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sábado, 5 de noviembre de 2016

Un panteón insólito, la Santa Veracruz de san Juan del Río, Qro.

Un panteón insólito, la Santa Veracruz de san Juan del Río, Qro.



 Fachada en  el callejón de 2 de abril.
Dentro del cúmulo de actividades culturales que contuvo en días pasados, el festival de día de muertos de esta ciudad, para el tema de este blog destaca la reapertura del Museo de la Muerte, en el antiguo panteón de la Santa Veracruz, tras una remodelación que cambió en algo su apariencia, pero que mantiene su objetivo original, que es dar a conocer la muerte como manifestación cultural.  

Por tal motivo, esta entrada, más que datos históricos, la dedico a detallar algunos aspectos únicos de este panteón, que lo hace diferente a casi todos los del país.

El panteón, como tal data de mediados del siglo XIX, es un edificio neoclásico, con la extraña característica de encontrarse al borde de una peñasco y cuya planta  se encuentra sobre la roca viva siguiendo los contornos que le determinó el desnivel natural de la peña.
Calle Melchor 0campo. Sobre la Peña, el mirador del panteón.

Por la misma razón, nunca tuvo una superficie de tierra para excavar las tumbas, sino que se tenía que esculpir un orificio para ello. Es quizá el único panteón donde los enterradores no usaron palas, sino cincel y martillo, o bien recurrían a otro método igualmente novedoso: el entierro se hacía a nivel del suelo y sobre el ataúd se construía una tumba de material, completa, por lo cual algunas resultaron muy altas.

Fotografía de la Dirección Estatal de Turismo. Patio superior. Nichos, Tumbas altas  y el osario.
El área total ocupada por el cementerio es relativamente pequeña para este tipo de instalaciones, por lo que se tuvo que utilizar hasta el último resquicio que la roca permitía para colocar las tumbas. La parte interior de la barda de su fachada fue utilizada para instalar otro para entonces novedoso, sistema de sepultura, consistente en nichos dentro de la mencionada pared.

Patio inferior. Tumbas a ras de suelo.
La escasez de espacio motivó incluso a un par de extraños entierros verticales. Están en la parte de la roca sobre la que se desplanta la iglesia vecina, ahí, se hicieron excavaciones tan pequeñas que solo se explican si el entierro se fue con la caja en posición vertical.

El colmo de las extrañas ubicaciones para las fosas lo encontrarán en una tumba ubicada en uno de los descansos de la escalinata que une los dos niveles, aunque creo que en este caso no fue para aprovechar el espacio sino por propia voluntad del difunto.
Tumba en la escalinata.

Aparte del área de tumbas, contiene otras instalaciones, propias de los cementerios, pero siempre con características propias:

Un osario, igualmente creo que el único que he conocido, que no está en tierra, sino que igual  que las tumbas se excavó en la roca viva.
Osario

Tiene una pequeña capilla interior, que también por falta de espacio, una de sus paredes, es el contorno de la peña, y tiene la característica única de que en tres de sus paredes contiene… más nichos.

Capilla interior, el mural perdido.
Otra característica que lo distingue de la mayoría de los panteones  es que gran parte de los entierros que se efectuaron en él fueron secundarios, es decir, habían sido enterrados en las iglesias y los otros camposantos de la ciudad y pasado el tiempo los restos fueron trasladados aquí. Solo así se explica el pequeño tamaño de algunas tumbas.  Es el caso de algunos personajes importantes de aquellos tiempos como Rafaela Díaz, benefactora de la ciudad, que fue trasladada como un homenaje a su labor al nicho No. 1, o el del General Juan Domínguez y familiares, quienes originalmente estaban en el panteón ubicado frente a las iglesias del centro, y se trasladaron inicialmente a una tumba superficial de este panteón y luego a un nicho.
Entierro secundario. Nicho no. 1 
El hecho de que los cadáveres de este panteón no se “enterraban” (porque no había tierra) sino que se depositaban en la roca y sobre el orificio una lápida, los resquicios y orillas de ambos se sellaban con mezcla que el tiempo se encargaba de fracturar, lo que ocasionaba que los olores se dispersaran. Al paso del tiempo, en el mismo siglo de su construcción, el hedor llegó al grado de que si mis fuentes no me fallan, fue clausurado un par de veces, hasta que la situación fue solventada, es decir se volvían a sellar los orificios generados por el desgaste de la mezcla, igual ocurría en los nichos, cuyas lápidas caían y a veces no tenían detrás un muro que sellara el espacio. La situación debió ser repetitiva durante muchos años, y solo se resolvió cuando, a causa del espacio, fueron disminuyendo los moradores que al panteón ingresaban.
Pared de la roca contigua,, sobre la peña, y en ella, más tumbas.
Esto determinó su destino, en pocos años se llenó completamente de tumbas y ante la imposibilidad de hacer nuevas, solo se volvían a utilizar  aquellas en las que una familia había pagado la perpetuidad y podía depositar en nuevos difuntos.

La natural movilidad social, el olvido de parientes, el envejecimiento y dispersión de las familias hizo que poco a poco fuera menos utilizado, visitado y mucho menos remozado, aunque siguieron entierros esporádicos hasta después de la segunda mitad del siglo XX.

Ornamentación, en el mirado. La muerte siempre presente.
Un elemento que no ha sido estudiado y que supongo influyó en que este panteón cayera en desuso, es la tremenda dificultad que significaba que cualquier cortejo fúnebre llegara del centro, lo que significa subir la empinada cuesta de la hoy calle dos de abril. Con el difunto a cuestas debió ser una penosa labor.

Ornamentación, otro diseño, la misma presencia.
Otro elemento que distingue a este de cualquier otro panteón es que durante su construcción, al nivelar en lo posible la peña, la misma roca que se iba extrayendo, se utilizaba para ir levantando las paredes, y a lo mejor hasta la ornamentación.

El edificio fue diseñado por  el Dr. Guadalupe Perrusquía, sanjuanense distinguido quien a pesar de su profesión, tenía inclinaciones artísticas y nos legó un  elegante edificio, perfectamente adaptado al espacio, utilizando como piedra de muros la cantera morena sanjuanense y con ella misma, la ornamentación alusiva a la muerte. Varios de los espacios tuvieron murales, de los cuales solo se conserva la pintura al interior del osario. Se perdieron el de la fachada de la capilla y algunos que  tenía en su interior. Adicionalmente en  varias paredes, se pintaron poesías de tema necrológico, que creo que tampoco hay en ningún panteón.

Y como colofón al uso de la cantera morena, originalmente del mismo material fueron las lápidas de las tumbas, las más modernas ya incorporaron otros materiales. La facilidad de moldear este tipo de piedra justifica su popularidad, pero a la vez le hace presa fácil de la erosión, por lo cual muchas de ellas lamentablemente han pedido sus inscripciones.

Pintura al interior del osario.
Mis recuerdos personales del lugar son de mediados de la década de 1970, para entonces, al ser ya muy pocos los descendientes de los ahí sepultados, permanecía cerrada casi todo el año la reja de entrada que supongo era la original, porque era forjada.

Como casi todos los niños del barrio de la época, cada vez que pasaba por ahí, me asomaba a través de la reja para leer el poema que desde ahí era visible en la amarillenta pared,  y subido en ella, vislumbrar las tumbas de las partes bajas.

Por una casualidad pude entrar al lugar, dado que un vecino de la Plazuela Guadalupe Victoria, don Guadalupe Trejo, tenía la llave de la reja, y en un mes de noviembre de esa década nos envió a su hijo y a mí a abrir el panteón y estar al pendiente por si se presentaban familiares de los ahí sepultados a arreglar algunas de las tumbas y conseguirles agua para las flores y obtener una gratificación.

Fotograma de la película "las vírgenes locas" de 1972, patio inferior 
Dado que fueron realmente pocas las personas que se presentaron ese día, el monetario fue igualmente exiguo, pero todo el panteón fue nuestro durante varias horas. Hago mención de que el abandono era total: muchas filtraciones de agua de los techos; el osario contenía aún huesos y mucha basura; las palomas que lo habitaban habían acumulado bajo sus nidos gran cantidad de desechos; bastantes lápidas estaban rotas y el polvo acumulado permitía que la vegetación creciera en paredes, techos y en el suelo entre las tumbas y sobre ellas; Los murales aún se distinguían pero ya muy deteriorados; Varios nichos habían perdido su lápida frontal  y se asomaban los restos humanos, incluso ropas. Todas las paredes perdían su pintura  y las del mirador mucho del aplanado.

Fotograma de la película "las vírgenes locas" de 1972, interior de la capilla.
A pesar del abandono o quizá por eso mismo, la capilla era el lugar más impresionante, al no haber luz eléctrica, al entrar en ella y ver que de los nichos sobresalían huesos verdaderos incrementaba el ambiente sobrecogedor.

Una década después, en 1980, el edificio se destinó para albergar el primer museo de la ciudad, bajo administración municipal, sobre todo para albergar el gran acopio de material arqueológico de la zona vecina, es entonces cuando un grupo de sanjuanenses remozó en lo posible el edificio. Aclaro que desde entonces muchas lápidas cambiaron de lugar, ante la imposibilidad de hallar su ubicación original, a donde se pudiera, otras se acumularon en el vestíbulo y se trató de al menos cubrir todas las sepulturas con una. Se conservaron casi todas, aun las que no tenían ya inscripción. Varias de las tumbas "altas" se reubicaron.

Poesía alusiva en las paredes.
Poco después se decidió que la museografía cambiara  y  se destinara como “Museo de la Muerte” como permanece en la actualidad, con su única sala dedicada a la temática referida, respetando el resto de edificio, es decir, el viejo panteón de la Santa Veracruz, en la cornisa natural, en la que los viejos sanjuanenses ahí sepultados, contemplan el crecimiento de la ciudad que los vio nacer, vivir y morir. Sea para bien esta nueva remodelación que nos permita conservar muchos años más  uno de los edificios más más emblemáticos y bellos de nuestro patrimonio histórico.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Todas las fotografías presentadas son de antes de la remodelación, espero asistir pronto a tomar algunas actuales. Todas son personales, excepto la de Turismo y los fotogramas.
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Les recuerdo que el próximo sábado 12 de noviembre, en el Portal del diezmo, a las 7:00 p.m. Fernando roque presentará su libro En mi viejo San Juan... del Río. Ahí nos vemos. Estaré apoyando a Fernando en la venta de libros, a un precio irrisorio. No compre un libro, recupere sus recuerdos. La venta no tiene fines lucrativos, sino apoyar al autor en nuevas publicaciones.
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jueves, 5 de junio de 2014

Las vírgenes locas de San Juan del Río (actualización)

Por problemas técnicos ayer no salieron completas las descripciones de los fotogramas, hoy publico de nueva cuenta la entrada original.

Las vírgenes locas de San Juan del Río

No se sabe si se volvieron locas por ser vírgenes o ya estaban dementes y por eso seguían célibes, el caso es que el primero de junio de 1972, se estrena en México una película con tal tema filmada, en San Juan del Río, Qro.

El elenco, o sea las vírgenes, eran nada menos que Charito Granados,  Ofelia Guilmain y Carmen  Montejo,  acompañadas (más bien separadas, según la trama) por Enrique Lizalde.

En apenas 85 minutos de intenso drama, estas mujeres de un pueblo que las odia, las envidia y les tiene lástima, conocerán y desaparecerán a aquel que las hace despertar de su letargo.

La música es de Carlos Jiménez Mabarak, solo para dar “suspenses”.

Presento a Ustedes un breve resumen, más breve que resumen, de la película, dirigida por Rogelio A. González Jr. producida por Cesar Santos Galindo y Ernesto Enríquez sobre un guión de Myriam Salinas (se ignora si sacó la idea original del entonces popular "casos de alarma" )

Cipriano, un jugador profesional llega a un escondido pueblo, donde viven tres hermanas, cada una transtornada a su manera después de un hecho trágico ocurrido años atrás, la muerte de su madre cuando le llevan el cadáver de su esposo, el padre de las damitas, decapitado por líos de faldas.

Luz, (Rosario Granados) la menor, en su mentalidad infantil, tiene una fijación por los huesos, que consigue con un vagabundo en el panteón local; carga en una canasta esos huesos y un cráneo. Helena, (Carmen Montejo) la mediana, ve que su juventud se escapa atada a sus hermanas y completamente dominada por la mayor, Teresa, (Ofelia Guilmain) quien en realidad no está loca, solo es medio intensa y al no querer a los hombres, se conforma con contemplar, en placer solitario, fotografías de luchadores y fisicoculturistas que recorta de revistas.

Cipriano, que además de jugador, la hace de fajador profesional, se entera en la cantina del pueblo de la existencia de las hermanas y de algún modo consigue seducir a las tres con objeto de quedarse con sus tierras, sin imaginar que esto le provocará la muerte a manos de la aparentemente más inofensiva de las hermanas, la infantil luz, quien inocentemente, para evocar a su padre, le corta la cabeza  y ni tarda ni perezosa, la coloca en su canasta y regresa a su casa, donde al pasar frente a sus hermanas, ellas observan que de la canasta chorrea sangre.  El alarido es de pronóstico y da fin a la película.

Lo interesante para el tema de este blog, son las locaciones, tomé unos fotogramas, de una copia original que tengo en vhs, por lo que su calidad no es muy buena. Pero nos permite ver algunas escenas de San Juan del Río hace ya más de cuarenta años.


La trama inicia con la llegada en autobús de Cipriano al pueblo, nos muestra una panorámica de la calle dos de Abril, empedrada a la antigua,  vista desde Fernando de Tapia, nótese el farol del alumbrado, en esa época toda la ciudad lo tenía.



Las siguientes dos muestran la misma calle, a mitad de la cuesta rumbo a la iglesia del Calvario. (al fondo) Apenas en 1969 había sido empedrada, todavía existía la gran barda de piedra que protegía las casas de la calle de Cóporo, ahí no había casas. Hoy, la barda apenas se nota, y tiene un par de casas, ya con puerta. (está construida sobre la roca viva, todavía se ve la cantera de la peña)

 
Estas dos imágenes son del interior de la cantina del pueblo. En la vida real, fue una tienda, (en ese tiempo todas las tiendas vendían por lo menos cerveza) llamada "el Jacalito" propiedad de Don Joel García, que logró sobrevivir hasta la década de los ochentas en el mismo local, esquina de 2 de abril y Fernando de Tapia,  recuerdo perfectamente la sinfonola café (también la tenían todas las tiendas) atrás de Enrique Lizalde, y un mingitorio pegado a la pared del fondo. ( no se ve) Al cerrar la tienda Don Joel emigró allá por el barrio de  San Isidro y el local se convirtió en un "coffiure", inicialmente era de Enrique y Ana, hoy, todavía permanece pero ignoro de quién es.
 


 Esta imagen es el exterior del  "Jacalito"  que por estar en la esquina de dos de abril y Fernando de Tapia tenía dos puertas, esta es la de Fernando de Tapia, ya era llamada oficialmente así, pero la gente todavía la conocía como "la Cuesta". El anuncio gigante de coca duró muchos años. Debe notarse que el municipio era previsor desde esos tiempos; apenas un par de años antes habían empedrado la calle y ya la estaban abriendo para colocar el drenaje (al centro, a la izquierda se puede observar la zanja y un trabajador) También de esa época datan las banquetas "gruesas" que caracterizan esa sección de la calle que antes había sido un arroyo y a su vera, las casas sobre la roca viva.

Tres imágenes muestran el interior del templo del Calvario. Me cuentan mis papás que casi todos los asistentes a la misa eran vecinos del lugar, más colados de otras partes del pueblo. El interior casi no ha cambiado, solo debe hacerse notar que aún tenía el ¿retablo? original tras el altar, que representa el monte Calvario: la cruz, con  una ¿peana? hecha de piedras.




 Las siguientes tomas se realizaron fuera de la iglesia (es la pared blanca a la izquierda) Nótese que aún no había casas junto al templo, apenas una hilera de piedras encimadas  separaba la calle del barranco debajo. Las primeras dos casas hacia la derecha tenían fachada muy baja, ya que estaban construidas sobre la peña. Por dentro su altura era normal, solo que había que entrar de "brinquito", Todavía existen y aunque su fachada se ha alineado con las otras, el piso sigue un metro debajo. De estas tomas, me dicen también mis padres, que fueron realizadas desde una cámara montada en un riel sobre el empedrado de la calle, lo que permite seguir el recorrido de los actores cuesta abajo. Los puestos eran de a mentiritas, igual el expendio de revistas donde la hermana mayor adquiría, empaquetado discretamente, el "material" de sus visiones. (las revistas que trae en la mano) 




También se hicieron tomas en el interior del panteón de la Santa Veracruz. Se muestra su estado original, antes de convertirse en museo. La tumbas casi son las mismas, pero conservaba una delgada capa vegetal (recuérdese que está construido sobre la roca viva de la peña) que permitía crecer pasto. Conservaba entre sus deterioradas paredes y ornamentaciones una pigmentación blanca.

Dos tomas del anexo a la capilla del panteón, todavía existe, remozado.


Aquí se muestra en su estado original la capilla del panteón que conservaba completos, aunque muy deteriorados los murales, ahí Charito interpreta a su amigo el huesero un "cover"  de doña Blanca  siguiendo los escritos de la pared mientras él intenta inútilmente agasajarse con ella (con Charito, no con la canción). Recuerdo haber entrado a esa capilla cuando todavía no la restauraban (fui vecino de Don Lupe Trejo, no se si sería el último panteonero, pero tenía las llaves de la reja de la entrada. El panteón estaba permanentemente cerrado, solo se abría cuando algún familiar de los ahí enterrados pedía entrar) y era en verdad impresionante, en estas tomas se le iluminó y suavizó el efecto, además de que se limpió, literalmente había huesos por todas partes.



Aquí, una toma en la Barranca de Zuñiga, recordar que  escenas de interiores se dice fueron grabadas en la entonces semi-abandonada hacienda de Galindo.


Estos son los carteles originales de lobby de la película, los hallé en Internet.



Funda de la película original que tengo, en VHS, parece que nunca la han digitalizado a formato DVD lo que podrían mejorar las tomas de los fotogramas. 

Aparte de las tomas en la ciudad que describo, tuvo locaciones en la Hacienda de Galindo, el río de los alrededores, la barranca de Cocheros y según me dicen, en el interior del rancho el Barreno (no lo puedo afirmar porque no conozco el interior de las habitaciones de ese lugar, solo por fuera) Creo que lo único que fue completamente de escenografía es la cueva donde ocurre la pasión y muerte de Cipriano.
A propósito;  un misterio; Cuando el Rancho el Barreno era propiedad privada, todo mundo podía entrar, hoy que fue donado al Municipio, cerraron las dos entradas. ( Se podía pasar desde el Paso Ancho,  gracias a una servidumbre de paso que obligaba a los dueños a dar paso libre hacia el Barrio de la Cruz)  Recorrí muchas veces su calle interior y pude admirar por fuera todas sus instalaciones de niño, hoy, que es propiedad pública no lo conozco. 
 Volviendo a la película, aunque las pláticas familiares de su filmación fueron constantes en mi niñez, la primera vez que la vi, fue por allá de 1983, en televisión abierta, en  una barra que había después del noticiero de la noche y se transmitía regularmente, hoy se proyecta de vez en cuando en los canales de cable de películas mexicanas. Se encuentra también en You Tube, aunque de calidad muy mala, está oscurecida, pero completa.