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lunes, 1 de enero de 2018

El padre Leal


Hace algunos meses, durante la elaboración del libro “San Juan del Río a través de sus personajes”  en el que colaboré, había elegido hacer la biografía del Padre Leal, incluso la redacté y envié al editor. Y según me dijo ya estaba aprobada para el referido libro. Como no asistí a la última reunión del Consejo Editorial no supe que pasó, el caso es que apareció publicada otra, redactada por el periodista Armando Guerra. En estos días la hallé por ahí, y en esta entrada se las presento, no se trata de competencia, solo una visión más de la vida del ilustre personaje, y ni modo de desperdiciar lo escrito.

Guadalupe Eusebio Leal Rodríguez  (1917-2010)

Guadalupe Eusebio Leal Rodríguez, popularmente recordado en San Juan del Río como “el padre Leal”,  nació en la hacienda de San Gerónimo, Parroquia de San José Iturbide, Gto. Hijo de don Lino Leal, jefe de Armas de San José Iturbide y doña Inocencia Rodríguez, ama de casa.

Estudió la Educación primaria en  San Miguel de Allende y los posteriores en Querétaro. Estudiando literatura en Xichú Guanajuato, recibió instrucción militar y fue alistado, aunque no participó en hechos de armas.

Desde joven sintió el llamado al sacerdocio, aunque este ocurrió en un momento no propicio para ello, en plena guerra cristera, de la que siempre guardó el recuerdo del trance en que una partida gubernamental aprehendió a su padre por sospechas de simpatizar con los rebeldes. Durante días, el niño no se separó, dispuesto a morir con él. Afortunadamente fueron liberados pero ello significó que la familia tuviera que separase y emigrar, llegando a Querétaro, a la Hacienda de El Lobo y luego a la capital del estado. El trabajo del progenitor le obligó a hacer pausa en sus aspiraciones por largos años.

Retomó su vocación en una edad completamente inusual, 23 años, (cuando el resto tenía entre 14 y 16) ingresó al Seminario Conciliar de Querétaro en el ciclo 1941 – 1942. Con el apoyo del entonces Obispo Marciano Tinajero, a quien en una visita a Victoria, Gto., donde él se desempeñaba como Profesor suplente, relató su temprana vocación truncada. Así ingresó como anacrónico seminarista, logrando concluir gracias al apoyo de benefactoras en el año de 1951, oficiando su Cantamisa el 12 de noviembre de 1952 en su parroquia natal, San José Iturbide, Tenía 35 años de edad y mucho por hacer.

Adscrito inicialmente en la capital queretana a la Parroquia de San Sebastián,  fue llamado por el Obispo Tinajero como secretario de visitas pastorales en Tequisquiapan, Cadereyta y Vizarrón a los seis meses de ordenado. Después  fue párroco del  Doctor. Una enfermedad bronquial que le persiguió toda su vida le llevó a desempeñarse como Vicario Cooperador de la parroquia de San Sebastián, donde también fue capellán del Hospital. Posteriormente sería encargado de la Parroquia de San Pedro Aguacatlán y Capellán de Jesusito de la Portería.

En 1953, en San Juan del Río, lo mucho que tenía por hacer, sobre todo una promesa sagrada que había hecho al inicio de sus estudios sacerdotales y había intentado cumplir en su época en San Sebastián, comenzó a tomar forma material:  Inspirado en la obra humanitaria de San Juan Bosco, con ayuda de José Silva iniciaron un hogar de atención para niños huérfanos y abandonados, de los que captó 25 en la ciudad y sus alrededores y a los que dio alimento y techo en un viejo local frente al edificio del Beaterio,  (hoy Centro de Salud, en Av. Juárez) rentada a la señora de Leal por don Cándido Pérez. De ahí pasaron a la Calle Cuauhtémoc, en el antiguo edificio de la Inquisición, hoy oficinas de la junta de agua potable.

Finalmente, el Padre Guadalupe llegó a un edificio de la calle de Galeana, por donación de una parte de él, que era una huerta, por su dueña, la srita. María de la Luz Pichardo. Con ayuda de una benefactora suiza, Edith D. Wolf  se construyeron las instalaciones de lo que desde entonces se constituyó como el orfanato del pueblo, la Casa Hogar “San Juan Bosco”, en el número 37.

La superficie del lugar era una cuchilla formada por la confluencia de las calles de Galeana y Allende, cercana al pozo de Guadalupe. Con los años llegó a tener varios dormitorios comunales: uno para niños pequeños y otro para mayores, oficinas, capilla, pequeños departamentos para jóvenes, cancha deportiva, cocina, comedor  y aulas para una Academia comercial que instaló en la década de 1970 y que tuvo gran éxito por su excelente nivel y la disciplina, que le valió lograr varias generaciones de egresados.

Aunque recibía donativos en efectivo de diversos benefactores, principalmente la mencionada Wolf, el padre hacía colecta entre los comercios y productores de la ciudad con objeto de completar la dieta de los chiquillos bajo su tutela. Así, llegaban como en la parábola bíblica, leche fresca de los ranchos cercanos, pan de azúcar y bolillo de las panaderías cercanas, huevo y gallinas de las granjas aledañas, ropa y abarrotes de los tendajones. Orgulloso declaraba jamás haber tenido a un niño con hambre. (Y llegó a tener simultáneamente a más de 80) Inicialmente llegó a tener una camioneta con caja adosada al chasis, de color naranja, tan vieja que solo la intervención divina explicaba su funcionamiento aunque luego cambió por un vehículo convencional.

Todos sus adscritos debían estudiar, así que era común verlo en las diferentes instituciones públicas inscribiendo a sus “hijos”, en esos menesteres, llegó a formar  parte de varias asociaciones de padres de familia e incluso, quizá como resabio de su truncada incursión como maestro rural, fue fundador en la década de los sesenta, de la Preparatoria San Juan, de la que también fue docente algunos años.

Con el paso del tiempo, con ayuda de sus egresados, la Casa Hogar, se constituyó como Asociación civil administrada por ellos mismos. Manejaba el término “Egresados” para aquellos que una vez teniendo una profesión u oficio formaban una familia o se independizaban a la “buena”, porque también tuvo fugas de aquellos que no aceptaban su disciplina. En esta clasificación, tenía bajo su tutela niños de poca edad hasta adultos, incluso a Dimas, un protegido  muy mayor, que por motivos de Salud era difícil se sostuviera solo, lo mantuvo casi hasta el final de sus días y para no exponerlo a las dificultades del exterior, le abrió una pequeña tienda, casi al final del edificio.

Sabedor de las necesidades e inquietudes de los jóvenes, incluso les llegó a acondicionar, lejos de los pequeños, algunos departamentos con acceso independiente, y conocedor de la naturaleza humana varias veces tuvo que hacer oídos sordos ante situaciones que salían de su concepto de disciplina.

Su trato era bastante directo y recio, lo que le valía no poco frecuentes dificultades cuando externaba su pensamiento en diversos foros, “tengo el efecto de servir a la verdad, y no me callo, truene quien truene” decía. A pesar de ello, la labor que realizaba, le redituaba buena imagen entre la gente común, incluso, en la estación local, en la XVI, a invitación de don Enrique Morales, mantuvo durante varios años un gustado programa de Orientación Familiar.

Su tesonero proceder le valió mantener la Casa durante muchos años. La edad y su recurrente enfermedad poco a poco minaron sus fuerzas, en la vieja capilla, bajo el cristo de popote que le presidía o en su oficina, ante el retrato de la benefactora, hasta el final de sus días todavía hacia recuento de los muchos de sus tutelados que habían logrado una profesión y enumeraba a 4 abogados, 4 profesores, 5 militares, 1 médico, un periodista, muchos técnicos y sobre todo hombres de labor.

Caso especial fue el de este sacerdote, quien a pesar de su durísimo carácter jamás dejó sin casa, comida y sustento a los a veces muchos y a veces más niños, que eran dejados en esa casa, ya fuera por ser huérfanos, otros más solo para que “los corrigiera”. En todo cumplió.

Muchas veces requirió para sus labores de su auxiliar, “la Santa Mónica”. Contaban los pupilos que en un rincón de la arcada de acceso a los dormitorios durante ciertas noches se dejaba ver una sombra que los asustaba, enterado del hecho, el padre se apostó a esperarla. La paciencia dio resultado y una vez que la vio, se le fue encima propinándole un par de cachiporrazos a los que siguieron sendos gemidos. Al día siguiente, algunas gotas de sangre en el lugar, confirmaron la puntería del padre y la “aparición” no volvió.  

Tras cincuenta años de  ininterrumpida labor, sin fuerzas para continuar a causa de la enfermedad , debió dejar la Casa Hogar, su amada fundación en manos de las madres Vicentinas por petición del Obispo Mario de Gasperin.

Tuvo en la ciudad, el presbítero Guadalupe Leal los cargos de Capellán del templo del Beaterio, encargado y capellán de Jesusito de la Portería y del templo de San Juan de Dios.

Murió el jueves 17 de junio de 2010, antes de ser llamado a la casa de Dios, solo dos cosas le preocupaban, el no haber formado ningún sacerdote y qué sería de Dimas.



Una placa en su amado espacio de la capilla de Jesusito, el lugar más emblemático del catolicismo sanjuanenses le recuerda, y en cada aniversario luctuoso, una vez más como cuando eran niños, muchos de sus hijos asisten a recordarlo.
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Por cierto, Armando es el periodista mencionado en el texto entre los egresados del Padre Leal.  

viernes, 12 de mayo de 2017

Impresos históricos sanjuanenses III

Impresos históricos sanjuanenses III

Continuando con algunos de los impresos realizados en San Juan del Río o por sanjuanenses o del tema San Juan del Río, aquí catalogados como históricos, presento hoy un par de ellos, de carácter exclusivamente religioso.

1.- SERMON PREDICADO POR EL SR. CURA DE SAN JUAN DEL RIO D. ESTEBAN G. REBOLLO CON MOTIVO DE LA PEREGRINACIÓN QUE LA DIOCESIS DE QUERETARO PRESIDIDA POR EL ILMO.  Y RMO. SR. OBISPO DR. D. RAFAEL S. CAMACHO HIZO AL SANTUARIO DE NTRA. SRA DE GUADALUPE, CERCA DE MÉXICO EL 8 DE SEPTIEMBRE DE 1889.

Este delgado libro, (21 páginas) tiene varias particularidades: se inscribe dentro de los impresos que, con motivo de las primeras peregrinaciones queretanas al Tepeyac auspiciaba la  Diócesis, algunos son las reseñas de los actos litúrgicos celebrados durante el camino, otros, la reseña de las vicisitudes del camino, y algunas más de algún discurso o sermón efectuado durante ellas.

Supongo que el discurso del 8 de septiembre de 1889 fue muy comentado, lo que motivó una publicación especial.

Tiene la particularidad de que al inicio, como se estilaba en la antigüedad, tiene la solicitud de aprobación eclesiástica para publicarlo, misma que le fue concedida por no contravenir los preceptos católicos.

El autor, en este caso orador, Don Esteban García Rebollo fue durante muchos años párroco de San Juan del Río, a finales del siglo XIX, realizando una intensa labor en lo material y en lo espiritual, en tiempos en que a pesar de la oficial separación iglesia estado,  la intervención del cura local, como máxima autoridad religiosa era indispensable en muchos de los actos u obras de gobierno. Baste mencionar de él, que fue parte de la comisión encargada de la  introducción del agua potable para la ciudad.

El tema del sermón es exclusivamente religioso, como se estilaba también por entonces, con muchas referencias bíblicas adaptadas a la realidad imperante por aquel entonces y explicando situaciones igual de actualidad con pasajes bíblicos.

Otra característica que le hace destacable es que fue impreso en la imprenta de Luciano Frías y Soto, en la calle de la Flor Baja 12  (actual Josefa Vergara) que fue durante mucho tiempo la más prolífica productora en el estado, sobre todo por el boom que se dio en esos tiempos para la impresión de manera profesional, al bajar los costos que hasta entonces la habían hecho difícil.

Otro detalle, en su extenso título menciona que el Santuario de Guadalupe estaba entonces separado de la ciudad “cerca de México”, la mancha urbana no tardaría en alcanzarlo.

Este impreso está consignado por el Doctor Rafael Ayala Echávarri en su BIBLIOGRAFIA HISTÓRICA DE QUERÉTARO.


2.- TRIDUO A JESÚS NAZARENO BAJO LA ADVOCACIÓN  DEL SEÑOR DE LA PORTERÍA, Y CUYA MILAGROSA IMAGEN SE VENERA EN SAN JUAN DEL RÍO.

Este pequeño libro, reviste especial importancia, por referirse a una práctica religiosa local, un conjunto de oraciones para tres días exclusivo del templo de Jesús de la Portería, “Jesusito”  en cuyas paredes está la imagen de Jesús Nazareno, y que a menos que me equivoque, es la única imagen autóctona, es decir surgida en San Juan del Río y cuyo culto se circunscribe a los habitantes.

La devoción del pueblo sanjuanense por esta imagen local, a pesar de la pequeñez del espacio, ha sido muy especial a través de casi tres siglos, lo que nos indica que las oraciones liturgia y ceremonias exclusivas que a él se dedicaron son muy antiguas. Supongo que el impreso que comento, fue copiado de otros más antiguos, cuyo autor y temporalidad se pierden en la memoria. No en vano, es la imagen más visitada de la ciudad.

Creo que actualmente el Triduo ya no se lleva a cabo de manera ”oficial” en el templo, aunque pudiera hacerse de manera particular. Ha ganado popularidad la realización de los “33 credos”.

Se imprimió en la Imprenta de Demetrio Contreras, en  Pasteur  76 en Querétaro, en el año de 1921.

Es mencionado también por Rafael Ayala, en la Bibliografía Histórica de Querétaro, aunque en dos ediciones diferentes, una de 1938 y otra de 1940, son copia del mismo, incluso contienen las mismas 28 páginas. El primero editado también en Querétaro y el otro sin datos.

3.- Otro indicio de que este Triduo ha sido copiado desde muchos años antes, es el hecho de que hace poco  encontré  una edición realizada ya en San Juan del Río, en las tipografías Dorantes, de la calle de Francisco Javier Mina 25. Desafortunadamente no tiene fecha.

Supongo que es muy posterior a los arriba mencionados, pero es significativo ya que a pesar de la sencillez  del pequeño impreso, es el primero realizado  en San Juan del Río. Las imprentas en San Juan del Río datan de finales del siglo XIX pero  no hay datos de que realizaran más que periódicos  y papelería comercial.

La calle de Mina  para los sanjuanenses es conocida desde hace muchos años  como la calle de las imprentas por localizarse ahí esos establecimientos comerciales, aunque son de carácter comercial y fiscal, siempre tuvieron la capacidad de realizar actos sencillos, entre ellos los religiosos, como los cantos para posadas, los de los “farolitos, etc.” Incluso si mal no recuerdo, en esa calle se realizó el libro casi autobiográfico de Juan Rock, en la década pasada.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Ya está publicada la convocatoria para los juegos Florales de la feria San Juan 2017. Solo anticipo que será una nueva edición de “Roque y diez más”

Sección comercial:  década de 1940, imagen que tomé de Óscar, compañero de la secundaria. Una de las negociaciones más recordadas.

 
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domingo, 2 de agosto de 2015

San Miguel, donde el arcángel perdió. Los barrios 6


Continuando con la descripción somera de los antiguos barrios virreinales de la ciudad, corresponde hoy al llamado de San Marcos.

Fotografía personal: Balcón colonial de una casa del Barrio.
Su nombre se debe al arcángel San Miguel, santo muy apreciado por los indígenas de aquellos tiempos, ya que como la imaginería religiosa le  representaba siempre armado y en acción de acabar con el demonio, seguramente les recordaba a sus antiguos dioses, sangrientos y bélicos, sobre todo a Tláloc y es un ejemplo más del sincretismo religioso que se dio en los años de la implantación del catolicismo. Este santo, especialmente poderoso por ser además Príncipe y Arcángel, fue de los favoritos para nombrar los nuevos poblados y rebautizar los ya existentes durante la colonia. Aquí le correspondió el nombre a uno de los barrios indígenas primigenios.

Este barrio tiene sus límites en la actualidad al sur, con la avenida Juárez, al este, con la calle Hidalgo, al norte con la calle de Abasolo y al oeste con el río.

Mapa de Ignacio Pérez. En azul el Barrio de San Miguel.
En su tiempo fue importante por varias razones:

a)    Su parte sur colindaba con una gran extensión del camino real, donde se concentraba gran parte de la actividad comercial y de servicios a los viajeros.

b)     En él se ubicaron los edificios de todos los conventos que hubo en la ciudad: San Juan de Dios, (actual facultad de Bellas Artes de La UAQ) Santo Domingo (actual presidencia municipal) y el Beaterio. (en activo como lugar de enclaustramiento de religiosas) Mención aparte merecen sus respectivos templos anexos, todos aún en servicio religioso.

c)     Era el barrio más grande en cuanto a espacios construidos. Se puede decir que era casi completamente “urbano” tres de sus colindancias eran con calles de otros barrios, solamente el espacio junto al río tenía algunos espacios agrícolas.

d)     Contenía algunos de los espacios civiles más importantes: La casa de las diligencias o administración de alcabalas, el hospital “civil” aunque siempre fue administrado por religiosos, el puente de Piedra sobre el río, la escuela de educandas, y al parecer del lado de este barrio junto al puente se encontraba también la Garita de Querétaro.

e)   En razón de su mismo carácter “urbano” contuvo la mayoría de las Casonas y mansiones más importantes de la ciudad en todos los tiempos, sobre todo en la calle 16 de septiembre.

f)    Fue el barrio que tenía más colindancias con los otros:  La concepción, San Juan, Espiritu Santo y San Marcos.
Imagen de Google Earth. Iglesia de Santo Domingo, a la derecha, el antiguo Convento, hoy Presidencia municipal.

Originalmente, contuvo las pocas casas de los otomíes fundadores, edificadas junto a sus espacios agrícolas. Por pasar casi al centro de él la acequia del pueblo,  estos predios debieron ser de los principales de la comunidad, en atención a tener acceso al agua para riego y servicios. Esta misma condición le hizo ser también de los primeros en ser codiciados por los españoles y mestizos que a partir del siglo XVII poblaron el actual centro histórico y por su valor intrínseco, en él se asentaron muchas de las familias de la naciente élite del pueblo. Temprano en la historia dejaron los indios de habitar esta zona, quedando sin embargo, como recuerdo de ellos, dos calles con nombre indígena, (extrañamente en tarasco) la de Tareta y la del Huachi, nombres  que perduraron hasta fines del siglo XIX.

Imagen de Google Earth. El Beaterio y a la izquierda, el colegio de educandas.
A pesar de estar a la vera del camino y su intenso tráfico desde los tiempos iniciales del pueblo, en realidad tardó mucho en ser edificado completamente con casas, incluso, el Templo de San Juan de Dios, se describe en el siglo XVII como aislado de las casas del pueblo (recuérdese que por razones prácticas, casi todos los mesones se ubicaron en la otra acera, con acceso trasero al río) y se menciona que fue construido en un terreno llamado, tal vez por la misma razón “el Olvido”. Aún existe cerca de ahí una calle así  llamada, el Olvido, que hasta hace poco era callejón, seguramente ahí empezaba el predio mencionado.

Fotografía personal: Antigua casa de las diligencias.
Hace unos 20 años, al emparejar la orilla del río junto al panteón, antes del puente, se descubrieron cimientos de antiguas casas, seguramente fueron arrasadas en alguna crecida del río y fueron muy antiguas, porque no se tiene registro de asentamientos en ese lugar, hasta que a mediados del siglo XIX se construyó ahí el “camposanto común” para distinguirlo del “de los indios”, al otro lado del río, en el Barrio del Espíritu Santo. Aunque legalmente ya no existía la distinción racial, así se les conoció, pero nunca fue “de españoles” como dicen algunos, para esas fechas, ya la mayoría de la población era mestiza, no peninsular.
Fotografía personal: Casa de don Esteban, en la calle 16 de septiembre. " de las principales del pueblo"

Fotografía personal: El colonial puente de piedra.
Para 1793, Salazar describe así al barrio: “El de San Miguel, que es el mayor, y ocupa la parte poniente de la iglesia del hospital, comienza desde el puente. Subiendo del occidente al oriente con ocho manzanas y un testero (frente de alguna casa, macizo sobresaliente) formando ala a la Calle Real; por la parte norte encierra en su circunferencia treinta y seis manzanas. En este barrio están situados un mesón, el convento del Santísimo Cristo de Santo Domingo, en el que se hallan tres religiosos con el padre superior. Así mismo, está fundado un colegio de educandas, en el que hay una rectora, una maestra y doce colegialas. En este barrio es donde se encuentran construidas muchas de las casas de las principales del pueblo".

Fotografía personal. Antigua casona hoy plaza comercial.
Seguramente hubo en la época colonial alguna capilla india dedicada a San Miguel, pero por su pronta “españolización” seguramente se demolió o integró a alguna construcción. Incluso, creo que en ninguno de los templos que tiene el barrio  existe una imagen de San Miguel.

Hoy, la zona se caracteriza por ser eminentemente comercial, de servicios y habitacional. Ha perdido gran parte de las casas coloniales, pero se conservan muchos de los edificios emblemáticos. Esas grandes casonas, por su amplitud, albergan pasajes comerciales, al poniente, se conserva su carácter habitacional, pero son casas modernas, construidas sobre las antiguas milpas y huertas de los indios.

Mapa de 1590. Ubicación aproximada del barrio.
En la disyuntiva de poner el nombre al barrio, los indios eligieron a uno que consideraban especialmente poderoso, remembranza de sus antiguas deidades, en la esperanza de que bajo su patrocinio, los defendiera de los peligros que les acechaban en el lugar que eligieron como vivienda. Por esta vez, el santo no funcionó, apenas un siglo después de fundado el pueblo, casi ya no había indios en la zona nuclear del barrio.

Imagen de Google: Iglesia de San Juan de Dios y antiguo Hospital. Detrás del árbol mayor, la pequeña capilla de Jesusito de la Portería.
Afortunadamente otro siglo después, vendría en su auxilio, otra imagen religiosa, el cristo de la Portería (la portería del convento-hospital de San Juan de Dios) que aparecido en una de sus paredes, desde 1731 y hasta la actualidad, conocido como "Jesusito", a fuerza de milagros y favores concedidos se constituyó como el  espacio religioso más visitado de la ciudad, incluidas las iglesias del centro.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Iglesias coloniales fechas 2


Iglesia del convento de Santo Domingo 26 de Enero de 1690


Este convento fue construido con objeto de tener una base para la conquista espiritual de la sierra Gorda, la orden dominica, fue de las primeras en incursionar en dicho territorio, aunque muchos años después fueron los franciscanos quienes lo evangelizaron.

El convento fue fundado por Fray Felipe Galindo, el proyecto inicial era para fundar un hospital para sus misioneros de la sierra, aunque solo se materializó el convento y la iglesia en 1734 como iglesia de Santo Cristo de Predicadores.

Su nombre original era Convento de la Preciosa Sangre de nuestro Señor Jesucristo, aunque el nombre popular, tanto del convento como de la iglesia, terminó simplemente “Santo Domingo”.

Se localiza en Avenida Juárez poniente, la antigua calle y camino Real, como espacio Religioso solo sobrevive la iglesia, originalmente abarcaba además:

El convento, que hoy es la presidencia Municipal;
El portal de peregrinos, del que solo sobreviven las columnas, en una de las paredes de la presidencia;

Capillas anexas, hoy destruidas;

El anexo, donde hoy están las oficinas municipales y durante mucho tiempo fue cárcel;

La huerta, que hoy es el jardín Leona Vicario y partes de la calle Zaragoza, Cuauhtémoc y 27 de septiembre.

Desde su fundación hasta la secularización de los conventos, tras las leyes de reforma, cuando sus espacios dejaron de ser para uso religioso, quedando para ello solo la iglesia, siempre fue el más importante espacio  y estuvo habitado por gran cantidad de frailes.


Capilla de Jesusito de la Portería  cerca de 1731.

imagen de google earth

Esta capilla funciona en lo que era la portería (recepción) del convento y hospital de San Juan de Dios, ya mencionado en la entrada anterior.

Merced a un suceso milagroso sucedido en él, que se tratará en una entrada posterior)  una imagen pintada por un reo en una de sus paredes, que no pudo ser borrada, se adaptó para formar una pequeña capilla, en advocación a Jesús Nazareno.

Su nombre, por su origen fue el  “Nuestro Padre Jesús de la Portería” pero es más conocido como Jesusito de la portería, popularmente “Jesusito”

Esta pequeña capilla, que no tiene sacerdote adscrito, pero que abre todos los días, me atrevo a decir que es la más visitada de toda la ciudad y sus alrededores, debido a la costumbre que se tiene desde hace muchos años entre la gente de encomendarse a la imagen en enfermedades y cirugías, y volver al sanar. Su efectividad se palpa entre toda la gente que se puede ver a diario y la cantidad de flores que recibe de la misma.

Fuera de él y dentro, se tienen placas explicando el origen de la imagen, y al lado derecho del altar están los grilletes de Evaristo Olvera, el preso que la pintó y que con ello ganó su libertada.

 Parroquia de San Juan Bautista y Santuario Diocesano de Guadalupe.

Son los espacios religiosos adjuntos ubicados en el centro de la ciudad, ya se ha hablado mucho de ellos en entradas anteriores, solo me limitaré aquí a  las fechas oficiales de construcción.

San Juan Bautista (conocido también como el templo, el templo del Sagrado Corazón, sustituye a las primeras iglesias del pueblo, desde su fundación, en el mismo lugar, dedicada al Santo patrono de la Ciudad, “San Juan Bautista) originalmente iglesia del pueblo de indios, con fachada al poniente, tenía al frente el cementerio, rodeado por una barda. Su arquitectura actual corresponde a  cerca d e 1731, cuando se abre la portada al sur.

Santuario diocesano de Guadalupe, (también conocido como “la parroquia” o  iglesia de Guadalupe” fue construida intermitentemente entre 1789 y 1729. Dedicado a la virgen de Guadalupe.

plano de Ignacio Pérez, cerca de 1880 capilla abierta
Capilla abierta, era un pequeño capilla descubierta que se encontraba al frente y en medio de los dos templos anteriores,  con vista a la plaza, construida con objeto de que los comerciantes instalados ahí y sus clientela, escucharan misa los domingos, el día de plaza. Fue construida cerca de 1785, contenía una imagen de Jesús Nazareno de las tres caídas, que es lo único que queda, el edificio fue derrumbado entre los siglos XIX y XX. La imagen es la una de las que anualmente hacen el recorrido del viacrucis en Semana Santa.

Templo del Señor del Sacromonte  1831

imagen de Google Earth
Conocido popularmente como el Santuario, en realidad no lo es, solo es iglesia o templo. (por sus características, no se le puede dar la categoría de Santuario, no contiene una imagen o santo original)

Es el último templo colonial de San Juan del Río, en realidad fue construido en la época independiente, pero por sus características arquitectónicas se le considera así.

Ubicado en la Av. Juárez, frente al hoy Jardín de la familia, que sustituyó a la antigua Plazuela del Sacromonte.

Fue construido gracias a aportaciones de particulares en 1831.  
  

Su origen está en una estampa del señor del Sacromonte, traída del Santuario (ese sí es) de Ameca, en el estado de México, que estaba en el pueblo desde 1817, teniendo fama de milagrosa era prestada por sus dueños a personas enfermas o con familiares enfermos para que intercediera en su curación.

Los dueños, edificaron una pequeña capilla en la calle Real, pero en el lado propiedad de los indios y recibían aportaciones que extrañamente nunca alcanzaban para completar la capilla, por lo que intervinieron las autoridades para administrar los donativos y terminar el templo.


Hubo además muchas capillas en las comunidades y haciendas. Aunque se dice que la iglesia de San Pedro Aguacatlán es muy antigua, no es la actual, que es una reconstrucción de fines del siglo XIX, por ahí tengo una sorpresa relacionada, espero publicarla pronto.

 Las fotografías son personales, excepto las indicadas con leyenda.

Con esto termino la cronología de las iglesias, espero que les sirva para la tarea a los niños,  la información en general la tomo de Ayala, los comentarios son personales, basados en mucha bibliografía. Espero ahora sí cumplir con los pendientes y regresar a la etapa prehispánico y colonial temprana como había prometido.