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jueves, 16 de abril de 2020

No solo una escalera




Fotografía personal, 2007. La Escalera de la Discordia en su apogeo.

Durante pasadas semanas, en redes sociales se dio a conocer que una escalera pública que comunicaba una calle en la parte alta con la baja de la ciudad, había sido destruida por los vecinos, aduciendo que por ella llegaban y era vía de escape de malhechores a sus casas. Lo que dio paso a comentarios a favor y en contra: que si se estaba violando un derecho de paso, que sí era propiedad del fraccionamiento… Como siempre, la última palabra la tiene cada uno, me limitaré en esta entrada a dar el aspecto histórico del lugar, para mejorar sus puntos de vista.

Fotografía tomada de Internet, crédito a quien corresponda.  La  ex escalera en la actualidad.

Anteriormente he comentado que cuando no se sabe de un tema, es mejor quedarse callado o de plano decir “no sé” y no andar inventando historias o decir lo que uno supone. En este caso es lo contrario, si se sabe, debe darse a conocer y digo en este caso porque resulta que la zona en cuestión, la conocí perfectamente, cuando era completamente de huertas, incluso cuando no existía ninguna casa (y no soy tan grande, la ciudad creció más rápido que yo) y era un espacio de juegos, por estar apenas a unos metros de la calle donde vivía.

UBICACIÓN

La escalera unía las calles Melchor Ocampo, (antes Cóporo, más antes Camino Real al Rodeo) con otra del fraccionamiento el Molino que comunica con el bulevar Hidalgo, una de las principales de la ciudad. Se requiere una escalera de unos 10 metros de altura porque la primera está en la ceja de las llamadas Peñitas, un saliente rocoso y la segunda, en la parte plana. Es el único acceso peatonal para salvar el desnivel.

Imagen tomada de Google Earth 2020. Calle Melchor Ocampo, al terminar las viviendas. inicio de la escalera en su parte alta. Al fondo, el antiguo camino Real al Rodeo.

El área donde estaba la escalera era el antiguo límite entre la calle de Cóporo y dos de las más famosas huertas antiguas sanjuanenses, la Viña y el Molino, específicamente, la escalera estuvo toda en el Molino.
Por estar la escalera, precisamente encima de lo que fue la antigua acequia del pueblo, los datos que presento los había escrito en el libro “La acequia del pueblo” del que los extracto, aclarando que no hay otra descripción detallada de cómo eran además de esta.

 LA HUERTA DEL MOLINO

Al abrirse el Bulevar Hidalgo en 1969, se afectaron 3 emblemáticas huertas sanjuanenses: la Viña, el Molino y la Huerta Grande, cortándolas casi por el centro, así, fueron conocidas por la gente común, ya que, aunque habían sido mucho antes terrenos casi públicos, para entonces ya eran propiedades completamente cerradas, a las que solo se accedía por invitación o robo, una de ellas es el enorme terreno que detallaremos a continuación, la huerta del Molino, con los límites siguientes:

Imagen tomada de Google Earth 2020. Vista aérea de el fraccionamiento el molino, la vía pavimentada es el B. Hidalgo, arriba a la izquierda, la zona de la escalera.

Al poniente una barda de piedra junto al río, sobre el dique que se hizo para ganar terreno firme y fértil ya que la corriente inundaba parte de la huerta. Esta sección estaba en promedio 3 m bajo el nivel actual de la calle, que es precisamente la del dique, aparentemente hoy las construcciones tienen el mismo nivel, pero puede constarse que varias de las  mueblerías ahí instaladas tienen sótano, la primera, de comerciantes españoles de apellido Da Luz sufrió todavía inundaciones cuando el río tenía creciente y se filtraba el agua a través del dique.
Al oriente por la barda de contención de las Peñitas o del camino Real
Al sur por el arroyo Cano y una pequeña barda de piedra suelta.
Al norte por la barda de la huerta de la Viña.


Recreación  personal, casi la misma de la imagen de Google, la huerta del Molino, como estuvo hasta la década de los 80s. Arriba, las Peñitas, abajo a la izquierda, la barda poniente, junto al río.

2.- Barda Oriente del Molino o de contención de las Peñitas o del Camino Real al Rodeo.
3.- Camino Real al Rodeo. Bajo la barda, la única casa antigua de la zona.
4.- Final de la parte urbanizada de la calle Melchor Ocampo, antiguo basurero.
5.- La casa Canal.
6.- Barda divisoria entre la Viña y el Molino.
7.- La acequia. La línea azul marca todo su recorrido en la huerta
8.- Compuerta y rampa de la acequia, aquí se ubicó muchos años después la escalera.
9.- Declive de las Peñitas, compuerta, el sabino y la Noria.
10.- Huerta de la Palma.
11.- ubicación actual de la Escuela comercial, en el B. Hidalgo.
12.- Arroyo Cano.
13.- Terreno de la antigua Central Camionera, entre las décadas de 1970 y 80.
14.- Trazo del B. Hidalgo.
18.- Terraplén artificial, hoy parque del fraccionamiento, solo quedan las piedras.
Donde está el logo del blog, fue la antigua zona de duraznos y luego pista de mini motos.

La extensión de la huerta se dividió por el pavimento, de norte a sur en dos secciones, su acceso original estaba en la calle Allende, en la casona llamada precisamente el Molino, frente al Sabino Quemado al costado del pozo de Guadalupe, hoy instalaciones de la P.G.R., inmediatamente luego se distinguían en la barda ventanas y puertas tapiadas, aunque no había restos de habitaciones. La barda, rústica, de piedra de río y cantera, sin aplanado continuaba por la ribera del río hasta el arroyo Cano. Al interior hubo gran cantidad de árboles frutales: aguacate, pera, mora, uva y el único del pueblo de granadas chinas; bajo las Peñitas había carreras de duraznos además de moras y aguacates dispersos que poco a poco se fueron secando por falta de riego, de bardas, y el abandono de los propietarios, quedando terrenos baldíos e inútiles.



Imagen personal. Al final de la Calle de Allende, antigua casona conocida como el Molino, entrada original a la huerta.

Distribuidos a lo largo y ancho, había canales de riego derivados de la acequia. Exactamente hacia atrás de lo que hoy es una escuela comercial,en el B. Hidalgo, casi bajo las Peñitas había un sabino, el más grande de la ciudad exceptuando los del río, a su sombra estaba una compuerta, consistente en dos piedras de cantera con una canaladura para poner una tabla o lámina metálica, movible a voluntad. Este canal secundario que conducía agua terreno abajo. (cuando lo conocí, al llegar al pavimento del Boulevard, cruzaba por un pequeño túnel pasando intacto a la otra sección, donde ya casi no se utilizó porque solo quedaban algunos duraznos que igual se secaron) Junto al sabino, a ras de suelo, estaba un pequeño pozo de orificio cuadrado de aproximadamente 20 cm por lado, formado con piedras al que le llamábamos “la Noria”, aunque por su tamaño difícilmente sirviera para sacar agua, tenía bastante profundidad. No he podido encontrar quien pudiera decir su verdadero uso y antigüedad.

Imagen personal, época actual. Ribera y  Paseo del Río La línea azul marca el final de la barda poniente de la Huerta,  abajo, el puente Cano sobre el arroyo del mismo nombre, que era el límite sur de la huerta. El edificio azul es la escuela comercial, en el B. Hidalgo.

 Nace Boulevard

El Boulevard Hidalgo fue la primera avenida moderna de la ciudad, planeada por el gobierno municipal y los comerciantes para facilitar el acceso al centro de la ciudad a los autos que transitaban por la Autopista México – Querétaro, se trazó y construyó en una sola etapa y tiempo récord con todos los adelantos modernos de entonces;  doble carril y sentido, pavimento, guarniciones, colectores de  lluvia, alumbrado de luz mercurial, nombre francés, camellón y varios etcéteras, a partir del año de 1967. El cúmulo de maravillas sin embargo, a los supuestos visitantes les importó poco, de manera que era difícil que un auto transitara al interior de la ciudad y en sentido contrario menos, los pocos autos no tenían razón de ir a la nada, así que durante años sobre el costoso pavimento fue posible escenificar largos encuentros de fútbol callejero, a veces dos simultáneos, (práctico uso de los dos sentidos) siendo las porterías piedras que rara vez había que quitar dado el poco tránsito.

Solo ocasionalmente se veían por ahí a los estudiantes del seminario Javeriano que tuvo la primera entrada hecha en esta calle, después se construyó junto al Seminario la ahora vieja clínica del Seguro Social y un negocio de venta de autos (MAGUESA) junto al arroyo Cano. Desde entonces, no ha pasado un día en que no haya al menos una obra en construcción. Sin embargo, el detonante real para su desarrollo fue cuando el Municipio a fines de la década de 1970 decidió acabar con el popular comedero llamado “El Tragadero” de la calle de Allende y trasladar la Central de autobuses que sin local funcionaba en Av. Juárez, al terreno ubicado luego del arroyo Cano, colindante con la huerta del Molino. Varios de los desalojados se instalaron en el tramo entre Allende y la flamante Central Camionera, (no hubo problema como hoy con los comerciantes fijos porque no había ninguno, estaba vacío). Su primera clientela fue la que obligadamente debió caminar del centro a la terminal y viceversa. Aunque ya había una línea de transporte urbano, Delfines de San Juan o Circuitos, eran poco usados, la gente prefería ir al trabajo o de un lado a otro a pie, solo cuando se quería matar el tiempo, no se tenía qué hacer o prisa, usaban los camiones.

Los para entonces pocos árboles del Molino se fueron acabando por la pizca inmoderada de los transeúntes, quedando sus dos secciones como amplios baldíos, propicios para toda clase de actividades no agrícolas. En el lado oriente (precisamente donde está hoy el fraccionamiento) funcionó incluso una pista de mini motos de alquiler, un año se instaló la feria de junio, y en la sección junto al río, cuando llegaban al pueblo las caravanas de gitanos o las mal llamadas “húngaras” se les permitía poner ahí sus carromatos, lejos del centro ya que tenían mala fama; que eran brujas, que robaban niños, que perdían a los hombres etc. Sin embargo, su principal actividad consistía en leer la palma de las manos, “la buenaventura” decían; No debieron ser tan temibles ya que durante los meses que estaban siempre había gente esperando sus servicios fuera de los vagones.

La Casa Canal

Aún dentro del Molino, en el límite con la Viña, bajo la barda de contención de las Peñitas, en el declive, existía adosada una extraña construcción, que aparentaba ser una casa normal de dos plantas, aproximadamente de 10 por 8m con puertas y ventanas Ya estaba en ruinas en 1973, invadida por maleza y carrizos que crecían dentro y salían por todos los huecos posibles. Un poco arriba, la acequia tenía una compuerta de desvío a una rampa de ladrillo que conducía a otro canal que desembocaba en el segundo piso de la casa. Tenía visibles dos fachadas, la de la ladera semicubierta por derrumbes, la otra era la barda que limitaba con la Viña. Creo que nunca tuvo techo la primera planta y el de la segunda se derrumbó, ahí llegaba el descrito canal a un túnel vertical adosado a la pared. (como una chimenea) Al interior parece que había un sistema de compuertas para controlar el paso de agua a varias direcciones (la maleza y basura acumuladas no dejaban ver el piso). No he podido saber si fue casa habitación adaptada para distribuir a las huertas o se hizo exprofeso.
Recreación  personal ampliada, La Casa Canal junto a lo que después sería la escalera. puede verse la desviación de la acequia al techo de la casa.

Al instalarse la central Camionera en el B. Hidalgo y ser común que las personas llegaran caminando, algunas optaron por tomar un atajo por la calle de Cóporo, al terminar las viviendas, justo sobre la casa que se acaba de detallar, donde iniciaba la barda del camino Real. Este muro, ya muy deteriorado, conservaba hasta un metro de altura que era necesario saltar, una vez al otro lado, con ayuda de un guayabo, descender por la ladera, saltar la acequia, llegar al terraplén, cruzar la ex pista de motos y por fin al Boulevard. Al principio era dificultoso, pero con el paso constante, la barda fue desapareciendo, dejando acceso libre y se formó un sinuoso caminito.

Recreación  personal, la  misma zona, pero vista desde la calle Melchor Ocampo, casi al centro, la Casa Canal, a la izquierda, las Peñitas.

Cabe mencionar que la ladera y el terraplén ya no existen, se retiraron con maquinaria para nivelar el terreno para el fraccionamiento, solo quedó lo que estaba sobre la casa canal.

El municipio, como siempre previsor, advirtió el sufrimiento de la gente y construyó entonces, para evitar accidentes, una escalera de piedra y una casi calle, de Cóporo al B. Hidalgo, en que la gente bajase cómodamente, sin brincos, vueltas ni apoyos en el guayabo, talado sin miramientos.

Parte de lo removido, sobre todo piedra, tierra, la compuerta de cantera y la rampa de ladrillo se tiraron sobre la casa canal que posteriormente se derrumbó, enterrando su misterio. La escalera cortó para siempre el ya escaso caudal de agua que corría por la acequia, solo de lluvia y secó para siempre media docena de árboles de mora que estaban casi para llegar al Boulevard.  Al costado de la casa, todavía en 1980 quedaban restos de un canal que los derrumbes no permitían ver si provenían de su interior o directamente de la acequia.

En 2006, junto a la escalera todavía seguían los restos de la compuerta y la rampa. Siendo la casa solo un montón de piedras y basura, se removió y pudo verse en lo que fue la parte baja del muro, restos de mampostería que parecen ser un canal y junto a la viña, vestigios de canales y compuertas internos. Se ven combinados elementos antiguos de cantera y recientes como ladrillo rojo. Algunas veces entré y pude ver que en el lado que colindaba con la viña, había ventanas, seguramente para vigilar la distribución de agua.

Fotografía personal, 2007. Terreno donde estuvo la casa canal, solo queda la parte baja de su pared  oriente. La barda de piedra encima de ella es moderna, para evitar derrumbes. La barda bajo el ladrillo es lo único original que queda de la que dividía la huerta del Molino con la Viña.

En sus Viajes de Orden Suprema, Guillermo Prieto relata un paseo a las huertas, por la descripción, llegó por Allende, Galeana y la ribera del río, donde se maravilló por la cantidad de árboles, fruta y las actividades sociales que al interior se efectuaban. Menciona una particularidad; no había bardas y sobre la calzada entre el río y las huertas había bancas de piedra para descanso. El acceso era libre y refiere que había jacales y casas. Nadie recuerda tales, el plano de Ignacio Pérez de cerca de 1885 marca varias dentro de la huerta del Molino antes del puente Cano, seguramente sus restos se cubrieron por el B. Hidalgo, en la ladera solo hay ruinas de una. A las que estaban en la unión del río y el arroyo se les conocía como “el Infiernillo.

El nombre de la huerta y el actual fraccionamiento derivan de la existencia de un molino, pero para ello, hay que ir a historia más antigua.

La República de Indios

En casi todas las poblaciones novohispanas existían dos cuerpos de gobierno, uno para españoles y otro para los indios, estos llamados por entonces “naturales”, cuyos actos tenían cierta independencia, sobre todo en la administración de justicia y trabajo comunitario, respetando los españoles sus determinaciones. Tenían tierras propias llamadas comunales. La mención más temprana de la República de indios de San Juan del Río es de 1582 en la Relación de Querétaro, ya segregada de la de la Provincia de Jilotepec y Huichapan. Respecto a su territorio, se menciona que tenía grandes dimensiones; habiéndosele concedido en 1558 por fundo 2,000 varas a todos los rumbos. Para el siglo XVIII, los indios poseían tierras de riego: caballería y media y que los terrenos comunales se habían ido perdiendo a manos de los hacendados. El pueblo se componía de 8 barrios; San Miguel, San Juan, San Marcos, el Calvario, la Concepción: Santa Cruz, San Isidro; y el Espíritu Santo. Los 3 primeros en el centro, de traza urbana y pobladores diversos, el resto en las afueras, exclusivamente indígenas. Se mencionan en los terrenos comunales unos muy productivos debido a regarlos la acequia,  llamados el Triángulo, Bodó y el Carrizal, ubicados “en la ceja del Calvario”. Considerando que la huerta Grande y Guadalupe de las Peñas en esa época eran parte del mayorazgo de la Llave, son los terrenos bajo las Peñitas, al oriente del actual B. Hidalgo, desde el río hasta la plazuela Guadalupe Victoria es decir el Molino y la Viña. Reitero que toda la extensión del pueblo originalmente fue propiedad de los indios y al vender tramos a los españoles, pudieron existir en el pueblo las huertas, incluso desde el siglo XVI.

Desde 1638, había en los bienes comunales una hacienda de riego de labor de trigo, exclusiva para ayuda de la iglesia. Documentos coloniales hablan o dan como referencia un molino propiedad de los indios, ubicado en esas tierras, movido por agua de la acequia, otorgado en 1569 por el virrey Martín Enríquez y estuvo en uso hasta 1582, cuando se vendió. En mi investigación no pude determinar con certeza su ubicación o vestigios, solo es seguro que fue en terrenos comunales y junto a la acequia. Debió estar cerca de la huerta del Molino y de ahí su nombre, dentro de ella, hay dos lugares posibles que desgloso a continuación:

Por la disposición del terreno, lo que llamo la Casa-Canal pudo ser un molino accionado por la caída de agua, lo que explicaría el canal vertical en la pared y por estar en su terreno, la huerta se llamó así, aunque por ya tener partes de ladrillo rojo es dudoso sea el de la República, pudo estar sobre sus ruinas. Al lado de la casa, donde estuvo la escalera, se observaban restos semienterrados de muros antiguos de piedra. Lo innegable es que en ese punto mayor diferencia de altitud se podía obtener de la acequia, casi 8 metros y por razones prácticas, los molinos se ubicaban en lugares así, el agua, apenas con un volumen frontal de 1.5 m. cúbicos por segundo podía mover la rueda de madera (noria) que acciona las piedras de moler, pero mejoraba con una caída, lo que no hubo en otra parte de la acequia, y permite, suponer que ahí pudo ser el original molino y/o alguno posterior. Como no hay documento antiguo del nombre, supongo que inicialmente pertenecía a la Viña o a la Huerta grande que sí son mencionadas tempranamente.

Por otro lado, la tradición ubica un molino al otro extremo de la huerta, en Allende, casi frente al árbol llamado “sabino quemado”, de ahí el nombre más común de la casa, cuyos propietarios más conocidos fueron de la familia Guerrero. Cumple lo arquitectónico para ser. Si el líquido llegó ahí de la acequia atravesaba casi 300 metros en plano, otra posibilidad es que la rueda fuese semi enterrada, o estuviese en el predio de enfrente, donde luego fue el rastro y se moviera directamente por agua del río, aunque no sería el de los indios. Este Molino fue de carácter público, pero funcionó desde el último tercio del siglo XIX. Creo que los dos estuvieron en la huerta y el nombre de la zona siempre fue ese.

AÑORANZAS.

No estuve presente en la década de los ochentas, cuando el municipio construyó la escalera, (como sí estuve años antes cuando quitaron el terraplén y la ladera) así que al enterarme hace días de su remoción, fui en busca de algún resto o al menos señas de la acequia y tomar fotografías. No había acabado de tomar la primera cuando ya tenía dos vecinos preguntando porqué lo hacía, hube de dar el consabido discurso, afortunadamente, fueron amables y cuando empecé a platicar algo de lo que sabía, como que se convencieron de que no era de los que habían criticado la acción de quitar la escalera, creo que la cosa era sería porque hasta un policía hacía guardia en las cercanías.

Como ya mencioné, lo que contenía esa esquina, donde jugué con mis amigos, ya no existe, de la huerta del Molino, muy recordada por nuestros padres, nos tocó poco; en lo que hoy es la calle que descendía de la escalera, había moras y arriba casi llegando a Cóporo: el guayabo, del que como todos los que pasaban cortaban era difícil hallar alguna madura. Diseminados algunos aguacates y las granadas chinas. El terreno donde están todas las casas del fraccionamiento a pesar de lo plano, no pudimos usarlo varios años porque entre el pasto pies de de duraznos, la última producción en forma de la huerta, esa plantación fue cortada por el Bulevar, pero originalmente llegaba casi a la barda a orilla del río, donde hoy están las mueblerías. Solo cuando una máquina hizo la pista de mini motos, quedó utilizable para futbol. La parte del terraplén, también plana, no sé para qué servía, era artificial y delimitada por mampostería de piedra, solo tenía carrizos, todavía cuando estando en la secundaria, hicimos una kermes por 1980, los puestos se hicieron de carrizos traídos del lugar, era el carrizal más grande del pueblo, aparte del río.

Fotografía personal, 2007. sobre lo que fue la huerta canal. los restos de la rampa y la compuerta de la acequia, todavía están ahí, semienterrados, se movieron unos metros de su ubicación original, cuando se hizo la escalera, pero están a la misma altura de donde eran.

Tan poco queda que de la casa canal, apenas hay parte de una pared, de la barda que dividía la Viña y el Molino, solo un tramo original. La acequia se fue cuando se cortó el desnivel de las Peñitas, junto a la noria y el sabino, aunque creo que deben estar todavía junto a lo que quedó de la escalera, los restos de la compuerta y la rampa. 

Por el lado de Cóporo, el terreno junto a la escalera, por su declive no ha sido construido, aunque antes era más pronunciado. Uno de mis primeros recuerdos es cuando era un basurero y fui a tirar por la ladera algunos desechos que caían hasta la acequia, todavía con agua y se la llevaba la corriente.  
Como vecino del lugar, disfruté durante mucho tiempo esos lugares en compañía de amigos de juegos y vagancia constante. Algo que ya no conocieron muchos fue la libertad de andar de un lado a otro, pizcar fruta, o simplemente ir a por la sombra del sabino y acostarte en el pasto sin ningún temor, porque no había peligros, hago mención de ello porque en esos tiempos, sin inseguridad y sin supervisión adulta podíamos andar por ahí René Santana Rico, Gustavo Trejo Castillo, Manuel Romero Chávez y Fernando Soto Martínez. (a veces el grupo era de más de 20, pero menciono los más allegados más o menos por edad, aunque también muchas veces anduve solo) hoy creo que ni siquiera los vecinos permitirían a sus hijos andar ahí solos. 

Extrañamente, como una característica propia del fraccionamiento algo persiste a pesar de  cuarenta años: los carrizos, que aparecen por donde quiera, signo que no han podido borrar siglos de la vocación agrícola del terreno, porque solo crecen donde hay agua, señal de los antiguos canales y la acequia que conocí y quizá de muchos más antiguos de los que no quedó memoria.

Imagen tomada de Google Earth 2020. Vista desde Melchor Ocampo, la escalera y el "punto ciego". (no  se ve , o veía si había alguien)


Imagen tomada de Google Earth 2020. El baldío, antigua ladera, antes muy pronunciada y que fue basurero. Abajo, los infaltables carrizos, que denotan el antiguo paso de la acequia.

Así que tomen su decisión; ya mencioné que la escalera es de la década de los ochentas, no se trata de un derecho de paso de siglos, el terreno donde se asentaba era parte de la huerta del Molino y las bardas la delimitaban con Cóporo y la Viña. No sé qué arreglo se hizo con los propietarios del terreno del hoy fraccionamiento, esa parte no se alineó por el riesgo que se derrumbara la calle Cóporo. Cuando la central estaba al otro lado del arroyo Cano era muy frecuentado, ya poca la gente la utilizaba, sí es un gran atajo. Conocedor del lugar, estando en Cóporo, ya un par de veces me dio miedo bajar la escalera. (tiene una parte que no se ve desde arriba y no fuera a ser)

Imagen tomada de Google Earth 2020.  La última imagen de la escalera, se me había olvidado mencionar los daños colaterales, también se fue un mural sobre ella.

Como dije, no me inclino por ninguno de los bandos, pero para mí, no era solo una escalera.


Fotografía personal, 2007. Tomada desde la parte media de la antigua escalera,  se observa lo que era la barda de contención, y la parte de ladera que fue alineada.  El nivel bajo de la barda, muestra el original camino, el nivel alto, el camino tras su arreglo a finales del siglo XIX.

Fotografía personal, 2007. Un poco al sur, el último tramo de barda, tenía unos 300 metros de extensión y su altura, de más o menos un metro y medio sobre el camino, iba  haciéndose menor, porque la ladera también disminuía. Terminaba cerca de lo que hoy es el B. Luis Romero Soto.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Creo que iba a ser un texto corto, pero fueron saliendo recuerdos, espero no les moleste.

Ante la contingencia, no creo tener autoridad para dar recomendaciones, creo que cada quien tomará las medidas que juzgue convenientes para su persona y su familia, apelando siempre a su sentido común.

Lo único que puedo ofrecer es poner algunos escritos, dado que en lo personal, estoy en reclusión, pondré algunas entradas más de lo normal.

No se olviden de recomendar y dense sus vueltas.

viernes, 18 de abril de 2014

Las estaciones del Viacrucis en San Juan del Río


Las Estaciones. (actualización)

Iglesia del Calvario, con todo preparado para la crucifixión


Como es tradición en la religión católica, el viernes de cada semana santa, en San Juan del Río se lleva a cabo la representación de las tres caídas desde hace muchos años.

El recuerdo más impresionante relacionado con este evento que tengo de mi niñez fue, estando encaramado en la reja de una de las ventanas de la acera poniente de la calle 2 de abril, de pronto ver aparecer sobre las cabezas del mar de gente que se arremolinaba en el cruce con Mariano Jiménez, la escultura del Cristo penosamente avanzando, me pareció un momento mágico, acrecentado con el sonido de los tambores, el llanto verdadero de muchas señoras y el rezo silencioso y respetuoso de los que solo íbamos a ver.  De verdad creí entonces que el Cristo se movía por sí solo e incluso, los vaivenes del terreno le hacían tener, a pesar de ser una figura  estática, actitudes de pesaroso andar. Hace muchos años que no asisto, y nunca hice el viacrucis completo, pero comparto ahora este tema.

El viacrucis  o camino que siguió Jesús desde su prisión hasta la Cruz, se recuerda con  una procesión en la que se hacen 15 “momentos” o paradas representando algunos hechos significativos, a ellos se les llama “estaciones”. Hoy hablaré, para no meterme en asuntos religiosos, de algunas de las cruces de cantera morena que hay en el centro de la ciudad, llamadas precisamente “estaciones”  por indicar esos momentos. Se colocaron en los lugares estratégicos de las calles por donde  se hace la representación. Deben ser en total 15 estaciones, pero las últimas son al pie de la cruz y en el sepulcro. Presento todas las que tengo registradas en fotografía, sin dar detalles de lo que indican o significan litúrgicamente cada una, únicamente comentarios personales.

El recorrido del viacrucis es el siguiente:
Inicia en la Parroquia, hoy Santuario de Guadalupe, en la plaza principal, avanza por la calle Vicente Guerrero (anteriormente se llamaba de las Estaciones, precisamente por tener varias de las cruces que las indican), después quedó simplemente en calle de “la Estación”.

Se cruzaba la Avenida Juárez (llamada entonces, en ese tramo  “Calle del Diezmo” por estar cerca el Portal de la Colecturía).  Daba vuelta a la izquierda, en la primer cuadra de Mariano Jiménez. (Antigua de San Antonio)

Doblando a la derecha, entraba a la calle  2 de abril, llamada antiguamente de la “Santa Vera Cruz”, para llegar al cruce con Fernando de Tapia (la Cuesta) y de ahí subir hasta la capilla del Calvario, afuera de la cual se llevaba  (y se lleva) a cabo la crucifixión.

Es difícil decir desde cuando se inició este recorrido  y si las estaciones eran las mismas que en la actualidad. Ayala habla de haber visto documentos que mencionan su realización desde el siglo XVII. Por el nombre de la capilla, es de suponerse que se hizo ahí expresamente para esta celebración y la capilla se menciona ya desde el siglo XVI, hemos de suponer que es una tradición de algo más de 400 años. Además toda su iconografía y ornamentos arquitectónicos refieren al calvario, incluso la peana, que está en tres niveles. ( y el altar era una simulación de rocas)

El lugar se eligió por ser la colina más cercana del asentamiento,  poblada entonces por algunas casuchas de indios (todo el pueblo las tenía , pero en el centro ya había construcciones de piedra, aquí solo chozas) y cerca de donde se supone fue el pueblo prehispánico. El nombre antiguo de la capilla siempre fue “el Calvario”, de ahí se extendió el nombre al barrio circundante. El otro nombre, de la Santa Veracruz, se empezó a fundir al construirse el Panteón así llamado, en su parte trasera, a mediados del siglo XIX. Hoy popularmente se le conoce con los dos nombres. No sé cuál sea el oficial.

Coloqué el recorrido del viacrucis  en un plano antiguo, de cerca de 1880, elaborado por Ignacio Pérez, Profesor de instrucción Primaria. Los puntos señalan los lugares donde están las cruces de las estaciones, los signos de interrogación señalan un par de detalles) notarán que aún tiene los nombres antiguos de las calles. (Del mapa les hablaré en otra entrada) Aunque hay otro plano más antiguo, no tiene la claridad de este (que por cierto, es una litografía). La A indica la Iglesia de Guadalupe, la C el Santuario del Sacromonte, la G la capilla del  Calvario.


Plano de Ignacio Pérez. Circa 1880. Las cruces indican las estaciones.

Originalmente cada estación estaba señalada por una pequeña capilla o al menos un nicho, con una cruz e imagen relativa,  mismas que fueron desapareciendo al urbanizarse el pueblo o renovarse las construcciones que las contenían. Su destino estaba determinado por el catolicismo o poder económico de los propietarios, la mayoría terminaron en sencillas cruces en las paredes de la calle. Solo sobrevive una de las capillas en la calle 2 de Abril, casi esquina con la cuesta. En algún momento se unificó el diseño de la mayoría de las cruces en las paredes.

 
La imagen que hace el recorrido en andas es el Jesús Nazareno de las Tres Caídas, que actualmente está en un nicho en la entrada a la parroquia. (a la derecha) Esta escultura también tiene su historia, originalmente estuvo  en una capilla,  ya desparecida que se encontraba en medio y al frente de los dos templos, con vista a la plaza Principal. (Independencia) Su característica fue ser abierta, para que los comerciantes asentados en la plaza pudieran escuchar misa los domingos desde sus puestos. Se construyó entre 1785 y 1794.  Supongo que la escultura fue hecha expresamente para  la procesión ya que tiene goznes (una especie de bisagras) que la hacen flexible, útil característica para los diversos actos del viacrucis.


Plano de Ignacio Pérez. Circa 1880. Detalle de la Capilla del Nazareno de las tres caídas.
No sé cuándo desapareció la capilla, la imagen ampliada del plano nos muestra su ubicación original, debió ser a inicio del siglo XX, y es cuando se traslada el cristo a la Parroquia. La R indica la Plaza, la A las iglesias

Muestro las fotografías de las estaciones que tengo, (algunas son actuales, otras de hace algunos años, pero todas existen todavía, no se sí me faltaría alguna)  ignoro si son todas originales o reposiciones o si de verdad algunas desaparecieron como dicen por ahí.

Estación en la plaza Independencia, acera oriente; conserva su nicho y la cruz es tridimensional.



A mitad de la acera poniente de la calle Vicente Guerrero. 

 



Enfrente de esta, hay un edificio moderno, con una cruz, nueva en lo alto, ignoro sí la construcción antigua tuviera estación.




Guerrero y Av. Juárez
Esta esquina que era “ochoavada” tuvo una cruz  en su parte superior, solo queda su base, ignoro si fue estación.

 


En la Casa Cural del Santuario del Sacromonte.
Dado que este templo es el último construido en la ciudad, no se cómo se haría el ajuste, seguramente hubo antes una capilla o nicho  para la cruz de la estación. 





 Doblando la calle, en la acera sur de Mariano Jiménez,  la más descuidada de las 15 cruces,  de la antigua casa solo queda el muro que la sostiene.




Casi esquina de 2 de abril y Mariano Jiménez.

 

Unos metros adelante, en la acera de enfrente.

 
 
Otra vez cruzando la calle, en la acera oriente.


La única capilla, más bien una especie de  “humilladero” superviviente, en la calle 2 de abril. Aquí también la cruz es tridimensional. Contiene un cuadro representando la segunda caída. Popularmente se le conoce como "la Ermita"



En la calle 2 de abril, esquina con Fernando de Tapia.

 

En la calle dos de abril, acera oriente.



En la calle 2 de abril, en plena subida, acera poniente.

 


Un poco más arriba, una cruz, en este lugar, se nota en la parte baja de la fachada, todavía partes de cantera viva, antiguamente, esta barda era toda de piedra y se distinguía porque no había casa detrás de ella, por estar el vacío de la peña, hasta abajo, en la calle de Cóporo había construcciones.





En la misma acera casi al final, un conjunto de tres cruces, dos diferentes y una como las "unificadas".

 

En la misma  acera, al final de la subida.
 


En la fachada de la iglesia.
 
Finalmente, presento dos fotografías, la primera, tomada de Ayala, no dice fecha, pero es de antes de 1969, que fue cuando se empedró la calle. Antes, por la subida sobre la cantera viva, con pedruscos y arroyos tallados en la piedra por las bajadas de agua, el viacrucis era doble, para el Nazareno y para los asistentes. La segunda es la misma toma, en la época actual, igualita, pero con coches y el árbol de la izquierda, al interior muy crecido, el de la derecha ya no existe. Adentro ya no está el "poyito" donde me sentaba a "oir" misa de niño  y la  escultura de la víbora en cantera ya no da miedo, perdió la cabeza y su ubicación original. 
Fotografía Tomada de Ayala, 1981. op. cit
 Festejando 1200 visitas al blog, estrenamos imagen, (la otra ya estaba muy quemada, literalmente) logotipo y marca de agua.

Dado que en este artículo hay asuntos de religiosidad que no conozco, agradecería señalaran  errores que pueda  tener, presentando de antemano disculpas por alguna incorrección que pudiese haber cometido.
Asimismo, son bienvenidos comentarios, aclaraciones, simples vivencias o recuerdos que puedan compartir, todo es historia, y mucho de lo que vimos  de niños no está escrito en ningún lado, es único y bien recibido.

martes, 25 de marzo de 2014

LAS POQUIANCHIS EN SAN JUAN DEL RIO


 LAS POQUIANCHIS EN SAN JUAN DEL RIO, HISTORIA DE UN MITO 
    
Descansemos un poco de la historia y pasemos al terreno de la crónica:

Prácticamente desconocida por el público, la historia de las casas de citas en nuestra ciudad está nutrida solo por la tradición oral, obviamente propalada por quienes a ellas asistían. Supongo que siempre hubo en el pueblo quienes se dedicaran a la antigua profesión, pero de la ejercida al interior de locales solo he escuchado que a mediados del siglo pasado existía uno en la Casa Colorada de la Estación del Ferrocarril  y por los años 70s y 80s,  algunas casas particulares clandestinas en las calles de Allende y Morelos, aunque nunca he podido saber su ubicación exacta. (Estos datos también los consigna Jaime Nieto, pero igual, no da ubicación)
Fotografía personal: Fachada

Intermedio de los anteriores, en la década de 1940 abre sus puertas un local de manera pública, a vistas de todo mundo, en la entonces alejadísima calle de Cóporo (hoy Melchor Ocampo)  con servicio de salón de baile, bar, damas de compañía y "dormitorios".
Cándidamente las madres de familia de entonces  trataban siempre de alejar a niños y jóvenes de semejantes lugares, inventando mitos hoy motivo de risa pero que en aquellos años eran creíbles. Recuerdo vagamente que en la Casa Colorada se decía que vivía... el ¡Vampiro!  También decían que en la calle de Cóporo  salía... ¡La llorona! Yo que viví cerca de esta última, nunca la vi ni oí y por tanto me siento en condición de darles a conocer la presente crónica, ya fue publicada en  “San Juan del Río en el Tiempo” pero como fue segmentada, no se entiende totalmente, aquí se las presento completa, de la autoría de un servidor:

En el viejo barrio del Calvario, en la todavía más vieja calle de Cóporo, antes  Camino Real al Rodeo, subsisten, tal vez desde la época colonial, varias descuidadas y ruinosas casas, sin el menor atractivo. La más famosa de todas, aunque sin el mínimo valor arquitectónico, que lo es hoy por su historia y antes por su contenido, es una enorme construcción de medianos del siglo pasado, que se hizo aprovechando elementos de unas más antiguas a las que se adosaron nuevas secciones. Aún existe, marcada con el número 36  y fue conocida popularmente hasta la década de 1970 como “el Burro” o “el Treinta”, por la numeración de entonces. El nombre  “Río Rita, que si existió sería solo el oficial y no era usado.
Hoy es simple y falsamente llamada “Casa de las Poquianchis” (1)  y la fama, que le viene de aquel entonces  se debía a que en ella vivían y trabajaban mujeres jóvenes (cuidado, en ese tiempo no había maquiladoras) que se decían eran de mala nota (tampoco se dedicaban a la música) es decir eran “carne  de  placer  y foco  de  infección  pública”, razón de que en un lugar,  entonces tan  marginal del pueblo se haya invertido en una construcción tan grande y costosa. Ahí, para evitar visitas indeseables, dado que no tiene huerta y si alguna vez la tuvo se le quitó, fue la única casa colindante entonces con la acequia de riego, que tenía barda trasera, para separarla de esta, (obviamente ellas no regaban) barda que para más seguridad se hizo doble, a ambos lados del canal y muy alta, de tal manera que la encajonaba totalmente. Aún persiste la vieja casa completa. Si el morbo lo llama, puede usted ir al balcón del panteón de la Santa Veracruz y justo bajo él, podrá observar estos detalles a plenitud, corroborando lo que aquí se dice. Si acaso siente que tal sentimiento lo domina plenamente, puede asomarse a la casa con pretexto de que busca rentar algún cuarto y entrar, ya que actualmente es una vecindad dividida en varias secciones: Inmediatamente después de la puerta de acceso hay un amplio recibidor que conduce al patio central, no muy grande pero rodeado de  habitaciones.

La administración  presentaba  espectáculos  musicales y de  baile ciertos  días de la semana, conocidos como “la variedad” en el gran salón, pero generalmente el ambiente lo daba una sinfonola. Al fondo y laterales hay más habitaciones y patios, suficiente para albergar bastantes personas durante el día, que era la población permanente y a la flotante, mucho más numerosa que se apersonaba por las noches.
Me dicen que llegaron a haber señoras instaladas en la entrada de la calle, es decir en la Plazuela Guadalupe Victoria, vigilando que sus maridos no fueran a la casa aquella y efectivamente, nadie pasaba por ahí, pero el local siempre estaba lleno, los lúbricos parroquianos daban la vuelta por la parte de arriba (calles de Pino y Panamericana, entonces desoladas) y bajaban por el callejón detrás del panteón, otros más recatados daban vuelta casi hasta Guadalupe de las Peñas. 
Cuentan a don Jaime Nieto (2) que de la casa salían por las tardes a partir plaza las damiselas, dándose una vuelta por la avenida Juárez (de ahí el conocido refrán de la que no enseña no vende) y regresar seguramente a preparar las herramientas de trabajo para el tercer turno.  El horario era, ahora  sí que del crepúsculo al amanecer.

Alrededor de la casa habían creado una pequeña microeconomía, al ser un barrio pobre y ellas las únicas que disponían de efectivo, no faltaron vecinos que aprovecharan  los empleos  indirectos  que  generaban: el  aseo del local,  cuidar a los hijos, sirvientas, lavanderas, etc. A pesar de su profesión, la mayoría de ellas eran personas bien vistas por todos. (Hoy esto es de lo más normal, pero considérese que hablamos de hace 50 años) De las dueñas o administradoras se dice alguna relación tenían con las tristemente célebres y famosas Poquianchis  y al ocurrir la detención de éstas en 1964 también declinó este negocio, aprovechando las autoridades municipales para trasladar el giro a un local ubicado allá por la Estación.(aunque bajo otra administración)

En la poco a poco decadente casona quedaron viviendo algunas de las trabajadoras originales y durante años siguieron habitándola las damas de esa profesión que por azares del destino llegaban al pueblo, además de estudiantes pobres, migrantes nacionales e internacionales, etc. Hoy en día, cada vez más abandonada, la vieja vecindad languidece, alguna vez se habló de una remodelación con fines turísticos ...
Fotografía personal: la casa
Jamás en mi niñez escuché todas las historias que hoy se cuentan: que espantan, que se siente mala vibra, que se oyen en las noches gritos de niños o sonidos macabros, etc. Seguramente los únicos gritos que se escuchaban era cuando el encargado iban a cobrar la renta, lo demás son inventos modernos, también es una vil mentira la historia que cuentan los del taxivan de Leyendas; que el cura que vivía en el la capilla del Calvario tenía un túnel que desde lo alto de la peña, iba a dar al burdel. (Nunca vivió un cura en dicho iglesia, que no tiene ni tuvo casa cural)
Falsa también es la creencia que la película "las Poquianchis" de Cazals se grabó en la casa de Cóporo, la única referencia a San Juan del Río en la película es un letrero de la carretera, con el nombre del entonces pueblo, que se ve un par de segundos.
Después de su caída, vinieron a sustituir el giro el Foco Rojo, (en dos locales) la Escondida, el Zafiro  y algunos más, semi-clandestinos, todos arrasados, no por la Liga de la Decencia, sí por el temor al VIH, luego vinieron la modernidad y los Tables. Algunos de los parroquianos de aquellos ayeres todavía tienen gratos recuerdos (literalmente hablando) de los locales aquí mencionados.
Fotografia Personal: vista superior de la casa
 

1) “La maldiciencia así las bautizó” En 1964 en el rancho del Ángel, Municipio de San Francisco del Rincón, Gto., donde funcionaba un burdel propiedad de las Hermanas Delfina, María de Jesús y Eva González, se descubrió que estas asesinaban a sus empleadas cuando intentaban escapar, se rebelaban o resultaban embarazadas por los clientes. Se hallaron varios cuerpos enterrados. El escándalo fue mayúsculo, más si tomamos en cuenta que el largo juicio fue cubierto de principio a fin por el culto semanario ALARMA! Que las inmortalizó como las “Poquianchis” llegando sus ventas a la escalofriante cifra de 2 millones de ejemplares semanales. La relación de porque se le llamó “Casa de las Poquianchis” al burdel de Cóporo no la he podido encontrar, se menciona como dueñas del local a las González, que algunas de sus trabajadoras llegaron aquí antes y después del escándalo, etc. Todo sin base comprobable, lo que parece ser cierto fue  que siendo tratantes de blancas, vendieron mujeres para trabajar aquí. Cualquier coincidencia con el Clan Trevi - Andrade no es pura semejanza. Se hizo una multipremiada película en 1976 del director  Felipe Cazals  llamada “Las Poquianchis” de donde provienen las negritas del texto y los  libros  “Las Muertas” en 1978 de Jorge Ibargüengoitia y el casi autobiográfico “Yo, la  poquianchi, por Dios que así fue” de Elisa Robledo. Casi todas las González tuvieron un final trágico.
2) Nieto, 2000, op. cit. pp. 109 y 110. Testimonio de Restituto Rodríguez Camacho
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ACTUALIZACIÓN  29 DE MAYO DE 2014
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BIBLIOGRAFÍA DE LAS POQUIANCHIS

 
Acomodando algunos de mis libros, encontré casi junta la bibliografía de la que hablé en la entrada de las Poquianchis en San Juan del Río, hoy se los presento aquí

1.- Guión original de la película de Felipe Cazals de 1973. Este libro es raro, lo encontré en una librería que está en Av. Juárez  arribita de la Curva, posiblemente todavía estén ahí algunos ejemplares.







2.- Las Muertas, de Jorge  Ibargüengoitia.  Ora sí que la novela de la vida real, únicamente los nombres fueron cambiados para proteger a los... ¿inocentes? Esta edición es parte de unas obras completas pero creo que todavía se puede hallar en stock en muchas librerías.




3.- Yo, la poquianchis, por Dios que así fue. De Elisa Robledo, con base en entrevistas con una de las actoras principales del drama. Es difícil de conseguir. Siendo la autora periodista, no se conforma solo con lo que le dicen y agrega una investigación personal, quizá lo más apegado a la realidad. Incluye muchas fotografías.








Continuo insistiendo en que la relación de las Poquianchis verdaderas con la llamada "Casa de las Poquianchis"  de San Juan del Río es incidental, limitada únicamente a que algunas de las trabajadoras de aquellas mujeres llegaron también a trabajar en San Juan del Río, sea por voluntad propia o a través de las redes de tratantes de blancas. Aunque en entrevista realizada por Armando Guerra en "El tiempo de Querétaro" a Doña Irma Villa, dueña del antiguo centro Nocturno "La escondida" ella afirma que la Señora Montes, propietaria del Río Rita fue hermana de las Poquianchis;  solo que fuera parentesco político porque Doña María montes ya andaba administrando negocios de ese tipo cuando las poquianchis todavía eran niñas.
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AVISO: Si deseas conocer algo más del tema, no te pierdas algunos datos más en este mismo blog. Da clic en la siguiente liga:

Las Poquianchis Reloaded