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sábado, 18 de mayo de 2019

Había una vez una capilla.


HABÍA UNA VEZ UNA CAPILLA.

(Sexta y última entrega del especial dedicado a esa localidad)

Fotografía de la revista Querétaro. La torre en la década de los noventas. 
Como parte final de los testimonios relativos a la localidad de la Estancia, que como mencioné ya, tuvo etapas de desarrollo paralelos a San Juan del Río, aunque no estaba planeado y pensaba terminar la serie en la entrada pasada por ser escritos que tenía rezagados, aparecieron en la investigación datos que permitieron hacer esta.


En la década de los sesentas y setentas, habiendo llegado la modernidad a San Juan del Río, se le dio importancia a establecerla sobre los viejos restos. De manera personal, fui testigo de cómo se derruían casas y elementos antiguos para en su lugar poner modernas edificaciones. Así desaparecieron la huerta de la Viña, el salón de actos de la Mártir de Chihuahua, el mesón de San Pablo, la casa inmediata a la vieja cárcel, la barda atrial de las iglesias del centro y la casa del portal de Reyes, por dar algunos ejemplos, ello sin que se tomara conciencia aún de la conservación del patrimonio, es más, la conciencia colectiva lo aprobaba por representar el desarrollo y la confirmación de que San Juan del Río ahora sí se convertía en ciudad. (A pesar de que tenía muchos años de haber sido declarada como tal, desde 1847, en realidad hasta entonces no parecía más que un pueblo grandote)

En esa idea, y como uno de sus paralelismos con la cabecera municipal, la hacienda de la Estancia que conservaba, aunque con muchas modificaciones, un casco del siglo XVII, sin reparo fue condenado a quedar bajo las aguas de una presa, sin que hubiera oposición, a no ser la de los lugareños que junto a ella tenían sus viviendas y milpas, que decidieron no abandonar, pero lo tuvieron que hacer cuando los alcanzó el nivel ascendente del agua.
Fotografía  tomada del Libro de J. Luz Chávez, la torre emergiendo de las aguas.

Como parte anexa, hasta 1970 tenía una capilla que por entonces era la más antigua en pie de todo el estado, igualmente, creo que debió tener reparaciones y modificaciones en el transcurso de tres siglos, pero parece que su planta original se conservaba.

Conocí esta capilla hasta finales de la década de 1970, más bien su torre, emergiendo entre el agua de la presa, su particular elegancia, sencillez y soledad destacaban en la inmensidad del vaso, la erosión ya había dejado al descubierto mucha de su estructura de cantera.

Fotografías tomada del muro de Moroco  Vega, sin fecha. Aún en los niveles máximos de aguas, la torre asomaba. 


El contraste de ese elemento arquitectónico entre las aguas, hasta su derrumbe fue el único atractivo de la comunidad en aquellos tiempos. A principios de la década de los ochentas, hubo un intento gubernamental no sé de qué nivel de atraer turismo estableciendo un parque al otro lado de la cortina de la presa, donde los constructores habían sembrado eucaliptos y ya habían formado un pequeño bosque que se unió a los sabinos del antiguo lecho del río del Caracol que la cortina había dejado sin cauce.

Imagen de Google Earth 2019. La cortina de la presa. Debajo de la última línea de la H de S.R.H. el antiguo cauce del río el Caracol, a su lado estaba el que se llamó parque Municipal 1. 

Fotografía de 1980. Inauguración del parque, al fondo la cortina, la sección blanca detrás de la señora de vestido oscuro, es la ultima línea de la letra H. De izquierda a derecha, Enrique Burgos, secretario de gobierno estatal, alguien no identificado, el gobernador Rafael camacho Guzmán, y el presidente municipal, Jorge Herbert.

Se niveló una pequeña plaza y se construyeron asadores, sin embargo, no tuvo éxito por la inseguridad y sobre todo porque la entrada estaba al lado poniente de la cortina, en la carretera a Amealco y había que atravesar a pie toda la extensión de la presa. En alguno de esos escasos paseos, tras subir con trabajos la cortina de la presa (es de piedra suelta) vi al otro lado por última vez la impoluta torre emergiendo con toda su elegancia entre el líquido entorno. (nunca me tocó poder ver el nivel de la presa bajo y poder acercarme a ella, por eso no doy mayores detalles) Poco después, ya sin apoyo gubernamental surgió al otro lado de la cortina el Acapulquito y el parque quedó abandonado para siempre, incluso he preguntado a habitantes de la localidad y no se acuerda de él.

Fotograma de la película Santo vs las Lobas, 1970, desde uno de los patios de la hacienda, jardín de por medio, la capilla.  La mancha a su derecha no es un árbol, sino la cabeza de una de las peludas lobas.
Ya anteriormente había presentado algunas imágenes de la capilla entre las aguas. Se encontraba perpendicular a la hacienda, en uno de los extremos de un jardín central. Hoy se pueden localizar en la esquina noreste de la presa, a unos cien metros de la cortina, ciento cincuenta metros del Acapulquito y unos doscientos de las compuertas.

Fotografía personal, 2017. a unos metros de la volátil orilla, los últimos restos.
A no ser por los habitantes y visitantes del lugar en los tiempos en que estaba en funciones, el resto de la gente no teníamos más idea de como había sido la capilla, algunas fotografías difundidas en el libro de J. Luz Chávez la presentaban de manera indirecta, pero no daban un referente claro de la construcción, que fue terminada de construir a finales de junio de 1664.

Fotografías  tomada del Libro de J. Luz Chávez,  sin fecha, pero anterior a 1970. Arriba, la capilla desde  donde hoy están las compuertas. Abajo, desde el centro de la presa, el lado colindante con el río el Caracol.



En cambio, en su libro nos proporciona una magnífica descripción escrita: Se encontraba fuera del área perimetral del casco, pero conectada con él por una puerta auxiliar, que pertenecía a la parroquia de San Juan del Río y era atendida por sacerdotes de ella hasta la formación en 1957 de la parroquia de Galindo a la que fue adscrita. En lo local, estaba su cuidado a cargo de capilleros:

“Su construcción era de estilo ecléctico… albergaba un recinto con capacidad para 180 personas, donde se oficiaban misas, se rezaba el rosario y todo tipo de culto católico; un coro donde estaba colocado el órgano sacro y a donde acudían los cantores  al oficiarse las misas; una sacristía… la torre con su cúpula tenía una campana central y dos esquilas… y, por último el altar mayor; en la parte central estaba entronizada  la imagen de nuestra señora de Guadalupe; patrona del lugar, al lado derecho la imagen de bulto de San Francisco de Asís. La capilla tenía además un atrio de mediano tamaño con vigorosas plantas de laurel .. y para protegerla estaba circulada con una barda perimetral de aproximadamente dos metros de altura sobre la cual por el lado oriente estaba la puerta principal y entraban los feligreses; afuera del perímetro bardado por el mismo lado había un espacio amplio donde crecían dos vigorosos arboles de fresno que le daban a la capilla un realce sin igual."

A diferencia de otros poblados, en la comunidad de la Estancia hay un fuerte arraigo por su pasado, diría que hasta orgullosos de lo que tuvieron y hay en las páginas electrónicas gran cantidad de imágenes capturadas a partir de las décadas cuando hubo disponibilidad de cámaras fotográficas, es decir, desde 1960, para entonces el lugar ya no funcionaba como hacienda, sino que mantuvo etapas como cuartel y posta ganadera, pero lo poco que quedaba nos da un acercamiento a su pasado grandioso. Así, pude obtener gran cantidad de testimonios gráficos que hoy presento, con baja calidad, pero ilustrativos, espero no se molesten por compartirlos, debidamente acreditados. Incluso varios de ellas se encuentran enmarcados en las palapas mencionadas.

Principalmente encontré una imagen compartida en la página de Facebook de la palapa el Charquito. que muestra la capilla de frente, todavía completa, pero por los niveles de humedad que se notan, ya había sido cubierta en su mayoría por el agua en algún momento y luego bajó el nivel, no sin haber hecho algunos estragos. Se observa su ubicación exacta con relación a la cortina de la presa y de manera completa su fachada, que se nota muy sencilla. Aunque en tiempos anteriores hubo una capilla interna en la hacienda, la de la comunidad estaba por fuera en un extremo como construcción aparte. 

Presento en continuación, el proceso de deterioro de la misma:

Fotografía  tomada de la página de la palapa el Charquitio, sin fecha, pero debe ser a principios de los setentas. Al fondo, la cortina. La iglesia seguía completa pero el agua ya comenzaba a hacer estragos en la barda atrial.

Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, vista desde atrás, se mantiene la fachada, pero empiezan a derrumbarse las paredes.
Fotograma de la película El extensionista, 1980. Ya solo sobrevivía la torre,  detrás de ella, todavía en tierra, los restos de la hacienda.
Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, por las mismas fechas. Note el cubo de piedra la derecha del joven.
Fotograma de You Tube, Crédito a quien corresponda. Ya se había perdido el campanario.

Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega. La torre resultante, sin agua.



Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, 2009, también la torre caía.
Fotografías  tomada de la página de Moroco Vega, el último vestigio que aún podía llamarse torre.
Fotografía Personal, 2017. El final.

Hasta la reubicación completa de la comunidad, era la capilla en funciones del poblado y se tenía acceso directo sin tener que entrar a la hacienda. Solo podría explicarse el hecho de que esta tuviera su capilla particular y que por el numero de habitantes desde épocas  tempranas hubiera en sus terrenos una capilla para los trabajadores y por eso su construcción desde 1664, ignoro muchos datos, pero estudiando la fachada y el marco del vano, es muy parecido a las antiguas capillas indias de los alrededores, seguramente era una de ellas y fue modificada, Al menos puedo notar tres etapas constructivas: seguramente de inicio era muy pequeña y solo abarcaba la parte alrededor de la puerta y encima de ella una espadaña con el campanario. Posteriormente debió ampliarse y los huecos de la espadaña quedaron como ventanas. La torre del campanario fue un agregado posterior, por eso no forma parte del cuerpo de la iglesia, fue adosado a un lado. La parte más nueva fue el remate superior de la fachada, de ladrillo, que fue agregado después, incluso terminaba encima de la base del campanario. La portada alrededor del marco de la puerta se nota posterior, pero es imposible saber de cuándo, solo puedo afirmar que no es original, a lo mejor es la señal del perímetro que tuvo la construcción primigenia.


Fotografía  tomada de la página de Moroco Vega, sin fecha pero anterior a 1969. La portada de la fachada, nótese el magnífico  trabajo del marco.
En alguna de las fotografías, sin mucha definición se puede ver la majestuosidad del marco de cantera de la entrada principal, una verdadera obra de arte, faltaría saber si era mamposteo o cantera, y en tal caso, supongo que por su antigüedad pudiera ser de algún tipo que no fuera morena, (esta cantera, como parte ornamental, no fue utilizada en San Juan del Río hasta el siglo XVIII, antes se usaban otras, más duras) lo que daría la posibilidad de que todavía estuviera enterrada y se pudiera rescatar.

En una sola página, de Moroco Vega pude encontrar las demás imágenes, otra vez en baja calidad, pero que nos dan la crónica anunciada de la muerte de la capilla. Ignorando quienes son sus autores, remito el crédito a la página donde la encontré.

En la página de Facebook de la palapa el Acapulquito encontré otro testimonio gráfico de la fotógrafa sanjuanense Leticia Rangel, creo que oriunda de la comunidad, en 1997 realizó una composición en el que su hermano trepó a la torre y acopló el momento con otra imagen de muchos años después con los restos de la torre derrumbada.

Una aclaración: El lugar es exacto, pero la orientación de la torre es para el lado contrario, como se podrá observar con la fotografía de la capilla completa por un detalle: El niño está sobre un cubo de piedra que no tienen las otras esquinas del campanario, y por lo tanto, detrás debería estar la cortina de la presa.

El cubo mencionado, que en realidad es de ladrillo, por sencillo que parezca me dio muchos parámetros en la investigación en comparativa con la época actual. Al principio pensé que era un reloj de sol o una piedra de inscripciones, tardé en darme cuenta de que era parte del remate final de la fachada, que, derrumbada ya, no había modo de ubicar. Estos “cubos” eran tres, uno junto a la torre, otro al centro de la fachada y otro a su extremo poniente. Por haber sido construido este adorno después de la torre, quedó encima de su base, seguramente unido con mezcla y permitió que al caer el resto, este se conservara. El “cubo", que se puede ver en varias fotografías e indica la altura que tuvo la fachada.

Por haberse construido o modificado en varias etapas es que su derrumbe fue paulatino, primero la parte más vieja, construida con materiales más precarios, la torre, más moderna, pudo resistir algunos años más los embates de la corriente que se forma por el paso de las aguas rumbo a la compuerta.

Fotografía de la fotógrafa Leticia Rangel, tomada de la página de la palapa el Acapulquito.
La Última vez que estuve en el lugar, no había notado este detalle, revisando posteriormente las fotografías actuales, pude localizarlo entre los restos, pero por esa razón no tomé una fotografía particular, sería el último resto reconocible de lo que fue la fachada.

La excelente gráfica de Rangel, (que tiene un estudio fotográfico) por su simbolismo, del antes y el ahora, del pasado y el presente, de lo que fue y lo que ya no es, representa el colofón adecuado de esta serie de entradas dedicadas a la localidad, de una actualidad pujante, surgida de un pasado glorioso, a la gente que hoy lo sustenta y aquella que sentó sus bases.

Espero que posteriormente surjan más temas relativos y poder consignarlos, ojalá les haya gustado, sobre todo a los viejos habitantes del lugar, recordando que la redacción de todo lo escrito aquí es de producción propia y original, como siempre, apoyado en textos, observaciones de campo y testimonios cuyos detalles no puedo consignar por la dinámica de este formato, pero si llega a formar parte de una obra impresa, se consignarán como dictan las normas.

Fotografía  tomada de la página de Moroco Vega, por el color, no se si sea una fotografía retocada o una imagen compuesta de una maqueta de la  capilla que tienen en la comunidad. 
 ______________________________________________________________EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Siendo los interesados en el tema de la Estancia lectores frecuentes del blog, supongo que entre ellos muchos habitantes actuales, se les recuerda que pueden hacer comentarios, adiciones, correcciones, felicitaciones etc. Contesto todo.

domingo, 5 de mayo de 2019

EL ACAPULCO DE TIERRA ADENTRO


EL ACAPULCO DE TIERRA ADENTRO O LO QUE ES LO MISMO; SAN JUAN DEL RÍO TROPICAL 1

 (Cuarta entrega del especial dedicado a esa localidad)

Fotografía personal. panorama de la presa desde la cortina.
Los inmejorables terrenos de la antigua hacienda de la Estancia, por su ubicación cercana a la confluencia de dos ríos y un terreno en leve descenso que con adecuadas presas y bordos, a lo largo de cuatro siglos dieron grandes ganancias al patrón en turno.

Creo que en la decisión de construir en dicho lugar la presa Constitución de 1917 a partir de finales de la década de 1960, se debió a que con ella se beneficiarían gran cantidad de agricultores del valle, el llamado Plan de San Juan, algunos de lugares extremadamente lejanos.

La moderna presa, plenamente integrada al distrito de riego 23, además de los mencionados ríos, es alimentada a través de un canal de más de 10 kilómetros de longitud, con aguas del río San Juan, desde la presa “Constitución de 1857” instalada en las afueras de la cabecera municipal. Esta presa deriva a través del canal mencionado, la poca agua que el río tendría a su paso por nuestra ciudad.

Una vez que las aguas de los ríos la H, Galindo y San Juan lograron llenar el vaso, ya en la década de 1970, contenidas por una larga cortina de piedra, apareció un enorme espejo de agua, el mayor hasta hoy en territorio queretano. (Son más grandes la San Ildefonso y Zimapán, pero solo sus cortinas están en Querétaro, el resto en los estados de México y de Hidalgo, respectivamente)

Ante el surgimiento del nuevo lago, aun en época de secas empezó a surgir en su entorno una nueva actividad primaria, la pesca. Me dicen que en los dos ríos siempre hubo peces para consumo, pero en realidad, las especies que se encuentran en este embalse son producto de las “siembras” gubernamentales, en programas de apoyo que pocas veces fructificaron porque lo hacían en bordos que apenas contenían agua por algunos meses.

El caso es que a sus pocos años, la presa rebozaba agua… y peces, apareciendo por arte de magia las primeras lanchas y redes, inicialmente para el autoconsumo. Ya en la década de los ochentas, aparece la Cooperativa Piscícola “La Estancia” formada inicialmente por ocho pescadores, que ofrecían su producto en las comunidades y mercados de la cabecera. Incluso, conociendo sus actividades, no faltó quien quisiera adquirir los pescados a orilla de presa.

Lo que pasó de ahí en adelante es ilustrativo y ejemplo perfecto de la evolución natural de cualquier empresa humana, por pequeña que parezca en sus inicios. Esta, solo para autoconsumo, como una actividad primaria fue derivando a secundaria y terminó en terciaria o de servicios incluso ya diversificados. Todo ello en un lapso de apenas 20 años.

 Cuando la gente que acudía a comprar, sobre todo a la margen oriente (que es la que colinda con la comunidad) o por simple paseo aumentó, no faltó quien ideara la fórmula perfecta: cocinar el pescado en el lugar, directo de las redes a un asador. La idea resultó un éxito y el aumento de visitantes fue exponencial, sobre todo en fines de semana o los días de pesca, que ingeniosamente pasaron a esos días o los festivos, en busca de los mentados pescados, principalmente por el precio y el tamaño. (eran bastante grandes, por eso digo que no eran nativos de aquí)

Fotografía tomada de la página de facebook de la palapa El Acapulquito. 
Ante el repentino auge turístico y gastronómico, no tardó en aparecer el infaltable estanquillo metálico, símbolo universal de la colonización humana de espacios naturales y a su lado, para proteger de la insolación, unas escuálidas hojas de palma.

El lugar, inicialmente solo a un lado de la presa fue rápido de bautizar: EL ACAPULQUITO y asunto resuelto a unos 500 kilómetros de su émulo guerrerense surge la primera costa sanjuanense.

Fotografía tomada de la página de facebook de la palapa El acapulquito.
Lo frágil de las palapas, el estanquillo y no se diga de los asadores los hacían fáciles de transportar en caso de que subiera el nivel de las aguas, pero por si las dudas, se decidió acondicionar un terreno fijo a una distancia segura de la “marea”. Es entonces cuando surgen las instalaciones permanentes, de mayor tamaño y con mobiliario adecuado, ingresando al menú, toda clase de mariscos, ya no locales y cocina tradicional. Al paso de los años, llegaron los grupos musicales diversos y hasta de planta en algunos de los ahora diversos negocios, cada uno con su nombre propio, pero todo el complejo es siempre llamado genéricamente “El Acapulquito”.

Fotografía personal.  El enorme complejo gastronómico en la actualidad, en época de "marea baja",
Y no faltó quien les dijera que el verdadero Acapulco también era puerto, y de nuevo, el sanjuanense no tardó en buscar la solución, las lanchas, hasta entonces exclusivas para pesca, se transformaron, a través del marketing local, en turísticas, incluyendo estructuras para evitar asolear a los usuarios. Hoy cuentan con un moderno “muelle portátil” para embarcarlos y las viejas lanchas a remos, donde se hacían los paseos a costa del sudor de los dueños, hoy han derivado en modernas embarcaciones con motor fuera de borda y aumentado su tamaño.,
Fotografía personal.  Al fondo la cortina de la presa, a la izquierda la compuerta, las lanchas al centro en espera de turistas.El complejo de la parte de arriba, en época de "marea baja", al subir, todo desaparece.

Al correr de los años, se ha convertido el lugar en un singular punto de recreo, principalmente visitado por sanjuanenses y de municipios y estados circunvecinos.

Muchos de los asiduos dicen que el punto de atracción no es la comida, sino el ambiente que rodea al lugar y la compañía de las bebidas espumosas, qué mejor para mitigar el calor que la brisa marina y una caguama (y hay quienes juran y perjuran que hasta se marean) y poder observar desde los ventanales de los negocios, estratégicamente colocados, el horizonte marino, apenas a 10 kilómetros de San Juan del Río, y sí, es como estar en Acapulco.

Y no mienten, en años lluviosos, el nivel de agua ha llegado a las mismas paredes del complejo, y aunque ningún cliente se ha quejado, (incluso hasta es más fácil abordar las lanchas desde las mismas puertas de los negocios) el inminente peligro ha motivado un sinnúmero de intentos de reubicación por parte de las autoridades. (Y cuando despertó Protección Civil, el Acapulquito todavía estaba ahí) Lo único que han logrado hasta ahora es que exclusivamente se venda cerveza para el consumo en el lugar. 

Fotografía tomada de la página de Facebook San Juan del Río oficial. Con "marea alta" de la embarcación al establecimiento con un solo paso.

Se diría que en los años en que hay poca agua, los visitantes se alejarían, pero este lugar es bendecido por la mercadotecnia divina, si el nivel del agua disminuye, “la playa” se extiende y surge otra solución como la renta de cuatrimotos, los “brincolines”, paseos a caballo o la simple caminata por la playa, En esos lapsos se hace patente la utilidad del muelle portátil y ¿porqué no? , regresan, como en sus orígenes, estanquillos y palapas más rústicas a nivel de playa.

Fotografía personal.  Al alejarse el agua, regresan los estanquillos e instalaciones a nivel de playa.
Y como no le van a decir el Acapulquito, si hasta las aves se confunden y es posible observar en muchos recovecos a pelícanos marinos, en conjunto con otras aves migratorias para las cuales la presa se ha convertido también en un punto de atracción por su inmensidad.

Fotografía tomada de la página de facebook de la palapa El Acapulquito. Pelícanos medio perdidos y un fabuloso atardecer.
El ambiente, su cercanía con el entorno acuático y los servicios han creado el atractivo de este lugar. La palapa original, las que siguieron más las que se acumulen en la semana, han propiciado que se le haya incluido en las campañas de las Secretaría de Turismo estatal y municipal, incluso en la “Ruta Campestre”, aunque cabe aclarar que este desarrollo turístico es autóctono y original. Verdadero modelo para las dependencias gubernamentales y privadas, que inició con una lancha, una red y un asador y hoy da trabajo a decenas de personas y esparcimiento a cientos.



Fotografías  del Instituto de Cultura, turismo y la juventud de San Juan del Río. Alguna de las instalaciones por su parte frontal, la trasera da a la presa.
Las negociaciones aquí mencionadas, hoy son razón social, cuentan con estacionamiento y hasta servicio de valet parking y zonas VIP, pero el ambiente populachero del interior no ha cambiado, quizá son los aires costeños esos que huelen a sal, los que transforman a los comensales y provocan el deseo de asistir.


Fotografía  del Instituto de Cultura, turismo y la juventud de San Juan del Río.  Junto a las olas, las cuatrimotos.

Fotografía personal.  Paseo a Caballo, Al centro, el Rosario, a la derecha, Galindo.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Para llegar al lugar, basta salir de la autopista México-Querétaro, en el kilómetro 170, pasar por la zona militar, a partir de ahí los letreros te llevarán, no es necesario entrar al poblado. Si la suerte te favorece y permaneces hasta tarde, gozarás de las más hermosas puestas de sol, esas sí de verdad compiten con las de las costas de cualquier parte del país.

Fotografía personal.  letreros rumbo a...
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Juro y perjuro ahora yo, que esta entrada, aunque lo parezca, no es una inserción pagada, la redacté por motivos antropológicos, ante el inusual caso de un polo turístico que surgió entre la arena de la orilla de una presa.   (aunque en realidad no es arena, como se verá en la entrada siguiente)

Se recuerda a la comunidad que  pueden hacer comentarios, rectificaciones y hasta felicitaciones, dando clic en la parte final de las entradas abajo de  donde está el icono del lápiz, redacto según lo que he leído, visto y oído.

Quienes se comunicaban por el Google + de manera privada, al desaparecer esa red, ya solo pueden hacerlo de manera pública, si no quieren que aparezca su nombre, elijan publicar como anónimo.

viernes, 22 de enero de 2016

La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe.



Contrariamente a lo que se dice de las conocidas haciendas sanjuanenses de Galindo y la Estancia, en las pocas evidencias documentales tempranas que de ellas hay, no tienen relación directa alguna con la leyenda popular que las indican como propiedad de la famosa Malinche, sobre todo la primera, que se dice fue un regalo para ella de Hernán Cortés.
En realidad, en vida de la Malinche dichas propiedades no existían, incluso, creo que ni siquiera para mediados del siglo XVI.

Estoy completando un estudio sobre ambas, difícil de poner en este espacio por la gran cantidad de referencias bibliográficas y documentales que la respaldan.  Todo parece indicar que, incluso a finales del siglo XVI, dichos lugares solo eran  “estancias” es decir tierras de cultivo. La denominación de “Hacienda” como unidad productiva compleja en territorio queretano no existió sino hasta mediados del siglo XVII. Así que Cortés no pudo haber regalado ninguna “hacienda” a nadie.

La Malinche, en efecto, sí fue esposa de Juan Jaramillo Salvatierra encomendero de Jilotepec, incluido en este, la zona del actual San Juan del Río. Cabe mencionar que la figura de la Encomienda no otorgaba posesión de tierras, sino el tributo de los indios de la zona encomendada, a través de trabajo personal. Así, aunque se dice también que por ser encomendero, Jaramillo fue dueño de grandes extensiones de tierras, eso no fue cierto, ya que para ello debía solicitar “Mercedes” es decir permisos para explotar la tierra, que se concedían por extensiones grandes pero acotadas, no hay posibilidad alguna que Jaramillo haya podido obtener una merced que abarcara la Llave, la Estancia y Galindo juntas.

La leyenda parece provenir de que en algún momento, a mediados del siglo relatado, también se conceden en la zona mercedes de tierras a Luis de Quesada, esposo de María Jaramillo, la hija de La Malinche y Juan Jaramillo. (Quien en juicio había peleado y ganado a Beatriz de Andrada, segunda esposa de Jaramillo, la tercera parte de la encomienda, aclarando de nuevo que lo que obtuvo fue la tercera parte del trabajo de los indios, no de tierras)  Incluso también intervino el hijo de María y Luis; Pedro de Quesada y el hecho de ser ellos esposo e hijo de la Malinche parece ser el origen de la leyenda.

Hay otro personaje poco conocido, Juan Jaramillo “el Joven” que fue un sobrino del otro llamado Igual, que se conoció como “el viejo” quien también obtuvo  mercedes de tierras al oeste de San Juan del Río.  Los descendientes de Quesada y Jaramillo el Joven, a través de matrimonios consolidaron las dos propiedades y en algún momento se convierten en las dos haciendas mencionadas al principio.
Los mapas antiguos de San Juan del Río, en la década de 1580 identifican plenamente ambas propiedades.

La “Estancia” de Alonso Pérez de Bocanegra sería la posterior Galindo.

La “Estancia”  de Álvaro de Horca sería la después la Estancia Grande.

De esta última, ya como hacienda hay muchas referencias históricas que espero abundar más adelante. Con el mismo nombre llegó al siglo XX y su casco, aunque no original, se conservó casi hasta  la década de 1970, cuando siendo ya propiedad del gobierno federal, se decide construir en sus alrededores una presa, que poco tardó en inundar el edificio y las pocas tierras aledañas que conservaba tras el reparto agrario.

Geográficamente, su ubicación era privilegiada. Se constituyó su fundo en la confluencia de dos ríos de corriente permanente. El de la “H” Y el "Galindo", lo que le permitió desde tiempos de la colonia, la posibilidad de tener grandes extensiones de tierras de riego, a través de canales, bordos e incluso presas, aunque nunca de la extensión de la actual “Constitución de 1917”.

La ubicación del lugar desde tiempos prehispánicos atrajo incluso a los Teotihuacanos, que constituyeron en los alrededores dos centros urbanos de consideración, uno llamado el Rosario, a unos tres kilómetros al sur y otro, ubicado en los alrededores de la antigua hacienda. (Por carecer de información no puedo asegurarlo, pero parece ser que el casco de la hacienda estuvo sobre las antiguas edificaciones teotihuacanas) Por estar hoy debajo de las aguas casi todos los restos de la zona arqueológica, será difícil confirmarlo, así como la filiación de los habitantes originales, previos a la oleada imperial teotihuacana)

Para la época de su inmersión, la hacienda conservaba todas sus instalaciones completas, incluso una capilla construida a mediados del siglo XVII.
Por su altura, al irse llenando la nueva presa con las aguas de los dos ríos mencionados, la capilla fue el último resto visible de la hacienda. Incluso, llena a su máxima capacidad, la solitaria torre sobresalía entre las aguas hasta fines de la década de 1980 y en temporadas de sequía incluso se podían observar restos de la “Casa Grande”. Desafortunadamente, por estar las viejas instalaciones cerca de las compuertas, la corriente generada al abrirlas las erosionó y actualmente no es visible nada completo.

Cuentan, sobre todo los asistentes al “Acapulquito”, en la orilla oriental de la presa, que todavía en años recientes el viento permitía ver entre las olas al menos la sombra de la vieja torre, no se sí sería cierto, o producto de la ingesta de bebidas espirituosas que se consumen en el popular sitio.

Recuerdo que la primera vez que visité el lugar de niño, la torre aun  se veía perfectamente, casi no había sufrido deterioros y destacaban los decorados de cantera morena entre las paredes de piedra.

Por estar construida casi a la vera del viejo camino Real, esta hacienda vio pasar a los más ilustres visitantes de todas las épocas. Apenas a unos metros debajo de esa torre, pasó toda la historia nacional. Cuántos de nuestros héroes no tomarían un descanso dentro de ella para meditar sus acciones, quizá lo pensado en su interior  cambió nuestro destino como país. Nunca lo sabremos. El colonial monumento, hoy bajo las aguas continua su lenta pero inexorable erosión. Es difícil imaginar el dolor de algunos de los viejos habitantes, que ante la inminente inundación, arrancaron de la capilla, tres siglos después de que sus antepasados la habían colocado, la piedra que marcaba la fecha de construcción como el único recuerdo que algún día tendrían de ella, para trasladarla a la capilla del nuevo poblado donde fueron reubicados. Dice la inscripción:   "Se acabó a fin del mes de junio de 1664"

   Presento a Ustedes algunas imágenes que pude localizar:




Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1960. Parte de la Hacienda y la torre de la Capilla.


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, el ángulo contrario. La torre y algunas instalaciones.
Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, los troncos marcan el antiguo trayecto del río..


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, al fondo, la otra legendaria hacienda: Galindo.


Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1980.  La torre aún completa. 

Fotografía de la década de 1990. La corriente ya había hecho estragos.


Este fotograma me la enviaron. Solo sé que procede de un video de Internet. Seguramente es reciente, quizá la última vez que se vio algo de la torre, al fondo la compuerta de la presa. Crédito a quien corresponda.

 

NOTA DE LA REDACCIÓN: ( Mayo de 2019)  Esta entrada es una de las más leídas del blog, pero hay más información relativa en las siguientes entradas, por si quieren  abundar, dar clic en:

Hombres lobos en San Juan del Río

Especial de la Estancia 1

La alucinante plaza de la Estancia

Un culto insólito en la Estancia

El Acapulco de tierra adentro

La doble resurrección de un asentamiento

Había una vez una capilla

EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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El libro de la Estancia es de edición particular, se llama: La Estancia, San Juan del Río Querétaro, de la hacienda a la modernidad.
Se puede adquirir solo en la comunidad de la Estancia, con familiares del autor.  Ya lo había mencionado en esta entrada:
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Para los foráneos: El "Acapulquito" es una extraña zona de restaurantes ubicada a la orilla de la presa, iniciada por los pescadores locales pero que expende (o expendía, ya no sé, porque tiene un largo historial de clausuras, reaperturas, cierres, reubicaciones y hasta inundaciones) toda clase de comidas, sobre todo mariscos. Sin embargo, su atractivo no es (o no  era...) el culinario, sino el ambiente generado por los grupos musicales y el entorno... acuático?
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Otra especie de héroe, el mismísimo Santo, el Enmascarado de Plata, también hizo de las suyas en esta hacienda, interesados, pueden verlo en la siguiente entrada.
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 El día 29 a las 19 hay otra conferencia en el portal del Diezmo, sobre mapas antiguos, seguramente se hablará de los aquí mencionados y algunos más modernos, también aquí mencionados. Ahí nos vemos.
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Sin palabras, ayer. Solo gracias y dense sus vueltas.