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jueves, 2 de agosto de 2018

La muerte de un cine


El contenido de la entrada de hoy no es mío, hace un par de años, el autor, Óscar (QEPD) me autorizó su publicación en este espacio, no lo había hecho por diferentes motivos, es del año 2010, redactada originalmente para uno de los periódicos en los que colaboraba. Encontrarán similitudes con lo escrito a respecto del viejo cine de la ciudad por Fernando Roque o un servidor, lo que se explica por el hecho de que asistimos a ese espacio casi en los mismos años, disfruten de esta solemne, académica y a la vez humorística crónica.

La muerte de un cine

POR ÓSCAR AMÉZQUITA UGALDE

Hace un año, me detuve unos minutos frente al antiguo, y en ruinas, cine. A través de las rejas de color café pude ver que habían empezado a escarbar; estaban amontonadas cajas con botellas de vidrio del refresco Pepsi –de las pocas veces que tomo este producto, siempre recuerdo mi niñez en este cine–; lo que más llamó mi atención fue que parte de la sala se veía iluminada por la luz solar; volaban algunas palomas, que habían convertido este lugar en su hogar –no me extrañaría que algún vampiro cinéfilo también haya encontrado refugio aquí–; en la parte de fuera se podía leer: CM (Circuito Montes) Cinelandia; también había un par de sellos que decían que la obra estaba suspendida.

 Hoy pasé nuevamente por este sitio, ubicado en el centro de San Juan del Río. Del cine sólo quedan las paredes. Unas máquinas escavadoras facilitan las labores y un camión de volteo se llena con los escombros y se intenta llevar grandes recuerdos de este histórico y maravilloso lugar. Por la parte de fuera una lona deja claro que la obra tiene el aval del INAH. Le pregunté a un empleado si sabía qué se iba a construir ahí. Me respondió que lo ignoraba.

También el año pasado, soñé despierto y quise estar en la película de “Cinema Paradiso” (Giuseppe Tornatore. 1988) para que me permitieran entrar (aunque no me pusieran la maravillosa música de Ennio Morricone), como a “Toto”, por última vez a este sitio y poderle arrancar algunos recuerdos más a mi memoria: ver al niño de la escuela primaria “Sor Juana Inés de la Cruz” vestido con suéter azul marino, camisa blanca y pantalón gris, cómo observaba a Capulina rugir en su película “Capulina corazón de león” –que invariablemente nos pasaban cada 30 de abril para festejar nuestro día–; en los últimos años de mi instrucción primaria me sentaba en el segundo nivel, de graderías, para evitar los escupitajos que recibían los que se ubicaban en las butacas de abajo.
Cómo olvidar las matinés de los domingos, las películas de El Santo, “el enmascarado de plata” (al salir del cine la función continuaba en el pasto del jardín Independencia, donde una serie de chamacos se dedicaban a aplicar las “llaves” que habían visto en la cinta. Si la cosa se “calentaba” podías ver, de manera gratuita, como se daban sus buenos chingadazos).

En este lugar pude disfrutar de películas como King Kong, E.T., Tiburón, Cocodrilo, Pirañas asesinas (y demás monstruos hollywoodenses); Superman, Rocky, La Guerra de las Galaxias; toda la producción del maravilloso Bruce Lee (les juro que hasta compré mis chacos); obviamente vi parte de las películas mexicanas “populacheras de desnudos y albures”, como les llama el escritor José Agustín. Nombres de cintas como: Lola la Trailera, El Milusos, Bellas de noche, Las ficheras, Pedro navajas. Con actores y actrices como: Alfonso Zayas, Alberto “el caballo” Rojas (ambos expertos en imprimir a su mirada toda la lujuria posible), Rafael Inclán, Isela Vega, Lin May, Angélica Chain y desde luego la espectacular Sasha Montenegro (que hasta ex Presidente de la República se consiguió), ahora las transmite el canal 9 de Televisa. También me tocó sufrir con cintas como “El Resplandor” de Stanley Kubrick (gracias a este largometraje hoy no puedo ver películas de terror).

En la segunda mitad de los años 80, entré a estudiar el nivel medio superior en la Preparatoria San Juan (hoy llamada Salvador Allende), después de darnos nuestra “Bienvenida” con una novatada que consistía en raparnos, quitarnos la camisa y playera, enlodarnos y amarrarnos, nos llevaron por las calles para exhibirnos y de pasada meternos un rato al cine, obviamente sin pagar. Lamento mucho no recordar qué película estaban pasando, pero perfectamente pudo haber sido, para estar ad hoc, alguna cinta como “Los Panchitos”, “Lo negro del Negro” o la maravillosa “Intrépidos punks” (por aquello del corte de cabello).

Curiosamente, por el año en que se filmaba “Cinema Paradiso” cerró sus puertas nuestro “piojito” –nombre que se les daba a los cines de baja categoría–. Otras similitudes que recordé, fue cuando en la cinta de Tornatore iba el cortejo fúnebre de Alfredo (encargado de proyectar las películas) por las calles de su Ciudad, su discípulo Toto cerró los ojos para abrirlos frente al viejo cine y lo que vio es algo muy parecido a cómo estaba nuestro Cinelandia, ¡en verdaderas ruinas!
En la misma escena Salvatore le pregunta a uno de sus antiguos conocidos sobre el porqué de la demolición del Cine. Le responde: “por la crisis, la Televisión, los videos. Ahora el Cine es sólo un recuerdo. Piensan hacer un estacionamiento, ¡qué lástima!”. En una nota del Semanario Bitácora (Núm. 98. 26-nov-09) se menciona que el espacio que ocupaba el Cinelandia posiblemente sirva para hacer un estacionamiento subterráneo (¡Vivan las Ciudades atascadas de automóviles!), una mueblería o locales comerciales.

Mi amigo, cinéfilo y escritor, Fernando Roque escribió un artículo llamado “Adiós al Cinelandia”. En él nos narra que aquí se celebraban graduaciones escolares, eventos artísticos donde se presentaron Chabelo e Isela Vega, magos, escapistas y luchadores. “A partir de los años cuarenta, se destruyó el teatro (que data de 1821) y dio lugar a este cine, cuya huelga duró más de 20 años”. También cuenta que un personaje llamado Tito Trejo Mireles, cortó la pantalla con una navaja, “nomás por gandalla” (Gazzetta cinéfila. Noviembre de 2009).

En una entrevista con el crítico de cine Jorge Ayala Blanco, declaró “los cines populares ya no existen, todavía existían hasta los años ochenta. Actualmente ya no hay esa tradición, lo que existe son cines que están en los centros comerciales. Los cines de antes eran más eróticos y afrodisiacos” (Replicante Núm. 17. Nov. 2008).
Para el cineasta griego Theo Angelopoulos, “el cine es un medio para entender y leer al mundo, para contrarrestar la actual deshumanización”.
Para ponerme más nostálgico aún, hay que recordar el final de la maravillosa novela de José Emilio Pacheco, “Las batallas en el desierto”: “Demolieron la escuela, demolieron el edificio de Mariana, demolieron mi casa, demolieron la Colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia”.

Me despido con, espero, humor (¿de años del Cinelandia?): Recuerdo que un personaje sanjuanense apodado “el chino broncas” siempre entraba a la sala, una vez que las luces se habían apagado, para gritar: “¡Ya llegó su padre cabrones!”. Gran parte de los presentes le silbaban mentándole la Madre. Supongo que no eran sus hijos.

Como yo también ando un poco en ruinas, aprovecho el puente Guadalupe-Reyes para descansar (no sé de qué). Quiero desear lo mejor a mis lectores y a mis compañeros de este medio de comunicación, no sólo en estas fechas sino siempre. Espero que nos encontramos por este espacio en 2011, gracias.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Hombres lobos en San Juan del Río, perdón lobas

En atención a la preferencia de los seguidores del blog y a un amigo que no ha visto la película, presento esta entrada, algo extensa pero creo que les gustará, de una de las varias filmadas en nuestro municipio.



Preliminar

Aunque muchos ya no lo recuerdan, hubo una época entre 1958 y 1982 en que la humanidad estuvo en peligro. En muchos lugares del mundo, sobre todo en México, brotaron como hongos; seres sobrenaturales, entes diabólicos y mentes enfermas, desde asesinos, hombres lobo, vampiros y vampiras, zombis, espectros, hachas diabólicas, momias, (de Guanajuato y otros lares) cazadores de cabezas, Frankensteines,  brujas, profanadores de tumbas y todo lo que empezara con malo, quienes con apoyo de la magia negra, la televisión, cerebros diabólicos y tecnología de otros mundos, intentaron implantar su reino de terror. Incluso, en una año intermedio de esa era de oscuridad: 1971, el municipio de San Juan del Río vio perder su tranquilidad con la aparición, apenas a diez kilómetros de la cabecera de hombres lobo, perdón, lobas, o para no errarle: licántropos.

¿Cómo pudimos salvarnos de tan funestos personajes? Las nuevas generaciones, nacidos después de 1980, hoy presas del bullyng, el face, ciberadicciones y cualquiera de las nuevas siete plagas, están desprotegidas de esas amenazas, no tienen a quién recurrir, nosotros no lo estábamos, para defendernos de toda la parnafenalia del mal teníamos a un héroe de mil batallas, Santo, el enmascarado de Plata.

Primera estelar

Su nombre real fue Rodolfo Guzmán Huerta (1917-1984) luchador profesional desde los años treinta del siglo pasado. Merced a una rudimentaria pero efectiva mercadotecnia, se convirtió a través de cuarenta años de carrera en el superhéroe prototípico a la mexicana, popular pero efectivo, quien en un salto mortal, pasó del ring a las historietas y de ahí a la pantalla grande, protagonizando más de 50 películas, casi en todas en el papel de bueno (solo en una fue antagonista, en otra semiporno que hizo no sé cuál fue su rol, no la he visto) durante las cuales, sin más armas que sus llaves de lucha, en solo tres caídas con límite de tiempo, acababa con la amenaza en turno, fuera vivo o muerto, chico o grande, terrestre o espacial. Incluso se daba el lujo de competir en las salas contra las protagonizadas por James Bond. Varias veces fueron mejores sus autos y damitas de compañía que los del 007.
En su tiempo estas cintas provocaban llenos en los cines, fueran estrenos o mil veces vistas, lo que dio pie a la aparición de un nuevo género, el cine de luchadores,  muchos de  sus colegas lo acompañaron en sus morrocotudas misiones, otros hicieron producciones independientes que nunca tuvieron su arrastre. Oficialmente el género murió allá por 1990 con las películas de Octagón y Atlantis, pero el Santo se cuece aparte, la producción de sus películas fue de buena a completamente mala, de lo sublime a lo kitch, igual ocurría con sus guiones, de pésimos a terriblemente malos, sin embargo, en la actualidad, siguen siendo vistas con gran éxito en todos los medios posibles y lo relacionado con él ha formado un culto en México y muchos otros países del mundo.

 Mounstros en San Juan del Río
Siendo este un blog de Historia, me enfoco un momento a ella para precisar que en nuestra ciudad casi no hay leyendas o relatos de espantos, a no ser por la genérica llorona o las que se inventan los del Taxiván de leyendas. En la época antigua, en la calle Emilio Carranza, antigua “calle del Perro”, Ayala menciona que en ella aparecía “… un enorme perro negro, y que por el  hocico y ojos le salían grandes llamas. Cargado de cadenas, corría la calle todas las noches de un lado a otro”. No debió de ser tan temible, ya nadie se acuerda de él.

Ya en tiempos modernos, década de 1950, se decía que en la casa Colorada, cerca de la Estación del Ferrocarril aparecía un vampiro, (en realidad era solo una conseja para alejar a los menores del burdel que ahí funcionaba) por 1960, al aparecer otro en Cóporo,  se retomó la leyenda de la Llorona, con los mismos fines. Finalmente en los últimos años de la década de los 80s se propaló la historia de que existía un vampiro diurno en la ciudad de Querétaro y el chisme llegó a San Juan del Río, confundiéndose con la historia anterior de la Casa Colorada, se decía que vivía en las para entonces ruinas de un hotel de paso que estaba a un costado de ella, en la calle Hidalgo. En los periódicos de aquel tiempo, incluido el Sol de San Juan había notas de los lugares donde había sido visto el supuesto vampiro, después ya no se supo nada, supongo que en sus correrías se topó con el “chupacabras” otro mito de esos años que causó furor a nivel nacional  y no sobrevivió al encuentro.

 Santo vs. las lobas 


Retomando la filmografía del Santo, en 1972, año que se considera su época de oro,  se estrena otra  aventura del enmascarado de plata: "Santo contra las lobas", filmada un año antes con locaciones en nuestro municipio, específicamente en la vieja hacienda de la Estancia y sus alrededores.


Algunos la consideran como el inicio de la decadencia de sus producciones, otras dicen que es la mejor lograda, cuestión de gustos. Consigo a Ustedes los datos técnicos:
Director, guionista y productor: Jaime Jiménez Pons  Fotografía: Raúl Domínguez. Duración 85 min.
Reparto:Santo (como Santo El Enmascarado de Plata), Rodolfo de Anda (César Harker; Eric Harker), Gloria Mayo (Adriana), Jorge Russek  (Licán), Federico Falcón (Jaime Pons), Erika Carson  (joven Luba), Nubia Marti (Eloísa), Carlos Suárez (Gitano), Rosa Furman (Ana), Bruno Rey (Capitán Pacheco), Tamara Garina (vieja Luba), Carlos Jordán (Dr. Jeremías Marcus), Emilia Carranza (Julieta).

La historia se desarrolla en un pequeño pueblo, donde Luba, reina de los licántropos busca reencarnar lográndolo en una joven que, aclamada por los lobos buscará destruir a los humanos y controlar el mundo. Para ello, primero buscarán acabar con los que conocen  sus intenciones y con el Santo, quien tratará de terminar con la maldición de los hombres lobo antes de que llegue la “gran luna roja”  porque una leyenda dice que solo podrá acabar con ellos...  un símbolo de plata. Todo esto conocido por un investigador que se lo comunica al enmascarado.

Mientras Santo está en una lucha,  el investigador y Luba mueren en una pelea. Para entonces, ya ha llegado, vía ferrocarril, una caja que contiene el cadáver de Licán, rey de los hombres lobo, quien revivido por sus seguidores pide una nueva reina, que será una de las jóvenes del pueblo, lo que hace que el Santo se traslade ahí, y en memorable batalla, venza al clan en su propio escondrijo.
La trama está cargada de humor involuntario, filmada en una atmósfera oscura: su bajo presupuesto nos ofrece como lobas a unas simples viejas peludas, extrañamente, todas usan bikini; la secuencia donde el santo es perseguido por unos lobos invisibles que terminan siendo unos pinches perros flacos, pero que logran lo inverosímil, que huya de ellos como señorita y termine colgado de unas lámparas ¡pidiendo auxilio!; los lobos hombres que más bien parecen normales hombres crudos; la que toca el piano sin que sus dedos toquen las teclas; el hombre lobo que resulta ser bueno; que el rey llega de Transilvania, supuesta tierra de Drácula, es decir de la competencia, etc.

Lo interesante para el tema del blog es que fue rodada en la vieja Hacienda de la Estancia y en el moderno hotel "la Mansión". No conocí el casco  y hay pocas fotos de ella para comparar, por lo que no puedo asegurarlo, además de que nunca se sabe cuándo lo que se ve es real o solo escenografía. Por esas fechas ya estaba abandonada y próxima a ser inundada por las aguas de la actual presa “Constitución de 1917” Presento algunos fotogramas de escenas de la película que nos dan constancia. La Hacienda fue fundada en el siglo XVI, siendo una de las más productivas de la región. (Solo comparable a las de la Llave y Galindo) Con remodelaciones llegó al siglo XX, donde tuvo varios propietarios, de los últimos fueron la familia Fernández de Cevallos.  A veces, cuando el nivel del agua baja es posible ver parte de lo que fue la capilla del siglo XVII.


Fachada de la Hacienda hacia la plaza del viejo poblado de la Estancia
Desde el campanario, vista a la plaza del poblado viejo
 
Uno de los patios interiores de la hacienda



En lo alto de la hacienda, al fondo la capilla
En la vida real, el agua comenzaba a inundar los alrededores, véase el poste.

 
Al parecer estos serían anexos de la hacienda que los lugareños ocupaban como oficinas

 
Hotel la Mansión, construido en lo que era una de las trojes de la hacienda
En el moderno hotel, no recuerdo si el mural está en uno de los salones o en el bar "los cien tequilas"


Vuelo del Santo en la alberca del moderno hotel
El patio principal de la ya para entonces abandonada hacienda.


Una de las "peludas" al fondo los cuartos de la hacienda, esta imagen la tomé de internet
 Ultima caída

Después de toda una vida dedicada a hacer el bien, el santo fallece en 1984. Cuando ya les había dado en la torre a las fuerzas del mal desde décadas atrás, en sus últimas actuaciones, incluso tuvo que lidiar con Capulina y unos Karatecas.
De la película, que aún se proyecta por televisión, se vende en DVD y se puede ver en youtube, lo mejor son los textos que acompañan la portada:


La "sinopsis"
Importante aclaración
Carlitos Suárez era el gitano pelón.
No exactamente con esta película, pero al evocar este luchador, la memoria de muchos sanjuaneses, nos lleva al viejo Cinelandia de la calle 16 de septiembre, donde en extraña catarsis dominical era común que la audiencia aplaudiera cuando el "Santos" (así le decíamos) lograba levantarse en el segundo round o acababa con alguno de sus moustrosos enemigos. Juro haber presenciado en la oscuridad de la sala como, en el lleno total,  cientos de personas  coreaban a viva voz ¡Santo, Santo, Santo! acompañados de aplausos, golpes en las butacas y pisadas en el suelo. Siendo estos momentos la única vez que los de la parte baja (lunetas) se unían a los de la parte alta. (Gradas) Al término de la película todo volvía a la normalidad y los de arriba, rudos de verdad, lanzaban hacia abajo, toda clase de objetos y líquidos, desde sintéticos hasta corporales.

Creo que esta no la han publicado los vecinos, es original y  espero que si la retoman no le corten como acostumbran para poder estar en el  Sol de San Juan por cuarta vez.


Si están interesados en el tema de La estancia, pueden dar clic, en los siguientes enlaces :

La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe

Especial de la estancia 1

La alucinante plaza de la Estancia

Un culto insólito en la estancia

El Acapulco de tierra adentro

La doble resurrección de un asentamiento

Había una vez una capilla

jueves, 12 de septiembre de 2013

Crónica del cinelandia

Celebrando que el blog ya tiene 500 visitas, (muchas sé que son de los cazablogs, pero parece que ya se está formando un  público propio) daré un salto en el tiempo y presento a su consideración esta crónica del viejo cine de la ciudad. Hace poco fue publicada casi íntegra en la página San Juan del Río en el Tiempo, pero es de mi autoría. De vez en cuando para no aburrirlos haré este tipo de reseñas, la historia también pude ser divertida, este es un ejemplo; un edificio que fue icónico para muchas generaciones, espero les guste.




500 visitas, Fotografía personal, el Cinelandía en su agonía (¿Serían los marcos de cantera los del viejo teatro?)

El cine
En la vieja calle del Curato Viejo, hoy 16 de septiembre, hasta el año 2010, tras mucho tiempo en el abandono total, se encontraba el que fue el antiguo “Teatro Cinelandia”, propiedad del circuito Montes, cerrado por problemas laborales hacía 20 años, nunca volvió a funcionar.

Este local, en el número 10, cuyo interior casi ningún joven actual conoció, fue un edificio moderno de dos niveles, los marcos de cantera de sus puertas se veían de factura antigua aunque no sé si fueran las originales del local anterior ya que en el mismo terreno existió en el siglo antepasado un pequeño teatro, que para 1865 era de madera y se administraba por el Ayuntamiento.

Llamado inicialmente Calderón, (Seguramente por el dramaturgo) después Hidalgo, luego Cosío (Seguramente por el gobernador que lo reconstruyó) y al final otra vez Hidalgo, fue remozado por el gobierno estatal a fines del siglo XIX y albergó los eventos de las primeras ferias. Contaba con todo lo necesario para funciones artísticas, teatrales, musicales y eventos de toda especie, cívicos y profanos, públicos y privados. Incluso tenía palcos. Su telón de fondo era una imagen del Jardín de San Juan Bautista. (actual Plaza de los Fundadores) Administrado por una asociación civil, funcionaba como un club social.
Fue derruido por 1936, en tiempos del gobernador Saturnino Osornio para construir una, para entonces funcional sala cinematográfica, que inaugurada a inicios de los cuarentas, vio pasar por su pantalla, con llenos completos toda la época de oro del cine nacional, lo que le valió ser ampliado a dos niveles. En su último apogeo que sería a fines de la década de 1970, daba funciones diarias, tarde y noche, en programa doble y los domingos por la mañana presentaba al público infantil el popular matinée.


Siempre había muchos espectadores, pero se llenaba totalmente a partir del viernes, cuando proyectaba cintas clasificación “C”, entonces de lo más pecaminoso, completamente para adultos, aunque al encender las luces, la sala siempre aparecía repleta de alumnos de la secundaria.

Tenía una surtida y carísima dulcería. (La gente por los prohibitivos precios, cuando asistía en familia se equipaba por fuera con varias pepsis familiares, tortas y frituras de toda especie) El público podía escoger entre dos secciones, la parte baja con butacas -lunetas les decían-, que entonces se sentían muy cómodas, en la parte de arriba y hasta el fondo, gradas de cemento, más baratas e incómodas. En ambas había un policía siempre atento a que no se lanzaran objetos a la pantalla o se dijeran groserías, actos que ameritaban ser sacado ipso facto de la sala. La presencia de guardianes del orden no impedía que al iniciar la función y apagarse la luz se escuchara, dedicado al proyeccionista, el entonces nacional grito de ¡Cácaro!  Y en cualquier interrupción por falla, el muy local ¡Deja a la dulcera!  (O sea a la encargada de la dulcería) ambos gritos aún se escucharon en las primeras funciones de los entonces llamados “Multicines” frente a la presidencia municipal, luego se perdieron para siempre.

Además de cine, era el sitio ideal para graduaciones y eventos políticos y sociales de categoría y aún sin ella (en el programa de feria era obligado presentar ahí los Juegos Florales y el concurso de físico-culturismo local, llamado “Míster San Juan” asistiendo los más ponchados del pueblo, incluidos varios trabajadores del rastro. En los últimos años ya participaban féminas como concursantes -y muchos más hombres como espectadores) Tenía una excelente especie de climatización lograda por el recubrimiento de las paredes de material parecido al fibracel (entre cartón y madera) y la enorme altura de la sala. En apoyo a la graduación de unos preparatorianos estuvo en vivo la mismísima Isela Vega, actuando algunas escenas teatrales, siendo la única vez que falló la climatización.

Por ser el más popular sitio de diversión, en las esquinas del centro tenía unos marcos de herrería donde colocaba su cartelera, después los abandonaron y eran utilizados por cualquiera que requería colocar algún cartel. En esos tiempos ni pensar siquiera pegar propaganda o pintar paredes, había sitios establecidos en esquinas y postes. (Fueron proverbiales durante décadas unas pequeñas láminas metálicas clavadas en lo alto de las esquinas anunciando un ungüento muy socorrido, el 666) La anarquía gráfica fue una mala costumbre que trajeron las campañas políticas.  

Tuvo un segundo aire con la llegada del cine de luchadores. En una extraña catarsis dominical, era común que la audiencia coreara a viva voz ¡Santo, Santo, Santo! cuando el enmascarado de plata lograba levantarse en el segundo round o acababa con algún “moustro”. (Solo los de luneta, los de la gradería generalmente eran rudos, muchas veces lo demostraron, sobre todo a la salida, arrojando toda la basura hacia la parte de abajo, incluyendo envases y toda clase de líquidos corporales y externos) No se diga los sábados cuando la temática era de Karate o Kung Fu, a la salida, las bancas de la Avenida Juárez sufrían los embates de noveles karatecas que encaramados en ellas intentaban repetir las katas y sonidos de Bruce Lee.

En su última época, compitiendo con modernas y en verdad cómodas salas, (Multicines y Sagitario) lentamente fue languideciendo. Primero perdió el enorme anuncio luminoso que vertical sobresalía a su fachada, después la capacidad de presentar estrenos, casi postreramente se sostuvo proyectando indiscriminadamente un día sí y los demás también, cintas pornográficas extranjeras, ya hasta sin subtítulos o traducción. (Que en realidad no era muy necesaria, como quiera se entendía la trama) La vetusta pero gigantesca pantalla amplificaba hasta el mínimo detalle.


Fotografía personal, ¿No les ha pasado que todavía al entrar en la calle esperamos verlo?

Su final fue previsible cuando su único atractivo terminó siendo la oscuridad, convirtiéndose en sui géneris sitio de reunión dizque romántica para todo tipo de personas igualmente sui géneris En esa época, siendo constantes las fallas por lo anticuado del proyector, los gritos de los espectadores cambiaron por viles mentadas de madre a silbidos. Poco después vino el problema laboral que lo cerró para siempre. Todo su historial sin embargo no lo salvó nunca, de ser llamado y hoy recordado como “el Piojito”. En el año 2010 fue demolido.