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sábado, 14 de mayo de 2016

La casa de Don Esteban Díaz González en San Juan del río.

La casa de Don Esteban Díaz González en San Juan del río

Fotografía de la década de 1990, todavía tenía el letrero original de la joyería "La Guadalupana"
RETRATO HABLADO

Era como un gato, siempre caía bien parado. Sin ser un político de profesión, logró ser un auténtico camaleón de esa disciplina, de tal manera que siempre aparecía en el bando triunfador o en el que le convenía. Funcionario público local, solo por el placer de serlo, ocupó todos los puestos del Ayuntamiento local, lo que le permitió ser abajofirmante en casi todos los documentos públicos oficiales de San juan del Río, durante dos décadas. Dirigente municipal sin necesidad de serlo, en una época en que los puestos públicos significaban solo la posibilidad de no morir de hambre. Empresario de polendas, incursionó en casi todos los rubros habidos y por haber, además de inventar algunos, siempre que produjeran dinero. Exitoso hacendado, llegó a poseer casi una cuarta parte del valle de San Juan. Pestañeo siempre al poder político, que muchas veces fundió con el económico. Solo tuvo un anhelo insatisfecho:un título nobiliario, se ignora porqué; el poder económico que detentaba y le abría cualquier puerta, fácilmente le pudo acceder a las de la nobleza, lo que no ocurrió, a lo mejor no lo consideró políticamente correcto o no vio ganancia en ello.

Firma de Don Esteban,  en  un manuscrito de 1806, en el que extrañamente rechazaba un puesto público. Tomada de Suárez, 2001.

LA BIOGRAFÍA

En los primeros años del siglo XIX, llegó a nuestro entonces pequeño pueblo el militar español Esteban Díaz González de la Campa; Capitán de la Segunda Compañía del Cuerpo de Infantería urbana del pueblo de San Juan del Río. Puesto con algo de importancia, entre el poder militar y civil de la época. Su biografía está marcada por varias lagunas en momentos importantes de su vida. Se intenta esta semblanza con lo poco que de él se conoce.

Nacido cerca de 1867 en Santander España, se desconoce si su fortuna provenía de abolengo familiar, la adquirió por herencia o fue producto de su trabajo. El caso es que apenas a  10 años de su llegada ya se le consideraba  una de las personas más acaudaladas de la región en esa época. (Y a decir de muchos, de todos los tiempos) También existe la posibilidad de que sus caudales provinieran del pago de una dote. (Eran tiempos en los que la familia de la novia debía contribuir con una elevada suma de dinero para el buen desenvolvimiento del matrimonio por venir)  El caso es que al menos, desde 1809, ya en nuestra ciudad, era poseedor  de un gran caudal económico  que le permitió incluso adquirir el grado de Teniente Coronel, el máximo  posible de obtener sin intervención en batalla.

NO DE AZULEJOS, PERO SÍ DE CANTERA

Dado su privilegiado status, en un pueblo en el que la aristocracia era inexistente, decidió crear su propio feudo. Para ello adquirió un enorme terreno en el barrio de San Miguel, en la entonces llamada calle Del Curato. (Hoy 16 de septiembre) en el centro de la población, perteneciente a la Cofradía de Ánimas. Supongo que el terreno tenía al frente una vieja casona, misma que derrumbó para construir “desde sus cimientos” una enorme mansión en el año de 1810. Baste decir de ella, que a su lado tenía otra apenas menor en majestuosidad y tamaño, en la que solo vivía la servidumbre.
Aunque se dice que fue diseñada por el mismísimo  Francisco Tres Guerras, el arquitecto mayor del virreinato, los documentos indican que no aunque por su majestuosidad no habría desmerecido con otras obras del celayense. Seguramente para distinguirla de las demás, de rústicos aplanados de argamasa, ésta fue ornamentada en toda su fachada con la hasta entonces ninguneada cantera morena sanjuanense, que solo se usaba como relleno de muros. El resultado de cubrir completamente su parte frontal con placas de ese material fue una soberbia casona, ya de por sí sobresaliente  por su tamaño, lo fue más por su atrevida estilización.

La privilegiada ubicación de esta calle permitía a todas las casas que la componen, tener el servicio del agua corriente de la acequia. Así que la  reluciente casa  tuvo, además de la casa principal y la del personal del servicio, una huerta en la parte trasera (aproximadamente lo que hoy es el Fraccionamiento las Fuentes).

Los románticos dirán que por amor, pero creo que más bien en una de sus calculadas jugadas de ajedrez, contrajo matrimonio en 1808, nada menos que con Doña Ramona Torres y Arroyo, casualmente  hija del comandante realista de la región, don  José Torres y Campo, con jurisdicción en las poblaciones de lo que hoy son los estados de México, Querétaro e Hidalgo y por entonces dueño de la hacienda de Santa Rosa.

No hay imágenes de Don Esteban. Esta pintura retrata a su Esposa, Doña Ramona y a su hijo Rafael, nacido en 1809. Tomada de Suárez, 2001.
Militar de profesión, al parecer fue una comisión de su oficio lo que lo trajo a este pueblo, le gustó tanto que en 1817 solicita su baja del servicio activo para permanecer en él. (Algunos dirán que no quiso participar, al desatarse la guerra de independencia, en las acciones bélicas que su puesto conllevaba, aunque él siempre se declaró Realista… bueno hasta que le convino)
Seguramente por su parentesco, los términos en que se dio su baja le permitieron conservar el título de teniente Coronel  y poder utilizar de por vida el uniforme del cargo.

LAS PROPIEDADES

Llegó a ser poseedor de varias haciendas y ranchos  en la zona del Plan de San Juan: San Clemente, Cerritos, el Muerto, el Ahorcado, Santa Rosa y muchas más propiedades compartidas.  Ante la imposibilidad de administrar tan vasto emporio él solo, decidió buscar un administrador, para poder dedicarse de lleno al oropel de la vida pública, decidir, influir y gobernar desde lo oscurito el pequeño pueblo, tan pequeño que ni siquiera un administrador decente encontró, así que optó por, ofrecer el empleo al recién llegado encargado de la oficina de alcabalas que despachaba apenas a unos metros de ahí, en la “casa de las diligencias”, don Manuel Casabal. Seguramente el incentivo monetario fue suficiente para convencerlo.

SALTO AL VACÍO

Dado que la guerra de independencia casi no impactó en San Juan del Río, creyó tener su vida resuelta, su vida transcurría tranquila, pacífica, de vez en cuando cambiaba de puesto en el ayuntamiento, de vez en cuando firmaba  alguna disposición, el tiempo le sobraba, así que decidió dedicarse a la usura, supongo que con éxito y a administrar un Mesón. La tranquilidad le permitió a la familia contar con muchos hijos: Joaquín (1809-1861), Dolores, Concepción, Esteban, Rafael, Antonio (1820), Refugio (1823), Ignacio (1824) y Rafaela (1829-1860). La calle, su calle mientras tanto,  adquiría mayor alcurnia y familias acomodadas se establecieron en ella, para acompañar a la familia Díaz y a los Quintanar, desde antes habitantes de la acera de enfrente. Tan determinante fue, que desde que estaba en vida y hasta muchos años después la calle se llamó “de don Esteban”.

Todavía en 1820, el ayuntamiento local, confirma su adhesión al Rey y entre los integrantes del cuerpo de Gobierno, de nueva cuenta se coló don Esteban.

A veces llegaban al pueblo noticias de tierras lejanas, donde pequeñas gavillas de revoltosos aún luchaban por eso que llamaban  “independencia”, ni siquiera se preocupó, qué podía pasarle si  su suegro era el encargado de la seguridad  de los alrededores. Quizá cuando aquel fue removido del cargo se preocupó un poco, pero la suerte estaba de su lado, el nuevo jefe realista era nada menos que su vecino de enfrente, Don José Luis Quintanar.

Lejos estaba de imaginar que apenas en el transcurso de un año, el máximo jefe de las tropas del Rey, Agustín de Iturbide, pactaría con los lejanos rebeldes, para consumar la independencia nacional, y uno de sus aliados más importantes para el proyecto, en el centro del virreinato fue nada menos que don José Luis Quintanar.
Lo impensable se hizo realidad, todo el antiguo ejército Realista se unió al movimiento de Iturbide y en Junio de 1821, un numeroso contingente se presentó a sitiar el pueblo de San Juan del Río.

Casi no se ha escrito sobre este episodio, lo poco que se ha dicho es que el pueblo se rindió después de sostener  varios combates, lo cierto es  que efectivamente, un numeroso ejército al mando de Quintanar se aposentó en terrenos de la Hacienda de la Venta (casualmente propiedad de  don José Luis) sitiando el pueblo y solicitando su rendición a la causa independentista.
Efectivamente, ambos bandos formaron barricadas y se dispusieron al combate, pero solo se dispusieron, alegremente, los del pueblo, supuestamente sitiados, pasaban al otro lado a saludar a sus conocidos y viceversa. Lo único que estaba prohibido era permanecer en los pocos metros entre ambas barricadas. La fuerza sitiadora era numerosa, bien armada y contaba incluso con artillería. La fuerza de defensa del pueblo se componía de  algunos batallones realistas y algunas decenas de vecinos.  Muchos cruzaron el río para unirse a los sitiadores hasta que el pueblo casi quedó solo. No hubo lucha, el único disparo que se dio dentro del pueblo solo mató a un perro. Ante la insostenible situación, se acordó la rendición con la condición de dejar salir a los pocos integrantes de los cuerpos realistas que no habían desertado, quienes abandonaron por el camino a México, mientras el numeroso ejército de Iturbide cruzaba el Puente de piedra para entrar a él.

El ayuntamiento, que un día antes declaraba su adhesión al rey, instantáneamente se convirtió a la causa de Iturbide y se formó un ayuntamiento integrado... exactamente por las mismas personas que el anterior, pero correspondiendo el grado de alcalde de primer voto nada menos que a… Esteban Díaz González quien  seguramente lo primero que hizo fue guardar su uniforme “vitalicio” para  tomar su nueva vestimenta independentista.

EL DECLIVE

FOTOGRAFÍA PERSONAL. LA CASA EN LA ACTUALIDAD
Otra vez volvió a ser el camaleón de la política, solo dejó para siempre su faceta realista y su sueño de un título nobiliario, lo demás era salvable. Completó la década, como siempre, en la palestra pública.
Sus grandes reflejos para cambiar de bando, se fueron haciendo lentos por la edad hasta llegar a la década de 1830, durante los frecuentes cambios de gobierno, en los que seguramente no calculó en que bando caer y a pesar de su gran opulencia, en 1833, fue hecho preso en la cárcel de la Acordada, en la capital del país, de la que no salió bien librado y murió cerca de 1834, (En ese año, en la boda de uno de sus hijos, se específica que es difunto)  aunque dos años antes, sintiendo cercana la muerte “después de diez meses de padecimientos en la salud por el desgano de alimentos…”  dicta un testamento en el que, previendo casos que había conocido, de familias propietarias que  al disgregar los bienes o dejarlos en manos de administradores, nombra algunos albaceas para sus herederos universales.


Fotografía personal. La entrada principal.
No sirvió de mucho tal disposición, su viuda, Doña Ramona, en diciembre de 1834, se casa con… el administrador, Manuel Casabal, quien al enviudar quedó como propietario de los bienes, precisamente lo que no quería Don esteban y los herederos disgregaron el resto.
La opulenta casa se conservó  en poder de la familia, hasta fines de ese siglo,  por entonces, se repusieron la mayoría de sus pisos, con un para entonces novedoso material, el cemento, de tal calidad que se conserva hasta la fecha y no ha podido ser igualado con el mismo material moderno, cuando ha requerido una reparación. Como todas las de su época, se caracteriza por tener amplias habitaciones, servicios y un sobrio patio con arcadas de cantera. Curiosamente, los cuartos están señalados  con signos en los arcos del exterior. Ha persistido hasta la actualidad, casi intacta.

La mansión tiene el raro honor de que en ella se alojaron los dos malogrados emperadores que ha tenido México, en 1821 Agustín de Iturbide y en 1864 Maximiliano de Habsburgo. (Respecto de Iturbide, tengo mis dudas, creo que sí se alojó en una casa propiedad de Don esteban, pero no ésta, de cualquier manera, por dicha estancia, también se le dio el nombre de Iturbide a esa calle, hasta principio del siglo XX que cambió al actual )
Conocida con los  nombres de “la Guadalupana”, (por una joyería así llamada  que funcionó ahí muchos años, cerrada ya, conservaba en la fachada hasta hace poco el letrero que la identificaba y hoy lo hace, como plaza), “la casa de cantera” (por estar cubierta la fachada con ese material) y antiguamente “la casa de Don Esteban”.


EL LEGADO
Los hijos Díaz Torres destacaron en muchos ámbitos, especialmente Esteban, que fue jefe político de la ciudad y Rafaela, gran benefactora local, tanto en vida como a través de los legados dejados a su fallecimiento. La familia emparentó con otra de no menos  caudales con  residencia en  la misma calle, los Domínguez Quintanar, formada por Juan Bernardo Domínguez y Gálvez e Ignacia Delgado Quintanar, sobrina del General José Luis Quintanar, en cuya casona vivía.  

De la ya familia Domínguez Quintanar, dos hijas se casaron con sendos de don Esteban y sobresalieron Manuel y Ángel como jefes políticos de la ciudad durante el imperio de Maximiliano  el primero fue prefecto político de Querétaro durante el sitio en 1867.  Hasta muchos años  después, se desempeñaron  además  en  labores académicas  y cívicas en la ciudad de México.  Ángel fue después diputado y co-redactor con su par Veítez, del proyecto de lo que sería la tercera constitución de Querétaro,  miembro de sociedades científicas a nivel nacional. Fundó un instituto para la enseñanza primaria y  secundaria en el pueblo y publicó varios libros.  Otra hija,  Soledad fue a su  vez casada  Antonio Díaz Torres y madre de Celestino Díaz Domínguez.

Fotografía, debe ser de mediados del siglo XX. Crédito a quien corresponda. Uno de los patios.
Celestino, nacido en San Juan del Río, con su familia sentó residencia en Querétaro,  de profesión abogado, fue además poeta, escritor, periodista y diputado por san Juan, ministro y magistrado de justicia. Publicó la Guía del viajero en Querétaro. Maximiliano le expidió el título de abogado del imperio en 1865. Casado con Dolores Vallejo, su hijo Felipe llegó a ser dueño de las Haciendas de Carrillo, Tlacote y Mompaní en Querétaro, casado con Elodia Ramírez Llaca, fueron padres de Padre de Felipe, María Eugenia, Guadalupe, Guillermo, enrique y Fernando Díaz Ramírez, quien fuera fundador y rector de la Universidad  Autónoma de Querétaro hasta la década de 1970.

A casi dos siglos de su nacimiento, Don Esteban aún mantenía su legado a través de sus descendientes. Es el único “sanjuanense”, junto a Luis Romero Soto, cuyos documentos se encuentran en el Archivo General de la nación.


Fuentes:
Díaz Ramírez, María Eugenia, 1990 Memorias de una niña Queretana
México,  Gobierno Del Estado De Querétaro
AGN. (Archivos de particulares. Colecciones, Colección de Esteban Díaz González.
Cano Sordo, Víctor
1999 De la Luisiana a la Nueva España. La Historia de Juan Bernardo Domínguez y Gálvez  (1783 – 1847)
Ayala Echávarri  Rafael, 1981 San Juan del Río, Geografía e Historia (segunda Edición)
México, Manuel Ayala Valenzuela.
García Ugarte Marta Eugenia, 1992 Hacendados y Rancheros queretanos (1780 – 1920)
México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Interesados en el tema, hay más datos de las familias Díaz, Quintanar y Domínguez en diversas entradas, búsquenle.
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Válgame Dios, no me lo van a creer, pero la entrada de las Poquianchis, seguramente hoy llegará a la escalofriante cifra de 3,000 visitas, si no la han visto también dense una vuelta, a descubrir porqué de su popularidad.
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Solo para sanjuanenses: Yo también tengo una prima bien guapa, no es de San Juan, es de Quiotillos, Amealco, ¿Porqué a ella no la fueron a visitar?
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  SECCIÓN COMERCIAL:  De vez en cuando pondré alguna publicidad de negocios antiguos.
  

 Esta es de la década de los 30 o 40s, cuando el fotógrafo sanjuanense Jesús Layseca Bermudez tenía su estudio en la capital del estado.


sábado, 23 de agosto de 2014

Agustín Ruiz Olloqui Rangel el último imperialista de San Juan del Río, Querétaro.


En los tiempos del Imperio de Maximiliano (1864-1867) la población de San Juan del Río era declaradamente imperialista, esto en razón de que en los años previos había sufrido múltiples ocupaciones por parte de los conservadores (era el sitio favorito de ataque de Tomás Mejía) y cuando estos dejaban la plaza, inmediatamente llegaba la represalia del ejército liberal que se apostaba en la ciudad a castigarlos por haberse dejado derrotar por los otros, así que, entre dos fuegos eligieron al que pensaban era el menos peor y de esa manera, convirtieron a los liberales y todo lo que oliera a ellos, en sus enemigos jurados.

De toda una ciudad pro imperialista, hubo un grupo de personajes que lo eran aún más, concentrados en la entonces llamada calle de Don Esteban,  hoy 16 de septiembre, donde residían las familias más acaudaladas, baste decir que en ella vivía la descendencia y familia de don José Luis Quintanar, los hijos del General Juan Domínguez, muchos de los hijos y nietos de Don Esteban Díaz González, la familia Berruecos, los Uribe, etc. Familias de antiguo abolengo que poco a poco habían ido perdiendo preminencia con las disposiciones de los gobiernos liberales y vieron en la llegada del imperio la oportunidad de recobrar algo de su esplendor y apoyaron, no a muerte como veremos adelante, pero sí decididamente al nuevo monarca.

El entonces Prefecto de San Juan era el Doctor Manuel Domínguez, hijo del General Juan Domínguez, quien con apoyo de familiares y vecinos tomó decididas acciones para granjearse a sus graciosas majestades, entre ellas, la idea de erigir una columna en la plaza principal, para colocar un busto de la Emperatriz Carlota (que en una de esas paradojas del destino, ella misma sugirió se dedicara mejor a la Independencia, y así nació un año después la columna que actualmente vemos en el centro de nuestra ciudad) lo que compensaron declarándola Patrona y especial protectora de San Juan del Río.

Durante la Visita de 1864 de Maximiliano, Domínguez declaró el día como fiesta nacional,  hizo liberar a los presos de condenas leves y organizó  todas las fiestas habidas y por haber ante tan fausto acontecimiento, incluso, al venir Maximiliano sin Carlota, en el baile de honor, fue la hermana del Prefecto, Paz Domínguez, quien bailó con él. (Contra lo que se sostiene, Carlota nunca estuvo en San Juan del Río, ni una ni “varias veces”. No he hallado ningún documento que pruebe su estancia aquí, todos los ofrecimientos y honores que se le hicieron fue a distancia,  vía documentos, nunca en su presencia)

Al paso de apenas tres años,  Maximiliano regresó a San Juan del Río, más solo que la vez pasada y en circunstancias adversas, con rumbo a Querétaro, en un viaje del que ya no retornaría. La suerte de espaldas que portaba no impidió que los habitantes de la antigua calle del Curato, le manifestaran nuevamente su apoyo y aún más, en marzo de 1867, ya en la ciudad de Querétaro, tuvo en su ejército a tres “sanjuanenses”, los tres sobrevivirían al cabo de tres meses, no así el emperador. Eran:

Manuel Domínguez Quintanar. Nombrado Prefecto político de la ciudad de Querétaro  durante los meses que duró el sitio de ella.  Al ser derrotados, se salvó de ser fusilado gracias a su comportamiento humanitario con los prisioneros liberales, quienes abogaron ante Escobedo para que lo perdonara. Pudo regresar a San Juan y después se trasladó a México.

Celestino Díaz Domínguez. Nieto de Don Esteban, fue nombrado abogado del Imperio, había nacido en San Juan pero se había refugiado en la ciudad de Querétaro desde antes de la llegada del emperador, ahí lo recibió. Al no ser militar pudo salvarse, pero ya no volvió aquí, se dedicó a la política, el periodismo y el comercio en aquella.

Y finalmente, también estuvo con Maximiliano:

Agustín Ruiz Olloqui Rangel


El doctor Olloqui, imagen tomada de Díaz

Nacido en Huichapan, Hidalgo, el 30 de enero de 1835. (aunque también se dice, incorrectamente que nació en San Juan y en el año de 1840) Hijo de la  Sra. Dolores Rangel y el Lic. Joaquín Ruiz Olloqui. (que había sido Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación) Obtuvo título de médico en 1860 y poco después ejercería como médico militar durante la invasión Francesa en el ejército liberal al mando de Porfirio Díaz. Entre ese año y 1863 se casó con una sanjuanense, Isabela Uribe Díaz, nieta de Don Esteban. Para 1864 estaba avecindado en San Juan y era regidor de la ciudad. De él fue la propuesta de hacer celebrar como día nacional el 7 de junio, aniversario de la emperatriz, e intervino entre los que le ofrecieron un cetro de oro.

Aquí nacería su primer hijo en 1866 y poco después, ante el avance liberal, se refugió con su familia en la capital queretana, donde ejercía su profesión de manera particular. Con la llegada de Maximiliano, fue nombrado director del Hospital de Sangre (o sea donde atendían a los heridos) durante el sitio a la ciudad. El 12 de mayo de 1867, de manos del propio Maximiliano recibió la condecoración de Caballero de la Orden de Guadalupe, aunque no tuvo mucho tiempo para lucirla, apenas tres días después cayó la ciudad en poder del ejército liberal. Se salvó  por su profesión y el hecho de haber atendido por igual a los heridos de ambos bandos, en el Hospital Civil inicialmente y luego en los que adaptó al aumentar los heridos,  con más voluntad que recursos, en el Convento de San Francisco y hasta en el edifico del Casino.

Terminado el sueño imperial en el cerro de las Campanas, pudo  al poco tiempo regresar a San Juan del Río. Aquí tenía su casa, apenas a un costado de aquella a donde sus familiares políticos ya no volvieron, en una pequeña calle conocida entonces como “de la Duda” donde seguramente pensó que iba a tener la paz que no había disfrutado en muchos años. Pero el destino le tenía preparado un último sobresalto.

Fusilado Maximiliano en 1867, fue necesario embalsamar el cadáver con el problema de que no había en toda la ciudad y alrededores ningún médico capacitado para ello, (Juárez decretó que la labor debía de ser hecha por un mexicano,) recayendo el encargo en el único que se atrevió, el Doctor Vicente Licea, un obstetra avecindado que hizo lo mejor que pudo y al carecer de instrumental adecuado tuvo que solicitarlo prestado a Agustín Ruiz Olloqui, lo cual no tendría ningún detalle en particular, solo que Licea tuvo meses después, la ocurrencia de intentar vender la vestimenta que portaba el cadáver por 15,000 pesos, según él porque no se le habían pagados sus servicios. Al descubrir el gobierno la acción provocó que fuera enjuiciado y tuvo que defenderse como gato boca arriba pues estaba en peligro su vida y llamó a varios testigos en su defensa, uno de ellos fue el Dr. Ruiz Olloqui, quien en marzo de 1868 tuvo que declarar. Ambos salieron bien librados, Licea completamente desprestigiado pero vivo.

Fotografía personal: "La solariaga" casa del doctor Olloqui en la actualidad

La casa que habitó, que aún se conserva, casi intacta, es una de las más hermosas del centro de la ciudad, no es tan grande como lo eran las  vecinas, pero es muy estética en su forma y distribución, de estilo neoclásico. (fue construida en el siglo XIX, no es colonial como dicen muchos) No tengo información reciente de ella, hasta hace pocos años todavía vivía ahí y conservaba la propiedad un descendiente suyo, que mantenía la casa en perfecto estado, incluso mucho del mobiliario antiguo.

Tras el último susto, poco tardó el Doctor en volver a la política, al menos desde 1869  ya formaba otra vez parte del Ayuntamiento de San Juan del Río. Durante el gobierno de Porfirio Díaz fue dos veces diputado y  una vez senador de la República. Aquí fue muchas veces parte del Ayuntamiento, a veces como prefecto, a veces como regidor y a la vez dirigía y atendía el Hospital Municipal (el antiguo de San Juan de Dios) y fue el médico del Ferrocarril Central. Adquirió por esas fechas el Rancho el Barreno, que por entonces era un molino de trigo. Esta propiedad  sí fue vendida por sus descendientes en el siglo. Por cierto, tuvo muchos hijos, la mayoría hicieron sus vidas en otros lugares.

Aunque se dice que editó varios libros, solo he podido localizar uno, de temas médicos, y otro con leyendas, sin embargo, era desde 1864 miembro de la sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y desde 1872 de la Sociedad Mexicana de Historia natural. A la par de ello, se hizo por gusto historiador local, recopiló infinidad de documentos y datos sobre nuestra ciudad, aunque al parecer no los reunió nunca en libro. Estos apuntes, datos sueltos en su mayoría, han sido utilizados, desde sus tiempos hasta nuestros días en infinidad de libros, sin haberle dado el crédito correspondiente, nunca los he visto en físico, solo por referencias sé que existen y su contenido. Lo poco que sabemos de nuestra ciudad a fines del siglo XIX en nuestra ciudad fue escrito por él.

Poco antes de morir. su dinastía se prolongó, su hijo Joaquín se desempeñó todavía como Prefecto de la Villa de Tequisquiapan durante casi Todo el porfiriato y él otra vez en nuestra ciudad. En el mes de noviembre de 1904 murió en su casa de la calle de la Duda, que mucho después recibiría su nombre. Ninguno de sus antiguos amigos volvió, las familias que lo habían rodeado se habían ido diluyendo, ya casi no había apellidos Díaz, Domínguez, etc. Solo quedó él como el último de los muchos  imperialistas del pueblo.


Firma del Doctor, imagen tomada de una carta del proceso contra Licea

¿Imperialistas? ¿Reaccionarios? ¿Ilusos? Creo que a ojos actuales no nos corresponde juzgarlos, fueron hombres que vivieron, pensaron y actuaron según las circunstancias de su tiempo y tomaron las decisiones que les tocaron, asumiendo sus consecuencias, sirva esta semblanza como un homenaje a nuestro primer historiador: El Doctor Olloqui como era conocido en su tiempo, otro de los que adoptaron nuestra ciudad como segunda patria y la enaltecieron.

Les decía que la casa se conserva casi intacta porque en la fachada se le agregó recientemente un nicho de la virgen de Guadalupe, (por cierto, he escuchado que en ella se tenía hace muchos años una pintura del Greco, que alguien había dejado “encargada” ignoro si fuera cierto o solo fue una leyenda semiurbana) la otra modificación es una placa de cantera colocada al frente y que reza así:

Fotografía personal: Fachada de la casa en la actualidad

1835-1904

DESDE ESTA CASA

SOLARIAGA EL DOCTOR

AGUSTIN RUIZ OLLOQUI

EJERCIO LA PROFESION DE

MEDICO CON GENEROCIDAD Y

SENTIDO SOCIAL EN FAVOR DE

LOS SANJUANENSES MAS DESVALIDOS DE

LA EPOCA

                                                JULIO 24 DE 1926

 Fotografía personal, la placa en memoria  en la actualidad

José Luis Hernández Peña

Para mayor información de las familias de la calle 16 de septiembre, ir a este enlace:
http://iztacchichimeca.blogspot.mx/2014/06/como-dijo-juan-dominguez-no-me-olviden.HTML

La bibliografía se las debo para luego, consideren esto por mientras mis “apuntes” aclaro que el escrito es original, basado hasta el último detalle en algún texto o documento.
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Actualización 22 de Marzo de 2015

En pasada entrada había hecho una semblanza, casi biográfica de  Don Agustín Ríos Olloqui, mencionando el 4 de Noviembre de 1904 como fecha de su fallecimiento, dado que así estaba consignado en el libro de Díaz , del que tomé la fecha, parece que hay un error.


El pasado fin de semana, tras muchos años de no hacerlo pude entrar a la hoy llamada Parroquia de San Juan Bautista, que en mi niñez era “El Templo” o  el “Templo del Sagrado Corazón” (siempre que iba lo encontraba cerrado, pensé que estaba siendo remodelado)  con cámara en mano y permiso expreso para hacerlo, me dispuse a tomar fotografías, a pesar de que el interior era ocupado por una multitud de niños tomando catecismo en pequeños grupos dispersos a todo lo largo y ancho del casi basilical espacio. Nada ha cambiado en él, más que el nombre, las mismas imágenes, la omnipotente solemnidad que le da el extraordinario juego de luces naturales logrado por las linternillas y los vitrales, que hacen converger la mirada siempre hacia el altar, nada ha cambiado, incluso en la catequesis, todavía en la esquina norponiente encontré un grupo de niños, mismo lugar donde hace varias décadas, también yo era parte de otro que escuchaba no tan atento las enseñanzas de las siempre sufridas y abnegadas catequistas.  Otro día abundaré sobre el interior del templo. Recorriendo encontré un detalle, que debo haber visto en aquellas épocas, cada sábado, pero  que no recordaba, hoy se los comparto.



En una de las primeras columnas, entrando por el lado de la Plaza de los fundadores, a la derecha, se encuentra una placa, indicando que reposan ahí los restos del distinguido personaje. Sabía que había sido sepultado en la ciudad, pero pensé que había sido en el Panteón de la Santa Veracruz, donde están varios de sus familiares. 
A pesar de que la columna es muy ancha, no creo que haya sido sepultado originalmente ahí, en aquellos tiempos ya no se permitía el entierro al interior de los templos, aunque pudo hacerse una excepción dado su investidura.
En ella está una placa de mármol, empotrada en el fuste, con la inscripción que contiene además,  los restos de su esposa, Doña Isabel Uribe Díaz, (Nieta de Don Esteban Díaz González, e integrante de la familia Uribe, también vecinos de la Calle 16 de Septiembre) fallecida el  9 de octubre de 1896.
El detalle de la placa, es que todavía utiliza el modo antiguo para las abreviaturas, que consistía en poner las letras iniciales de la palabra y al final, la última letra en caracteres más pequeños.
En dicha placa, se encuentra la fecha exacta de su fallecimiento, 9 de septiembre de 1904.
 
 

viernes, 13 de junio de 2014

Como dijo Juan Domínguez… No me olviden

El verdadero abolengo

La casa más emblemática del viejo, moderno y actual San Juan es sin duda la conocida con los  nombres de “la Guadalupana”, (por una joyería así llamada  que funcionó ahí muchos años, cerrada ya, conserva en la fachada el letrero que la identificaba y hoy lo hace, como plaza comercial ) “la casa de cantera” (por estar cubierta de ese material) y antiguamente “la casa de don Esteban”, es el número 7 de la vieja calle del Curato, actual 16 de Septiembre. El hoy fraccionamiento las Fuentes, entre Aldama y 27 de septiembre era su parte trasera, conocida después como la huerta de los Chirimoyos. En ella se dice, se alojaron Agustín de Iturbide y el Emperador Maximiliano, y también sin confirmación que fue cuartel de su ejército imperial.
Fue construida desde sus cimientos en 1810 (1) por el Teniente Coronel Esteban Díaz González de la Campa, español, uno de los habitantes más acaudalados de todos los tiempos, Alcalde Primero y presidente del Ayuntamiento de San Juan en la época anterior a la guerra de Independencia. Dueño de muchas haciendas en la región. Casó con Doña Ramona Torres y Arroyo, hija del importante militar y político español don José  de Torres y del Campo. Propietario de la hacienda de Santa Rosa quien desempeño altos puestos gubernamentales al final de la época colonial en la región. 

Mucho se ha escrito sobre don Esteban, (en realidad no tanto, algún día me ocuparé de él) sin embargo, en sus últimos años, su importancia fue opacada por un par de personajes, emparentados entre sí y con descendientes de él, que vivieron  en algunas de las casonas de la acera de enfrente, por ser las familias más importantes y ser esa calle la de mayor abolengo en tiempos antiguos.
Los hijos Díaz Torres destacaron en muchos ámbitos, Esteban, que fue jefe político de la ciudad y Rafaela, gran benefactora local, tanto en vida como a través de legados dejados a su fallecimiento. Después de la muerte de Don Esteban, Ramona se casó con su antiguo administrador, Manuel Casabal. La familia Díaz  emparentó con otra de no  menos  caudales con  residencia en  el antiguo número 6 de la misma calle,(2)  los Domínguez Quintanar, formada por Juan Bernardo Domínguez y Gálvez e Ignacia Delgado Quintanar, sobrina y  protegida del General José Luis Quintanar, en cuya casona vivía en su etapa de soltera al cuidado de una tía.



Imagen tomada de Bisabuelos.com  Juan Bernardo Domínguez y Galvez

 JUAN BERNARDO DOMÍNGUEZ Y GÁLVEZ (1783 -1847)
Mejor conocido como Juan Domínguez, cubano de nacimiento, hijo de padre españoles,  llegó a la Nueva España poco antes de la guerra de Independencia,  desempeñando altos cargos en el ejército realista gracias a su parentesco con el Conde Bernardo de Gálvez, Virrey de la Nueva España. Entre sus hazañas bélicas  está haber derrotado al mismísimo Antonio López de Santa Anna en batalla de la época independiente, cuando este todavía era un General eficiente. En las estancias de Iturbide en San Juan, a cuyo mando estuvo Domínguez, debió conocer a Ignacia, (3) casándose años después y estableciéndose en la entonces  Villa. Como madrina de la boda estuvo doña Ramona Torres.

JOSÉ LUIS QUINTANAR Y SOTO Y RUIZ (1772 -1836)
Este sanjuanense, hijo de hacendados, (entre sus propiedades estaba la hacienda de la Venta) también tenía incipiente carrera militar en el ejército realista, (4) combatiendo mucho tiempo a los ejércitos insurgentes, pero al final se adhirió a la conjura de Iturbide, integrándose previamente al triunfo, al mando militar del ejército trigarante.

Ambos se hicieron de las confianzas de Iturbide, apoyándolo en la consumación de la independencia, José Luis llegó a ser, por su encargo jefe del ejército Trigarante y en el primer momento del México independiente formó  parte  del triunvirato que rigió al país previo a la elección de Iturbide. Luego fue  nombrado  gobernador del naciente Departamento de Jalisco.
Durante la caída del efímero imperio, ambos apoyaron a Iturbide hasta el límite, solidaridad extendida aún hasta su posterior aprehensión y fusilamiento. Desde el inicio de la posterior etapa republicana ocuparon casi ininterrumpidamente importantes cargos en la administración pública estatal, nacional y el ejército hasta su retiro.
Fotografía personal Las dos primeras casas desde la derecha, Residencias de la Familia Quintanar en el siglo XIX, al fondo en la misma acera, las casonas de Don Guadalupe Perrusquía y la viuda del General Domínguez, Ignacia.

LOS DOMÍNGUEZ QUINTANAR   Y DIAZ DOMÍNGUEZ
De la ya familia Domínguez Quintar, dos hijas (Mercedes y Soledad ) se casaron con sendos de don Esteban (Rafael y Antonio) y sobresalieron Manuel y Ángel como jefes políticos de la ciudad  y Querétaro durante el imperio de Maximiliano  y  hasta  muchos  años  después. Desempeñaron  además labores académicas  y cívicas en la ciudad de México y su tierra natal. (5) Ángel fue después diputado y co-redactor con su par Veítez, del proyecto de lo que sería la tercera constitución queretana, miembro de sociedades científicas a nivel nacional. Fundó un instituto para la enseñanza primaria y  secundaria en el pueblo y publicó varios libros. (6)

Paz Domínguez, otra hija durante las estancias de Maximiliano, en una velada en casa de don Esteban bailó con el emperador. Afirma Cano que el guante que usó esa noche está aún en poder de su familia. (7) Ella se casaría después con Cándido Madaleno, vasco, dueño de la hacienda de la Laja, Tequisquiapan y vivirían en la casa de Cantera. De ellos desciende Víctor Cano Sordo, autor de la Genealogía familiar aquí escrita de manera sucinta.

Soledad Domínguez, casada a su vez con Antonio Díaz Torres, fue madre de Celestino Díaz Domínguez, último de la familia nacido en San Juan del Río, de profesión abogado, fue además poeta, escritor, periodista y diputado por san Juan, ministro y magistrado de justicia. Publicó la Guía del viajero en Querétaro. Su hijo Felipe llegó a ser dueño de las Haciendas de Carrillo, Tlacote y Mompaní. Padre de Felipe, María Eugenia, Guadalupe y Fernando Díaz Ramírez, fundador y rector de la Universidad  Autónoma de Querétaro y autor de la más extensa historia gráfica del estado (8) y efímero gobernador de Querétaro. 
Su séptima hija, Refugio, nacida en Querétaro, formó familia con Pedro Argain, español y comerciante. Un hijo de esta familia sería Gobernador del Estado de Querétaro, Salvador Argain Domínguez.

Dada su importancia en el siglo XIX, esta familia y sus integrantes ocuparon varias casas de la misma calle del Curato, además de las dos mencionadas  y algunas de sus ramas en otras de no menos importancia como la Nacional de Santo Domingo, Nacional del Sacromonte (Av. Juárez) y la plazuela de San Juan Bautista, (hoy de los Fundadores) los restos mortales de muchos de ellos yacen en el Panteón de la Santa Veracruz como respetables observadores del lugar donde hicieron sus vidas.






Fotografía personal, tumbas en el panteón de la Santa Veracruz de algunos de los personajes mencionados en el texto.
UNA VIDA  DE VAIVENES

Juan Domínguez, como todos los militares de su época se vio envuelto en los frecuentes pronunciamientos que caracterizaron las primeras décadas de vida independiente de nuestros país, a veces por iniciativa propia, muchas otras por apoyar a su pariente político José Luis Quintanar, y por ende a su ideólogo Anastacio Bustamante, otras únicamente por estar en uno u otro bando ideológico en pugna por el nuevo México.

Para hablar de su importancia baste decir que tuvo infinidad de puestos de gran importancia política y militar:
-Coronel del Batallón Activo de Oaxaca.
-Encargado de la Comandancia General de México hasta el 27 de diciembre de 1829.
-Encargado de la Comandancia de Querétaro.
- Ayudante general e inspector del Ejército del Norte, en San Luis Potosí.
-Coronel del Batallón Activo de Querétaro en 1839, su último puesto de mando.
-Vocal secretario de la Junta Consultiva de Guerra y Marina en  julio del  1840.
-Secretario de la Comandancia General de México hasta junio de 1842.
-El 1º de enero de 1842 comienza a trabajar en la Suprema Corte Marcial.

Desde diciembre de 1844 fue desligándose de responsabilidades militares hasta que, acabó por retirarse definitivamente del ejército.
Los vaivenes de sus nombramientos lo hicieron ir casi veinte años de una a otra parte de la república, a veces solo, a veces acompañado de su familia, razón por la cual, los lugares de nacimiento de sus hijos son indistintos, pero tanto ellos, como el padre, cuando las desdichas políticas o de salud los alcanzaba, volvían a la paz de la pequeña villa, al cobijo de la familia de su esposa, los Quintanar, en la vieja calle del Curato, en el aún más viejo barrio de San Miguel. Incluso alguna vez, en la rueda de la fortuna de la política de aquellos tiempos, le tocó estar abajo, lo que significó su destierro del Estado, al vecino Guanajuato de donde vuelve para –otra vez- pronunciarse contra el gobierno, costándole esta vez el destierro a Cuba

Quizá como resabio del lejano enfrentamiento con Santana, nunca tuvo una buena relación con él, (aunque fue quién lo nombró general en 1841) y de manera indirectamente proporcional, entre más crecía la importancia política del veracruzano, decrecía la importancia de los nombramientos de Juan. En la cuarta década del siglo, las diferencias se recrudecieron, optando por el retiro.
Viejo, enfermo, decepcionado de sí mismo y sus pares, decide, entre 1844 y 1845,  volver a San Juan, el lugar que había adoptado como patria, a pasar sus  últimos años junto a su familia. Ahí recibe el año de 1847 en el retiro. Sus fuerzas no alcanzaron más que para observar la invasión norteamericana, dicen que murió de disentería, pero más seguro por la impotencia de no poder defender la tierra que lo había recibido joven y que a sus sesenta y tres años lo despedía el 24 de mayo de 1847.    

Fue enterrado en el camposanto (el que estaba en medio de las dos iglesias, al frente de la actual Notaría) al día siguiente, 25 de mayo. Años más tarde sus restos fueron trasladados a un mausoleo en el Panteón de la Santa Veracruz, y después junto con dos de sus hijas a uno de los nichos de la pared. Este panteón fue proyectado por don Guadalupe Perrusquía, vecino también de la calle del Curato, vivían respectivamente en los números 16 y 18, con quien se casó Ignacia, la viuda del General, formando una nueva familia con los hijos de los anteriores matrimonios de ambos, entre los de Don Guadalupe se contaba el que sería padre del Gobernador Ernesto Perrusquía. (9) ( Pero esa ya es otra historia) 


Imagen tomada de Bisabuelos.com. El General Domínguez.

El acta de sepultura de Juan Bernardo dice:

“En la Parroquia de San Juan del Río a veinte y cinco de Mayo de mil ochocientos cuarenta y siete sepulté en el Cpo. Sto. de dicha Parroquia el cadáver del Sr. Gral. de Brigada D. Juan Domínguez, casado que fue con Dª Ignacia Quintanar, originario de la Havana y vecino de esta Cabecera en el Barrio de San Miguel. Recibió los Santos Sacramentos de penitencia, Sagrado Viático y extremaunción; disen murió de Dicentería, y lo firmé para que conste.”(3)

Hoy reposan los restos de este honrado general, según reza el nicho del panteón de la Santa Veracruz que los contiene, junto a sus hijas; Consuelo y Soledad.

Fotografía personal: Nicho en el Panteón de la Santa Veracruz


1) Cfr.  Ayala, 1981 op. cit. p.  124. Para dar idea de su importancia, baste decir que él y Luis Romero Soto, ambos por la extensión e importancia de sus archivos personales, son los únicos “sanjuanenses” con colección documental en el AGN. (Archivos de particulares. Colecciones, Colección de Esteban Díaz González. Archivos de particulares. Personas. Luis Romero Soto)
2) N. De la R. Al parecer el antiguo numero 6 era uno con el actual 8, que es centro comercial. Hasta hace unos años fue casa de la familia Valenzuela, con su patriarca Don Gabriel, de grata memoria entre los practicantes de la charrería, deporte que practicó pero sobre todo impulsó en todos sus frentes hasta los últimos años de su vida. Es una casona amplísima, a fines del siglo XIX era la mejor casa de huéspedes de la ciudad. Luego sufrió una remodelación a principio del siglo XX pero conservó el plano anterior, con todas las comodidades y elementos de la época como correspondía a  la importancia de don José Luis Quintanar.
3) La información de estas familias las tomo, seleccionada, de Víctor Cano Sordo, De la Luisiana a la Nueva España. La Historia de Juan Bernardo Domínguez y Gálvez  (1783 – 1847),  Versión electrónica en página Web Bisabuelos. Página  de Genealogía. Apellidos. Linaje. 1999. capítulos V, VII, X y apéndice VII, Quien se basa en Ayala para don José Luis en cuanto a la estructura, pero no solo citándolo, sino confirmando, documentando y complementándolo hasta la saciedad con libros, documentos familiares, extractos de archivos  particulares, públicos y eclesiásticos. (Me atrevo a decir que no hay nadie que haya escudriñado papel tras papel los archivos parroquial e histórico municipal como él)  
4) Cfr. Ayala, 1981 op. cit. p.  117- 121.
5) Ibid. P 172.
6) Ibid. P 180 y 181. Destaca “Descripción de los principales ríos del mundo”. 1902,  que Ayala tomó para su descripción del río San Juan. En 1896 había sacado a la luz pública una especie de manifiesto llamado “Las necesidades de la Geografía en México” dirigido al Presidente Díaz.
9) Víctor Cano Sordo, sacerdote católico, autor del  libro “De la Luisiana  a la Nueva España” Incluido en una vasta página Web de genealogía de sus antepasados. Iniciada a partir de una anécdota familiar, nos lleva siglos atrás a España, México y San Juan del Río. En el linaje ve importantes familias locales de todos los tiempos. (Cervantes, Bocanegra, Silis, etc.) Tomo de él los datos de las familias Domínguez, Quintanar y Díaz. Es difícil citar correctamente su página y libro, casi cada frase la apoya en infinidad de documentos y bibliografía. Existe una versión impresa, merecedora de reedición y difusión por el municipio, ya que aunque no es su propósito, devela valiosos datos de historia local además de la fascinante vida de sus antepasados. Estaría en la misma categoría de nuestros mejores relatores: Dorantes de Carranza, Sánchez de la Barquera, Martínez de Salazar, Jaime Nieto, Rafael Ayala, y J. Guadalupe Guerrero, etc.
8) Ver Fernando Díaz Ramírez, Historia del estado de Querétaro. México, Gobierno del Estado de Querétaro, 1979. Seis tomos.
9) Sin estar completamente seguro, por los cambios de numeración,  las  casa de Don Guadalupe Perrusquía  (18)  y la de Ignacia (20) que tampoco se sabe  si lo era desde que vivía el General  Domínguez) serían la que hasta hace poco era la Universidad Mesoamericana y la que estuvo donde hoy es una caja popular.