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lunes, 13 de mayo de 2019

LA DOBLE RESURRECCIÓN DE UN ASENTAMIENTO.


LA DOBLE RESURRECCIÓN DE UN ASENTAMIENTO.

(Quinta entrega del especial dedicado a la Estancia, San Juan del Río)

Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. El cuarto del niño Manuel, inmediato al último arco de la fachada.
Contaba en la pasada entrada, dedicada al parador turístico de la presa Constitución de 1917 en la Estancia, que su particular playa crecía y disminuía según el nivel de agua y en años especialmente secos es muy amplia, aunque a diferencia de las verdaderas, no contiene arena, sino tierra que a lo largo de los años ha descendido desde la pequeña loma que limita la presa en su lado oriente o ha sido arrastrada al lecho de la presa.

No es una tierra cualquiera, observándola detenidamente se puede ver que es negra, es decir, proviene de lugares que fueron labrados desde hace muchos siglos, incluso milpas prehispánicas ya que contiene innumerable pedacería de barro de cerámica.
Este detalle nos recuerda que, aquí existió un asentamiento al menos desde la era teotihuacana, sobre el que se construyó la vieja hacienda y el actual poblado, del que no hay registros de su extensión, pero debió ser muy grande ya que se puede andar kilómetros por la orilla y no dejan de aparecer los restos. Son muy pequeños, difícilmente hay dos que embonen o al menos se parezcan, haciendo suponer incluso que son de segunda mano, es decir, desperdicios o asientos de la actividad humana utilizados posteriormente para rellenar estructuras o alinear parcelas, o bien que las milpas de la época colonial se ubicaron sobre esos elementos, lo que podría explicar su casi pulverización. A demás se han localizado piezas completas en distintas zonas de la comunidad tales como recipientes, figuras flautas e incluso yugos de piedra.

Este resurgimiento esporádico del asentamiento prehispánico parece decirnos que no olvidemos la grandeza de un lugar que al menos tiene 1500 años habitado. A su manera la Estancia prehispánica sale a la luz.

Fotografía INAH La excavación de 1958.

Como zona arqueológica, el lugar fue excavado en el año de 1958 por el arqueólogo Roberto Gallegos quien dictaminó su ascendencia teotihuacana. Solo se conoce una fotografía de su trabajo en el que se observan esqueletos, y objetos de cerámica en un foso cuya localización hoy es difícil, pero se puede ver que hay una barda moderna y un poste.

La estancia colonial también resurge

Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. La  fachada de la hacienda.

Fotografía personal, casi la misma zona, compare la silueta de los cerros.
En los iguales años de secas, la orilla oriental reserva otra sorpresa; entre la misma tierra y el lodo que se forma al contacto con la línea de agua, aparecen, salpicando la superficie líquida, montones de piedras. De inicio no parece tener sentido este coqueteo entre líquido y sólido, pero a veces el nivel desciende tanto que los montones empiezan a formar alineaciones, muros y estructuras, incluso se adivinan los perímetros de algunos espacios.

Fotografía personal.  Los restos de la capilla,  al extremo norte de la hacienda.
Y sí, es el casco de la hacienda de la Estancia Grande, resistiéndose también a que el lodo y el olvido sepulten su esplendor dejando ver que lo que resurge es la parte superior de los muros de la Casa grande, perfectamente unidos a pesar de su adverso destino.  Desgraciadamente el lodo que se ha sedimentado no permite ver la parte baja, porque se pudieran buscar los arcos de la fachada o delimitar algunas habitaciones y, ¿por qué no hasta aquella donde fue velado el recordado patrón.

Con algo de imaginación, se puede situar la hacienda revisando las pocas fotografías que de ella se conocen y una descripción escrita de lo que fue hace un siglo y que hoy parece una esquela se sus restos:

 “Según Campos Loyola (1979) la hacienda fue construida en 1646, con cantera azul de los lechos del río Galindo y la Hache, que al inicio de la finca se unían formando el Caracol, que pasaba detrás de ella.
La construcción era estilo colonial y su fachada tenía hasta la mitad un portal con 7 arcos de medio punto.
El zaguán en el portal daba a un patio cuadrangular atravesado por una galería de arcos, a su derecha estaba un despacho y habitaciones con ventanas que daban a la fachada fuera del portal, a la izquierda, estaban las oficinas y al fondo la sala, el comedor y lo que había sido capilla.
Al exterior, por el lado sur estaba la tienda de Raya y al frente de la fachada un jardín en cuyo lado sur había una troje rectangular que abarcaba desde la entrada de la hacienda hasta los arcos de la fachada y conectaba con otro patio y con las caballerizas y el río.


Al norte del jardín y contigua al casco estaba la capilla principal, dedicada a la virgen de Guadalupe, acabada en junio de 1664. El casco estaba limitado por el norte y el oriente por una cerca perimetral de piedra pegada con lodo. Al poniente y el sur el río Caracol era su límite. “(Extractos del libro de Chávez Araujo, 2014)

  
Por mala suerte, entre las fotografías de los restos que tomé no hay una toma frontal exacta del lugar donde la vieja fotografía marca su ubicación, pero por la silueta de los cerros detrás, podemos darnos una idea aproximada.

Fotografía personal. ¿La troje del sur?
    
Fotografía personal. ¿el área central?


Fotografía personal. Por su ubicación, esto son los restos de la barda perimetral al oriente.

Fotografía personal. ¿La troje del sur? otra toma

Fotografía personal.  La zona de restos de la orilla oriental de la presa.
  
En torno a la hacienda, las avenidas de los ríos rodeaban algunas secciones formando lo que los lugareños llamaban “las islas”, parece ser que la finca, de por sí en un lugar prominente en el entorno, tenía además distintos niveles, es difícil afirmarlo pero hace pensar que fue construida sobre montículos prehispánicos, que por su antigüedad, ya ni siquiera tenían estructuras visibles y con cuyas piedras se formaron los muros de la hacienda y su barda perimetral, cada vez es más difícil de comprobar lo anterior y aunque en 50 años únicamente se ha derrumbado la parte superior, y se ha ido el lodo que las unía, las piedras siguen ahí aunque exactamente sobre sus restos pasa la corriente de agua cuando se abre la compuerta, lo que ha acelerado el deterioro, en otras condiciones, aún bajo el agua se hubieran conservado más.

De sus interiores, solo hay testimonio en la película Santo contra las lobas, pero por su ambiente oscuro, solo se puede adivinar algunas secciones, tomé las más representativas, aunque hay muchas otras, todas con la misma debilidad de luz, son de la época en que dejó de ser cuartel.



Fotograma de Santo vs las lobas,  desde el portal de la fachada, la vieja plaza, a la derecha está lo que supongo era el monumento a la bandera.

Fotograma de Santo vs las lobas, desde el campanario, la vieja plaza.

En el año 20111, el nivel de agua bajó tanto que fue posible caminar hasta el centro de la presa y se pudo observar algunos detalles. Tomo las fotografías tomadas por Benny Roque Nieto, compartidas en la página de Face de la Palapa El Acapulquito, quien desafortunadamente no captó o detalles de la hacienda, pero sí de la parte sur,  como en un paisaje lunar, aparece el viejo cauce de alguno de los ríos (no pude determinar si era el Galindo, la Hache o ya cuando se unían formando el Caracol) Es impresionante ver que a pesar de décadas sumergido, sigue conservando su trayecto y restos de algunos de los sabinos que lo flanqueaban. 

Los tres ríos eran de cauce muy pequeño, solo en época de lluvias crecían, pero hay relatos de que había gran cantidad de esos árboles. Puede observarse también, el nivel del lodo sedimentado, que es de varios metros, bajo el cual deben estar restos de alguna de casas de los habitantes, que fueron reubicados al construirse la presa. Por la misma razón, no es posible localizar en las fotografías la zona que los lugareños llamaban “los tepetates” que era la única parte que no era sembrada o habitada en los alrededores. 
Fotografía de Benny Roque Nieto. La zona relatada, sin agua.


Fotografía de Benny Roque Nieto. En el viejo cauce del río, al fondo, la cortina de la presa, en el espejo de agua, el nivel original del piso, a los lados, el nivel de lodo sedimentado en 40 años, casi tapando lo que fue un sabino grande.

Fotografía de Benny Roque Nieto. La zona central, como paisaje lunar.

Fotografía de Benny Roque Nieto. Cádaver se un enorme sabino.

Fotografía tomada de internet, crédito a quien corresponda parece ser que es el mismo árbol, en otra perspectiva y en otra situación.
Las imágenes, sobre todo las que tienen los cadáveres de los árboles que se resisten a soltarse de sus raíces, igualmente muertas, hacen la metáfora de la hacienda, cuyos muros siguen unidos a sus cimientos y de vez en cuando se asoman al siglo XXI entre el agua y el lodo que rellenan sus espacios, igual que lo hace la Estancia prehispánica, paradójicamente en ese lodo de relleno, acrecentando su misterio y la desesperanza de todo lo que se perdió.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.

Este martes 14 de mayo, en el portal del Diezmo, presentación del libro UNA MIRADA AL MAGISTERIO QUERETANO, ahí nos vemos, chequen el programa del mes, por si algo les gusta..



miércoles, 24 de abril de 2019

ESPECIAL DE LA ESTANCIA 1


Única fotografía que se conoce de la fachada de la Casa Grande de la hacienda de la Estancia Grande, sin fecha pero debe ser anterior a 1969, tomada del libro Manuel J. Campos Loyola,  un apóstol del campesino, del autor Benito J. Campos


Creo que ya es repetitivo mi comentario de no contar con el tiempo que me gustaría dedicar a este espacio, sirva hoy para explicar que algunos temas que ya tengo trabajados se van rezagando así que cuando me es posible trato de sacar los más atrasados ya que algunos van perdiendo vigencia. Es el caso de algunos temas seriados que he ido acumulando sobre una localidad de San Juan del Río, que ahora inicio a publicar. Espero sean de su agrado.


Apuntes históricos a manera de introducción.

Imagen Tomada de Google  Earth 2019  al centro, la presa  Constitución de 1917.  En un Perfecto Triángulo, arriba a la derecha, la Estancia, abajo a la izquierda, Galindo, abajo a la derecha, el Rosario. Durante cuatro siglos fueron haciendas, hoy modernas localidades.  Justo Junto a la actual Estancia. Hoy dentro de la presa, la  Estancia Grande. 
  
Apenas a 10 km al poniente de la cabecera municipal de San Juan del Río, existe una comunidad de gran importancia por haber tenido, guardadas las proporciones, un génesis y desarrollo paralelos incluso históricamente ya que casi al mismo tiempo que documentalmente aparecen las primeras menciones del pueblo de San Juan durante el siglo XVI, también lo hace el lugar que hoy nos ocupa, como un sitio agrícola que hasta hace pocos años conservaba su esencia rural, hoy, en pleno desarrollo urbano, es una de las localidades más grandes del municipio, pero no deja de tener una rica historia.

EN LA OSCURIDAD DE LOS TIEMPOS

Las primeras menciones del lugar hablan de él como la “Estancia de …” (al cambiar de propietario, su apellido completaba el nombre) en algún momento entre el siglo XVII y XVIII “La Estancia Grande” que conservaría como hacienda hasta mediados del siglo XX cuando desaparece (o casi) el poblado de nombre “la Estancia", aunque derivado de esa hacienda y asentado en sus antiguos terrenos, tiene hoy una ubicación cercana a lo que fue el núcleo de la hacienda.

En el siglo de inicio, la denominación “Estancia” equivalía a un sitio casi despoblado, aunque con alguna actividad. Iniciaba a través de una merced de tierras (especie de permiso para utilizarla) otorgado a un español que la destinaba a alguna actividad primaria. En el terreno se elegía el más adecuado para estar los trabajadores, aunque solo fuera de manera temporal y por eso se les llamaba estancias. Dichos lugares podían tener actividad ganadera, minera o agrícola, como fue el caso de la que hoy nos ocupa. Por lo anterior, las instalaciones que tenían estas estancias eran muy básicas y no alcanzaron nunca el tamaño y refinamiento de las que desde un inicio fueron haciendas (Igualmente, el significado antiguo de este término se refería a los lugares donde se “hacia” algo, generalmente con los insumos traídos de las estancias. Las mercedes de tierras, es decir el permiso para usarlas, fueron cambiadas posteriormente, otorgando la propiedad a sus poseedores.

Por su importancia, algunas estancias tornaron luego en haciendas, como lo fue la hoy relatada, que terminó como Hacienda de la Estancia Grande.

Imagen tomada del libro Mercedes Reales en Querétaro, de Juan Ricardo Jiménez Gómez. En 1584, otra vez en perfecto triángulo, las tres localidades mencionadas, sin presa.

Aunque mucha gente ubica a la Estancia como un segregado de la hacienda de la Llave, en realidad no es así, como tampoco lo fue la vecina hacienda de Galindo y todo viene de una de esas distorsiones históricas que la gente y muchos historiadores toman como cierta y que trataré de explicar.

LOS JARAMILLOS (O XARAMILLO, EN LA ESCRITURA ANTIGUA)

En la década de 1520, consumada la conquista, Hernán Cortés otorga a su soldado Juan Jaramillo Salvatierra, esposo de “La Malinche” la Encomienda de Jilotepec, lo que significaba que tenía para su servicio el trabajo gratis de los habitantes indios de la demarcación. Para aprovechar la mano de obra, solicita varias mercedes de tierra que le son concedidas, entre ellas lo que después sería la Llave. Al morir Jaramillo, la viuda Beatriz de Andrada, nuevamente casada, aumenta las propiedades y forma en conjunto con otras de familiares el mayorazgo de la Llave, para que no pudieran ser enajenadas por separado.

Pero resulta que la Malinche y Juan Jaramillo habían tenido una hija, María, que a través de su esposo Luis de Quesada inicia un juicio peleando la mitad de la Encomienda, le fue otorgado al final, un tercio. A través de contratos y arreglos entre las dos familias parece que recibió algunas tierras en las inmediaciones de La Estancia y Galindo. Por estos datos ciertos, se originó la leyenda posterior falsa de que Cortés le regaló la última a la Malinche, y que eran parte de la Llave, pero no se refieren al grueso de los terrenos de las dos mencionadas haciendas, solo a algunos límites. El verdadero origen de las haciendas de Galindo, la Hache y la Estancia es el siguiente.

La historia como siempre, enlaza nombres lugares y personajes de modos que se van olvidando y convirtiendo en leyendas, en la época que sucede, todo es claro, pero al paso de los años se va disolviendo y los pocos datos sueltos que persisten para las generaciones posteriores alimentan la leyenda.

El encomendero de Jilotepec, esposo de la Malinche y soldado de Cortés que acabamos de mencionar, tuvo como nombre completo Juan Jaramillo Salvatierra, pero tuvo un sobrino, que no había intervenido en la conquista. Resulta que ese sobrino tenía el mismo nombre, Juan Jaramillo, para distinguirlos en sus tiempos, este fue llamado “el Joven” y al tío “el Viejo”

Juan Jaramillo el Joven también obtuvo mercedes de tierras en la zona, que a su muerte pasaron a sus hijas y como se estilaba en aquellos tiempos, fueron administradas por sus maridos.

El Joven acumuló en su vida gran cantidad de tierras, que, ya como propiedad en 1588, fueron divididas por sus hijas Ana y Beatriz Xaramillo. Estas fracciones son lo que posteriormente fueron tres poderosas haciendas sanjuanenses de la H, Galindo y la Estancia.

Por el nombre del esposo de Ana Xaramillo, Diego de Villapadierna, consignado en algunos mapas antiguos, sabemos que es este el origen de la Estancia.

La extraña confluencia de datos parecidos, es lo que ha dado lugar a la confusión  y la leyenda: La existencia de dos Juan Jaramillo, el que el Viejo fuera esposo de la malinche, el apellido Xaramillo del tío, la hija y el sobrino, el juicio, la cercanía con la Llave, el hecho que una hija del Joven se llamara igual que la esposa del Viejo, que la esposa del Joven fuera familiar de la esposa del Viejo, que aunque los esposos sean solo administradores, y las mujeres las dueñas casi nunca se les menciona etc., dio lugar a las confusiones hasta entre los historiadores, más en la gente del pueblo, que ante el olvido de datos trascendentales, optó por  la leyenda, pero la Estancia nunca perteneció a la Llave, Cortés nunca le regaló una hacienda a la Malinche, porque en los años en que vivieron los protagonistas iniciales, estos lugares solo eran estancias, etc. etc.

EL LUGAR

Los terrenos que conformaron la Estancia, por su ubicación privilegiada contribuyeron a acrecentar su importancia durante toda la era colonial, convirtiéndola rápidamente en hacienda.

Sus límites eran, al norte, la hacienda de la Lave, luego fraccionada en otras, al sur, la Hacienda de Galindo, al este, la hacienda de la Hache (hoy El Rosario) y al oeste, las haciendas de Lira y San Clemente. Incluía como ubicaciones periféricas la Cuadrilla de Enmedio, el rancho las Palomas o las Palomitas, hoy Senegal de las palomas y otro rancho más o menos ubicado donde hoy es la comunidad moderna.


El casco estaba situado cerca de la confluencia de los ríos Galindo y la Hache, que unidos y con corriente permanente, discurrían en un leve descenso por el grueso de las tierras de cultivo ya con el nombre de el Caracol, lo que permitió, a través de bordos y pequeñas presas, que gran parte de ellas tuvieran riego la mayor parte del año.

OTRO PASADO OLVIDADO

La ubicación privilegiada del sitio no había pasado desapercibida para los habitantes prehispánicos de la región, en toda la zona hay evidencias al menos de un asentamiento teotihuacano que por la extensión de los vestigios debió de ser muy grande, digo al menos porque pudo haber otros anteriores o posteriores a esa cultura, en toda el área circundante hay innumerables vestigios a flor de tierra, de cerámica y obsidiana y artefactos completos en poder de los modernos habitantes.

Incluso, creo por no haber depósitos de roca cercanos, el casco de lo que fue la hacienda debió hacerse con los restos de edificaciones prehispánicas. (a pesar de la abundancia de restos, no se ha localizado ningún edificio, lo que pudiera indicar que estuvieron ahí) Igualmente se desconoce si el asentamiento de este lugar fue parte de la también teotihuacana ciudad de el Rosario (la antigua hacienda de la Hache, que al menos por unos siglos eclipsó al Cerro de la Cruz, origen del san juan actual) donde si hay edificios o fueron desarrollos aparte. Creo que jamás se sabrá por lo que se narrará a continuación.


LOS CAMINOS, LAS PERSONAS.

Mapa de  la zona de San Juan del Río de finales del siglo XIX o principios del XX. Tomada de Internet, crédito a quien corresponda. La línea Roja doble, marca el primer camino carretero, la línea roja normal, el viejo camino, que de la cabecera, pasando por la  H (hoy el Rosario) pasaba por la Estancia  rumbo a Galindo y a Huimilpan.

Como estancia y después como hacienda, su importancia es evidente cuando nos damos cuenta de que todos los caminos siempre pasaron a su lado, desde el viejo camino prehispánico, que, del Barrio de la Cruz en San Juan del Río, pasaba por el Rosario, llegaba aquí y se dirigía a Huimilpan para terminar en el Pueblito y después a Querétaro. El nuevo camino Real desde aquí tomó su trayectoria por Pedro Escobedo, directo a Querétaro. Llegado el tiempo, también pasaron el primer camino moderno, la primera carretera pavimentadas, la carretera Panamericana y la autopista México – Querétaro. De todas fue testigo el cercano casco de la hacienda que nunca fue faustoso como algunos de sus vecinos, más bien utilitaria, pero incluía una iglesia del siglo XVII. Hoy ya no hay cruce de miradas entre los viajeros y la hacienda. En la década de 1970 la presa Constitución de 1917 la anegó bajo sus aguas, junto a muchas de sus parcelas, la zona arqueológica y la vieja capilla, que era uno de los templos más antiguos del municipio y del estado.

Fotografía tomada desde la casa grande a la antigua capilla, sin fecha pero debe ser anterior a 1969, tomada del libro  Manuel J. Campos Loyola,  un apóstol del campesino, del autor Benito J. Campos. Hasta poco antes de su hundimiento, dio servicio a la comunidad
Tuvo muchos propietarios, todos de renombre, era necesario gran poder económico para serlo, incluso hay todavía quienes juran haber visto en sus patios a Diego Fernández de Ceballos, cuando su padre estuvo al frente de ella en la década de los cuarentas. A Partir de entonces, se abandonaron las actividades agrícolas y el casco cayó en deterioro

Pocos años antes de su hundimiento, la Casa Grande se había convertido en  un cuartel, que al elevarse las aguas se trasladó al oriente de la presa, a un costado de lo que hoy es el núcleo habitacional del moderno poblado de la Estancia, con acceso por el Kilómetro 170 de la Autopista México Querétaro.
De inicio, la población del cuartel competía en número con la localidad, fiel a sus orígenes, los soldados están ahí atendiendo, además de sus deberes castrenses, una granja avícola y lechera y viven en las mismas instalaciones en un conjunto habitacional con sus familias.

La confluencia en la década de los setentas del siglo pasado, de los dos núcleos habitacionales, dió al lugar características propias, conformando la actual idiosincracia de los habitantes, algunas de las cuales trataré de incluir en las siguientes entradas.


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, la torre y algunas instalaciones, al fondo, dentro del vaso, los puntos negros marcan el viejo curso del Río, son los cadáveres de centenarios Sabinos que estaban en sus márgenes.

Hay en el blog, más entradas relacionadas, si le interesa el tema puede dar clic en los siguientes enlaces. 


La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe

Hombres lobo en San Juan del río...



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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Hay un libro, de reciente edición, de un originario de la Estancia, J. Luz Chávez Araujo, que trata muchos aspectos de la localidad además de los históricos, todavía se puede conseguir  con la Señora María Jaramillo Vega, en domicilio conocido en  ese mismo lugar.  No tomé datos de él, porque ya tenía armada esa entrada, pero es por demás interesante por la gran cantidad de temas locales que aborda.  

Creo que hay muchos lectores del blog en la comunidad, una de las entradas relativas a él, está en las más vistas.





viernes, 22 de enero de 2016

La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe.



Contrariamente a lo que se dice de las conocidas haciendas sanjuanenses de Galindo y la Estancia, en las pocas evidencias documentales tempranas que de ellas hay, no tienen relación directa alguna con la leyenda popular que las indican como propiedad de la famosa Malinche, sobre todo la primera, que se dice fue un regalo para ella de Hernán Cortés.
En realidad, en vida de la Malinche dichas propiedades no existían, incluso, creo que ni siquiera para mediados del siglo XVI.

Estoy completando un estudio sobre ambas, difícil de poner en este espacio por la gran cantidad de referencias bibliográficas y documentales que la respaldan.  Todo parece indicar que, incluso a finales del siglo XVI, dichos lugares solo eran  “estancias” es decir tierras de cultivo. La denominación de “Hacienda” como unidad productiva compleja en territorio queretano no existió sino hasta mediados del siglo XVII. Así que Cortés no pudo haber regalado ninguna “hacienda” a nadie.

La Malinche, en efecto, sí fue esposa de Juan Jaramillo Salvatierra encomendero de Jilotepec, incluido en este, la zona del actual San Juan del Río. Cabe mencionar que la figura de la Encomienda no otorgaba posesión de tierras, sino el tributo de los indios de la zona encomendada, a través de trabajo personal. Así, aunque se dice también que por ser encomendero, Jaramillo fue dueño de grandes extensiones de tierras, eso no fue cierto, ya que para ello debía solicitar “Mercedes” es decir permisos para explotar la tierra, que se concedían por extensiones grandes pero acotadas, no hay posibilidad alguna que Jaramillo haya podido obtener una merced que abarcara la Llave, la Estancia y Galindo juntas.

La leyenda parece provenir de que en algún momento, a mediados del siglo relatado, también se conceden en la zona mercedes de tierras a Luis de Quesada, esposo de María Jaramillo, la hija de La Malinche y Juan Jaramillo. (Quien en juicio había peleado y ganado a Beatriz de Andrada, segunda esposa de Jaramillo, la tercera parte de la encomienda, aclarando de nuevo que lo que obtuvo fue la tercera parte del trabajo de los indios, no de tierras)  Incluso también intervino el hijo de María y Luis; Pedro de Quesada y el hecho de ser ellos esposo e hijo de la Malinche parece ser el origen de la leyenda.

Hay otro personaje poco conocido, Juan Jaramillo “el Joven” que fue un sobrino del otro llamado Igual, que se conoció como “el viejo” quien también obtuvo  mercedes de tierras al oeste de San Juan del Río.  Los descendientes de Quesada y Jaramillo el Joven, a través de matrimonios consolidaron las dos propiedades y en algún momento se convierten en las dos haciendas mencionadas al principio.
Los mapas antiguos de San Juan del Río, en la década de 1580 identifican plenamente ambas propiedades.

La “Estancia” de Alonso Pérez de Bocanegra sería la posterior Galindo.

La “Estancia”  de Álvaro de Horca sería la después la Estancia Grande.

De esta última, ya como hacienda hay muchas referencias históricas que espero abundar más adelante. Con el mismo nombre llegó al siglo XX y su casco, aunque no original, se conservó casi hasta  la década de 1970, cuando siendo ya propiedad del gobierno federal, se decide construir en sus alrededores una presa, que poco tardó en inundar el edificio y las pocas tierras aledañas que conservaba tras el reparto agrario.

Geográficamente, su ubicación era privilegiada. Se constituyó su fundo en la confluencia de dos ríos de corriente permanente. El de la “H” Y el "Galindo", lo que le permitió desde tiempos de la colonia, la posibilidad de tener grandes extensiones de tierras de riego, a través de canales, bordos e incluso presas, aunque nunca de la extensión de la actual “Constitución de 1917”.

La ubicación del lugar desde tiempos prehispánicos atrajo incluso a los Teotihuacanos, que constituyeron en los alrededores dos centros urbanos de consideración, uno llamado el Rosario, a unos tres kilómetros al sur y otro, ubicado en los alrededores de la antigua hacienda. (Por carecer de información no puedo asegurarlo, pero parece ser que el casco de la hacienda estuvo sobre las antiguas edificaciones teotihuacanas) Por estar hoy debajo de las aguas casi todos los restos de la zona arqueológica, será difícil confirmarlo, así como la filiación de los habitantes originales, previos a la oleada imperial teotihuacana)

Para la época de su inmersión, la hacienda conservaba todas sus instalaciones completas, incluso una capilla construida a mediados del siglo XVII.
Por su altura, al irse llenando la nueva presa con las aguas de los dos ríos mencionados, la capilla fue el último resto visible de la hacienda. Incluso, llena a su máxima capacidad, la solitaria torre sobresalía entre las aguas hasta fines de la década de 1980 y en temporadas de sequía incluso se podían observar restos de la “Casa Grande”. Desafortunadamente, por estar las viejas instalaciones cerca de las compuertas, la corriente generada al abrirlas las erosionó y actualmente no es visible nada completo.

Cuentan, sobre todo los asistentes al “Acapulquito”, en la orilla oriental de la presa, que todavía en años recientes el viento permitía ver entre las olas al menos la sombra de la vieja torre, no se sí sería cierto, o producto de la ingesta de bebidas espirituosas que se consumen en el popular sitio.

Recuerdo que la primera vez que visité el lugar de niño, la torre aun  se veía perfectamente, casi no había sufrido deterioros y destacaban los decorados de cantera morena entre las paredes de piedra.

Por estar construida casi a la vera del viejo camino Real, esta hacienda vio pasar a los más ilustres visitantes de todas las épocas. Apenas a unos metros debajo de esa torre, pasó toda la historia nacional. Cuántos de nuestros héroes no tomarían un descanso dentro de ella para meditar sus acciones, quizá lo pensado en su interior  cambió nuestro destino como país. Nunca lo sabremos. El colonial monumento, hoy bajo las aguas continua su lenta pero inexorable erosión. Es difícil imaginar el dolor de algunos de los viejos habitantes, que ante la inminente inundación, arrancaron de la capilla, tres siglos después de que sus antepasados la habían colocado, la piedra que marcaba la fecha de construcción como el único recuerdo que algún día tendrían de ella, para trasladarla a la capilla del nuevo poblado donde fueron reubicados. Dice la inscripción:   "Se acabó a fin del mes de junio de 1664"

   Presento a Ustedes algunas imágenes que pude localizar:




Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1960. Parte de la Hacienda y la torre de la Capilla.


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, el ángulo contrario. La torre y algunas instalaciones.
Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, los troncos marcan el antiguo trayecto del río..


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, al fondo, la otra legendaria hacienda: Galindo.


Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1980.  La torre aún completa. 

Fotografía de la década de 1990. La corriente ya había hecho estragos.


Este fotograma me la enviaron. Solo sé que procede de un video de Internet. Seguramente es reciente, quizá la última vez que se vio algo de la torre, al fondo la compuerta de la presa. Crédito a quien corresponda.

 

NOTA DE LA REDACCIÓN: ( Mayo de 2019)  Esta entrada es una de las más leídas del blog, pero hay más información relativa en las siguientes entradas, por si quieren  abundar, dar clic en:

Hombres lobos en San Juan del Río

Especial de la Estancia 1

La alucinante plaza de la Estancia

Un culto insólito en la Estancia

El Acapulco de tierra adentro

La doble resurrección de un asentamiento

Había una vez una capilla

EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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El libro de la Estancia es de edición particular, se llama: La Estancia, San Juan del Río Querétaro, de la hacienda a la modernidad.
Se puede adquirir solo en la comunidad de la Estancia, con familiares del autor.  Ya lo había mencionado en esta entrada:
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Para los foráneos: El "Acapulquito" es una extraña zona de restaurantes ubicada a la orilla de la presa, iniciada por los pescadores locales pero que expende (o expendía, ya no sé, porque tiene un largo historial de clausuras, reaperturas, cierres, reubicaciones y hasta inundaciones) toda clase de comidas, sobre todo mariscos. Sin embargo, su atractivo no es (o no  era...) el culinario, sino el ambiente generado por los grupos musicales y el entorno... acuático?
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Otra especie de héroe, el mismísimo Santo, el Enmascarado de Plata, también hizo de las suyas en esta hacienda, interesados, pueden verlo en la siguiente entrada.
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 El día 29 a las 19 hay otra conferencia en el portal del Diezmo, sobre mapas antiguos, seguramente se hablará de los aquí mencionados y algunos más modernos, también aquí mencionados. Ahí nos vemos.
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Sin palabras, ayer. Solo gracias y dense sus vueltas.

miércoles, 28 de octubre de 2015

El extraño retorno de la historia Sanjuanense.


Como se habrán dado cuenta quienes frecuentan este blog, es recurrente mi queja por la escasa bibliografía sobre la historia de San Juan del Río. He dado cuenta a través de varias entradas de lo difícil que es encontrar datos sobre los hechos de nuestro pasado. Ello se debe a que por alguna razón, casi no hubo escritores de historia en la ciudad en todos sus siglos de existencia. Por ello, además de las escasas obras formales, solo es posible basarse en fuentes indirectas para intentar reconstruir algunos hechos o etapas de la ciudad.

También he sostenido que a partir de la publicación de la obra de don Rafael Ayala en 1971, por la contundencia que tuvo el hecho de hacer aparecer casi de la nada, una historia completa sobre nuestra ciudad,  ya casi nadie intentó escribir al respecto.
Entre los objetivos de este blog, está dar a conocer los a veces aislados intentos de los igualmente esporádicos escritores que contaron de nuestro pasado, en futuras entradas intentaré reseñar todas las obras que al respecto se han publicado, como un reconocimiento, a lo mejor tardío, en algunos casos póstumo, a esos a veces desconocidos escritores que en unas cuantas líneas o en obras completas,  nos legaron la visión de su tiempo y sus hechos. Por lo pronto, como inicio, comparto a Ustedes un detalle que a lo mejor para la mayoría ha pasado desapercibido: hay un extraño resurgimiento de la  Historia Sanjuanense, extraño porque no se ha dado a partir de un proyecto común, extraño porque se ha dado casi exclusivamente a partir de esfuerzos particulares y aislados pero da pie a la siguiente entrada:

El extraño retorno de la historia Sanjuanense

Por mi afición a leer y coleccionar libros de historia de Querétaro, (no habiendo de San Juan) ya me había dado cuenta, sobre todo en las obras editadas por diversas dependencias gubernamentales, que los datos relativos a San Juan del Río iban en aumento, esto en razón de que cada vez son más los profesionales que hurgan en los diversos archivos de la capital, sobre todo el Histórico del estado, datos aislados, pero que poco a poco han ido conformando un nuevo corpus documental, valioso para aquellos que de manera si no profesional, si por lo menos constante, hacemos uso de ellos.

A partir de la presente década, aparecen nada menos que 6 libros exclusivos enteramente de la historia local, lo que constituye el máximo récord en todos los tiempos, nunca se han conjuntado tantos en tan poco espacio, cinco años, lo que nos da un promedio de más de uno por año, cantidad risible en otros lugares, en el caso nuestro, abundante.

Aclarando que estando todos en la biblioteca personal, personalmente los he leído y por tanto, me siento en condiciones de recomendar todos, aunque existe otro problema para quienes quieren adquirirlo: tampoco hay un lugar o dependencia apropiado para su venta, son ediciones particulares o muy escasas, sin embargo, para un caza libros como su servidor, con un poco de esfuerzo se pueden obtener.

Aquí un pequeño esbozo de las seis recientes obras de historia local, que dan inicio a un,  esperamos permanente, resurgimiento. Presento de todos sus datos técnicos, una breve reseña y lo que a mi juicio es lo más importante del contenido.

 Un espacio para la muerte, Arqueología funeraria en San Juan del Río, Querétaro.

Autor: Fernando González Zozaya, 2009.

Aunque fue editado en el 2009, este libro apareció en librerías por allá del 2011, por ser de carácter técnico, casi no tuvo difusión y por lo mismo es muy difícil de conseguir.
Se centra en diversos estudios arqueológicos realizados por el autor en el barrio y cerro de la Cruz, en la década pasada, concentrados en un volumen de 132 páginas, que incluye debates técnicos entre colegas.

Sin tomar en cuenta lo puramente técnico, el autor hace un acercamiento a las prácticas funerarias en el lugar, durante todas sus etapas. Por haber realizado muchas entrevistas con los habitantes, aparecen esporádicamente importantes datos de la historia reciente del lugar.
A mi entender, lo más valioso del libro es la reconstrucción que hace de las habitaciones comunes, debajo y al poniente del cerro de la Cruz, donde se dieron de manera secundaria algunos de los últimos entierros. Aunque no lo menciona, es probable que la edificación que él reconstruye virtualmente, se trate del puesto defensivo que en la localidad instalaron los aztecas en el siglo XVI, aprovechando los restos de habitaciones de otras épocas. Igual, opino, que ese pequeño sitio, fue el llamado Iztacchichimeca, de su nombre original no hay registros.


 El Rosario, Querétaro, un enclave Teotihuacano en el centro Norte.

Este libro forma parte de una serie sobre diversos temas de la historia del estado, llamada “Tiempo y Región” este es el volumen cuatro, cuyo contenido exclusivo, a diferencia de los otros, que son compilaciones, es únicamente dedicado al tema de la zona arqueológica del Rosario.  En 358 páginas los autores Juan Carlos Saint CharleS Zetina, Carlos Viramontes y Fiorella Fenoglio nos marcan todos los aspectos de la para muchos desconocida zona arqueológica del poniente del municipio, solo rivalizada por el Barrio de la Cruz y la hoy acuática de la Estancia.

Dado que esta serie era auspiciada por el Municipio de Querétaro, durante las ceremonias de presentación se regalaban al público y los restantes igualmente en las oficinas municipales, no hay posibilidad de adquirirla ya.

Aunque el sitio ya había sido estudiado desde 1958, y siempre hubo el conocimiento de que había restos arqueológicos monumentales,  poca importancia se le dio, hasta que una lluvia en 2009 dejó al descubierto un fragmento de pintura mural. Es entonces que se hicieron esfuerzos para que un par de años después se explorara el sitio, resultando ser un asentamiento teotihuacano, el único plenamente documentado fuera del valle de México, en el que hay pintura mural fuera de la metrópoli. El sitio fue publicitado mucho a nivel local y no tardó en ser rebautizado como “Teotihuajuan”. Recientemente se consolidaron los muros que contienen los murales y su nombre oficial es “el lugar de los cuchillos curvos”.

El libro es un compendio de todo lo relativo al sitio, sus etapas, su material, su lítica, sus murales, y los artefactos encontrados durante la exploración. Aunque es técnico, no se crea que es aburrido, ya que se complementa con fotografías, esquemas, reconstrucciones.
A nivel personal considero como importante todo el cúmulo de información que se da sobre el sitio gracias a que, a pesar de que no lo parecía, en el amontonamiento de piedras que incluso llegó a considerarse natural y conocido como “la cueva del diablo” se guardaron restos de todas sus etapas de construcción y las evidencias de sus habitantes.

Si logran conseguirlo, no dejen de leer  "el Muro de los Grafitos", para que vean que la práctica de pintarrajear paredes no es tan moderna como se cree.

Sitios Históricos y monumentos antiguos de San Juan del Río, un acercamiento a  los documentos del Archivo Histórico Municipal.
María del Mar Santana Calderón.


Técnicamente no es un libro, sino una recopilación de fichas de importantes documentos contenidos en el Archivo Histórico Municipal. Presentado en 2012.
Su formato pequeño lo hace muy manejable, en 108 páginas, la autora nos presenta la relación entre los monumentos históricos y algunos documentos relativos.

Aunque la esencia del libro son los documentos, la selección que de ellos se presenta, hace amena la lectura, con algunas observaciones. En algunos casos, el contenido nos corrige algunas creencias infundadas sobre nuestra historia, que de tan repetidas pensamos que fueron reales.
La autora, encargada del Archivo Histórico municipal, agrega al final algunas de las fantásticas fotografías antiguas que en tal acervo se conservan, algunas inéditas y el número de registro del INAH como monumento, de los edificios mencionados en el texto.

El libro todavía hace poco estaba a la venta en las oficinas del archivo, por un módico precio, podrán adquirirlo, y de pasada obtener la firma de la autora.


LA ACEQUIA DEL PUEBLO.

A pesar del kilométrico título que contiene la portada: San Juan del Río, Crónicas del Pueblo que perdimos, La acequia del Pueblo, serie arqueología de barrio, Vol. 1, el de arriba es el nombre legal con el que fue registrado.

Dado que es de mi autoría, no haré juicios sobre él, corresponde a los lectores hacerlos. Es una edición particular, producto de una investigación de más de 7 años, escrito como una meta personal. Solo comentaré que trata sobre la historia, recorrido y vestigios del canal de riego que desde el siglo XVI determinó la fisonomía de nuestra actual ciudad, incluyendo datos relacionados con ella durante más de cuatro siglos. Incluye además un apartado sobre datos novedosos de la fundación, los antiguos nombres y habitantes.

Si no lo has hecho, puedes leer una sinopsis del contenido dando clic en el siguiente enlace:
presentacion-de-un-libro-mio

El libro fue obsequiado en la presentación del mismo, a todos los asistentes, no fue editado para venta comercial, solo guardo algunos ejemplares para intercambio por otros libros relativos. Puede consultarse en el Archivo Histórico Municipal y la Biblioteca, en el edificio del Centro Histórico y cultural.

 La Estancia, San Juan del Río Querétaro, de la hacienda a la modernidad.


Sin ningún conocimiento o noticia, del autor ni de este libro, me lo encontré el presente año, en la biblioteca del Archivo Histórico Municipal. Es una edición particular, pero parece que el autor tiene familiares en dicha comunidad, con quien se puede adquirir. (investigaré y les informo)
De acuerdo a los datos de la solapa, el autor, J. Luz Chávez Araujo, originario de la comunidad de la Estancia, pero dedicado a actividades técnico agropecuarias, como docente e investigador en distintas partes de la república, en algún momento se decidió a publicar datos sobre su terruño que acumuló durante muchos años.

De tal manera, se nos presenta, en un fresco estilo, la descripción en todos los aspectos de este lugar, incluyendo desde la geografía, la historia, los usos y costumbres de un lugar, que en el paso de un siglo se transformó de una próspera hacienda, a la actual pujante comunidad, donde aún pervive el recuerdo del último patrón, Manuel J. Campos.

Por ser originario del lugar, fueron de fácil acceso a él, datos de los viejos habitantes, entretejiendo una ágil narración.

Por la importancia de una obra completa, dedicada a una de las comunidades más significativas en nuestra historia y en la actualidad, creo que el libro merece una presentación de manera pública en nuestra ciudad. La riqueza de los testimonios que presenta no es fácil de compilar, tomando en cuenta que abarcan más de un siglo. Ignoro si el autor la hizo en otro lugar. Solo es una sugerencia.

El Valle de San Juan del Río, Un palimpsesto arqueológico.

Para mayores datos sobre este libro  ver la anterior entrada, dando clic en el siguiente enlace.   el-palimpsesto-de-san-juan-del-rio
Con el extraño título, aparece un libro de arqueología, dedicado exclusivamente a nuestro municipio, bajo la coordinación de  Juan Carlos de Saint Charles Zetina.

Nos lleva, a través de distintos textos, primero a la conceptualización del espacio,  donde miles de años antes se dieron las correrías de los cazadores y recolectores nómadas, que después se establecerían de manera sedentaria aprovechando lo benigno del clima y la geografía del valle.

A diferencia de otros textos científicos, este por ser de divulgación, es de lectura ligera ya que los autores procuraron un lenguaje entendible para todos, conocedores o no del tema. Y va acompañado, por una gran cantidad de fotografías, descriptivas y de fondo, mapas, esquemas, tablas etc.

Así, de la mano o en este caso de la pluma de los colaboradores, vemos lugares y objetos que solo conocíamos de oídas, o en fotografías de mala calidad en periódicos, por tales características y la magnífica resolución gráfica, vemos hasta el mínimo detalle de los murales del Rosario, de las navajas de obsidiana, de las figurillas Chupícuaro y mucho más.

La intención, es darnos a conocer que en nuestro suelo subsisten, entremezclados, restos de  la actividad humana de muchas culturas, luego de la reseña de los primeros asentamientos, pequeños por naturaleza, nos llevan a las civilizaciones monumentales, como lo fueron el Cerro de la Cruz y el Rosario, a cuya caída, los centros ceremoniales se abandonan, sin que por ello decline la actividad humana en la zona, solo se fragmentó el poder, pero nunca dejó de existir, como nos muestran la cerámica y los petrograbados del epiclásico. Mención especial, merece un tema: los entierros ceremoniales en el cerro de la Cruz, cuando ya estaba abandonado como centro ceremonial, entierros de infantes, en un intento por sacralizar como suyo, un espacio que ya había sido sagrado por y para otros.

La temporalidad de los estudios llega hasta el post clásico tardío, con la igualmente tardía incursión azteca a lo que después sería nuestra ciudad, proseguida, apenas unas décadas después, por los españoles y sus auxiliares otomíes, que a través de su idioma y su cultura, formaron la última capa del monumental palimpesto, que es el valle circundante,  donde hoy nos asentamos y en el que, con un poco de cuidado podemos leer, a través de vestigios, lo que nos dejaron los cazadores recolectores, la cultura chupícuaro, los hombres de Cuicuilco, los Teotihuacanos, los Toltecas, Mexicas, otomíes, mestizos, y tantas y más capas, la última, la que estamos formando todos aquellos que vivimos, sufrimos y queremos a esta ciudad.

BONUS TRACK
Aunque no es de historia, también apareció en pasadas fechas, otro libro, que se incluye aquí porque refiere, a la obra de un artista, que aún en vida, ya es histórico, el pintor sanjuanense Restituto Rodríguez.
El libro, correctamente titulado Restituto Rodríguez, Surrealista, nos presenta, sobre todo en fotografías, una completa retrospectiva del internacional artista plástico.

Este libro todavía estaba a la venta hace poco en la capital del estado, por su volumen y ser gráficos de calidad, en colores y papel, este sí es caro, pero supongo que por lo mismo todavía se puede conseguir.

Concluyo, con la reflexión. ¿Se mantendrá este auge de publicaciones históricas? Ojalá sí.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Como idea para las nuevas autoridades culturales del municipio, ojalá se pueda hacer, en las mismas condiciones, una retrospectiva, de otro de los grandes pintores locales: Armando Otero, sobre todo referente a sus pinturas de lugares históricos, tal como los recuerda del pasado. Más ideas: que sean fotografías comparativas, por un lado la pintura y por otro la imagen actual.
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Dado que hace meses no me he presentado en las oficinas del Centro Histórico, desconozco si la Lic. Marimar continua al frente del Archivo, prometo este viernes que mi trabajo me da una tregua, asistir al lugar y comentar si los servicios que ofrecía y que he hecho públicos en este espacio continúan. El fin de semana daré noticias frescas, así cómo del libro de la Estancia.
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Supongo que habrán notado que en la última semana se ha mencionado muchas veces en todos los medios impresos, radiales y televisivos, tanto a nivel local como nacional el nombre de San Juan del Río. ¿Qué lo irán a hacer Pueblo Mágico?

Ora sí que resulta que de tanta mención se hizo realidad por unos días aquello de.
San Juan del río,
Capital del Mundo,
Ombligo del universo….