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miércoles, 24 de abril de 2019

ESPECIAL DE LA ESTANCIA 1


Única fotografía que se conoce de la fachada de la Casa Grande de la hacienda de la Estancia Grande, sin fecha pero debe ser anterior a 1969, tomada del libro Manuel J. Campos Loyola,  un apóstol del campesino, del autor Benito J. Campos


Creo que ya es repetitivo mi comentario de no contar con el tiempo que me gustaría dedicar a este espacio, sirva hoy para explicar que algunos temas que ya tengo trabajados se van rezagando así que cuando me es posible trato de sacar los más atrasados ya que algunos van perdiendo vigencia. Es el caso de algunos temas seriados que he ido acumulando sobre una localidad de San Juan del Río, que ahora inicio a publicar. Espero sean de su agrado.


Apuntes históricos a manera de introducción.

Imagen Tomada de Google  Earth 2019  al centro, la presa  Constitución de 1917.  En un Perfecto Triángulo, arriba a la derecha, la Estancia, abajo a la izquierda, Galindo, abajo a la derecha, el Rosario. Durante cuatro siglos fueron haciendas, hoy modernas localidades.  Justo Junto a la actual Estancia. Hoy dentro de la presa, la  Estancia Grande. 
  
Apenas a 10 km al poniente de la cabecera municipal de San Juan del Río, existe una comunidad de gran importancia por haber tenido, guardadas las proporciones, un génesis y desarrollo paralelos incluso históricamente ya que casi al mismo tiempo que documentalmente aparecen las primeras menciones del pueblo de San Juan durante el siglo XVI, también lo hace el lugar que hoy nos ocupa, como un sitio agrícola que hasta hace pocos años conservaba su esencia rural, hoy, en pleno desarrollo urbano, es una de las localidades más grandes del municipio, pero no deja de tener una rica historia.

EN LA OSCURIDAD DE LOS TIEMPOS

Las primeras menciones del lugar hablan de él como la “Estancia de …” (al cambiar de propietario, su apellido completaba el nombre) en algún momento entre el siglo XVII y XVIII “La Estancia Grande” que conservaría como hacienda hasta mediados del siglo XX cuando desaparece (o casi) el poblado de nombre “la Estancia", aunque derivado de esa hacienda y asentado en sus antiguos terrenos, tiene hoy una ubicación cercana a lo que fue el núcleo de la hacienda.

En el siglo de inicio, la denominación “Estancia” equivalía a un sitio casi despoblado, aunque con alguna actividad. Iniciaba a través de una merced de tierras (especie de permiso para utilizarla) otorgado a un español que la destinaba a alguna actividad primaria. En el terreno se elegía el más adecuado para estar los trabajadores, aunque solo fuera de manera temporal y por eso se les llamaba estancias. Dichos lugares podían tener actividad ganadera, minera o agrícola, como fue el caso de la que hoy nos ocupa. Por lo anterior, las instalaciones que tenían estas estancias eran muy básicas y no alcanzaron nunca el tamaño y refinamiento de las que desde un inicio fueron haciendas (Igualmente, el significado antiguo de este término se refería a los lugares donde se “hacia” algo, generalmente con los insumos traídos de las estancias. Las mercedes de tierras, es decir el permiso para usarlas, fueron cambiadas posteriormente, otorgando la propiedad a sus poseedores.

Por su importancia, algunas estancias tornaron luego en haciendas, como lo fue la hoy relatada, que terminó como Hacienda de la Estancia Grande.

Imagen tomada del libro Mercedes Reales en Querétaro, de Juan Ricardo Jiménez Gómez. En 1584, otra vez en perfecto triángulo, las tres localidades mencionadas, sin presa.

Aunque mucha gente ubica a la Estancia como un segregado de la hacienda de la Llave, en realidad no es así, como tampoco lo fue la vecina hacienda de Galindo y todo viene de una de esas distorsiones históricas que la gente y muchos historiadores toman como cierta y que trataré de explicar.

LOS JARAMILLOS (O XARAMILLO, EN LA ESCRITURA ANTIGUA)

En la década de 1520, consumada la conquista, Hernán Cortés otorga a su soldado Juan Jaramillo Salvatierra, esposo de “La Malinche” la Encomienda de Jilotepec, lo que significaba que tenía para su servicio el trabajo gratis de los habitantes indios de la demarcación. Para aprovechar la mano de obra, solicita varias mercedes de tierra que le son concedidas, entre ellas lo que después sería la Llave. Al morir Jaramillo, la viuda Beatriz de Andrada, nuevamente casada, aumenta las propiedades y forma en conjunto con otras de familiares el mayorazgo de la Llave, para que no pudieran ser enajenadas por separado.

Pero resulta que la Malinche y Juan Jaramillo habían tenido una hija, María, que a través de su esposo Luis de Quesada inicia un juicio peleando la mitad de la Encomienda, le fue otorgado al final, un tercio. A través de contratos y arreglos entre las dos familias parece que recibió algunas tierras en las inmediaciones de La Estancia y Galindo. Por estos datos ciertos, se originó la leyenda posterior falsa de que Cortés le regaló la última a la Malinche, y que eran parte de la Llave, pero no se refieren al grueso de los terrenos de las dos mencionadas haciendas, solo a algunos límites. El verdadero origen de las haciendas de Galindo, la Hache y la Estancia es el siguiente.

La historia como siempre, enlaza nombres lugares y personajes de modos que se van olvidando y convirtiendo en leyendas, en la época que sucede, todo es claro, pero al paso de los años se va disolviendo y los pocos datos sueltos que persisten para las generaciones posteriores alimentan la leyenda.

El encomendero de Jilotepec, esposo de la Malinche y soldado de Cortés que acabamos de mencionar, tuvo como nombre completo Juan Jaramillo Salvatierra, pero tuvo un sobrino, que no había intervenido en la conquista. Resulta que ese sobrino tenía el mismo nombre, Juan Jaramillo, para distinguirlos en sus tiempos, este fue llamado “el Joven” y al tío “el Viejo”

Juan Jaramillo el Joven también obtuvo mercedes de tierras en la zona, que a su muerte pasaron a sus hijas y como se estilaba en aquellos tiempos, fueron administradas por sus maridos.

El Joven acumuló en su vida gran cantidad de tierras, que, ya como propiedad en 1588, fueron divididas por sus hijas Ana y Beatriz Xaramillo. Estas fracciones son lo que posteriormente fueron tres poderosas haciendas sanjuanenses de la H, Galindo y la Estancia.

Por el nombre del esposo de Ana Xaramillo, Diego de Villapadierna, consignado en algunos mapas antiguos, sabemos que es este el origen de la Estancia.

La extraña confluencia de datos parecidos, es lo que ha dado lugar a la confusión  y la leyenda: La existencia de dos Juan Jaramillo, el que el Viejo fuera esposo de la malinche, el apellido Xaramillo del tío, la hija y el sobrino, el juicio, la cercanía con la Llave, el hecho que una hija del Joven se llamara igual que la esposa del Viejo, que la esposa del Joven fuera familiar de la esposa del Viejo, que aunque los esposos sean solo administradores, y las mujeres las dueñas casi nunca se les menciona etc., dio lugar a las confusiones hasta entre los historiadores, más en la gente del pueblo, que ante el olvido de datos trascendentales, optó por  la leyenda, pero la Estancia nunca perteneció a la Llave, Cortés nunca le regaló una hacienda a la Malinche, porque en los años en que vivieron los protagonistas iniciales, estos lugares solo eran estancias, etc. etc.

EL LUGAR

Los terrenos que conformaron la Estancia, por su ubicación privilegiada contribuyeron a acrecentar su importancia durante toda la era colonial, convirtiéndola rápidamente en hacienda.

Sus límites eran, al norte, la hacienda de la Lave, luego fraccionada en otras, al sur, la Hacienda de Galindo, al este, la hacienda de la Hache (hoy El Rosario) y al oeste, las haciendas de Lira y San Clemente. Incluía como ubicaciones periféricas la Cuadrilla de Enmedio, el rancho las Palomas o las Palomitas, hoy Senegal de las palomas y otro rancho más o menos ubicado donde hoy es la comunidad moderna.


El casco estaba situado cerca de la confluencia de los ríos Galindo y la Hache, que unidos y con corriente permanente, discurrían en un leve descenso por el grueso de las tierras de cultivo ya con el nombre de el Caracol, lo que permitió, a través de bordos y pequeñas presas, que gran parte de ellas tuvieran riego la mayor parte del año.

OTRO PASADO OLVIDADO

La ubicación privilegiada del sitio no había pasado desapercibida para los habitantes prehispánicos de la región, en toda la zona hay evidencias al menos de un asentamiento teotihuacano que por la extensión de los vestigios debió de ser muy grande, digo al menos porque pudo haber otros anteriores o posteriores a esa cultura, en toda el área circundante hay innumerables vestigios a flor de tierra, de cerámica y obsidiana y artefactos completos en poder de los modernos habitantes.

Incluso, creo por no haber depósitos de roca cercanos, el casco de lo que fue la hacienda debió hacerse con los restos de edificaciones prehispánicas. (a pesar de la abundancia de restos, no se ha localizado ningún edificio, lo que pudiera indicar que estuvieron ahí) Igualmente se desconoce si el asentamiento de este lugar fue parte de la también teotihuacana ciudad de el Rosario (la antigua hacienda de la Hache, que al menos por unos siglos eclipsó al Cerro de la Cruz, origen del san juan actual) donde si hay edificios o fueron desarrollos aparte. Creo que jamás se sabrá por lo que se narrará a continuación.


LOS CAMINOS, LAS PERSONAS.

Mapa de  la zona de San Juan del Río de finales del siglo XIX o principios del XX. Tomada de Internet, crédito a quien corresponda. La línea Roja doble, marca el primer camino carretero, la línea roja normal, el viejo camino, que de la cabecera, pasando por la  H (hoy el Rosario) pasaba por la Estancia  rumbo a Galindo y a Huimilpan.

Como estancia y después como hacienda, su importancia es evidente cuando nos damos cuenta de que todos los caminos siempre pasaron a su lado, desde el viejo camino prehispánico, que, del Barrio de la Cruz en San Juan del Río, pasaba por el Rosario, llegaba aquí y se dirigía a Huimilpan para terminar en el Pueblito y después a Querétaro. El nuevo camino Real desde aquí tomó su trayectoria por Pedro Escobedo, directo a Querétaro. Llegado el tiempo, también pasaron el primer camino moderno, la primera carretera pavimentadas, la carretera Panamericana y la autopista México – Querétaro. De todas fue testigo el cercano casco de la hacienda que nunca fue faustoso como algunos de sus vecinos, más bien utilitaria, pero incluía una iglesia del siglo XVII. Hoy ya no hay cruce de miradas entre los viajeros y la hacienda. En la década de 1970 la presa Constitución de 1917 la anegó bajo sus aguas, junto a muchas de sus parcelas, la zona arqueológica y la vieja capilla, que era uno de los templos más antiguos del municipio y del estado.

Fotografía tomada desde la casa grande a la antigua capilla, sin fecha pero debe ser anterior a 1969, tomada del libro  Manuel J. Campos Loyola,  un apóstol del campesino, del autor Benito J. Campos. Hasta poco antes de su hundimiento, dio servicio a la comunidad
Tuvo muchos propietarios, todos de renombre, era necesario gran poder económico para serlo, incluso hay todavía quienes juran haber visto en sus patios a Diego Fernández de Ceballos, cuando su padre estuvo al frente de ella en la década de los cuarentas. A Partir de entonces, se abandonaron las actividades agrícolas y el casco cayó en deterioro

Pocos años antes de su hundimiento, la Casa Grande se había convertido en  un cuartel, que al elevarse las aguas se trasladó al oriente de la presa, a un costado de lo que hoy es el núcleo habitacional del moderno poblado de la Estancia, con acceso por el Kilómetro 170 de la Autopista México Querétaro.
De inicio, la población del cuartel competía en número con la localidad, fiel a sus orígenes, los soldados están ahí atendiendo, además de sus deberes castrenses, una granja avícola y lechera y viven en las mismas instalaciones en un conjunto habitacional con sus familias.

La confluencia en la década de los setentas del siglo pasado, de los dos núcleos habitacionales, dió al lugar características propias, conformando la actual idiosincracia de los habitantes, algunas de las cuales trataré de incluir en las siguientes entradas.


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, la torre y algunas instalaciones, al fondo, dentro del vaso, los puntos negros marcan el viejo curso del Río, son los cadáveres de centenarios Sabinos que estaban en sus márgenes.

Hay en el blog, más entradas relacionadas, si le interesa el tema puede dar clic en los siguientes enlaces. 


La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe

Hombres lobo en San Juan del río...



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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Hay un libro, de reciente edición, de un originario de la Estancia, J. Luz Chávez Araujo, que trata muchos aspectos de la localidad además de los históricos, todavía se puede conseguir  con la Señora María Jaramillo Vega, en domicilio conocido en  ese mismo lugar.  No tomé datos de él, porque ya tenía armada esa entrada, pero es por demás interesante por la gran cantidad de temas locales que aborda.  

Creo que hay muchos lectores del blog en la comunidad, una de las entradas relativas a él, está en las más vistas.





viernes, 22 de enero de 2016

La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe.



Contrariamente a lo que se dice de las conocidas haciendas sanjuanenses de Galindo y la Estancia, en las pocas evidencias documentales tempranas que de ellas hay, no tienen relación directa alguna con la leyenda popular que las indican como propiedad de la famosa Malinche, sobre todo la primera, que se dice fue un regalo para ella de Hernán Cortés.
En realidad, en vida de la Malinche dichas propiedades no existían, incluso, creo que ni siquiera para mediados del siglo XVI.

Estoy completando un estudio sobre ambas, difícil de poner en este espacio por la gran cantidad de referencias bibliográficas y documentales que la respaldan.  Todo parece indicar que, incluso a finales del siglo XVI, dichos lugares solo eran  “estancias” es decir tierras de cultivo. La denominación de “Hacienda” como unidad productiva compleja en territorio queretano no existió sino hasta mediados del siglo XVII. Así que Cortés no pudo haber regalado ninguna “hacienda” a nadie.

La Malinche, en efecto, sí fue esposa de Juan Jaramillo Salvatierra encomendero de Jilotepec, incluido en este, la zona del actual San Juan del Río. Cabe mencionar que la figura de la Encomienda no otorgaba posesión de tierras, sino el tributo de los indios de la zona encomendada, a través de trabajo personal. Así, aunque se dice también que por ser encomendero, Jaramillo fue dueño de grandes extensiones de tierras, eso no fue cierto, ya que para ello debía solicitar “Mercedes” es decir permisos para explotar la tierra, que se concedían por extensiones grandes pero acotadas, no hay posibilidad alguna que Jaramillo haya podido obtener una merced que abarcara la Llave, la Estancia y Galindo juntas.

La leyenda parece provenir de que en algún momento, a mediados del siglo relatado, también se conceden en la zona mercedes de tierras a Luis de Quesada, esposo de María Jaramillo, la hija de La Malinche y Juan Jaramillo. (Quien en juicio había peleado y ganado a Beatriz de Andrada, segunda esposa de Jaramillo, la tercera parte de la encomienda, aclarando de nuevo que lo que obtuvo fue la tercera parte del trabajo de los indios, no de tierras)  Incluso también intervino el hijo de María y Luis; Pedro de Quesada y el hecho de ser ellos esposo e hijo de la Malinche parece ser el origen de la leyenda.

Hay otro personaje poco conocido, Juan Jaramillo “el Joven” que fue un sobrino del otro llamado Igual, que se conoció como “el viejo” quien también obtuvo  mercedes de tierras al oeste de San Juan del Río.  Los descendientes de Quesada y Jaramillo el Joven, a través de matrimonios consolidaron las dos propiedades y en algún momento se convierten en las dos haciendas mencionadas al principio.
Los mapas antiguos de San Juan del Río, en la década de 1580 identifican plenamente ambas propiedades.

La “Estancia” de Alonso Pérez de Bocanegra sería la posterior Galindo.

La “Estancia”  de Álvaro de Horca sería la después la Estancia Grande.

De esta última, ya como hacienda hay muchas referencias históricas que espero abundar más adelante. Con el mismo nombre llegó al siglo XX y su casco, aunque no original, se conservó casi hasta  la década de 1970, cuando siendo ya propiedad del gobierno federal, se decide construir en sus alrededores una presa, que poco tardó en inundar el edificio y las pocas tierras aledañas que conservaba tras el reparto agrario.

Geográficamente, su ubicación era privilegiada. Se constituyó su fundo en la confluencia de dos ríos de corriente permanente. El de la “H” Y el "Galindo", lo que le permitió desde tiempos de la colonia, la posibilidad de tener grandes extensiones de tierras de riego, a través de canales, bordos e incluso presas, aunque nunca de la extensión de la actual “Constitución de 1917”.

La ubicación del lugar desde tiempos prehispánicos atrajo incluso a los Teotihuacanos, que constituyeron en los alrededores dos centros urbanos de consideración, uno llamado el Rosario, a unos tres kilómetros al sur y otro, ubicado en los alrededores de la antigua hacienda. (Por carecer de información no puedo asegurarlo, pero parece ser que el casco de la hacienda estuvo sobre las antiguas edificaciones teotihuacanas) Por estar hoy debajo de las aguas casi todos los restos de la zona arqueológica, será difícil confirmarlo, así como la filiación de los habitantes originales, previos a la oleada imperial teotihuacana)

Para la época de su inmersión, la hacienda conservaba todas sus instalaciones completas, incluso una capilla construida a mediados del siglo XVII.
Por su altura, al irse llenando la nueva presa con las aguas de los dos ríos mencionados, la capilla fue el último resto visible de la hacienda. Incluso, llena a su máxima capacidad, la solitaria torre sobresalía entre las aguas hasta fines de la década de 1980 y en temporadas de sequía incluso se podían observar restos de la “Casa Grande”. Desafortunadamente, por estar las viejas instalaciones cerca de las compuertas, la corriente generada al abrirlas las erosionó y actualmente no es visible nada completo.

Cuentan, sobre todo los asistentes al “Acapulquito”, en la orilla oriental de la presa, que todavía en años recientes el viento permitía ver entre las olas al menos la sombra de la vieja torre, no se sí sería cierto, o producto de la ingesta de bebidas espirituosas que se consumen en el popular sitio.

Recuerdo que la primera vez que visité el lugar de niño, la torre aun  se veía perfectamente, casi no había sufrido deterioros y destacaban los decorados de cantera morena entre las paredes de piedra.

Por estar construida casi a la vera del viejo camino Real, esta hacienda vio pasar a los más ilustres visitantes de todas las épocas. Apenas a unos metros debajo de esa torre, pasó toda la historia nacional. Cuántos de nuestros héroes no tomarían un descanso dentro de ella para meditar sus acciones, quizá lo pensado en su interior  cambió nuestro destino como país. Nunca lo sabremos. El colonial monumento, hoy bajo las aguas continua su lenta pero inexorable erosión. Es difícil imaginar el dolor de algunos de los viejos habitantes, que ante la inminente inundación, arrancaron de la capilla, tres siglos después de que sus antepasados la habían colocado, la piedra que marcaba la fecha de construcción como el único recuerdo que algún día tendrían de ella, para trasladarla a la capilla del nuevo poblado donde fueron reubicados. Dice la inscripción:   "Se acabó a fin del mes de junio de 1664"

   Presento a Ustedes algunas imágenes que pude localizar:




Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1960. Parte de la Hacienda y la torre de la Capilla.


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, el ángulo contrario. La torre y algunas instalaciones.
Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, los troncos marcan el antiguo trayecto del río..


Fotograma de la película "El Extensionista"  de 1980. Desde la cortina de la presa, al fondo, la otra legendaria hacienda: Galindo.


Fotografía de J. Luz Chávez Araujo. Probablemente de la década de 1980.  La torre aún completa. 

Fotografía de la década de 1990. La corriente ya había hecho estragos.


Este fotograma me la enviaron. Solo sé que procede de un video de Internet. Seguramente es reciente, quizá la última vez que se vio algo de la torre, al fondo la compuerta de la presa. Crédito a quien corresponda.

 

NOTA DE LA REDACCIÓN: ( Mayo de 2019)  Esta entrada es una de las más leídas del blog, pero hay más información relativa en las siguientes entradas, por si quieren  abundar, dar clic en:

Hombres lobos en San Juan del Río

Especial de la Estancia 1

La alucinante plaza de la Estancia

Un culto insólito en la Estancia

El Acapulco de tierra adentro

La doble resurrección de un asentamiento

Había una vez una capilla

EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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El libro de la Estancia es de edición particular, se llama: La Estancia, San Juan del Río Querétaro, de la hacienda a la modernidad.
Se puede adquirir solo en la comunidad de la Estancia, con familiares del autor.  Ya lo había mencionado en esta entrada:
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Para los foráneos: El "Acapulquito" es una extraña zona de restaurantes ubicada a la orilla de la presa, iniciada por los pescadores locales pero que expende (o expendía, ya no sé, porque tiene un largo historial de clausuras, reaperturas, cierres, reubicaciones y hasta inundaciones) toda clase de comidas, sobre todo mariscos. Sin embargo, su atractivo no es (o no  era...) el culinario, sino el ambiente generado por los grupos musicales y el entorno... acuático?
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Otra especie de héroe, el mismísimo Santo, el Enmascarado de Plata, también hizo de las suyas en esta hacienda, interesados, pueden verlo en la siguiente entrada.
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 El día 29 a las 19 hay otra conferencia en el portal del Diezmo, sobre mapas antiguos, seguramente se hablará de los aquí mencionados y algunos más modernos, también aquí mencionados. Ahí nos vemos.
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Sin palabras, ayer. Solo gracias y dense sus vueltas.

domingo, 8 de noviembre de 2015

También en San Juan hace aire, no nomás en Cazadero


Del Cazadero a la Avenida Juárez.

No se tiene constancia cierta de la fecha de llegada de los españoles a San Juan del Río. Se sabe por una de sus Cartas de Relación, que en 1526 Hernán Cortés tuvo noticias de que “entre la costa del norte y la provincia de Mechoacán hay cierta gente y población que llaman Chichimecas” por lo que envió hacia allá 60 gentes a caballo, 200 peones y muchos indios. Supo que había también en esa zona algunos pueblos civilizados que habían sido vistos por españoles. No se tiene noticia del resultado de la expedición, ni quiénes eran los españoles que ya habían visto dichos pueblos.
Conformación del territorio a la llegada de los españoles. Nótese que en la zona de San Juan del Río no se registran pueblos, solo la leyenda "Salvages chichimeques y otomites"

Cazadero 1

Aunque ya para esas fechas el mismo Cortés había otorgado la encomienda de Jilotepec a Juan Jaramillo, consistente en el tributo de los  habitantes indios de todo su territorio, incluida la zona que hoy es San Juan del Río, era la frontera con los dominios chichimecas, razón por la cual, al menos inicialmente no resultaba un lugar atractivo. (En realidad aquí no había verdaderos chichimecas, eran otomíes y pames, algo indómitos y semi-nómadas pero no gente de guerra) Es hasta el año de 1528, cuando, según un testimonio de un juicio de 1536, Juan Jaramillo, explorando las tierras de su encomienda llega al pequeño asentamiento llamado Iztacchichimeca, encontrándose con unas cuantas casas de chichimecas, a los que obliga a retirarse. El motivo de la visita, según el mismo testimonio, fue por motivo de una cacería.

Cazadero 2
Entre Jilotepec y San Juan del Río, se localiza una gran zona plana (por su altitud superior no forma parte del hoy llamado Plan de San Juan) que abarca los actuales límites entre los Estados de Hidalgo, México y Querétaro. En la actualidad es primordialmente árida y solo poblada por unos cuantos mezquites y matorrales, pero que se supone, en esa época, con un clima más templado, sin llegar a ser un bosque, albergaba mayor cantidad de árboles.

A los espacios planos los españoles le llamaron “sabanas” y en este, cercano a nuestra actual ciudad ocurrió un hecho que por su magnitud se convirtió en noticia en todo el incipiente virreinato y ha perdurado por ya casi cinco siglos.

En el año de 1540, estando de Visita en Jilotepec el primer virrey de la nueva España, Don Antonio de Mendoza, recibió la invitación para participar en una montería y cacería al modo en que los indios lo hacían, eligiéndose para ello “unos muy cumplidos y extendidos campos que están entre Xilotepec y San Juan del Río”. Por ser una zona despoblada, se tuvieron que hacer aposentos para el personaje, criados y todos los empleados que con él viajaban.
La cacería inició muy de mañana, cuando casi 15,000 indios cercaron unas seis leguas del monte y haciendo ruido con manos y arcos avanzaron, reduciendo en cada paso la circunferencia inicial. Cuál sería la abundancia de animales en aquellos tiempos, que en esa simple maniobra, quedaron encerrados gran cantidad de ellos. Para el mediodía, el círculo se había hecho muy estrecho y por ello los indios fueron poniéndose unos detrás de otros. En ese momento llegaron los cazadores. Indistintamente arcos, flechas, arcabuces, ballestas, perros y jinetes, dieron cuenta de los animales que a su disposición se encontraban, incluso  hubo necesidad de en algunas partes abrir el cerco humano para que salieran muchos de los animales, al no darse abasto las armas.

Para ese momento, entraron en acción muchos cocineros que inmediatamente llevaban las piezas muertas a sus asadores, “llegándoles la caza a la cocina”.
Cuenta el cronista que a la puesta del sol, se había dispuesto de seiscientos venados de distintas clases, la mayoría berrendos, cien coyotes y una gran cantidad de liebres, zorrillos y conejos, muchos consumidos ahí mismo, otros más se repartieron entre los participantes, igual muertos que vivos, para todos hubo lo que quisieron y pudieron comer y/o cargar. Fue tal el frenesí de aquel día, que entre el círculo quedaron atrapadas gran cantidad de aves, que aturdidas, al final ni siquiera podían volar.

Fue tan renombrada esta cacería, más bien un “cazadero” que a partir de entonces la zona se dio por llamar “la sabana del Cazadero”. Le gustó tanto al virrey que programó otra para dos años después, 1542. No fue posible, en esa fecha, los verdaderos chichimecas, nómadas de los territorios entre Jalisco y Zacatecas se rebelaron contra la autoridad virreinal y Don Antonio tuvo que dirigir hacia allá su ejército. 

Muchos años después de ocurrida, su repercusión continuaba, seguramente, los viajeros del camino Real, trazado en uno de los extremos del llano donde había ocurrido, cuando pasaban por el lugar eran enterados del acontecimiento, constituyéndose en un referente del lugar. La primera noticia escrita de la cacería data del año de 1615, cuando Juan de Torquemada la incluye en su obra “Los Veintiún libros de la Monarquía Indiana” de donde proceden todas las referencias modernas, incluida la de Rafael Ayala.

Mapa del siglo XIX. incluye el "LLANO DEL CAZADERO"
Las casas construidas para el Virrey seguramente fueron el antecedente de la hacienda del Cazadero y hoy comunidad y Delegación Municipal, que conserva su singular nombre.

Cazadero 3
Se dice que durante todas las épocas continuaba la abundancia de animales, sobre todo de venados, que por razón del tráfico de personas se recluyeron hacia los montes y cerros cercanos. Hasta hace apenas unas décadas, en lugares tan cercanos como el Sitio, Rancho de Enmedio, Paso de Mata y otros, cercanos a los Llanos del Cazadero, se hablaba de que todavía existían.

Y prueba de ello, es la siguiente fotografía. Según la persona que me permitió reproducirla, es de los años cincuenta del siglo pasado, captada nada más ni nada menos que en plena Avenida Juárez, esquina con Allende.  En ella, posan un grupo de personas, entre ellas el exgobernador Saturnino Osornio, y parece que su pariente Don Palemón Ríos. Detrás de ellos, pendiendo de cuerdas está un grupo de ¡7 venados! seguramente producto de uno de los últimos cazaderos, y muy probablemente de los cerros cercanos al Sitio, comunidad de donde fue originario don Saturnino, próxima al Cazadero.

Fotografía de colección particular. El segundo de derecha a izquierda es el ex gobernador Saturnino Osornio, el cuarto parece ser don Palemón Ríos.
Del porqué en la avenida Juárez, solo puedo decir que en esa esquina, hoy moderno comercio, tenía su vivienda el ex gobernador. Fue una casona antigua, que seguramente él remodeló. Muchos años después, ahí se instalaron la popular cantina “la Cucaracha”, otra llamada “El León Dorado”, luego una funeraria y después una sucursal de la “casa Gabriel”. Hace un par de años, el local se remodeló a como lo vemos en la actualidad. Quien me permitió reproducir la foto es descendiente de él y fue quien me dio los detalles. Presento algunas fotografías modernas  del lugar.
Fotografía personal. Si los datos son exactos, sería el mismo lugar de la fotografía antigua, ¿Serán los mismos árboles?

Fotografía personal: La antigua casa de don Saturnino, en Av. Juárez.  Detrás del letrero rojo, la puerta ostenta una especie de celosía, con las letras S O,  sus iniciales.

Referencias:
Cortés Hernán, Cartas de Relación.

Torquemada Juan, Monarquía Indiana.
El título de esta entrada es un antiguo refrán local, que ya casi no se dice completo, solo la parte inicial.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Por andar con las prisas, en la pasada entrada omití una importante obra, dada a la luz por la mencionada editorial Librarius en el año 2013.

DICCIONARIO BIOGRÁFICO, GEOGRÁFICO E HISTÓRICO DE QUERÉTARO

Nominalmente trae por autor a don Rafael Ayala, como obra póstuma. Supongo que la dejó empezada y su hijo la completó, igualmente tengo la idea que la fue formando con muchos de los datos sueltos que iba hallando en sus investigaciones. No es exclusiva de San Juan del Río, pero como fue hecha por un preclaro hijo de esta tierra, debe ser parte del  retorno de la historia Sanjuanense.
Por su temática, es una obra voluminosa, en 703 páginas contiene muchísimos datos de personajes. Lugares y hechos olvidados, así como referencias modernas, incluso enlaces a Internet, que son difíciles de hallar en un solo tomo.
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No me lo van a creer, pero la entrada de las poquianchis ya rebasó las 2,000 visitas, no creo que sea la mejor que haya presentado, pero así es el público. Para los nuevos lectores que no la han leído, dense una vuelta a verla y… ¿Ya qué? Aumentar su rating.
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Había prometido conseguir algunos precios.
Les comunico que en la oficina del Archivo Histórico municipal, todavía están  a la venta:
La Edición 2006 de San Juan del Río, Geografía e Historia de Don Rafael Ayala, la más completa de las tres ediciones, a solo 100 pesitos. Obra fundamental e insuperable.

El libro de la Señora Marimar Santana, referente al Archivo Histórico y los monumentos coloniales de San Juan del río. Solo vale 50 pesos y ese precio incluye la oportunidad de platicar con la autora (ella es la encargada del Archivo Histórico Municipal) y de paso que les dedique el libro.

lunes, 9 de septiembre de 2013

¿Hubo una fundación?

Fotografía personal: Los tres antiguos asentamientos indígenas de la ciudad.

A continuación trataré de dilucidar porqué sostengo que es dudoso afirmar que haya habido una fundación "a la española" de San Juan del Río en 1531 o cualquier otro año posteriormente cercano. Las conclusiones son acordes con los documentos hasta hoy conocidos, aunque pudiera ser que alguno, hoy perdido, aparezca y nos dé una claridad completa.

Ya se ha dicho que por lo menos desde dos mil años antes había un poblado en este lugar, con altibajos en cuanto a población y desarrollo, siempre en la zona sur de la actual ciudad, entre las Peñas y las Peñitas. Hasta hace poco se podían distinguir tres pequeños asentamientos cercanos pero independientes, persistentes a los siglos: El Barrio y cerro de la Cruz, Guadalupe de las Peñas y Lomo de Toro, indudablemente en alguno de ellos se asentaba el lugar llamado "Iztacchichimeca" que era un puesto fronterizo de mínima importancia bajo dominio azteca, de ahí su nombre en náhuatl. Todo indica que seguían teniendo como centro ceremonial el de la cima del Cerro de La Cruz, pero sus viviendas  debieron  estar abajo de él o en los otros lugares mencionados.

Para 1521 la contracción de la frontera mesoamericana había dado lugar a que los centros ceremoniales monumentales de la región tuvieran siglos abandonados, pero la gente común seguía su vida a la orilla de río, la población era mínima. Según las condiciones de guerra lo permitieran había una mezcla de otomíes y chichimecos, que según las últimas investigaciones participaron incluso en la toma de Tenochtitlán en apoyo a los Españoles.

Cuando Juan Jaramillo el viejo, recibe la encomienda de Jilotepec hace un reconocimiento en las tierras de ella y expulsa a unas 8 familias de chichimecas, dejando solo algunos otomíes para el cultivo, esto en 1528. con un administrador de apellido Hernández.

Documentos de alrededor de 1536 hacen alusión al lugar, siempre con el nombre náhuatl, pero sin mencionar nunca ni a Nicolás de San Luis Montañez, Fernando de Tapia y menos a alguien llamado Mexici. Se menciona que en el lugar, que solo era una estancia agrícola, no un pueblo,  había un adoratorio y se identifican nombres de pobladores con más de 20 años en el lugar, jamás se menciona el que según la leyenda había sido fundado 5 años antes; San Juan del Río, es decir, no existía por lo menos en 1536 tal pueblo.

Así es que estamos hablando de un lugar anterior a la conquista, que sobrevivió a ella y por lo menos 15 años después seguía teniendo habitantes indígenas y si acaso un español, el administrador Alfonso Hernández, aunque al parecer este vivía en Jilotepec.

El nombre de Juan Mexici como fundador del pueblo, llegado de Jilotepec luego de la caída de Tenochtitlán no se sostiene en los documentos mencionados ya que los varios indios de nombre Juan que aparecen entre los documentos ninguno dice ser fundador, todo parece ser alguna confusión de los informantes de Hernando de Cárdenas que en 1582 reunió la información de los viejos habitantes para redactar la Relación de Querétaro, y alguno de ellos le mencionó a un juan Mexici, (el único filólogo que ha estudiado estos documentos dice que no es un apellido, sino que el escribiente no supo expresar lo que su informante indio le decía "mexi tzin"; en náhuatl, poquito mexicano, es decir alguien que hablaba náhuatl) como la única referencia que tenía de los viejos habitantes, lo único seguro es que se llamaba Juan y de los varios Juanes, al menos 3, que mencionan los documentos, ninguno se dice o habla de un fundador del lugar, si hubiera existido como tal, sería lo más lógico que lo mencionara, y le dieran esa calidad.

De este modo, aunque no se descarta la existencia de tal persona como fundador, si podemos decir que hasta por lo menos 1536 no hizo tal fundación porque el lugar ya existía desde al menos 20 años como un asentamiento multiétnico. Tal vez existió en alguna etapa posterior, pero ese ya es otro tema. 
Así es que podemos asegurar, a menos que el Archivo Histórico Municipal tenga algún documento que lo confirme, que las mamparas que están fuera del edificio del Centro Histórico y Cultural, en la Avenida Juárez, están equivocados, incluso mencionan un "cabildo indígena" en la cuarta década del siglo, no hay elementos para afirmarlo.  En otras entradas abundaremos sobre los años posteriores a 1536 para afirmar que no hubo fundación en ninguna época del virreinato.

Las fuentes para este artículo y su ampliación están en el libro ya mencionado, esta solo es una creación especial para este blog, con redacción libre.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La fundación según la Relación

Nicolás de San Luis Montañez, según un retrato del siglo XVIII en el Museo Regional de Querétaro

La Relación Geográfica de Querétaro

Sobre este documento, tal vez el primer informe oficial  sobre los pueblos entonces recién independizados de Jilotepec en una nueva alcaldía; Querétaro y San Juan del Río hay un magnifico estudioso,  David Wrigth (1), de él tomo el hilo para esta entrada, con redacción de un servidor:

Existe un grupo de documentos oficiales de fines del siglo XVI llamados genéricamente “Relaciones Geográficas” elaborados a manera de informe por la autoridad española de cada demarcación colonial, dando cuenta y orden al Rey de su geografía, historia y condiciones.
Entre ellas se inscribe la “Relación Geográfica de Querétaro”, presentada con ese propósito en 1582 por el escribano real de Jilotepec: Francisco Ramos de Cárdenas, en la que describe, además del pueblo principal, Querétaro, información del ya existente San Juan del Río, considerada como la más verídica, aunque escueta. Contiene algunas imprecisiones en la información, obtenida indudablemente de versiones de segunda mano por haber ya muerto quizá todos los actores principales. (Entre la supuesta fecha de fundación y la redacción de la Relación se presentaron rebeliones y ataques chichimecas, pero sobretodo hubo varias epidemias mortíferas de enfermedades traídas por los españoles que literalmente diezmaron a la población, que de por si era poca, así, los supervivientes en la zona  debieron ser  unos cuantos  y entre ellos, aún menos por edad, los posibles informantes directos, testigos o actores de hechos ocurridos cincuenta años antes) (2)

Se mencionan ahí los terrenos del pueblo de San Juan del Río, como perteneciente, tras la conquista, a la encomienda de “Gilotepec” en posesión de “Joan Xaramillo”, cerca de los prados del Cazadero, el nombre de Iztacchichimecapam para un cerrillo algo pelado, traducido como “tierra blanca de chichimecas”. Poblado, dice, iniciado por Juan Mexici tras la caída de Tenochtitlán, habitado por otomíes y chichimecos, junto a un río con muchos árboles llamados sabinos, de tierra blanca y dura etc. (3) Sin mencionar  para nada a  Montañez ni sus fundaciones aquí y en otras partes del estado o la región que pregonan sus relaciones. Cosa que hubiera sido difícil no incluir si hasta temas menores le ocupan, como el recuento de la famosa cacería efectuada  a la manera de los indios por un Virrey en los llanos al oriente del municipio y que les dio el nombre que aún conservan: “Cazadero”.
Cabe agregar que esta Relación Geográfica es el único documento cercano a la supuesta fecha de fundación que menciona a Juan Mexici, adicionando que este “buen yndio”, ya tenía muchos años de haber fallecido, y que es Ayala, compaginando esta información con otro documento, quien lo hace converger temporalmente con Nicolás de San Luis Montañez, dejando entrever que ambos, en razón de sus lazos étnicos, pactaron la fundación pacífica del pueblo el 24 de Junio de 1531. (4)


1) David Wright, investigador estadounidense. (Nacionalizado nhañu, vía matrimonio) Trashumante académico que ha regado su saber por casi toda la antigua tierra de sus antepasados políticos, es decir entre Querétaro, Hidalgo, Guanajuato y estado de México, quizá la persona viva que más ha escrito y conoce sobre esta cultura y la zona durante el periodo colonial. Fue el primero al que leí refutar con argumentación sólida la tradicional historia de la fundación de Querétaro, dejando por lo menos en apócrifa la serie de escritos llamados “Relación de Méritos de San Luis Montañez” y similares. (Luego supe que otros ya lo habían intentado, igualmente argumentados, trabajos que no han tenido la difusión que merecerían, siguen apareciendo con éxito escritos  y libros completos repitiendo una y otra vez la leyenda.

2) Somohano cita al menos dos de estas mortandades entre ambas fechas, una en 1543, que afectó a todos los indios de la Nueva España, reduciendo su población a por lo menos una quinta parte, otra en 1576 mató a la mitad de los indios. Ver Lourdes Somohamo Martínez, La movilidad poblacional en Tlachco/Querétaro, siglos XVI y principios del XVII, en revista Papeles de Población, julio-septiembre, No. 049. Toluca, México, 2006, Universidad Autónoma del Estado de México. pp.  244 a 250. La segunda epidemia es relatada también en la Relación de Querétaro, nombrándola “pestilencia que dava de muchas maneras”, ver Relación  Geográfica de Querétaro, en Wright, 1989, op. cit. p. 131.
3) Cfr. Ibid. pp. 127 a 130.


4) Aunque en honor a la verdad, parece que Ayala,  tras publicar en 1948 la relación completa de la fundación, para 1971 en que aparece su obra magna sobre Historia y Geografía de San Juan del Río, parece tener ya ciertas dudas sobre su autenticidad. Solo hace mención del contenido en general, sin citar la procedencia original, refiriéndola como la relación que “he revisado”, agregando empero transcripción de documentos completos con cita de origen relativos a un asunto secundario como la fundación de Tequisquiapan, lo que parece ilógico teniendo todo el espacio necesario para una transcripción completa y su fuente, de la fundación del lugar de su tema principal; San Juan del Río.


continuará: por lo pronto, se proponen varias interrogantes:
 
¿Porqué 24 de junio de 1531?

¿Existió en esas fechas un indio llamado Juan Mexici?

¿Porqué un fundador desaparece y solo es nombrado una sola vez en la historia antigua y miles en la "historia actual"?

¿Si hubo fundación?