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sábado, 25 de abril de 2020

La leyenda que no fue

LA LEYENDA QUE NO FUE


 



Siendo niño, esporádicamente escuché en el entorno familiar, la historia que voy a tratar en esta entrada.

Por lo que de ella se relataba, me pareció siempre una leyenda con ubicación temporal y geográfica muy lejana, tanto que, con el tiempo, la olvidé… o casi.

En fecha reciente, creo que unos cinco años, entre algunos relatos de manufactura reciente que me fueron proporcionados por una amiga, de varios autores que los presentaban como leyendas sanjuanenses, casi todos me parecieron adaptaciones de pasajes de Rafael Ayala, cuentos o relatos más que fantásticos, otros se limitaban a la simple descripción, sin formato o motivo de leyenda, sin embargo, uno de ellos hizo saltar mi memoria a años pasados; destacaba por tratar un tema completamente diferente y además era, casi letra por letra, lo que yo había escuchado desde niño.

Con ese antecedente, acometí a leer de inmediato. Por la magistral forma en que la redactó su autor llevaba su lectura, en primera persona a veces, otras en segunda y otras solo como relator, a identificarme con él, ya que no se limitó al hecho en si, sino que recreó completamente la atmósfera del espacio y tiempo en el que transcurre y a su vez, yo como lector empecé a identificar esos lugares como algunos conocidos o escuchados siendo niño.

Así, en la fascinación que produce la lectura de algo que te hubiera gustado escribir, me di cuenta que lo que había supuesto de niño, no era tan lejano en tiempo ni lugar, incluso, todo discurre a unos cuantos metros del lugar donde transcurrió la primera etapa de mi vida. El autor firma únicamente como Joaquín Fonseca, y aunque he tratado de averiguar de quién se trata y si todavía vive, no he tenido éxito. Parecía que hasta ahí iba a llegar todo, pero vino en mi auxilio la musa Clío, de la manera más  inesperada.

Resulta que una tía mía, de rebote, porque el destinatario original era otro, me encargó que le platicara un relato que ella quería que conociera él, y que me dijo era la versión real de la “Llorona Sanjuanense”, real porque ocurrió cuando ella era niña y fue testigo de los hechos, incluso que el protagonista vivía en casa de su familia, en la calle 2 de abril en los años 40s del siglo pasado.

Y cuando me comenzó a describir los hechos acontecidos y el protagonista, resulta que la leyenda que mencioné al inicio, “Reyes“  de Fonseca, y lo que me decía, eran lo mismo, peor aún, Reyes tenía además de ese nombre, apellido y una vida real. Mí tía ubica los hechos en la década de 1940, y zas, resulta que encontré un relato que debió hacerse leyenda, pero no lo logró y resultó en una serie de recuerdos, pero que tenían todos los elementos para constituirla.


Imagen tomada de Google Street Viewer 2020. A la izquierda, en el actual numero 35, la casa donde vivía la familia de mi tía y el protagonista. A continuación, las otras 6 casas entonces de la misma dueña.

Datos de la vida Real.

Vivía ella, siendo niña, con su familia, en la tercera cuadra de la calle dos de abril, también conocida como la de la santa Veracruz casi al inicio de la subida del Calvario en el número 19.

Su casa, ubicada en la acera oriente, como varias de sus vecinas, tenía una entrada independiente y un solo cuarto grande como construcción, pero en la parte trasera, había un patio común con las de los vecinos, inquilinos todos (eran 7 casas) de los dueños entonces, don José Becerra y doña Merceditas Ballesteros que vivían en la calle Guerrero.

Sus padres, sin tener una relación de parentesco directa, habían, “recogido”, es decir daban alojamiento en su vivienda a un par de adultos, hermanos ellos, ambos habían sido abandonados por sus esposas, uno por haber quedado ciego y otro por su afición a la bebida. Sus nombres son respectivamente Filemón y Reyes Miranda.

Imagen tomada de Google Street View 2020. Tomada desde el ángulo contrario, aproximadamente después del árbol  sobre la calle, a la derecha, el conjunto de casas.

El invidente, sobrevivía de la caridad, trabajos ocasionales y los cuidados de la familia, apoyando en lo que podía a don Pedro, (el papá de mi tía) de oficio carpintero, Reyes en cambio, cuando la tomadera se lo permitía era trabajador como pocos, cuando no se lo permitía de todos modos trabajaba. Pocas cosas no cabían en su repertorio, ayudante general, cargador, peón y todo aquello que requiriera la fuerza necesaria de un sanjuanense de los de antes, al que mi tía describe como moreno, alto, bien parecido y a veces hasta con ínfulas de galán. Lo poco que le dejaban sus eventuales trabajos en el entorno del mercado, las fincas cercanas, la estación del ferrocarril y la incipiente carretera panamericana lo dedicaba sobre todo a su vicio y contadas veces, a apoyar a la familia que lo había recogido (no necesariamente en ese orden)

En uno de esos días de trabajo, ya medio encandilado por los tragos, accedió al entorno de su vivienda, se ignora si venía por las primeras calles de Dos de Abril o subiendo de la Plazuela, el caso es que al llegar a la encrucijada de ambas calles, donde metros arriba existía un pequeño pozo de agua con brocal circular de piedra, Reyes vio que estaba ocupado por una mujer, al parecer joven, vestida de blanco, con una larga cabellera negra y a  la que adivino guapa.

Imagen tomada de fotografía antigua, probablemente de Layseca, aproximadamente en la época del relato así lucía la calle. La línea muestra el conjunto de casas de la misma dueña. Donde vivía Reyes sería la última.

No eran esos lugares como ahora, que bullen de autos, ni siquiera había espacio para que circularan los pocos que había en la ciudad y ningún vecino estaba afuera, el mundo era solo de él… y la dama.

Se acercó y sintiéndose aceptado se sentó junto a ella, el sentir que no era rechazado, le dio valor para acariciar la sedosa y azabache cabellera, incluso se atrevió a decirle lo mejor de su repertorio en piropos, pidiéndole que volteara para verla, no creía en su suerte y eso lo volvía atrevido.

Imagen tomada de Google Street Viewer 2020.  la cuesta, actual Fernando de Tapia, en su cruce con 2 de Abril. El  punto azul señala la antigua ubicación del pozo de la aparición.

El caso es que al hacerlo, la mujer que supuso de bello rostros, resultó que tenía cara de caballo y la cabellera que se deslizaba entre sus dedos no era más que sus crines.

Se desconoce lo que pasó en los momentos posteriores a la aparición, el caso es que Reyes llegó a la casa relatando el hecho y estuvo enfermo muchos días.
¿Fue una alucinación de Reyes o de verdad vió a la auténtica Llorona Sanjuanense? Supongo que jamás lo sabremos.

Como ven, el relato con todos los merecimientos para convertirse en una leyenda al menos local, se fue perdiendo con la dinámica poblacional del barrio, los vecinos fueron mudándose y pocos se conservaron en el lugar, muchos menos conservaron el recuerdo, años después, el pozo fue tapado y la calle urbanizada en la medida de lo posible. (Como su nombre lo indicaba, antes de ser Fernando de Tapia, era una cuesta, el último rescoldo de las Peñitas, antes de que se internen debajo de las calles del centro histórico, toda la subida estaba salpicada de obstáculos, la roca viva y muchas piedras sueltas,  y sobre ellas apenas bajaba un serpenteante caminito en el que solo cabía una persona, de tal manera que si  a lo lejos se veían alguien que quería subir y alguien que quería bajar, uno tenía que esperar. A las orillas, los vecinos, en el transcurso de siglos habían instalado sus viviendas sobre la peña o armando pequeñas terrazas con rocas suelta. Ya todo ha desaparecido, la Cuesta sigue siendo cuesta, tan empinada que los autos deben subirla a gran velocidad para no pasar sustos,en un trajín que no se detiene en el día,  es la vía alterna, en sentido contrario de la Avenida Juárez, la principal del centro)

Imagen tomada de una pintura de Armando Otero, La cuesta en su recuerdo, unos 20 años después del relato. Muy favorecida, le falta el caminito sinuoso, muchas piedras sueltas y varios desniveles. No cambió en siglos hasta su compostura a la apariencia actual al final de la década de 1960. Donde sube la señora estuvo antes el pozo, a su izquierda, "el Mashin" personaje popular,  contemporáneo de Reyes.
Como los vestigios, en pocos años la historia se desvaneció entre las calles de la ciudad a donde fueron a dar quienes conocieron a Reyes, la familia Hernández vivió muchos años en ese lugar y en calles del entorno. Mí tía se fue de ahí soltera y al casarse regresó. Hoy vive, apenas a unos 30 metros debajo de donde Reyes recibió la lección de su vida.

¿Murió Reyes a causa de la aparición? Fonseca dice que sí, pero que no había sido el único, que otros vecinos ya habían tenido la misma aparición y fatal destino, mi tía dice que no lo recuerda, pero al menos no murió de pronto y sí dejó la borrachera. Hoy solo el relato de Fonseca, la narración de mi tía y el recuerdo de los pocos contemporáneos que quedan, son sus únicos testimonios.  La leyenda ya no fue, no permeó a los tiempos modernos, que ya son otra cosa, o difundiéndola, a lo mejor. Será cosa de hacérsela llegar al conocido contador sanjuanense de leyendas y ocasional lector de este blog, Juan Carlos Zerecero, el Diablito del taxiván de leyendas.

Aclaro que en la ciudad, aparte de las religiosas, no hay leyendas, todas son acomodos de las genéricas del imaginario colectivo mexicano o las suburbanas que trajo la modernidad. No se sí por los hechos que he narrado, o por alguna otra cuestión, se contaba, también hace muchos años, que la Llorona normal, es decir sin la cara de caballo, (o quién sabe, creo que nadie salía a verla) bajaba del callejón de la Santa Veracruz y la calle 2 de Abril, rumbo al centro, emitiendo no el particular grito, sino un fuerte chillido. Mi mamá que también vivió en la calle unos veinte años después continúa contándonos como lo más horrible que oyó.

Ignoro porqué y si algunas de las espirituosas bebidas que se tomaban en esos tiempos, o la combinación de algunas, el caso es que es muy común en todo México, incluso en Latinoamérica y España desde hace  siglos las apariciones a los alcohólicos de esa mujer con cara de caballo, incluso en la literatura fantástica tiene un concepto particular, “la Llorona Mula”. Casi siempre encarnada en una mujer, la muy repetitiva cara de caballo y un entorno en que el tomador cree tener una oportunidad con ella. Supongo que la relación con la llorona es por la vestimenta blanca- y no es tan sanjuanense como mi tía lo supone.

Menciono las bebidas espirituosas, porque don Cándido Pérez, vendía a los borrachitos, en su botica (todavía no había farmacias) “la Guadalupana” un elixir llamado “espíritus” según muy bueno para reanimar, y cómo no, si era alcohol del 96 con anilina, vaya usted a saber qué efectos tenía en la gente.

La próxima entrada presento el relato íntegro, escrito por Fonseca, creo que necesitaba de un antecedente como el de hoy, para que se entienda mejor, en lo personal lo considero una joya literaria, perfectamente acabada como tal, pero describiendo su entorno, se mejora.

Los relatos que lo acompañaban, eran parte de un concurso de leyendas sanjuanenses que no tuvo continuidad, creo que todos son valiosos, pero como dije, no entran en categoría de leyendas.

COLOFÓN

De Reyes, ya no tuve más datos, Filemón creo que finalmente volvió a integrarse con su familia cercana porque al separarse los padres de mi tía, devolvieron el favor y vivió ahora ella, al cobijo de esa familia durante algunos años en una vecindad de la calle Ezequiel Montes.  Filemón fue abuelo de un conocido Sanjuanense de épocas recientemente pasadas, don Ramón de la Isla, que fue agente y comandante de la policía judicial cuando las oficinas de esa corporación estaban en el ya desaparecido portal de la Comandancia, en la esquina de la Avenida Juárez y Reforma, junto a la vieja cárcel, después Centro Histórico y Cultural, hoy casi sin uso y sí en el abandono.


BONUS TRACK

Ya sin muchos detalles, hay otra historia, ocurrida a Filemón, por los mismos años y mientras residía en la calle 2 de Abril. Como ya se mencionó era ciego, pero como todos tenía necesidades en las que no se le podía ayudar, así que una noche, como a las tres de la madrugada, salió a la calle a hacer pipí, (en esos años, la calle no tenía drenaje, en el patio común los vecinos hacían precarios baños pero él había tomado costumbre de salir a la calle,  desolada de día, más de madrugadas, por ser un trayecto más corto, varios de los integrantes de la familia lo sintieron salir, pero no regresar.

En las mañanas, de la parte alta de las Peñitas, muy temprano bajaban algunas personas al molino, y pasaban por el callejón de la Santa Veracruz. Serían las 5 de la mañana cuando pasó la primera que lo conoció, estaba en la puerta del Panteón, sentado junto a la reja, dijo que al salir a la calle, una mano lo jaló para allá, y como no supo dónde estaba, se quedó donde lo dejó. Lo fueron a entregar a la casa de la familia, no se supo más.



jueves, 5 de junio de 2014

Las vírgenes locas de San Juan del Río (actualización)

Por problemas técnicos ayer no salieron completas las descripciones de los fotogramas, hoy publico de nueva cuenta la entrada original.

Las vírgenes locas de San Juan del Río

No se sabe si se volvieron locas por ser vírgenes o ya estaban dementes y por eso seguían célibes, el caso es que el primero de junio de 1972, se estrena en México una película con tal tema filmada, en San Juan del Río, Qro.

El elenco, o sea las vírgenes, eran nada menos que Charito Granados,  Ofelia Guilmain y Carmen  Montejo,  acompañadas (más bien separadas, según la trama) por Enrique Lizalde.

En apenas 85 minutos de intenso drama, estas mujeres de un pueblo que las odia, las envidia y les tiene lástima, conocerán y desaparecerán a aquel que las hace despertar de su letargo.

La música es de Carlos Jiménez Mabarak, solo para dar “suspenses”.

Presento a Ustedes un breve resumen, más breve que resumen, de la película, dirigida por Rogelio A. González Jr. producida por Cesar Santos Galindo y Ernesto Enríquez sobre un guión de Myriam Salinas (se ignora si sacó la idea original del entonces popular "casos de alarma" )

Cipriano, un jugador profesional llega a un escondido pueblo, donde viven tres hermanas, cada una transtornada a su manera después de un hecho trágico ocurrido años atrás, la muerte de su madre cuando le llevan el cadáver de su esposo, el padre de las damitas, decapitado por líos de faldas.

Luz, (Rosario Granados) la menor, en su mentalidad infantil, tiene una fijación por los huesos, que consigue con un vagabundo en el panteón local; carga en una canasta esos huesos y un cráneo. Helena, (Carmen Montejo) la mediana, ve que su juventud se escapa atada a sus hermanas y completamente dominada por la mayor, Teresa, (Ofelia Guilmain) quien en realidad no está loca, solo es medio intensa y al no querer a los hombres, se conforma con contemplar, en placer solitario, fotografías de luchadores y fisicoculturistas que recorta de revistas.

Cipriano, que además de jugador, la hace de fajador profesional, se entera en la cantina del pueblo de la existencia de las hermanas y de algún modo consigue seducir a las tres con objeto de quedarse con sus tierras, sin imaginar que esto le provocará la muerte a manos de la aparentemente más inofensiva de las hermanas, la infantil luz, quien inocentemente, para evocar a su padre, le corta la cabeza  y ni tarda ni perezosa, la coloca en su canasta y regresa a su casa, donde al pasar frente a sus hermanas, ellas observan que de la canasta chorrea sangre.  El alarido es de pronóstico y da fin a la película.

Lo interesante para el tema de este blog, son las locaciones, tomé unos fotogramas, de una copia original que tengo en vhs, por lo que su calidad no es muy buena. Pero nos permite ver algunas escenas de San Juan del Río hace ya más de cuarenta años.


La trama inicia con la llegada en autobús de Cipriano al pueblo, nos muestra una panorámica de la calle dos de Abril, empedrada a la antigua,  vista desde Fernando de Tapia, nótese el farol del alumbrado, en esa época toda la ciudad lo tenía.



Las siguientes dos muestran la misma calle, a mitad de la cuesta rumbo a la iglesia del Calvario. (al fondo) Apenas en 1969 había sido empedrada, todavía existía la gran barda de piedra que protegía las casas de la calle de Cóporo, ahí no había casas. Hoy, la barda apenas se nota, y tiene un par de casas, ya con puerta. (está construida sobre la roca viva, todavía se ve la cantera de la peña)

 
Estas dos imágenes son del interior de la cantina del pueblo. En la vida real, fue una tienda, (en ese tiempo todas las tiendas vendían por lo menos cerveza) llamada "el Jacalito" propiedad de Don Joel García, que logró sobrevivir hasta la década de los ochentas en el mismo local, esquina de 2 de abril y Fernando de Tapia,  recuerdo perfectamente la sinfonola café (también la tenían todas las tiendas) atrás de Enrique Lizalde, y un mingitorio pegado a la pared del fondo. ( no se ve) Al cerrar la tienda Don Joel emigró allá por el barrio de  San Isidro y el local se convirtió en un "coffiure", inicialmente era de Enrique y Ana, hoy, todavía permanece pero ignoro de quién es.
 


 Esta imagen es el exterior del  "Jacalito"  que por estar en la esquina de dos de abril y Fernando de Tapia tenía dos puertas, esta es la de Fernando de Tapia, ya era llamada oficialmente así, pero la gente todavía la conocía como "la Cuesta". El anuncio gigante de coca duró muchos años. Debe notarse que el municipio era previsor desde esos tiempos; apenas un par de años antes habían empedrado la calle y ya la estaban abriendo para colocar el drenaje (al centro, a la izquierda se puede observar la zanja y un trabajador) También de esa época datan las banquetas "gruesas" que caracterizan esa sección de la calle que antes había sido un arroyo y a su vera, las casas sobre la roca viva.

Tres imágenes muestran el interior del templo del Calvario. Me cuentan mis papás que casi todos los asistentes a la misa eran vecinos del lugar, más colados de otras partes del pueblo. El interior casi no ha cambiado, solo debe hacerse notar que aún tenía el ¿retablo? original tras el altar, que representa el monte Calvario: la cruz, con  una ¿peana? hecha de piedras.




 Las siguientes tomas se realizaron fuera de la iglesia (es la pared blanca a la izquierda) Nótese que aún no había casas junto al templo, apenas una hilera de piedras encimadas  separaba la calle del barranco debajo. Las primeras dos casas hacia la derecha tenían fachada muy baja, ya que estaban construidas sobre la peña. Por dentro su altura era normal, solo que había que entrar de "brinquito", Todavía existen y aunque su fachada se ha alineado con las otras, el piso sigue un metro debajo. De estas tomas, me dicen también mis padres, que fueron realizadas desde una cámara montada en un riel sobre el empedrado de la calle, lo que permite seguir el recorrido de los actores cuesta abajo. Los puestos eran de a mentiritas, igual el expendio de revistas donde la hermana mayor adquiría, empaquetado discretamente, el "material" de sus visiones. (las revistas que trae en la mano) 




También se hicieron tomas en el interior del panteón de la Santa Veracruz. Se muestra su estado original, antes de convertirse en museo. La tumbas casi son las mismas, pero conservaba una delgada capa vegetal (recuérdese que está construido sobre la roca viva de la peña) que permitía crecer pasto. Conservaba entre sus deterioradas paredes y ornamentaciones una pigmentación blanca.

Dos tomas del anexo a la capilla del panteón, todavía existe, remozado.


Aquí se muestra en su estado original la capilla del panteón que conservaba completos, aunque muy deteriorados los murales, ahí Charito interpreta a su amigo el huesero un "cover"  de doña Blanca  siguiendo los escritos de la pared mientras él intenta inútilmente agasajarse con ella (con Charito, no con la canción). Recuerdo haber entrado a esa capilla cuando todavía no la restauraban (fui vecino de Don Lupe Trejo, no se si sería el último panteonero, pero tenía las llaves de la reja de la entrada. El panteón estaba permanentemente cerrado, solo se abría cuando algún familiar de los ahí enterrados pedía entrar) y era en verdad impresionante, en estas tomas se le iluminó y suavizó el efecto, además de que se limpió, literalmente había huesos por todas partes.



Aquí, una toma en la Barranca de Zuñiga, recordar que  escenas de interiores se dice fueron grabadas en la entonces semi-abandonada hacienda de Galindo.


Estos son los carteles originales de lobby de la película, los hallé en Internet.



Funda de la película original que tengo, en VHS, parece que nunca la han digitalizado a formato DVD lo que podrían mejorar las tomas de los fotogramas. 

Aparte de las tomas en la ciudad que describo, tuvo locaciones en la Hacienda de Galindo, el río de los alrededores, la barranca de Cocheros y según me dicen, en el interior del rancho el Barreno (no lo puedo afirmar porque no conozco el interior de las habitaciones de ese lugar, solo por fuera) Creo que lo único que fue completamente de escenografía es la cueva donde ocurre la pasión y muerte de Cipriano.
A propósito;  un misterio; Cuando el Rancho el Barreno era propiedad privada, todo mundo podía entrar, hoy que fue donado al Municipio, cerraron las dos entradas. ( Se podía pasar desde el Paso Ancho,  gracias a una servidumbre de paso que obligaba a los dueños a dar paso libre hacia el Barrio de la Cruz)  Recorrí muchas veces su calle interior y pude admirar por fuera todas sus instalaciones de niño, hoy, que es propiedad pública no lo conozco. 
 Volviendo a la película, aunque las pláticas familiares de su filmación fueron constantes en mi niñez, la primera vez que la vi, fue por allá de 1983, en televisión abierta, en  una barra que había después del noticiero de la noche y se transmitía regularmente, hoy se proyecta de vez en cuando en los canales de cable de películas mexicanas. Se encuentra también en You Tube, aunque de calidad muy mala, está oscurecida, pero completa.