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domingo, 11 de octubre de 2015

El jardin de la familia, final (o casi)

De jardín de la Familia a multifamiliar.

La carretera Panamericana
A partir de la instalación de la carretera Panamericana en la década de 1940, trazada en nuestra ciudad en plena avenida Juárez, sobre el viejo Camino Real, la sección de esta arteria cercana al jardín del Sacromonte tuvo un repunte, dado que algunas de las líneas foráneas de autobuses establecieron paradas cercanas.

No se crea fue una central camionera en forma, cada línea tenía, por algún convenio comercial o simple comodidad, un espacio asignado en cualquiera de las  aceras, en el tramo comprendido entre las calles 2 de abril y 16 de septiembre. Para las necesidades de alimento de los viajeros de paso y de llegada o salida, se establecieron algunos restaurantes de primer orden, otros de regular calidad, además de simples puestos y vendedores ambulantes. Para todos había trabajo. Mientras tanto, el jardín, a causa del abandono, fue perdiendo árboles y plantas.

Restaurantes
En la década de  1960, en él se estableció aquí una extraña simbiosis de espacio público y comercial, por varios factores:

Por entonces y desde muchos años atrás,  afuera del Portal de Reyes, existía una especie de tianguis formado por puestos diversos para el abasto diario, el cual fue desinstalado completamente al abrirse el Mercado Reforma en 1963, ubicándose ahí los comerciantes, algunos de los que no cupieron, sobre todo expendedores de alimentos optaron por trasladarse en la ancha banqueta afuera de la cuadra de la cárcel, aumentando la oferta para los usuarios de las líneas de camiones que por comodidad, habían abandonado las aceras y empezaron a ocupar como terminal común, el espacio anexo al jardín, afuera del llamado Mesón de San Pablo, (hoy tienda de telas, esquina de Allende y Juárez) lo que le valió para que después de cuatro siglos mereciera ser empedrado.
Unidos en un mismo espacio, los proveedores de alimentos y los autobuses, el punto de reunión y espera de los viajeros fue el pequeño y descuidado jardín, que continuó en tal estado unos años más.
Fotografía de la década de los 60s de José Velázquez, tomada de los calendarios de la Canaco, el jardín, en su tamaño original, el resto  el paradero común de autobuses.

A pesar que desde 1957, ya funcionaba la autopista México - Querétaro, trazada por las afueras de la ciudad y se había abandonado como principal la carretera Panamericana, el grueso de autobuses siguió entrando a la ciudad, ocupando ya oficialmente como paradero, el espacio mencionado, que sería básicamente un cuadrado, sin embargo, con la posibilidad de ahorrar tiempos sobre todo en viajes largos,  algunas de las líneas más importantes ya no hacían parada por el centro, lo que implicó el declive de los servicios restauranteros. Supongo que hubo muchísimos, se recuerda especialmente el Layseca, junto a la iglesia, el Prado, en la Esquina con Hidalgo, el Montes, frente al jardín, el Patio, el Parador, los tacos sudados, los Cocoteros, solo sobreviven de esa época, La Bilbaina y los tacos ahora conocidos como “vaporizados”.

Mención especial merecen dos más, también desaparecidos, que funcionaban como hotel-restaurante: el Valenzuela y el Avenida, una cuadra más al poniente del Jardín, hoy convertidos en los bancos más grandes de la ciudad. Incluso eran parada obligatoria de un servicio de automóviles de alquiler, con ruta México- Querétaro, era de lujo, solo utilizado por unos cuantos.

Al disminuir el tráfico de vehículos de lujo y particulares por el centro de la ciudad, comenzaron a proliferar fuera de la cárcel y en toda la acera los puestos populares. Entre ellos, uno de tamales consistente en una hornilla y un bote alcoholero, que se instalaba exactamente a la mitad de la acera y según se dice fue al que originalmente se llamó “el Tragadero”.

Juárez en San Juan

En el año de 1969, se acercaba el centenario de la muerte de Benito Juárez y la capital del estado decidió establecer una estatua monumental de él en el cerro de las Campanas, para sustituir la que se tenía en Av. Zaragoza, que fue donada al Municipio de San Juan del Río. Ante la circunstancia, se decidió dignificar el ya para entonces llamado Jardín del Santuario y en su extremo poniente, sobre un pedestal blanco, se colocó la estatua del benemérito, rodeado por una jardinera muy simple, sin árboles, solo empastada, todo circundado por franjas de tierra.

Inicio de la década de 1970, monumento a Benito Juárez, una jardinera rodeada por tierra, fotografía tomada de las postales de Ugalde.

Tratando de que la dignificación fuera integral, se desalojaron los ya numerosos puesto de la acera frente a la cárcel, que acostumbrados a los cambios, se ubicaron casi todos en estructuras metálicas en la calle Allende, ocupando todo el arroyo de la misma en una hilera de puestos de comida, que llegaba casi a la esquina con la Plazuela Guadalupe Victoria, quedando en el frente que daba a Avenida Juárez, todo el espacio disponible para los autobuses, cuyos usuarios cuando el hambre arreciaba, tenían una amplia gama de alimentos en el singular comedero popular. El segundo puesto de la fila tenía un letrero de neón con la leyenda “el tragadero” que se extendió para todo el espacio, incluyendo también vendedores a pie, que hasta las propias ventanillas de los camiones llevaban a ofrecer gelatinas, tortas, dulces, refrescos y demás. Varios de los puestos funcionaban hasta altas horas de la madrugada. En una ciudad mal iluminada, y en un espacio techado por láminas metálicas, el letrero de neón hizo famoso el lugar.

No duraron mucho ni Juárez, ni el Tragadero ni la pomposa central de camiones. Para finales de la década de 1970, la central camionera se trasladó a un tejaban ubicado en el B. Hidalgo, los puestos fueron desalojados de Allende en 1977 y Benito Juárez fue a dar con sus, en este caso metálicos huesos, a la cárcel, es decir, se le bajó de su pedestal y se guardó en el cercano edificio de la cárcel, donde permaneció varios años y solo salió de ahí, hasta que fue erigido su monumento actual, unas cuadras arriba. No salió ileso, creo que ahí perdió el bastón que originalmente ostentaba.

El proyecto no concluido

La razón del desaire al prócer, fue explicada porque nuevas autoridades tenían un gran proyecto para el jardín: hacerlo un espacio digno (nótese que en cada cambio siempre se  esgrime ese argumento) que incluía, para hacer juego con los arcos del portal del Diezmo,  otros en la acera del frente, incluso, habría otros en la bocacalle de Mariano Jiménez. Entre otras maravillas, el proyecto incluía piso de adoquín, fuente central, jardineras y balaustradas.

Imagen tomada de revista proyección, mediados de los setentas, el ambicioso proyecto.

Creo que por falta de recursos y permisos de los particulares, no fue posible tanto lujo. No se aumentaron los arcos en el lado sur, incluso se derribaron los que ya existían en el portal de la Comandancia y, seguramente para evitar el regreso de los ambulantes, durante un breve tiempo, la acera ancha fue abierta al tráfico de vehículos, se dijo que para aliviar el tráfico por Av.  Juárez, cuando se dieron cuenta de que no era tanto, se volvió a cerrar.


Imagen tomada de internet, lo que se logró del proyecto.

Del ambicioso proyecto inicial, solo pudo salvarse el piso de adoquín, la fuente y las jardineras, adornadas con vistosos arbustos de piricanto, que luego resultaría que eran venenosos y fueron sustituidos por los árboles que se ven actualmente.

Un par de años después los piricantos habían crecido y no tardarían en ser quitados.

Para evitar el regreso de los autobuses, el espacio que habían ocupado, se cerró con una banqueta del lado de la carretera y se destinó para estacionamiento de vehículos.

Remember el Tragadero

En años posteriores, ese mismo espacio se utilizó para ampliar la superficie del jardín, aumentando en algo su dimensión. En la década de los noventas, en un pedestal se colocó una malograda estatua, creo que de concreto, en color blanco,  que representa la unión familiar, impulsándose por la administración municipal en turno el cambio de nombre del espacio a “Jardín de la familia”, que creo que es el oficial. Casi simultáneamente, se ocupó el último espacio restante, llegando hasta la bocacalle de Allende, que son las dimensiones actuales. Como resabio de su anterior topografía, el jardín presenta cuatro niveles diferentes.

Para más información del llamado "Tragadero" dar clic en los siguientes vínculos:

"La familia" fotografía personal, 2014.

También es reciente la ocupación del frente de la casa cural, al costado sur de la reja atrial, que siempre fue un espacio público, y un buen día amaneció acotado por una lujosa reja, no se sabe en qué condiciones se tomó el espacio de todos para un beneficio personal.

Imagen anterior a la última remodelación, ya con su extensión completa. Fotografía tomada de internet, el asta no duró mucho.

Habiendo estudiado muchos años la historia del municipio, he encontrado varias situaciones que se repiten en diferentes épocas, los he llamado Karmas locales, el último del que me di cuenta tiene que ver con el hecho de que hace medio siglo, fueron retirados de la acera frente a la antigua cárcel, los comerciantes de alimentos. Desde hace varios años, de manera casi imperceptible, no en la acera, pero sí en el costado inmediato del jardín, llegó una solitaria vendedora de tacos de canasta, que por su éxito animó a otros, que al grito de  ¡Remember el Tragadero!, han ocupado casi todas las jardineras, con instalaciones volátiles, que colocan por las mañanas y recogen en las tardes.

Las familias
Desde inicios del presente año, el jardín sufrió otra remodelación, consistente básicamente en una mano de gato: renovación de adoquín, agrandamiento de jardineras y como sorpresa, en un sitio no excavado en siglos, se colocó una cisterna subterránea para servicio de una fuente, adornada con estatuas de bronce de “otra familia”. Ignoro cómo se va a llamar ahora: jardín de las Familias o jardín Multifamiliar.  Terminando con ocupar todos los niveles: el más alto, por la vieja fuente, el de en medio, por la blanca familia, y el más bajo por la familia modernista. Por estar la última a ras del suelo, con surtidores subterráneos y las figuras alrededor de ellos, es muy visitada, en poco tiempo se ha vuelto un espacio cotidiano para la toma de fotografías, como siempre ha sido este lugar, el más retratado por las lentes, ahora predominando las de los celulares y tabletas.
Fotografía personal, 2015, la familia original, viendo a las recién  llegada, no vayan a ser paracaidistas.

Fotografía personal, el nuevo espacio para fotografías, 2015.
El final? 
Solo me resta hablar del edificio que ha visto todos estos cambios, que con remodelaciones de más de cuatrocientos años, llegó a nuestro siglo, la vieja cárcel de la que paradójicamente, fue Benito Juárez su último interno, es decir su estatua. Tal vez el destino es patriótico y tras el chusco episodio la cárcel desapareció como tal y el edificio quedó semi abandonado. Comenzó un deterioro que afortunadamente fue reversible. En la década de 1980 se le habilitó un poco para una Casa de Artesanías fallida que cedió después el lugar, previo a una remodelación que respetó lo que quedaba de original del edificio, para actividades culturales. Hoy, acumulando años, como Centro histórico y Cultural, alberga un pequeño museo, una sala de historia, el Archivo histórico Municipal, la biblioteca pública y las oficinas de los encargados municipales de la cultura. No hay duda que este edificio perdurará muchos años, tampoco la hay de que todavía verá muchos cambios en el jardín: físicos y de nombre.
No estoy seguro qué poner aquí: Fin o continuará…   (algo ha de faltar que merezca otra remodelación, alguna otra estatua o …)

Fotografía personal, la vieja cárcel, que en días recientes, como el edificio del Centro Histórico y Cultural, recibió nuevos ocupantes, encargados de las actividades culturales por los próximos tres años, a los que solo nos compete dar la bienvenida y esperar que su labor, en tan icónico recinto sirva para el engrandecimiento de la rica historia de nuestra ciudad.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Vida, pasión, muerte y clonación de un espacio público. El jardín de las familias en San Juan del Río.

Recuento de la anterior entrada.


Continúo con la historia de las transformaciones que ha sufrido el espacio público, oficialmente llamado Jardín de la Familia en San Juan del Río.

Aunque el templo que lo preside fue el último construido en el centro de la ciudad, en razón de ubicarse junto al lugar de llegada de los viajeros en todos los tiempos y otros detalles que se irán mencionando, le dieron, a partir de la popularización de las cámaras  fotográficas, una característica que las demás iglesias, más antiguas, señoriales e importantes, no tuvieron: Es junto con su área circundante, el espacio más fotografiado de la ciudad. Por lo menos hasta fines del siglo pasado.

Con la observación de dichos testimonios gráficos es que, ante la ausencia de una historia escrita de nuestra ciudad, podemos hacer este recuento, salvo lo escrito por Rafael Ayala, se carece de otro tipo de datos, que puedan auxiliar.

Decíamos que a partir de la construcción del Templo del Sacromonte en la década de 1830,  al costado oriente del espacio abierto fuera del pequeño atrio quedó una gran explanada que por extensión recibió el mismo nombre. No hay datos de si se le realizó alguna obra. Todo indica que no, simplemente, se aprovechó el espacio y en razón del desnivel de la calle, era más alta en la parte cerca del templo que en su extremo final. A pesar de estar “de bajada” no era un espacio árido,  bajo la banqueta del portal del diezmo había una línea de árboles y otra igual en la acera sur. Por su irregular forma, se le dio categoría de “Plazuela”, adoptando su nombre oficial que traspasaría el siglo: Plazuela del Sacromonte. Su extensión a lo ancho era más o menos la misma que la actual, entre la av. Juárez y la acera “ancha” del lado sur, frente a la cárcel;  terminaba en la bocacalle de Allende. Como puede verse en el plano de 1864.

(Para más información sobre las “plazuelas” de la ciudad dar clic en el siguiente enlace)
Juana la Loca


Plano de  Guadalupe Perrusquía, de 1864, el templo, su pequeña barda atrial y la plaza llana.


Imagen del AGN. Una estampa como esta originó el culto al Señor del Sacromonte en nuestra ciudad. Es del año de 1782. Supongo que así era la originalmente venerada en el templo. Unos dicen que desapareció, otros que está en la sacristía.

El Señor del Sacromonte original, en su santuario del Estado de México.

INNUENDO

La plaza, como toda la pequeña Villa, languideció durante varias décadas, sin más novedad que la llegada de carruajes y diligencias, que provocaban el momentáneo barullo de comerciantes y lugareños, para regresar luego a su letargo, interrumpido también por las muchas procesiones religiosas que por la calle Real hacían su aparición  fugaz, diluyéndose hacia otros rumbos de la ciudad.
Solo unos pocos días al año el lugar cobraba vida con la aparición de los danzantes indios que en sus últimas fiestas paganas, hasta la década de 1850, hacían acto de presencia en el lugar, como queriendo hacer sentir a los cada vez más numerosos mestizos, que toda la tierra que pisaban, muchas leguas a los cuatro vientos, había sido suya. Estas danzas, por lo profanas, fueron luego prohibidas por la iglesia y las limitaron a las efectuadas en los templos del centro, con control estricto de manifestaciones no convencionales.

De igual manera, por ser sitio de tráfico constante de lugareños y foráneos, por el año de 1875, correspondió a la torre del templo el honor de contar con el primer reloj público de la ciudad, donado por el entonces Gobernador Benito Santos Zenea, quien murió antes de la inauguración, efectuada el 16 de abril de 1877 con grandes fiestas.

EL ESPLENDOR

El siguiente cambio visible y que determinaría para siempre la fisonomía abierta de la plaza, se dio a partir de otra obra pública que cumplió el sueño centenario de sus habitantes, contar con un acueducto que le abasteciera de agua potable.

Gracias a donativos y presupuesto público, se logró construir una presa, cuyo único propósito era, dado lo intermitente de la corriente del río San Juan, contener un volumen permanente que permitiera surtir a la ciudad durante todo el año del vital líquido. La presa se construyó al sur de la ciudad, en la cañada de San José, y por un ducto de mampostería, su trayecto concluía precisamente en la Plazuela del Sacromonte.
Ahí, dado que el agua llegaba por gravedad, se construyó con cantera morena, una caja de agua, para liberar presión y a su lado una fuente pública.

Es en este momento, cuando la plazuela, llana y a ras de suelo, se transforma, nivelándola con la entrada del templo en un pequeño espacio cuadrangular, rodeado por un pretil, de unos 50 cm de altura y adornada en tramos por blancas columnas de mampostería. Tenía entrada por sus cuatro costados.  Frente a la barda atrial del templo, una angosta calle lo separaba del jardín. Este nuevo espacio verde era en verdad pequeño. Su piso, aunque ya nivelado, seguía siendo de tierra y no cubría toda el área actual, llegaría apenas al extremo poniente de la actual fuente y a su lado, frente a la puerta de la cárcel, se encontraba la caja de agua.
De nueva cuenta, con solemnes fiestas, se inauguró el acueducto el 19 de marzo de 1886. Agregando a los tipos urbanos que ya existían, los incontables aguadores que desde la fuente, llevaban, a pedido, el vital líquido a diversos rumbos de la ciudad.

El concepto de acueducto como fuente de abastecimiento de agua potable, casi llegando al siglo XX, a pesar de ser orgullo para los habitantes, en realidad ya era anacrónico, máxime que el costo de conducción, vigilancia y reparación debía ser pagado por los particulares y era caro. Apenas unos años después, el sistema debió ser transformado con la llegada de tuberías metálicas, además de la famosa conseja popular de que esa agua era “gruesa” y provocaba enfermedades por lo que mucha gente se abastecía en pozos  y norias, lo que le quitó su carácter popular.
Para la segunda década del siglo XX, el sistema del acueducto se combinó con tuberías, la caja de agua fue movida de su lugar, al costado sur de la barda atrial, no sé porque motivo. Su antigua ubicación la marcaba otra pila hoy desaparecida, más pequeña que la actual.

El volumen de agua que llegaba del acueducto, por falta de mantenimiento adecuado, fue disminuyendo poco a poco, pero me dicen que al menos hasta la década de 1950 todavía daba servicio. La ciudad comenzó a surtirse de  agua bombeada del subsuelo, a través de pozos, el primero realmente funcional, estaba en la actual calle Aquiles Serdán, donde está el edificio del sindicato de la Presidencia.

La bella plazuela se fue deteriorando, el pretil se deformó, las columnas que lo engalanaron,  ahora incompletas -los jarrones que las presidian fueron robados- solo la afeaban, terminando por convertirse otra vez en un espacio llano, solo la presencia de algunas plantas le salvaba de ser un vulgar baldío.

Otra vez, casi en la década de 1950, el gobierno, aprovechando el mismo espacio plano, quitó los últimos restos del pretil que le rodeaba, acondicionó jardineras y trazó algunas callecitas transversales. Asimismo, se decidió demoler la caja de agua y con su cantera erigir, en el extremo poniente del nuevo jardín, un monumento a la bandera. La pequeña callecita frente al atrio se amplió para el paso de vehículos.

De la original plazuela del Sacromonte hoy solo sobrevive, con algunos arreglos, la  fuente, que es la antigua, solo que rodeada por otra de mayor tamaño, formando una jardinera interna y en el vestíbulo de la antigua cárcel, hoy Centro Histórico y Cultural, dos de las piedras de cantera de la caja de agua, con datos técnicos del acueducto. (Y no estoy seguro, pero parece que dos de las columnas blancas fueron a dar al “Salón de Actos”, un pequeño teatro que tenía la cercana escuela “Mártir de Chihuahua”, estaban a los lados de la escalera que subía al escenario)
Para la década de 1960, ya plenamente constituido como jardín moderno, la parte de la calle no ocupada por él se convirtió en el paradero semioficial de autobuses. Es la sección de la Av. Juárez frente a los edificios que le siguen a la antigua cárcel hasta la esquina con Allende. Este espacio hoy está ocupado por parte del moderno jardín, pero anteriormente estaba a nivel de la calle. Desde la construcción de la carretera panamericana, en la década de 1940, todos los alrededores... 

Continuará… (otra vez)

Presento a Ustedes las imágenes comentadas:
La más antigua, nos presenta el jardín que con motivo de la inauguración del acueducto se construyó en 1886. Puede observarse la pequeña barda que le rodeaba, las columnas blancas que le adornaban. Al centro, la fuente y a su derecha, la caja de agua en su ubicación original. Puede verse al lado de la columna grande, la entrada poniente al espacio. Fotografía tomada de los calendarios de la CANACO, crédito a quien corresponda.
Fotografía del archivo histórico Municipal, probablemente de un año cercano a la anterior, pueden observarse las columnas blancas ya sin jarrones y la entrada norte al jardín. 
 
Fotografía sin autor, parece ser de las de don Crisanto Álvarez, apenas unos años después, las columnas y la barda perimetral se deterioraban, se observa todavía la entrada sur. Elegí esta imagen, a pesar de ser de poca calidad porque en ella puede observarse, al centro la fuente original y a la izquierda ya no está la caja de agua, en su lugar se observa otra fuente más pequeña. El tubo me dicen, que venía de la caja de agua en su nueva ubicación, al sur de la barda del templo. Se observan varios aguadores.
Para 1928, el jardín comienza a desaparecer. Fotografía tomada de Internet, crédito a quien corresponda.
Pocos años después, a lo lejos, se observa que el jardín casi ha desaparecido. Esta fotografía parece ser de las de don Jesús Layseca. 
Llegan nuevos aires, el jardín se remoza, se pueden observar las callecitas internas. Ni resto del anterior.
 
Casi por los mismos años, en otra fotografía de Layseca, se puede observar la fuente que permanecía, el extraño objeto triangular con decoración de ajedrez, unos me dicen que fue el primer monumento a la bandera, otros, que era una antena de radio comunicación.
La siguiente fotografía, de José Velázquez, nos muestra el monumento a la bandera construido con la cantera de la caja de agua, corresponde al año de 1960 y se observa que el jardín ha sido rediseñado.

Fotografía tomada de Ayala, 1981, la caja de agua en su última ubicación. El agua llegaba por debajo y salía por el orificio superior. La siguiente fotografía, personal, muestra las únicas rocas que le sobrevivieron.







Difiero de Ayala en el punto de que él dice que la ubicación original de la caja de agua era a un costado de la Iglesia. Me apoyo en las fotografías antiguas: estaba frente a la entrada de la cárcel, a un costado de la fuente, aunque no duró mucho ahí.
Finalmente, presento este recuerdo familiar, mi bisabuelo, uno de los últimos aguadores de los muchos que se ganaron la vida acarreándola de la fuente o la caja, a las casas que se la encargaban. La tarjeta le fue otorgada en 1942, para, por su edad, no recibir instrucción militar. (Era la segunda guerra mundial y nuestro ejército alistaba a todos los posibles)

 No tengo constancia exacta de los años en que ocurrieron las transformaciones enumeradas, me baso en los daños colaterales.
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sábado, 13 de diciembre de 2014

Juana la loca

Oleo del Maestro Armando Otero, "Juanita la loca"

Hace muchos años, no se si por disposición oficial o simplemente por cuestión de tamaño, existía una distinción de nombre en los espacios abiertos. Solo la Principal, actual Plaza de la Independencia merecía ese calificativo, el resto eran llamadas popularmente “Plazuelas”.

 Hasta finales del siglo XIX, nuestra ciudad, San Juan del Río, Qro., conservaba varios lugares públicos con esa denominación, la mayoría paupérrimos, y eran los siguientes:

a)      Plazuela de San Juan Bautista: Actual Plaza de los fundadores. La más antigua.
b)     Plazuela de Santo Domingo. Luego Jardín Leona Vicario, luego de la Mujer, creo que hoy es el Jardín del arte, está en Av. Juárez, a un costado de la Iglesia de Santo Domingo.
c)      Plazuela del Sacromonte: Actualmente la parte poniente del Jardín de la Familia, en la misma avenida Juárez.

d)      Plazuela del Baratillo: Esta en realidad no tenía espacio fijo, era una especie de ubicación del tianguis diario, así que estaba en el lugar en el que el municipio ubicara a los comerciantes.

e)      Y finalmente: la más “abandonada y alejada” de todas, la Plazuela de los trabajos:

Fotografía personal. Desde la Cuesta, abajo, en lo plano, la Plazuela Guadalupe Victoria.
Llamada después Plazuela Guadalupe Victoria, en realidad no fue construida como tal, sino que era simplemente una calle más ancha que las demás, su amplitud se debía a que en ella desfogaban en tiempos de lluvia varios arroyos, de las partes altas de las Peñitas, por las actuales calles Fernando de Tapia, (antes la Cuesta) 2 de abril, (Santa Veracruz) Reforma, (antigua de los Leñadores) incluso de Melchor Ocampo, (antes Cóporo) que pasando la parte ancha, convergían y convergen antes de llegar al Río.
Originalmente aquí terminaban los cultivos de los Indios en el sur del pueblo y donde realizaban, en plena calle, labores  adyacentes tales como el desgranado, seca de semillas, fabricación de textiles, jarcería, curtido, etc. Por esa razón se llamó  así: Plazuela de los trabajos. A principio del siglo XX se le asignó el nombre de Plazuela Guadalupe Victoria, que duró hasta hace poco. Hoy, perdió la distinción, solo se llama calle Guadalupe Victoria.
Inicialmente era más amplia que como se ve en la actualidad, se extendía al norte desde la barda trasera de la antigua cárcel y casas Reales hasta el fondo de las actuales casas de la acera sur. Al perder los indios sus propiedades comunales, a mediados del siglo XIX, se construyó una línea de casas en ambas aceras, constituyendo la actual calle, con el ancho arroyo que se ve actualmente. La humedad favorecía el crecimiento de árboles, hasta 1960 ambas aceras contenían casi cada 5 metros gigantescos árboles que poco a poco fueron talados por el municipio, siempre previsor, quitándole la belleza a un lugar, que si bien no era 100 por ciento natural, constituía el espacio urbano más arbolado de la ciudad, exceptuando los jardines del centro.

En su esquina con Allende, se ubicó la Huerta de la Viña, que durante muchos años fue la única propiedad española en este rumbo del pueblo, originalmente también era de los indios, pero había sido vendida desde siglos atrás a la familia Quesada. En medio de ambas propiedades, la española y la comunal de los indios había un canal de riego que daba servicio a ambos y cuya salida en la Plazuela de los trabajos, daba nombre a la calle del Canal, (actual Allende) porque desde ella se veía, pasando afuera de la huerta, la última de las grandes del pueblo en desaparecer, actualmente es la moderna y comercial “Plaza los Faroles” y parte del B. Hidalgo.


Comparativa del óleo de Otero, representa la Esquina de la Plazuela Guadalupe Victoria en la década de 1970, la entrada a la huerta de la viña, los árboles gigantes, Juana y sus perros, solo sobrevive el hotel.

La Plazuela, (así se le llamaba popularmente) por su antigüedad (hay referencias de ella desde el siglo XVI) tiene infinidad de historias que contar, hoy me referiré a un personaje casi contemporáneo pero que la modernidad olvidó: “Juana La loca”

A esta plazuela llegaban, por la calle de Cóporo, los habitantes de las comunidades del sur del municipio; tenía, hasta la década de 1970 muchos comercios, desde pulquerías, cantinas y el expendio de petróleo. (el diáfano, para las estufas)  Entre ellos, en la acera norte, tenía su casa y un local de venta de chicharrones, Don Toño Rico, que fue el último sobreviviente de los carniceros tradicionales del pueblo,(nunca tuvo refrigerador) quien orgullosamente, con su delantal de cuero, se ostentaba también como el último de los muchos que tuvieron el cargo de mayordomo de las fiesta religiosas.
Imagen de Google Earth.  Acera norte de la Plazuela Guadalupe Victoria, la casa amarilla con el toldo azul, era la de Don Toño Rico, afuera, la de Juana. (no estoy seguro de la antigüedad de los árboles que se ven, pero creo que son posteriores al relato) 
Fuera de su casa, en plena calle todavía completamente de tierra, había varios árboles jóvenes- jacarandas y casuarinas- bajo ellos tenía su vivienda un extraño personaje; “Juana la loca” que era una joven pordiosera algo afectada, célebre por estar siempre acompañada por una multitud de perros, obviamente callejeros a los que alimentaba con sobras que recogía durante el día en incursiones por varios rumbos de la ciudad. Lo de vivienda es un decir, al llegar la noche simplemente colgaba algunos trapos de los árboles y se disponía a descansar, protegida por los animales. (o al revés, no se) Vestía siempre con andrajos y las pocas veces que se bañaba era en el cercano río, con jabón de polvo, esta práctica no era frecuente en ella, las más de las veces el descuido la hacía ver de una edad mayor de la que realmente tenía.
Aunque era algo agresiva, nunca hizo mal a nadie, pero sí fueron célebres sus disputas con la policía, a los que muchas veces burló, pero otras tantas, fue subida a “la julia” (una vieja suburban en donde la policía trasladaba a los detenidos) por los "pinches tecolotes" como les decía.

No puedo recordar la última vez que la vi, debió ser a finales de esa década, vagamente recuerdo que siempre me saludó. Los niños la evitábamos por los perros, solo platicábamos con ella cuando no traía tantos. Un día desapareció, no se sabe si por voluntad o fue el municipio quien la retiró. No regresó nunca a sus “habitaciones” ni a su "baño". ¿Quién era? ¿Cuál fue su historia? Nunca se supo. No puedo decir que su “vecinos” la extrañaran, recientemente me contaron que murió con el siglo que la vio nacer, en un manicomio de la ciudad de México. Durante algo de tiempo los perros que la acompañaban rondaban la calle, luego se alejaron, como su recuerdo.
A lo mejor volvió un día, ya mayor; encontró la casa de don Toño cerrada y abandonada, casi todos sus árboles cortados y sustituidos por taxis blancos, imposible dormir otra vez en la calle -ya no había la suave arena de antes -el pavimento es frío- tal vez fue al río a bañarse pero ni en su demencia se atrevió a entrar a tan contaminado lugar, tal vez por eso prefirió quedarse en México. Si no murió a causa de su mente atormentada, a lo mejor fue por la nostalgia.

 
La imagen que presento es una obra reciente del pintor del Barrio, Armando Otero, (su familia vivía  y vive en el callejón de 2 de Abril, por  cierto, su papá don Raquel tenía una Pulquería en la Plazuela) representa, frente a la entrada de la huerta de la viña a “Juanita la loca” como él la llama, a lo mejor la conoció más chica, yo la recuerdo como “Juana” explica que su “vivienda” era en la pared de la huerta, debió de ser antes, en mi época ya se había “mudado"  a afuera del No. 5.
Espero les guste el relato, sé que me he atrasado un poco en las entradas, pero espero reponerme en estas vacaciones. Agradezco a los vecinos de San Juan del Río en el Tiempo la inclusión de datos de esta página en la suya, sin cortes, y como estoy seguro que esta es de las que les gustan, espero que tampoco le corten tanto.

martes, 29 de julio de 2014

Ahí viene el tren… de mulitas

La modernidad

Todos les habían avisado, pero llegado el día nadie estaba preparado. Unos pocos lo escucharon apenas como un susurro que venía del rumbo de Cazadero, minutos después, cuando asomó en la vuelta del cerro del Pedregoso, todos pudieron escuchar de manera clara su horrible silbido y  ver la cauda de humo que dejaba a su paso. Era el año de 1881, a finales del mes de noviembre cuando el llamado “caballo de hierro” se aposentó en la flamante estación, construida en los terrenos que habían sido de los ranchos  la Guitarrilla y el Carrizo, después de avanzar 191 km desde la ciudad de México.
Máquina y vagones del Central Mexicano, de los primeros que llegaron a San Juan del Río, tomada cerca del "Puente de Fierro" Fotografía de William Henry Jackson, circa 1886 (detalle) LOC U.S.A.
Auspiciado desde los gobiernos de Ignacio Comonfort, pasando por los de Santa Anna, Maximiliano y Benito Juárez, correspondió al de Sebastián Lerdo de Tejada en 1873 la puesta en marcha del primer sistema ferroviario completo y funcional del país. Compitiendo en carga y pasajes con arrieros, carretoneros, diligencias y carruajes. Fácilmente los dejó en calidad de antiguallas e inició un expansivo crecimiento que apenas 8 años después lo tenía a las afueras de San Juan del Río y por el lado contrario, apenas traspasando el río, ya estaba tendido el camino de hierro hasta la ciudad de Querétaro.

Originalmente la concesión había sido otorgada a inversionistas del estado, pero al no poder cumplir los requerimientos, se les dio a los propietarios del Ferrocarril Central, compañía que administró el tramo de México a Querétaro.
No se crea que los transportistas en pequeño (y lento) desaparecieron de inmediato, durante muchos años siguieron su actividad normal, si acaso, los arrieros disminuyeron el tamaño de sus recua y los carruajes hicieron más cortos sus viajes, la vida para ellos siguió igual, siguieron atravesando San Juan del Río por el viejo camino Real, usando toda la infraestructura que los habitantes habían creado durante más de tres siglos, en la hoy Avenida Juárez, en su tramo desde Pino Suárez hasta la hacienda la Venta y continuaron usando el viejo puente de Piedra, ¿para qué les servía a ellos el de Fierro?
Estación de pasajeros del Ferrocarril central Mexicano, a la derecha la estación de carga, en las dos se podía abordar el Tranvía Urbano. Fotografía antigua, crédito a quien corresponda.
La Estación del ferrocarril, por esta en las afueras de la ciudad, no tenía para sí esas ventajas, seguramente muchas de las viejas carretas y animales se usaron inicialmente para transportar a personas y carga desde ella al centro, pero no tardó  mucho en que a alguien se le ocurriera buscar un sistema acorde con la modernidad: el Tren Urbano.

Recordemos que a pesar de que oficialmente San Juan del Río  ya era ciudad, en la práctica seguía siendo un pequeño pueblo, con una zona urbana aún más pequeña; detrás de la calle Morelos, todo eran milpas, sus últimas casas  estaban en lo que hoy es la esquina de Rayón con 20 de noviembre. (la primera se llamaba Calle de “Don Eusebio”, la otra ni siquiera nombre tenía) No había acceso directo al centro de la ciudad (los jardines) porque todavía no existía lo que hoy es Hidalgo Norte en su tramo de Plaza de los fundadores y este mismo jardín estaba rodeado por una barda atrial.
Un año después algunos de los empresarios queretanos que habían perdido la concesión del ferrocarril;  Antonio Gayón e Ignacio de la Peña, tuvieron como premio de consolación, el poder explotar inicialmente los trenes urbanos. (en San Juan y Querétaro)
 
Este sistema consistía en pequeños vagones para pasajeros y plataformas para carga que se desplazaban sobre una vía angosta de rieles delgados. A pesar de que ya había tecnología para hacerlos motorizados, la concesión se otorgó con tracción a “Sangre”. (Es decir con mulas) Por ello se conocían genéricamente como tren de mulitas, o tranvía urbano. En San Juan del Río oficialmente se llamó Ferrocarril Urbano, pero ninguno de ellos fue con el que los usuarios lo conocían, aquí su nombre fue siempre “el Circuito”. (Seguramente su recorrido hacia una vuelta)

Para su funcionamiento, se regían por un reglamento gubernamental muy específico que incluía tarifas, carga permitida en volumen, número de pasajeros, etc. incluyendo lo relativo a presentación y modales de los conductores. Según el número de pasajeros o de carga, se podían acoplar varios vagones o plataformas, formando un pequeño tren.

La ruta:

El 12 de diciembre de 1882, inicia sus recorridos “el Circuito”
Tomando como punto de partida la estación de pasajeros y la de carga, se dirigía por la actual calle 5 de Mayo, que era la única que llegaba hasta ahí  (insisto, no existía todavía Hidalgo Norte, menos Pablo Cabrera) atravesando milpas que era lo único que había (creo que era un camino entre milpas que fue ensanchado expresamente para servicio de la Estación, se le llamó “la Calzada”)  hasta llegar a Morelos, antigua calle “del Obraje” donde iniciaba la zona urbana.
Plano de Ignacio Pérez Circa 1885, la letra J indica la Estación de pasajeros del Ferrocarril Central, la letra I, la estación de Carga. La línea roja, es la vía del tren Urbano, que se unían antes de tomar "la Calzada", actual 5 de Mayo.

 

Esquina de la Calzada y la calle del Obraje. (Hoy Cinco de mayo y Morelos)

Ahí, giraba a la derecha hasta llegar a la actual Plaza de los fundadores, en ese entonces llamado Plazuela de San Juan Bautista, que tenía que rodear, (recuérdese que era un jardín cerrado con barda) Al terminar este giraba a la izquierda,  frente a la calle de “la Amargura”, hoy Matamoros y tomaba la calle del “Curato” (hoy 16 de septiembre) para llegar a la actual Av. Juárez, donde daba vuelta a la izquierda para llegar a la Plazuela del Sacromonte (hoy jardín de la Familia.
Centro de la ciudad, el tranvía daba vuelta al Jardín, para tomar rumbo a la calle de Don Esteban (actual 16 de septiembre)

Actual Av. Juárez, la letra C indica el templo del Sacromonte, extremo final del "Circuito" al oriente.

Aunque se dice que tenía varias rutas, en realidad solo era un recorrido, en tres partes,  supongo que aquí terminaba la primera, se bajaban algunos y daba vuelta,  ahora por toda la Av.  Juárez hasta el puente de Piedra. Ayala dice erróneamente que se detenía en la Garita de Querétaro, solo que para esas fechas ya no existían las Garitas, a lo mejor se refería a las ruinas de ella, que quedaban por ahí, en algún lugar cerca del puente)



Plano de Ignacio Pérez, Circa 1885,  la línea roja indica la vía casi en el puente de la Historia, la letra W señala la estación del tranvía.
Del actual puente de la Historia,  regresaba al Jardín  de la familia. Donde retomaba el trayecto de regreso a la estación del ferrocarril.

Aunque se dice que tenía una estación afuera del actual Hotel Layseca en Av. Juárez, en realidad solo era una de las muchas paradas que hacía. Supongo que las fijas eran en los extremos, Plazuela del Sacromonte,  el puente de Piedra y ciertos lugares específicos, a los que se llamaba “sitios”,  que también supongo, solo eran respetados por los foráneos, los locales seguramente pedían parada en cualquier lado, si era afuera de su casa mejor.
Av. Juárez, junto al portal del Diezmo, fotografía tomada acerca de 1926, dos carros del tranvía de diferente modelo. Fotografía de Crisanto Álvarez.

Cabe mencionar que el trayecto de la vía no estaba tendido por el centro de las calles en que pasaba, se cargaba a una de las orillas, respetando las banquetas de las que tenían.

Lo que sería su verdadera estación, (o sea donde se quedaban las máquinas en las noches)  talleres y corrales estaba ubicada junto al llamado entonces portal de Cardoso (hoy de “la Covacha”) No estoy seguro, pero creo que las tres casas que siguen después del portal, eran anteriormente una sola, que todavía conserva(n) su amplio patio con arcos, donde pudieron caber bastantes de los carros y plataformas del tranvía y las mulas que los jalaban, la Estación estaría en lo que actualmente son los números 163 al 169 del poniente de la Av. Juárez.

Fotografía personal 2014: Av. Juárez Poniente, en alguna de las dos casas amarillas o la blanca estaría la Estación del tren de mulitas
El final

En los últimos años, la concesión de este medio de transporte estaba en manos de don Severino Ayala, (Padre del historiador Rafael Ayala, en dos ocasiones Presidente Municipal de San Juan del Río, dueño de la hacienda de Santa Rita) quien además tenía también concesionado el servicio del Restaurant en la Estación del Ferrocarril.

No tengo noticias si con el derrumbe en 1918 de la barda atrial del Jardín y la apertura de la flamante Calzada Jesús Carranza, (era su nombre oficial  la gente solo le llamaba “la calzada”. Como cinco de mayo también se llamaba igual, se le cambió a “Calzada vieja”) hoy Hidalgo norte, vía directa del centro a la Estación del Ferrocarril, el trayecto del tranvía se modificó.

El que a hierro mata, a hierro muere; nunca mejor dicho, los tranvías de hierro se sustituyeron por vehículos del mismo metal, en el año de 1926, las autoridades municipales obligaron a Don Severino a quitar sus vías, acabando súbitamente el servicio, seguramente ya existían muchos automóviles de alquiler y camiones de carga que lo hacían obsoleto.

Paradójicamente, cincuenta años después, a finales de la década de 1970, aparecieron en la ahora sí ciudad, los primeros camiones de transporte urbano, se llamaban “Delfines de San Juan” pero la gente mayor les decía “el Circuito”, como aquellos tranvías y también, como un histórico karma, pedían parada en todos lados, y cuando era posible, a la puerta de su casa, costumbre que no se ha perdido.
 
Calle 16 de septiembre, casi esquina con Ruiz Olloqui, abajo a la izquierda, se puede ver la vía del Tranvía. El letrero sobre la primer puerta dice GRAN FOTOGRAFIA OCCIDENTAL. Fotografía de cerca de 1920, de Crisanto Álvarez  que, obvio, era el dueño del establecimiento.
Casi enfrente de la anterior, esta es de 1925, sobre la vía del Tranvía, un carruaje, por la letra, el autor es el mismo.
Av. Juárez, al fondo el santuario del Sacromonte, abajo a la izquierda, la vía del tranvía. Foto de cerca de 1910, crédito a quien corresponda.
 
Fotografía de fecha y autor desconocidos, pero debe ser de antes de 1926. La calidad de la toma permite que se vea claramente la vía del tranvía, y permite apreciar su anchura y el grosor de los rieles. Es el inicio de la Calle 16 de Septiembre, desde la Av. Juárez
  

BIBLIOGRAFÍA

Ayala Echávarri Rafael, San Juan del Río, Geografía e Historia

Nieto Ramírez Jaime, Del Hacendado al Empresario

Pérez Ignacio, Plano de San Juan del Río.

González G. Hermanos, Transporte en Querétaro en el siglo XIX

Layseca José Manuel, La voz de México.

Calendarios de la CANACO, varios años