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sábado, 9 de enero de 2016

San Juan del Río en el códice Huichapan


Fragmento de la portada del facsímil del códice. 
ANTECEDENTES
En la poca evidencia documental que se tiene de los otomíes en la época precortesiana y colonial temprana -fundamentalmente los escritos de los aztecas y sus aliados- nos retrata a un pueblo “rústico, áspero, montaraz  y reacio a la civilización” cuya lengua era “ininteligible y tonal”. Los cronistas de la conquista, sin conocerlos, tomaron al pie de la letra el estereotipo y lo reprodujeron en sus obras.

La realidad siempre fue otra. Es cierto que en la época de la conquista, el pueblo otomí ya no tenía ciudades ni centros ceremoniales de importancia y residían en asentamientos dispersos sobre todo en las montañas al norte del estado de México, sin "policía” ni cultura, pero era una situación de apenas unos años antes cuando los aztecas, después de una guerra intermitente pero casi centenaria, los habían sometido al vasallaje de la Triple Alianza.
Siglos antes, habían poblado gran parte de los actuales estados del centro de la república. (Se les considera una de las culturas más antiguas del altiplano y hay quien los relaciona con los constructores de Teotihuacan)

Con la llegada de los grupos nahuas, su territorio poco a poco se vio acotado y quedaron varios grupos dispersos, aunque su núcleo se conservó en la región de Chapa de Mota y Jilotepec, donde habían tenido sus ciudades estado y conservaban centros ceremoniales de importancia, un gobierno establecido y un idioma estructurado. Compartían además todos los elementos de la cultura mesoamericana, incluido su panteón de dioses, calendarios ritual y agrícola además de una organización teocrática que incluía una élite sacerdotal y guerrera.
Todo ello fue arrasado por los aztecas y sus aliados, a fines del siglo XV y es entonces cuando  la población común se remonta a vivir en los sitios dispersos. Aunque conservaban sus gobernantes, estos no pasaban de ser unos recaudadores de los aztecas.

Aprovechando que el territorio otomí colindaba con el imperio tarasco, los aztecas explotaron una cualidad de sus vasallos: eran guerreros temibles, por lo que constituyeron varios pueblos como baluartes ante el posible avance de los purépechas, únicos enemigos que habían derrotado en batalla a los mexicas. Así, con esa función, se fortalecieron pueblos otomíes, como Jilotepec, Huichapan, Tecozautla y otros. Básicamente fueron el escudo del imperio azteca hacia el norte y occidente.

En esta situación los encontró la conquista, de tal manera que por no conocer los antecedentes, se fortaleció la leyenda negra otomí, que perduró hasta hace pocos años. Descubrimientos y estudios recientes han desenterrados algunos de sus antiguos centros y poco a poco se ha reconstruido algo de su cultura original, antes del choque violento con el imperio azteca, fortaleciendo su identidad como un imperio establecido y organizado, con manifestaciones culturales similares a sus contemporáneos. Incluso, en lo que se refiere a la escritura, compartían con los aztecas el sistema gráfico, que permitía leer sus códices en ambas lenguas. Desafortunadamente, casi todos sus escritos se han perdido. Sobreviven apenas algunos ejemplos, del periodo colonial, siendo el más importante el llamado “Códice Huichapan”.

EL CÓDICE
Está elaborado en papel europeo de la época colonial, escrito precisamente en el lugar que le da su nombre, en el estado de Hidalgo. Se desconoce en dónde estuvo hasta el siglo XX, cuando fue dado a conocer y rescatado por Alfonso caso de una colección particular.

Está compuesto por glifos profusamente coloridos y glosas escritas en otomí. Su autor fue  un indígena de esa etnia, Juan de San Francisco, en los inicios del siglo XVII.

Consta de varios apartados:
1.-  Los anales del convento de Huichapan.
2.-  Los glifos de los pueblos que componían la provincia de Huichapan.
3.-  La correspondencia entre los calendarios mesoamericanos y europeos.
4.-  La historia del señorío de Jilotepec desde 1423 hasta 1528.

Por estar escrito en otomí antiguo, a pesar del potencial que revelaban algunas pocas anotaciones que tiene en español y náhuatl, no hubo durante mucho tiempo un especialista capaz de traducirlo. Hace décadas, el estadounidense Lawrence Ecker, se dio a la tarea, pero su trabajo fue publicado póstumo hasta 1991.

La cuarta sección, revela mucho de lo que anoté al principio: Es una verdadera historia, a veces mítica, otras real, que nos describe la vida de ese importante y culto señorío, que tuvo la mala fortuna de encontrarse con los aztecas. En sus páginas se describen los nombres de sus pueblos, sus relaciones, guerras, las sequías, sus migraciones, sus fiestas y mucho más.  Incluso, aunque con un error de dos años, el códice consigna la llegada de los españoles y a partir de ahí, la historia y personajes, sobre todo gobernantes, encomenderos y religiosos que actuaron en los pueblos del señorío.

De porqué fue escrito en Huichapan, y no en Jilotepec, los especialistas suponen que a pesar de que en la época de la conquista, el señorío tuvo como cabecera Jilotepec, cuando fue elaborado el códice, Huichapan era el pueblo más importante por residir ahí las autoridades y juzgados. Igualmente suponen que por lo menos la última parte del Códice (la historia prehispánica del señorío) se copió de un códice anterior, seguramente al trasladarse ahí las autoridades indias lo llevaban y de ahí se copió, en alguna fecha posterior a 1632.

 Relación del códice con San Juan del Rio
Como referencia histórica, aunque no plena, por algunos errores  visibles, el códice sería una de las más tempranas de nuestra historia local. Recordemos que toda  la zona de San Juan del Río perteneció a la provincia de Jilotepec y el trabajo de los indios de ese lugar, en tributo, fue encomendado a Juan Jaramillo Salvatierra.

En las páginas de la fascinante historia, encontramos los nombres y hechos de personajes estrechamente ligados a San Juan del Río. Desde el ya mencionado Jaramillo, hasta Luis y Pedro de Quesada, yerno y nieto de la Malinche, Lucas de Lara, Juan Bautista Valerio de la Cruz y muchos más.

En lo escrito del códice apenas hay un par de referencias a San Juan del Río como tal, pero  de forma secundaria por las fechas y los personajes se enlaza en nuestra historia temprana, confirmando mucho de lo que sabemos y también aclarando algunos pasajes de ella.  De manera especial, deseo destacar un aspecto, descubierto por David Wrigth:  (quien, como él mismo aclara, sin conocimientos del otomí antiguo, logró descifrar algunas partes del códice a fines del siglo XX)
En la historia del señorío, específicamente en lo que se refiere al año de 1526, se encuentra un añadido escrito en otomí: “Aendehe aen s[a]n iuan”, que puede traducirse como “San Juan del Río”
El folio 68 del códice, arriba, las glosas en otomí, en medio, la anotación de San Juan del Río, abajo, los portadores de los años 1525 y 1526.
Aclarando que por la diferente tinta empleada, el escrito es posterior a la elaboración del códice, algunos autores recientes, sin más fundamento lo han tomado como la fecha de fundación de San Juan del Río, llegando al extremo de igualmente indicar que es el año de la fundación hecha por Juan Mexici.
DETALLE DEL ANTERIOR.
MÁS A DETALLE,  LA MISTERIOSA Y POSTERIOR INSCRIPCIÓN.
En lo personal, difiero de ello. La simple anotación no aclara nada, solamente el nombre, aunque por otro lado, ya he expuesto en otras entradas, que el nombre original del asentamiento indígena al sur de la actual ciudad en otomí era TAXIMACU ("Chichimeca Blanco") ¿Porqué no lo pusieron así?  Si se refiere al pueblo fundado por los españoles,  San Juan del Río, entonces no fue en esa fecha, aun ateniéndonos a la fecha mítica de la fundación, sería 1531.
La mención de Juan Mexici, también es incidental, el nombre no aparece en el códice Huichapan, pero quienes quieren enlazarlo, toman su nombre de otro documento  y lo colocan en la fecha y fácilmente dicen que “Juan Mexici fundó en 1526 el pueblo de San Juan del Río".
He hablado ya del personaje que se supone que fue Juan Mexici, un otomí llegado a Iztacchichimeca. Su nombre era Juan, pero Mexici no era su apellido, sino su investidura, la palabra significa "el que habla mexicano" (náhuatl) es decir. “Juan el nahualato”.

Aclarando que aunque muchos autores mencionan que los habitantes otomíes habitaban el estado de Querétaro en la época prehispánica, en realidad no fue así, la zona de lo que hoy es San Juan del Río, para esa fecha ya no tenía pueblos de alta cultura. Sí había asentamientos semi permanentes de diversos grupos; tarascos, mexicas, pames y hasta otomíes, alrededor de los antiguos centros ceremoniales pero eran de unos cuantos habitantes. Lo que es el antecedente de nuestra ciudad, era un puesto defensivo instalado por los aztecas apenas unas décadas antes de la conquista, como defensa contra los tarascos, de ahí su nombre en náhuatl, Iztacchichimeca. (chichimeca Blanco)

Al otorgarse la encomienda de Jilotepec, muchos de los indios del núcleo de Jilotepec, huyendo de los tributos se establecieron en ese lugar.  Esto fue después de 1521 y es cuando pudo llegar el llamado Juan Mexici. Incluso sí pudo ser en 1526, pero hasta ahora no hay ningún documento que así lo sustente.
El único documento que lo menciona como fundador es la Relación de Querétaro, su autor Francisco de Cárdenas dice haber tomado testimonio de  viejos indios. Alguno seguramente lo recordó. (Los nahualatos eran personas importantes en esa época, porque ante la multitud de idiomas, el náhuatl era la lengua franca con que se comunicaban, y quienes la hablaban, como el mencionado Juan, eran especialmente importantes para las relaciones entre las diferentes etnias ante el grupo dominante)

En el juicio de 1536 que también ya he mencionado, de los muchos habitantes de Iztacchichimeca que declaran, ninguno se menciona como fundador, es más, ni siquiera aparece el nombre de San Juan del Río, es decir todavía no existía.
Recientemente, se dio a conocer otro códice otomí, también colonial llamado “Jilotepec”, con menor calidad artística, pero muy similar al Huichapan, tanto que de inicio se pensó que ambos provenían de otro más antiguo. Recientemente los estudios han demostrado que en realidad el "Jilotepec" es mucho más reciente y fue copiado del Huichapan, suprimiendo algunas partes. ( Los especialistas descubrieron que, como los niños en la escuela, el escribano copió incluso los errores de escritura del primero) El códice Jilotepec no tiene la anotación referida a San Juan del Río.

 
El códice Huichapan, es mencionado por Ayala, supongo incluso que lo tuvo en sus manos y lo menciona en su “San Juan del Río, Geografía e Historia”, pero como en su tiempo no se conocía la traducción al español, no da noticia de la gran cantidad de datos históricos que contiene, mucho menos alude a la inscripción del año 1526.

Se ha dicho que en el Archivo Histórico Municipal hay una referencia a una fundación española de San Juan del Río, en 1526, en un documento sobre tierras. Creo que no existe como documento primario tal y solo es eso, una referencia. En esa fecha, ningún español había ido más al norte de Jilotepec. Desgraciadamente el códice no llega a 1531, seguramente nos ahorraría muchas páginas de libros y... blogs.
Como primicia, presento aquí el folio 68 del códice, precisamente el referido a los años 1525 y 1526 y la mencionada inscripción. Supongo que nadie ha contextualizado, el texto e imagen, con la historia local y como siempre digo, no por ego, si se copia de esto se me dé al menos algún crédito, algún día lo podría necesitar.
Tengo la fortuna de tener en la biblioteca personal casi todas las obras fundamentales relativas a este tema.
Portada completa del comentado por Alfonso Caso

El facsímil, (copia fotografica en color y a tamaño real) comentado por Alfonso Caso. Buenísima, pero que no se le entiende nada, porque está en otomí. Es una obra muy rara, la hallé por casualidad hace algunos años. Incluso  resulta que en el mismísimo pueblo de Huichapan no hay ni siquiera una copia de ella o del códice. Me enteré  de semejante absurdo un día que la fui a buscar y me salieron con eso.


La traducción de Ecker, editada por Yolanda Lastra y Doris B. Ojo, el dibujo muestra la llegada de los españoles y la muerte de dos reyes otomíes.
Para entender el códice, además de la imagen, resulta que hay otra obra aparte, que es la traducción al español de todo su contenido por Ecker. Así que se debe tener el combo para leer y entenderlo cabalmente. También tengo en la colección particular, algunos estudios relativos de David Wrigth, Reyes Retana, Manuel Alvarado y otra obra de Caso, sobre los calendarios prehispánicos, que me regalaron desde que estaba en la prepa y apenas acabo de leer.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.
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Como tuve que investigar por ahí , aprovecho para mencionar algunas fechas relativas, en el calendario mesomericano.

 El año de 1526 sería:  8 CONEJO.
El 24 de junio de 1531 sería:
AÑO:  13 Carrizo
TRECENA: 1 Carrizo
DIA: 8 Movimiento


El día de hoy, 10 de enero de 2015 sería:  AÑO:  4 pedernal
                                                                          TRECENA: 1 Conejo
                                                                           DIA. 1 conejo
(las trecenas son aproximadamente lo que serían en el nuestro los meses.)
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Este tema se relaciona con mucho de lo ya publicado en el blog, si es de su interés, buscar lo referente a la fundación, a Juan Mexici, a Juan Jaramillo etc. Pueden utilizar el buscador que está en la parte superior, escriban la palabra y dar clic en la lupa y les remitirá a las entradas relacionadas. _____________________________________________________________________
Próximamente: El chichimeca blanco sale del mundo digital y entra a otros espacios más terrenales. No se lo pierdan. (Todo es historia, el presente es fugaz)

miércoles, 29 de abril de 2015

San Juan del Río no fue fundado en 1531.


Ya otras veces he abordado el tema, hoy abundo y reafirmo.

Tradicionalmente se ha sabido que San Juan del Río fue fundado el día 24 de Junio de 1531, la fecha tal cual, en realidad no es cierta, ni tiene ningún sustento documental verdadero.

En el año de 1531 y hasta muchos años después, lo que existía en lo que es hoy  nuestra ciudad, era una pequeña aldea, poblada por otomíes y "chichimecos", que hasta antes de la conquista española había sido un puesto azteca de protección contra el avance del imperio tarasco. Posterior a la conquista, los pocos habitantes continuaron viviendo en el lugar, se llamaba Iztac Chichimeca (Chichimeco Blanco, en náhuatl) localizada en y cerca del actual barrio de la Cruz.

Cronistas, escritores y periodistas, repiten una y otra vez esa fecha, como de la verdadera fundación de San Juan del Río, como tal, por Nicolás de San Luis Montañez. Creo que es momento de que se haga la aclaración de que esa fecha es una especie de leyenda que por repetida se ha considerado como verdadera, pero se desconoce cuándo se fundó el pueblo como tal.

Por investigaciones personales, a mi entender, tras la conquista española, los indios, libres o encomendados a Juan Jaramillo, continuaron viviendo hasta muchos años después de esa fecha, en el ya mencionado lugar, por ser tan pocos, no necesitaban más que las tierras cercanas al río para su subsistencia, por lo que no creció dicho lugar y quedó aislado, por estar en la frontera chichimeca, zona poco atractiva para el avance colonizador español durante los primeros años del virreinato.

Al buscar los españoles un camino más directo a las minas de Zacatecas, a finales de la década de 1540, lo encontraron cerca del caserío, en la hoy Av. Juárez, donde se concentraron proveedores para los viajeros que tenían que detenerse, formando una hilera de chozas a lo largo de la calle (el extraño lugar, junto a las casas de los indios, al menos algún tiempo se llamó, no oficialmente, sino solo a nivel local “SAN JUAN IZTACCHICHIMECA” (de ahí el nombre de este blog).  En la década de 1550, el virrey otorgó  mercedes de tierras a los Indios de Jilotepec y el título de pueblo al anárquico asentamiento por ellos formado, incluyendo las nuevas tierras de labor. Es entonces cuando en lo que hoy es el centro histórico nace San Juan del Río. Debe entenderse que es un nuevo pueblo, no la continuación del antiguo Iztac Chichimeca. Este último lugar, quedó solo como un barrio del nuevo asentamiento, cuyas tierras abarcaban 2,500 varas a los cuatro vientos”,  con epicentro en la hoy plaza de los fundadores.


Escrito de donde se tomó la leyenda de la fundación
Primer foja del escrito, fechado en 1502
                                                                 Relación de San Luis Montañez,

                                     Archivo Franciscano de Roma 1717, Fray Joseph Díaz primera foja
Los detalles de la fundación real, probablemente nunca los sabremos, si no aparecen  los mencionados “ títulos” pero es casi seguro que no hay un acta de fundación como se nos ha hecho creer, solamente debió ser un documento oficial que formalizó el ya establecido pueblo, a la vera del camino y las tierras que otorgó para ello el Virrey, de 1551 a 1558.

 LA SUPUESTA LEYENDA
Dado que una leyenda es la transmisión oral a través de generaciones, de un hecho real, que al transcurso del tiempo pierde su validez histórica y se convierte en una realidad mítica, la fundación de San Juan del Río en 1531, ni siquiera llega a  eso. La memoria local no conservó datos de aquellos tiempos, los hechos y la fecha provienen de un escrito posterior, por lo que ni siquiera entra en la categoría de leyenda.
Hoy presento ante ustedes, solo un par de imágenes que comprueban la imposibilidad de que la fecha esté sustentada por un documento.

El escrito, llamado Relación de San Luis Montañez, de donde los cronistas de la época barroca supuestamente tomaron el relato de la fundación de Querétaro, perdido después y localizado por Eulalia Guzmán en Roma, fue publicado por primera vez por Ayala en 1948.
Desde su primer página no corresponde. Dice que los hechos que narra ocurrieron en ¡1502!  Jamás menciona el año de 1531, ni ninguno posterior, y no es un simple error de transcripción, todas las veces que se menciona el año en el citado documento es 1502. El escrito, en la época moderna ha sido copiado, modificado y aderezado hasta el cansancio, pero en realidad es muy escueto, y probablemente, al menos lo que se refiere a la fundación de Querétaro y San Juan del Río, fue escrito por un europeo.

Aparte de este, no hay ningún documento, de fecha anterior a él (1717)que mencione la fecha, el año y los hechos de la fundación. Todo fue un invento franciscano de la época barroca, para legitimar su supuesta intervención en la fundación de Querétaro y de paso San Juan del Río.
 (Para información de cómo surgió el año de 1531 ir al siguiente vínculo):
 Así que concluyo, San Juan del Río no fue fundado el 24 de junio de 1531, en ese año, lo único que existía eran las pocas chozas del sitio llamado Iztacchichimeca, en el luego  Barrio de la Cruz.  Años después, aparecen junto al camino a Zacatecas otras chozas, formando un caserío anárquico, que en la década de 1550 se formaliza como el  ahora sí pueblo de San Juan del Río.
Dado que los datos aquí planteados requieren de muchas citas, mejor les presento algunos de los libros más representativos que los contienen, base de las investigaciones que me han llevado a concluir lo aquí expuesto.
El de Lourdes Somohano, nos presenta testimonios de Indios nacidos años antes y  avecindados en Iztacchichimeca en 1536, donde no hay referencia a algún pueblo llamado San Juan del Río, supuestamente fundado 5  años antes.
El de Primeras Noticias..., es el documento legal completo, original y localizado en el archivo de Indias de España, de donde Somohano tomó los datos.
El de David Wright: En él se detallan los documentos de ese siglo, reales y falsos referentes a Querétaro, entre estos últimos el de 1717 y la fundamentación de porqué se determinan así.
 

jueves, 25 de diciembre de 2014

El regreso de la Relación Geográfica de Querétaro


Hace muchos años…

El libro
Luego de salir de Querétaro, tras su redacción hace más de 432 años, como respuesta a un cuestionario enviado por el rey de España a los jefes políticos de las jurisdicciones de los virreinatos para que, de manera documental dieran cuenta de los aspectos más importantes de cada una de ellas, volvió  de manera pública a su lugar de natal la llamada "Relación de Querétaro", en forma de facsímil editado por el gobierno del estado de Querétaro.

Su nombre correcto es “ Relación Geográfica de Querétaro,” forma parte de un grupo de documentos similares de finales del siglo XVI, elaborados por los alcaldes mayores, contestando un cuestionario anexo, que fue común, sobre la historia, límites, autoridades,  habitantes, caminos, cultivos, actividades económicas, etc,. Lo que convierte a cada una en el documento primario más importante para la consulta de la historia colonial temprana de cada lugar relatado.

Todas las Relaciones se enviaron como informes oficiales a España, donde permanecieron muchos años y tuvieron una serie de traslados a  diferentes ubicaciones y bibliotecas. Varias terminaron en manos de coleccionistas particulares. Un paquete de ellas fue adquirido por una universidad estadounidense, entre ellas se encontraba la de Querétaro.
No hay un dato específico de cuantas Relaciones se hicieron, hoy se conocen 209, entre ellas 168 son de la Nueva España y hay por lo menos otras 29 perdidas.

Específicamente, de la que hoy nos ocupa, el Alcalde Mayor de Jilotepec, Hernando de Vargas, al recibir la orden y la “instrucción y memoria de las relaciones que se han de hacer para la descripción de las Indias” es decir el cuestionario a contestar, comisiona a su escribano, Francisco Ramos de Cárdenas, quien armado de paciencia y un sinfín de informantes se dio a la tarea de redactarla. De acuerdo a los estudiosos, fueron al menos 2 ayudantes quienes en realidad plasmaron, del 20 de enero al 30 de marzo de 1592, en 31 fojas útiles, además de las tres del cuestionario, la visión conjunta de indígenas y españoles de lo contenido en tal espacio Geográfico. La relación se acompañaba de un mapa, desgraciadamente perdido que contenía los nombres de las poblaciones.
Por su calidad de Autoridad, Ramos de Cárdenas incluyó una completa descripción del territorio, población y gobierno, apegándose lo más posible a la realidad, pero sin olvidar que por ser oficial, tenía que ser muy cuidadoso en los aspectos que plasmaba. Siendo en tal fecha, Querétaro y San Juan del Río, los dos pueblos más importantes de la jurisdicción, todos los datos que de ellos se dan en las fojas de la Relación, constituyen una valiosa fuente de información histórica y sin duda alguna, por su contenido, extensión, autenticidad y significado,  es el documento más importante para la historia de Querétaro hasta la actualidad.

La información de la época en que fue realizada es la más fidedigna que se pueda hallar. En lo que respecta a tiempos más antiguos tiene inconsistencias, sobre todo en la oscura época de la fundación de Querétaro y San Juan del Río, para la cual  Ramos tuvo que hacer uso de informantes, es decir los más viejos de las comunidades, así como para los nombres de los pueblos y lugares, que oficialmente estaban en náhuatl, pero sus habitantes era otomíes que ya no lo dominaban. Las supuestas fundaciones ocurrieron cuando el dominio azteca  era reciente y su idioma muy extendido aun en las otras etnias, pero para 1582, ya no lo era y  la lengua otomí se imponía.
Detalle importante de la Relación es que no menciona fechas de las fundaciones, algunos dicen que se le olvidó a Ramos, yo supongo que desde entonces  se tenía duda de la fecha exacta y no quiso poner algo que bien sabía no era confiable. (Además, los documentos que mencionan las fundaciones de San Juan del Río y Querétaro en 1531, tardarían más de un siglo en aparecer, es lógico que no lo mencionara)

Como dije al inicio, desde su elaboración jamás ha vuelto físicamente el documento a Querétaro y por su importancia y antigüedad, desde siempre su revisión ha estado vedada al público en general, incluso, dentro de los investigadores, solo los de alto nivel pueden acceder a él.

 2 tipos afortunados


Los autores a los extremos, al centro, otro historiador, Andrés Garrido

Afortunadamente para nuestra historia, dos de ese tipo de investigadores, convergieron y estuvieron disponibles en Querétaro hace un par de años y en ahora sí una acertada decisión gubernamental, se les dio la tarea de preparar una edición facsimilar de la Relación para su edición y difusión por parte del Fondo Editorial Queretano. Creo que David Wright y Juan Ricardo Jiménez Gómez, de reconocida trayectoria académica y editorial, nunca tuvieron una labor más grata, sin temor a equivocarme, merecidamente ambos culminaron una labor de ensueño para todo investigador de la historia queretana: la edición facsimilar de la Relación.

Del primero, David Wright, ya había hecho mención en entradas anteriores. (Ver "La fundación según la Relación" ) Por el año de 1991, empecé a leer sus obras, iniciaba en solitario, (él, no yo) una labor que parecía condenado al fracaso: el estudio de los años iniciales de la historia local, sin tomar en cuenta las leyendas y fechas que siempre se habían tomado como ciertas, iniciando así una corriente crítica que hoy es norma fundamental, dejando por lo menos en calidad de trasnochados a todos aquellos que todavía mencionan sin fundamento las legendarias fundaciones de San Juan del Río el 24 de junio de 1531 y la de Querétaro un mes después.
En aquella obra, referida precisamente a la Relación de Querétaro, daba cuenta de las peripecias del documento, desde su llegada a España en 1583, su integración a un cuerpo único que poco a poco se fue diluyendo en distintos archivos y bibliotecas hasta su compra, en conjunto con otras 40 por el estudioso mexicano Joaquín García Icazbalceta en 1853, que las hizo volver  nuestro  país.  De ahí se hicieron las primeras ediciones impresas. (Orozco y Berra, 1864, Primo Feliciano Velázquez, 1896) Al morir, sus descendientes venden la colección a la Universidad de Texas en 1937, incluida la nuestra.

Recuerdo que Wright decía que en 1987, había tenido el honor de devolver a Querétaro, aunque fuera en copias fotostáticas, facilitadas por Héctor Samperio, después de siglos, su Relación Geográfica. Hoy ese honor lo magnifica devolviendo algo más que copias. Se lo merecía por su labor académica y de investigación en varios estados, incluido Querétaro. Hoy se desempeña en la Universidad de Guanajuato. Se me olvidó mencionar; es estadounidense, pero lo que no debe olvidarse es  que es una de las personas que más ha aportado para el conocimiento de la historia colonial temprana del centro de nuestro país. Tengo casi todos sus libros, espero pronto poder dedicarle una entrada a ellos.

El segundo investigador, Juan Ricardo Jiménez Gómez, queretano, Doctor en Derecho, pertenece también a la corriente crítica que hace unos veinte años inició el estudio objetivo de la historia temprana de nuestro estado, que hoy es la norma para todo historiador local. El primer libro que leí de él, hace más de diez años fue el  legendario “Mercedes Reales en Querétaro” que de golpe y porrazo, sin proponerlo, abrió una veta amplísima para el estudio de los lugares y las personas en nuestro estado en el lejano siglo XVI, tan sencillo era el tema que a nadie se le había ocurrido: reunir un corpus de documentos relativos a las primeras mercedes de tierras otorgadas en Querétaro.
Posteriormente se ha dedicado al estudio de documentos especialmente lo relacionado a temas jurídicos y legislaciones, logrando desde hace varios años una producción constante de textos impresos, gracias al patrocinio del Instituto de Estudios Constitucionales. Siendo la Relación Geográfica de Querétaro, de origen, un documento oficial, quién mejor que él, que ha abordado tan profundamente la legislación queretana de todos los tiempos para la edición que hoy nos ocupa.  Su obra espero igualmente abordarla próximamente en otra entrada, también tengo muchos de sus libros.

 EL REGRESO.


Así, el día 19 de Junio de 2014, en la ciudad de Querétaro, con la presencia del gobernador del estado y personalidades diversas, los, en este caso editores (el autor es Francisco Ramos de Cárdenas, escribano Público de la Provincia de Jilotepec) en un acto solemne  presentan el libro “La Relación Geográfica de Querétaro,  de 1582 Facsímile”.


La audiencia, creo que a ellos sí se los regalaron, solo reconozco a Loyola

Para quienes, aun empíricamente nos dedicamos a la investigación, es realmente importante esta edición, baste recordar que lo que se hace con esos documentos es paleografiarlos, es decir, pasar al español moderno lo escrito o lo que se quiso decir, especialmente difícil porque cada escribano lo hacía de acuerdo a sus propios convencionalismos, que no siempre eran comunes a todos, igual ocurre con quienes los interpretan, así que cada versión moderna es ligeramente diferente. Desde hoy, se puede observar, en claras fotografías, la escritura original, y quién sabe, a lo mejor se puede hallar algún detalle que pasaron por alto los pocos que hasta hoy la han tenido frente a sus ojos.

Epílogo: 

En esas de andar siempre de metiche, el libro se presentó en Junio, pero no salió a la venta hasta este diciembre, exactamente estaban abriendo las cajas enviadas por la editorial en la librería, cuando yo preguntaba por él, así que el primer libro comprado es el mío.

Todas las fotografías son de la página del Gobierno del estado de Querétaro. Crédito a quien corresponda.

Prometo que si en estos días llega el blog a 5000 visitas, guardadas las proporciones, yo también “regreso” a San Juan del Río un documento relativo a la historia de nuestro pueblo, en esta misma vía, no sé, de unos 150 años.....

jueves, 8 de agosto de 2013

San Juan del Río, Qro. La leyenda de la fundación


San Juan del Río, Qro. La leyenda de la fundación

 (artículo crítico)


Fotografía Personal: Pirámide del centro ceremonial del barrio de la Cruz, abandonado ya a la llegada de los españoles
Según la tradición popular, poco después de consumar Hernán Cortés la conquista de Tenochtitlán en 1521, algunos otomíes de Jilotepec, huyendo de la guerra se establecieron a las orillas del río San Juan. El grupo era liderado por  Mexitzin, o Mexici, supuestamente traducido como “mexicano” o “Poquito”´, (en realidad el nombre es más complejo, se abundará en entradas posteriores) luego bautizado como Juan y quedándole el anterior nombre como apellido.

Igualmente se dice que una  avanzada conquistadora indígena había conquistado y fundado, para la corona española, los cercanos pueblos de Acámbaro (1526) y Huimilpan, (1529) por medio de un numeroso ejército al mando del cacique otomí Nicolás de San Luis Montañez. Ambos personajes pacíficamente habrían pactado para la fundación de un pueblo y así, desde Jilotepec, el ejército llegó al paraje donde estaba asentado Mexici.(el lugar exacto no se especifica, por lo que no se conoce, se habla de un río caudaloso, sabinos, ojos de agua y un cerro rodeado de peñas, en imprecisos terrenos al sur de la ciudad, aunque siempre se ha supuesto que fue en la zona cercana a Guadalupe de las Peñas)

Y así, el 24 de junio de 153, se fundó el poblado, se dice que en la hoy plaza de los Fundadores, trazándose las primeras calles alrededor de una plaza, levantando capilla, presidio y troneras defensivas, se firmó al final el acta de fundación. Acompañaban a Montañez, según diversos escritos, el fraile Juan Bautista, los caciques indígenas Miguel de Bocanegra, Martín Arco y Flecha Moctezuma, Pedro Martín Toro, Valerio de la Cruz, Alonso de Granada y otros más, incluso algunos españoles. Partiendo un mes después el multitudinario ejército para fundar Querétaro. (1)


Muchos detalles, sobre todo la fecha que la tradición marca y se han creído tal cual desde siempre, deben tomarse con reserva, pues proceden de una de las llamadas “Relaciones de  Méritos de Nicolás de San Luis Montañez”,(2)   siendo estas  una serie de escritos confeccionados intercalando a discreción tanto información de manuscritos, posiblemente originales, fórmulas  jurídicas  de autoridades coloniales y tradiciones orales   del   grupo  otomí,   en redacción  única a manera  de recuento de hazañas, posiblemente por  descendientes  del o los protagonistas para presentarlos a las autoridades virreinales y obtener algún privilegio a inicio del siglo XVIII. Así, no se descarta que modificaran algunos  datos en su beneficio, específicamente lo referente a las supuestas fundaciones o conquistas efectuadas  por él.

Por otro lado, dice Wright, los escritos coloniales otomíes conocidos presentan la particularidad de tener entremezclados aún, como era costumbre de los pueblos prehispánicos, sus mitos religiosos con hechos reales, situación que los hace poco confiables como fuente histórica, dado que es muy difícil separar los dos ámbitos.

Según Ayala, en el documento que retoma para su relato de la fundación se menciona que con los fundadores venía “la Malinche”, dato dudoso ya que murió en 1530 o 1531. Lo real es que hasta su muerte fue esposa de Juan Jaramillo “El Viejo”, quien recibió la encomienda de Jilotepec a la que perteneció la zona de San Juan, quien al enviudar y casado en segundas nupcias, inició lo que sería después la Llave (para entonces y hasta muchos años adelante, solo parte del latifundio, sitio de ganado o estancia agrícola, no el casco que se dice erróneamente construyó para su primera esposa; para la época el lugar era parte  marginal  de  la encomienda y si difícilmente su detentador visitaba la cabecera -Jilotepec- menos vivirían en tan remoto sitio). También es leyenda el dato de su entierro en la hacienda, el casco se construyó muchos años después y ni siquiera es el actual, que data de fines del siglo XIX, después de demolerse por completo el anterior, del que sólo quedó un escudo. 

Leída y releída la Relación, sí alude a alguien llamado “Mallinzzi” cuyos datos por un lado la relacionan con la “Malinche” histórica, descrita fantásticamente, otros la alejan de inmediato. No se entiende qué hacía en el lugar y el momento, qué papel jugaba, nada queda claro, más que la presencia. Todo indica que se incluye alguien de quien los autores solo tenían referencia vaga, para dar alguna legitimidad  y temporalidad al documento.
Al parecer, según las últimas investigaciones, la historia real de la fundación de nuestra ciudad no fue el sencillo vini, vidi, vinci, sino que tuvo ciertos “asegunes” que se detallarán en entradas posteriores. 
1) Cfr. Rafael Ayala Echávarri, San Juan del Río, Geografía e Historia 2ª. Edición, México, Manuel Ayala Valenzuela, 1981. pp.  26 a 36.

 

2) Cfr. David Charles Wight Carr, Querétaro en el siglo XVI. Fuentes documentales primarias, Querétaro, Secretaría de Cultura y bienestar social  del gobierno del estado, 1989, p. 28. Dice que Ayala se basó en una copia de 1717 hecha por Fray José Díez en el convento de la Cruz, de un manuscrito hoy perdido. La copia manuscrita está actualmente en Roma y Ayala trabajó con una copia fotográfica que le proporcionó Eulalia Guzmán. Ver la crónica completa de la fundación de San Juan del Río y Querétaro en Rafael Ayala Echávarri, “Conquista de Querétaro” Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, México, 1948. Tomo LXVI, Nos. 1 Y 2. 


  
Las imágenes siguientes ilustran los lugares probables del asentamiento indígena a la llegada de los españoles, es la zona entre el cerro de la Venta, barrio de la Cruz, las Peñitas y Guadalupe de las Peñas, aclarando que al margen de si la leyenda y los personajes descritos son reales, había desde años atrás un pequeño asentamiento indígena en la zona, persistente de uno mayor de la época clásica.


Fotografía personal: Las Peñitas, vistas desde el cerro de la Cruz, zona probable del asentamiento indígena a la llegada de los españoles

Fotografía personal: El cerro de la Venta desde el barrio de la Cruz
 

Fotografía personal: Guadalupe de las Peñas visto desde el barrio de la Cruz.