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sábado, 9 de enero de 2016

San Juan del Río en el códice Huichapan


Fragmento de la portada del facsímil del códice. 
ANTECEDENTES
En la poca evidencia documental que se tiene de los otomíes en la época precortesiana y colonial temprana -fundamentalmente los escritos de los aztecas y sus aliados- nos retrata a un pueblo “rústico, áspero, montaraz  y reacio a la civilización” cuya lengua era “ininteligible y tonal”. Los cronistas de la conquista, sin conocerlos, tomaron al pie de la letra el estereotipo y lo reprodujeron en sus obras.

La realidad siempre fue otra. Es cierto que en la época de la conquista, el pueblo otomí ya no tenía ciudades ni centros ceremoniales de importancia y residían en asentamientos dispersos sobre todo en las montañas al norte del estado de México, sin "policía” ni cultura, pero era una situación de apenas unos años antes cuando los aztecas, después de una guerra intermitente pero casi centenaria, los habían sometido al vasallaje de la Triple Alianza.
Siglos antes, habían poblado gran parte de los actuales estados del centro de la república. (Se les considera una de las culturas más antiguas del altiplano y hay quien los relaciona con los constructores de Teotihuacan)

Con la llegada de los grupos nahuas, su territorio poco a poco se vio acotado y quedaron varios grupos dispersos, aunque su núcleo se conservó en la región de Chapa de Mota y Jilotepec, donde habían tenido sus ciudades estado y conservaban centros ceremoniales de importancia, un gobierno establecido y un idioma estructurado. Compartían además todos los elementos de la cultura mesoamericana, incluido su panteón de dioses, calendarios ritual y agrícola además de una organización teocrática que incluía una élite sacerdotal y guerrera.
Todo ello fue arrasado por los aztecas y sus aliados, a fines del siglo XV y es entonces cuando  la población común se remonta a vivir en los sitios dispersos. Aunque conservaban sus gobernantes, estos no pasaban de ser unos recaudadores de los aztecas.

Aprovechando que el territorio otomí colindaba con el imperio tarasco, los aztecas explotaron una cualidad de sus vasallos: eran guerreros temibles, por lo que constituyeron varios pueblos como baluartes ante el posible avance de los purépechas, únicos enemigos que habían derrotado en batalla a los mexicas. Así, con esa función, se fortalecieron pueblos otomíes, como Jilotepec, Huichapan, Tecozautla y otros. Básicamente fueron el escudo del imperio azteca hacia el norte y occidente.

En esta situación los encontró la conquista, de tal manera que por no conocer los antecedentes, se fortaleció la leyenda negra otomí, que perduró hasta hace pocos años. Descubrimientos y estudios recientes han desenterrados algunos de sus antiguos centros y poco a poco se ha reconstruido algo de su cultura original, antes del choque violento con el imperio azteca, fortaleciendo su identidad como un imperio establecido y organizado, con manifestaciones culturales similares a sus contemporáneos. Incluso, en lo que se refiere a la escritura, compartían con los aztecas el sistema gráfico, que permitía leer sus códices en ambas lenguas. Desafortunadamente, casi todos sus escritos se han perdido. Sobreviven apenas algunos ejemplos, del periodo colonial, siendo el más importante el llamado “Códice Huichapan”.

EL CÓDICE
Está elaborado en papel europeo de la época colonial, escrito precisamente en el lugar que le da su nombre, en el estado de Hidalgo. Se desconoce en dónde estuvo hasta el siglo XX, cuando fue dado a conocer y rescatado por Alfonso caso de una colección particular.

Está compuesto por glifos profusamente coloridos y glosas escritas en otomí. Su autor fue  un indígena de esa etnia, Juan de San Francisco, en los inicios del siglo XVII.

Consta de varios apartados:
1.-  Los anales del convento de Huichapan.
2.-  Los glifos de los pueblos que componían la provincia de Huichapan.
3.-  La correspondencia entre los calendarios mesoamericanos y europeos.
4.-  La historia del señorío de Jilotepec desde 1423 hasta 1528.

Por estar escrito en otomí antiguo, a pesar del potencial que revelaban algunas pocas anotaciones que tiene en español y náhuatl, no hubo durante mucho tiempo un especialista capaz de traducirlo. Hace décadas, el estadounidense Lawrence Ecker, se dio a la tarea, pero su trabajo fue publicado póstumo hasta 1991.

La cuarta sección, revela mucho de lo que anoté al principio: Es una verdadera historia, a veces mítica, otras real, que nos describe la vida de ese importante y culto señorío, que tuvo la mala fortuna de encontrarse con los aztecas. En sus páginas se describen los nombres de sus pueblos, sus relaciones, guerras, las sequías, sus migraciones, sus fiestas y mucho más.  Incluso, aunque con un error de dos años, el códice consigna la llegada de los españoles y a partir de ahí, la historia y personajes, sobre todo gobernantes, encomenderos y religiosos que actuaron en los pueblos del señorío.

De porqué fue escrito en Huichapan, y no en Jilotepec, los especialistas suponen que a pesar de que en la época de la conquista, el señorío tuvo como cabecera Jilotepec, cuando fue elaborado el códice, Huichapan era el pueblo más importante por residir ahí las autoridades y juzgados. Igualmente suponen que por lo menos la última parte del Códice (la historia prehispánica del señorío) se copió de un códice anterior, seguramente al trasladarse ahí las autoridades indias lo llevaban y de ahí se copió, en alguna fecha posterior a 1632.

 Relación del códice con San Juan del Rio
Como referencia histórica, aunque no plena, por algunos errores  visibles, el códice sería una de las más tempranas de nuestra historia local. Recordemos que toda  la zona de San Juan del Río perteneció a la provincia de Jilotepec y el trabajo de los indios de ese lugar, en tributo, fue encomendado a Juan Jaramillo Salvatierra.

En las páginas de la fascinante historia, encontramos los nombres y hechos de personajes estrechamente ligados a San Juan del Río. Desde el ya mencionado Jaramillo, hasta Luis y Pedro de Quesada, yerno y nieto de la Malinche, Lucas de Lara, Juan Bautista Valerio de la Cruz y muchos más.

En lo escrito del códice apenas hay un par de referencias a San Juan del Río como tal, pero  de forma secundaria por las fechas y los personajes se enlaza en nuestra historia temprana, confirmando mucho de lo que sabemos y también aclarando algunos pasajes de ella.  De manera especial, deseo destacar un aspecto, descubierto por David Wrigth:  (quien, como él mismo aclara, sin conocimientos del otomí antiguo, logró descifrar algunas partes del códice a fines del siglo XX)
En la historia del señorío, específicamente en lo que se refiere al año de 1526, se encuentra un añadido escrito en otomí: “Aendehe aen s[a]n iuan”, que puede traducirse como “San Juan del Río”
El folio 68 del códice, arriba, las glosas en otomí, en medio, la anotación de San Juan del Río, abajo, los portadores de los años 1525 y 1526.
Aclarando que por la diferente tinta empleada, el escrito es posterior a la elaboración del códice, algunos autores recientes, sin más fundamento lo han tomado como la fecha de fundación de San Juan del Río, llegando al extremo de igualmente indicar que es el año de la fundación hecha por Juan Mexici.
DETALLE DEL ANTERIOR.
MÁS A DETALLE,  LA MISTERIOSA Y POSTERIOR INSCRIPCIÓN.
En lo personal, difiero de ello. La simple anotación no aclara nada, solamente el nombre, aunque por otro lado, ya he expuesto en otras entradas, que el nombre original del asentamiento indígena al sur de la actual ciudad en otomí era TAXIMACU ("Chichimeca Blanco") ¿Porqué no lo pusieron así?  Si se refiere al pueblo fundado por los españoles,  San Juan del Río, entonces no fue en esa fecha, aun ateniéndonos a la fecha mítica de la fundación, sería 1531.
La mención de Juan Mexici, también es incidental, el nombre no aparece en el códice Huichapan, pero quienes quieren enlazarlo, toman su nombre de otro documento  y lo colocan en la fecha y fácilmente dicen que “Juan Mexici fundó en 1526 el pueblo de San Juan del Río".
He hablado ya del personaje que se supone que fue Juan Mexici, un otomí llegado a Iztacchichimeca. Su nombre era Juan, pero Mexici no era su apellido, sino su investidura, la palabra significa "el que habla mexicano" (náhuatl) es decir. “Juan el nahualato”.

Aclarando que aunque muchos autores mencionan que los habitantes otomíes habitaban el estado de Querétaro en la época prehispánica, en realidad no fue así, la zona de lo que hoy es San Juan del Río, para esa fecha ya no tenía pueblos de alta cultura. Sí había asentamientos semi permanentes de diversos grupos; tarascos, mexicas, pames y hasta otomíes, alrededor de los antiguos centros ceremoniales pero eran de unos cuantos habitantes. Lo que es el antecedente de nuestra ciudad, era un puesto defensivo instalado por los aztecas apenas unas décadas antes de la conquista, como defensa contra los tarascos, de ahí su nombre en náhuatl, Iztacchichimeca. (chichimeca Blanco)

Al otorgarse la encomienda de Jilotepec, muchos de los indios del núcleo de Jilotepec, huyendo de los tributos se establecieron en ese lugar.  Esto fue después de 1521 y es cuando pudo llegar el llamado Juan Mexici. Incluso sí pudo ser en 1526, pero hasta ahora no hay ningún documento que así lo sustente.
El único documento que lo menciona como fundador es la Relación de Querétaro, su autor Francisco de Cárdenas dice haber tomado testimonio de  viejos indios. Alguno seguramente lo recordó. (Los nahualatos eran personas importantes en esa época, porque ante la multitud de idiomas, el náhuatl era la lengua franca con que se comunicaban, y quienes la hablaban, como el mencionado Juan, eran especialmente importantes para las relaciones entre las diferentes etnias ante el grupo dominante)

En el juicio de 1536 que también ya he mencionado, de los muchos habitantes de Iztacchichimeca que declaran, ninguno se menciona como fundador, es más, ni siquiera aparece el nombre de San Juan del Río, es decir todavía no existía.
Recientemente, se dio a conocer otro códice otomí, también colonial llamado “Jilotepec”, con menor calidad artística, pero muy similar al Huichapan, tanto que de inicio se pensó que ambos provenían de otro más antiguo. Recientemente los estudios han demostrado que en realidad el "Jilotepec" es mucho más reciente y fue copiado del Huichapan, suprimiendo algunas partes. ( Los especialistas descubrieron que, como los niños en la escuela, el escribano copió incluso los errores de escritura del primero) El códice Jilotepec no tiene la anotación referida a San Juan del Río.

 
El códice Huichapan, es mencionado por Ayala, supongo incluso que lo tuvo en sus manos y lo menciona en su “San Juan del Río, Geografía e Historia”, pero como en su tiempo no se conocía la traducción al español, no da noticia de la gran cantidad de datos históricos que contiene, mucho menos alude a la inscripción del año 1526.

Se ha dicho que en el Archivo Histórico Municipal hay una referencia a una fundación española de San Juan del Río, en 1526, en un documento sobre tierras. Creo que no existe como documento primario tal y solo es eso, una referencia. En esa fecha, ningún español había ido más al norte de Jilotepec. Desgraciadamente el códice no llega a 1531, seguramente nos ahorraría muchas páginas de libros y... blogs.
Como primicia, presento aquí el folio 68 del códice, precisamente el referido a los años 1525 y 1526 y la mencionada inscripción. Supongo que nadie ha contextualizado, el texto e imagen, con la historia local y como siempre digo, no por ego, si se copia de esto se me dé al menos algún crédito, algún día lo podría necesitar.
Tengo la fortuna de tener en la biblioteca personal casi todas las obras fundamentales relativas a este tema.
Portada completa del comentado por Alfonso Caso

El facsímil, (copia fotografica en color y a tamaño real) comentado por Alfonso Caso. Buenísima, pero que no se le entiende nada, porque está en otomí. Es una obra muy rara, la hallé por casualidad hace algunos años. Incluso  resulta que en el mismísimo pueblo de Huichapan no hay ni siquiera una copia de ella o del códice. Me enteré  de semejante absurdo un día que la fui a buscar y me salieron con eso.


La traducción de Ecker, editada por Yolanda Lastra y Doris B. Ojo, el dibujo muestra la llegada de los españoles y la muerte de dos reyes otomíes.
Para entender el códice, además de la imagen, resulta que hay otra obra aparte, que es la traducción al español de todo su contenido por Ecker. Así que se debe tener el combo para leer y entenderlo cabalmente. También tengo en la colección particular, algunos estudios relativos de David Wrigth, Reyes Retana, Manuel Alvarado y otra obra de Caso, sobre los calendarios prehispánicos, que me regalaron desde que estaba en la prepa y apenas acabo de leer.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.
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Como tuve que investigar por ahí , aprovecho para mencionar algunas fechas relativas, en el calendario mesomericano.

 El año de 1526 sería:  8 CONEJO.
El 24 de junio de 1531 sería:
AÑO:  13 Carrizo
TRECENA: 1 Carrizo
DIA: 8 Movimiento


El día de hoy, 10 de enero de 2015 sería:  AÑO:  4 pedernal
                                                                          TRECENA: 1 Conejo
                                                                           DIA. 1 conejo
(las trecenas son aproximadamente lo que serían en el nuestro los meses.)
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Este tema se relaciona con mucho de lo ya publicado en el blog, si es de su interés, buscar lo referente a la fundación, a Juan Mexici, a Juan Jaramillo etc. Pueden utilizar el buscador que está en la parte superior, escriban la palabra y dar clic en la lupa y les remitirá a las entradas relacionadas. _____________________________________________________________________
Próximamente: El chichimeca blanco sale del mundo digital y entra a otros espacios más terrenales. No se lo pierdan. (Todo es historia, el presente es fugaz)

sábado, 24 de agosto de 2013

SAN JUAN DEL RIO PREHISPÁNICO II

Dado que la entrada anterior fue muy visitada, (ahora sí, sin caza blogs) presento un artículo similar, como podrán darse cuenta al leerlo, éste sí está completamente referenciado ya que es parte de un libro de próxima publicación y protegido por el derecho de autor, aclaro esto por si alguien requiere utilizarlo deberá dar el crédito.  Así, solemnemente declaro ante la comunidad bloguera que el artículo es de mi autoría y se comparte como primicia de la obra. (Antecedentes de la fundación de San Juan del río, Hernández Peña José Luis, 2013, y los datos del blog)
 

Antecedentes de la fundación de san Juan del Río

Por ser la antigüedad máxima para los huesos encontrados por Cyntia Irwin en 1960 en la cueva 8 del cerro de San Nicolás, Tequisquiapan, se puede ubicar que el ser humano se encontraba ya en el estado de Querétaro aproximadamente en el año 2300 a. C. Y aunque no existe un estudio específico de los grupos que desde esos remotos tiempos han ocupado el territorio de lo que hoy es San Juan del Río, es posible, de diversas publicaciones independientes pendientes desprender la siguiente cronología, aunque solo se ha explorado una parte mínima y de ella todavía menos se ha publicado:
 En lo que parece ser la primera exploración relatada, aunque no propiamente arqueológica, en noviembre de 1827, una  Comisión de límites, a su paso por  San Juan del Río informa: “Al N.O. del pueblo, y del otro lado del río, visitamos un cerrito, que encontramos formado de pórfido, también de base de piedra pez. Encontramos un solo fragmento de obsidiana; pero no habiendo hallado otros dudamos que el criadero de esta sustancia esté en dicho punto” (1)
En 1872 Mariano Bárcena, Director Sustituto para la Práctica de Mineralogía y Geología de la Escuela Especial de Ingenieros, como resultado de un recorrido por el estado, elabora una memoria con una descripción de la Sierra Gorda, en temas de su especialidad y en un apartado, en cuanto a vestigios menciona “a inmediaciones de San Juan del Río, y principalmente en las ruinas de San Sebastián  hay  muchos coesillos semejantes  a los anteriores, y que también contienen ídolos de esmaragdita y otros objetos curiosos”. (2) (se refiere a San Sebastián de Las Barrancas)
En 1939 se elaboró el Atlas Arqueológico, obra de alcance nacional por parte del INAH, reportando gran cantidad de sitios en el estado, en San Juan del Río, de manera muy escueta menciona que hay “sepulcros, esculturas aisladas. Cerámica.” (3)
 Específicamente para el municipio, el primer arqueólogo en trabajo formal fue Roberto Gallegos, quien hizo excavaciones en la hacienda de la Estancia en 1958, llegando por referencias orales hasta la hoy más conocida zona Arqueológica de El Rosario. (El resto de lo que exploró yace hoy bajo la Presa Constitución de 1917).
Enrique Nalda, arqueólogo, trabaja en 1975 en el barrio de la Cruz, confirmando la existencia de etapas constructivas anteriores bajo el montón de piedras que para entonces era la pirámide principal y hace además un reconocimiento general del valle. Señala en su tesis un total de 118 sitios con evidencias diversas de ocupación humana, fechando el más antiguo en 500 A. c. que corresponde a la etapa de los cazadores- recolectores o bien con los primeros centros sedentarios.
Desde entonces se inició una serie de esporádicas investigaciones en la zona y a partir de 1986 de manera continua en el barrio y cerro de la Cruz, (4) incluyendo una inconclusa pero ilustrativa reconstrucción de una de las etapas finales de la pirámide de la cima, que concluyó con la exposición y posterior  re enterramiento de otros elementos de la plaza. Cabe destacar además las recientes exploraciones hechas en 1995 por Enríquez en El Rosario (Donde se preservó el único ejemplo de pintura mural asociada a un edificio prehispánico en el estado) (5) y las Peñitas.
Es de entenderse que la facilidad para la pesca, caza y recolección en un clima más benigno y  estable que  el actual con  el río como centro,  favoreció el auge poblacional  en  los  abrigos  rocosos de las cañadas y posteriormente, la aparición  de los primeros asentamientos agrícolas que derivaron en el establecimiento de aldeas y pequeños recintos urbanos o ceremoniales en las partes planas adyacentes o bien en algún sitio en las alturas con algún significado religioso o astronómico.
De distintas etapas, los sitios con restos de ocupación humana sin arquitectura visible son: laderas del cerro de la Cruz, parte final de las Peñitas, las escuelas Rafael Ayala y ex Preparatoria San Juan, la colonia Fátima, Guadalupe de las Peñas y abrigos rocosos en las Peñas del río, además de una cueva con pinturas rupestres a orilla del río en la cañada de San José. En Rafael Ayala (6) se menciona también a “la Curva” y  la colonia de los “Paracaidistas” (7)  (Hoy Benito Juárez) sin aclarar a que se refiere, probablemente restos hallados casualmente, ya que carece de los datos técnicos como en los otros lugares que detalla.
En el terreno donde hoy está el Mercado Juárez hubo muchos restos superficiales, que por los arroyos llegaban hasta la calle de 5 de mayo. Personalmente encontré navajas de obsidiana, tepalcates y “caritas” de barro en todos esos lugares, lo cual era común hasta hace unos 30 años, también vi figuras más grandes encontradas en construcciones, en las Peñitas y cuevas del río y los restos encontrados en las dos escuelas mencionadas, exhibidos en sus respectivas direcciones y consistentes en figuras de cuerpo entero de aproximadamente 25 cm e incluso cráneos.
La mayor colección de dichos objetos, propiedad de particulares, se reunió para una exhibición temporal en una casona de la calle  de 16 de  septiembre durante la feria de  1976, que sería  la punta de lanza para  la  posterior  instalación del Museo de la Santa Veracruz en 1981, que al tematizarse luego como “De la Muerte” fueron a dar parcialmente al breve pero completo “Iztacchichimecapan” del Centro Histórico y Cultural de la ciudad, quedando en él solo algunos objetos relacionados o como simple referencia.
Un importante vestigio de este tipo fue un marcador solar ubicado en la parte central de las Peñitas, dado a conocer por Porfirio Díaz Oviedo en los años noventa del siglo pasado (8) cubierto después, en un claro ejemplo de arqueología al revés, -común en el municipio- para hacer un mirador y emparejar una calle en la que casi nadie circula por no haber quedado pareja. (Por cierto, exactamente frente a éste, en el Cerro de la Cruz hay otro marcador, por si alguien quiere hacer otro mirador)
Ya en nuestra era, alrededor del valle y en el mismo inició la construcción  de centros ceremoniales con arquitectura visible y en algunos casos, monumental; pirámides, cuisillos y plazas. Los principales son: Cerro de la Cruz, El Rosario, la Magdalena, la Estancia, Santa Rita y San Sebastián de las Barrancas (aunque hay restos en casi toda la extensión del municipio, no explorados formalmente, muchos quizá con construcciones sepultadas). Todos influidos sucesivamente  en mayor o menor medida por las culturas Chupícuaro de Guanajuato, Teotihuacana, Tolteca y Azteca.
El colapso de cada civilización dominante, por la pérdida del control administrativo, significaba el abandono de los centros ceremoniales, periféricos o menores como es el caso de los existentes en la zona, situación que se repitió hasta el fin del período post-clásico cuando declina la construcción monumental, aunque la gente continuó su vida cotidiana  en aldeas y cañadas del río, a la vera de los antiguos edificios  que  poco a  poco fueron cubiertos por los elementos naturales y en algunos casos por el olvido.
Casi todos los espacios ceremoniales conocidos en el municipio, además de varias fases de ocupación, tienen la particularidad de nunca estar en un lugar relativamente plano; o es sobre una barranca o en ladera de un cerro, la excepción es el barrio de la Cruz, abajo y al oeste del cerro, donde sí existieron plazas y zonas de habitación, aunque no se trata de alguna construcción monumental, sino viviendas comunes. La razón de esos emplazamientos no es clara, pudiera parecer que se construían ahí para facilitar la defensa, pero sin elementos constructivos que pudieran servir para ello como bardas altas o entrada estratégicamente defendible, además, situarlos en partes altas obraría un efecto contrario, los hacía completamente visibles.
Por su ubicación en la frontera de Mesoamérica, entendida esta, dadas las circunstancias de los habitantes, no como acotamiento físico y estático sino cultural, y por lo mismo fluctuante, la región fue paso obligado y a veces asiento temporal de tribus chichimecas del norte, estableciéndose una relación entre éstos y los pobladores sedentarios que debió ser cambiante, con etapas de paz y confrontación alternadas.
A partir del postclásico, durante el imperio azteca, la región estuvo ubicada en los imprecisos confines septentrionales del reino otomí con cabecera en Jilotepec, mismo que fue conquistado de manera definitiva en 1487 por el emperador Ahuizotl anexándose desde entonces y hasta la caída ante los españoles, a los dominios de la Triple Alianza. (Siendo vecinos ambos reinos, desde tiempos remotos habían tenido una historia de confrontaciones aisladas, casi siempre con resultado favorable a los primeros, aunque el dominio ejercido hasta entonces había sido intermitente)
Por ser la ruta del norte la menos importante para el comercio y la guerra para el imperio azteca,(el tráfico de personas, mercancías y relaciones se daba por Michoacán, Jalisco y Colima al oeste, y por la Huasteca y Veracruz por el este) la región de San Juan del Río ni siquiera mereció  ser invadida ni tuvo el mérito de que se fundara un poblado, lo máximo que llegó a ser fue un baluarte defensivo contra los tarascos, habitado por unos cuantos aztecas, otomíes y chichimecos, al que llamaron Iztacchicchimeca, que es lo que había en la época de la conquista. Al pequeño asentamiento formado sobre las Ruinas del Centro ceremonial del Cerro de la Cruz llegaron después de la caída de Tenochtitlán, algunos cuantos otomíes de Jilotepec y lugares vecinos para escapar del pago de tributo a los encomenderos, siendo así, este lugar el primer antecedente de la hoy ciudad San Juan del Río en la época colonial.
José Luis Hernández Peña
 Referencias
 1) La comisión, a cargo de Manuel Mier y Terán se dirigía a reconocer la frontera con Texas. El cerro referido es del de la Venta. Específicamente el  Barrio de la Cruz fue visitado antes por el embajador estadounidense Joel R. Poinsett, en 1822, aunque sólo para admirar desde ahí la vista del valle. Ver Fernando Díaz Ramírez Dieciséis relaciones de Querétaro. Siglos XVII-XVIII Y XIX y una relación del siglo XX . Querétaro, Ediciones Culturales del Gobierno del Estado, 1977 pp. 165 y 166.
2) Mariano Bárcena, en Margarita Velasco Mireles, La Sierra Gorda: Documentos para su historia vol. II, México, INAH, 1996, p. 216.
3) Ibid.  p. 298.
4) Respecto a esta zona arqueológica existe un completo trabajo de Juan Carlos Saint Charles y Miguel Arguelles “Cerro de la Cruz. Persistencia de un centro ceremonial ” en  Ana María crespo y Rosalba Brambila, Querétaro Prehispánico, México, INAH, 1991.
5) Cfr. Juan Carlos Saint Charles, et al, “La Arqueología en Querétaro El reto ante un nuevo milenio”, en Guadalupe Zárate Miguel, Cinco miradas. Memoria del Primer encuentro de Estudios queretanos. Balance y perspectivas, México, Centro INAH Querétaro, 2005. pp. 131 a 159. En 2009 el sitio fue re-redescubierto por una lluvia y en atención al estilo observado en las pinturas no tardó en ser bautizado como “Teotihuajuan.” Oficialmente  ahora se llama “el lugar de los cuchillos curvos” Aunque apenas se ha explorado uno de los edificios, resultó ser el único asentamiento teotihuacano (o sea un lugar no con influencia teotihuacana sino hecho por teotihuacanos y habitado por teotihuacanos, no fuera del valle de México
6) Cfr. Rafael Ayala Echávarri, San Juan del Río, Geografía e Historia 2ª. Edición, México, Manuel Ayala Valenzuela, 1981, pp. 21 a 24. Dato agregado a esta edición, tomado sin cita de Cuauhtémoc Chávez Trejo, Vestigios arqueológicos de las culturas indígenas en San Juan del Río, Qro. San Juan del Río, Escuela Preparatoria de San Juan del Río, 1976, en Presentación. 
7) También agregado a la 2ª edición. No se si sea un error, no hay restos  documentados en dicha colonia.  Sí los hubo en la cercana colonia Fátima, a orilla de la vía, sin construcciones visibles, al parecer parte del asentamiento ubicado en las Peñitas hoy cubierto por la escuela “Rafael Ayala”, perfectamente identificado aunque no estudiado formalmente. La fecha que da Chávez es cerca al inicio de construcción moderna en ambas colonias.
8) Ver Gregorio Rangel Otero, “Marcador Solar Prehispánico descubierto en San Juan del Río”, en Margarita Velasco Mireles et al, Testimonios para la Historia. San Juan del Río, Qro. Sin d.e. 1993, compilación de artículos de diversos autores relativos al municipio, originalmente publicados en  la revista “Querétaro”  del  Gobierno del Estado, al carecer de datos se citan los del artículo inicial. pp. 77- 83.
 

miércoles, 21 de agosto de 2013

San Juan del Río Prehispánico

ANTES DE LOS TIEMPOS

No existe un estudio especifico ni detallado de las culturas que habitaron en lo que hoy es la ciudad de San Juan del Río y sus alrededores en la época prehispánica. Tradicionalmente se nos ha dicho que tenemos una raíz otomí, pero esta parece ser la más tardía, sin querer hacerlo ahora, se mencionarán de forma somera los lugares donde se han encontrado restos prehispánicos con o sin arquitectura visible. Es solo es un listado, posteriormente se irá ampliando  en lo posible cada uno de los sitios mencionados, algunos conocidos por publicaciones, otros por tradición oral y varios de ellos por observaciones personales ya que conocí  San Juan del Río cuando era una ciudad pequeña, no la hoy cubierta por el asfalto y el concreto. En mi niñez, en la década de 1970, era posible ir a ciertos lugares cercanos a buscar "caritas", navajas y flechas y darse el lujo de encontrarlos.



Las estrellas indican los lugares mencionados aquí. Mapa INEGI





























Menciono aquí los lugares más conocidos y algunos que les sorprenderán. Por obvias razones en el centro del pueblo nunca encontré nada, dado que la mayoría de casas que hoy vemos y les decimos coloniales, en realidad tienen al menos tres reconstrucciones o reedificaciones en el transcurso de casi quinientos años. Si hubo algo en el centro está sepultado bajo todos sus cimientos.

Lugares con arquitectura visible y no visible

El cerro de la Cruz: Por su emplazamiento sobre la altura del valle, fue el sitio perfecto para la erección desde 500 años antes de Cristo del primer centro ceremonial, con influencia de la cultura Chupícuro de Guanajuato. Más de 2000 años de ocupación casi continua le hacen tener vestigios de todo tipo:
Una pirámide principal, con al menos tres ampliaciones, desde una  simple plataforma hasta un edificio de 15 metros de altura y otros secundarios. Todo un centro ceremonial en una plaza artificial que hoy es la cima del cerro, lugar donde se han hallado entierros, cerámica, objetos suntuarios, petroglifos y todos los vestigios habidos y por haber, de todas las culturas dominantes del altiplano, incluso hay restos aztecas.

En la parte colindante con la autopista parece que hubo otros elementos, pero el cerro fue recortado unos 15 metros, su final era redondeado, no recto como se ve hoy.

Barrio de la Cruz: En la parte baja del cerro, al poniente se han encontrado (hoy bajo el moderno asentamiento) restos de plazas y entierros en ellas, de construcciones, cerámica de todos tamaños, navajas de obsidiana etc.  Al parecer esta era la zona habitacional y arriba el centro ceremonial. Al oriente, en la ladera colindante con el río no había construcciones pero se han hallado entierros con sus ofrendas, cerámica de todos tamaños y navajas.

Zona entre el Barrio de la Cruz y el Barreno: cuando el paso era libre entre el Pasoancho y la "hacienda", rumbo al barrio de la Cruz, una vez pasado el  empedrado, el camino de tierra tenía muchos restos de tepalcates y obsidiana. Cerca de la casa principal alguna vez se hallaron restos humanos, un entierro prehispánico, debe haber más, hay que recordar que es un solo asentamiento, hoy separado por la autopista, pero en la antigüedad no fue así.

Orillas del río: Solo tengo noticias de que en la parte trasera de la Huerta Grande hace unos 30 años, en una pequeña cueva se hallaron unas figuras humanas en barro de unos 30 centímetros, no tengo más datos. Durante la construcción de la Escuela preparatoria se localizaron algunos objetos de cerámica y restos humanos.

Peñas del río: En ambos lados,  desde Lomo de toro hasta la Magdalena. (Este sitio tiene arquitectura prehispánica visible, aunque muy deteriorada, debió ser contemporáneo en alguna época, del de la Cruz) Casi todo el trayecto del río tiene (o tenia) restos de ocupación humana en los abrigos rocosos, solo había que localizar una pequeña oquedad y en su suelo se podían hallar tepalcates y navajas,  estos lugares no tienen ningún elemento constructivo, deben ser de la época de cazadores recolectores, actividad que hacían a las orillas del rio. El vestigio más importante en esta zona sería la cueva de los petroglifos, no estudiada formalmente pero que contiene gran cantidad de pinturas en sus paredes. En la parte alta de estas peñas solo había navajas. En su inicio, en Lomo de toro era frecuente hallar navajas de obsidiana, caritas y tepalcates, se dice que algunas de las cuevas de este barrio tenían restos prehispánicos, aunque no vi ninguno, a la única a la que entré se ocupaba como corral de borregos y no se podía excavar.

Las Peñitas: Al final de la calle Melchor Ocampo se encontraban varias "cuevitas", ya fueron arrasadas, eran muy pequeñas y casi circulares, desconozco su uso pero alrededor de ellas había abundantes restos de tepalcates y navajas de obsidiana. Más adelante, junto a la autopista había un bordo donde se podían encontrar frecuentemente navajas de obsidiana completas, puntas de flecha y "caritas" de barro.
Del otro lado de la autopista, junto a Guadalupe de las Peñas  y especialmente donde hoy está Mac Donald´s había los mismos restos.  La parte media de las Peñitas estaba en su parte baja muy modificada ya que de ahí se extrajo cantera para la construcción por lo que no tenía restos visibles. Supe que en algunas de las casas en el inicio de Melchor Ocampo se hallaron ollas, metates y caritas de barro pero nunca los vi físicamente.

Personalmente al fondo de una de esas casas, en un corral encontré un par de sellos de barro, de niño los doné al museo que se iba a hacer. Nunca los volví a ver, igual que mi colección de caritas, algunas excepcionales y navajas de obsidiana de todos tamaños y puntas de flecha del mismo material.

Escuela Rafael Ayala: Conocí el lugar antes de su construcción y aunque vago el recuerdo creo que había algunos montículos ya muy deshechos. Al construirse la escuela se hallaron gran cantidad de objetos, sobre todo figurillas estilo Chupícuaro, iguales a algunas del cerro de la cruz, por lo que supongo debió ser el mismo asentamiento, varias de las "caritas" perdidas las obtuve en ese lugar, así como muchos tepalcates, los restos más grandes. Si no mal recuerdo hasta cráneos se guardaban en la dirección. No estudié en esa escuela pero me contaban que el recreo era dedicado por los alumnos para remover tierra y algunos obtenían bastantes caritas. Muchos años después, al construirse un auditorio al fondo de la escuela, se localizaron restos de construcciones, que hicieron parar la obra y luego se enterraron de nueva cuenta, creo que no fueron estudiados.

A unos doscientos metros de la escuela, en la orilla de las peñitas había un "marcador astronómico": consistía en un circulo de orificios hechos en la roca viva, cuyo uso real se desconoce, parece que se utilizaba para alinear construcciones o como una forma de medir los días. Desapareció ya que a alguien se le ocurrió emparejar el lugar para hacer un mirador y fue sepultado bajo concreto y empedrado.

Volviendo a la escuela, del otro lado de la vía del ferrocarril en las orillas de la colonia  Fátima, vi figuras completas de barro, sin poder precisar su cultura. Rafael Ayala dice que también se encontraron restos en la colonia Juárez y en "la Curva" pero no da más datos. Personalmente también encontré navajas y tepalcates en el terreno donde hoy está el Mercado Juárez.  El lugar más lejano donde encontré una carita de barro fue en la Prolongación 5 de mayo, afuera donde hoy es la Escuela Normal, que en mi niñez era un arroyo, a pesar de ya tener casas construidas en las orillas.

EL VIEJO SAN JUAN

Así, sin poderlo precisar exactamente, podemos aventurar que el antiguo asentamiento de San Juan del Río, semiurbano porque solo en dos lugares hay restos de edificios, debió ser una franja alargada que iba desde el barrio de la cruz, Guadalupe de las Peñas, Lomo de toro, las peñitas, colonias Juárez, Fátima y el mercado Juárez. El lugar debió tener su esplendor en el periodo clásico pero fue abandonado, solo quedaron pequeños asentamientos aldeanos y para la llegada de los españoles era zona de dominio chichimeca. No confundir este antiguo asentamiento con el mal llamado Iztacchichimecapam, que al parecer era solamente un puesto de frontera azteca que se asentó en la parte baja del cerro de la Cruz, algunos años antes de la llegada de los españoles, aprovechando el abandonado centro ceremonial, habitado también por  algunos otomís y chichimecas.
Fotografia personal. Puntas de flecha  colección Doña Li.

 










LA COLECCIÓN

Un detalle curioso es que entre todos los restos, todavía después de la conquista española, se seguían haciendo las figuritas de barro con las viejas técnicas, como se verá en el "angelito" claramente de facciones europeas que me fue mostrado en una colección particular. Además recuerdo que un compañero mío, Alejandro Suárez, que vivía en la avenida Juárez, delante de la vía del tren, cuando su casa era una de las únicas tres que tenía la "avenida" en ese lado, me mostró una virgen de Guadalupe de unos cinco centímetros, fabricada en barro, que se confundía entre las muchas "caritas" de su colección por ser del mismo material e igual técnica.

La fotografías que ilustran esta entrada pertenecen a una persona mayor, que encontró estos restos durante su edad adulta en distintos lugares, en recorridos superficiales, cabe hacer mención que casi no tiene navajas bifaciales de obsidiana, que eran las que más había cuando yo era niño  pero sí muchas puntas de flecha del mismo material y no tiene "caritas" o figuras estilo chupícuaro, (por ser las más antiguas, éstas solo se hallaban excavando y obviamente una señora no lo iba a andar haciendo ) tampoco parece que le llamen la atención los tepalcates, solo tiene uno. A su edad dice que sigue recorriendo a pie lugares pero que ya casi no encuentra nada. No tengo autorización para dar su nombre, solo la llamaré "Doña Lí".



Fotografía personal "el angelito" y otra carita de la colección de doña Li.