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domingo, 28 de mayo de 2017

Enrique Nalda en la UR 85

Enrique Nalda en la UR 85

Enrique Nalda en los 90s, Fotografía Tomada de Internet, crédito a  quien corresponda.
Como un recuerdo ancestral de la época de su fundación, se tenía el conocimiento de que en el barrio de la Cruz, específicamente en la parte alta del cerro del mismo nombre había existido un asentamiento prehispánico.

Seguramente los primeros pobladores coloniales conocieron esos elementos que aunque tenían siglos de abandono, debieron estar completos, sobre todo la pirámide principal. En el transcurso de los siglos, ese conocimiento persistió, aunque el lugar fue deteriorándose. El montículo principal debió conservar por entonces gran parte de las lajas que recubrieron la última etapa, luego utilizadas para la construcción de la actual capilla cristiana, lo que precipitó su deterioro. Igualmente se utilizó piedra de otros elementos existentes para un par de construcciones coloniales que aún existen, con igual resultado.

Para la década de 1970 poco relacionaba a la pequeña meseta con un sitio arqueológico, la pirámide principal era un uniforme amontonamiento de piedras que pocos reconocían como artificial. Las plazas habían sido invadidas por la maleza, y en el lado poniente incluso, se sembraba maíz. La calzada de acceso quizá era lo único que se adivinaba como perfectamente delineado.

Fue don Rafael Ayala en 1971, quien se encargó de recordarnos que ese montículo era prehispánico, aunque erróneamente señalaba que tenía forma semicircular y recordaba a la pirámide de Cuicuilco. (Erróneamente porque la forma que tenía era producto de haberse retirado las rocas que recubrían la última etapa, dejando visible solo el relleno, que poco a poco colapsaba hacia abajo por lo que los habitantes modernos del lugar apilaron algunas de esas rocas, seguramente ya en el siglo XX, para evitar más desgajamientos, dándole la forma redondeada en la base, que observó don Rafael, no era esa su forma original)

Por 1975, se esparció el rumor por la entonces pequeña ciudad, de que un arqueólogo estaba trabajando en el Barrio de la Cruz y ya había encontrado una pirámide enterrada y varios túneles. Incluso el periódico local dio cuenta de ello.

Por esos años, en el barrio, sobre todo en la parte baja, era muy común encontrar caritas, cerámica y flechas de obsidiana, máxime si realizaban excavaciones para la construcción de casas. En la cima, los restos superficiales eran  abundantes pero muy fragmentados. El hecho de que ahí no hubiera viviendas no había permitido descubrimientos mayores.

Quienes nos enteramos de la noticia, de inicio no concebíamos cómo podía haber enterrada una pirámide en un cerro que sabíamos era completamente de roca, a lo mejor los túneles que se mencionaban, decíamos que les habían llevado a algún lugar donde se habían encontrado restos arqueológicos.

Imagen Tomada de González, 2009
Con el tiempo supimos que la pirámide mencionada sí estaba enterrada, pero debajo del montículo de rocas, no en el cerro mismo y que los túneles en realidad eran las trincheras de excavación que los arqueólogos realizaron para buscar etapas anteriores de construcción.

La excavación dio como resultado descubrimientos aún más inesperados. Para empezar, como dije, se desechó la conseja de que la pirámide era circular y que había sido realizada solo amontonando rocas, debajo de ella, se descubrieron intactas, al menos otras dos etapas constructivas, que remontan incluso al periodo Formativo.

Se descubrió que la cima del  cerro no era completamente plana de manera natural, sino que había sido nivelada utilizando relleno traído de otras partes, arena, rocas de río y desperdicios de otras construcciones, lo que explicaba los restos fragmentados.  En la meseta resultante, se construyó un centro ceremonial en forma, que en su etapa final tuvo dos montículos piramidales, dos plazas, una calzada de acceso y un camino de ronda que circunda todo el conjunto.

Se dató además, la temporalidad del lugar, resultando que la primera fase constructiva tenía elementos cercanos al año 500 A.C. y que sus constructores tenían al menos influencia de Chupícuaro, una de las culturas madre en Mesoamérica.

El arqueólogo encargado de realizar esta prospección, fue Enrique Nalda Hernández, (Logroño, España, 1936, México D.F., 2010) quien,  buscando en la región elementos de un trabajo de investigación para su tesis de Maestría, llegó en el mencionado año de 1975 a San Juan del Río. 

Aunque se tiene la idea de que solo exploró el barrio de la Cruz, en realidad registró casi 200 sitios arqueológicos.

Uno de los postulados de su tesis consistía en que cada asentamiento con evidencias líticas, cerámicas o constructivas tenía interrelación con otro ubicado a cierta distancia,  así que a pie, entre los cerros y valles recorrió toda el área circundante al municipio y los vecinos. En algunos lugares solo encontraba restos superficiales, en otros, elementos mayores e incluso arquitectura visible. Al conjunto de sitios interdependientes le llamó UA (Unidad Arqueológica) Así aparece el concepto de la UA San Juan del Río, con un área de 1000 KM2. Los sitios en particular (en total 182) fueron denominados UR (Unidad de Recolección)

A  partir de cada una de esas UR, localizadas por él con una técnica novedosa, la fotografía aérea, pasaba a recorridos a pie,  preguntando a los vecinos, localizaba el siguiente.

Obviamente documentado, sabía por los escritos de Ayala, de la existencia del cerro de la Cruz, y por otros arqueólogos de la existencia de los yacimientos de la Estancia, Xajay y El Rosario en San Juan del Río, además de La Trinidad y los Cerritos en Tequisquiapan.  Clasificados también como Unidades Arqueológicas.

Figura Chupícuro, Barrio de la Cruz, Imagen tomada de Crespo, 1992.
En el cerro de la Cruz, por la magnitud material y temporal de lo ahí encontrado, puso el énfasis principal de su trabajo, ya que su existencia le permitió cuestionar algunos de los mitos de la historia oficial.

Hasta esa fecha,  se tenía la idea de que la región formaba parte de Aridoamérica, y que había sido dominio de los chichimecas, por encontrarse ellos en la región a la llegada de los españoles y que por lo mismo en la zona no se habían establecido civilizaciones en la antigüedad. La existencia de un sitio con ocupación continua hasta casi el Postclásico, ponía en duda donde había sido la frontera entre ambas regiones.

Algunos de sus maestros en la Escuela Nacional de Antropología e investigadores que le precedieron ya habían postulado que la frontera entre las dos regiones no había sido fija, sino fluctuante debido a cambios climáticos flotante, pero los descubrimientos de Nalda, aunaron otra variante: En San juan del Río no había evidencia de que un cambio climático hubiese empujado a los habitantes a huir a otros lugares como postulaba la teoría inicial. Cierto que los centros ceremoniales se abandonaban, pero la población no parecía disminuir.
El cerro de la Cruz y sus alrededores, recreación tomada de Crespo, 1996

El hecho de que se pudiera construir y mantener aunque fuera por etapas, un centro ceremonial de las dimensiones del barrio de la Cruz, con la dificultad para llevar los materiales necesarios hasta la cima, implicaba una sociedad bien organizada, con autoridades de cualquier tipo y una numerosa población disponible como mano de obra.

Por su importancia, los resultados del proyecto U. A. San Juan del Río, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, coordinado por Nalda, fueron presentados en 1975 en la tesis de Maestría del mencionado arqueólogo con el Título  “UA San Juan del Río: trabajos arqueológicos preliminares”.

Por sus novedosos conceptos, las técnicas empleadas, su posición contraria a las hasta entonces vigentes teorías, el proyecto dio como resultado la búsqueda y exploración de gran cantidad de sitios arqueológicos en los estados aledaños, algunos ya conocidos y a los que se les había restado importancia, otros completamente desconocidos o ubicados en zonas que la consideraría no aptas para la civilización mesoamericana, incluso a la fecha. Todos ellos ubicados en el hoy llamado CENTRO NORTE que comprende principalmente los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y otros aledaños en menor medida.

Pirámide principal, la parte de arriba da una idea de como se encontraba toda en los años 70s, la parte de abajo, es la parte reconstruida. Fotografía personal, 2016.
Igualmente, desde su publicación, la tesis de maestría de Nalda y otro escrito derivado, llamado “la Contracción de la Frontera Mesoamericana” un año después, son de consulta obligatoria y referencia bibliográfica en cientos y quizá miles de trabajos de investigación, libros, artículos y tesis relacionadas con la arqueología y la historia de gran parte de los estados de la república.

La importancia de su investigación y sus resultados, proyectaron a Nalda a las grandes esferas de la arqueología nacional: Publicó varios libros en lo personal, además de los informes de investigación de sus trabajos arqueológicos, cada vez de mayor importancia, fue docente e investigador de la Escuela Nacional de Antropología de donde había egresado, líder sindical y al final de su vida llegó a ser reconocido por muchos de sus colegas como uno de los mejores arqueólogos del País.

A partir de su titulación, su trabajo se concentró en el área maya, donde fiel a sus principios, además de la exploración arqueológica, otra vez revolucionó las teorías establecidas para esa área. Nunca volvió a San Juan del Río, es difícil establecer los hilos del destino, y todo lo que debió conjuntarse para que alguien no predestinado para ello, ya que había nacido en España, pero su familia llegó a México huyendo de la Guerra civil; que se había titulado de Ingeniero; que abrazó tardíamente la arqueología, hubiera desenterrado, en la cima de un promontorio tan cercano en distancia al centro de San Juan del Río, pero del que realmente hasta su llegada, se desconocía completamente lo que contenía y su importancia arqueológica e Historia.

Posteriores investigaciones y más exploraciones  han aumentado los conocimientos que sobre el centro ceremonial iniciaron con Nalda. Actualmente no hay trabajos en él, pero puede observarse una reconstrucción de la etapa anterior al promontorio explorado por Nalda, aquella que apareció en las calas efectuadas en 1975, la “pirámide enterrada” en la que entonces  solo era la U.R. 85. Como dije, nunca volvió, pero qué bueno que vino una vez.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Creo que no tarda en salir impreso el programa cultural de Feria, no se lo pierdan, habrá sorpresas.
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miércoles, 21 de octubre de 2015

El palimpsesto de San Juan del Río


Ya sé que van a decir que qué significa la palabrita; No, no se trata de una grosería, alguna enfermedad extraña ni una nueva red social.


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 Se llama Palimpsestos a ciertos pergaminos antiguos, de los todavía escritos a mano, a los que en la edad media se les raspaba el texto para reutilizarlos. El procedimiento solo era posible en ciertas pieles que permitían el raspado sin deterioro. En razón del origen animal del soporte, el escrito antiguo no desaparecía por completo y  era evidente por lo menos parte de lo originalmente plasmado.

La práctica fue frecuente en las épocas en que el papel escaseaba. Hace algunos años, uno de esos palimpsestos, cobro notoriedad, cuando se descubrió que debajo de un escrito religioso, se encontraba un tratado hasta entonces desconocido, atribuido nada menos que a Arquímedes, lo que lo convirtió en noticia mundial.

Detalle del Palimpsesto de Arquímedes, los filtros revelan la escritura oculta. Imagen del sitio.

La palabra se utiliza también en otros ámbitos, por ejemplo, en Arqueología se llama Palimpsesto a un sitio en el que hay varias capas de elementos de diversas épocas, que en ciertas condiciones se entremezclan haciendo especialmente difícil determinar donde comienza una época y donde termina otra.

Resulta, que el valle de San Juan del Río es una zona que presenta dichas características, convirtiéndose, en toda su extensión, en un macro ejemplo de palimpsesto arqueológico.
Y con ese título “El Valle de San Juan del Río, Un palimpsesto arqueológico” aparece el primer libro de arqueología, dedicado exclusivamente a nuestro municipio, bajo la coordinación de  Juan Carlos de Saint Charles Zetina.

ANTECEDENTES
Entre algunas de las buenas acciones del saliente gobierno estatal, en colaboración con editoriales comerciales, se creó hace un par de años, una editora gubernamental, de libros con temas de la historia y las artes locales. Extrañamente, a pesar de todos los inconvenientes que tienen las editoras oficiales, los libros y ediciones que del llamado “Fondo editorial de Querétaro” surgieron, resultaron de gran calidad, tanto por su contenido como por los detalles de encuadernación.  El gobierno del estado de Querétaro, ha tenido, desde hace unos cuarenta años, una tradición de preservar,  a través de ediciones especiales los escritos importantes de la historia local, así como de los autores locales, pero creo que en calidad, los editados en los últimos años, son los mejores de todos, ya que además del texto, el diseño, papel y gráficos son de gran calidad.  Haciendo honor a la difusión de la cultura, muchos de esos libros se regalaban durante su presentación, lo que ha ocurrido siempre, pero también se ponían a la venta a precios realmente accesibles, considerando lo caro de sus materiales, de tal manera pude adquirir muchos de sus títulos, los de personajes ilustres, el de don Restituto Rodríguez, el que considero el mejor de muchos años: “ La Relación de Querétaro” ya reseñado aquí y finalmente el que me parece el más interesante para la historia local, que es el que presento a continuación:

 “El Valle de San Juan del Río, Un palimpsesto arqueológico”
Contaportada: La presa de la Estancia, desde el sitio arqueológico del Rosario.

DE LOS AUTORES
La mayoría de ellos no necesita de mucha presentación, además de escritores, son en gran parte, integrantes del Centro INAH Querétaro, es decir, los mismos que vemos llenarse de polvo, bien para desenterrar una defensa de mamut, que en un taller restaurando cerámica, reviviendo un incunable, desempolvando una obra maestra de la pintura  o enlodándose para preservar una pirámide.

El coordinador de la Obra,  Juan Carlos de Saint Charles, para más señas, fue uno de los encargados de, en el barrio de la Cruz, durante la reconstrucción de la pirámide principal, darnos a conocer de manera visible, la grandeza arquitectónica de un vestigio, al que a fuerza de verlo tantas veces, según nosotros, si le veíamos forma de pirámide, a lo que solo era un montón de piedras. El único reproche que siempre se le ha hecho al equipo del que formaba parte es que dejaron la reconstrucción inconclusa, ojalá que nuevos presupuestos les sean favorables y podamos ver la máxima expresión de nuestros antepasados completa algún día y ojalá sea él quien nos dé ese regalo.

Por razones de asignación de trabajos, constantemente ha estado en nuestro municipio, sobre todo en el referido barrio de la Cruz, regando las conclusiones de sus trabajos en gran cantidad de publicaciones, que espero algún día reseñar en este mismo espacio.

Ignoro a quien se le ocurrió definir al Valle de San Juan del Río como palimpesto, si a él o los demás colaboradores, algunos viejos lobos de la arqueología local y sus publicaciones, otros nuevos valores, tales como: Carlos Viramontes, Elizabeth Hernández Sánchez, Fiorelia Fenoglio, Rosa Brambila y más, que por falta de espacio no enumero. Todos importantes por ser un escrito interdisciplinario, que nos lleva a través de los siglos, por el valle de San Juan del Río, donde…
Portada. Bajo el agua, la otra gran zona arqueológica, la Estancia

 CONTENIDO

El libro, nos lleva, a través de distintos textos, primero a la conceptualización del espacio, hoy tan nuestro, donde miles de años antes, se dieron las correrías de los cazadores y recolectores nómadas, que después se establecerían de manera sedentaria aprovechando lo benigno del clima y la geografía, en diversos puntos del mismo.

A diferencia de otros textos científicos, este por ser de divulgación, es muy ligero en su lectura, ya que los autores procuraron un lenguaje, que sin llegar a ser completamente llano, es muy entendible para todos, conocedores o no del tema. Va acompañado, por una impresionante cantidad de fotografías, tanto descriptivas como de fondo, de tal manera, que casi son paritarias las de puro texto con las coloridas, que además presentan mapas, esquemas, tablas, etc.

Así, de la mano o en este caso de la pluma de los colaboradores, vemos, lugares y detalles, que solo conocíamos de oídas o en fotografías de mala calidad en periódicos. Por tales características y la magnífica resolución gráfica, vemos hasta el mínimo detalle de los murales del Rosario, las navajas de obsidiana, de las figurillas Chupícuaro y mucho más.

Dado que la intención, mostrada desde el título, es darnos a conocer que en nuestros suelos subsisten, a veces entremezclados, los restos de  la actividad humana de muchas culturas, luego de la reseña de los primeros asentamientos, pequeños por naturaleza, nos llevan a las civilizaciones monumentales, como lo fueron el Cerro de la Cruz y el Rosario, a cuya caída, los centros ceremoniales se abandonan, sin que por ello decline la actividad humana en la zona, solo se fragmentó el poder, pero nunca dejó de existir, como nos muestran la cerámica  y los petrograbados del epiclásico.

Mención especial, merece un tema poco difundido, los entierros ceremoniales en el cerro de la Cruz, cuando  este ya estaba en ruinas y abandonado, los entierros, sobre todo de infantes, muestran un intento por sacralizar como suyo, un espacio que ya había sido sagrado por y para otros.

La temporalidad de los estudios llega hasta el post clásico tardío, con la igualmente tardía incursión azteca a lo que después sería nuestra ciudad, proseguida, apenas unas décadas después, por los españoles y sus auxiliares otomíes, que a través de su idioma y su cultura, formaron la última capa del monumental Palimpesto, que es el valle circundante,  donde hoy nos asentamos y en el que, con un poco de cuidado podemos leer a través de vestigios, lo que nos dejaron los cazadores recolectores, la cultura Chupícuaro, los hombres de Cuicuilco, los Teotihuacanos, los Toltecas, Mexicas, Otomíes, Mestizos y tantas y más capas, incluida la que estamos formando todos aquellos que vivimos, sufrimos y queremos a esta ciudad.

 COLOFON

El último capítulo, se refiere a la toponimia antigua. Por basarse en Ayala, no hallan el significado de los nombres en náhuatl y otomí con que era conocido el asentamiento a la llegada de los españoles. En investigaciones personales ya expresadas en este blog,  establezco que  el nombre correcto era Iztacchichimeca, en náhuatl,  referido al actual cerro de la Venta, y que se trasladó al cercano puesto defensivo que los aztecas tenían en el cerro de la Cruz, que con la colonización otomí siguieron llamándolo igual  pero en su idioma. “Taximacu” ambos nombres, significan en español “Chichimeco Blanco” cualquier otra interpretación carece de sustento y por ello los autores no concluyen el significado.

UNA SÚPLICA
Concluyo con una petición:

 Aparte del “Fondo editorial de Querétaro”, de gobierno del estado, también el municipio de Querétaro, tenía una editorial “Librarius” que igualmente, en ediciones más modestas, difundió en los últimos años, temas de la historia local, a través de libros breves, incluso reediciones de clásicos de la historiografía queretana.

Sé que con el nuevo gobierno llegan nuevas ideas, proyectos y personas pero hay obras y acciones que deben carecer de color, ojalá que estos dos esfuerzos no se pierdan, si quieren cámbienle de nombre a las editoriales, pero no dejen de difundir la valiosa historia de nuestro estado, tan rica y a veces tan olvidada en las acciones gubernamentales.

Lo anterior a propósito porque en la librería cultural, que está en la capital del estado, junto a la solariega tienda, donde hace unos 5 meses adquirí el libro hoy reseñado, la semana pasada que acudí por otro título, habían sido retirados de los estantes, casualmente todos los libros del Fondo editorial de Querétaro, los de Librarius, y los de Jesús Mendoza, ¿Casualidad? Me dijeron que por inventario pero …

Espero  que el libro regrese a la circulación y puedan disfrutarlo.

Casi todos los libros de la editorial del municipio e Querétaro "Librarius" Ediciones cortas , económicas pero de gran contenido local, solo faltan dos que están en estudio y el último, que ya no pude adquirir.
 El chichimeca al servicio de la comunidad

Aclaro como siempre que no vendo libros ni trabajo para las mentadas editoriales ni soy familiar de los autores,  solo difundo el libro por su valor para la historia municipal.
Sigo con el problema de muchos lectores, pocos comentarios, no creo ser tan contundente, estoy a sus órdenes para cualquier aclaración o adición. Detalles mínimos pueden ser de gran apoyo para la historia  
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Nueva adquisición

Gracias al apoyo de un ex alumno, hoy amigo, pude adquirir en el extranjero, uno de los pocos libros que me faltaban de don Rafael Ayala: “Breves noticias sobre la primera imprenta de la ciudad de Querétaro”  de 1943, su primer obra formal. Tras 72 años, regresa a su lugar de origen. Quién sabe todo lo que tuvo que pasar para que llegara a la colección. Solo les presento el escaneo de la portada, está muy frágil y quebradizo, ya lo leeré con calma y reseñaré lo que atañe a San Juan del Río.

Gracias Lencho.

Próximamente por este mismo blog:

 “El extraño retorno de la Historia Sanjuanense” No se lo pierdan. 

miércoles, 8 de julio de 2015

El barrio de la cruz en imágenes.

Como complemento a la entrada anterior presento a Ustedes las imágenes relativas, con algunas acotaciones necesarias.
Inicio con esta fotografía personal, del plano de 1590,  la zona resaltada sería la extensión original del barrio.  Los montículos junto al río en el mapa se nombran "cues" es decir templos o basamentos. En la esquina superior izquierda, está el cerro actualmente llamado "de la Venta", que era el que originalmente tenía el nombre IZTACCHICHIMECA, es decir, el Chichimeca Blanco. Para la fecha de elaboración del mapa ya el idioma dominante era el otomí, así que se le llamaba Teximacu o Teximeco, es decir el mismo significado pero en otomí (por un error del escribano solo anotó "cerro del Texco, la falta de algunas letras hizo que nadie supiera que significaba esa palabra, escribiéndola completa, nos da el significado real: El chichimeca blanco, en otomí)
Por cercanía, el asentamiento original, incluido el montículo recibió el mismo nombre, años después de la elaboración del mapa, en  la falda del cerro se estableció una "venta" para el servicio de los viajeros  del Camino Real, por lo que desde entonces se le llamó "el cerro de la Venta, quedando  el nombre indígena "TEXIMACU" solo para  lo que hoy conocemos como el barrio de la Cruz. La fotografía muestra ambos, al centro, el de la Venta, a la izquierda,  el promontorio del barrio de la Cruz.
La siguiente imagen satelital de GOOGLE 2015, nos muestra todos los elementos originales: el cerro, delimitado al norte por la autopista, (que al construirse cercenó unos 15 metros de él) al oriente por el río,  al poniente, hoy completamente urbanizada, la parte baja donde se ubicaban las plazas ceremoniales. La cima, nivelada artificialmente,  conserva los elementos de la última etapa constructiva, el camino de acceso, plazas, una pirámide principal,  y algunos elementos. sobre la pirámide hay una ermita colonial y una iglesia moderna. Hay otros elementos muy derruidos, parece ser que eran otros basamentos y ruinas coloniales.
Debajo de lo que hoy se ve, están otras etapas de construcción, la más antigua como centro ceremonial sería por pobladores de la cultura Chupícuaro. La siguiente fotografía, de la página web del Museo Regional de Querétaro, muestra figurillas de barro características de ella, en técnica de pastillaje con algunos elementos en color, la segunda, de la misma página, se trata de un elemento  de una época muy posterior, parte de de un collar, proveniente de Oaxaca, lo que demuestra la penetración de las antiguas rutas de comercio. Ambos se exhiben en el citado museo.

La siguiente fotografía personal, nos muestra la prominencia del sitio, destacando por su altura en lo plano del valle, lo que lo hizo estratégico, no tanto en lo bélico, sino en lo ritual. Se observa como sobresale el basamento piramidal.
Cara sur del basamento piramidal, de unos 8 metros de altura, en cuya cúspide se colocó la ermita cristiana. Lo que se ve es producto de una inconclusa reconstrucción, que nos muestra parcialmente como era originalmente la segunda etapa constructiva, parece ser que la escalera de acceso estaba a la izquierda, parte que no se reconstruyó. (fotografía personal)
En la cima de la pirámide, sustituyendo el anterior templo indígena, una ermita católica, dedicada a la Santa cruz, lo que hoy vemos es de construcción moderna, pero como se dijo en la entrada anterior, todo indica que en este mismo lugar los hombres de Nuño de Guzmán, entre 1531 y 1533 colocaron una cruz en señal de conquista, lo que sería el antecedente de la ermita.  Es especialmente cuidada y visitada por los lugareños, quienes la han remozado varias veces en el transcurso de los siglos, aunque han conservado en cada intervención,  varios elementos antiguos.
Uno, a mi parecer, es la inscripción más antigua existente de nuestra ciudad,  en la base de la ermita dice" 2 de abril de 1672"
La otra, en la peana de la Cruz dice "En 3 días del mes de mayo de 1769 años, como mayordomo de la stma Cruz dn Gmo Sago". (Guillermo Santiago). Recordar que la mayordomía es un cargo anual para ciertas fiestas religiosa, en este caso las de la Santa Cruz, lo que nos indica la antigüedad de las que aquí se celebran. (Fotografías personales)
Y manteniendo sus antiguas tradiciones, los habitantes locales, como los que les precedieron en el histórico barrio, año con año, suben al cerro a celebrar sus fiestas.  (Las siguientes fotografías las tomé prestadas dela página de la danza "Techimacit" del mero barrio, me dicen que hay otros grupos en diferentes modalidades)
Traslado de la Cruz a la iglesia de l Los elementos en blanco y amarillo son de cera, primorosamente trabajada para la fiesta. Ya casi solo se ven aquí.
 
Los integrantes de la danza, rumbo a la cima.
 
Al pie de la pirámide, reviviendo ritos tal vez milenarios.
Los que nos antecedieron, a quienes les fue encargada la tradición y año con año se hacen presentes a su vez para transmitirla a las nuevas generaciones.
  

Adornada con semillas, especialmente para la fiesta, la portada del templo católico de la cima, aclaro que este edificio no es muy antiguo, pero lo que si es indudable, es que como muestra del más puro sincretismo religioso, fue construido utilizando las piedras de la última etapa constructiva del basamento piramidal, ubicado a unos 10 metros de él.
Finalizo con una imagen personal, la panorámica de la actual ciudad, desde lo alto del cerro, que ha visto pasar a sus pies, a casi todas las culturas dominantes del altiplano central, desde Cuicuilco, los teotihuacanos, los aztecas y los españoles, a todos los tuvo a sus falda. Hoy, continua como el vigía del valle; un chichimeca blanco, que observa el crecimiento de esta ciudad, que se inició en su cima, hace 2500 años. A veces lo olvidamos, pero fiestas como las mencionadas, que se han ido transformando en lo material, pero conservan su ritualidad ancestral, son el llamado de atención para que no lo olvidemos.
  
Para quien se interese más en lo relativo a este barrio, en el blog hay varias entradas relacionadas. Por su antigüedad, es sitio donde confluye mucha de nuestra historia. Da clic en cualquiera de los siguientes vínculos
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Conviene recordar a quienes nos vistan de manera ocasional, que esta página está en un formato de blog, que en esencia, funciona como un diario o una bitácora, organizada de manera cronológica por un servidor. Al frente de manera general aparece la entrada (o sea el escrito) más reciente, a menos que hayan llegado por acceso directo, en cuyo caso acceden a la entrada solicitada.
En la parte derecha aparece un calendario por año y mes, dando clic en ellos, se accede a las entradas que se elaboraron en el año y mes que vayan desplegando. En el caso del presente blog, se tienen incluida la presente, 90 entradas. Aunque a veces me tardo un poco, trato de poner una por semana.
Siendo su servidor el redactor único, muchas cosas que escribo son unitarias, pero otras tienen seguimiento, por lo que se recomienda, si su tiempo lo permite, iniciar a leerlo desde la primera entrada para mayor entendimiento, si no de cualquier manera se puede acceder a  temas específicos en el momento en que los deseen y en el orden en que gusten.

A la izquierda hay una imagen y un extracto, solo de las 10 entradas más visitadas, también pueden acceder en forma directa a cualquiera de ellas con un solo clic.
Como este sitio es muy visitado, pero se comenta poco, a veces para aclarar o avisar cuestiones del contenido incluyo un apartado como este, llamado el Chichimeca al servicio de la comunidad. 

domingo, 5 de julio de 2015

Los Barrios 5: El Barrio de la Cruz, donde todo empezó.



Continúo la descripción de los barrios de San Juan del Río durante la época virreinal, establecidos como medida  de control  administrativo y religioso. Especialmente importante es el que hoy se detallará: El Barrio de la Cruz.
Ubicado al sur de nuestra ciudad, hoy es una zona suburbana extensamente poblada, que según los registros, tiene una ocupación continua de más de dos mil años.
ANTECEDENTES.
Este barrio se encuentra a un costado del río San Juan, tiene como característica contar con un promontorio de roca elevado de los alrededores, a unos 25 metros de altura, con su cima relativamente plana, en una superficie aproximada de una hectárea.
Aunque hay evidencias de ocupación humana anterior en otros lugares del valle, el promontorio (hoy llamado cerro de la Cruz) debió ser especialmente atractivo por razones rituales y estratégicas. Su primera etapa constructiva se remonta al año 500 a. C. cuando grupos provenientes de Chupícuaro establecen un centro ceremonial en la cima, nivelándola con rellenos y establecen algunas plataformas. No hay vestigios que el lugar haya sido zona habitacional. Su uso fue siempre ritual. La gente tenía sus viviendas y sembradíos en la parte baja del cerro.
La actividad constructiva en la cima tuvo varios periodos en el transcurso de los siglos, deteniéndose al finalizar el primer milenio de la era cristiana,  aunque solo fue del mantenimiento del centro ceremonial, que son los edificios que hoy se ven: una pirámide principal, una gran plaza y algunos otros basamentos, la gente común continuo su vida en las partes bajas de los alrededores.
Se desconoce el nombre original  del asentamiento en la época clásica, que llegó a tener una extensión respetable. Aunque parece que solo tuvo construcciones en este cerro y en las llamadas Peñitas, incluía toda la zona de los alrededores: la parte baja del cerro, las Peñas del río, Guadalupe de las Peñas, Lomo de Toro y partes del B. Hidalgo y el final de la Calle Melchor Ocampo, donde estarían las zonas de habitación y los cultivos. 
Por los restos encontrados en los lugares mencionados y ser zona de tránsito y comercio, tuvo influencia de muchas de las culturas del clásico, seguramente perteneció en algún momento a los imperios Teotihuacano y Tolteca,  que sojuzgaron a los habitantes locales e imponían patrones culturales que por su naturaleza, solo eran temporales. A la caída de los imperios, la gente volvía a su vida tranquila en las orillas y cañadas del río.   Con la contracción de la frontera mesoamericana, desde el siglo XII, la zona se vio invadida por  nuevos habitantes que se entremezclaron con los pocos locales. Aunque se dice que fue invadida por chichimecas, en realidad los que llegaron fueron los pames - un grupo emparentado con los otomíes- caracterizados por ser semi nómadas y no compartir la cultura mesoamericana, razón por la cual fueron clasificados junto a los chichimecas auténticos, éstos sí completamente nómadas  que tardarían unos siglos más en llegar.
Con la irrupción, a fines del siglo XV de los aztecas como imperio, estando la zona en los imprecisos límites del Señorío de Jilotepec, al ser conquistado éste, la zona del barrio de la Cruz, paso a formar parte del imperio y en el lugar se estableció un puesto de defensa contra el Imperio Tarasco.
EL NOMBRE

El pequeño poblado se llamó entonces IZTACCHICHIMECA, aclarando que en realidad, era el nombre que los aztecas dieron al cerro de la Venta, y que por extensión se le dio también al poblado y al que hoy conocemos como el cerro de la Cruz. La palabra en náhuatl significa “CHICHIMECO BLANCO” simplemente, no "lugar de chichimecos blancos", ni "tierra blanca de chichimecas", como se ha dicho siempre. No hay correspondencia entre el término y tales significados.
Se tienen pocas noticias de los años inmediatos la llegada de los españoles, aunque se sabe que los habitantes del lugar participaron con los españoles en 1521 del  sitio a Tenochtitlán, que significó la derrota de los aztecas. Para 1528 Juan Xaramillo, al visitar las tierras de su encomienda, expulsó a los chichimecas (pames, en realidad) de la zona y dejó solo otomíes para el cultivo. El poblado tenía una pirámide dedicada a Huitzilopochtli (seguramente la de la cima del cerro).
Entre 1531 y 1533  desde el occidente, las tropas de Nuño de Guzmán llegaron al lugar y en señal de conquista colocaron una cruz en la cima del templo de la pequeña aldea, anexándolo al territorio de Nueva Galicia. Esta “conquista" no fue valida porque el territorio ya había sido otorgado a Jaramillo años antes y lo reclamó en un juicio, pero es importante mencionar el hecho porque parece ser el antecedente de la cruz que actualmente se encuentra en la ermita de la cima de la pirámide.
 
LOS NUEVOS DUEÑOS

Desde la llegada de los españoles, muchos indios de Jilotepec, huyendo primero de la guerra y después de los tributos que imponían los encomenderos españoles, habían llegado al lugar aumentando la pequeña población local, entre ellos el que después conoceríamos como Juan Mexitzin, que como muchos otros llegó a refugiarse a un lugar ya establecido, no a fundarlo.
Al aumentar la población otomí en el lugar,  ya libres del yugo azteca que imponía el idioma náhuatl, como lengua oficial, el todavía pequeño asentamiento siguió llamándose igual,  CHICHIMECA BLANCO, solo que ahora en otomí: Teximacu. (de Texi= blanco y  macu= chichimeco, como es topónimo se lee al revés; "Chichimeco Blanco”) (la pronunciación más probable es “Teshimacu”)
Con el establecimiento en décadas posteriores del pueblo de San Juan del Río, “a la española” en una zona aledaña, el asentamiento quedó solo como uno de los barrios que lo conformaba, y se le llamó cristianamente “barrio de la Cruz” aunque los habitantes y la población siguieron llamando al cerro “Teximacu” como consta en documentos oficiales por lo menos hasta 1822. Posteriormente el nombre se perdió, hasta que fue rescatado por Ayala quien lo copió erróneamente del informe de Salazar como TECHIMACIT, (confundió la "u" final por it) palabra que no tiene traducción en ningún idioma. Este error lo han repetido todos los que le han copiado a Ayala. En entradas anteriores, he mostrado la copia del documento de Salazar, donde se puede ver el equívoco.
Plano de Ignacio Pérez. Junto al río, el cerro y Barrio de la Cruz, al norte, La Concepción y el Calvario

El asentamiento original, para la fecha del establecimiento de los barrios debió ser más amplio, pero desde época temprana fue rodeado de propiedades españolas, principalmente las haciendas de San Jacinto, la H, Santa Lucía y demás propiedades particulares de españoles, quedándoles solamente el cerro y sus partes bajas circundantes.
Para 1793 nos describe perfectamente el lugar y sus característica Martínez de Salazar: “El Barrio de la Cruz está situado también al otro lado del río, sobre su orilla sur, en terreno escabroso, compuesto de dos calles solamente, en donde los indios tienen construidas sus pequeñas casas, inmediatas a una peña redonda, desgajada por todas partes, y en la parte superior de ella hay un plan sobre el cual está construido a mano, un cerrito de piedras y tierra, como un pináculo donde está colocada una cruz, y hay tradición de que en tiempos de la gentilidad, este era el fuerte donde se acogían los indios Mecos, para defenderse de los enemigo, y que por esto mismo se le llama a la peña TECHIMACU, que quiere decir  peña blanca fuerte y redonda de los mecos. “
Insisto que la peña es redonda y supongo que fuerte, pero la palabra no significa nada de eso, solo “Chichimeca blanco".  
Al parecer lo que hoy conocemos como el Barreno, finca cercana al barrio, originalmente fue parte de él, pero al desaparecer la república de Indios en el siglo XIX, pasó a manos  de españoles, aunque por estar en el camino “Real” que usaban los habitantes para ir al pueblo,  que desembocaba en el Pasoancho del río, conservaron una servidumbre de paso, que les permitía cruzar por en medio de esa propiedad privada situación que perduró hasta hace apenas una década, cuando la propiedad fue donada al municipio, y extrañamente se cerró el centenario paso.

LA ACTUALIDAD
Las dos calles originales, hoy se conservan, muy modernizadas, sin embargo, desde hace siglos, conservan las tradicionales fiestas del 3 de mayo, promovidas ahora por un grupo de danza local, paradójicamente llamado “Techimacit” y otros, que reviven, al pie de la vieja pirámide, ritos que podrían ser milenarios y con singular entusiasmo, seguidos ahora por multitudes, suben año tras año, a sentir  la grandeza de la historia del barrio, donde se inició San Juan, la gran ciudad que ahora se ve desde la cima y donde vieron sus antepasados el nacimiento y paso de imperios hoy desaparecidos, esa cima, es donde  inició todo.  
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
1.- Tomé algunas fotos del sitio de danza del barrio de la Cruz, espero no se molesten y por la sugerencia de que le cambien su nombre al correcto.
Aviso 2  Por ser el Barrio de la Cruz tan significativo para nuestra historia, hay varias entradas en este blog  que lo mencionan, visítenlas. Además hay mucha más información al respecto que espero difundir posteriormente.
Aviso 3    A los seguidores de este Blog,  Ángel (Celedonio) y René, les aviso que les dejé su material en la oficina del Archivo Histórico Municipal, ubicado en el Centro Histórico y cultural, en Av. Juárez oriente #30 (en el jardín del santuario) En el primer patio está la oficina del Archivo, ahí la amable encargada, Lic. Marimar Santana les hará entrega, previa identificación. Ella es además autora de un libro de Historia de San Juan, a ver si les interesa consultarlo o adquirirlo y les mostrará algunos objetos y publicaciones que tiene ahí en exhibición. Pueden pasar a partir del lunes 6 en la tarde. Por favor me confirman aquí cuando lo reciban.
 Aviso 4: Las fotos de contexto de esta entrada se las debo para mañana.