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jueves, 16 de abril de 2020

No solo una escalera




Fotografía personal, 2007. La Escalera de la Discordia en su apogeo.

Durante pasadas semanas, en redes sociales se dio a conocer que una escalera pública que comunicaba una calle en la parte alta con la baja de la ciudad, había sido destruida por los vecinos, aduciendo que por ella llegaban y era vía de escape de malhechores a sus casas. Lo que dio paso a comentarios a favor y en contra: que si se estaba violando un derecho de paso, que sí era propiedad del fraccionamiento… Como siempre, la última palabra la tiene cada uno, me limitaré en esta entrada a dar el aspecto histórico del lugar, para mejorar sus puntos de vista.

Fotografía tomada de Internet, crédito a quien corresponda.  La  ex escalera en la actualidad.

Anteriormente he comentado que cuando no se sabe de un tema, es mejor quedarse callado o de plano decir “no sé” y no andar inventando historias o decir lo que uno supone. En este caso es lo contrario, si se sabe, debe darse a conocer y digo en este caso porque resulta que la zona en cuestión, la conocí perfectamente, cuando era completamente de huertas, incluso cuando no existía ninguna casa (y no soy tan grande, la ciudad creció más rápido que yo) y era un espacio de juegos, por estar apenas a unos metros de la calle donde vivía.

UBICACIÓN

La escalera unía las calles Melchor Ocampo, (antes Cóporo, más antes Camino Real al Rodeo) con otra del fraccionamiento el Molino que comunica con el bulevar Hidalgo, una de las principales de la ciudad. Se requiere una escalera de unos 10 metros de altura porque la primera está en la ceja de las llamadas Peñitas, un saliente rocoso y la segunda, en la parte plana. Es el único acceso peatonal para salvar el desnivel.

Imagen tomada de Google Earth 2020. Calle Melchor Ocampo, al terminar las viviendas. inicio de la escalera en su parte alta. Al fondo, el antiguo camino Real al Rodeo.

El área donde estaba la escalera era el antiguo límite entre la calle de Cóporo y dos de las más famosas huertas antiguas sanjuanenses, la Viña y el Molino, específicamente, la escalera estuvo toda en el Molino.
Por estar la escalera, precisamente encima de lo que fue la antigua acequia del pueblo, los datos que presento los había escrito en el libro “La acequia del pueblo” del que los extracto, aclarando que no hay otra descripción detallada de cómo eran además de esta.

 LA HUERTA DEL MOLINO

Al abrirse el Bulevar Hidalgo en 1969, se afectaron 3 emblemáticas huertas sanjuanenses: la Viña, el Molino y la Huerta Grande, cortándolas casi por el centro, así, fueron conocidas por la gente común, ya que, aunque habían sido mucho antes terrenos casi públicos, para entonces ya eran propiedades completamente cerradas, a las que solo se accedía por invitación o robo, una de ellas es el enorme terreno que detallaremos a continuación, la huerta del Molino, con los límites siguientes:

Imagen tomada de Google Earth 2020. Vista aérea de el fraccionamiento el molino, la vía pavimentada es el B. Hidalgo, arriba a la izquierda, la zona de la escalera.

Al poniente una barda de piedra junto al río, sobre el dique que se hizo para ganar terreno firme y fértil ya que la corriente inundaba parte de la huerta. Esta sección estaba en promedio 3 m bajo el nivel actual de la calle, que es precisamente la del dique, aparentemente hoy las construcciones tienen el mismo nivel, pero puede constarse que varias de las  mueblerías ahí instaladas tienen sótano, la primera, de comerciantes españoles de apellido Da Luz sufrió todavía inundaciones cuando el río tenía creciente y se filtraba el agua a través del dique.
Al oriente por la barda de contención de las Peñitas o del camino Real
Al sur por el arroyo Cano y una pequeña barda de piedra suelta.
Al norte por la barda de la huerta de la Viña.


Recreación  personal, casi la misma de la imagen de Google, la huerta del Molino, como estuvo hasta la década de los 80s. Arriba, las Peñitas, abajo a la izquierda, la barda poniente, junto al río.

2.- Barda Oriente del Molino o de contención de las Peñitas o del Camino Real al Rodeo.
3.- Camino Real al Rodeo. Bajo la barda, la única casa antigua de la zona.
4.- Final de la parte urbanizada de la calle Melchor Ocampo, antiguo basurero.
5.- La casa Canal.
6.- Barda divisoria entre la Viña y el Molino.
7.- La acequia. La línea azul marca todo su recorrido en la huerta
8.- Compuerta y rampa de la acequia, aquí se ubicó muchos años después la escalera.
9.- Declive de las Peñitas, compuerta, el sabino y la Noria.
10.- Huerta de la Palma.
11.- ubicación actual de la Escuela comercial, en el B. Hidalgo.
12.- Arroyo Cano.
13.- Terreno de la antigua Central Camionera, entre las décadas de 1970 y 80.
14.- Trazo del B. Hidalgo.
18.- Terraplén artificial, hoy parque del fraccionamiento, solo quedan las piedras.
Donde está el logo del blog, fue la antigua zona de duraznos y luego pista de mini motos.

La extensión de la huerta se dividió por el pavimento, de norte a sur en dos secciones, su acceso original estaba en la calle Allende, en la casona llamada precisamente el Molino, frente al Sabino Quemado al costado del pozo de Guadalupe, hoy instalaciones de la P.G.R., inmediatamente luego se distinguían en la barda ventanas y puertas tapiadas, aunque no había restos de habitaciones. La barda, rústica, de piedra de río y cantera, sin aplanado continuaba por la ribera del río hasta el arroyo Cano. Al interior hubo gran cantidad de árboles frutales: aguacate, pera, mora, uva y el único del pueblo de granadas chinas; bajo las Peñitas había carreras de duraznos además de moras y aguacates dispersos que poco a poco se fueron secando por falta de riego, de bardas, y el abandono de los propietarios, quedando terrenos baldíos e inútiles.



Imagen personal. Al final de la Calle de Allende, antigua casona conocida como el Molino, entrada original a la huerta.

Distribuidos a lo largo y ancho, había canales de riego derivados de la acequia. Exactamente hacia atrás de lo que hoy es una escuela comercial,en el B. Hidalgo, casi bajo las Peñitas había un sabino, el más grande de la ciudad exceptuando los del río, a su sombra estaba una compuerta, consistente en dos piedras de cantera con una canaladura para poner una tabla o lámina metálica, movible a voluntad. Este canal secundario que conducía agua terreno abajo. (cuando lo conocí, al llegar al pavimento del Boulevard, cruzaba por un pequeño túnel pasando intacto a la otra sección, donde ya casi no se utilizó porque solo quedaban algunos duraznos que igual se secaron) Junto al sabino, a ras de suelo, estaba un pequeño pozo de orificio cuadrado de aproximadamente 20 cm por lado, formado con piedras al que le llamábamos “la Noria”, aunque por su tamaño difícilmente sirviera para sacar agua, tenía bastante profundidad. No he podido encontrar quien pudiera decir su verdadero uso y antigüedad.

Imagen personal, época actual. Ribera y  Paseo del Río La línea azul marca el final de la barda poniente de la Huerta,  abajo, el puente Cano sobre el arroyo del mismo nombre, que era el límite sur de la huerta. El edificio azul es la escuela comercial, en el B. Hidalgo.

 Nace Boulevard

El Boulevard Hidalgo fue la primera avenida moderna de la ciudad, planeada por el gobierno municipal y los comerciantes para facilitar el acceso al centro de la ciudad a los autos que transitaban por la Autopista México – Querétaro, se trazó y construyó en una sola etapa y tiempo récord con todos los adelantos modernos de entonces;  doble carril y sentido, pavimento, guarniciones, colectores de  lluvia, alumbrado de luz mercurial, nombre francés, camellón y varios etcéteras, a partir del año de 1967. El cúmulo de maravillas sin embargo, a los supuestos visitantes les importó poco, de manera que era difícil que un auto transitara al interior de la ciudad y en sentido contrario menos, los pocos autos no tenían razón de ir a la nada, así que durante años sobre el costoso pavimento fue posible escenificar largos encuentros de fútbol callejero, a veces dos simultáneos, (práctico uso de los dos sentidos) siendo las porterías piedras que rara vez había que quitar dado el poco tránsito.

Solo ocasionalmente se veían por ahí a los estudiantes del seminario Javeriano que tuvo la primera entrada hecha en esta calle, después se construyó junto al Seminario la ahora vieja clínica del Seguro Social y un negocio de venta de autos (MAGUESA) junto al arroyo Cano. Desde entonces, no ha pasado un día en que no haya al menos una obra en construcción. Sin embargo, el detonante real para su desarrollo fue cuando el Municipio a fines de la década de 1970 decidió acabar con el popular comedero llamado “El Tragadero” de la calle de Allende y trasladar la Central de autobuses que sin local funcionaba en Av. Juárez, al terreno ubicado luego del arroyo Cano, colindante con la huerta del Molino. Varios de los desalojados se instalaron en el tramo entre Allende y la flamante Central Camionera, (no hubo problema como hoy con los comerciantes fijos porque no había ninguno, estaba vacío). Su primera clientela fue la que obligadamente debió caminar del centro a la terminal y viceversa. Aunque ya había una línea de transporte urbano, Delfines de San Juan o Circuitos, eran poco usados, la gente prefería ir al trabajo o de un lado a otro a pie, solo cuando se quería matar el tiempo, no se tenía qué hacer o prisa, usaban los camiones.

Los para entonces pocos árboles del Molino se fueron acabando por la pizca inmoderada de los transeúntes, quedando sus dos secciones como amplios baldíos, propicios para toda clase de actividades no agrícolas. En el lado oriente (precisamente donde está hoy el fraccionamiento) funcionó incluso una pista de mini motos de alquiler, un año se instaló la feria de junio, y en la sección junto al río, cuando llegaban al pueblo las caravanas de gitanos o las mal llamadas “húngaras” se les permitía poner ahí sus carromatos, lejos del centro ya que tenían mala fama; que eran brujas, que robaban niños, que perdían a los hombres etc. Sin embargo, su principal actividad consistía en leer la palma de las manos, “la buenaventura” decían; No debieron ser tan temibles ya que durante los meses que estaban siempre había gente esperando sus servicios fuera de los vagones.

La Casa Canal

Aún dentro del Molino, en el límite con la Viña, bajo la barda de contención de las Peñitas, en el declive, existía adosada una extraña construcción, que aparentaba ser una casa normal de dos plantas, aproximadamente de 10 por 8m con puertas y ventanas Ya estaba en ruinas en 1973, invadida por maleza y carrizos que crecían dentro y salían por todos los huecos posibles. Un poco arriba, la acequia tenía una compuerta de desvío a una rampa de ladrillo que conducía a otro canal que desembocaba en el segundo piso de la casa. Tenía visibles dos fachadas, la de la ladera semicubierta por derrumbes, la otra era la barda que limitaba con la Viña. Creo que nunca tuvo techo la primera planta y el de la segunda se derrumbó, ahí llegaba el descrito canal a un túnel vertical adosado a la pared. (como una chimenea) Al interior parece que había un sistema de compuertas para controlar el paso de agua a varias direcciones (la maleza y basura acumuladas no dejaban ver el piso). No he podido saber si fue casa habitación adaptada para distribuir a las huertas o se hizo exprofeso.
Recreación  personal ampliada, La Casa Canal junto a lo que después sería la escalera. puede verse la desviación de la acequia al techo de la casa.

Al instalarse la central Camionera en el B. Hidalgo y ser común que las personas llegaran caminando, algunas optaron por tomar un atajo por la calle de Cóporo, al terminar las viviendas, justo sobre la casa que se acaba de detallar, donde iniciaba la barda del camino Real. Este muro, ya muy deteriorado, conservaba hasta un metro de altura que era necesario saltar, una vez al otro lado, con ayuda de un guayabo, descender por la ladera, saltar la acequia, llegar al terraplén, cruzar la ex pista de motos y por fin al Boulevard. Al principio era dificultoso, pero con el paso constante, la barda fue desapareciendo, dejando acceso libre y se formó un sinuoso caminito.

Recreación  personal, la  misma zona, pero vista desde la calle Melchor Ocampo, casi al centro, la Casa Canal, a la izquierda, las Peñitas.

Cabe mencionar que la ladera y el terraplén ya no existen, se retiraron con maquinaria para nivelar el terreno para el fraccionamiento, solo quedó lo que estaba sobre la casa canal.

El municipio, como siempre previsor, advirtió el sufrimiento de la gente y construyó entonces, para evitar accidentes, una escalera de piedra y una casi calle, de Cóporo al B. Hidalgo, en que la gente bajase cómodamente, sin brincos, vueltas ni apoyos en el guayabo, talado sin miramientos.

Parte de lo removido, sobre todo piedra, tierra, la compuerta de cantera y la rampa de ladrillo se tiraron sobre la casa canal que posteriormente se derrumbó, enterrando su misterio. La escalera cortó para siempre el ya escaso caudal de agua que corría por la acequia, solo de lluvia y secó para siempre media docena de árboles de mora que estaban casi para llegar al Boulevard.  Al costado de la casa, todavía en 1980 quedaban restos de un canal que los derrumbes no permitían ver si provenían de su interior o directamente de la acequia.

En 2006, junto a la escalera todavía seguían los restos de la compuerta y la rampa. Siendo la casa solo un montón de piedras y basura, se removió y pudo verse en lo que fue la parte baja del muro, restos de mampostería que parecen ser un canal y junto a la viña, vestigios de canales y compuertas internos. Se ven combinados elementos antiguos de cantera y recientes como ladrillo rojo. Algunas veces entré y pude ver que en el lado que colindaba con la viña, había ventanas, seguramente para vigilar la distribución de agua.

Fotografía personal, 2007. Terreno donde estuvo la casa canal, solo queda la parte baja de su pared  oriente. La barda de piedra encima de ella es moderna, para evitar derrumbes. La barda bajo el ladrillo es lo único original que queda de la que dividía la huerta del Molino con la Viña.

En sus Viajes de Orden Suprema, Guillermo Prieto relata un paseo a las huertas, por la descripción, llegó por Allende, Galeana y la ribera del río, donde se maravilló por la cantidad de árboles, fruta y las actividades sociales que al interior se efectuaban. Menciona una particularidad; no había bardas y sobre la calzada entre el río y las huertas había bancas de piedra para descanso. El acceso era libre y refiere que había jacales y casas. Nadie recuerda tales, el plano de Ignacio Pérez de cerca de 1885 marca varias dentro de la huerta del Molino antes del puente Cano, seguramente sus restos se cubrieron por el B. Hidalgo, en la ladera solo hay ruinas de una. A las que estaban en la unión del río y el arroyo se les conocía como “el Infiernillo.

El nombre de la huerta y el actual fraccionamiento derivan de la existencia de un molino, pero para ello, hay que ir a historia más antigua.

La República de Indios

En casi todas las poblaciones novohispanas existían dos cuerpos de gobierno, uno para españoles y otro para los indios, estos llamados por entonces “naturales”, cuyos actos tenían cierta independencia, sobre todo en la administración de justicia y trabajo comunitario, respetando los españoles sus determinaciones. Tenían tierras propias llamadas comunales. La mención más temprana de la República de indios de San Juan del Río es de 1582 en la Relación de Querétaro, ya segregada de la de la Provincia de Jilotepec y Huichapan. Respecto a su territorio, se menciona que tenía grandes dimensiones; habiéndosele concedido en 1558 por fundo 2,000 varas a todos los rumbos. Para el siglo XVIII, los indios poseían tierras de riego: caballería y media y que los terrenos comunales se habían ido perdiendo a manos de los hacendados. El pueblo se componía de 8 barrios; San Miguel, San Juan, San Marcos, el Calvario, la Concepción: Santa Cruz, San Isidro; y el Espíritu Santo. Los 3 primeros en el centro, de traza urbana y pobladores diversos, el resto en las afueras, exclusivamente indígenas. Se mencionan en los terrenos comunales unos muy productivos debido a regarlos la acequia,  llamados el Triángulo, Bodó y el Carrizal, ubicados “en la ceja del Calvario”. Considerando que la huerta Grande y Guadalupe de las Peñas en esa época eran parte del mayorazgo de la Llave, son los terrenos bajo las Peñitas, al oriente del actual B. Hidalgo, desde el río hasta la plazuela Guadalupe Victoria es decir el Molino y la Viña. Reitero que toda la extensión del pueblo originalmente fue propiedad de los indios y al vender tramos a los españoles, pudieron existir en el pueblo las huertas, incluso desde el siglo XVI.

Desde 1638, había en los bienes comunales una hacienda de riego de labor de trigo, exclusiva para ayuda de la iglesia. Documentos coloniales hablan o dan como referencia un molino propiedad de los indios, ubicado en esas tierras, movido por agua de la acequia, otorgado en 1569 por el virrey Martín Enríquez y estuvo en uso hasta 1582, cuando se vendió. En mi investigación no pude determinar con certeza su ubicación o vestigios, solo es seguro que fue en terrenos comunales y junto a la acequia. Debió estar cerca de la huerta del Molino y de ahí su nombre, dentro de ella, hay dos lugares posibles que desgloso a continuación:

Por la disposición del terreno, lo que llamo la Casa-Canal pudo ser un molino accionado por la caída de agua, lo que explicaría el canal vertical en la pared y por estar en su terreno, la huerta se llamó así, aunque por ya tener partes de ladrillo rojo es dudoso sea el de la República, pudo estar sobre sus ruinas. Al lado de la casa, donde estuvo la escalera, se observaban restos semienterrados de muros antiguos de piedra. Lo innegable es que en ese punto mayor diferencia de altitud se podía obtener de la acequia, casi 8 metros y por razones prácticas, los molinos se ubicaban en lugares así, el agua, apenas con un volumen frontal de 1.5 m. cúbicos por segundo podía mover la rueda de madera (noria) que acciona las piedras de moler, pero mejoraba con una caída, lo que no hubo en otra parte de la acequia, y permite, suponer que ahí pudo ser el original molino y/o alguno posterior. Como no hay documento antiguo del nombre, supongo que inicialmente pertenecía a la Viña o a la Huerta grande que sí son mencionadas tempranamente.

Por otro lado, la tradición ubica un molino al otro extremo de la huerta, en Allende, casi frente al árbol llamado “sabino quemado”, de ahí el nombre más común de la casa, cuyos propietarios más conocidos fueron de la familia Guerrero. Cumple lo arquitectónico para ser. Si el líquido llegó ahí de la acequia atravesaba casi 300 metros en plano, otra posibilidad es que la rueda fuese semi enterrada, o estuviese en el predio de enfrente, donde luego fue el rastro y se moviera directamente por agua del río, aunque no sería el de los indios. Este Molino fue de carácter público, pero funcionó desde el último tercio del siglo XIX. Creo que los dos estuvieron en la huerta y el nombre de la zona siempre fue ese.

AÑORANZAS.

No estuve presente en la década de los ochentas, cuando el municipio construyó la escalera, (como sí estuve años antes cuando quitaron el terraplén y la ladera) así que al enterarme hace días de su remoción, fui en busca de algún resto o al menos señas de la acequia y tomar fotografías. No había acabado de tomar la primera cuando ya tenía dos vecinos preguntando porqué lo hacía, hube de dar el consabido discurso, afortunadamente, fueron amables y cuando empecé a platicar algo de lo que sabía, como que se convencieron de que no era de los que habían criticado la acción de quitar la escalera, creo que la cosa era sería porque hasta un policía hacía guardia en las cercanías.

Como ya mencioné, lo que contenía esa esquina, donde jugué con mis amigos, ya no existe, de la huerta del Molino, muy recordada por nuestros padres, nos tocó poco; en lo que hoy es la calle que descendía de la escalera, había moras y arriba casi llegando a Cóporo: el guayabo, del que como todos los que pasaban cortaban era difícil hallar alguna madura. Diseminados algunos aguacates y las granadas chinas. El terreno donde están todas las casas del fraccionamiento a pesar de lo plano, no pudimos usarlo varios años porque entre el pasto pies de de duraznos, la última producción en forma de la huerta, esa plantación fue cortada por el Bulevar, pero originalmente llegaba casi a la barda a orilla del río, donde hoy están las mueblerías. Solo cuando una máquina hizo la pista de mini motos, quedó utilizable para futbol. La parte del terraplén, también plana, no sé para qué servía, era artificial y delimitada por mampostería de piedra, solo tenía carrizos, todavía cuando estando en la secundaria, hicimos una kermes por 1980, los puestos se hicieron de carrizos traídos del lugar, era el carrizal más grande del pueblo, aparte del río.

Fotografía personal, 2007. sobre lo que fue la huerta canal. los restos de la rampa y la compuerta de la acequia, todavía están ahí, semienterrados, se movieron unos metros de su ubicación original, cuando se hizo la escalera, pero están a la misma altura de donde eran.

Tan poco queda que de la casa canal, apenas hay parte de una pared, de la barda que dividía la Viña y el Molino, solo un tramo original. La acequia se fue cuando se cortó el desnivel de las Peñitas, junto a la noria y el sabino, aunque creo que deben estar todavía junto a lo que quedó de la escalera, los restos de la compuerta y la rampa. 

Por el lado de Cóporo, el terreno junto a la escalera, por su declive no ha sido construido, aunque antes era más pronunciado. Uno de mis primeros recuerdos es cuando era un basurero y fui a tirar por la ladera algunos desechos que caían hasta la acequia, todavía con agua y se la llevaba la corriente.  
Como vecino del lugar, disfruté durante mucho tiempo esos lugares en compañía de amigos de juegos y vagancia constante. Algo que ya no conocieron muchos fue la libertad de andar de un lado a otro, pizcar fruta, o simplemente ir a por la sombra del sabino y acostarte en el pasto sin ningún temor, porque no había peligros, hago mención de ello porque en esos tiempos, sin inseguridad y sin supervisión adulta podíamos andar por ahí René Santana Rico, Gustavo Trejo Castillo, Manuel Romero Chávez y Fernando Soto Martínez. (a veces el grupo era de más de 20, pero menciono los más allegados más o menos por edad, aunque también muchas veces anduve solo) hoy creo que ni siquiera los vecinos permitirían a sus hijos andar ahí solos. 

Extrañamente, como una característica propia del fraccionamiento algo persiste a pesar de  cuarenta años: los carrizos, que aparecen por donde quiera, signo que no han podido borrar siglos de la vocación agrícola del terreno, porque solo crecen donde hay agua, señal de los antiguos canales y la acequia que conocí y quizá de muchos más antiguos de los que no quedó memoria.

Imagen tomada de Google Earth 2020. Vista desde Melchor Ocampo, la escalera y el "punto ciego". (no  se ve , o veía si había alguien)


Imagen tomada de Google Earth 2020. El baldío, antigua ladera, antes muy pronunciada y que fue basurero. Abajo, los infaltables carrizos, que denotan el antiguo paso de la acequia.

Así que tomen su decisión; ya mencioné que la escalera es de la década de los ochentas, no se trata de un derecho de paso de siglos, el terreno donde se asentaba era parte de la huerta del Molino y las bardas la delimitaban con Cóporo y la Viña. No sé qué arreglo se hizo con los propietarios del terreno del hoy fraccionamiento, esa parte no se alineó por el riesgo que se derrumbara la calle Cóporo. Cuando la central estaba al otro lado del arroyo Cano era muy frecuentado, ya poca la gente la utilizaba, sí es un gran atajo. Conocedor del lugar, estando en Cóporo, ya un par de veces me dio miedo bajar la escalera. (tiene una parte que no se ve desde arriba y no fuera a ser)

Imagen tomada de Google Earth 2020.  La última imagen de la escalera, se me había olvidado mencionar los daños colaterales, también se fue un mural sobre ella.

Como dije, no me inclino por ninguno de los bandos, pero para mí, no era solo una escalera.


Fotografía personal, 2007. Tomada desde la parte media de la antigua escalera,  se observa lo que era la barda de contención, y la parte de ladera que fue alineada.  El nivel bajo de la barda, muestra el original camino, el nivel alto, el camino tras su arreglo a finales del siglo XIX.

Fotografía personal, 2007. Un poco al sur, el último tramo de barda, tenía unos 300 metros de extensión y su altura, de más o menos un metro y medio sobre el camino, iba  haciéndose menor, porque la ladera también disminuía. Terminaba cerca de lo que hoy es el B. Luis Romero Soto.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Creo que iba a ser un texto corto, pero fueron saliendo recuerdos, espero no les moleste.

Ante la contingencia, no creo tener autoridad para dar recomendaciones, creo que cada quien tomará las medidas que juzgue convenientes para su persona y su familia, apelando siempre a su sentido común.

Lo único que puedo ofrecer es poner algunos escritos, dado que en lo personal, estoy en reclusión, pondré algunas entradas más de lo normal.

No se olviden de recomendar y dense sus vueltas.

domingo, 11 de octubre de 2015

El jardin de la familia, final (o casi)

De jardín de la Familia a multifamiliar.

La carretera Panamericana
A partir de la instalación de la carretera Panamericana en la década de 1940, trazada en nuestra ciudad en plena avenida Juárez, sobre el viejo Camino Real, la sección de esta arteria cercana al jardín del Sacromonte tuvo un repunte, dado que algunas de las líneas foráneas de autobuses establecieron paradas cercanas.

No se crea fue una central camionera en forma, cada línea tenía, por algún convenio comercial o simple comodidad, un espacio asignado en cualquiera de las  aceras, en el tramo comprendido entre las calles 2 de abril y 16 de septiembre. Para las necesidades de alimento de los viajeros de paso y de llegada o salida, se establecieron algunos restaurantes de primer orden, otros de regular calidad, además de simples puestos y vendedores ambulantes. Para todos había trabajo. Mientras tanto, el jardín, a causa del abandono, fue perdiendo árboles y plantas.

Restaurantes
En la década de  1960, en él se estableció aquí una extraña simbiosis de espacio público y comercial, por varios factores:

Por entonces y desde muchos años atrás,  afuera del Portal de Reyes, existía una especie de tianguis formado por puestos diversos para el abasto diario, el cual fue desinstalado completamente al abrirse el Mercado Reforma en 1963, ubicándose ahí los comerciantes, algunos de los que no cupieron, sobre todo expendedores de alimentos optaron por trasladarse en la ancha banqueta afuera de la cuadra de la cárcel, aumentando la oferta para los usuarios de las líneas de camiones que por comodidad, habían abandonado las aceras y empezaron a ocupar como terminal común, el espacio anexo al jardín, afuera del llamado Mesón de San Pablo, (hoy tienda de telas, esquina de Allende y Juárez) lo que le valió para que después de cuatro siglos mereciera ser empedrado.
Unidos en un mismo espacio, los proveedores de alimentos y los autobuses, el punto de reunión y espera de los viajeros fue el pequeño y descuidado jardín, que continuó en tal estado unos años más.
Fotografía de la década de los 60s de José Velázquez, tomada de los calendarios de la Canaco, el jardín, en su tamaño original, el resto  el paradero común de autobuses.

A pesar que desde 1957, ya funcionaba la autopista México - Querétaro, trazada por las afueras de la ciudad y se había abandonado como principal la carretera Panamericana, el grueso de autobuses siguió entrando a la ciudad, ocupando ya oficialmente como paradero, el espacio mencionado, que sería básicamente un cuadrado, sin embargo, con la posibilidad de ahorrar tiempos sobre todo en viajes largos,  algunas de las líneas más importantes ya no hacían parada por el centro, lo que implicó el declive de los servicios restauranteros. Supongo que hubo muchísimos, se recuerda especialmente el Layseca, junto a la iglesia, el Prado, en la Esquina con Hidalgo, el Montes, frente al jardín, el Patio, el Parador, los tacos sudados, los Cocoteros, solo sobreviven de esa época, La Bilbaina y los tacos ahora conocidos como “vaporizados”.

Mención especial merecen dos más, también desaparecidos, que funcionaban como hotel-restaurante: el Valenzuela y el Avenida, una cuadra más al poniente del Jardín, hoy convertidos en los bancos más grandes de la ciudad. Incluso eran parada obligatoria de un servicio de automóviles de alquiler, con ruta México- Querétaro, era de lujo, solo utilizado por unos cuantos.

Al disminuir el tráfico de vehículos de lujo y particulares por el centro de la ciudad, comenzaron a proliferar fuera de la cárcel y en toda la acera los puestos populares. Entre ellos, uno de tamales consistente en una hornilla y un bote alcoholero, que se instalaba exactamente a la mitad de la acera y según se dice fue al que originalmente se llamó “el Tragadero”.

Juárez en San Juan

En el año de 1969, se acercaba el centenario de la muerte de Benito Juárez y la capital del estado decidió establecer una estatua monumental de él en el cerro de las Campanas, para sustituir la que se tenía en Av. Zaragoza, que fue donada al Municipio de San Juan del Río. Ante la circunstancia, se decidió dignificar el ya para entonces llamado Jardín del Santuario y en su extremo poniente, sobre un pedestal blanco, se colocó la estatua del benemérito, rodeado por una jardinera muy simple, sin árboles, solo empastada, todo circundado por franjas de tierra.

Inicio de la década de 1970, monumento a Benito Juárez, una jardinera rodeada por tierra, fotografía tomada de las postales de Ugalde.

Tratando de que la dignificación fuera integral, se desalojaron los ya numerosos puesto de la acera frente a la cárcel, que acostumbrados a los cambios, se ubicaron casi todos en estructuras metálicas en la calle Allende, ocupando todo el arroyo de la misma en una hilera de puestos de comida, que llegaba casi a la esquina con la Plazuela Guadalupe Victoria, quedando en el frente que daba a Avenida Juárez, todo el espacio disponible para los autobuses, cuyos usuarios cuando el hambre arreciaba, tenían una amplia gama de alimentos en el singular comedero popular. El segundo puesto de la fila tenía un letrero de neón con la leyenda “el tragadero” que se extendió para todo el espacio, incluyendo también vendedores a pie, que hasta las propias ventanillas de los camiones llevaban a ofrecer gelatinas, tortas, dulces, refrescos y demás. Varios de los puestos funcionaban hasta altas horas de la madrugada. En una ciudad mal iluminada, y en un espacio techado por láminas metálicas, el letrero de neón hizo famoso el lugar.

No duraron mucho ni Juárez, ni el Tragadero ni la pomposa central de camiones. Para finales de la década de 1970, la central camionera se trasladó a un tejaban ubicado en el B. Hidalgo, los puestos fueron desalojados de Allende en 1977 y Benito Juárez fue a dar con sus, en este caso metálicos huesos, a la cárcel, es decir, se le bajó de su pedestal y se guardó en el cercano edificio de la cárcel, donde permaneció varios años y solo salió de ahí, hasta que fue erigido su monumento actual, unas cuadras arriba. No salió ileso, creo que ahí perdió el bastón que originalmente ostentaba.

El proyecto no concluido

La razón del desaire al prócer, fue explicada porque nuevas autoridades tenían un gran proyecto para el jardín: hacerlo un espacio digno (nótese que en cada cambio siempre se  esgrime ese argumento) que incluía, para hacer juego con los arcos del portal del Diezmo,  otros en la acera del frente, incluso, habría otros en la bocacalle de Mariano Jiménez. Entre otras maravillas, el proyecto incluía piso de adoquín, fuente central, jardineras y balaustradas.

Imagen tomada de revista proyección, mediados de los setentas, el ambicioso proyecto.

Creo que por falta de recursos y permisos de los particulares, no fue posible tanto lujo. No se aumentaron los arcos en el lado sur, incluso se derribaron los que ya existían en el portal de la Comandancia y, seguramente para evitar el regreso de los ambulantes, durante un breve tiempo, la acera ancha fue abierta al tráfico de vehículos, se dijo que para aliviar el tráfico por Av.  Juárez, cuando se dieron cuenta de que no era tanto, se volvió a cerrar.


Imagen tomada de internet, lo que se logró del proyecto.

Del ambicioso proyecto inicial, solo pudo salvarse el piso de adoquín, la fuente y las jardineras, adornadas con vistosos arbustos de piricanto, que luego resultaría que eran venenosos y fueron sustituidos por los árboles que se ven actualmente.

Un par de años después los piricantos habían crecido y no tardarían en ser quitados.

Para evitar el regreso de los autobuses, el espacio que habían ocupado, se cerró con una banqueta del lado de la carretera y se destinó para estacionamiento de vehículos.

Remember el Tragadero

En años posteriores, ese mismo espacio se utilizó para ampliar la superficie del jardín, aumentando en algo su dimensión. En la década de los noventas, en un pedestal se colocó una malograda estatua, creo que de concreto, en color blanco,  que representa la unión familiar, impulsándose por la administración municipal en turno el cambio de nombre del espacio a “Jardín de la familia”, que creo que es el oficial. Casi simultáneamente, se ocupó el último espacio restante, llegando hasta la bocacalle de Allende, que son las dimensiones actuales. Como resabio de su anterior topografía, el jardín presenta cuatro niveles diferentes.

Para más información del llamado "Tragadero" dar clic en los siguientes vínculos:

"La familia" fotografía personal, 2014.

También es reciente la ocupación del frente de la casa cural, al costado sur de la reja atrial, que siempre fue un espacio público, y un buen día amaneció acotado por una lujosa reja, no se sabe en qué condiciones se tomó el espacio de todos para un beneficio personal.

Imagen anterior a la última remodelación, ya con su extensión completa. Fotografía tomada de internet, el asta no duró mucho.

Habiendo estudiado muchos años la historia del municipio, he encontrado varias situaciones que se repiten en diferentes épocas, los he llamado Karmas locales, el último del que me di cuenta tiene que ver con el hecho de que hace medio siglo, fueron retirados de la acera frente a la antigua cárcel, los comerciantes de alimentos. Desde hace varios años, de manera casi imperceptible, no en la acera, pero sí en el costado inmediato del jardín, llegó una solitaria vendedora de tacos de canasta, que por su éxito animó a otros, que al grito de  ¡Remember el Tragadero!, han ocupado casi todas las jardineras, con instalaciones volátiles, que colocan por las mañanas y recogen en las tardes.

Las familias
Desde inicios del presente año, el jardín sufrió otra remodelación, consistente básicamente en una mano de gato: renovación de adoquín, agrandamiento de jardineras y como sorpresa, en un sitio no excavado en siglos, se colocó una cisterna subterránea para servicio de una fuente, adornada con estatuas de bronce de “otra familia”. Ignoro cómo se va a llamar ahora: jardín de las Familias o jardín Multifamiliar.  Terminando con ocupar todos los niveles: el más alto, por la vieja fuente, el de en medio, por la blanca familia, y el más bajo por la familia modernista. Por estar la última a ras del suelo, con surtidores subterráneos y las figuras alrededor de ellos, es muy visitada, en poco tiempo se ha vuelto un espacio cotidiano para la toma de fotografías, como siempre ha sido este lugar, el más retratado por las lentes, ahora predominando las de los celulares y tabletas.
Fotografía personal, 2015, la familia original, viendo a las recién  llegada, no vayan a ser paracaidistas.

Fotografía personal, el nuevo espacio para fotografías, 2015.
El final? 
Solo me resta hablar del edificio que ha visto todos estos cambios, que con remodelaciones de más de cuatrocientos años, llegó a nuestro siglo, la vieja cárcel de la que paradójicamente, fue Benito Juárez su último interno, es decir su estatua. Tal vez el destino es patriótico y tras el chusco episodio la cárcel desapareció como tal y el edificio quedó semi abandonado. Comenzó un deterioro que afortunadamente fue reversible. En la década de 1980 se le habilitó un poco para una Casa de Artesanías fallida que cedió después el lugar, previo a una remodelación que respetó lo que quedaba de original del edificio, para actividades culturales. Hoy, acumulando años, como Centro histórico y Cultural, alberga un pequeño museo, una sala de historia, el Archivo histórico Municipal, la biblioteca pública y las oficinas de los encargados municipales de la cultura. No hay duda que este edificio perdurará muchos años, tampoco la hay de que todavía verá muchos cambios en el jardín: físicos y de nombre.
No estoy seguro qué poner aquí: Fin o continuará…   (algo ha de faltar que merezca otra remodelación, alguna otra estatua o …)

Fotografía personal, la vieja cárcel, que en días recientes, como el edificio del Centro Histórico y Cultural, recibió nuevos ocupantes, encargados de las actividades culturales por los próximos tres años, a los que solo nos compete dar la bienvenida y esperar que su labor, en tan icónico recinto sirva para el engrandecimiento de la rica historia de nuestra ciudad.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Pase Usted: El Tragadero de San Juan del Río.


La actual calle Ignacio Allende se llamó antiguamente de varias formas; partiendo de Av. Juárez, su primer cuadra era la calle "del Canal "por ser la primera donde se veía la acequia viniendo del centro, la sección siguiente se llamó calle de la Viña, por estar frente a la barda de esa huerta. Al terminar esta y hasta el río se conocía como calle de los Aguadores por ser ahí transitar estos con sus cántaros o botes desde el río o el pozo de Guadalupe. También se llamó a su primer tramo calle de las Tamboras.

En ella termina la meseta del pueblo e inicia el descenso al río. Originalmente un arroyo venía del cerro del Calvario, pasando por Fernando de Tapia y la plazuela Guadalupe Victoria, al unirse con Allende iniciaba el declive que terminaba hasta el río, luego de pasar por el pozo de Guadalupe y el cruce con la Calle Galeana, desfogando junto al Sabino Quemado, exactamente al terminar las últimas construcciones del pueblo; el Rastro y el Molino.
Sirvan estos antecedentes para ubicar un folclórico lugar de nuestro viejo pueblo; el Tragadero (no, no es una mala palabra, hubo un lugar así llamado)

Para ello también debemos ubicar históricamente a una sección de la acera sur de la Av. Juárez, situada entre las calles de Reforma (antigua de los Leñadores) y la citada Allende; donde hoy se ubica el Centro Histórico y Cultural, edificio que fue casi desde la fundación del pueblo, la cárcel local y al parecer, tuvo a su lado, las Casas Consistoriales, es decir de gobierno virreinal. En razón de ello, era el sitio donde acudían inicialmente los viajeros, a  registrar su carga y documentos y se revisaban los hatos de ganado. No he podido ubicar el tamaño original de este edificio pero debió ser muy grande, quizá todo el resto de la cuadra. En razón de esas actividades, la calle era muy ancha en ese tramo.

Con la construcción del Camino Real a su vera, el tráfico aumentó  y siempre fue el sitio de llegada al pueblo de todos los que transitaban por él.

En algún momento del siglo XIX, las Casas Consistoriales desaparecieron (no así la cárcel) y sus funciones se distribuyeron en otros edificios, pero quedó la costumbre a los viajeros de detenerse ahí y seguramente siempre hubo puestos de comida, para proveerlos.
Con la llegada del ferrocarril, durante algunas décadas del siglo pasado, el lugar bajó en importancia comercial  ya que muchos de los vendedores “ambulantes” de comida se trasladaron hacia allá.

Esto cambió en la década de 1940. El trazo de la carretera Panamericana pasó por la ya para entonces Av. Juárez frente a la vieja cárcel (que  seguía en el mismo lugar, como lo había sido desde casi cuatro siglos antes) tomando desde la Curva, el viejo trazo del camino Real, trayendo un nuevo flujo de viajeros, en autos particulares y autobuses de línea, que tuvieron diversos paraderos desde las calles 16 de Septiembre hasta 2 de abril.

Ni tardos ni perezosos, tal como lo hicieron siglos antes, los habitantes, ante la necesidad de alimento de los viajeros, se instalaron en los alrededores. Para los de cierto nivel económico, hubo restaurantes, casi todos en la acera norte, (excepto el Layseca, atrás del Santuario) y en la acera sur, puestos populares para quienes descendían de los autobuses económicos, instalados desde afuera  de lo que hoy es moderno hotel, casi hasta el edificio de la cárcel; ofrecían comida diversa en puestos de madera, y solo con unas cuantas mesas, sillas y anafre u hornilla.  Esta pequeña zona fue el original “TRAGADERO“, duró varias décadas. (me dicen que en ese lugar expendían originalmente dos de nuestras legendarias vendedoras de tacos dorados, “Doña Cleofas” como dueña y “Doña Mary” como ayudante, que luego se instalaron sendos locales, una se fue a 27 de septiembre, la otra se independizó en la calle Reforma, hoy en 2 de Abril)

Con la construcción de la Autopista, en 1957, el transito disminuyó progresivamente y  algunas líneas dejaron de tener  paraderos exclusivos, concentrándose con las líneas económicas  en una “terminal” común en la acera sur ( la mitad del hoy jardín de la familia, afuera del Mesón, hoy moderno Hotel).
En un inconcluso proyecto modernizador, un día el ayuntamiento decidió que esa acera era demasiado ancha y se proyectó abrir una calle paralela a la avenida Juárez para aliviar su tráfico (luego se dieron cuenta que para calle quedó angosta y que el tráfico en Juárez no era tan abundante, por lo que se convirtió en la actual banqueta ancha, de Reforma hasta Allende, previa demolición del portal de la Comandancia. Para entonces los puestos habían sido reubicados en la calle de Allende, casi sin circulación de automóviles, ni locales de comercio, por tanto ocuparon todo lo largo y ancho de la cuadra inicial. Donde se hicieron famosos y donde su popular nombre se institucionalizó en el recuerdo de los sanjuanenses. Estamos hablando ya de la década de 1970.

 El nombre de este comedero popular o parián fue siempre “el Tragadero”, por un anuncio de neón con esa leyenda que tenía uno de los locales y era lo primero que detectaba la vista en la penumbra del lugar (sí tenían luz eléctrica, pero por el amontonamiento de estructuras de los techos de lámina no había buena iluminación). Aunque no se conciba hoy, no eran simples puestos, sino verdaderos locales completos con construcciones sólidas en los que se cocinaba, lavaba y se tenía mesas, sillas y mostradores para atender al público, es decir en toda forma, pero en plena calle, de lado a lado. Solo se podía circular a pie, por la banqueta poniente, la otra, la ocupaban como patio de servicio. La mayoría eran fondas populares; tacos dorados, enchiladas, pambazos, gordas, quesadillas y los nutritivos huevos cocidos etc. También estaba el puesto de carnitas del popular  “Puleyo“, solo al final, casi para llegar a G. Victoria había dos puestos de frutas, verduras y semillas, estos sí solo de estructura y paredes de lámina. (Dice Gustavo Nieto  Ramírez que fueron en total 12 puestos)
La entrada era por la banqueta poniente, y desde el fondo, tras las mesas y el mostrador, las cocineras lanzaban a los viajeros o transeúntes su grito de guerra: (de venta en este caso)  PASE USTED, TENEMOS ...
Lo que hoy es el hotel era una vieja casona, de dos pisos donde había funcionado años atrás el mesón de Don Pepe de la Torre, oficialmente llamado “la Luz”, rebautizado popularmente “de los burros”, uno de los últimos en funciones como tal, casi en ruinas, tenía varios locales comerciales en las accesorias del frente, entre ellas, en la esquina de Allende, el Bar “Jalisco”. Poco antes de desaparecer el Tragadero se derribó completamente, levantándose el moderno edificio y los arcos laterales que se ven actualmente con locales comerciales donde, inicialmente, lo que hoy es un negocio de telas fue el entonces flamante y hoy desparecido banco Serfin. (A donde la gente, si necesitaba un servicio bancario iba a verlos)

Los locales bajo los modernos arcos cobijaron muchos rubros, entre ellos el primer (y creo único) “Delicatessen” del pueblo. Después, por 1985 el primer local que hacia copias fotostáticas a precios accesibles, negocio que persiste en la acera de enfrente, ahora con la competencia de negocios similares en servicio y precio. Se recuerda especialmente porque en esa época muchos estudiantes al no haber libros de texto, recurrían al nuevo truco de las fotocopias que por lo numerosas hubiera sido difícil adquirir a los precios que las daban las copiadoras  “de marca” que apenas unos  cinco años antes habían llegado a la ciudad.

En la otra esquina con la Avenida Juárez, para estar acorde con la nomenclatura, existía el popular bar “la Cucaracha”, no sé si en alusión a la clientela o al estado en que salían, mismo que al desinstalar el Tragadero se modernizó llamándose pomposamente  “El León Dorado”  que sin embargo, ya no duró mucho, se cerró por 1990, estuvo también una funeraria y  un restaurante de comida rápida. (1)  

Un poco más al sur de la calle, en el patio de una casa junto a la Viña, había un manantial, ignoro si de escurrimientos de la acequia o de las Peñitas, pero era agua limpia. Cuando se “iba” el agua entubada la gente acudía a pedirla en cubetas, eran tiempos en que el vital líquido no se negaba a nadie (menos se le vendía embotellada) y los dueños la proporcionaban sin costo a todo aquel que la solicitaba.

Casi llegando al río, junto a la casona del Molino está la fuente de aguadores o Pozo de Santa María de Guadalupe, su pequeño espacio, entremetido en las fachadas, se dice fue donado por sus propietarios, la familia Guerrero, para uso del pueblo, ignoro si fue antes un manantial natural, tenía aproximadamente 5 metros de profundidad, con una viga en la parte superior para descolgar los cántaros o cubos. Al frente ostentaba un nicho con imagen de la virgen de Guadalupe que después desapareció, igual que una cruz sobre la esfera de piedra. Su adorno era revestimiento de estuco. Tenía una inscripción en la parte superior que decía “foso de María Stma de Guadalupe año de 186...” (2) 
Muchos años después de dejar de ser funcional, seguía teniendo agua pero muy sucia y comenzó a acumular basura. Aunque no recuerdo que haya resultado algún ahogado, hace unos 20 años el municipio decidió no dar paso al refrán, colocando una reja al frente, además se remozó y pintó todo lo posible mostrando un magnífico aspecto. Estando en el completo abandono, solo visitado a veces por el tranvía turístico, en 2010 se volvió a remozar, modificando en algo su forma original.

Volviendo a la historia del Tragadero, un buen día, en el trienio 1976-1979, el gobierno municipal, decidió  desaparecerlo. Tras varios intentos formales de desalojo rechazados por los locatarios, una mala noche, se apersonaron en la Av. Juárez camiones de limpia al servicio del municipio, dos soldadores y los presos de la cárcel chica desarmaron y cargaron con todos y cada uno de los puestos, los locatarios por la sorpresa (funcionaban día y noche, pero no todos) ni pío dijeron. (bueno, en palabras de el Presidente municipal, Gustavo Nieto Ramírez, la líder sí dijo “ya me chingó, presidente” pero eso fue todo) Acabó así el legendario sitio, donde parroquianos y transeúntes, habitantes y fuereños  comían y bebían la vida, vida tranquila de un pueblo que comenzaba a ser ciudad y ya no los requería.

El detalle surrealista de esa madrugada, a tono con el lugar fue que el desalojo estuvo amenizado de principio a fin por el acordeonero local Justino Arriaga, "el dedos de oro", no he podido averiguar el repertorio que interpretó.
Viviendo apenas a una cuadra de ahí, no estuve presente, fue muy de noche, (de 2:00 a 5:00 A.M., Según don Gustavo) la mañana siguiente, fui testigo de lo que semejaba un paisaje lunar. Solo quedaba lo construido con cemento, mostradores, paredes, “drenajes” etc. Y una vez más, desde Av. Juárez, se podía ver, al frente de la Viña, el canal de la acequia (bueno, en realidad ya no se veía, había sido entubado años atrás)

Algunos de los desalojados fueron a dar al entonces tianguis del mercado Reforma (la parte donde hoy está el estacionamiento subterráneo, entonces sin techo y solo a nivel de piso) otros se instalaron en el por aquellos días deshabitado Boulevard Hidalgo, camino a la nueva “Central Camionera” (en realidad un tejaban de láminas construido junto al arroyo Cano) algunos persistieron ahí algún tiempo, otros abrieron locales en casas, y un par de ellos, como el ave fénix, hoy expenden en los puestos nocturnos del jardín Independencia.

 1) Estaba en los números 12 y 14, propiedad alguna vez de Saturnino Osornio. En una especie de celosía sobre la puerta están las iniciales s-o. Ver Cano Romero, 1991, p.102.

2) Ibid.  p. 78

Las fotos se las debo para mañana, espero les haya gustado,  dejo para más adelante temas adyacentes;  la entonces  nueva central Camionera, la actual y la historia del Bulevard Hidalgo. Todas a manera de crónica ya que no hay muchos datos de dueños de casas, planos, estilos arquitectónicos, etc. Es un defecto de nuestra ciudad, la escasez de datos históricos escritos, quisiera poder escribir con todos esos agregados como magistralmente  lo hace mi patrón Don Javier Lara Bayón en su Blog de Aculco, pero no se puede, hago lo mejor que está en mis manos, recurrir a mis recuerdos, los de mi familia y en este caso, de los familiares de las víctimas.