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sábado, 25 de abril de 2020

La leyenda que no fue

LA LEYENDA QUE NO FUE


 



Siendo niño, esporádicamente escuché en el entorno familiar, la historia que voy a tratar en esta entrada.

Por lo que de ella se relataba, me pareció siempre una leyenda con ubicación temporal y geográfica muy lejana, tanto que, con el tiempo, la olvidé… o casi.

En fecha reciente, creo que unos cinco años, entre algunos relatos de manufactura reciente que me fueron proporcionados por una amiga, de varios autores que los presentaban como leyendas sanjuanenses, casi todos me parecieron adaptaciones de pasajes de Rafael Ayala, cuentos o relatos más que fantásticos, otros se limitaban a la simple descripción, sin formato o motivo de leyenda, sin embargo, uno de ellos hizo saltar mi memoria a años pasados; destacaba por tratar un tema completamente diferente y además era, casi letra por letra, lo que yo había escuchado desde niño.

Con ese antecedente, acometí a leer de inmediato. Por la magistral forma en que la redactó su autor llevaba su lectura, en primera persona a veces, otras en segunda y otras solo como relator, a identificarme con él, ya que no se limitó al hecho en si, sino que recreó completamente la atmósfera del espacio y tiempo en el que transcurre y a su vez, yo como lector empecé a identificar esos lugares como algunos conocidos o escuchados siendo niño.

Así, en la fascinación que produce la lectura de algo que te hubiera gustado escribir, me di cuenta que lo que había supuesto de niño, no era tan lejano en tiempo ni lugar, incluso, todo discurre a unos cuantos metros del lugar donde transcurrió la primera etapa de mi vida. El autor firma únicamente como Joaquín Fonseca, y aunque he tratado de averiguar de quién se trata y si todavía vive, no he tenido éxito. Parecía que hasta ahí iba a llegar todo, pero vino en mi auxilio la musa Clío, de la manera más  inesperada.

Resulta que una tía mía, de rebote, porque el destinatario original era otro, me encargó que le platicara un relato que ella quería que conociera él, y que me dijo era la versión real de la “Llorona Sanjuanense”, real porque ocurrió cuando ella era niña y fue testigo de los hechos, incluso que el protagonista vivía en casa de su familia, en la calle 2 de abril en los años 40s del siglo pasado.

Y cuando me comenzó a describir los hechos acontecidos y el protagonista, resulta que la leyenda que mencioné al inicio, “Reyes“  de Fonseca, y lo que me decía, eran lo mismo, peor aún, Reyes tenía además de ese nombre, apellido y una vida real. Mí tía ubica los hechos en la década de 1940, y zas, resulta que encontré un relato que debió hacerse leyenda, pero no lo logró y resultó en una serie de recuerdos, pero que tenían todos los elementos para constituirla.


Imagen tomada de Google Street Viewer 2020. A la izquierda, en el actual numero 35, la casa donde vivía la familia de mi tía y el protagonista. A continuación, las otras 6 casas entonces de la misma dueña.

Datos de la vida Real.

Vivía ella, siendo niña, con su familia, en la tercera cuadra de la calle dos de abril, también conocida como la de la santa Veracruz casi al inicio de la subida del Calvario en el número 19.

Su casa, ubicada en la acera oriente, como varias de sus vecinas, tenía una entrada independiente y un solo cuarto grande como construcción, pero en la parte trasera, había un patio común con las de los vecinos, inquilinos todos (eran 7 casas) de los dueños entonces, don José Becerra y doña Merceditas Ballesteros que vivían en la calle Guerrero.

Sus padres, sin tener una relación de parentesco directa, habían, “recogido”, es decir daban alojamiento en su vivienda a un par de adultos, hermanos ellos, ambos habían sido abandonados por sus esposas, uno por haber quedado ciego y otro por su afición a la bebida. Sus nombres son respectivamente Filemón y Reyes Miranda.

Imagen tomada de Google Street View 2020. Tomada desde el ángulo contrario, aproximadamente después del árbol  sobre la calle, a la derecha, el conjunto de casas.

El invidente, sobrevivía de la caridad, trabajos ocasionales y los cuidados de la familia, apoyando en lo que podía a don Pedro, (el papá de mi tía) de oficio carpintero, Reyes en cambio, cuando la tomadera se lo permitía era trabajador como pocos, cuando no se lo permitía de todos modos trabajaba. Pocas cosas no cabían en su repertorio, ayudante general, cargador, peón y todo aquello que requiriera la fuerza necesaria de un sanjuanense de los de antes, al que mi tía describe como moreno, alto, bien parecido y a veces hasta con ínfulas de galán. Lo poco que le dejaban sus eventuales trabajos en el entorno del mercado, las fincas cercanas, la estación del ferrocarril y la incipiente carretera panamericana lo dedicaba sobre todo a su vicio y contadas veces, a apoyar a la familia que lo había recogido (no necesariamente en ese orden)

En uno de esos días de trabajo, ya medio encandilado por los tragos, accedió al entorno de su vivienda, se ignora si venía por las primeras calles de Dos de Abril o subiendo de la Plazuela, el caso es que al llegar a la encrucijada de ambas calles, donde metros arriba existía un pequeño pozo de agua con brocal circular de piedra, Reyes vio que estaba ocupado por una mujer, al parecer joven, vestida de blanco, con una larga cabellera negra y a  la que adivino guapa.

Imagen tomada de fotografía antigua, probablemente de Layseca, aproximadamente en la época del relato así lucía la calle. La línea muestra el conjunto de casas de la misma dueña. Donde vivía Reyes sería la última.

No eran esos lugares como ahora, que bullen de autos, ni siquiera había espacio para que circularan los pocos que había en la ciudad y ningún vecino estaba afuera, el mundo era solo de él… y la dama.

Se acercó y sintiéndose aceptado se sentó junto a ella, el sentir que no era rechazado, le dio valor para acariciar la sedosa y azabache cabellera, incluso se atrevió a decirle lo mejor de su repertorio en piropos, pidiéndole que volteara para verla, no creía en su suerte y eso lo volvía atrevido.

Imagen tomada de Google Street Viewer 2020.  la cuesta, actual Fernando de Tapia, en su cruce con 2 de Abril. El  punto azul señala la antigua ubicación del pozo de la aparición.

El caso es que al hacerlo, la mujer que supuso de bello rostros, resultó que tenía cara de caballo y la cabellera que se deslizaba entre sus dedos no era más que sus crines.

Se desconoce lo que pasó en los momentos posteriores a la aparición, el caso es que Reyes llegó a la casa relatando el hecho y estuvo enfermo muchos días.
¿Fue una alucinación de Reyes o de verdad vió a la auténtica Llorona Sanjuanense? Supongo que jamás lo sabremos.

Como ven, el relato con todos los merecimientos para convertirse en una leyenda al menos local, se fue perdiendo con la dinámica poblacional del barrio, los vecinos fueron mudándose y pocos se conservaron en el lugar, muchos menos conservaron el recuerdo, años después, el pozo fue tapado y la calle urbanizada en la medida de lo posible. (Como su nombre lo indicaba, antes de ser Fernando de Tapia, era una cuesta, el último rescoldo de las Peñitas, antes de que se internen debajo de las calles del centro histórico, toda la subida estaba salpicada de obstáculos, la roca viva y muchas piedras sueltas,  y sobre ellas apenas bajaba un serpenteante caminito en el que solo cabía una persona, de tal manera que si  a lo lejos se veían alguien que quería subir y alguien que quería bajar, uno tenía que esperar. A las orillas, los vecinos, en el transcurso de siglos habían instalado sus viviendas sobre la peña o armando pequeñas terrazas con rocas suelta. Ya todo ha desaparecido, la Cuesta sigue siendo cuesta, tan empinada que los autos deben subirla a gran velocidad para no pasar sustos,en un trajín que no se detiene en el día,  es la vía alterna, en sentido contrario de la Avenida Juárez, la principal del centro)

Imagen tomada de una pintura de Armando Otero, La cuesta en su recuerdo, unos 20 años después del relato. Muy favorecida, le falta el caminito sinuoso, muchas piedras sueltas y varios desniveles. No cambió en siglos hasta su compostura a la apariencia actual al final de la década de 1960. Donde sube la señora estuvo antes el pozo, a su izquierda, "el Mashin" personaje popular,  contemporáneo de Reyes.
Como los vestigios, en pocos años la historia se desvaneció entre las calles de la ciudad a donde fueron a dar quienes conocieron a Reyes, la familia Hernández vivió muchos años en ese lugar y en calles del entorno. Mí tía se fue de ahí soltera y al casarse regresó. Hoy vive, apenas a unos 30 metros debajo de donde Reyes recibió la lección de su vida.

¿Murió Reyes a causa de la aparición? Fonseca dice que sí, pero que no había sido el único, que otros vecinos ya habían tenido la misma aparición y fatal destino, mi tía dice que no lo recuerda, pero al menos no murió de pronto y sí dejó la borrachera. Hoy solo el relato de Fonseca, la narración de mi tía y el recuerdo de los pocos contemporáneos que quedan, son sus únicos testimonios.  La leyenda ya no fue, no permeó a los tiempos modernos, que ya son otra cosa, o difundiéndola, a lo mejor. Será cosa de hacérsela llegar al conocido contador sanjuanense de leyendas y ocasional lector de este blog, Juan Carlos Zerecero, el Diablito del taxiván de leyendas.

Aclaro que en la ciudad, aparte de las religiosas, no hay leyendas, todas son acomodos de las genéricas del imaginario colectivo mexicano o las suburbanas que trajo la modernidad. No se sí por los hechos que he narrado, o por alguna otra cuestión, se contaba, también hace muchos años, que la Llorona normal, es decir sin la cara de caballo, (o quién sabe, creo que nadie salía a verla) bajaba del callejón de la Santa Veracruz y la calle 2 de Abril, rumbo al centro, emitiendo no el particular grito, sino un fuerte chillido. Mi mamá que también vivió en la calle unos veinte años después continúa contándonos como lo más horrible que oyó.

Ignoro porqué y si algunas de las espirituosas bebidas que se tomaban en esos tiempos, o la combinación de algunas, el caso es que es muy común en todo México, incluso en Latinoamérica y España desde hace  siglos las apariciones a los alcohólicos de esa mujer con cara de caballo, incluso en la literatura fantástica tiene un concepto particular, “la Llorona Mula”. Casi siempre encarnada en una mujer, la muy repetitiva cara de caballo y un entorno en que el tomador cree tener una oportunidad con ella. Supongo que la relación con la llorona es por la vestimenta blanca- y no es tan sanjuanense como mi tía lo supone.

Menciono las bebidas espirituosas, porque don Cándido Pérez, vendía a los borrachitos, en su botica (todavía no había farmacias) “la Guadalupana” un elixir llamado “espíritus” según muy bueno para reanimar, y cómo no, si era alcohol del 96 con anilina, vaya usted a saber qué efectos tenía en la gente.

La próxima entrada presento el relato íntegro, escrito por Fonseca, creo que necesitaba de un antecedente como el de hoy, para que se entienda mejor, en lo personal lo considero una joya literaria, perfectamente acabada como tal, pero describiendo su entorno, se mejora.

Los relatos que lo acompañaban, eran parte de un concurso de leyendas sanjuanenses que no tuvo continuidad, creo que todos son valiosos, pero como dije, no entran en categoría de leyendas.

COLOFÓN

De Reyes, ya no tuve más datos, Filemón creo que finalmente volvió a integrarse con su familia cercana porque al separarse los padres de mi tía, devolvieron el favor y vivió ahora ella, al cobijo de esa familia durante algunos años en una vecindad de la calle Ezequiel Montes.  Filemón fue abuelo de un conocido Sanjuanense de épocas recientemente pasadas, don Ramón de la Isla, que fue agente y comandante de la policía judicial cuando las oficinas de esa corporación estaban en el ya desaparecido portal de la Comandancia, en la esquina de la Avenida Juárez y Reforma, junto a la vieja cárcel, después Centro Histórico y Cultural, hoy casi sin uso y sí en el abandono.


BONUS TRACK

Ya sin muchos detalles, hay otra historia, ocurrida a Filemón, por los mismos años y mientras residía en la calle 2 de Abril. Como ya se mencionó era ciego, pero como todos tenía necesidades en las que no se le podía ayudar, así que una noche, como a las tres de la madrugada, salió a la calle a hacer pipí, (en esos años, la calle no tenía drenaje, en el patio común los vecinos hacían precarios baños pero él había tomado costumbre de salir a la calle,  desolada de día, más de madrugadas, por ser un trayecto más corto, varios de los integrantes de la familia lo sintieron salir, pero no regresar.

En las mañanas, de la parte alta de las Peñitas, muy temprano bajaban algunas personas al molino, y pasaban por el callejón de la Santa Veracruz. Serían las 5 de la mañana cuando pasó la primera que lo conoció, estaba en la puerta del Panteón, sentado junto a la reja, dijo que al salir a la calle, una mano lo jaló para allá, y como no supo dónde estaba, se quedó donde lo dejó. Lo fueron a entregar a la casa de la familia, no se supo más.



sábado, 5 de noviembre de 2016

Un panteón insólito, la Santa Veracruz de san Juan del Río, Qro.

Un panteón insólito, la Santa Veracruz de san Juan del Río, Qro.



 Fachada en  el callejón de 2 de abril.
Dentro del cúmulo de actividades culturales que contuvo en días pasados, el festival de día de muertos de esta ciudad, para el tema de este blog destaca la reapertura del Museo de la Muerte, en el antiguo panteón de la Santa Veracruz, tras una remodelación que cambió en algo su apariencia, pero que mantiene su objetivo original, que es dar a conocer la muerte como manifestación cultural.  

Por tal motivo, esta entrada, más que datos históricos, la dedico a detallar algunos aspectos únicos de este panteón, que lo hace diferente a casi todos los del país.

El panteón, como tal data de mediados del siglo XIX, es un edificio neoclásico, con la extraña característica de encontrarse al borde de una peñasco y cuya planta  se encuentra sobre la roca viva siguiendo los contornos que le determinó el desnivel natural de la peña.
Calle Melchor 0campo. Sobre la Peña, el mirador del panteón.

Por la misma razón, nunca tuvo una superficie de tierra para excavar las tumbas, sino que se tenía que esculpir un orificio para ello. Es quizá el único panteón donde los enterradores no usaron palas, sino cincel y martillo, o bien recurrían a otro método igualmente novedoso: el entierro se hacía a nivel del suelo y sobre el ataúd se construía una tumba de material, completa, por lo cual algunas resultaron muy altas.

Fotografía de la Dirección Estatal de Turismo. Patio superior. Nichos, Tumbas altas  y el osario.
El área total ocupada por el cementerio es relativamente pequeña para este tipo de instalaciones, por lo que se tuvo que utilizar hasta el último resquicio que la roca permitía para colocar las tumbas. La parte interior de la barda de su fachada fue utilizada para instalar otro para entonces novedoso, sistema de sepultura, consistente en nichos dentro de la mencionada pared.

Patio inferior. Tumbas a ras de suelo.
La escasez de espacio motivó incluso a un par de extraños entierros verticales. Están en la parte de la roca sobre la que se desplanta la iglesia vecina, ahí, se hicieron excavaciones tan pequeñas que solo se explican si el entierro se fue con la caja en posición vertical.

El colmo de las extrañas ubicaciones para las fosas lo encontrarán en una tumba ubicada en uno de los descansos de la escalinata que une los dos niveles, aunque creo que en este caso no fue para aprovechar el espacio sino por propia voluntad del difunto.
Tumba en la escalinata.

Aparte del área de tumbas, contiene otras instalaciones, propias de los cementerios, pero siempre con características propias:

Un osario, igualmente creo que el único que he conocido, que no está en tierra, sino que igual  que las tumbas se excavó en la roca viva.
Osario

Tiene una pequeña capilla interior, que también por falta de espacio, una de sus paredes, es el contorno de la peña, y tiene la característica única de que en tres de sus paredes contiene… más nichos.

Capilla interior, el mural perdido.
Otra característica que lo distingue de la mayoría de los panteones  es que gran parte de los entierros que se efectuaron en él fueron secundarios, es decir, habían sido enterrados en las iglesias y los otros camposantos de la ciudad y pasado el tiempo los restos fueron trasladados aquí. Solo así se explica el pequeño tamaño de algunas tumbas.  Es el caso de algunos personajes importantes de aquellos tiempos como Rafaela Díaz, benefactora de la ciudad, que fue trasladada como un homenaje a su labor al nicho No. 1, o el del General Juan Domínguez y familiares, quienes originalmente estaban en el panteón ubicado frente a las iglesias del centro, y se trasladaron inicialmente a una tumba superficial de este panteón y luego a un nicho.
Entierro secundario. Nicho no. 1 
El hecho de que los cadáveres de este panteón no se “enterraban” (porque no había tierra) sino que se depositaban en la roca y sobre el orificio una lápida, los resquicios y orillas de ambos se sellaban con mezcla que el tiempo se encargaba de fracturar, lo que ocasionaba que los olores se dispersaran. Al paso del tiempo, en el mismo siglo de su construcción, el hedor llegó al grado de que si mis fuentes no me fallan, fue clausurado un par de veces, hasta que la situación fue solventada, es decir se volvían a sellar los orificios generados por el desgaste de la mezcla, igual ocurría en los nichos, cuyas lápidas caían y a veces no tenían detrás un muro que sellara el espacio. La situación debió ser repetitiva durante muchos años, y solo se resolvió cuando, a causa del espacio, fueron disminuyendo los moradores que al panteón ingresaban.
Pared de la roca contigua,, sobre la peña, y en ella, más tumbas.
Esto determinó su destino, en pocos años se llenó completamente de tumbas y ante la imposibilidad de hacer nuevas, solo se volvían a utilizar  aquellas en las que una familia había pagado la perpetuidad y podía depositar en nuevos difuntos.

La natural movilidad social, el olvido de parientes, el envejecimiento y dispersión de las familias hizo que poco a poco fuera menos utilizado, visitado y mucho menos remozado, aunque siguieron entierros esporádicos hasta después de la segunda mitad del siglo XX.

Ornamentación, en el mirado. La muerte siempre presente.
Un elemento que no ha sido estudiado y que supongo influyó en que este panteón cayera en desuso, es la tremenda dificultad que significaba que cualquier cortejo fúnebre llegara del centro, lo que significa subir la empinada cuesta de la hoy calle dos de abril. Con el difunto a cuestas debió ser una penosa labor.

Ornamentación, otro diseño, la misma presencia.
Otro elemento que distingue a este de cualquier otro panteón es que durante su construcción, al nivelar en lo posible la peña, la misma roca que se iba extrayendo, se utilizaba para ir levantando las paredes, y a lo mejor hasta la ornamentación.

El edificio fue diseñado por  el Dr. Guadalupe Perrusquía, sanjuanense distinguido quien a pesar de su profesión, tenía inclinaciones artísticas y nos legó un  elegante edificio, perfectamente adaptado al espacio, utilizando como piedra de muros la cantera morena sanjuanense y con ella misma, la ornamentación alusiva a la muerte. Varios de los espacios tuvieron murales, de los cuales solo se conserva la pintura al interior del osario. Se perdieron el de la fachada de la capilla y algunos que  tenía en su interior. Adicionalmente en  varias paredes, se pintaron poesías de tema necrológico, que creo que tampoco hay en ningún panteón.

Y como colofón al uso de la cantera morena, originalmente del mismo material fueron las lápidas de las tumbas, las más modernas ya incorporaron otros materiales. La facilidad de moldear este tipo de piedra justifica su popularidad, pero a la vez le hace presa fácil de la erosión, por lo cual muchas de ellas lamentablemente han pedido sus inscripciones.

Pintura al interior del osario.
Mis recuerdos personales del lugar son de mediados de la década de 1970, para entonces, al ser ya muy pocos los descendientes de los ahí sepultados, permanecía cerrada casi todo el año la reja de entrada que supongo era la original, porque era forjada.

Como casi todos los niños del barrio de la época, cada vez que pasaba por ahí, me asomaba a través de la reja para leer el poema que desde ahí era visible en la amarillenta pared,  y subido en ella, vislumbrar las tumbas de las partes bajas.

Por una casualidad pude entrar al lugar, dado que un vecino de la Plazuela Guadalupe Victoria, don Guadalupe Trejo, tenía la llave de la reja, y en un mes de noviembre de esa década nos envió a su hijo y a mí a abrir el panteón y estar al pendiente por si se presentaban familiares de los ahí sepultados a arreglar algunas de las tumbas y conseguirles agua para las flores y obtener una gratificación.

Fotograma de la película "las vírgenes locas" de 1972, patio inferior 
Dado que fueron realmente pocas las personas que se presentaron ese día, el monetario fue igualmente exiguo, pero todo el panteón fue nuestro durante varias horas. Hago mención de que el abandono era total: muchas filtraciones de agua de los techos; el osario contenía aún huesos y mucha basura; las palomas que lo habitaban habían acumulado bajo sus nidos gran cantidad de desechos; bastantes lápidas estaban rotas y el polvo acumulado permitía que la vegetación creciera en paredes, techos y en el suelo entre las tumbas y sobre ellas; Los murales aún se distinguían pero ya muy deteriorados; Varios nichos habían perdido su lápida frontal  y se asomaban los restos humanos, incluso ropas. Todas las paredes perdían su pintura  y las del mirador mucho del aplanado.

Fotograma de la película "las vírgenes locas" de 1972, interior de la capilla.
A pesar del abandono o quizá por eso mismo, la capilla era el lugar más impresionante, al no haber luz eléctrica, al entrar en ella y ver que de los nichos sobresalían huesos verdaderos incrementaba el ambiente sobrecogedor.

Una década después, en 1980, el edificio se destinó para albergar el primer museo de la ciudad, bajo administración municipal, sobre todo para albergar el gran acopio de material arqueológico de la zona vecina, es entonces cuando un grupo de sanjuanenses remozó en lo posible el edificio. Aclaro que desde entonces muchas lápidas cambiaron de lugar, ante la imposibilidad de hallar su ubicación original, a donde se pudiera, otras se acumularon en el vestíbulo y se trató de al menos cubrir todas las sepulturas con una. Se conservaron casi todas, aun las que no tenían ya inscripción. Varias de las tumbas "altas" se reubicaron.

Poesía alusiva en las paredes.
Poco después se decidió que la museografía cambiara  y  se destinara como “Museo de la Muerte” como permanece en la actualidad, con su única sala dedicada a la temática referida, respetando el resto de edificio, es decir, el viejo panteón de la Santa Veracruz, en la cornisa natural, en la que los viejos sanjuanenses ahí sepultados, contemplan el crecimiento de la ciudad que los vio nacer, vivir y morir. Sea para bien esta nueva remodelación que nos permita conservar muchos años más  uno de los edificios más más emblemáticos y bellos de nuestro patrimonio histórico.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Todas las fotografías presentadas son de antes de la remodelación, espero asistir pronto a tomar algunas actuales. Todas son personales, excepto la de Turismo y los fotogramas.
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Les recuerdo que el próximo sábado 12 de noviembre, en el Portal del diezmo, a las 7:00 p.m. Fernando roque presentará su libro En mi viejo San Juan... del Río. Ahí nos vemos. Estaré apoyando a Fernando en la venta de libros, a un precio irrisorio. No compre un libro, recupere sus recuerdos. La venta no tiene fines lucrativos, sino apoyar al autor en nuevas publicaciones.
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domingo, 5 de octubre de 2014

Don Guadalupe Perrusquía, otro sanjuanense olvidado




 Guadalupe Perrusquía


Fotografía personal. Panteón de la Santa Veracruz, ideado por Perrusquía
En anteriores ocasiones he hablado del mapa de Ignacio Pérez que dibuja nuestra ciudad a fines del siglo XIX, su autor dice que tomó como base otro anterior, de la época de la intervención francesa realizado por Guadalupe Perrusquía y Mr. Chambeau, “Captan” ayudante mayor del 99 de línea. (Un militar extranjero)  Hoy me referiré a don Guadalupe Perrusquía ya que de no ser por dicha mención y algunos datos aislados que nos da Rafael Ayala, su nombre estaría perdido. Se elabora esta entrada con objeto de recordar en algo su vida, es de esos personajes que tanto hicieron y tanto quedaron en el olvido.
Plano de Ignacio Pérez. Encabezado, basado en el de Perrusquía

 SU ORIGEN

Nacido en la ciudad de Querétaro, a principios del siglo XIX, lugar a donde la profesión de su padre, había llevado a la familia. Fue hijo del más destacado escultor sanjuanense de todos los tiempos: José Mariano Perrusquía y Rubio cuya calidad artística le implicó recorrer gran parte del centro del ya agonizante virreinato, entre sus obras destaca el San Juan Bautista del viejo Templo del Sagrado Corazón de nuestra ciudad. Su madre fue la Señora Francisca Torres, de la que no se tienen mayores datos. Se desconoce de él la primera mitad de su vida y su fortuna, su padre por su profesión pudo haber sido o muy pobre o muy rico, pero existe el antecedente que la familia paterna fue dueña de la Hacienda de Santa Cruz Nieto, lo que pudo darle una posición holgada que le permitió estudiar, seguramente en México, la carrera de Médico cirujano. Reaparece en San Juan del Río en el año de 1837 cuando se casa con la Señora Vicenta Gutiérrez Chaparro, con quien procreó cuatro hijos; Magdalena, Manuel, Merced y María Josefa, esta última nacida en 1847.


VUELTA A SAN JUAN

No se sabe si vivía en otro lugar, parece ser que su esposa murió en el parto o poco después del nacimiento de su última hija, pero a partir de 1847 lo tenemos ya indudablemente avecindado en  la calle de Don Esteban N° 18  (En o cerca de donde hoy está una Caja Popular) en pleno Barrio de San Miguel, donde residía para entonces la aristocracia del pueblo, por lo que debió ser una persona acaudalada que creó o acrecentó relaciones con las poderosas familias conservadoras que eran sus vecinos.

Siendo ya viudo, no tardó en encontrar pareja de igual condición y vecina de  la casa de al lado, el No. 20 de la misma calle; la viuda del Gral. Juan Domínguez; Ignacia Quintanar, con quién se casó en 1851, formando una nueva familia, conformada por los hijos de sus anteriores matrimonios. (Ellos ya no tuvieron hijos propios, él tenía aproximadamente 38 años y ella 51 a la fecha de su boda)

Don Guadalupe sin duda es la persona que más moldeó el viejo San Juan del Río, del que de todos nos acordamos y existe bajo la modernidad. Basten algunos pincelazos, tomados a discreción tanto de las obras de Cano Sordo y Ayala, como del periódico la Sombra de Arteaga en sus primeros números.
SU OBRA
Quizá por sus antecedentes artísticos  y sus relaciones familiares directas o políticas, pero indudablemente por su gran capacidad intelectual y artística, al poco tiempo ya formaba parte del Ayuntamiento e indispensable para elaborar proyectos urbanos. Ignoro si entonces los puestos municipales fueran redituables en lo económico, seguramente eran más honorarios que otra cosa, así que todo lo que hizo fue en desinteresado afán de servir a su pueblo, ser útil, poner su sabiduría y destrezas a cambio de nada. Seguramente tenía caudales de sobra para retirarse a vivir holgadamente pero dedicó la segunda mitad de su vida al servicio público, destacando lo siguiente:

-1853 Proyecto del nuevo panteón de la Santa Veracruz. Prefecto de la ciudad.

-1856 Levantamiento del plano de la hacienda de la Lira.
-1870 Médico del hospital y la cárcel.
-1873 Miembro de la comisión encargada de buscar el sitio para almacenar agua para el servicio público.
- Pugnó porque los capitales donados por su segunda esposa se destinaran a obras pías.
- Realizó el plano moderno de la ciudad.
-Junto a Macotela, investiga daños causados por inundación del río, proyectando, financiando y construyendo los diques en la hoy parte trasera de B. Hidalgo y Av. Juárez.
 -Intervino en la zanja para regadíos del barrio de la Cruz.

-Hizo el presupuesto para la toma de agua de la acequia en la presa.

-Proyectó la demolición del curato viejo y casa municipal para alinear el jardín y  secciones alrededor de la hoy plaza de los fundadores. (Salitrera y de la Amargura)

- Proyectó una alameda en  los terrenos sobrantes del hospital de San Juan de Dios.
- Intervino en todo asunto que requiriera mediciones y deslindes, cálculos y proyectos.

Durante cuatro años, entre 1855 y 1859 se trasladó a la ciudad de México, a ejercer su profesión de Médico, pero regresó a nuestra ciudad y continuó su labor pública. Al parecer para siempre. Solo abandonó otra vez la ciudad a la muerte de su esposa, en 1865, en la ciudad de México, en casa de una de las hijas del General Domínguez.

SU LEGADO

Caso extraño, de su primer familia, su hijo Manuel, casado con otra sanjuanense, Ramona Torres y Layseca fue padre del primer gobernador constitucional del estado tras la Constitución de 1917, Ernesto Perrusquía Layseca, amigo personal de Venustiano Carranza, quien se avecindó en Tequisquiapan hasta su muerte en 1946. Por otro lado, una de las hijas de su segunda esposa, Refugio, casada con el español Pedro Argaín, fue madre de Salvador Argaín Domínguez, también gobernador del estado, por 1920. Ha habido un trío de familias queretanas que han tenido dos gobernadores, pero familia política, creo que es el único.
Ernesto Perrusquía, gobernador del estado, nieto de don Guadalupe.
Ernesto Perrusquía, junto al Presidente Carranza
 Dada la importancia de ambas familias, emparentaron en años posteriores con otras de las más acaudaladas de nuestra ciudad, llegando sus descendientes hasta el siguiente siglo,  baste mencionar algunos de los apellidos: Layseca, Sordo, Magdaleno, Guerrero, Rodríguez Saro etc.

Mausoleo de Don Guadalupe Perrusquía en el Panteón 1
Detalle del mausoleo




Detalle en el museo de la Santa Veracruz




Descendientes de Don Guadalupe, junto a su mausoleo.  Don Edmundo fue empresario ganadero de nuestra ciudad. 

Finalizo diciendo que por sus dotes, todo aquello que la actividad municipal le dio el menor resquicio, fue abordado por Don Guadalupe Perrusquía. Murió el 31 de julio de 1879, siendo sin duda, la persona que más de sus sueños vio consolidados, algunos perduran hasta hoy, cuando pocos recuerdan siquiera su nombre. Extrañamente, a pesar de haber ideado el panteón de la Santa Veracruz, fue sepultado en municipal junto al río, todavía existe su mausoleo, adosado a la barda que da al poniente, se distingue por adornos en forma de calaveras, idénticos a los de cantera que adornan los arcos invertidos del mirador de la Santa Veracruz, no sé si el escultor aún vivía pero hoy puede admirarse el mismo diseño.
Desafortunadamente no he localizado ninguna fotografía suya, me dicen que hay una pintura, a ver si pronto


 Más información de las familias Domínguez en la siguiente liga: http://iztacchichimeca.blogspot.mx/2014/06/como-dijo-juan-dominguez-no-me-olviden.html




viernes, 13 de junio de 2014

Como dijo Juan Domínguez… No me olviden

El verdadero abolengo

La casa más emblemática del viejo, moderno y actual San Juan es sin duda la conocida con los  nombres de “la Guadalupana”, (por una joyería así llamada  que funcionó ahí muchos años, cerrada ya, conserva en la fachada el letrero que la identificaba y hoy lo hace, como plaza comercial ) “la casa de cantera” (por estar cubierta de ese material) y antiguamente “la casa de don Esteban”, es el número 7 de la vieja calle del Curato, actual 16 de Septiembre. El hoy fraccionamiento las Fuentes, entre Aldama y 27 de septiembre era su parte trasera, conocida después como la huerta de los Chirimoyos. En ella se dice, se alojaron Agustín de Iturbide y el Emperador Maximiliano, y también sin confirmación que fue cuartel de su ejército imperial.
Fue construida desde sus cimientos en 1810 (1) por el Teniente Coronel Esteban Díaz González de la Campa, español, uno de los habitantes más acaudalados de todos los tiempos, Alcalde Primero y presidente del Ayuntamiento de San Juan en la época anterior a la guerra de Independencia. Dueño de muchas haciendas en la región. Casó con Doña Ramona Torres y Arroyo, hija del importante militar y político español don José  de Torres y del Campo. Propietario de la hacienda de Santa Rosa quien desempeño altos puestos gubernamentales al final de la época colonial en la región. 

Mucho se ha escrito sobre don Esteban, (en realidad no tanto, algún día me ocuparé de él) sin embargo, en sus últimos años, su importancia fue opacada por un par de personajes, emparentados entre sí y con descendientes de él, que vivieron  en algunas de las casonas de la acera de enfrente, por ser las familias más importantes y ser esa calle la de mayor abolengo en tiempos antiguos.
Los hijos Díaz Torres destacaron en muchos ámbitos, Esteban, que fue jefe político de la ciudad y Rafaela, gran benefactora local, tanto en vida como a través de legados dejados a su fallecimiento. Después de la muerte de Don Esteban, Ramona se casó con su antiguo administrador, Manuel Casabal. La familia Díaz  emparentó con otra de no  menos  caudales con  residencia en  el antiguo número 6 de la misma calle,(2)  los Domínguez Quintanar, formada por Juan Bernardo Domínguez y Gálvez e Ignacia Delgado Quintanar, sobrina y  protegida del General José Luis Quintanar, en cuya casona vivía en su etapa de soltera al cuidado de una tía.



Imagen tomada de Bisabuelos.com  Juan Bernardo Domínguez y Galvez

 JUAN BERNARDO DOMÍNGUEZ Y GÁLVEZ (1783 -1847)
Mejor conocido como Juan Domínguez, cubano de nacimiento, hijo de padre españoles,  llegó a la Nueva España poco antes de la guerra de Independencia,  desempeñando altos cargos en el ejército realista gracias a su parentesco con el Conde Bernardo de Gálvez, Virrey de la Nueva España. Entre sus hazañas bélicas  está haber derrotado al mismísimo Antonio López de Santa Anna en batalla de la época independiente, cuando este todavía era un General eficiente. En las estancias de Iturbide en San Juan, a cuyo mando estuvo Domínguez, debió conocer a Ignacia, (3) casándose años después y estableciéndose en la entonces  Villa. Como madrina de la boda estuvo doña Ramona Torres.

JOSÉ LUIS QUINTANAR Y SOTO Y RUIZ (1772 -1836)
Este sanjuanense, hijo de hacendados, (entre sus propiedades estaba la hacienda de la Venta) también tenía incipiente carrera militar en el ejército realista, (4) combatiendo mucho tiempo a los ejércitos insurgentes, pero al final se adhirió a la conjura de Iturbide, integrándose previamente al triunfo, al mando militar del ejército trigarante.

Ambos se hicieron de las confianzas de Iturbide, apoyándolo en la consumación de la independencia, José Luis llegó a ser, por su encargo jefe del ejército Trigarante y en el primer momento del México independiente formó  parte  del triunvirato que rigió al país previo a la elección de Iturbide. Luego fue  nombrado  gobernador del naciente Departamento de Jalisco.
Durante la caída del efímero imperio, ambos apoyaron a Iturbide hasta el límite, solidaridad extendida aún hasta su posterior aprehensión y fusilamiento. Desde el inicio de la posterior etapa republicana ocuparon casi ininterrumpidamente importantes cargos en la administración pública estatal, nacional y el ejército hasta su retiro.
Fotografía personal Las dos primeras casas desde la derecha, Residencias de la Familia Quintanar en el siglo XIX, al fondo en la misma acera, las casonas de Don Guadalupe Perrusquía y la viuda del General Domínguez, Ignacia.

LOS DOMÍNGUEZ QUINTANAR   Y DIAZ DOMÍNGUEZ
De la ya familia Domínguez Quintar, dos hijas (Mercedes y Soledad ) se casaron con sendos de don Esteban (Rafael y Antonio) y sobresalieron Manuel y Ángel como jefes políticos de la ciudad  y Querétaro durante el imperio de Maximiliano  y  hasta  muchos  años  después. Desempeñaron  además labores académicas  y cívicas en la ciudad de México y su tierra natal. (5) Ángel fue después diputado y co-redactor con su par Veítez, del proyecto de lo que sería la tercera constitución queretana, miembro de sociedades científicas a nivel nacional. Fundó un instituto para la enseñanza primaria y  secundaria en el pueblo y publicó varios libros. (6)

Paz Domínguez, otra hija durante las estancias de Maximiliano, en una velada en casa de don Esteban bailó con el emperador. Afirma Cano que el guante que usó esa noche está aún en poder de su familia. (7) Ella se casaría después con Cándido Madaleno, vasco, dueño de la hacienda de la Laja, Tequisquiapan y vivirían en la casa de Cantera. De ellos desciende Víctor Cano Sordo, autor de la Genealogía familiar aquí escrita de manera sucinta.

Soledad Domínguez, casada a su vez con Antonio Díaz Torres, fue madre de Celestino Díaz Domínguez, último de la familia nacido en San Juan del Río, de profesión abogado, fue además poeta, escritor, periodista y diputado por san Juan, ministro y magistrado de justicia. Publicó la Guía del viajero en Querétaro. Su hijo Felipe llegó a ser dueño de las Haciendas de Carrillo, Tlacote y Mompaní. Padre de Felipe, María Eugenia, Guadalupe y Fernando Díaz Ramírez, fundador y rector de la Universidad  Autónoma de Querétaro y autor de la más extensa historia gráfica del estado (8) y efímero gobernador de Querétaro. 
Su séptima hija, Refugio, nacida en Querétaro, formó familia con Pedro Argain, español y comerciante. Un hijo de esta familia sería Gobernador del Estado de Querétaro, Salvador Argain Domínguez.

Dada su importancia en el siglo XIX, esta familia y sus integrantes ocuparon varias casas de la misma calle del Curato, además de las dos mencionadas  y algunas de sus ramas en otras de no menos importancia como la Nacional de Santo Domingo, Nacional del Sacromonte (Av. Juárez) y la plazuela de San Juan Bautista, (hoy de los Fundadores) los restos mortales de muchos de ellos yacen en el Panteón de la Santa Veracruz como respetables observadores del lugar donde hicieron sus vidas.






Fotografía personal, tumbas en el panteón de la Santa Veracruz de algunos de los personajes mencionados en el texto.
UNA VIDA  DE VAIVENES

Juan Domínguez, como todos los militares de su época se vio envuelto en los frecuentes pronunciamientos que caracterizaron las primeras décadas de vida independiente de nuestros país, a veces por iniciativa propia, muchas otras por apoyar a su pariente político José Luis Quintanar, y por ende a su ideólogo Anastacio Bustamante, otras únicamente por estar en uno u otro bando ideológico en pugna por el nuevo México.

Para hablar de su importancia baste decir que tuvo infinidad de puestos de gran importancia política y militar:
-Coronel del Batallón Activo de Oaxaca.
-Encargado de la Comandancia General de México hasta el 27 de diciembre de 1829.
-Encargado de la Comandancia de Querétaro.
- Ayudante general e inspector del Ejército del Norte, en San Luis Potosí.
-Coronel del Batallón Activo de Querétaro en 1839, su último puesto de mando.
-Vocal secretario de la Junta Consultiva de Guerra y Marina en  julio del  1840.
-Secretario de la Comandancia General de México hasta junio de 1842.
-El 1º de enero de 1842 comienza a trabajar en la Suprema Corte Marcial.

Desde diciembre de 1844 fue desligándose de responsabilidades militares hasta que, acabó por retirarse definitivamente del ejército.
Los vaivenes de sus nombramientos lo hicieron ir casi veinte años de una a otra parte de la república, a veces solo, a veces acompañado de su familia, razón por la cual, los lugares de nacimiento de sus hijos son indistintos, pero tanto ellos, como el padre, cuando las desdichas políticas o de salud los alcanzaba, volvían a la paz de la pequeña villa, al cobijo de la familia de su esposa, los Quintanar, en la vieja calle del Curato, en el aún más viejo barrio de San Miguel. Incluso alguna vez, en la rueda de la fortuna de la política de aquellos tiempos, le tocó estar abajo, lo que significó su destierro del Estado, al vecino Guanajuato de donde vuelve para –otra vez- pronunciarse contra el gobierno, costándole esta vez el destierro a Cuba

Quizá como resabio del lejano enfrentamiento con Santana, nunca tuvo una buena relación con él, (aunque fue quién lo nombró general en 1841) y de manera indirectamente proporcional, entre más crecía la importancia política del veracruzano, decrecía la importancia de los nombramientos de Juan. En la cuarta década del siglo, las diferencias se recrudecieron, optando por el retiro.
Viejo, enfermo, decepcionado de sí mismo y sus pares, decide, entre 1844 y 1845,  volver a San Juan, el lugar que había adoptado como patria, a pasar sus  últimos años junto a su familia. Ahí recibe el año de 1847 en el retiro. Sus fuerzas no alcanzaron más que para observar la invasión norteamericana, dicen que murió de disentería, pero más seguro por la impotencia de no poder defender la tierra que lo había recibido joven y que a sus sesenta y tres años lo despedía el 24 de mayo de 1847.    

Fue enterrado en el camposanto (el que estaba en medio de las dos iglesias, al frente de la actual Notaría) al día siguiente, 25 de mayo. Años más tarde sus restos fueron trasladados a un mausoleo en el Panteón de la Santa Veracruz, y después junto con dos de sus hijas a uno de los nichos de la pared. Este panteón fue proyectado por don Guadalupe Perrusquía, vecino también de la calle del Curato, vivían respectivamente en los números 16 y 18, con quien se casó Ignacia, la viuda del General, formando una nueva familia con los hijos de los anteriores matrimonios de ambos, entre los de Don Guadalupe se contaba el que sería padre del Gobernador Ernesto Perrusquía. (9) ( Pero esa ya es otra historia) 


Imagen tomada de Bisabuelos.com. El General Domínguez.

El acta de sepultura de Juan Bernardo dice:

“En la Parroquia de San Juan del Río a veinte y cinco de Mayo de mil ochocientos cuarenta y siete sepulté en el Cpo. Sto. de dicha Parroquia el cadáver del Sr. Gral. de Brigada D. Juan Domínguez, casado que fue con Dª Ignacia Quintanar, originario de la Havana y vecino de esta Cabecera en el Barrio de San Miguel. Recibió los Santos Sacramentos de penitencia, Sagrado Viático y extremaunción; disen murió de Dicentería, y lo firmé para que conste.”(3)

Hoy reposan los restos de este honrado general, según reza el nicho del panteón de la Santa Veracruz que los contiene, junto a sus hijas; Consuelo y Soledad.

Fotografía personal: Nicho en el Panteón de la Santa Veracruz


1) Cfr.  Ayala, 1981 op. cit. p.  124. Para dar idea de su importancia, baste decir que él y Luis Romero Soto, ambos por la extensión e importancia de sus archivos personales, son los únicos “sanjuanenses” con colección documental en el AGN. (Archivos de particulares. Colecciones, Colección de Esteban Díaz González. Archivos de particulares. Personas. Luis Romero Soto)
2) N. De la R. Al parecer el antiguo numero 6 era uno con el actual 8, que es centro comercial. Hasta hace unos años fue casa de la familia Valenzuela, con su patriarca Don Gabriel, de grata memoria entre los practicantes de la charrería, deporte que practicó pero sobre todo impulsó en todos sus frentes hasta los últimos años de su vida. Es una casona amplísima, a fines del siglo XIX era la mejor casa de huéspedes de la ciudad. Luego sufrió una remodelación a principio del siglo XX pero conservó el plano anterior, con todas las comodidades y elementos de la época como correspondía a  la importancia de don José Luis Quintanar.
3) La información de estas familias las tomo, seleccionada, de Víctor Cano Sordo, De la Luisiana a la Nueva España. La Historia de Juan Bernardo Domínguez y Gálvez  (1783 – 1847),  Versión electrónica en página Web Bisabuelos. Página  de Genealogía. Apellidos. Linaje. 1999. capítulos V, VII, X y apéndice VII, Quien se basa en Ayala para don José Luis en cuanto a la estructura, pero no solo citándolo, sino confirmando, documentando y complementándolo hasta la saciedad con libros, documentos familiares, extractos de archivos  particulares, públicos y eclesiásticos. (Me atrevo a decir que no hay nadie que haya escudriñado papel tras papel los archivos parroquial e histórico municipal como él)  
4) Cfr. Ayala, 1981 op. cit. p.  117- 121.
5) Ibid. P 172.
6) Ibid. P 180 y 181. Destaca “Descripción de los principales ríos del mundo”. 1902,  que Ayala tomó para su descripción del río San Juan. En 1896 había sacado a la luz pública una especie de manifiesto llamado “Las necesidades de la Geografía en México” dirigido al Presidente Díaz.
9) Víctor Cano Sordo, sacerdote católico, autor del  libro “De la Luisiana  a la Nueva España” Incluido en una vasta página Web de genealogía de sus antepasados. Iniciada a partir de una anécdota familiar, nos lleva siglos atrás a España, México y San Juan del Río. En el linaje ve importantes familias locales de todos los tiempos. (Cervantes, Bocanegra, Silis, etc.) Tomo de él los datos de las familias Domínguez, Quintanar y Díaz. Es difícil citar correctamente su página y libro, casi cada frase la apoya en infinidad de documentos y bibliografía. Existe una versión impresa, merecedora de reedición y difusión por el municipio, ya que aunque no es su propósito, devela valiosos datos de historia local además de la fascinante vida de sus antepasados. Estaría en la misma categoría de nuestros mejores relatores: Dorantes de Carranza, Sánchez de la Barquera, Martínez de Salazar, Jaime Nieto, Rafael Ayala, y J. Guadalupe Guerrero, etc.
8) Ver Fernando Díaz Ramírez, Historia del estado de Querétaro. México, Gobierno del Estado de Querétaro, 1979. Seis tomos.
9) Sin estar completamente seguro, por los cambios de numeración,  las  casa de Don Guadalupe Perrusquía  (18)  y la de Ignacia (20) que tampoco se sabe  si lo era desde que vivía el General  Domínguez) serían la que hasta hace poco era la Universidad Mesoamericana y la que estuvo donde hoy es una caja popular.