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domingo, 12 de junio de 2016

La plaza de la independencia de San Juan del Río.

La plaza de la independencia de San Juan del Río

Fotografía personal, 2014, Fuente, pirámide y columna.

Hasta las obras gubernamentales nos dan oportunidad de asomarnos al enterrado pasado de nuestra ciudad. Esto viene a colación por el hecho de que en días anteriores la administración municipal emprendió la remodelación del principal espacio público de la ciudad: La plaza Independencia.

Por si las dudas, no vaya a ser que nos sorprendan, y ora sí seas un cambio de a deveras, hube de irme a asomar. Entre lo que se anuncia, está la instalación de unas fuentes danzarinas, por lo que supongo que la excavación  que se realizó en el lado norte será para establecer el estanque de donde brotarán tan dinámicas aguas. 

Mientras la obra llega a su final y podamos verlas, por lo pronto, aunque la profundidad de la obra no es mucha, apenas un par de metros, por ser según yo lo máximo que se ha excavado ahí en los casi quinientos años de la ciudad, inesperadamente, da la oportunidad de asomarnos a la historia de ese lugar.

EL INICIO

Aunque ya se ha comentado que el primigenio centro político o administrativo del pueblo  estuvo en la plaza contigua, es decir la de San Juan Bautista, actual de los Fundadores, llama la atención que en contra esquina hubiera otra de mayores dimensiones.
Seguramente, por haber sido ocupada la primera por el camposanto, desde los inicios del pueblo, se necesitó de otro espacio para los actos públicos profanos, y fue la razón de su instalación. Documentos del siglo XVI mencionan un espacio llamado “la parte pública” dentro del pueblo de Indios, casi seguramente se refieren a este, dado que en el texto se pide que ahí se remitan a los comerciantes. (Aunque la parte pública pudo ser también la sección del camino Real en su paso por el pueblo)

NOMBRES DIVERSOS.

Casi ningún documento antiguo describe a esta plaza, cuyo primer nombre, durante la etapa colonial, fue “Plaza del Sol Divino” que en algún momento no determinado  cambió a “Plaza principal”, y tras la independencia, a “Plaza Mayor”. En la época del Imperio de Maximiliano, sus partidarios locales, en uno de los varios intentos para congraciarse con las graciosas majestades, trataron de darle el nombre de “plaza de la Emperatriz”, que no prosperó, pero de igual manera, fue efímero el nombre que se le trató de imponer, a la caída del imperio, por los liberales locales: “Plaza Juárez”.  Tras el breve coqueteo con la nomenclatura, volvió a ser simplemente “la Plaza Mayor”, que conservaría a la llegada del siglo XX, cuando obtuvo el nombre con el que se le conoce oficialmente hasta nuestros días: “Plaza Independencia”.

VECINOS Y DEL COMERCIO

La única descripción que de ella se tiene en tiempos antiguos la menciona como un amplio espacio, pero desolado y de condiciones paupérrimas, sin ninguna gracia y francamente polvoso, a la que poca gente acudía los seis días de la semana, a no ser por asuntos religiosos,  pero el séptimo, cambiaba su fisonomía, ya que en ella se instalaba, desde los primeros tiempos, el mercado dominical.
Por esta razón, el espacio físico y la actividad se confundieron en  nombre; Por instalarse en ese lugar la actividad comercial el sinónimo acuñado dio lugar a que se dijera que en ella se instalaba “la plaza dominical” o la “acostumbrada plaza”.
La transformación que se daba del desolado espacio el día domingo era sorprendente, ya que gran parte de su extensión era ocupada por puestos de las variadas mercancías locales y las muchas que de los lugares aledaños acudían, sobre mantas a ras de suelo y algunos parapetos de tela sostenidos por varas. A ella acudía igualmente, como compradores la población local y la de los pueblos y haciendas aledañas, ya que era el único sitio y día donde podían adquirir muchos de los productos necesarios para la subsistencia semanal o lo que era menester para realizar algunos de los oficios. Obvio es decir que había comercios fijos en el pueblo desde siempre y  además entre semana se contaba, en espacios cambiantes, del llamado “Baratillo”, que expendía casi los mismos productos, pero en menor escala.

Por sus dimensiones, durante la época colonial, el amplio espacio era ocupado esporádicamente, durante las celebraciones que así lo requerían, para instalar en ella la plaza de toros.(En tiempos antiguos, esas plazas no eran permanentes, hechas de madera, se instalaban en el lugar y fiesta que lo ameritaran)  Hubo incluso una ocasión en la década de 1820, en la que por el tamaño del coso que se instaló, no quedó espacio suficiente para los puestos, así que sin pensarlo mucho, los comerciantes los instalaron dentro del ruedo.

No se tiene noticia de que el lugar tuviera un sitio prominente, elevado o que se destacara para la celebración de actos públicos. Las ceremonias que en ella se efectuaban  se hacían en los llamados “tablados”, no se crea por el nombre que solo se trataba de algunas tablas en alto, efectivamente eran de madera, pero, según la ocasión se llegaron a levantar verdaderos escenarios con ornamentaciones de lujo. En dichos estrados se hicieron las juras de los distintos monarcas españoles, a la constitución de Cádiz y debieron dar en 1831, su discurso el Lic. Ignacio Reyes el año de con motivo del aniversario de la independencia, y don Pablo Gudiño 8 años más tarde.

INTENTOS VANOS

Plano de Perrusquía de 1864. "Plaza de la Emperatriz"
El primer intento documentado de ornar el lugar se dio hasta el año de 1865, en el que las autoridades municipales, en el entonces simple y llano espacio, levantaron una columna  de cantera Morena, tradicional piedra local, sostenido por un basamento, al que por su forma el pueblo llamó “la pirámide”. Fue en este momento cuando se dio el intento de llamar al lugar “plaza de la Emperatriz”.
 
Ante la derrota imperial, las autoridades municipales, siempre previsoras, no fuera a ser, tornaron inmediatamente el nombre del cilíndrico elemento a “columna de la independencia” y para no dejar lugar a dudas, se encargó la escultura de un águila al reconocido artista queretano, Nemesio Manilla, para  que ocupara la cima, en un inusitado giro del destino, sustituyendo al pretendido busto de la regia majestad.

Los comerciantes dominicales seguramente se maravillaron de la obra arquitectónica y la encontraron muy útil, para en ella atar las cuerdas que sostenían los manteados que protegían del sol sus productos y de igual manera su epidermis.
Seguramente, como ahora, al terminar las actividades comerciales, el lugar quedaba lleno de basura, razón por la cual parece que no hubo durante mucho tiempo interés alguno en dignificar el lugar.
 
Tras algunos retrasos, el águila encargada, se posó en la cima de la columna. Se dice que representaba a esa ave en actitud de emprender el vuelo. La única fotografía que se conserva de la época, presenta una imagen difusa, aunque puede observarse que la plaza tiene algunos árboles, lo que más destaca es la cantidad de puestos que circundan el monumento. No duró mucho la estatua, el 5 de junio de 1870, un rayo la derribó, causando la muerte, al caer, del señor Bartolo Cárdenas, aguador.
Fotografía,  circa de 1870, la columna, sin fuente, casi sin árboles, pero con muchos puestos.

ORNATO PÚBLICO Y SOLAZ

Los tiempos de cambio y el aumento poblacional, hicieron que se necesitara de un espacio libre, de tal manera que en 1869 se decidió construir en la Plaza Mayor, un jardín público. Consistió básicamente en la siembra de árboles de ornato, especialmente laureles y el trazado de pequeñas callecitas interiores empedradas, algunas jardineras a ras de suelo y unas cuantas bancas. Al inicio del acondicionamiento del  lugar se trasladaron  temporalmente los  comerciantes a la  plaza de San Juan Bautista. El nuevo espacio poco tardó en volver a ser ocupado por ellos, desvirtuando su propósito inicial; jardín “que servirá de ornato público y de solaz a las familias así como un aumento  de la higiene”. Según de la Torre, el jardín no fue terminado completamente antes de 1888. (Los locatarios solo se moverían otra vez en 1963 al construirse el mercado Reforma, dos cuadras al norte.
Desde esas fechas, el común del pueblo llamó a ese lugar simplemente “el jardín”, sin complementos.
De nueva cuenta, obvio es decir que los comerciantes aplaudieron la medida, nunca habían tenido tantos lugares donde atar los cordeles de sus manteados como entonces, en los troncos de los incipientes árboles.

CUANDO LLEGÓ EL AGUA

En el año de 1886, después de siglos de pedirlo, la población  contó con un acueducto que conducía el agua potable desde el río hasta el Jardín del Sacromonte, en una etapa inicial, posteriormente, se condujo el agua hasta la Plaza Principal, para lo cual se debió construir una fuente, otra vez de cantera morena, alrededor de la todavía llamada “pirámide”.  De manera subterránea, el agua se conducía desde el otro jardín hasta acá, a cuatro surtidores que tuvo al interior la fuente. No necesito decir otra vez que los más agradecidos con la obra fueron los comerciantes, quienes dejaron de acarrear el agua necesaria para sus labores de la acequia, en la esquina norponiente de la otra plaza.

Plano de Pérez, 188... la letra R nos marca al entonces "Jardín", con solo 2 calle transversales.
El nuevo jardín tuvo frente a él una monumental barda atrial, que rodeaba el lado sur de las iglesias, de cantera morena labrada y reja con barrotes de hierro forjado, hecho con fondos de particulares. Tenía dos pórticos de acceso a las iglesias, uno llamado de San José, estucado en blanco y otro frente a la parroquia, muy sencillo. La obra se concluyó por 1872, con fondos proporcionados por los comerciantes y fue demolida exactamente 100 años después durante el gobierno municipal de Enrique Burgos. Hubo una capilla adosada a la barda entre ambas puertas, sin dato de cuando se desmantelo, tenía su puerta hacia la plaza y su función era que los marchantes dominicales no dejaran de escuchar la misa de precepto.


EL NUEVO SIGLO


Fotografía del archivo histórico municipal, de inicio del siglo XX, la esquina norponiente de la plaza, vista desde el otro jardín. Nótese la cantidad de arboles y la barda atrial de las iglesias.
En dichas condiciones, llegó el siglo XX,  por alguna razón,  los árboles no se conservaron en la cantidad en que se plantaron, sin embargo, había bastantes. El nombre oficial cambió a Plaza o Jardín de la Independencia, pero el popular siguió siendo el de “el Jardín”. Después de los años 30s se construyó una calzada, al parecer de cemento que circundaba la plaza.
Fotografía del archivo histórico municipal, de inicio del siglo XX, la esquina surorponiente de la plaza, vista desde la calle de los infantes, actual Hidalgo.
 
Los puestos dominicales abarcaron desde entonces casi todo el espacio disponible, ocupando incluso calles aledañas, agrupándose en determinados lugares, los comerciantes de granos, los de cal, los quioteros, los cambayeros, los fierreros, los carboneros, etc. Por los desfiguros que hacían sus consumidores, los vendedores de pulque no tenían un lugar fijo, eran ambulantes y al final se les confinó en la calle de Mina. Al interior del jardín algunos de los puestos comenzaron a hacerse semifijos, con estructuras de tablas. Parecía que todo seguiría igual por siempre, pero la posesión del lugar por el comercio llegó a su fin en 1963, cuando los comerciantes debieron trasladarse al nuevo mercado, que inicialmente, para no perder la tradición, tenía una sección de puestos fijos, completamente techada y otra descubierta, ocupada solo por el tianguis dominical.

Fotografía tomada de revista de mediados del siglo XX. Muestra el lado oriente de la plaza, nótese que era domingo y la plaza en su apogeo. 

LA PLAZA SUBE

Postal de la colección personal, década de 1970. La nueva plaza, nótese las jardineras casi a ras.
Una vez despejado el lugar, el perímetro de la plaza se elevó unos cincuenta centímetros y  toda la superficie resultante se cubrió con adoquín rosa y líneas de cantera negra. Se construyeron en las esquinas jardineras en forma de “L”, casi a ras del nuevo piso y se instalaron alrededor algunas bancas de hierro colado, genéricas de color verde. Me dicen que se derribaron árboles, sobre todo laureles y pinos en la parte central, solo se conservaron los que hoy están en la acera poniente y el solitario de la oriente.   Se menciona en el primer tercio del siglo XX que tenía algunos alcanfores y junto a ellos una depresión llamada "el hoyanco" donde se tiraban ciertos desperdicios del comercio. La fuente fue rodeada por una jardinera. La obras se concluyeron en 1966, según reza una placa en la columna. 

EL REGRESO DEL ÁGUILA

Fotografía de 1981 de José Velázquez. Tomada de una revista. La nueva águila sube a la recién reforzada columna.
En la década de 1980, se instaló un asta bandera monumental para las ceremonias cívicas. Y en el aniversario 450 de la ciudad, en 1981, don Jorge Herbert Pérez presidente municipal, eleva a la parte alta de la columna, la estatua del águila que hoy la corona, no sin antes haber dotado al centro de la columna de un alma de varilla y concreto, para resistir el peso. No sé si el águila es de bronce, y por eso se vea verde, como que recuerdo que siempre fue así, desde nueva.

Con ligeras modificaciones, la plaza llegó al siglo actual, cuando se le hacen algunas nuevas, tales como jardineras más altas para que sirvieran a la vez de asientos, se retiró la jardinera alrededor de la fuente, se repuso parte del piso y se removieron gran cantidad de árboles y plantas de ornato con el viejo argumento de que iban a ser reubicados, seguramente todos murieron y fueron tirados por ahí.

EL SIGLO PRESENTE

Postal de la colección personal, de Luis Luévanos, la plaza tras alguna de las remodelaciones.
Al iniciar el año  2016, nuevos vientos corren por la vieja plaza, ya constituida plenamente como el sitio de reunión masiva de los sanjuanenses, desde hace varios años alberga actos cívicos, festivos y profanos. Con la reforma salinista volvieron los actos religiosos a la vía pública y qué mejor lugar que éste, único donde se puede escuchar una misa, cómodamente sentado, saboreando una deliciosa paleta o un chicharrón con cueros,  y al mismo tiempo, disfrutar de la actuación de un payaso. La vieja plaza, mayor, principal, pública e independentista lo mismo ha recibido al hombre mosca, que sobre sus adoquines se han instalado los juegos mecánicos. En ella, los sanjuanenses, un pueblo casi siempre callado, expresan su sentir en las diversas ocasiones que los congregan, actos políticos, la ceremonia del grito, las inauguraciones y clausuras de feria, con un solo grito. En esas pocas noches anuales un grito unánime, ha vitoreado o abucheado a quienes al frente de él están. Hoy casi todos dicen –vamos a la plaza independencia, solo los más viejos todavía le decimos – al jardín.
Fotografía personal, mayo de 2016. La plaza en plena remodelación, se notan ya algunas de la "novedades"


Fotografía personal, 2014,  dentro de la fuente  se observan dos de los cuatro surtidores de cantera, desde donde algún día brotó en la plaza, el agua del río.
Creo que en estos días se concluyen las obras, solo entonces sabremos si fue mano de tigre o gato, en lo personal, y para los fines de este blog, espero que las fuentes danzarinas tengan éxito, es más, que se hagan otras del otro lado de la plaza,  en la siguiente entrada les diré por qué.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD ________________________________________

NO HAGO UN RECUENTO DE LOS COMERCIOS QUE RODEAN A ÉSTA PLAZA, NI SUS HABITANTES Y HECHOS, PORQUE SERÍA MUY AMPLIA  LA ENTRADA, ESPERO PODER HACERLO EN EL FUTURO.
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SECCIÓN COMERCIAL

Hoy presento una publicidad, tomada de un periódico de una de las panificadoras tradicionales de la ciudad. Su ubicación era, casi junto a la actual casa de la Cultura, Hoy es una tienda de empeño. Creo que desde los años cincuenta fue abierta, con la característica, entonces novedosa de que hacía el pan en la parte trasera y lo expendía al frente. (entonces era más común que unos lo hicieran y otros lo vendieran)  Su propietario era don Tereso Tovar, quien la atendió hasta sus últimos días. Repartía a muchas de las misceláneas y tendajones de la ciudad, (no puedo decir que solo las del centro porque entonces la ciudad solo era el hoy centro) primero en bicicleta y luego en una moderna camioneta. (No vendía por pieza, sino con "ganancia en 25" es decir, que te dejaban las 25 piezas al precio normal y 4  más, que era la ganancia)  Al fallecimiento de don Tereso, su hijo Samuel continuo algunos años el negocio. Cerró por la década de 1990. Especial recuerdo tengo del lugar, porque en él durante muchos años, mi abuelo y mi padre elaboraron el tradicional pan de la época: "chilindrinas", ojos de pancha, "moños", bigotes, "tostados", huaraches, "yoyos" , mil hojas y sobre todo el bolillo de a deveras, el que le quitabas el migajón del centro y rellenabas de lo que quisieras, dulce o salado. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

Vida, pasión, muerte y clonación de un espacio público. El jardín de las familias en San Juan del Río.

Recuento de la anterior entrada.


Continúo con la historia de las transformaciones que ha sufrido el espacio público, oficialmente llamado Jardín de la Familia en San Juan del Río.

Aunque el templo que lo preside fue el último construido en el centro de la ciudad, en razón de ubicarse junto al lugar de llegada de los viajeros en todos los tiempos y otros detalles que se irán mencionando, le dieron, a partir de la popularización de las cámaras  fotográficas, una característica que las demás iglesias, más antiguas, señoriales e importantes, no tuvieron: Es junto con su área circundante, el espacio más fotografiado de la ciudad. Por lo menos hasta fines del siglo pasado.

Con la observación de dichos testimonios gráficos es que, ante la ausencia de una historia escrita de nuestra ciudad, podemos hacer este recuento, salvo lo escrito por Rafael Ayala, se carece de otro tipo de datos, que puedan auxiliar.

Decíamos que a partir de la construcción del Templo del Sacromonte en la década de 1830,  al costado oriente del espacio abierto fuera del pequeño atrio quedó una gran explanada que por extensión recibió el mismo nombre. No hay datos de si se le realizó alguna obra. Todo indica que no, simplemente, se aprovechó el espacio y en razón del desnivel de la calle, era más alta en la parte cerca del templo que en su extremo final. A pesar de estar “de bajada” no era un espacio árido,  bajo la banqueta del portal del diezmo había una línea de árboles y otra igual en la acera sur. Por su irregular forma, se le dio categoría de “Plazuela”, adoptando su nombre oficial que traspasaría el siglo: Plazuela del Sacromonte. Su extensión a lo ancho era más o menos la misma que la actual, entre la av. Juárez y la acera “ancha” del lado sur, frente a la cárcel;  terminaba en la bocacalle de Allende. Como puede verse en el plano de 1864.

(Para más información sobre las “plazuelas” de la ciudad dar clic en el siguiente enlace)
Juana la Loca


Plano de  Guadalupe Perrusquía, de 1864, el templo, su pequeña barda atrial y la plaza llana.


Imagen del AGN. Una estampa como esta originó el culto al Señor del Sacromonte en nuestra ciudad. Es del año de 1782. Supongo que así era la originalmente venerada en el templo. Unos dicen que desapareció, otros que está en la sacristía.

El Señor del Sacromonte original, en su santuario del Estado de México.

INNUENDO

La plaza, como toda la pequeña Villa, languideció durante varias décadas, sin más novedad que la llegada de carruajes y diligencias, que provocaban el momentáneo barullo de comerciantes y lugareños, para regresar luego a su letargo, interrumpido también por las muchas procesiones religiosas que por la calle Real hacían su aparición  fugaz, diluyéndose hacia otros rumbos de la ciudad.
Solo unos pocos días al año el lugar cobraba vida con la aparición de los danzantes indios que en sus últimas fiestas paganas, hasta la década de 1850, hacían acto de presencia en el lugar, como queriendo hacer sentir a los cada vez más numerosos mestizos, que toda la tierra que pisaban, muchas leguas a los cuatro vientos, había sido suya. Estas danzas, por lo profanas, fueron luego prohibidas por la iglesia y las limitaron a las efectuadas en los templos del centro, con control estricto de manifestaciones no convencionales.

De igual manera, por ser sitio de tráfico constante de lugareños y foráneos, por el año de 1875, correspondió a la torre del templo el honor de contar con el primer reloj público de la ciudad, donado por el entonces Gobernador Benito Santos Zenea, quien murió antes de la inauguración, efectuada el 16 de abril de 1877 con grandes fiestas.

EL ESPLENDOR

El siguiente cambio visible y que determinaría para siempre la fisonomía abierta de la plaza, se dio a partir de otra obra pública que cumplió el sueño centenario de sus habitantes, contar con un acueducto que le abasteciera de agua potable.

Gracias a donativos y presupuesto público, se logró construir una presa, cuyo único propósito era, dado lo intermitente de la corriente del río San Juan, contener un volumen permanente que permitiera surtir a la ciudad durante todo el año del vital líquido. La presa se construyó al sur de la ciudad, en la cañada de San José, y por un ducto de mampostería, su trayecto concluía precisamente en la Plazuela del Sacromonte.
Ahí, dado que el agua llegaba por gravedad, se construyó con cantera morena, una caja de agua, para liberar presión y a su lado una fuente pública.

Es en este momento, cuando la plazuela, llana y a ras de suelo, se transforma, nivelándola con la entrada del templo en un pequeño espacio cuadrangular, rodeado por un pretil, de unos 50 cm de altura y adornada en tramos por blancas columnas de mampostería. Tenía entrada por sus cuatro costados.  Frente a la barda atrial del templo, una angosta calle lo separaba del jardín. Este nuevo espacio verde era en verdad pequeño. Su piso, aunque ya nivelado, seguía siendo de tierra y no cubría toda el área actual, llegaría apenas al extremo poniente de la actual fuente y a su lado, frente a la puerta de la cárcel, se encontraba la caja de agua.
De nueva cuenta, con solemnes fiestas, se inauguró el acueducto el 19 de marzo de 1886. Agregando a los tipos urbanos que ya existían, los incontables aguadores que desde la fuente, llevaban, a pedido, el vital líquido a diversos rumbos de la ciudad.

El concepto de acueducto como fuente de abastecimiento de agua potable, casi llegando al siglo XX, a pesar de ser orgullo para los habitantes, en realidad ya era anacrónico, máxime que el costo de conducción, vigilancia y reparación debía ser pagado por los particulares y era caro. Apenas unos años después, el sistema debió ser transformado con la llegada de tuberías metálicas, además de la famosa conseja popular de que esa agua era “gruesa” y provocaba enfermedades por lo que mucha gente se abastecía en pozos  y norias, lo que le quitó su carácter popular.
Para la segunda década del siglo XX, el sistema del acueducto se combinó con tuberías, la caja de agua fue movida de su lugar, al costado sur de la barda atrial, no sé porque motivo. Su antigua ubicación la marcaba otra pila hoy desaparecida, más pequeña que la actual.

El volumen de agua que llegaba del acueducto, por falta de mantenimiento adecuado, fue disminuyendo poco a poco, pero me dicen que al menos hasta la década de 1950 todavía daba servicio. La ciudad comenzó a surtirse de  agua bombeada del subsuelo, a través de pozos, el primero realmente funcional, estaba en la actual calle Aquiles Serdán, donde está el edificio del sindicato de la Presidencia.

La bella plazuela se fue deteriorando, el pretil se deformó, las columnas que lo engalanaron,  ahora incompletas -los jarrones que las presidian fueron robados- solo la afeaban, terminando por convertirse otra vez en un espacio llano, solo la presencia de algunas plantas le salvaba de ser un vulgar baldío.

Otra vez, casi en la década de 1950, el gobierno, aprovechando el mismo espacio plano, quitó los últimos restos del pretil que le rodeaba, acondicionó jardineras y trazó algunas callecitas transversales. Asimismo, se decidió demoler la caja de agua y con su cantera erigir, en el extremo poniente del nuevo jardín, un monumento a la bandera. La pequeña callecita frente al atrio se amplió para el paso de vehículos.

De la original plazuela del Sacromonte hoy solo sobrevive, con algunos arreglos, la  fuente, que es la antigua, solo que rodeada por otra de mayor tamaño, formando una jardinera interna y en el vestíbulo de la antigua cárcel, hoy Centro Histórico y Cultural, dos de las piedras de cantera de la caja de agua, con datos técnicos del acueducto. (Y no estoy seguro, pero parece que dos de las columnas blancas fueron a dar al “Salón de Actos”, un pequeño teatro que tenía la cercana escuela “Mártir de Chihuahua”, estaban a los lados de la escalera que subía al escenario)
Para la década de 1960, ya plenamente constituido como jardín moderno, la parte de la calle no ocupada por él se convirtió en el paradero semioficial de autobuses. Es la sección de la Av. Juárez frente a los edificios que le siguen a la antigua cárcel hasta la esquina con Allende. Este espacio hoy está ocupado por parte del moderno jardín, pero anteriormente estaba a nivel de la calle. Desde la construcción de la carretera panamericana, en la década de 1940, todos los alrededores... 

Continuará… (otra vez)

Presento a Ustedes las imágenes comentadas:
La más antigua, nos presenta el jardín que con motivo de la inauguración del acueducto se construyó en 1886. Puede observarse la pequeña barda que le rodeaba, las columnas blancas que le adornaban. Al centro, la fuente y a su derecha, la caja de agua en su ubicación original. Puede verse al lado de la columna grande, la entrada poniente al espacio. Fotografía tomada de los calendarios de la CANACO, crédito a quien corresponda.
Fotografía del archivo histórico Municipal, probablemente de un año cercano a la anterior, pueden observarse las columnas blancas ya sin jarrones y la entrada norte al jardín. 
 
Fotografía sin autor, parece ser de las de don Crisanto Álvarez, apenas unos años después, las columnas y la barda perimetral se deterioraban, se observa todavía la entrada sur. Elegí esta imagen, a pesar de ser de poca calidad porque en ella puede observarse, al centro la fuente original y a la izquierda ya no está la caja de agua, en su lugar se observa otra fuente más pequeña. El tubo me dicen, que venía de la caja de agua en su nueva ubicación, al sur de la barda del templo. Se observan varios aguadores.
Para 1928, el jardín comienza a desaparecer. Fotografía tomada de Internet, crédito a quien corresponda.
Pocos años después, a lo lejos, se observa que el jardín casi ha desaparecido. Esta fotografía parece ser de las de don Jesús Layseca. 
Llegan nuevos aires, el jardín se remoza, se pueden observar las callecitas internas. Ni resto del anterior.
 
Casi por los mismos años, en otra fotografía de Layseca, se puede observar la fuente que permanecía, el extraño objeto triangular con decoración de ajedrez, unos me dicen que fue el primer monumento a la bandera, otros, que era una antena de radio comunicación.
La siguiente fotografía, de José Velázquez, nos muestra el monumento a la bandera construido con la cantera de la caja de agua, corresponde al año de 1960 y se observa que el jardín ha sido rediseñado.

Fotografía tomada de Ayala, 1981, la caja de agua en su última ubicación. El agua llegaba por debajo y salía por el orificio superior. La siguiente fotografía, personal, muestra las únicas rocas que le sobrevivieron.







Difiero de Ayala en el punto de que él dice que la ubicación original de la caja de agua era a un costado de la Iglesia. Me apoyo en las fotografías antiguas: estaba frente a la entrada de la cárcel, a un costado de la fuente, aunque no duró mucho ahí.
Finalmente, presento este recuerdo familiar, mi bisabuelo, uno de los últimos aguadores de los muchos que se ganaron la vida acarreándola de la fuente o la caja, a las casas que se la encargaban. La tarjeta le fue otorgada en 1942, para, por su edad, no recibir instrucción militar. (Era la segunda guerra mundial y nuestro ejército alistaba a todos los posibles)

 No tengo constancia exacta de los años en que ocurrieron las transformaciones enumeradas, me baso en los daños colaterales.
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