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martes, 21 de julio de 2015

Los juegos, la otra feria.




 ANTECEDENTES


Ya otras veces, en este mismo espacio, me he referido a la llamada Plazuela Guadalupe Victoria, popularmente  conocida solo como " La Plazuela", ubicada apenas una cuadra al sur de la Av. Juárez.  Por alguna razón, a pesar de su cercanía con el centro, conservó hasta hace poco, en las dos cuadras que la componen, características pueblerinas dentro de lo que se iba convirtiendo en la gran ciudad de San Juan del Río. Hoy detallo una de ellas, que se instalaba ahí pero era disfrutado por todos los habitantes de la ciudad.

Con el dominio del automóvil, que ha copado todas, hoy la calle es una más, adaptada a dicha característica de las modernas urbes. Si acaso, quienes no la conocieron antes, se extrañan de su anchura inusual, que le permite, además del carril de flujo de los autos, contener al frente, una base de taxis suburbanos. Tan amplia es, que en la década de los sesentas del siglo pasado, albergó una cancha de básquet bol, muy popular, por ser la única de la ciudad por aquel entonces.

Dado que las calles que en ella confluyen, anteriormente eran arroyos, en temporada de lluvias, el agua dejaba sedimentos de piedra, tierra y otros desechos que poco a poco cubrieron la plancha de cemento. De inicio los vecinos y usuarios, la desenterraban a fin de regresar el espacio deportivo, hasta que se abandonó por completo, sobre todo porque las nuevas escuelas se construían con cancha incluida.  Los tableros y postes de concreto poco tardaron en caer. Para 1970 ya solo existía su recuerdo, sepultado bajo una capa de tierra y solo a veces, las caprichosas corrientes de agua pluvial dejaban al descubierto parte del concreto. El  espacio fue  tomado entonces por dos clases de juegos, los callejeros y los mecánicos.


JUEGOS TRADICIONALES

Hasta entonces su amplitud, ausencia casi total de tráfico (Fernando de Tapia, 2 de Abril y Reforma se empedraron hasta 1968 -no así la plaza- antes tenían cantera desnuda a flor de tierra, con las Peñitas ocultas en parte por casas y en el arroyo de las calles el paso del agua había formado canales en la cantera, además de rocas sueltas, que hacían difícil el paso de autos) pero sobre todo, el piso de tierra significaban un verdadero paraíso lúdico para los niños, que practicaban lo mismo fútbol, que béisbol y otros juegos más tradicionales como los encantados, la roña, el resorte, los quemados, el "stop" y sobre todo el localmente famoso “chinches al agua". Incluso recuerdo, que aunque muy poco, todavía se practicaban muchas de las rondas que hoy solo se ven en los festivales escolares.
Los árboles gigantes, afuera de la viña hacían casi imposible el encontrar a alguien al jugar a las escondidas. El espacio era de uso común, los que más lo disfrutan eran los  locales, pero también venían niños de la entonces Cóporo, (Melchor Ocampo) la Cuesta (Fernando de Tapia) 2 de abril y Pino Sur. Incluso ya urbanizadas las calles aledañas, eran tan pocos los autos que por ahí circulaban, que se recuerdan puntualmente dos de los únicos vehículos constantes, la camioneta Apache del hotel Jalisco, ya desde entonces clásica y la panel naranja del Padre Leal, tan vetusta que solo la intervención divina explicaba su funcionamiento.

LOS "JUEGOS"  MECÁNICOS O "LA FERIA"


Fotografía aérea de 1970 del desaparecido DETENAL. Curiosamente  captó la calle ocupada por los juegos mecánicos y puestos adyacentes. Se puede distinguir al centro, la sombra del "pulpo" y semi cubierta por los árboles gigantes, debajo de la primera "e" de Allende, la rueda de la fortuna. Las flechas marcan los juegos y puestos..
Supongo que desde que la cancha se descontinuó, en la plaza fue costumbre durante muchos años tiempo que funcionara lo que nosotros conocíamos como “la feria” o “los juegos” y que consistía en la instalación durante semanas y hasta meses, en azarosas fechas, de juegos mecánicos y puestos de venta de alimentos o para probar suerte o habilidades que los acompañaban. No se crea que eran unos cuantos como ocurre actualmente que se instalan solo por no tener a donde ir, en la periferia, se trataban de una compañía completa (casi siempre eran las “Atracciones Alcántara” aunque llegaron a estar  las “García”) con las atracciones más modernas de la época. Con el tiempo llegaron a tener ciertos lugares preestablecidos.

A su llegada, las dos cuadras de la Plazuela eran ocupadas y se podía ver entonces al terrible “pulpo”, (al iniciar la subida) los tradicionales caballitos, (frente a la cantina la “Surianita") la romántica “rueda de la fortuna”, (en el portón de “la Viña”) los remolinos -casi siempre al centro de la plaza- las sillas voladoras, etc. Los espacios menores se ocupaban por los puestos: el tiro al blanco con rifles de aire, los globos con dardos, las canicas y los de hotcakes. También llegó a venir “el martillo” (el juego mecánico más temible que haya existido, del que nadie salía limpio, literalmente) y la increíble mujer araña. (Que se quedó así por desobedecer a sus padres) (A diferencia de su hermana gemela, completamente normal que solo  salía en el día) (Y creo que prima hermana de la mujer lagarto, capturada en el golfo de México, que se le parecía muchísimo)


Imagen de Google Earth 2015. el área verde delimita la Plazuela, su anchura solo era superada por algunas partes de la Av. Juárez.
Aunque algunas personas las confunden en sus recuerdos, estas atracciones no tenían que ver con la feria de la ciudad del mes de junio, eran un acontecimiento aparte, nunca simultáneo, aunque muchas veces fueron más atractivos y visitados estos que los del centro de feria, por entonces en el jardín Independencia
Imagen tomada de los calendarios de la CANACO SJR, al parecer de la década de 1960, crédito a quien corresponda. Muestra el centro de feria (esta sí, la de junio) en la Plaza Independencia, el juego a la derecha es el pulpo" que también se instalaba en la Plazuela.

Por la época en que estamos hablando, los juegos más modernos que llegaron fueron los carros chocones y el trabant. A pesar de eso, la afluencia de gente del entonces pequeño pueblo, carente de diversiones, antros y bailes gruperos era enorme,  sobre todo los domingos por la noche, a las diez ya no cabía ni un alma en la vieja plazuela, aunque funcionaban todos los días. La duración de su estancia en la calle era muy variable, pero nunca menor a tres semanas. Sus precios eran módicos, solo algunos  especiales o de novedad costaban un poco más. La última vez que recuerdo que estuvieran, fue por ahí de 1979, los acontecimientos que a continuación detallo, determinaron la desaparición de los juegos mecánicos y los tradicionales.

EPÍLOGO

En la década de 1980 llegó al fin la modernidad a la vieja Plazuela; para empezar se cambió el vetusto drenaje de rancho por un grueso tubo de más de medio metro de diámetro finalizando así las crecientes de agua a todo lo ancho de la calle.  Casi simultáneo, llegó el empedrado, entonces símbolo de status porque dejaba de ser de calle terrosa y hasta se podía barrer sin empolvarse, para ello el municipio primero hizo desaparecer el puesto de frutas y verduras ambulante pero fijo que Don Marcos tenía construido con ladrillo y cemento casi a mitad de la calle, frente al número 17 aunque según él era provisional. En el colmo de la modernidad, aprovechando la anchura se decidió instalar aquí el monumento a la bandera, a mitad de la calle frente al número 8. Inaugurado solemnemente por ahí de 1980 soportó varias ceremonias cívicas aunque no duró mucho, lo acompaño un camelloncito, es lo único que sobrevive.

El momento que determinó por completo el actual destino de la calle fue cuando se decidió pavimentarla. Antes de ello, se les explicó a los vecinos, que tenían que cubrir parte del costo, que con el pavimento se evitarían los problemas que se tenían al barrer el empedrado, que los niños al jugar ya no se ensuciarían de tierra y toda clase de explicaciones surrealistas que convencieron a la inocente gente de entonces, quienes pagaron su parte correspondiente, (la modernidad cuesta) iniciando las obras. Nunca volvió a jugar un niño en esa calle.
Imagen tomada de Internet, crédito a quien corresponda, este era el "Trabant" el juego más moderno que llegó a la Plazuela, nada que ver con los actuales, pero entonces causaba furor y largas filas para abordarlo.

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 Bibliografía: Mis recuerdos.

El texto se tomó del libro de mi autoría "La acequia del Pueblo" con adaptaciones para este formato y retirando información no relacionada.

La próxima entrada continúo con los barrios.

jueves, 2 de abril de 2015

La muerte de un gigante



Fotografía personal, El último gigante,  2015.
Las viejas fotografías, de inicio del siglo pasado, nos muestran que casi todas las calles de la ciudad, estaban profusamente arboladas, además de las huertas que al interior muchas tenían.



Crédito a quien corresponda,  el rectángulo marca el área arbolada de la Plazuela Guadalupe Victoria, en el primer tercio del siglo XX
Por causas de la modernidad; el comercio, la urbanización, pero sobre todo para permitir el tráfico, estacionamiento y entrada de vehículos, a partir de la mitad de la misma centuria, fueron víctimas de una lenta pero incesante tala, que no se ha detenido hasta nuestros días.
Por no tener paso de vehículos, algunos espacios de la ciudad conservaron grandes árboles hasta hace unas cuatro décadas. Uno de esos lugares es la vieja Plazuela Guadalupe Victoria, antigua "de los trabajos". A pesar de situarse paralela, apenas a una cuadra de la gran avenida Juárez, se le consideraba un barrio de “periferia”. Ya he relatado las circunstancias especiales en cuestión hidrológica que tenía, por lo cual,  el espacio, desde el inicio de nuestra ciudad estuvo profusamente arbolado, incluso por ejemplares gigantes. Su gran tamaño se debía a que desde siglos atrás tuvieron riego, natural, de las crecientes que en época de lluvia bajaban de las partes altas del cerro del Calvario, y  artificial, que casi no tuvo ninguna zona del pueblo, de la acequia que pasaba en la acera sur, y de un pozo que existió una cuadra arriba, en unas peñas, hoy ocultas por la esquina sureste de 2 de abril y Fernando de Tapia, que llegaba abajo a través de un pequeño canal en la orilla de la banqueta, regando la mayoría.

Hasta 1960, conservaba, todo el arbolado, en ambas aceras, cuando el municipio, siempre previsor, decidió talar algunos, de las orillas y el centro  y aprovechar la anchura de la calle para construir la primera cancha pública de basquetbol con piso de cemento que se recuerde, la cual fue un éxito. Incluyó la inauguración con presencia del Gobernador del estado y una placa conmemorativa. El deporte se puso en auge y se hizo popular, así como el espacio aledaño. No hubo problemas de tráfico, porque no circulaba ningún vehículo ya que las calles aledañas todavía eran peñas de cantera morena.


Recreación Personal, La Plazuela en 1970, se incluyó la cancha, aunque ya estaba enterrada, el árbol pequeño era el del 10 negro, a la derecha, solo se dibujo uno de los gigantes afuera de la huerta de la Viña, aunque eran cuatro de ese tamaño.
Sin embargo, la cancha no duró mucho, tenía el inconveniente de que tras cada lluvia la plancha de cemento se cubría de arena y tierra al bajar las crecidas de agua, si bien le iba, si no, podía llenarse también de basura, piedras y ramas, incluso pequeños árboles provenientes de las entonces desoladas partes altas. De inicio me cuentan que todos, vecinos y jugadores locales y foráneos acudían a limpiarla, pero en época de lluvias abundantes, terminaron por cansarlos y la cancha quedó sepultada debajo de la tierra. Un buen día, afines de la misma década, los postes de cemento fueron tirados y la cancha quedó en el olvido, aunque por la misma tierra, se convirtió en un paraíso lúdico para los niños de la calle y las circunvecinas. Por esas fechas, se empedraron algunas calles de los alrededores (2 de abril, Reforma, Fernando de Tapia) no así la plazuela, pero al secarse el pozo de las Peñitas, muchos de los árboles que regaba corrieron igual suerte. 

Para mediados de la década de 1970, sobrevivían algunas jacarandas y ficus, muy pequeños, pero afuera de la huerta de la Viña, existían cuatro fresnos que eran de los árboles más grandes que tuvo la ciudad en cualquier época, crecieron así por haber sido irrigados desde siempre por la acequia del pueblo, a cuya vera se encontraban. Supongo que por ello y tener todo el espacio disponible fue que alcanzaron tan enorme altura (30 m) y grosor. (Unos cuatro de diámetro) Los habitantes más viejos de la calle recordaban que desde niños ya eran así, le calculaban más de doscientos años, incluso mi bisabuela contaba que en la época revolucionaria, en ellos habían ahorcado a muchas personas.

Por haberse entubado la acequia a principios de la misma década, esos gigantes comenzaron a morir y secarse, tan frondosos eran que había personas que solo recogiendo sus ramas caídas juntaban la suficiente para cocinar diariamente. Posteriormente, el municipio, siempre previsor,  consideró que la caída de ramas secas era un peligro latente y decidió talarlos, en una labor que consumió semanas, vía hachas. Especialmente difícil fue sacar las enormes raíces, ya podridas. (El único vehículo que circulaba hasta entonces por ahí era una camioneta Apache que tenía el dueño del hotel Jalisco)

En la acera de enfrente, pero en la esquina con Reforma, quedaron dos grandes alcanfores o eucaliptos, igual de altos, pero supongo no eran tan viejos ya que su ritmo de crecimiento es más rápido,  aun así,  su gran diámetro indicaba que debieron tener al menos unos 100 años, esos fueron talados en la década de 1980, El municipio, a pesar de ya contar con sierras eléctricas, no cayó en el error anterior, solo los cortaron a ras de piso, ni siquiera intentaron sacar las raíces, que quedaron ahí, pudriéndose. Incluso esa esquina no pudo ser empedrada ni pavimentada, conserva en tierra el espacio que ocupaban los árboles. (Para entonces, empezaron a hacerse cambios en la Av. Juárez que trajeron circulación vehicular constante por esta calle)
Fotografía Personal, Esquina de la Plazuela con Reforma, donde estaban los dos alcanfores


Imagen de Google Earth 2015  La calle Guadalupe Victoria
Insignificante por entonces, frente a sus enormes vecinos, sobrevivió en la acera sur un fresno de unos 15 metros de altura, afuera de la casa marcada con el 10 negro, que en la época actual es el único árbol de respeto que le queda a la calle. (Los insignificantes arbolillos de enfrente que a veces puede uno ver bajo tanto polvo que acumulan, son muy recientes)

Este sobreviviente, tal vez de más de un siglo, ya casi no creció, seguramente por la carencia de agua, que le negó una modernidad representada por el pavimento que cubre la superficie donde deberían alimentarse sus raíces. Se está secando, hasta hace unos años, todavía retoñaban algunas ramas, creo que ya no lo hará más. Seguramente lo hacía intentando con ellas escuchar una vez más, debajo suyo, los gritos y risas de niños y adultos en los inocentes juegos de entonces. Hoy solo percibe el incesante ronroneo de motores. Hace más de 20 años que ningún niño juega en la calle, silencio que mata. Ese árbol, que vio al Padre José Morales Flores, intentando a su sombra ser  torero, que vio jugar de niños a Francisco Rosales “la lagartija”, al “Checo” Olvera y tantos futbolistas sanjuanenses, (incluso, aunque no lo crean, como portero, al después basquetbolista profesional Oscar Aguillón) perdió su razón de ser, muere y con él la época en que los niños se hacían futbolistas en las calles, porque eran suyas.

Fotografía personal. Solo ramas secas
    No es reclamo, yo solo narro.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Juana la loca

Oleo del Maestro Armando Otero, "Juanita la loca"

Hace muchos años, no se si por disposición oficial o simplemente por cuestión de tamaño, existía una distinción de nombre en los espacios abiertos. Solo la Principal, actual Plaza de la Independencia merecía ese calificativo, el resto eran llamadas popularmente “Plazuelas”.

 Hasta finales del siglo XIX, nuestra ciudad, San Juan del Río, Qro., conservaba varios lugares públicos con esa denominación, la mayoría paupérrimos, y eran los siguientes:

a)      Plazuela de San Juan Bautista: Actual Plaza de los fundadores. La más antigua.
b)     Plazuela de Santo Domingo. Luego Jardín Leona Vicario, luego de la Mujer, creo que hoy es el Jardín del arte, está en Av. Juárez, a un costado de la Iglesia de Santo Domingo.
c)      Plazuela del Sacromonte: Actualmente la parte poniente del Jardín de la Familia, en la misma avenida Juárez.

d)      Plazuela del Baratillo: Esta en realidad no tenía espacio fijo, era una especie de ubicación del tianguis diario, así que estaba en el lugar en el que el municipio ubicara a los comerciantes.

e)      Y finalmente: la más “abandonada y alejada” de todas, la Plazuela de los trabajos:

Fotografía personal. Desde la Cuesta, abajo, en lo plano, la Plazuela Guadalupe Victoria.
Llamada después Plazuela Guadalupe Victoria, en realidad no fue construida como tal, sino que era simplemente una calle más ancha que las demás, su amplitud se debía a que en ella desfogaban en tiempos de lluvia varios arroyos, de las partes altas de las Peñitas, por las actuales calles Fernando de Tapia, (antes la Cuesta) 2 de abril, (Santa Veracruz) Reforma, (antigua de los Leñadores) incluso de Melchor Ocampo, (antes Cóporo) que pasando la parte ancha, convergían y convergen antes de llegar al Río.
Originalmente aquí terminaban los cultivos de los Indios en el sur del pueblo y donde realizaban, en plena calle, labores  adyacentes tales como el desgranado, seca de semillas, fabricación de textiles, jarcería, curtido, etc. Por esa razón se llamó  así: Plazuela de los trabajos. A principio del siglo XX se le asignó el nombre de Plazuela Guadalupe Victoria, que duró hasta hace poco. Hoy, perdió la distinción, solo se llama calle Guadalupe Victoria.
Inicialmente era más amplia que como se ve en la actualidad, se extendía al norte desde la barda trasera de la antigua cárcel y casas Reales hasta el fondo de las actuales casas de la acera sur. Al perder los indios sus propiedades comunales, a mediados del siglo XIX, se construyó una línea de casas en ambas aceras, constituyendo la actual calle, con el ancho arroyo que se ve actualmente. La humedad favorecía el crecimiento de árboles, hasta 1960 ambas aceras contenían casi cada 5 metros gigantescos árboles que poco a poco fueron talados por el municipio, siempre previsor, quitándole la belleza a un lugar, que si bien no era 100 por ciento natural, constituía el espacio urbano más arbolado de la ciudad, exceptuando los jardines del centro.

En su esquina con Allende, se ubicó la Huerta de la Viña, que durante muchos años fue la única propiedad española en este rumbo del pueblo, originalmente también era de los indios, pero había sido vendida desde siglos atrás a la familia Quesada. En medio de ambas propiedades, la española y la comunal de los indios había un canal de riego que daba servicio a ambos y cuya salida en la Plazuela de los trabajos, daba nombre a la calle del Canal, (actual Allende) porque desde ella se veía, pasando afuera de la huerta, la última de las grandes del pueblo en desaparecer, actualmente es la moderna y comercial “Plaza los Faroles” y parte del B. Hidalgo.


Comparativa del óleo de Otero, representa la Esquina de la Plazuela Guadalupe Victoria en la década de 1970, la entrada a la huerta de la viña, los árboles gigantes, Juana y sus perros, solo sobrevive el hotel.

La Plazuela, (así se le llamaba popularmente) por su antigüedad (hay referencias de ella desde el siglo XVI) tiene infinidad de historias que contar, hoy me referiré a un personaje casi contemporáneo pero que la modernidad olvidó: “Juana La loca”

A esta plazuela llegaban, por la calle de Cóporo, los habitantes de las comunidades del sur del municipio; tenía, hasta la década de 1970 muchos comercios, desde pulquerías, cantinas y el expendio de petróleo. (el diáfano, para las estufas)  Entre ellos, en la acera norte, tenía su casa y un local de venta de chicharrones, Don Toño Rico, que fue el último sobreviviente de los carniceros tradicionales del pueblo,(nunca tuvo refrigerador) quien orgullosamente, con su delantal de cuero, se ostentaba también como el último de los muchos que tuvieron el cargo de mayordomo de las fiesta religiosas.
Imagen de Google Earth.  Acera norte de la Plazuela Guadalupe Victoria, la casa amarilla con el toldo azul, era la de Don Toño Rico, afuera, la de Juana. (no estoy seguro de la antigüedad de los árboles que se ven, pero creo que son posteriores al relato) 
Fuera de su casa, en plena calle todavía completamente de tierra, había varios árboles jóvenes- jacarandas y casuarinas- bajo ellos tenía su vivienda un extraño personaje; “Juana la loca” que era una joven pordiosera algo afectada, célebre por estar siempre acompañada por una multitud de perros, obviamente callejeros a los que alimentaba con sobras que recogía durante el día en incursiones por varios rumbos de la ciudad. Lo de vivienda es un decir, al llegar la noche simplemente colgaba algunos trapos de los árboles y se disponía a descansar, protegida por los animales. (o al revés, no se) Vestía siempre con andrajos y las pocas veces que se bañaba era en el cercano río, con jabón de polvo, esta práctica no era frecuente en ella, las más de las veces el descuido la hacía ver de una edad mayor de la que realmente tenía.
Aunque era algo agresiva, nunca hizo mal a nadie, pero sí fueron célebres sus disputas con la policía, a los que muchas veces burló, pero otras tantas, fue subida a “la julia” (una vieja suburban en donde la policía trasladaba a los detenidos) por los "pinches tecolotes" como les decía.

No puedo recordar la última vez que la vi, debió ser a finales de esa década, vagamente recuerdo que siempre me saludó. Los niños la evitábamos por los perros, solo platicábamos con ella cuando no traía tantos. Un día desapareció, no se sabe si por voluntad o fue el municipio quien la retiró. No regresó nunca a sus “habitaciones” ni a su "baño". ¿Quién era? ¿Cuál fue su historia? Nunca se supo. No puedo decir que su “vecinos” la extrañaran, recientemente me contaron que murió con el siglo que la vio nacer, en un manicomio de la ciudad de México. Durante algo de tiempo los perros que la acompañaban rondaban la calle, luego se alejaron, como su recuerdo.
A lo mejor volvió un día, ya mayor; encontró la casa de don Toño cerrada y abandonada, casi todos sus árboles cortados y sustituidos por taxis blancos, imposible dormir otra vez en la calle -ya no había la suave arena de antes -el pavimento es frío- tal vez fue al río a bañarse pero ni en su demencia se atrevió a entrar a tan contaminado lugar, tal vez por eso prefirió quedarse en México. Si no murió a causa de su mente atormentada, a lo mejor fue por la nostalgia.

 
La imagen que presento es una obra reciente del pintor del Barrio, Armando Otero, (su familia vivía  y vive en el callejón de 2 de Abril, por  cierto, su papá don Raquel tenía una Pulquería en la Plazuela) representa, frente a la entrada de la huerta de la viña a “Juanita la loca” como él la llama, a lo mejor la conoció más chica, yo la recuerdo como “Juana” explica que su “vivienda” era en la pared de la huerta, debió de ser antes, en mi época ya se había “mudado"  a afuera del No. 5.
Espero les guste el relato, sé que me he atrasado un poco en las entradas, pero espero reponerme en estas vacaciones. Agradezco a los vecinos de San Juan del Río en el Tiempo la inclusión de datos de esta página en la suya, sin cortes, y como estoy seguro que esta es de las que les gustan, espero que tampoco le corten tanto.