi lo que vemos en la actualidad.
Fachada completa de la ermita. Fotografía personal.

Ignoro si aún tiene una dedicación o festividad especial, recuerdo vagamente que de niños nos llevaban algunos días a rezar ahí. Pero nadie se acuerda porqué.

Ya he relatado que todo el barrio, incluidas las calles Reforma, Mariano Jiménez, Pino Suárez, 2 de abril, el callejón de la Santa Veracruz  e increíblemente, el terreno ocupado por el Centro Histórico y Cultural, están edificados sobre la continuación de “las Peñitas” es decir, sobre un banco de cantera  morena, oculto hoy por el asfalto y el empedrado, pero que determinó la forma caprichosa de las calles y los hoy extraños altibajos de sus fachadas, entradas y banquetas.

La ermita, igual que sus construcciones vecinas se edificó a una altura de aproximadamente un metro sobre el nivel de la calle, sobre la cantera viva.

Actualmente su tamaño minúsculo, nos hace confundirla con un humilladero, pero resulta que lo que hoy vemos es un acomodo reciente, a fines de la década de 1960, al realizar el municipio, la urbanización de la calle donde se encuentra y las aledañas, edificó las altas banquetas que le caracterizan, cortando y quitando las aristas de cantera que por todos lados tenía.
Fotografía de José Velázquez. Tomada del libro San Juan del río 500 años. La ermita en su tamaño original, solo le faltaba el pequeño atrio

Fotografía personal, la misma calle, la misma toma... media ermita.

La ermita en esos mismos años, llegaba casi a mitad de la calle, por lo que el municipio, siempre previsor, decidió que algún día iba a estorbar y decidió sin más, ¡Recortarla!  Y así, su fachada terminó más o menos dos metros atrás. La altura a la que estaba se conservó, pero anteriormente, tenía una escalerita de acceso, que también estorbaba y fue eliminada.

Modificado de fotografía aérea de 1970 del DETENAL, en rojo, la Ermita ya recortada.
Curiosamente, me dicen mis padres, que vivieron en esa década en la calle, alrededor de la fachada y encerrando la escalera de acceso, la ermita tenía un minúsculo atrio de piedra, apenas de un metro de alto. En beneficio del municipio, diré que ese atrio no lo tiraron ellos porque ya se había caído para la fecha de modernización de la calle.

Lo único rescatable de la acción fue que la fachada original se conservó, pero los elementos que contenía la ermita se arremolinaron en menos de la mitad de su espacio original, por eso se observa un interior algo amontonado. En el proceso de "retroceso", se perdió la artística peana del frente y seguramente la cruz.

Fotografía personal. El minúsculo altar.
Supongo que la cruz exterior original de la ermita se perdió en el recorte y la que en la actualidad se ve es más reciente, pero en su interior, igualmente sin datación, existe otra de las cruces arbóreas que se conservan en la ciudad. Contiene todos sus elementos, las ramas cortadas, los clavos de la pasión, el rótulo, solo falta saber su historia.

Como muy seguido me pasa, de muchos aspectos de la historia reciente de la ciudad, tengo información y capacidad para escribirla, pero me faltan elementos para  ilustrar lo narrado. Para esta entrada se dio la afortunada casualidad de que en el recientemente aparecido libro “San Juan del Río, 500 años” apareciera una fotografía de Don José Velázquez con la toma de la ermita y el entorno original  de la calle, incluida la cantera y el deslavado arroyo.
Pintura del altar interior. Estación del Viacrucis, imagen borrosa por estar cubierta con un plástico muy viejo


La arbórea del barrio de la Cruz

La arbórea de la Ermita
En el libro no está fechada y en la página de los vecinos, que fueron los primeros que la publicaron, tampoco dan fecha exacta, pero me dicen mis informantes que muy probablemente es de 1969, por ciertas construcciones que en los alrededores se observan, por el ya no tener el mini atrio y que en ese año se empedró la calle. (Décadas antes ya había tenido empedrado, pero la falta de mantenimiento y las lluvias lo habían deslavado casi todo en esa sección)

La fotografía además tiene otros dos elementos que sirven para sendas entradas, uno muy visible y otro completamente oculto, si los hallan me los dicen o esperen a su publicación.

domingo, 13 de septiembre de 2015

El Jardín de las familias, las mil caras de un espacio público



ANTECEDENTES
Existe, en pleno centro de la ciudad de San Juan del Río, sobre su calle principal, un gran espacio abierto, que incluye un templo, casas y edificios coloniales, además de una plaza  llamada Jardín de la Familia. (aunque la mayoría le llama popularmente “el jardín del Santuario”) Por encontrarse en la zona de mayor movilidad en todos los tiempos, ha sufrido grandes transformaciones, algunas necesarias, otras completamente banales. Trataré de relatar algunas, entremezclando la historia oficial, con datos de investigaciones personales.

Los primeros documentos que mencionan lo que sería este espacio, datan de fines del siglo XVI, cuando ya se hallaban plenamente establecidos tanto el Camino Real como el pueblo de San Juan del Río.
En razón de que el camino atravesaba  en medio del pequeño asentamiento, al costado de él, se estableció la administración virreinal, en lo que se llamó Casas Consistoriales, que constaban de oficinas, cárcel y lo más importante en esa etapa, el juzgado Registros.
Aunque por esos años, algunos españoles comenzaron a vivir en el pueblo, este era esencialmente de indios, con autoridades propias pero sin jurisdicción sobre los actos de los viajeros que por aquí transitaban. Por ello fue necesario nombrar funcionarios que calificaran y registraran el paso de viajeros y establecieran aranceles para sus mercancías y ganado.

LAS CASAS CONSISTORIALES, AUGE Y OCASO
El Juzgado de Registros era de vital importancia en esa época, dado que por no estar completamente colonizados los territorios del norte del virreinato, todos los animales que necesitaban para su subsistencia, debían ser transportados desde el centro del país, que ya contaba con una incipiente ganadería, capaz de exportar sobre todo a los fundos mineros de Zacatecas y Guanajuato, los animales de carga, tiro y alimentación, de tal manera que en el pequeño poblado, establecido el Juzgado, todos los hatos le eran presentados obligatoriamente para su revisión y legalización. Así, durante muchos años, el Juez de Registros fue el funcionario más importante del pueblo.

El edificio administrativo se estableció en la orilla sur del camino Real, en un amplio espacio originalmente propiedad de los Indios, quienes lo cedieron para el fin señalado. Ocupaba, la mitad de la manzana hoy delimitada por las calles Reforma, Avenida Juárez, Guadalupe Victoria y Allende, solo la mitad que daba al lado del camino, la parte trasera era muy irregular por estar ahí la continuación de las Peñas del Calvario.

El camino Real, desde lo que hoy conocemos como la Curva, y hasta la calle 16 de septiembre,  era más amplio en su lado sur de lo que en la actualidad es la Av. Juárez por ser también terreno rocoso e irregular, poco propicio para viviendas y dado que se necesitaba un gran espacio para albergar los hatos de ganado, a veces miles de cabezas, que debían esperar turno para el registro, el terreno desocupado, se llenaba con ellos, lo que lo mantuvo baldío durante muchos años. Aunque el juzgado tenía corrales propios, muchas veces debieron ser insuficientes.

Con el paso de las décadas, habiéndose colonizado gran parte del territorio norte del virreinato, se establecieron ahí ganaderías locales que autoabastecieron las necesidades de dichos lugares, disminuyó paulatinamente el volumen de ganado que por San Juan del Río pasaba. El Juzgado de registro siguió funcionando, pero su importancia decayó y se limitaba a supervisar los envíos de ganado local, de y a los lugares circunvecinos.


Esquema personal, indica los elementos mencionados
Las Casas Consistoriales se conservaron para las nuevas autoridades que el aumento de españoles en el pueblo requerían, llamándose ahora Prefectura, y para la revisión de carruajes y viajeros, hasta entrado el siglo XVIII, cuando se traslada esta función a lo que conocemos como Casa de las diligencias, metros adelante sobre el mismo Camino Real.

El edificio continuó ocupado por algunas oficinas y la cárcel, función que mantuvo hasta finales del siglo XX. Con muchas remodelaciones, es esencialmente lo que hoy conocemos como Centro Histórico y Cultural, que alberga oficinas municipales de Cultura, Biblioteca y un Museo. El resto, donde debieron ubicarse los corrales y otras dependencias, se convirtió en un Mesón, llamado en sus última épocas, "de San Pablo", demolido en la década de 1970 para la construcción del moderno hotel y locales comerciales que se ven actualmente.

El ancho camino Real, en la parte mencionada como baldía, fue retomado, seguramente por el aumento de la población, en algún momento del siglo XVIII, por los indios del barrio del Calvario, inmediato al sur del camino, estableciendo una línea de casas que dio origen a la hoy la calle Mariano Jiménez, antes "de San Antonio".  Este asentamiento, de apenas tres pequeñas cuadras, se llamó de “Pueblo Nuevo”. Pertenecía territorialmente al barrio del Calvario. En algún momento, ambos nombres se fusionaron y el barrio completo era llamado con cualquiera de los dos nombres.

SACRISTAN QUE VENDE CERA Y NO TIENE CERERÍA, ¿DE DONDE LA SACARÍA?

En un terreno del Pueblo Nuevo, cercano a las oficinas y cárcel, vivían unos hermanos de apellido García Sánchez. En 1817, uno de ellos, arriero, había traído del Santuario del Sacromonte de Ameca (en el hoy estado de México) una estampa que se decía era muy milagrosa y la obsequió a su hermana Antonia Paulina. La estampa en cuestión le fue pedida por la familia Varela para el restablecimiento de la  salud de una de ellas, lo cual ocurrió y se hicieron constantes los pedidos de la estampa para tales efectos y por sus efectivos resultados se estableció una devoción local al Señor del Sacromonte de Ameca. Habiendo restablecido la salud incluso de algunos sacerdotes, se le construyó un nicho de madera fina, y se arregló el jacal de los García, donde posaba la estampa cuando no andaba en funciones sanadoras. Cerca de 1821 se construyó una capilla y poco después, en 1826 los García obtuvieron licencia para establecer un templo, que se construiría con las limosnas que se recolectaban en la capilla.

Los hermanos cambiaron sus trabajos para dedicarse completamente a la administración de las limosnas para la construcción, en el terreno inmediato a su vivienda y las antiguas oficinas y cárcel. Se dice que también cambió su economía, de simples zapateros, habitantes de un jacal, a llevar una vida “regalada y cómoda”. Como las limosnas continuaban y el templo no se terminaba, se les embargaron sus bienes y merced a un litigio, se les concedió conservar una casa en la calle de la Estación y  fue así que la construcción pudo terminarse.
El nuevo templo fue bendecido en noviembre de 1831, con grandes y solemnes festividades, organizadas y patrocinadas por las autoridades civiles y eclesiásticas. Incluyendo la asistencia del gobernador del estado, seguidas de 9 días de fiestas profanas que incluyeron fuegos artificiales, tapadas de gallos y corridas de toros, en una plaza acondicionada al frente del templo. (Para toda esta sección me basé en Ayala, 1981, pp. 148 a 151)  

DE PLAZUELA DEL SACROMONTE A “JARDÍN DEL SANTUARIO”

Esta fotografía parece ser la más antigua conocida de la entonces  llamada Plazuela del Sacromonte, pueden observarse las columnas o pilastras blancas que delimitaban el área a principios del siglo XX. Fotografía tomada de los calendarios de la CANACO, crédito a quien corresponda. Se fecha en tales años por ya contar con la fuente pública y la caja de agua, igualmente por la fecha debe ser de Crisanto Álvarez, pero no tengo seguridad plena.

De esta manera, el pueblo, apenas a una década de su vida independiente, construye su último templo “colonial” o el primero "mexicano". Se le llamó Templo del Señor del Sacromonte, aunque la gente común, por provenir la estampa del Santuario de Ameca,  le llamó  también a este, “El Santuario” y en consecuencia, el espacio abierto al frente se llamó Plazuela del Sacromonte. 

Sin datos acerca de si siempre se hacían en ese lugar, por lo menos desde su construcción y hasta la década de 1850, esa plazuela era ocupada por la población indígena para realizar algunas de sus festividades. Con el mestizaje poblacional, estas manifestaciones culturales se fueron perdiendo, como la etnia y su predominio demográfico.

Fotografía personal, Jardín de la familia, época actual, durante la última remodelación.
El templo constó desde el inicio con un pequeño atrio y la Plazuela, delimitada por pilares. La extensión de esta plaza, de apenas unos 30 metros al frente del templo, se pobló de árboles. Parecía, a finales del siglo XIX, que continuaría así por siempre. No lo fue, vendrían las transformaciones que lo llevarían a convertirse en la actualidad en el “Jardín de las Familias”.  (No es error, oficialmente se llama Jardín de la familia, al final se verá porqué ahora se pluraliza)

Fotografía personal, Puerta lateral, del templo del Sacromonte, difícil de tomar ya que la reja del atrio en ese lado siempre está cerrada, por lo que a pesar de estar a dos metros de la calle es desconocida para muchos.

CONTINUARÁ...
Para mayor información relacionada, dar clic en los siguientes vínculos de este mismo blog:

domingo, 10 de mayo de 2015

Los viejos Barrios de San Juan del Río 1

Los barrios



Seguramente desde la indefinida fecha de la fundación de San Juan del Río como pueblo de Indios, a mediados del siglo XVI, sus habitantes tuvieron una división territorial interna para facilitar las tareas políticas, administrativas y religiosa. 

Siendo la mayoría de esos habitantes, otomíes procedentes de Jilotepec, reprodujeron en el nuevo fundo los usos y costumbres de su lugar de origen. Contra lo que se cree, los otomíes, siendo de los pueblos más antiguos del altiplano, compartían con los demás lo que se llama “cultura mesoamericana” que entre otros aspectos comprende la organización político-administrativo-territorial en barrios.

El barrio, o Calpulli entre los pueblos mesoamericanos se refería a una unidad que implicaba varios elementos:

-Una porción de territorio que incluía las tierras de cultivo y la sección de vivienda.

-Un grupo de habitantes unidos por lazos familiares, de oficio o creencias particulares o religiosas.
-Una línea de mando única, que dependía de otra superior, es decir un jefe local.
Desconociendo, por la falta de documentos contemporáneos a la fundación, desde cuándo el pueblo de San Juan del Río contó con división en barrios, supongo que si no lo fue desde el principio, por los avatares que tuvo en sus primeros años, sin lugar a dudas, fue a partir del siglo XVII cuando esta división se dio, por dos razones fundamentales:
a)  Para ese entonces ya existe el gobierno indígena, a través de una república de Indios propia ( Antes dependía de la República de Indios de Jilotepec)
b) El establecimiento de una Parroquia local, que aunque lo fue desde finales del siglo XVI, su estructura y feligreses eran mínimos. La iglesia alentaba la división por barrios para efectos de culto y fiestas.
Al establecerse el pueblo, todo lo que hoy es el Centro Histórico, estaba constituido por los sembradíos de los indios  y entre ellos  las chozas en que los habitaban, en un asentamiento disperso que tras la llegada de españoles y el aumento de la población indígena, inició la urbanización dentro de las parcelas y se comenzaron a delimitar caminos y calles al interior.
No se sabe con certeza, como se estableció aquí la división territorial de los barrios, seguramente fue por afinidad de los habitantes, parentescos, propiedades, etc.  y se tomaba algún arroyo, calle, parcela, algún accidente orográfico para establecer los límites. aunque no hay un mapa antiguo que los defina  en la época colonial temprana, parece que todos los habitantes conocían perfectamente a qué barrio pertenecían y así lo consignan en los documentos antiguos. Hoy, con la urbanización es difícil establecerlos con claridad.
La descripción de los barrios la hace Rafael Ayala, en su libro “San Juan del Río, Geografía e Historia” tomada literal, del informe del Subdelegado Pedro Martínez de Salazar y Pacheco, presentado al Virrey Revillagigedo. Dicha información data del año de 1793, es decir, casi al final del virreinato y no da muchos detalles, aunque tiene la ventaja de señalar algunos puntos conocidos que me permitieron elaborar el mapa de los barrios que presento y no existía hasta hoy.

Portada del informe de 1793. Menciona los Barrios
Está elaborado de acuerdo a los datos arriba mencionados, plasmados sobre el mapa de Ignacio Pérez, de finales del siglo XIX, por ser el más detallado para este tipo de trabajos. (Existe un plano de la fecha del informe, 1793, pero la copia que tengo de él no es muy clara) Aunque hay un siglo de diferencia entre los datos y el plano usado, aclaro que la ciudad no creció  en ese lapso.


Este primer intento de mapa, no pretendo sea el definitivo, hay límites de barrios que no están claros y aunque el pueblo estuvo inicialmente bien delimitado, desde fechas muy tempranas, dentro de él se introdujeron terrenos de las haciendas aledañas, por lo que no se puede determinar, en algunos casos, sus límites  y  qué tierras de labor  eran del pueblo o de haciendas.
Elaboración personal sobre el mapa de Ignacio Pérez. Los colores delimitan los antiguos Barrios. 

La conformación de los barrios, como casi toda la cultura indígena se fue perdiendo a partir de la desaparición de la Republica de Indios, con la Independencia nacional y la venta de las tierras comunales a particulares, a veces indios, pero las más a mestizos y blancos. Para 1864, la ciudad ya estaba dividida en cuarteles, una forma más precisa, en manzanas y calles pero que acabó con la identidad y pertenencia que daba a los habitantes el ser de un barrio.
A partir de esta entrada, haré la descripción de los barrios, sus límites, sus características aclarando que inicialmente eran todos de habitantes indios y que la inclusión de españoles les dio características especiales con el transcurso de los siglos.

Los barrios que componían el pueblo,  de acuerdo al informe de 1793 eran los siguientes:

San Miguel
La Concepción
El Calvario
San Marcos
San Juan
San Isidro
El espíritu Santo

Barrio del Calvario  (hoy solo referiré éste)


Detalle del plano de Ignacio Pérez. El color marrón Indica la extensión del Barrio del Calvario (4)


Dice Ayala: “Terminando el Barrio de la Concepción le sigue el del Calvario, con largo de de seis manzanas de poniente a oriente, hasta la salida del camino que va a México, rematando en unos pilares que mandó poner el Subdelegado para adornar la entrada del camino al pueblo. Tiene en su circunferencia catorce manzanas y hay calles en este barrio que se llaman de Pueblo Nuevo, Tomando por esta circunstancia, el nombre de Pueblo Nuevo.”


Este barrio iniciaría actualmente, en la esquina de Allende y Av. Juárez, seguiría por la acera sur de la misma hasta el B. Juárez, casi para llegar a la carretera a Tequisquiapan, donde estaba la salida a México, un edificio llamado la Garita y los pilares mencionados. Ahí colindaba con la Hacienda de San Cayetano, que comprendía parte de la hoy Colonia Juárez, la empresa Kimberly Clark, Infonavit Pedregoso y la Colonia San Cayetano. El barrio continuaba en diagonal al sur para llegar a lo que hoy es Panamericana y bordeando las Peñitas, bajaba de ellas detrás del Fraccionamiento el Molino, encontrándose con la Acequia, casi en el B. Hidalgo. Era el límite con la huerta Grande, parte del Mayorazgo de la Llave, Igual que Guadalupe de las Peñas. Desde ese punto, hacia el norte, la acequia lo separaba del Barrio de la Concepción y continuaba por detrás de las casas al poniente de la calle de Melchor Ocampo, hasta su salida en la Plazuela Guadalupe Victoria, donde  regresaba al punto inicial.
 
Imagen de Google Earth. El Barrio del Calvario.
Otros aspectos importantes del Barrio:


Es una de las zonas de la actual ciudad, habitada desde la época prehispánica. En la parte superior de las Peñitas, hoy debajo de la Escuela “Rafael Ayala” se encuentran los vestigios del asentamiento del Clásico y hubo restos de esta cultura y algunas posteriores incluso en la calle Melchor Ocampo.

El Barrio, desde el inicio del pueblo tuvo habitantes, aunque pocos, junto al cerro del Calvario, por su irregular terreno. Con el paso de los siglos, al ocuparse el centro por españoles, los indios se relegaron a las afueras, sobre todo aquí, trazando nuevas calles, en lugares hasta entonces no ocupados, por lo cual se le llamaba también “Pueblo Nuevo.”
La calle Melchor Ocampo, anteriormente se llamaba “Cóporo”, palabra tarasca que significa “junto al Camino grande,” esto por ser parte del camino Real a México en sus etapas iniciales. Continuaba por Guadalupe de las Peñas, el Rodeo y San Sebastián de las Barrancas. De ahí el nombre.
En  terrenos del Barrio, se permitió en el siglo XVI establecer el edificio del gobierno virreinal, que comprendía el Juzgado de Registros y la Cárcel. (Lo que hoy es el Centro Histórico y Cultural)

Debajo de las Peñitas, junto a la Acequia, estaban algunas de las tierras comunales de la República de Indios, por la facilidad del riego, sembradas con hortalizas, por ellos mismos o rentadas.  Los ingresos obtenidos se utilizaban para  sostenimiento de la iglesia. Al terminar esos terrenos, llamados, el Triángulo, el Carrizal y Bodó, en lo que hoy es la Plazuela Guadalupe Victoria, antes llamada “Plazuela de los Trabajos”, realizaban trabajos relacionados con la agricultura, ganadería y Jarcería.

Finalmente diré que desde tiempos muy tempranos del pueblo, aprovechando la pendiente de la actual calle 2 de abril, en ella se ubicó una capilla llamada del Calvario, lo que le dio nombre al cerro donde está ubicada y en consecuencia al Barrio, donde e se escenifica hasta hoy, en Semana Santa, la Pasión de Cristo. Detrás de esta iglesia, existió un pequeño panteón de indios, cuyo terreno, ya en la época independiente, fue utilizado para la construcción del Panteón de la Santa Veracruz, actual Museo de la Muerte.