Érase una vez (San Juan en Relatos de Viajeros III)
Un viajero de 10 años en San
Juan del Río
Continuando las relaciones de viajeros que visitaron San Juan del Río en el pasado, corresponde ahora una escrita a finales del siglo XIX. En que la trama es ficticia, no es el relato de un viaje específico, pero los datos contenidos en la redacción provienen de alguien que debió estar aquí muchas veces y por conocer bastante los lugares pudo escribir así. El libro se llama:
Es todo un compendio entre historia, costumbrismo,
viajes e incluso algo de novela, ya que su autor quiso abarcar todo lo
relacionado a lugares entre la capital de la república y el estado de
Guanajuato.
Está escrita en un formato ya en desuso llamado
Catecismo, consistente en que en la redacción abundan preguntas claras y
concisas, que son respondidas igualmente por el narrador o los personajes, así,
además de la descripción de lugares, involucra geografía física y política, costumbres
nacionales y locales y lo que hoy llamaríamos Valores.
El relato es de una familia, integrada por don Juan Santiestevan,
su esposa Luisa y sus hijos Carlos, de 10 años, Adelina de 8 y Luis de 6, radicados
en la capital de la república, que, por negocios comerciales del padre, viajan
a Guanajuato, a través de la Compañía de Diligencias, que existió por esos años
y tenía puntos fijos de descanso y alojamiento.
Inicia solo con varones de la familia, pero terminan
todos reunidos en Querétaro. A partir de la Villa, entonces Ciudad Guadalupe
Hidalgo hay una constante que se repetirá en todos los lugares a través de las
preguntas; haciendo descripción detallada y hasta sobrada de su ubicación
geográfica características, edificios, los alrededores, crítica social y
cualquier tema de cultura general, relacionado o no que pudo incluir. Es
difícil siquiera mencionar todas las áreas del conocimiento que aborda: los
habitantes de cada lugar durante la Colonia, las constelaciones, adelantos
técnicos, el ya existente ferrocarril, la luz eléctrica, el telégrafo y muchos
más, llegando a tomar tintes de sensacionalismo disfrazado de lenguaje poético
y usar personajes populares y a sus hijos para, en tramas inventadas, dar un
mensaje moral a los lectores como ocurre en San Juan, que narrará adelante.
En el carruaje toman por la hacienda de los Ahuehuetes,
primera parada de la ruta, para llegar a Tlalnepantla, donde dedicaron tiempo a
almorzar en la plaza del lugar. Pasaron luego a Barrientos, para entrar a las
seis de la tarde a Cuautitlán, a 6 leguas de México, donde tras cenar y
recorrer el lugar, pernoctaron en un mesón.
Al día siguiente almorzaron en la fonda de las
diligencias de Tepeji del Río, de la ya mencionada compañía, dirigiéndose a la
Cañada donde pasarían la noche. (para evitar asaltos, solo se avanzaban de
día).
A las cinco de la mañana del día siguiente cruzando
la sierra de Calpulalpan llegan a Arroyozarco, hacienda con mesón y hotel de
Diligencias donde tomaron alimentos y pasaron la noche tras visitar a los
alrededores, en especial la fábrica de camisas. A las seis de la mañana
continuaron el viaje por un camino en mal estado para llegar al portal de La
Soledad o Polotitlán, pueblo formado 20 años antes del relato donde almorzaron.
A las once y cincuenta y dos minutos llegaron a San Juan del Río. (se detalla
adelante)
Fotografía reciente del antiguo Mesón de la Cañada de Tautla. Perteneciente a la Compañia de Diligencias. Tomada de Internet. Crédito a quien corresponda.
Luego de un viaje de 5 horas llegaron a Querétaro
por la Cuesta China, pernoctando en el Hotel del águila Roja. Entre los
negocios del padre visitaron lugares entonces emblemáticos de la ciudad, vista
como “ni la sombra de lo que en otro tiempo fue: lánguido y silencioso,
revela en su actitud inerte el profundo malestar que le devora. La animación,
el movimiento, el placer de otra época más bonancible, parece haber
desaparecido para jamás volver: su comercio está casi inmóvil, su industria se
apaga, su agricultura decae: todo, en una palabra, está manifestando que la
miseria y la desolación se aproximan a grandes pasos para destruirlo.”
A pesar del patético análisis, recorrieron las
calles y conocieron el hospital, la plaza, templos, conventos y el palacio de
gobierno. En días subsecuentes el teatro y las fábricas de hilados y tejidos del
sr. Cayetano Rubio: el Hércules y la Purísima. Una tarde fueron a la Cañada y al
acueducto y al regreso a la Alameda y el Cerro de las Campanas.
Al volver al hotel, (como mencioné, además del cúmulo
de datos, hay una especie de relato novelado) la familia se reúne al llegar la madre
y la hermana y reciben noticias de que don Juan debe ir a Guadalajara, sufren
un robo y viajan juntos a Guanajuato, separándose luego. Al final, deja en
suspenso la trama porque Luis desaparece y aunque anticipa que regresa al
hogar, promete enterarnos porque: “Carlos y Adelina nos han ofrecido
mandamos sus memorias de viaje; creemos que la relación de sus infantiles
excursiones será grata a nuestros lectores y nos proponemos publicarlas en
nuestra biblioteca bajo el título de Aventuras de Tres Niños. Ojalá que
nuestros humildes trabajos sean de alguna utilidad a la infancia mexicana a
quien consagramos nuestras más tiernas y cariñosas afecciones.”
Esa parte ya no se publicó. El libro narrado, es
una segunda edición, no he podido obtener la primera, que debió editarse, por
datos en este, en el último gobierno de Benito Juárez. Avecindado el autor en
León, se notan sus preferencias, ensalzando aspectos que en la parte anterior
del viaje criticaba. Incluso menciona que en Querétaro había abundancia de
ladrones y Guanajuato tiene un clima de paz. (sin comentarios)
Transcribo lo referente a San Juan del Río, recortando
lo innecesario, solo modernicé algo la redacción, conservando términos
considerados correctos entonces.
San Juan del Río es una de las ciudades más importantes del
pequeño Estado de Querétaro.
—¿Qué extensión tiene este Estado, papá? preguntó
Carlos.
—La superficie de su territorio es de 506 leguas
cuadradas o sea 8,883 kilómetros. Está situado entre los 20° 1' y 21° 36' de
latitud septentrional / y los 0° 4' y O' 14" de longitud O. del meridiano
de México.
—¿Y cuáles son los Estados que están cerca de
Querétaro, preguntó Luis?
—Querétaro tiene por límites: al N. el Estado de
San Luis Potosí, al E. el de Hidalgo; al S. el de Michoacán, y al O. el de
Guanajuato.
—¿Y también hay en Querétaro presidente, papá?
—No, hijo mío; el Estado de Querétaro es libre,
soberano e independiente, como los demás Esta dos de la federación; pero no es
una república ni constituye una nacionalidad. Como una de las partes
integrantes de la República Mexicana, está unido por medio del pacto general a los
demás Estados. Para su régimen interior, tiene su constitución particular y sus
leyes. El poder ejecutivo está depositado en el gobernador, el legislativo en
el congreso del Estado, y el judicial en el tribunal superior de justicia.
—¿Cuál es la división política del Estado?
preguntó Carlos.
—Querétaro está dividido en seis distritos que
son: Querétaro, S. Juan del Rio, Amealco, Jalpam, Toliman y Cadereita.
—¿Y hay aquí muchos habitantes, papá?
—La población del Estado, contestó D. Juan, se
calcula en 153,286 habitantes; la del distrito de S. Juan del Río, donde
estamos, en 31,412 y la de esta agradable y pintoresca ciudad, cabecera del
distrito, en 9 o 10,000.
—¿Y qué figura tiene el Estado de Querétaro?
—Es muy irregular: la línea que lo circuye,
dividiéndolo de los Estados limítrofes, presenta una multitud de ángulos
entrantes y salientes. En el interior del país hay algunos cerros áridos, y no
lejos de estos, montañas cubiertas de frondosos bosques. En este distrito, como
habrás visto, el aspecto es enteramente diverso; el viajero descubre valles
bellísimos, entrecortados por colinas pintorescas y poco elevadas. Efectivamente,
papá, dijo Carlos: S. Juan del Rio está situado en un valle estrecho, pero hermosísimo.
—San Juan del Rio, es la perla del Estado de
Querétaro: en su distrito, la agricultura es de grande importancia, porque
posee excelentes tierras de labor. aquí hace menos frío que en Arroyozarco,
papá, exclamó Luis.
—El clima del Estado de Querétaro es muy variado,
contestó don Juan; en Amealco: Mextitlan y otros varios pueblos, el
temperamento es muy frío; en el mineral del Doctor, el invierno es también
riguroso; en Tolimán, San Pablo y otros lugares de la Sierra, el temperamento
es caliente y en San Juan del Rio y Querétaro es templado y agradable.
—¿Y hay muchas montañas en el Estado, papá?
preguntó Carlos.
—Hay algunas, hijo mío; las principales son: la
del Gallo en el Distrito de Amealco á legua y media al S. O. de la cabecera; la
de Santa Rosa, la de Minteji á dos leguas N. E. de Cadereita. Los cerros más
notables son: el de Mastranto a tres leguas al Sur de Tequisquiapam; el del
Aguacate, y el del Cimatario, al Sur de Querétaro. El de la peña de Bemal es
celebrado por la altísima roca que lo corona.
—¿Y cuáles son los ríos principales?
—Creo que no te ha llamado mucho la atención la
geografía de Querétaro y la vas olvidando, dijo D. Juan bondadosamente. Voy a
decirte cuales son los ríos principales de Querétaro y procura que no se te
olviden sus nombres. Uno de los más notables es el de San Juan, que nace en
Huapango y pasa por San Juan del Rio, Tequisquiapam, la Magdalena, Venta de San
José, Hacienda de los Charcos y Rancho de Pato, uniéndose al fin al rio de
Moctezuma del cual es afluente.
—¿Es decir que ese rio pasa a las orillas de esta
población, dijo Luis? ¿cómo no lo hemos visto?
—Mañana lo verás, contestó D, Juan; pero té ruego
que no me interrumpas.
—¿Cuáles son los otros ríos que riegan al
territorio del Estado, papá? preguntó Carlos.
Los siguientes: el de Huimilpam, que nace en el
cerro de las Neverías y recorre diez y seis leguas en el Estado, pasando por el
Batan y el pueblito; el de Querétaro que nace en la hacienda de Servin y va a
aumentar las aguas del rio de la Laja, y el de Moctezuma que forma parte de los
límites orientales del Estado.
El carruaje se detuvo en la puerta del hotel de
las diligencias.
—Me gusta mucho esta población, exclamó Carlos.
—¡Qué calle tan ancha! dijo Luis.
—Esa doble hilera de árboles que le dan sombra,
la hace muy agradable, añadió D. Juan.
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| Fotografía del siglo pasado de la actual Av. Juárez. Todavía con la doble hilera de árboles que vieron los personajes. |
—Te han engañado, hijo mío: esta es la vía
principal, pero la ciudad es bastante extensa; dentro de un momento iremos a
conocerla.
—He observado que la mayor parte de las casas son
de un solo piso, dijo Carlos.
—Efectivamente; pero hay casas de construcción
moderna y muy cómodas.
—Vamos a dar una vuelta, papá.
—Estás muy ansioso; tomaremos algo en la fonda y
después iremos, dijo D. Juan. Su idea fue aprobada por los dos niños. La comida
que les sirvieron en el hotel de diligencias les pareció excelente. A las dos
de la tarde, se dirigieron a la oficina del telégrafo, y de allí a la casa de
correos. D. Juan recogió sus cartas, y después de haberlas leído, comenzó a
vagar por la ciudad, seguido de sus hijos.
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| Fotografía Personal reciente. Antiguo edificio de la compañía de Diligencias en la actual Av. Juárez. |
—Cuarenta y tres leguas.
—¿Qué edificio es este, papá? preguntó el niño,
enjugando sus lágrimas.
Es la casa del ayuntamiento, construida hace poco
tiempo: aquí está la jefatura política y algunas otras oficinas públicas.
—-He visto muchos templos, papá.
—Sí, hay algunos.
—¿A dónde vamos ahora?
—A la plaza principal.
—Allí, está, exclamó Luis; tiene una columna en
el centro, coronada por un águila.
—Lo más notable de San Juan del Rio es, el
panteón nuevo; vamos a verlo para que Carlos complete sus apuntes, dijo D.
Juan.
-Vamos, papá.
Los tres viajeros retrocedieron en el acto;
atravesaron algunas angostas callejuelas, y comenzaron a subir por la suave
pendiente de una loma poco elevada.
En la cumbre de esta pequeña altura está el
panteón. Antes de visitar la fúnebre morada, don Juan hizo admirar a los dos
niños el magnífico paisaje que a su vista se presentaba. Al pie de la loma se
extiende la ciudad, irregular y caprichosa apiñada en el estrecho valle,
ostentando sus esbeltas torres y presentando a los viajeros sus estrechas
calles bordadas de arboledas extensas, y salpicadas, por decirlo así, de
festones de verdura; a la orilla de la población corre el rio, entre huertos
frondosísimos y serpenteando en diversas direcciones, se pierde entre las
colinas.
La puerta del panteón se abrió en ese momento
para dar paso a un lúgubre cortejo. En un pequeño ataúd, dos hombres conducían
el cadáver de un niño de pocos años: a pocos pasos una mujer del pueblo lloraba
silenciosamente. Al ver aquel dolor mudo y profundo,' se comprendía que la
pobre mujer era una madre.
Don Juan y los dos niños penetraron a la triste
morada, detrás de la mortuoria comitiva.
El panteón de San Juan del Rio es un cuadrado de poca extensión, cercado por todas partes por una alta barda. Su aspecto es melancólico, pero no pavoroso; la luz penetra libremente allí, y algunos árboles plantados á cortas distancias, purifican el ambiente. En el centro se eleva un magnífico monumento, que cubre los restos del fundador de aquel sagrado asilo.

Fotografía de los años sesenta del siglo pasado. Panteón de la Santa Veracruz, aún con el monumento central completo del "fundador".
Carlos y Luis se entretuvieron en mirar la
multitud de epitafios que cubren las paredes; D. Juan conversaba entre tanto
con el sepulturero.
La indecisa luz del crepúsculo, vino al fin a dar
un tinte indefinible a aquel doloroso cuadro. Los tres viajeros salieron de
allí conmovidos y se dirigieron a su alojamiento.
Al llegar a la casa de diligencias, D. Juan
sentado cerca de una mesa, tomó el álbum de Carlos y escribió lo siguiente:
"A la orilla del rio se eleva una casita
pobre medio oculta en un silvestre bosquecillo. Allí vi ven desde hace mucho
tiempo, tranquilos y felices ¿un honrado jornalero y su esposa María. Ambos
amaban con todo su corazón a su pequeño hijo Miguel. María había sido una
esposa excelente y era una madre tierna y cariñosa. Un día Miguel, que tenía ya
seis años, se entre divertía en hacer puentes y casitas, en la arena del rio,
metido en el agua, y recibiendo los rayos de un sol abrasador.
María lo reprendió bondadosamente, y le dijo que
nunca volviera a bajar al cauce del arroyo porque las avenidas de éste eran muy
frecuentes y podía llegar a sucederle una desgracia. El niño prometió
obedecerla, llenándola de besos y de caricias. Trascurrió algún tiempo. Una
tarde Miguel estaba solo en la casa.
Su madre, al salir, le había mandado que no se
apartara del punto donde lo dejaba; pero al cabo de algunas horas, olvidándose
de los consejos maternales, el inquieto niño se sentó a la sombra de unos
fresnos. Poco a poco fue venciendo su temor y al fin descendió al río. La tarde declinaba. Miguel oyó a lo lejos un
ruido extraño; pero no alcanzando a descubrir nada que pudiera alarmarle,
continuó en sus infantiles juegos. De repente oyó un grito penetrante y
desgarrador; volvió los ojos y descubrió a su pobre madre, que pálida como la
muerte, le llamaba y corría hacia él.
En ese instante se sintió arrebatado por la
corriente. Tendió las manos con indecible angustia, paren ninguna parte
encontró un apoyo. Dos labradores recogieron esa misma noche el cadáver del
hijo desobediente.
Carlos y Luis han asistido esta tarde a los
funerales del desdichado niño.
Al leer Carlos estas líneas, abrazó a D. Juan
cariñosamente, y le ofreció no desobedecerle nunca.
—Hazlo así, hijo mío, dijo D. Juan, pues sobre el
hijo cariñoso y bueno desciende siempre la bendición del cielo.
Imagen tomada del libro, ilustrando la tragedia narrada.
Los datos del estado de Querétaro y especialmente
los de San Juan del Río son exactos para la época, solo mencionar que el “águila”
en el jardín, seguramente en la primera edición sí estaba, pero luego un rayo
la derribó, que el panteón, para 1881 tenía décadas de uso y que el
Ayuntamiento (antigua Presidencia Municipal) no había sido construida recién, sino
que se adaptó el antiguo Convento de Santo Domingo.
EL AUTOR
José Rosas Moreno (Lagos
de Moreno 1838- León Guanajuato, 13
de julio de 1883) Perteneciente a
familia acomodada, pudo estudiar en León y en la ciudad de México.
No intervino en hechos
de armas, pero fue activo desde joven dentro del bando liberal. creció y vivió en tiempos convulsos y entre 1854 y 1864 sufrió persecuciones y cárcel,
pero en la república restaurada fue regidor en León y diputado local y federal
en distintas ocasiones. Pasó casi toda su vida en León.
Como muchos escritores
surgidos de las fuerzas liberales, ya para la época post imperio. entiende las
costumbres y el modo de vida porfiriano como el que debe seguir la patria. Formados en debates entre facciones buscando definir
el proyecto de nación, forjando su pensamiento a la luz de las nuevas ideas
políticas y científicas y vivió de cerca las guerras de Reforma y contra la
intervención francesa.
Entre las décadas de 1860- 70 inicia como escritor
en publicaciones y lecturas destinadas a los niños, algunos utilizados para la
enseñanza en las escuelas. Se le ha llamado "El poeta de la niñez” aunque
buscó también otros públicos, sobre todo la clase media urbana viendo en la
lectura un medio para instruir y moralizar. Escribió el considerado primer
guion de teatro infantil y otras obras entre comedia y drama, también, poemas líricos,
en parte publicados póstumamente en 1891 como "Ramo de violetas". Considerado
el mejor fabulista mexicano a la altura de Iriarte, Fedro y Escopo. Su estética gira en torno a Dios, la virtud y
la patria para contribuir a crear una nueva cultura nacional para la cual
describe más como un deseo, a una
familia perfecta.
No tan casualmente, la ruta descrita, casi lugar por lugar, en sentido inverso, es prácticamente la misma de la peregrinación a pie de Querétaro a la Villa de Guadalupe, ya que esta fue establecida casi en los mismos años en que se ubica el relato. Incluso creo lo que fue el mesón de ese lugar pertenece a la Pía Unión de peregrinos.
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Agradezco a Salvador Lara Bayón, del magnifico Blog de Aculco por facilitarme el archivo con las imagen de la tragedia, ya que yo solo tenía el texto, sin ella. Visitenlo. Además de este viaje narrado desde allá, hay muchos temas de interés.
| Fotografía personal. Lapida en el Panteón de la Santa Veracruz. |
Obviamente no es la del niño, pero su mensaje es uno de los más sentidos que aún se pueden leer y parafraseando a Rosas, correspondería algo parecido.


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