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sábado, 23 de agosto de 2014

Agustín Ruiz Olloqui Rangel el último imperialista de San Juan del Río, Querétaro.


En los tiempos del Imperio de Maximiliano (1864-1867) la población de San Juan del Río era declaradamente imperialista, esto en razón de que en los años previos había sufrido múltiples ocupaciones por parte de los conservadores (era el sitio favorito de ataque de Tomás Mejía) y cuando estos dejaban la plaza, inmediatamente llegaba la represalia del ejército liberal que se apostaba en la ciudad a castigarlos por haberse dejado derrotar por los otros, así que, entre dos fuegos eligieron al que pensaban era el menos peor y de esa manera, convirtieron a los liberales y todo lo que oliera a ellos, en sus enemigos jurados.

De toda una ciudad pro imperialista, hubo un grupo de personajes que lo eran aún más, concentrados en la entonces llamada calle de Don Esteban,  hoy 16 de septiembre, donde residían las familias más acaudaladas, baste decir que en ella vivía la descendencia y familia de don José Luis Quintanar, los hijos del General Juan Domínguez, muchos de los hijos y nietos de Don Esteban Díaz González, la familia Berruecos, los Uribe, etc. Familias de antiguo abolengo que poco a poco habían ido perdiendo preminencia con las disposiciones de los gobiernos liberales y vieron en la llegada del imperio la oportunidad de recobrar algo de su esplendor y apoyaron, no a muerte como veremos adelante, pero sí decididamente al nuevo monarca.

El entonces Prefecto de San Juan era el Doctor Manuel Domínguez, hijo del General Juan Domínguez, quien con apoyo de familiares y vecinos tomó decididas acciones para granjearse a sus graciosas majestades, entre ellas, la idea de erigir una columna en la plaza principal, para colocar un busto de la Emperatriz Carlota (que en una de esas paradojas del destino, ella misma sugirió se dedicara mejor a la Independencia, y así nació un año después la columna que actualmente vemos en el centro de nuestra ciudad) lo que compensaron declarándola Patrona y especial protectora de San Juan del Río.

Durante la Visita de 1864 de Maximiliano, Domínguez declaró el día como fiesta nacional,  hizo liberar a los presos de condenas leves y organizó  todas las fiestas habidas y por haber ante tan fausto acontecimiento, incluso, al venir Maximiliano sin Carlota, en el baile de honor, fue la hermana del Prefecto, Paz Domínguez, quien bailó con él. (Contra lo que se sostiene, Carlota nunca estuvo en San Juan del Río, ni una ni “varias veces”. No he hallado ningún documento que pruebe su estancia aquí, todos los ofrecimientos y honores que se le hicieron fue a distancia,  vía documentos, nunca en su presencia)

Al paso de apenas tres años,  Maximiliano regresó a San Juan del Río, más solo que la vez pasada y en circunstancias adversas, con rumbo a Querétaro, en un viaje del que ya no retornaría. La suerte de espaldas que portaba no impidió que los habitantes de la antigua calle del Curato, le manifestaran nuevamente su apoyo y aún más, en marzo de 1867, ya en la ciudad de Querétaro, tuvo en su ejército a tres “sanjuanenses”, los tres sobrevivirían al cabo de tres meses, no así el emperador. Eran:

Manuel Domínguez Quintanar. Nombrado Prefecto político de la ciudad de Querétaro  durante los meses que duró el sitio de ella.  Al ser derrotados, se salvó de ser fusilado gracias a su comportamiento humanitario con los prisioneros liberales, quienes abogaron ante Escobedo para que lo perdonara. Pudo regresar a San Juan y después se trasladó a México.

Celestino Díaz Domínguez. Nieto de Don Esteban, fue nombrado abogado del Imperio, había nacido en San Juan pero se había refugiado en la ciudad de Querétaro desde antes de la llegada del emperador, ahí lo recibió. Al no ser militar pudo salvarse, pero ya no volvió aquí, se dedicó a la política, el periodismo y el comercio en aquella.

Y finalmente, también estuvo con Maximiliano:

Agustín Ruiz Olloqui Rangel


El doctor Olloqui, imagen tomada de Díaz

Nacido en Huichapan, Hidalgo, el 30 de enero de 1835. (aunque también se dice, incorrectamente que nació en San Juan y en el año de 1840) Hijo de la  Sra. Dolores Rangel y el Lic. Joaquín Ruiz Olloqui. (que había sido Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación) Obtuvo título de médico en 1860 y poco después ejercería como médico militar durante la invasión Francesa en el ejército liberal al mando de Porfirio Díaz. Entre ese año y 1863 se casó con una sanjuanense, Isabela Uribe Díaz, nieta de Don Esteban. Para 1864 estaba avecindado en San Juan y era regidor de la ciudad. De él fue la propuesta de hacer celebrar como día nacional el 7 de junio, aniversario de la emperatriz, e intervino entre los que le ofrecieron un cetro de oro.

Aquí nacería su primer hijo en 1866 y poco después, ante el avance liberal, se refugió con su familia en la capital queretana, donde ejercía su profesión de manera particular. Con la llegada de Maximiliano, fue nombrado director del Hospital de Sangre (o sea donde atendían a los heridos) durante el sitio a la ciudad. El 12 de mayo de 1867, de manos del propio Maximiliano recibió la condecoración de Caballero de la Orden de Guadalupe, aunque no tuvo mucho tiempo para lucirla, apenas tres días después cayó la ciudad en poder del ejército liberal. Se salvó  por su profesión y el hecho de haber atendido por igual a los heridos de ambos bandos, en el Hospital Civil inicialmente y luego en los que adaptó al aumentar los heridos,  con más voluntad que recursos, en el Convento de San Francisco y hasta en el edifico del Casino.

Terminado el sueño imperial en el cerro de las Campanas, pudo  al poco tiempo regresar a San Juan del Río. Aquí tenía su casa, apenas a un costado de aquella a donde sus familiares políticos ya no volvieron, en una pequeña calle conocida entonces como “de la Duda” donde seguramente pensó que iba a tener la paz que no había disfrutado en muchos años. Pero el destino le tenía preparado un último sobresalto.

Fusilado Maximiliano en 1867, fue necesario embalsamar el cadáver con el problema de que no había en toda la ciudad y alrededores ningún médico capacitado para ello, (Juárez decretó que la labor debía de ser hecha por un mexicano,) recayendo el encargo en el único que se atrevió, el Doctor Vicente Licea, un obstetra avecindado que hizo lo mejor que pudo y al carecer de instrumental adecuado tuvo que solicitarlo prestado a Agustín Ruiz Olloqui, lo cual no tendría ningún detalle en particular, solo que Licea tuvo meses después, la ocurrencia de intentar vender la vestimenta que portaba el cadáver por 15,000 pesos, según él porque no se le habían pagados sus servicios. Al descubrir el gobierno la acción provocó que fuera enjuiciado y tuvo que defenderse como gato boca arriba pues estaba en peligro su vida y llamó a varios testigos en su defensa, uno de ellos fue el Dr. Ruiz Olloqui, quien en marzo de 1868 tuvo que declarar. Ambos salieron bien librados, Licea completamente desprestigiado pero vivo.

Fotografía personal: "La solariaga" casa del doctor Olloqui en la actualidad

La casa que habitó, que aún se conserva, casi intacta, es una de las más hermosas del centro de la ciudad, no es tan grande como lo eran las  vecinas, pero es muy estética en su forma y distribución, de estilo neoclásico. (fue construida en el siglo XIX, no es colonial como dicen muchos) No tengo información reciente de ella, hasta hace pocos años todavía vivía ahí y conservaba la propiedad un descendiente suyo, que mantenía la casa en perfecto estado, incluso mucho del mobiliario antiguo.

Tras el último susto, poco tardó el Doctor en volver a la política, al menos desde 1869  ya formaba otra vez parte del Ayuntamiento de San Juan del Río. Durante el gobierno de Porfirio Díaz fue dos veces diputado y  una vez senador de la República. Aquí fue muchas veces parte del Ayuntamiento, a veces como prefecto, a veces como regidor y a la vez dirigía y atendía el Hospital Municipal (el antiguo de San Juan de Dios) y fue el médico del Ferrocarril Central. Adquirió por esas fechas el Rancho el Barreno, que por entonces era un molino de trigo. Esta propiedad  sí fue vendida por sus descendientes en el siglo. Por cierto, tuvo muchos hijos, la mayoría hicieron sus vidas en otros lugares.

Aunque se dice que editó varios libros, solo he podido localizar uno, de temas médicos, y otro con leyendas, sin embargo, era desde 1864 miembro de la sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y desde 1872 de la Sociedad Mexicana de Historia natural. A la par de ello, se hizo por gusto historiador local, recopiló infinidad de documentos y datos sobre nuestra ciudad, aunque al parecer no los reunió nunca en libro. Estos apuntes, datos sueltos en su mayoría, han sido utilizados, desde sus tiempos hasta nuestros días en infinidad de libros, sin haberle dado el crédito correspondiente, nunca los he visto en físico, solo por referencias sé que existen y su contenido. Lo poco que sabemos de nuestra ciudad a fines del siglo XIX en nuestra ciudad fue escrito por él.

Poco antes de morir. su dinastía se prolongó, su hijo Joaquín se desempeñó todavía como Prefecto de la Villa de Tequisquiapan durante casi Todo el porfiriato y él otra vez en nuestra ciudad. En el mes de noviembre de 1904 murió en su casa de la calle de la Duda, que mucho después recibiría su nombre. Ninguno de sus antiguos amigos volvió, las familias que lo habían rodeado se habían ido diluyendo, ya casi no había apellidos Díaz, Domínguez, etc. Solo quedó él como el último de los muchos  imperialistas del pueblo.


Firma del Doctor, imagen tomada de una carta del proceso contra Licea

¿Imperialistas? ¿Reaccionarios? ¿Ilusos? Creo que a ojos actuales no nos corresponde juzgarlos, fueron hombres que vivieron, pensaron y actuaron según las circunstancias de su tiempo y tomaron las decisiones que les tocaron, asumiendo sus consecuencias, sirva esta semblanza como un homenaje a nuestro primer historiador: El Doctor Olloqui como era conocido en su tiempo, otro de los que adoptaron nuestra ciudad como segunda patria y la enaltecieron.

Les decía que la casa se conserva casi intacta porque en la fachada se le agregó recientemente un nicho de la virgen de Guadalupe, (por cierto, he escuchado que en ella se tenía hace muchos años una pintura del Greco, que alguien había dejado “encargada” ignoro si fuera cierto o solo fue una leyenda semiurbana) la otra modificación es una placa de cantera colocada al frente y que reza así:

Fotografía personal: Fachada de la casa en la actualidad

1835-1904

DESDE ESTA CASA

SOLARIAGA EL DOCTOR

AGUSTIN RUIZ OLLOQUI

EJERCIO LA PROFESION DE

MEDICO CON GENEROCIDAD Y

SENTIDO SOCIAL EN FAVOR DE

LOS SANJUANENSES MAS DESVALIDOS DE

LA EPOCA

                                                JULIO 24 DE 1926

 Fotografía personal, la placa en memoria  en la actualidad

José Luis Hernández Peña

Para mayor información de las familias de la calle 16 de septiembre, ir a este enlace:
http://iztacchichimeca.blogspot.mx/2014/06/como-dijo-juan-dominguez-no-me-olviden.HTML

La bibliografía se las debo para luego, consideren esto por mientras mis “apuntes” aclaro que el escrito es original, basado hasta el último detalle en algún texto o documento.
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Actualización 22 de Marzo de 2015

En pasada entrada había hecho una semblanza, casi biográfica de  Don Agustín Ríos Olloqui, mencionando el 4 de Noviembre de 1904 como fecha de su fallecimiento, dado que así estaba consignado en el libro de Díaz , del que tomé la fecha, parece que hay un error.


El pasado fin de semana, tras muchos años de no hacerlo pude entrar a la hoy llamada Parroquia de San Juan Bautista, que en mi niñez era “El Templo” o  el “Templo del Sagrado Corazón” (siempre que iba lo encontraba cerrado, pensé que estaba siendo remodelado)  con cámara en mano y permiso expreso para hacerlo, me dispuse a tomar fotografías, a pesar de que el interior era ocupado por una multitud de niños tomando catecismo en pequeños grupos dispersos a todo lo largo y ancho del casi basilical espacio. Nada ha cambiado en él, más que el nombre, las mismas imágenes, la omnipotente solemnidad que le da el extraordinario juego de luces naturales logrado por las linternillas y los vitrales, que hacen converger la mirada siempre hacia el altar, nada ha cambiado, incluso en la catequesis, todavía en la esquina norponiente encontré un grupo de niños, mismo lugar donde hace varias décadas, también yo era parte de otro que escuchaba no tan atento las enseñanzas de las siempre sufridas y abnegadas catequistas.  Otro día abundaré sobre el interior del templo. Recorriendo encontré un detalle, que debo haber visto en aquellas épocas, cada sábado, pero  que no recordaba, hoy se los comparto.



En una de las primeras columnas, entrando por el lado de la Plaza de los fundadores, a la derecha, se encuentra una placa, indicando que reposan ahí los restos del distinguido personaje. Sabía que había sido sepultado en la ciudad, pero pensé que había sido en el Panteón de la Santa Veracruz, donde están varios de sus familiares. 
A pesar de que la columna es muy ancha, no creo que haya sido sepultado originalmente ahí, en aquellos tiempos ya no se permitía el entierro al interior de los templos, aunque pudo hacerse una excepción dado su investidura.
En ella está una placa de mármol, empotrada en el fuste, con la inscripción que contiene además,  los restos de su esposa, Doña Isabel Uribe Díaz, (Nieta de Don Esteban Díaz González, e integrante de la familia Uribe, también vecinos de la Calle 16 de Septiembre) fallecida el  9 de octubre de 1896.
El detalle de la placa, es que todavía utiliza el modo antiguo para las abreviaturas, que consistía en poner las letras iniciales de la palabra y al final, la última letra en caracteres más pequeños.
En dicha placa, se encuentra la fecha exacta de su fallecimiento, 9 de septiembre de 1904.
 
 

viernes, 13 de junio de 2014

Como dijo Juan Domínguez… No me olviden

El verdadero abolengo

La casa más emblemática del viejo, moderno y actual San Juan es sin duda la conocida con los  nombres de “la Guadalupana”, (por una joyería así llamada  que funcionó ahí muchos años, cerrada ya, conserva en la fachada el letrero que la identificaba y hoy lo hace, como plaza comercial ) “la casa de cantera” (por estar cubierta de ese material) y antiguamente “la casa de don Esteban”, es el número 7 de la vieja calle del Curato, actual 16 de Septiembre. El hoy fraccionamiento las Fuentes, entre Aldama y 27 de septiembre era su parte trasera, conocida después como la huerta de los Chirimoyos. En ella se dice, se alojaron Agustín de Iturbide y el Emperador Maximiliano, y también sin confirmación que fue cuartel de su ejército imperial.
Fue construida desde sus cimientos en 1810 (1) por el Teniente Coronel Esteban Díaz González de la Campa, español, uno de los habitantes más acaudalados de todos los tiempos, Alcalde Primero y presidente del Ayuntamiento de San Juan en la época anterior a la guerra de Independencia. Dueño de muchas haciendas en la región. Casó con Doña Ramona Torres y Arroyo, hija del importante militar y político español don José  de Torres y del Campo. Propietario de la hacienda de Santa Rosa quien desempeño altos puestos gubernamentales al final de la época colonial en la región. 

Mucho se ha escrito sobre don Esteban, (en realidad no tanto, algún día me ocuparé de él) sin embargo, en sus últimos años, su importancia fue opacada por un par de personajes, emparentados entre sí y con descendientes de él, que vivieron  en algunas de las casonas de la acera de enfrente, por ser las familias más importantes y ser esa calle la de mayor abolengo en tiempos antiguos.
Los hijos Díaz Torres destacaron en muchos ámbitos, Esteban, que fue jefe político de la ciudad y Rafaela, gran benefactora local, tanto en vida como a través de legados dejados a su fallecimiento. Después de la muerte de Don Esteban, Ramona se casó con su antiguo administrador, Manuel Casabal. La familia Díaz  emparentó con otra de no  menos  caudales con  residencia en  el antiguo número 6 de la misma calle,(2)  los Domínguez Quintanar, formada por Juan Bernardo Domínguez y Gálvez e Ignacia Delgado Quintanar, sobrina y  protegida del General José Luis Quintanar, en cuya casona vivía en su etapa de soltera al cuidado de una tía.



Imagen tomada de Bisabuelos.com  Juan Bernardo Domínguez y Galvez

 JUAN BERNARDO DOMÍNGUEZ Y GÁLVEZ (1783 -1847)
Mejor conocido como Juan Domínguez, cubano de nacimiento, hijo de padre españoles,  llegó a la Nueva España poco antes de la guerra de Independencia,  desempeñando altos cargos en el ejército realista gracias a su parentesco con el Conde Bernardo de Gálvez, Virrey de la Nueva España. Entre sus hazañas bélicas  está haber derrotado al mismísimo Antonio López de Santa Anna en batalla de la época independiente, cuando este todavía era un General eficiente. En las estancias de Iturbide en San Juan, a cuyo mando estuvo Domínguez, debió conocer a Ignacia, (3) casándose años después y estableciéndose en la entonces  Villa. Como madrina de la boda estuvo doña Ramona Torres.

JOSÉ LUIS QUINTANAR Y SOTO Y RUIZ (1772 -1836)
Este sanjuanense, hijo de hacendados, (entre sus propiedades estaba la hacienda de la Venta) también tenía incipiente carrera militar en el ejército realista, (4) combatiendo mucho tiempo a los ejércitos insurgentes, pero al final se adhirió a la conjura de Iturbide, integrándose previamente al triunfo, al mando militar del ejército trigarante.

Ambos se hicieron de las confianzas de Iturbide, apoyándolo en la consumación de la independencia, José Luis llegó a ser, por su encargo jefe del ejército Trigarante y en el primer momento del México independiente formó  parte  del triunvirato que rigió al país previo a la elección de Iturbide. Luego fue  nombrado  gobernador del naciente Departamento de Jalisco.
Durante la caída del efímero imperio, ambos apoyaron a Iturbide hasta el límite, solidaridad extendida aún hasta su posterior aprehensión y fusilamiento. Desde el inicio de la posterior etapa republicana ocuparon casi ininterrumpidamente importantes cargos en la administración pública estatal, nacional y el ejército hasta su retiro.
Fotografía personal Las dos primeras casas desde la derecha, Residencias de la Familia Quintanar en el siglo XIX, al fondo en la misma acera, las casonas de Don Guadalupe Perrusquía y la viuda del General Domínguez, Ignacia.

LOS DOMÍNGUEZ QUINTANAR   Y DIAZ DOMÍNGUEZ
De la ya familia Domínguez Quintar, dos hijas (Mercedes y Soledad ) se casaron con sendos de don Esteban (Rafael y Antonio) y sobresalieron Manuel y Ángel como jefes políticos de la ciudad  y Querétaro durante el imperio de Maximiliano  y  hasta  muchos  años  después. Desempeñaron  además labores académicas  y cívicas en la ciudad de México y su tierra natal. (5) Ángel fue después diputado y co-redactor con su par Veítez, del proyecto de lo que sería la tercera constitución queretana, miembro de sociedades científicas a nivel nacional. Fundó un instituto para la enseñanza primaria y  secundaria en el pueblo y publicó varios libros. (6)

Paz Domínguez, otra hija durante las estancias de Maximiliano, en una velada en casa de don Esteban bailó con el emperador. Afirma Cano que el guante que usó esa noche está aún en poder de su familia. (7) Ella se casaría después con Cándido Madaleno, vasco, dueño de la hacienda de la Laja, Tequisquiapan y vivirían en la casa de Cantera. De ellos desciende Víctor Cano Sordo, autor de la Genealogía familiar aquí escrita de manera sucinta.

Soledad Domínguez, casada a su vez con Antonio Díaz Torres, fue madre de Celestino Díaz Domínguez, último de la familia nacido en San Juan del Río, de profesión abogado, fue además poeta, escritor, periodista y diputado por san Juan, ministro y magistrado de justicia. Publicó la Guía del viajero en Querétaro. Su hijo Felipe llegó a ser dueño de las Haciendas de Carrillo, Tlacote y Mompaní. Padre de Felipe, María Eugenia, Guadalupe y Fernando Díaz Ramírez, fundador y rector de la Universidad  Autónoma de Querétaro y autor de la más extensa historia gráfica del estado (8) y efímero gobernador de Querétaro. 
Su séptima hija, Refugio, nacida en Querétaro, formó familia con Pedro Argain, español y comerciante. Un hijo de esta familia sería Gobernador del Estado de Querétaro, Salvador Argain Domínguez.

Dada su importancia en el siglo XIX, esta familia y sus integrantes ocuparon varias casas de la misma calle del Curato, además de las dos mencionadas  y algunas de sus ramas en otras de no menos importancia como la Nacional de Santo Domingo, Nacional del Sacromonte (Av. Juárez) y la plazuela de San Juan Bautista, (hoy de los Fundadores) los restos mortales de muchos de ellos yacen en el Panteón de la Santa Veracruz como respetables observadores del lugar donde hicieron sus vidas.






Fotografía personal, tumbas en el panteón de la Santa Veracruz de algunos de los personajes mencionados en el texto.
UNA VIDA  DE VAIVENES

Juan Domínguez, como todos los militares de su época se vio envuelto en los frecuentes pronunciamientos que caracterizaron las primeras décadas de vida independiente de nuestros país, a veces por iniciativa propia, muchas otras por apoyar a su pariente político José Luis Quintanar, y por ende a su ideólogo Anastacio Bustamante, otras únicamente por estar en uno u otro bando ideológico en pugna por el nuevo México.

Para hablar de su importancia baste decir que tuvo infinidad de puestos de gran importancia política y militar:
-Coronel del Batallón Activo de Oaxaca.
-Encargado de la Comandancia General de México hasta el 27 de diciembre de 1829.
-Encargado de la Comandancia de Querétaro.
- Ayudante general e inspector del Ejército del Norte, en San Luis Potosí.
-Coronel del Batallón Activo de Querétaro en 1839, su último puesto de mando.
-Vocal secretario de la Junta Consultiva de Guerra y Marina en  julio del  1840.
-Secretario de la Comandancia General de México hasta junio de 1842.
-El 1º de enero de 1842 comienza a trabajar en la Suprema Corte Marcial.

Desde diciembre de 1844 fue desligándose de responsabilidades militares hasta que, acabó por retirarse definitivamente del ejército.
Los vaivenes de sus nombramientos lo hicieron ir casi veinte años de una a otra parte de la república, a veces solo, a veces acompañado de su familia, razón por la cual, los lugares de nacimiento de sus hijos son indistintos, pero tanto ellos, como el padre, cuando las desdichas políticas o de salud los alcanzaba, volvían a la paz de la pequeña villa, al cobijo de la familia de su esposa, los Quintanar, en la vieja calle del Curato, en el aún más viejo barrio de San Miguel. Incluso alguna vez, en la rueda de la fortuna de la política de aquellos tiempos, le tocó estar abajo, lo que significó su destierro del Estado, al vecino Guanajuato de donde vuelve para –otra vez- pronunciarse contra el gobierno, costándole esta vez el destierro a Cuba

Quizá como resabio del lejano enfrentamiento con Santana, nunca tuvo una buena relación con él, (aunque fue quién lo nombró general en 1841) y de manera indirectamente proporcional, entre más crecía la importancia política del veracruzano, decrecía la importancia de los nombramientos de Juan. En la cuarta década del siglo, las diferencias se recrudecieron, optando por el retiro.
Viejo, enfermo, decepcionado de sí mismo y sus pares, decide, entre 1844 y 1845,  volver a San Juan, el lugar que había adoptado como patria, a pasar sus  últimos años junto a su familia. Ahí recibe el año de 1847 en el retiro. Sus fuerzas no alcanzaron más que para observar la invasión norteamericana, dicen que murió de disentería, pero más seguro por la impotencia de no poder defender la tierra que lo había recibido joven y que a sus sesenta y tres años lo despedía el 24 de mayo de 1847.    

Fue enterrado en el camposanto (el que estaba en medio de las dos iglesias, al frente de la actual Notaría) al día siguiente, 25 de mayo. Años más tarde sus restos fueron trasladados a un mausoleo en el Panteón de la Santa Veracruz, y después junto con dos de sus hijas a uno de los nichos de la pared. Este panteón fue proyectado por don Guadalupe Perrusquía, vecino también de la calle del Curato, vivían respectivamente en los números 16 y 18, con quien se casó Ignacia, la viuda del General, formando una nueva familia con los hijos de los anteriores matrimonios de ambos, entre los de Don Guadalupe se contaba el que sería padre del Gobernador Ernesto Perrusquía. (9) ( Pero esa ya es otra historia) 


Imagen tomada de Bisabuelos.com. El General Domínguez.

El acta de sepultura de Juan Bernardo dice:

“En la Parroquia de San Juan del Río a veinte y cinco de Mayo de mil ochocientos cuarenta y siete sepulté en el Cpo. Sto. de dicha Parroquia el cadáver del Sr. Gral. de Brigada D. Juan Domínguez, casado que fue con Dª Ignacia Quintanar, originario de la Havana y vecino de esta Cabecera en el Barrio de San Miguel. Recibió los Santos Sacramentos de penitencia, Sagrado Viático y extremaunción; disen murió de Dicentería, y lo firmé para que conste.”(3)

Hoy reposan los restos de este honrado general, según reza el nicho del panteón de la Santa Veracruz que los contiene, junto a sus hijas; Consuelo y Soledad.

Fotografía personal: Nicho en el Panteón de la Santa Veracruz


1) Cfr.  Ayala, 1981 op. cit. p.  124. Para dar idea de su importancia, baste decir que él y Luis Romero Soto, ambos por la extensión e importancia de sus archivos personales, son los únicos “sanjuanenses” con colección documental en el AGN. (Archivos de particulares. Colecciones, Colección de Esteban Díaz González. Archivos de particulares. Personas. Luis Romero Soto)
2) N. De la R. Al parecer el antiguo numero 6 era uno con el actual 8, que es centro comercial. Hasta hace unos años fue casa de la familia Valenzuela, con su patriarca Don Gabriel, de grata memoria entre los practicantes de la charrería, deporte que practicó pero sobre todo impulsó en todos sus frentes hasta los últimos años de su vida. Es una casona amplísima, a fines del siglo XIX era la mejor casa de huéspedes de la ciudad. Luego sufrió una remodelación a principio del siglo XX pero conservó el plano anterior, con todas las comodidades y elementos de la época como correspondía a  la importancia de don José Luis Quintanar.
3) La información de estas familias las tomo, seleccionada, de Víctor Cano Sordo, De la Luisiana a la Nueva España. La Historia de Juan Bernardo Domínguez y Gálvez  (1783 – 1847),  Versión electrónica en página Web Bisabuelos. Página  de Genealogía. Apellidos. Linaje. 1999. capítulos V, VII, X y apéndice VII, Quien se basa en Ayala para don José Luis en cuanto a la estructura, pero no solo citándolo, sino confirmando, documentando y complementándolo hasta la saciedad con libros, documentos familiares, extractos de archivos  particulares, públicos y eclesiásticos. (Me atrevo a decir que no hay nadie que haya escudriñado papel tras papel los archivos parroquial e histórico municipal como él)  
4) Cfr. Ayala, 1981 op. cit. p.  117- 121.
5) Ibid. P 172.
6) Ibid. P 180 y 181. Destaca “Descripción de los principales ríos del mundo”. 1902,  que Ayala tomó para su descripción del río San Juan. En 1896 había sacado a la luz pública una especie de manifiesto llamado “Las necesidades de la Geografía en México” dirigido al Presidente Díaz.
9) Víctor Cano Sordo, sacerdote católico, autor del  libro “De la Luisiana  a la Nueva España” Incluido en una vasta página Web de genealogía de sus antepasados. Iniciada a partir de una anécdota familiar, nos lleva siglos atrás a España, México y San Juan del Río. En el linaje ve importantes familias locales de todos los tiempos. (Cervantes, Bocanegra, Silis, etc.) Tomo de él los datos de las familias Domínguez, Quintanar y Díaz. Es difícil citar correctamente su página y libro, casi cada frase la apoya en infinidad de documentos y bibliografía. Existe una versión impresa, merecedora de reedición y difusión por el municipio, ya que aunque no es su propósito, devela valiosos datos de historia local además de la fascinante vida de sus antepasados. Estaría en la misma categoría de nuestros mejores relatores: Dorantes de Carranza, Sánchez de la Barquera, Martínez de Salazar, Jaime Nieto, Rafael Ayala, y J. Guadalupe Guerrero, etc.
8) Ver Fernando Díaz Ramírez, Historia del estado de Querétaro. México, Gobierno del Estado de Querétaro, 1979. Seis tomos.
9) Sin estar completamente seguro, por los cambios de numeración,  las  casa de Don Guadalupe Perrusquía  (18)  y la de Ignacia (20) que tampoco se sabe  si lo era desde que vivía el General  Domínguez) serían la que hasta hace poco era la Universidad Mesoamericana y la que estuvo donde hoy es una caja popular.

martes, 18 de marzo de 2014

EL ESCUDO DE ARMAS DE SAN JUAN DEL RIO, QRO.


SAN JUAN DEL RÍO  ¿ EL ESCUDO DE ARMAS?  DE LA CIUDAD.

Se ha creído tradicionalmente que nuestra ciudad tuvo, en la época virreinal un escudo de armas concedido  por el rey de España, lo cual no es verdad. Nos dice Don Rafael Ayala (San Juan del Río Geografía e Historia, 1971, pag. 113) que el dato fue propalado erróneamente por Luis Velasco en su  Geografía y Estadística del estado de Querétaro, del año de 1891, quien  en la página 74 describe incluso el escudo.

 “Por ser curioso, diré que el antiguo Escudo de Armas, concedido por el Gobierno Español , consistía en un puente de cinco arcos sobre un río, en el que descansaba un águila sobre un nopal.”

 El mismo Ayala  aclara que no a todas las ciudades y pueblos de la Nueva España se les concedió escudo nobiliario o de armas y piensa que la confusión se debió  a que se tomó como tal  el escudo que traían las tornaguías.

Diré que Rafael Ayala, producto de sus investigaciones  localizó (no dice dónde) una tornaguía, que era en esencia, un documento elaborado en la oficina de alcabalas (impuestos) del gobierno virreinal, donde revisaban todo cargamento que pasaba por la ciudad y de acuerdo a lo encontrado, se llenaba el formulario ya impreso con los detalles de las mercancías y el costo a pagar, esto para que no le cobraran cada vez en cada aduana. El documento que dio a conocer es del año de 1785 y  se llenó para amparar unas arrobas de jabón que José Benites de esta ciudad llevaba al Real del Doctor,  para entregar a Don Andrés de Terán.  En su parte superior, el documento tiene un dibujo con un óvalo en el que se ve un puente con cinco arcos sobre un río y sobre el puente el escudo de armas de la monarquía española y la leyenda “SAN JUAN DEL RÍO”

IMAGEN DE LA TORNAGUIA TOMADO DE AYALA, 1981
EL "ESCUDO" DE LA TORNAGUIA TOMADO DE LA PORTADA DEL LIBRO DE RAFAEL AYALA.
Obviamente no es el escudo descrito por  Velasco,  este dice que hay un águila y un nopal sobre el puente, además es un óvalo, no un escudo en su forma.

Creo que el documento presentado por Ayala no fue conocido públicamente, después de su elaboración en 1785, en ninguna época hasta que él lo difundió en 1971. Estuvo en algún archivo particular u oficial, muy resguardado ya que  no hay ninguna noticia de él o alguno similar, en los casi 200 años que transcurrieron.

Así, es dudoso que Velasco lo haya confundido, primero porque es difícil que haya visto el documento y segundo porque no tiene el águila y el nopal.

Considero que Velasco lo que hizo para integrar su obra, que abarca toda la república mexicana, se auxilió de otros libros para su elaboración, personalmente, los datos que da sobre San Juan del Río y el escudo los he leído casi íntegros en otros dos autores (de la Torre y Camacho  en 1888) pero ellos sí mencionan que la fuente donde tomaron sus datos fue un  distinguido sanjuanense, el Dr. Agustín Ruíz Olloqui, quien  fue uno de nuestros primeros historiadores, aunque no escribió libros de ello, son legendarios sus apuntes (nunca los he visto reunidos, solo he hallado fragmentos y como referencia) de la historia local. Por su importancia política, seguramente tuvo acceso a muchos documentos hoy perdidos para siempre.

Fue él quien dio a conocer a los tres autores la historia del escudo, Pero si está demostrado que nunca hubo un escudo tal como lo describen los autores foráneos, ¿De dónde lo sacó?  No hay información en ningún lado. (Ni Ayala, ni Velasco ni los otros autores presentan imagen del supuesto escudo, hoy como primicia de este blog, les mostraré la imagen de donde creo que don Agustín tomó la idea, o a lo mejor el mismo mandó hacer el grabado, tomando el puente de la tornaguía, quitando el escudo español y colocando el águila y el nopal, símbolo del México Independiente)

La imagen está en la lápida del nicho del panteón de la Santa Veracruz que contiene los restos de doña  Rafaela Díaz, una gran benefactora de la ciudad: Rafaela Díaz Torres, hija de don Esteban Díaz González y doña Ramona Torres. Nació el día 4 de agosto de 1829 en esta ciudad y muy joven murió el 4 de enero de 1860, se ignora donde fue enterrada originalmente, sin embargo, como prueba de su importancia en lo personal y de los beneficios otorgados al  pueblo, sus restos mortales reposan desde 1869 en la tumba nº 1 del  panteón de  la santa Veracruz, que aún se puede ver. Sus restos fueron trasladados por el Ayuntamiento y se le concedió el honor de tener el único ejemplar conocido de esta especie de escudo de la ciudad adornándolo. Nunca se casó, sobrevivió a su padre, y en posesión de cuantiosa fortuna, se dedicó a obras pías, entre las que destaca la donación en  $10,800.00  para el hospital.

Casualmente (o no tanto) doña Rafaela fue tía política de Don Agustín Ruiz Olloqui, aquí sí está el águila en un nopal, encima del puente. (Solo tiene tres arcos pero eso es pecata minuta. Elaboró la lápida por un tal G. Magos)


FOTOGRAFIA PERSONAL; EL "ESCUDO"

Después de ello hubo varios intentos por tener un escudo representativo de la ciudad o el municipio (se los presentare en otra entrega, para no hacer más extensa la presente)  todos con un lugar común, el puente.

Finalmente les diré que en el año de 1985, por iniciativa  del H. Ayuntamiento encabezado por el Ingeniero Leopoldo Peralta Navarrete, se hizo la convocatoria para dotar de un escudo de armas a la ciudad, se reunió a los interesados en “la Academia” donde se dieron a conocer las bases. Aunque se dice que hubo numerosa participación, estando yo presente como mirón diré que eran muy pocos los interesados.
EL DISEÑO GANADOR, DE HECTOR ROJAS,  NO  TENGO REFERENCIA,  SACADA DE UNA REVISTA
El ganador fue el pintor Héctor Rojas López, quien fue duramente criticado  obviamente por los que perdieron, que porque no seguía las reglas de la heráldica, que era muy esquemático, que no reflejaba nuestra historia etc, etc. Creo que cualquiera que hubiera ganado hubiera recibido las mismas críticas, en lo personal me gusta, sobre todo en sus colores originales, porque años después con la alternancia partidista, se dieron cuenta que era muy tricolor y lo hicieron monocromático, y así lo han mantenido, aunque ya hubo de nuevo gobiernos tricolores, hoy creo que todo es verde olivo, me fue muy difícil encontrar una imagen aceptable de él, se las debo, cuando la encuentre se las pongo.   


IMAGEN TOMADA DE WIKIPEDIA


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ACTUALIZACIÓN 14 DE AGOSTO DE 2014
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ESCUDO ORIGINAL MONOCROMÁTICO, EN VELÁZQUEZ 1997, EL QUE PUBLIQUE ANTERIORMENTE ERA DE UNA REVISTA PERO LO HABÍAN COPIADO DE AHÍ.

Recalco que el actual no es un escudo heráldico, real, de armas, genealógico  o cualquier otro símbolo antiguo.

Fue establecido a través de un concurso convocado en el año de 1985 durante el Gobierno Municipal del Ing. Leopoldo Peralta Navarrete, por el cronista de la ciudad, el Sr. J. Guadalupe Velázquez.

Dado que no es un escudo antiguo no tiene ningún significado heráldico, ya que este tipo de ornamentos seguía reglas precisas en las cuales todos los elementos, incluida su posición, tamaño, forma y división de sus campos  ( los espacios al interior), la disposición de los adornos que contenía, el tamaño, su exterior, su encabezado, incluso los colores tenían un significado y un valor predeterminados, en el caso de nuestra ciudad, no se siguieron esas reglas, así que no tienen significado, lo que hizo el pintor Héctor Raúl Rojas López es un diseño gráfico,  que es lo que correspondía de acuerdo a la época.

Recuerdo que ese fue uno de los argumentos que esgrimieron en su tiempo, algunos de los otros concursantes: “que no seguía las reglas de la heráldica”, solo puedo decir que dichas reglas solo eran válidas, al disponer de ellas el emisor es decir el Rey. Lo que en tiempos modernos se busca es un diseño gráfico que contenga elementos de significado para la población o ciudad, que sea agradable a la vista y si se parece a un escudo mejor.

Igualmente, por no ser escudo antiguo, la interpretación de su forma y elementos no puede hacerse observando tales reglas,  y está a la completa libertad del autor o quien lo vea, hacer su descripción. A continuación les presento  lo que pudiéramos llamar su significado, siempre a juicio del que lo escribe.

“Este diseño tiene la forma tradicional de escudo, con la parte superior horizontal que baja en dos paralelas que se juntan en la parte inferior. La figura está dividida en dos partes. En el campo superior se encuentra la imagen del Santo Patrono San Juan Bautista representado en medio cuerpo, luego simbolizando el devenir histórico está  el puente de cinco arcos; la parte inferior  se divide en dos campos: en  el de la izquierda se encuentra la rodela otomí y en el de la derecha el escudo de España” (Santana,  2011.  Lo tomó de Velázquez, 1997)
INTENTO DE ESCUDO, 1965 ANUARIO DE LA FERIA

“Se compone de un blasón tradicional acompañado de un par de cenefas que descienden desde la parte superior y se unen en la parte central inferior. El blasón se divide en tres secciones representativas del municipio de la siguiente forma: en el medio superior, se ubica la imagen del Santo Patrono San Juan Bautista, erguido sobre el "Puente de la Historia" representando la fundación y la evangelización del pueblo. 

El medio inferior, se divide a su vez en dos partes que representan el momento previo a la evangelización: el lado izquierdo se ubica la rodela otomí, que simboliza nuestras raíces prehispánicas; el lado derecho da espacio al escudo español, como significado de quienes fundan la ciudad. En la parte baja del blasón se ubica un gallardete que lleva inscrito el nombre del municipio.” (INAFED, 2015)

 “La forma tradicional de escudo, con la parte superior horizontal bajando en dos paralelas  que se juntan en la parte inferior, dividiendo la figura en dos partes y dejando en un campo superior en donde la imagen del Santo Patrono San Juan Bautista en medio cuerpo toma base en el puente de La Historia de cinco arcos; la parte inferior  se divide en dos campos:  quedando en el de la izquierda, la rodela otomí  sobre fondo verde y en el lado  derecho el escudo de España, adornan este escudo orlas modernistas que lo enmarcan a los lados.”  (Velázquez, 1994)

 Y así, cada quien puede hacer su interpretación. En lo personal, sí  creo que los símbolos que contiene representan el pasado, le faltó alguno moderno pero en general creo que es estético y cumple su función de representatividad.




FOTOGRAFIA DE GOOGLE 2014, EL ESCUDO TALADO.

En la esquina de Hidalgo y Av. Juárez existía en una Jardinera una representación en cantera del escudo, obvio, no antiguo,  hace un par de meses fue retirada, no se si ya la reintegraron.
ESCUDO ACTUAL, ESTILIZADO, EN EL CENTRO HISTORICO Y CULTURAL
 Sigo sin encontrar la imagen original,  a colores con buena definición, algún día lo hallaré, estoy seguro de tenerlo. mientras tanto les presento  estos dos,  uno viejo y  variantes del actual.


Nota: Aclaro que sé los detalles porque un maestro mío participó en el concurso y lo acompañe a la reunión previa, la entrega y la presentación de resultados, no puedo repetir sus  palabras textuales que dijo cuando perdió.
Como en todas las actualizaciones, se remiten a la entrada original.