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sábado, 18 de mayo de 2019

Había una vez una capilla.


HABÍA UNA VEZ UNA CAPILLA.

(Sexta y última entrega del especial dedicado a esa localidad)

Fotografía de la revista Querétaro. La torre en la década de los noventas. 
Como parte final de los testimonios relativos a la localidad de la Estancia, que como mencioné ya, tuvo etapas de desarrollo paralelos a San Juan del Río, aunque no estaba planeado y pensaba terminar la serie en la entrada pasada por ser escritos que tenía rezagados, aparecieron en la investigación datos que permitieron hacer esta.


En la década de los sesentas y setentas, habiendo llegado la modernidad a San Juan del Río, se le dio importancia a establecerla sobre los viejos restos. De manera personal, fui testigo de cómo se derruían casas y elementos antiguos para en su lugar poner modernas edificaciones. Así desaparecieron la huerta de la Viña, el salón de actos de la Mártir de Chihuahua, el mesón de San Pablo, la casa inmediata a la vieja cárcel, la barda atrial de las iglesias del centro y la casa del portal de Reyes, por dar algunos ejemplos, ello sin que se tomara conciencia aún de la conservación del patrimonio, es más, la conciencia colectiva lo aprobaba por representar el desarrollo y la confirmación de que San Juan del Río ahora sí se convertía en ciudad. (A pesar de que tenía muchos años de haber sido declarada como tal, desde 1847, en realidad hasta entonces no parecía más que un pueblo grandote)

En esa idea, y como uno de sus paralelismos con la cabecera municipal, la hacienda de la Estancia que conservaba, aunque con muchas modificaciones, un casco del siglo XVII, sin reparo fue condenado a quedar bajo las aguas de una presa, sin que hubiera oposición, a no ser la de los lugareños que junto a ella tenían sus viviendas y milpas, que decidieron no abandonar, pero lo tuvieron que hacer cuando los alcanzó el nivel ascendente del agua.
Fotografía  tomada del Libro de J. Luz Chávez, la torre emergiendo de las aguas.

Como parte anexa, hasta 1970 tenía una capilla que por entonces era la más antigua en pie de todo el estado, igualmente, creo que debió tener reparaciones y modificaciones en el transcurso de tres siglos, pero parece que su planta original se conservaba.

Conocí esta capilla hasta finales de la década de 1970, más bien su torre, emergiendo entre el agua de la presa, su particular elegancia, sencillez y soledad destacaban en la inmensidad del vaso, la erosión ya había dejado al descubierto mucha de su estructura de cantera.

Fotografías tomada del muro de Moroco  Vega, sin fecha. Aún en los niveles máximos de aguas, la torre asomaba. 


El contraste de ese elemento arquitectónico entre las aguas, hasta su derrumbe fue el único atractivo de la comunidad en aquellos tiempos. A principios de la década de los ochentas, hubo un intento gubernamental no sé de qué nivel de atraer turismo estableciendo un parque al otro lado de la cortina de la presa, donde los constructores habían sembrado eucaliptos y ya habían formado un pequeño bosque que se unió a los sabinos del antiguo lecho del río del Caracol que la cortina había dejado sin cauce.

Imagen de Google Earth 2019. La cortina de la presa. Debajo de la última línea de la H de S.R.H. el antiguo cauce del río el Caracol, a su lado estaba el que se llamó parque Municipal 1. 

Fotografía de 1980. Inauguración del parque, al fondo la cortina, la sección blanca detrás de la señora de vestido oscuro, es la ultima línea de la letra H. De izquierda a derecha, Enrique Burgos, secretario de gobierno estatal, alguien no identificado, el gobernador Rafael camacho Guzmán, y el presidente municipal, Jorge Herbert.

Se niveló una pequeña plaza y se construyeron asadores, sin embargo, no tuvo éxito por la inseguridad y sobre todo porque la entrada estaba al lado poniente de la cortina, en la carretera a Amealco y había que atravesar a pie toda la extensión de la presa. En alguno de esos escasos paseos, tras subir con trabajos la cortina de la presa (es de piedra suelta) vi al otro lado por última vez la impoluta torre emergiendo con toda su elegancia entre el líquido entorno. (nunca me tocó poder ver el nivel de la presa bajo y poder acercarme a ella, por eso no doy mayores detalles) Poco después, ya sin apoyo gubernamental surgió al otro lado de la cortina el Acapulquito y el parque quedó abandonado para siempre, incluso he preguntado a habitantes de la localidad y no se acuerda de él.

Fotograma de la película Santo vs las Lobas, 1970, desde uno de los patios de la hacienda, jardín de por medio, la capilla.  La mancha a su derecha no es un árbol, sino la cabeza de una de las peludas lobas.
Ya anteriormente había presentado algunas imágenes de la capilla entre las aguas. Se encontraba perpendicular a la hacienda, en uno de los extremos de un jardín central. Hoy se pueden localizar en la esquina noreste de la presa, a unos cien metros de la cortina, ciento cincuenta metros del Acapulquito y unos doscientos de las compuertas.

Fotografía personal, 2017. a unos metros de la volátil orilla, los últimos restos.
A no ser por los habitantes y visitantes del lugar en los tiempos en que estaba en funciones, el resto de la gente no teníamos más idea de como había sido la capilla, algunas fotografías difundidas en el libro de J. Luz Chávez la presentaban de manera indirecta, pero no daban un referente claro de la construcción, que fue terminada de construir a finales de junio de 1664.

Fotografías  tomada del Libro de J. Luz Chávez,  sin fecha, pero anterior a 1970. Arriba, la capilla desde  donde hoy están las compuertas. Abajo, desde el centro de la presa, el lado colindante con el río el Caracol.



En cambio, en su libro nos proporciona una magnífica descripción escrita: Se encontraba fuera del área perimetral del casco, pero conectada con él por una puerta auxiliar, que pertenecía a la parroquia de San Juan del Río y era atendida por sacerdotes de ella hasta la formación en 1957 de la parroquia de Galindo a la que fue adscrita. En lo local, estaba su cuidado a cargo de capilleros:

“Su construcción era de estilo ecléctico… albergaba un recinto con capacidad para 180 personas, donde se oficiaban misas, se rezaba el rosario y todo tipo de culto católico; un coro donde estaba colocado el órgano sacro y a donde acudían los cantores  al oficiarse las misas; una sacristía… la torre con su cúpula tenía una campana central y dos esquilas… y, por último el altar mayor; en la parte central estaba entronizada  la imagen de nuestra señora de Guadalupe; patrona del lugar, al lado derecho la imagen de bulto de San Francisco de Asís. La capilla tenía además un atrio de mediano tamaño con vigorosas plantas de laurel .. y para protegerla estaba circulada con una barda perimetral de aproximadamente dos metros de altura sobre la cual por el lado oriente estaba la puerta principal y entraban los feligreses; afuera del perímetro bardado por el mismo lado había un espacio amplio donde crecían dos vigorosos arboles de fresno que le daban a la capilla un realce sin igual."

A diferencia de otros poblados, en la comunidad de la Estancia hay un fuerte arraigo por su pasado, diría que hasta orgullosos de lo que tuvieron y hay en las páginas electrónicas gran cantidad de imágenes capturadas a partir de las décadas cuando hubo disponibilidad de cámaras fotográficas, es decir, desde 1960, para entonces el lugar ya no funcionaba como hacienda, sino que mantuvo etapas como cuartel y posta ganadera, pero lo poco que quedaba nos da un acercamiento a su pasado grandioso. Así, pude obtener gran cantidad de testimonios gráficos que hoy presento, con baja calidad, pero ilustrativos, espero no se molesten por compartirlos, debidamente acreditados. Incluso varios de ellas se encuentran enmarcados en las palapas mencionadas.

Principalmente encontré una imagen compartida en la página de Facebook de la palapa el Charquito. que muestra la capilla de frente, todavía completa, pero por los niveles de humedad que se notan, ya había sido cubierta en su mayoría por el agua en algún momento y luego bajó el nivel, no sin haber hecho algunos estragos. Se observa su ubicación exacta con relación a la cortina de la presa y de manera completa su fachada, que se nota muy sencilla. Aunque en tiempos anteriores hubo una capilla interna en la hacienda, la de la comunidad estaba por fuera en un extremo como construcción aparte. 

Presento en continuación, el proceso de deterioro de la misma:

Fotografía  tomada de la página de la palapa el Charquitio, sin fecha, pero debe ser a principios de los setentas. Al fondo, la cortina. La iglesia seguía completa pero el agua ya comenzaba a hacer estragos en la barda atrial.

Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, vista desde atrás, se mantiene la fachada, pero empiezan a derrumbarse las paredes.
Fotograma de la película El extensionista, 1980. Ya solo sobrevivía la torre,  detrás de ella, todavía en tierra, los restos de la hacienda.
Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, por las mismas fechas. Note el cubo de piedra la derecha del joven.
Fotograma de You Tube, Crédito a quien corresponda. Ya se había perdido el campanario.

Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega. La torre resultante, sin agua.



Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, 2009, también la torre caía.
Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, el último vestigio que aún podía llamarse torre.
Fotografía Personal, 2017. El final.

Hasta la reubicación completa de la comunidad, era la capilla en funciones del poblado y se tenía acceso directo sin tener que entrar a la hacienda. Solo podría explicarse el hecho de que esta tuviera su capilla particular y que por el numero de habitantes desde épocas  tempranas hubiera en sus terrenos una capilla para los trabajadores y por eso su construcción desde 1664, ignoro muchos datos, pero estudiando la fachada y el marco del vano, es muy parecido a las antiguas capillas indias de los alrededores, seguramente era una de ellas y fue modificada, Al menos puedo notar tres etapas constructivas: seguramente de inicio era muy pequeña y solo abarcaba la parte alrededor de la puerta y encima de ella una espadaña con el campanario. Posteriormente debió ampliarse y los huecos de la espadaña quedaron como ventanas. La torre del campanario fue un agregado posterior, por eso no forma parte del cuerpo de la iglesia, fue adosado a un lado. La parte más nueva fue el remate superior de la fachada, de ladrillo, que fue agregado después, incluso terminaba encima de la base del campanario. La portada alrededor del marco de la puerta se nota posterior, pero es imposible saber de cuándo, solo puedo afirmar que no es original, a lo mejor es la señal del perímetro que tuvo la construcción primigenia.


Fotografía  tomada de la página de Moroco Vega, sin fecha pero anterior a 1969. La portada de la fachada, nótese el magnífico  trabajo del marco.
En alguna de las fotografías, sin mucha definición se puede ver la majestuosidad del marco de cantera de la entrada principal, una verdadera obra de arte, faltaría saber si era mamposteo o cantera, y en tal caso, supongo que por su antigüedad pudiera ser de algún tipo que no fuera morena, (esta cantera, como parte ornamental, no fue utilizada en San Juan del Río hasta el siglo XVIII, antes se usaban otras, más duras) lo que daría la posibilidad de que todavía estuviera enterrada y se pudiera rescatar.

En una sola página, de Moroco Vega pude encontrar las demás imágenes, otra vez en baja calidad, pero que nos dan la crónica anunciada de la muerte de la capilla. Ignorando quienes son sus autores, remito el crédito a la página donde la encontré.

En la página de Facebook de la palapa el Acapulquito encontré otro testimonio gráfico de la fotógrafa sanjuanense Leticia Rangel, creo que oriunda de la comunidad, en 1997 realizó una composición en el que su hermano trepó a la torre y acopló el momento con otra imagen de muchos años después con los restos de la torre derrumbada.

Una aclaración: El lugar es exacto, pero la orientación de la torre es para el lado contrario, como se podrá observar con la fotografía de la capilla completa por un detalle: El niño está sobre un cubo de piedra que no tienen las otras esquinas del campanario, y por lo tanto, detrás debería estar la cortina de la presa.

El cubo mencionado, que en realidad es de ladrillo, por sencillo que parezca me dio muchos parámetros en la investigación en comparativa con la época actual. Al principio pensé que era un reloj de sol o una piedra de inscripciones, tardé en darme cuenta de que era parte del remate final de la fachada, que, derrumbada ya, no había modo de ubicar. Estos “cubos” eran tres, uno junto a la torre, otro al centro de la fachada y otro a su extremo poniente. Por haber sido construido este adorno después de la torre, quedó encima de su base, seguramente unido con mezcla y permitió que al caer el resto, este se conservara. El “cubo", que se puede ver en varias fotografías e indica la altura que tuvo la fachada.

Por haberse construido o modificado en varias etapas es que su derrumbe fue paulatino, primero la parte más vieja, construida con materiales más precarios, la torre, más moderna, pudo resistir algunos años más los embates de la corriente que se forma por el paso de las aguas rumbo a la compuerta.

Fotografía de la fotógrafa Leticia Rangel, tomada de la página de la palapa el Acapulquito.
La Última vez que estuve en el lugar, no había notado este detalle, revisando posteriormente las fotografías actuales, pude localizarlo entre los restos, pero por esa razón no tomé una fotografía particular, sería el último resto reconocible de lo que fue la fachada.

La excelente gráfica de Rangel, (que tiene un estudio fotográfico) por su simbolismo, del antes y el ahora, del pasado y el presente, de lo que fue y lo que ya no es, representa el colofón adecuado de esta serie de entradas dedicadas a la localidad, de una actualidad pujante, surgida de un pasado glorioso, a la gente que hoy lo sustenta y aquella que sentó sus bases.

Espero que posteriormente surjan más temas relativos y poder consignarlos, ojalá les haya gustado, sobre todo a los viejos habitantes del lugar, recordando que la redacción de todo lo escrito aquí es de producción propia y original, como siempre, apoyado en textos, observaciones de campo y testimonios cuyos detalles no puedo consignar por la dinámica de este formato, pero si llega a formar parte de una obra impresa, se consignarán como dictan las normas.

Fotografía  tomada de la página de Moroco Vega, por el color, no se si sea una fotografía retocada o una imagen compuesta de una maqueta de la  capilla que tienen en la comunidad. 
 ______________________________________________________________EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Siendo los interesados en el tema de la Estancia lectores frecuentes del blog, supongo que entre ellos muchos habitantes actuales, se les recuerda que pueden hacer comentarios, adiciones, correcciones, felicitaciones etc. Contesto todo.

sábado, 18 de abril de 2015

La india, no tan india, de San Juan del Río


El río Galindo, detrás de la hacienda, antes de entrar a la presa Constitución. A la derecha, el cerro de la Estancia.



Imagen tomada de Internet, Portada del DVD, aún a la venta.
Era un director que había visto la época de oro, de plata, de latón y llegó hasta a la de cartón, es decir a la decadencia, del cine nacional, siempre trabajando en lo suyo, intentando cada vez revivir sus viejas glorias, las de él y las de la industria. Nunca fue carismático ni figura pública. Mientras el indio Fernández, aún sin filmar acrecentaba su leyenda, él, que año tras año presentaba nuevas producciones, se hundía en sus viejas glorias. No logró dar nunca la campanada que anunciara su resurrección, la de él, no del cine nacional.

La industria entera envejecía: directores, fotógrafos, camarógrafos, incluso los guionistas, así, que casi en su último intento, Rogelio A. González, que así se llamaba el mencionado, sin figuras de dónde echar mano por su valor histriónico, recurrió a nuevas estrellas que comenzaban a apoderarse de la pantalla grande; las actrices nudistas, para no errar en esto también, consiguió a la mejor del género, Isela vega, buscando dar salud, a un argumento que adolecía de la misma enfermedad de todo el medio; baja calidad.

Así, en el año 1976, bajo la dirección del otrora también glorioso guionista Antonio Rogelio González Villareal, (su verdadero nombre) filma en San Juan del Río y lugares cercanos, mayoritariamente en locaciones de la semi - abandonada hacienda de Galindo la película “La India”. Clasificada como drama, en realidad es una especie de tragedia campirana, que tratando de ser costumbrista, lo único que logra es que el espectador se acostumbre a que en cada escena habrá un desnudo de Isela vega, incluso, en las locaciones externas, son lo único sobresaliente:

Isela Vega, en el arroyo de Quiotillos, en todo su esplendor (ella, no el arroyo)




Se intentaba para entonces, tornar la alicaída producción cinematográfica a cintas con bajo presupuesto pero con “mensaje”. No fue posible en este caso,. El único mensaje claro que se obtuvo es que había desnudos totales de Isela Vega. Tratando de atrapar por medio de la trama al espectador, lo más que podemos decir es que nadie la entiende, no así los desnudos de Isela Vega, explícitos por naturaleza.
Técnicamente, se quería, ya sin Figueroa ni Alex Phillips, no se diga de Rosalío Solano, de ambientar, por medio de la claroscura fotografía, lo sombrío de la tragedia relatada. Lo único que obtuvieron fueron unos refulgentes desnudos de Isela Vega.


Isela Vega, en una de sus pocas escenas vestida, afuera de la choza.
El trasfondo de la película trata varios temas que rayan en lo entonces prohibido, como el intento de incesto, producto de un complejo de Edipo a la mexicana, aderezado con voyerismo, lenocinio, amasiato y todo lo que se acercara a pecado. Para ello se intenta un erotismo no culminado, representado únicamente por las escenas nudistas de Isela vega, crudas a cual más, lo que generó algunos escándalos a nivel nacional.
La película se estrenó el 21 de octubre de 1976, en pleno reinado de la todopoderosa CONACINE (Corporación Nacional Cinematográfica, la productora del gobierno) que repartía del presupuesto nacional a diestra y siniestra para obras muy raquíticas, en la esperanza de que alguna al menos, resultara “de arte”.



Otra portada de la película, tomada de internet
.

El reparto de la cinta fue limitado, lo que no quiere decir de baja calidad, sin embargo, las estrellas se limitaron a interpretar estereotipos, sin matices, lo que cualquier actor de reparto hubiese hecho; desangelados y tal vez desconcertados por el pobre argumento, no así Isela Vega, que magistralmente, casi sin palabras, logró la perfección en el que le tocó, es decir, en sus desnudos.

Dirección: Rogelio A. González.
Reparto: Isela Vega, Jorge Martínez de Hoyos, Jaime Moreno, Mario Almada, Lilia Prado, Anaís de Melo, Sonia Cavazos, Gastón  Melo.
Música de Jesús Zaragoza. 
¿Guión?  Pascual García Peña, Rafael García T.

SINOPSIS:
La india, Isela Vega, que de india no tiene nada, más que un hijo pequeño, por vivir en choza de interés social, tiene que sacarlo en las noches para darle vuelo a la hilacha con su amante, don Pelayo Martínez del Rosal, (Mario Almada) alias el Zarco, padre del niño y como decían los antiguos, dueño de vidas y  haciendas, lo que el infante aprovecha para asomarse entre las rendijas de la vivienda a observar los requiebros de la pareja. Tal situación no le provoca una perrilla, pero sí una morbosa fijación por su madre, a quien se dedica a espiar en cuanta oportunidad se le presenta, incluso cuando va a lavar al río.

El niño termina bajo la tutela de un maestro de pueblo, (interpretado por Jorge Martínez de Hoyos) quien con métodos poco ortodoxos trata de quitarle la equivocada filia, sin lograrlo, así que el niño crece, (interpretado en esta etapa por Jaime Moreno) apodado el Potro, ya que no tiene nombre de pila) y en su edípico complejo, convierte a don Pelayo en supuesto rival de amores, único obstáculo entre su madre y él, por lo cual trata de vencerlo en los ambientes según campiranos, en los que se desenvuelven ambos: el palenque, la cantina y las mujeres, logrando, con ayuda de una prostituta vieja, más vieja que prostituta, llamada la Cacariza (Lilia Prado ) quitarle  casi de las manos a una casta y virginal joven (luego se verá que no lo era tanto) que sus sí descastados padres tenían destinada, previa venta, para el Zarco.

La joven Violeta (Anaís de Melo) va a parar a un convento.  El Potro envalentonado tras su hazaña,  siente estar ya a la altura del amante de su madre y esta vez sí con las más bajas intenciones va a buscarla, pero la encuentra muerta, (obviamente desnuda) ya que el Zarco, ofendido, desató su furia con la India. Muerto el cuerpo del delito (nunca mejor dicho), el joven, en la absurda escena final, es asesinado por su rival, con la misma arma que acabó con su madre, un verduguillo. Todo esto tras 105 minutos de desconcierto, que es la duración de la película.

El Potro con la Cacariza, Doña Lilia Prado


Doña Lilia, enseñando Pierna, para no desmerecer.

Siendo este un blog de historia, de San Juan del Río para ser más precisos, el detalle valioso son diversas escenas en la hacienda de Galindo, por entonces ya casi sin actividad agropecuaria, en las que puede verse la edificación que solo unos años después sería modificada al convertirse en moderno hotel, todavía en funciones, inicialmente llamado la “Mansión Galindo”.
Sé que va a ser difícil, por los desnudos de Isela Vega, fijarse en lo arquitectónico, pero por lo anteriormente dicho, es un material valioso, ya que se ve el contexto original de una hacienda, de las más importantes de la región; corrales, fachadas, instalaciones, incluso mobiliario. En el rodaje se nota que adolecían ya de mantenimiento las enormes instalaciones. Personalmente la conocí por entonces, cuando era, sin temor a equivocarme, la edificación más grande del municipio. Hacía poco había dejado también de ser ganadería de toros de lidia y por no ser productiva económicamente era difícil su mantenimiento.

Se puede ver también el río Galindo, en su paso detrás del casco, sus centenarios sabinos y un dique de piedra y tierra de unos 10 m de altura que protegía la hacienda de las crecidas de agua. (Sobre ese bordo era el único lugar donde se podía apreciar completa la magnitud de un edificio construido a lo largo de cuatrocientos años, que dice el imaginario popular, no así la historia documental, regaló Hernán Cortés a la Malinche)

Hay otra locaciones cercanas: El arroyo de Quiotillos, (donde simplemente lavando y sin desnudo total, Isela vega logra la mejor escena de la película) la barranca de Zuñiga y lugares circunvecinos. El bordo mencionado se ve en una escena que incluye ... otro desnudo, adivinen de quién… se equivocaron,  no es de Isela Vega, es de Anaís de Melo, en un paraje antes de que el río llegue a la Presa Constitución de 1917, de la cercana comunidad de la Estancia.

Las escenas de peleas de Gallos  me dicen que fueron hechas en un palenque provisional que se instaló en lo que hoy es el mercado 5 de Mayo de nuestra ciudad, aunque no lo he podido confirmar ya que también se menciona que fueron en el Palenque del Centro Expositor de Querétaro, el que estaba en las faldas del cerro del Cimatario, mi duda es porque los dos estaban hechos de tubos y laminas galvanizadas como paredes e incluían un rodete de cemento.


La hacienda.


Galindo


Escena en el río Galindo, al fondo se ve el dique de protección de la Hacienda.



La hacienda, entrada principal

Puerta principal de la hacienda. Los leones se conservaron mucho tiempo, no se si en la actualidad persistan.


Otro ángulo a la puerta principal.



Isela vega, con el fondo de la Barranca de Zuñiga.

Ya sé que van a decir que en todo andaba, pero de niño, conocí a Isela vega en el lobby del Hotel “Jalisco” solo les puedo compartir que con ropa no era tan impresionante. Portaba un vestido floreado y solo nos dejaron verla unos segundos, luego nos corrieron. No recuerdo si fue durante la filmación de la película, porque me cuentan que hizo una actuación nocturna en el Cinelandia, (esa sí no la vi)  y no puedo determinar si los dos eventos fueron en la misma fecha o en diferentes y en cuál estuvo en el Jalisco.

Espero les hayan gustado. (El escrito, no los desnudos) La película se puede ver en YouTube y todavía está a la venta, hace poco estaba en Mixup. Prometo en un futuro hacer un recuento puramente histórico de la Hacienda, para demostrar la imposibilidad de lo que dice su leyenda.
Todos los fotogramas fueron tomados de la película original, en formato DVD.
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El chichimeca al servicio de la comunidad:

Acudimos en apoyo a la página vecina San Juan del Río en el Tiempo, para aclarar sobre una placa que se encuentra en la Escuela Primaria “General Francisco Villa” y que atestigua que en ese edificio funcionó de 1963 a 1981 la Escuela Secundaria Particular y Nocturna “Antonio Caso”  que ha generado alguna confusión entre sus lectores


Aclaro que la placa no hace alusión a la Escuela Secundaria General Antonio Caso, la  llamada ESFAC, que sí funcionó en ese mismo edificio en la década de los sesentas y al final de la misma se trasladó a su actual ubicación en la calle Heroico Colegio Militar. Esa escuela siempre fue matutina y para alumnos en edad escolar.
La placa refiere que en ese mismo edificio funcionó, desde 1963  hasta 1981, otra escuela secundaria, particular, en la que estudiaban jóvenes que ya pasaban de la edad escolar para ese nivel y adultos. Se llamaba también Antonio Caso y siempre fue nocturna. Para diferenciarla de la otra, se le llamaba la ESNAC. (Escuela Secundaria Nocturna Antonio Caso)

A esta segunda escuela se  refiere la placa. La confusión se da porque inicialmente las dos funcionaron en el mismo edificio pero en diferente turno. Cuando la matutina cambió de edificio, se instaló ahí la Primaria Francisco Villa por las mañanas, por las tardes y noches siguió funcionando la ESNAC, hasta 1981. La ESNAC no cambio de edificio, solo la ESFAC.
A pesar de que era particular, los precios no eran excesivos, más que nada daban una aportación para el pago de maestros y era la alternativa popular para los jóvenes que sobrepasaban la edad y los adultos que deseaban estudiar y que por trabajar solo disponían de ese horario. Creo que dejó de funcionar porque a partir del año mencionado se instaló una escuela artículo 123, (para trabajadores) oficial, dependiente de la SEP, que hoy está en el edificio de la Secundaria “Reyes Heroles” de la colonia Ramos Millán, en el turno nocturno.

Por ser dos escuelas  es que algunos lectores comentan que no entienden porqué estudiaron en la década de los setentas en la ESFAC en  H. Colegio Militar, si la placa dice que se cambió allá hasta 1981. Son dos escuelas diferentes.

Espero sirva esta aclaración y no moleste a los redactores, para un primo, varios años mayor que yo, Juan Hernández Hernández, orgulloso egresado de la ESNAC de la calle Zaragoza, casi al mismo tiempo que yo, en edad escolar, de la ESFAC de Heroico Colegio Militar.