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miércoles, 8 de febrero de 2017

Impresos históricos sanjuanenses 2

Impresos históricos sanjuanenses 2


He mencionado antes que, por la manera en que redacto, a veces parece que los textos aquí presentados son más que nada creación mía, lo cual no es completamente cierto. En realidad me baso en una infinidad de libros leídos, la gran mayoría los tengo en forma física en mi biblioteca personal.

Desde niño tuve la oportunidad de acceder a la lectura, inicialmente a base de préstamos  de amigos y compañeros o de las bibliotecas de las escuelas donde estudié. Con el tiempo pude hacerme de algunos y comenzar a hacer acopio de ellos. Supongo que sufrí el proceso natural de cualquier lector asiduo, de ir cambiando el tipo de lecturas que me interesaban, de los simples cuentos infantiles pasé a los de aventuras, luego a la historia universal, ciencia ficción, poesía, historia de México, más adelante llegué a la literatura latinoamericana y finalmente terminé en la historia local.

A la par de la lectura, poco a poco fui acrecentando mi biblioteca personal. No recuerdo cual fue el primer libro que tuve, muchos de los iniciales los iba cambiando o vendiendo para acceder a los de otros temas, aunque algunos se iban quedando. Conservo, de la década de los setentas, Canek, de Hermilo Abreu Gómez y Colmillo Blanco de Jack London. Por cuestiones económicas, muchos  los adquirí en un kiosko que estaba en el actual Jardín de la Familia, llamado el Correo del Libro, después el Correo del Lector, eran de buenos temas aunque de malísima edición, pero a precios populares, ya que era un programa gubernamental.

Creo que era yo el único que les compraba porque no duró mucho, aunque persistió otro en el jardín Obregón de la ciudad de Querétaro, mismo que tras varios enroques se convirtió en la Unidad Cultural del Centro, hoy librería de Gobierno del  Estado en La calle Corregidora, junto a la tienda del sol.

Siendo nuestro estado un gran productor de libros a nivel local por las diversas dependencias, cuando empecé a interesarme por la historia local, fue en esa librería donde comencé a adquirir textos relativos a precios módicos, todos los conservo, aunque por el factor económico nunca compraba muchos, fui constante. Ellos constituyen la base de mi actual acervo. Recuerdo de entonces: Amealco, Documentos de sus Historia y Fuentes Primarias de David Wright. 

Un dato extraño, en mi niñez, es decir hace unas cuatro décadas, era fácil conseguir las pocas obras que se editaban de carácter puramente local, a lo mejor sería porque yo mismo las buscaba, de tal manera que casi todo lo publicado en cuanto a libros, folletos y revistas locales al menos pasó por mis manos, muchos los conservé y otros los vendí o cambié, error que me ha costado mucho tiempo, casi todo lo que se fue lo he repuesto aunque hay todavía una media docena de pendientes que espero algún día obtener.

A partir de la década de los noventas, empecé a  adquirir de manera constante lo relativo a San Juan del Río, punto de partida de lo que en este blog aparece, y de ellos, seleccionados, los que empecé a reseñar en la serie de publicaciones que hoy continuo.


UN POPURRÍ LITERARIO


5.- OBRAS DEL DOCTOR MANUEL DOMÍNGUEZ ( LEYENDAS HISTÓRICAS)

Había mencionado que el doctor Manuel Domínguez había escrito varios libros sobre todo durante su residencia en la capital de la república. Nunca he visto uno suelto, muchos de sus escritos se recopilaron en 1909, poco antes de su muerte en el número 67 de la Biblioteca de Autores Mexicanos.

Supongo que con su anuencia, el impreso de más de 400 páginas, incluyó escritos que dieran fé de sus diversas facetas como escritor.

El mencionado libro incluye, una según él leyenda histórica, igualmente dice que es  ficticia, pero es fácil adivinar la crítica personal del autor, seguidor de la causa imperialista,  a la guerra de reforma y contra el imperio que devastó la forma de vida establecida hasta entonces,. En ella menciona, solo como ubicación, lugares reales como San Juan del Río, Cadereyta, Bernal, pero la acción de este en realidad drama romántico, lo sitúa en un mítico pueblo: Peñastlán, ignoro si en realidad  se refiera  con él a San Juan del Río por el añorado y trató de disfrazarlo, carezco de elementos mayores para saber sus intenciones.

Contiene el libro, además:

-Otra leyenda: El capitán Fantasma (en realidad más que leyenda, es otra novela del género post guerra y otra vez su nostalgia por los tiempos idos)

-Una descripción de viajero llamada Cuautla, referida a la entonces actualidad del pueblo donde José María Morelos gestó sus páginas de gloria.  Incluye descripción de edificios, hechos, lugares y gente, terminando con una crítica.

- Fátima, una leyenda árabe, (creo que esta sí es puramente literaria)

-Un discurso propio  pronunciado durante su gestión como gobernador del Distrito Federal.-

Creo que merece ser parte de la Bibliografía Histórica Sanjuanense, por dos motivos:

Por haberse editado aún en vida del autor, incluye la autobiografía (aunque en el índice está equivocado y dice “bibliografía” ) de este sanjuanense que pasó de la gloria al infierno y sufrió en carne propia, las vicisitudes de sobrevivir a un ideal que había sido derrotado 45 años antes. (de aquí tomó todos sus datos Víctor Cano para su obra " De la Lousiana a la Nueva España)

El segundo motivo es la exposición de sus razones, por él escritas en la Carta Prólogo, dedicada a su distinguido amigo, el Sr. D. Javier F. Ceballos, de San Juan del Río. En la que parece desdeñar, pero más bien despedirse de la ciudad que lo vio nacer.

Por su antigüedad, el libro es difícil de hallar, pero más porque me dicen que la edición del libro fue limitada y se distribuyó en escuelas y oficinas gubernamentales. Ojalá y pronto aparezca un ejemplar físico de esta compilación o bien de las obras sueltas y pase a engrosar nuestra raquítica - Ahora sí bien dicho- Bibliografía Sanjuanense.

Para más datos del Dr. Domínguez, dar clic en el enlace siguiente:  

El nocturno a un Sanjuanense

EL SUPER BEST SELLER SANJUANENSE


6.- STAUROFILA. PRECIOSO CUENTO ALEGÓRICO  PARÁBOLA EN QUE SE SIMBOLIZA LOS AMORES DE JESUCRISTO CON EL ALMA DEVOTA.

Con este extraño título, una sanjuanense del siglo XIX, la Srita. María Nestora Téllez Rendón, da a la luz pública, no un cuento como dice su título, sino una novela mística, tampoco una parábola, sino muchas, la principal, la que constituyó su transcurrir en la vida.

 Nacida en 1828 en nuestra ciudad, esta educadora sufrió desde niña de la pérdida de la visión, razón por lo cual, su padre  dedicó su vida a fortalecer su formación académica  y religiosa, que ella misma continuó a su muerte, llegando a perfeccionarse al grado de titularse como maestra y desempeñar su cargo en diversos establecimientos de la capital del estado, incluso uno de su propiedad, reconocido en la época, además de la realización de obras religiosas que le valieron  recibir reconocimientos de las autoridades eclesiásticas de su tiempo.

Aunque por una operación quirúrgica recuperó algo de la visión, solo fue momentáneo y volvió a su estado anterior.
Como se menciona en la introducción, la obra no fue creada para su publicación, sino que se trataba de una especie de cuento que ella relataba de forma oral en reuniones y poco a poco se fue ampliando al grado de que le pidieron la hiciera por escrito.  El tema es puramente religioso, narra la experiencia de una joven, que en busca de un príncipe, encuentra, tras muchas peripecias, a Jesucristo, el amor verdadero y a él se consagra a través de la vida religiosa. Supongo que fue del agrado de las autoridades eclesiásticas, quienes, como se utilizaba antaño, le dieron su aprobación y fue publicada. Para una persona con tanto sufrimiento en la vida, el encontrar en la religión  el único apoyo en sus penas, debió ser el motor  que le impulsó a realizar su gran obra, la aquí reseñada, además de poesías sueltas, manuales cristianos y obras pedagógicas.  En su modestia, no permitió que la primera edición llevara su nombre, solo hasta  después de su muerte, fue agregado a las ediciones subsecuentes.

Incluso en el trance de su muerte el dolor pareció ensañarse con ella, lo que no impidió que continuara su producción literaria casi hasta el último aliento.

Tras el recrudecimiento de una enfermedad del estómago que había parecido toda su vida y habiéndose trasladado a Acámbaro, Gto. Debió quedarse sola en sus últimos días, componiendo la siguiente octava, más que descriptiva del momento.

Bienvenida sea la Cruz
De mi dulce Salvador,
Yo la abrazo y la recibo
Para probarle mi amor.
Que el dolor me purifique
Y me haga digna de ÉL,
Yen la paciencia le pruebe
Que soy su esposa Fiel.

Murió en diciembre de 1890  “Fue su cuerpo vestido de blanco y velado por las Hijas de María, Asociación que le era predilecta y cuya cinta portaba desde 1877 No se pudo sepultar  sino 36 horas después de su muerte.”   …”Procuró imitar a María Santísima en sus virtudes”

 El nombre de la obra fue tomado de otro viejo libro llamado “Staurofila o el camino Real de la Cruz”, los nombres propios utilizados fueron dados por los editores y amigas cercanas de ella colaboraron con los versos.

A partir de su primera edición en 1889, se han hecho infinidad de reediciones,  en lo personal, tengo 3 de ellas, pero al menos he visto unas 10 diferentes.  De la de 1951, que es un copia de la segunda, tomo los datos aquí expuestos y el entrecomillado ya que además del cuerpo literario, incluye dos agregados que le dan carácter histórico; una advertencia sobre la intención de la obra y la por demás dolorosa biografía de Nestora Téllez, vida marcada por el dolor encauzada a la religión y la literatura, dolor que recibía como prueba para demostrar su amor a cristo, que pregonó hasta el último instante.

Calculo en decenas de miles de ejemplares los que se han impreso de esta obra, lo que lo constituye en el best seller sanjuanense de todos los tiempos, por su alto contenido religioso, desde pronto fue muy difundida en las librerías católicas, hasta hace poco era fácil conseguir en ellas ediciones recientes.

Continuará...

DATO CURIOSO
  


Otra de las obras de Nestora, de carácter puramente religioso. Nótese el clásico apropiamiento del lugar de nacimiento del personaje, asegún hija nativa de la capital, como se dijo también de Mariano Perrusquía y Wenceslao Sánchez de la Barquera, otros ilustres sanjuanenses. Del editor, cualquier coincidencia con algún personaje real es pura semejanza.

 

domingo, 21 de agosto de 2016

El nocturno a un Sanjuanense

El nocturno a un Sanjuanense

Manuel Domínguez
Solo la exactitud de aquella teoría que postula que los opuestos se atraen puede explicar el hecho de que dos personalidades tan disímbolas hayan podido coincidir y cultivado una amistad que trascendió sus vidas.

Así, lo reflexionaba el Doctor Miguel Domínguez Quintanar el aciago 6 de diciembre del año de 1873, cuando presa de la incertidumbre subía la escalera que le conducía al segundo patio de la Escuela de Medicina de la capital de la República, donde se desempeñaba como docente, para cerciorarse de la fatal noticia  que le habían enterado minutos antes.

Todo lo que temía en los instantes previos a trasponer la puerta, se confirmó al abrirla. Adentro se encontraba el cadáver  de un querido discípulo y a la vez poeta, Manuel acuña. Debió resultarle un dilema cuál de sus deberes debía prevalecer, el de Médico, para hacerle una revisión o el de amigo, para leer la carta póstuma que el bardo dejó.
Sin embargo, no titubeó, primero realizó la auscultación del cuerpo y luego tomó la misiva, precisamente dirigida a él, en la que el alma atormentada del poeta, le solicitaba que evitara que se le practicara la autopsia y extendiera una disculpa al director de la Escuela.

Había temido un listado de encargos incumplibles, no fue así, lo que en ella se le pedía era fácil de realizar, aliviado, empezó a recordar a cómo conoció al estudiante un par de años atrás. Le llamó la atención desde el primer momento por ser diametralmente opuesto en carácter, personalidad, temperamento y creencias a lo que fue él cuando tenía su edad. Ese recuerdo le trajo otros y pronto se halló repasando su propia vida, tratando de encontrar en ella algún detalle que lo uniera con Acuña.

Biografía

Manuel Domínguez Quintanar, nació en Querétaro, el 5 de Agosto de 1830. Sus padres fueron el General Juan Domínguez y Gálvez e Ignacia Quintanar.
Ignacia pertenecía a una encumbrada familia cuya casa se encontraba en la entonces calle del Curato, barrio de San Miguel, en San Juan del Río. Lugar que concentró desde décadas antes y casi durante todo ese siglo a las familias de mayor poderío económico del entonces pequeño pueblo. (Era sobrina del General José Luis Quintanar, de todas las confianzas de Agustín de Iturbide)

Fotografía Personal. La casa de la Familia Domínguez Quintanar, luego de Manuel y su esposa. Muy remodelada.
Por la profesión de su padre, militar y político de altos vuelos, incluso  a nivel nacional, la familia debía viajar con él a los distintos lugares donde era comisionado, hasta que por los vaivenes de la política, (el General quedó desprotegido por una vieja enemistad con Santa Anna quien lo remitió a puestos menores) decidió por el retiro y se asentó de manera definitiva en San Juan del Río.

Por ser de familia acomodada, cuando llegó el tiempo de ello, no tuvo impedimento para trasladarse a la ciudad de México donde estudió Medicina, recibiéndose en 1854. De inicio decidió ejercer su profesión sin el apoyo familiar, lo que lo llevó a distintos lugares de la república, con poco éxito. Pobre, fracasado y falto del amor familiar, regresó a San Juan del Río, tomando el ofrecimiento de don Guadalupe Perrusquía, otro médico con el que su madre se había casado tras enviudar del General, quien le ofreció compartir su clientela.

La decisión le fue favorable, la clientela llegó y además, a través de la familia, el joven médico calzó como guante en la élite que componían sus vecinos, de tal manera, que a pocos años, inició además una carrera política que le llevaría muy lejos, profesional y geográficamente hablando.  Sus vecinos de la calle del Curato, eran nada menos que los descendientes de Don Esteban Díaz González, Don Agustín Ruiz Olloqui, los Uribe, los Perrusquía, los Berruecos y demás, casi todos entrelazados, además de la clase social, por los matrimonios.

No fue difícil que algunos años después de su llegada, tanto Manuel como su hermano Ángel, comenzaran a ocupar puestos políticos locales. Les ayudaba la posición económica y su familia, pero sobre todo el hecho de ser personas preparadas. En una ciudad que apenas una década atrás había dejado de ser Villa pocos tenían ese privilegio.
Tampoco lo fue, dada la posición de los habitantes de la calle, ya para entonces llamada “De don Esteban”, que ante la disyuntiva nacional que se presentó en la década de 1850 de decidirse entre los dos partidos resultantes de las leyes de Reforma, optaron por el conservador, y siendo autoridades locales, también la ciudad lo fue.

Una cosa llevó a otra. Al arribo de Maximiliano, auspiciado por los conservadores,  se declararon imperialistas. Y para que no quedara duda, Manuel, como Prefecto Político, apoyado por familiares y vecinos tomó acciones para granjearse a las graciosas majestades, entre ellas, la erigir una columna en la plaza principal, para colocar un busto de la Emperatriz Carlota (que ella misma sugirió se dedicara mejor a la Independencia, y así nació un año después la columna que hoy vemos en el centro de nuestra ciudad) declarándola además Patrona y especial protectora de San Juan del Río. También se dio la propuesta de celebrar como día nacional el 7 de junio, aniversario de la emperatriz y ofrecerle un cetro de oro.

Durante la Visita de 1864 de Maximiliano a San Juan del Río, Domínguez declaró el día como fiesta nacional,  hizo liberar a los presos de condenas leves y organizó  todas las fiestas habidas y por haber ante tan fausto acontecimiento, incluso, al venir Maximiliano sin Carlota, en el baile de honor, fue la hermana del Prefecto, Paz Domínguez, quien bailó con él. (Carlota nunca estuvo en San Juan del Río,  todos los ofrecimientos y honores que se le hicieron y su gentil declinación fueron a distancia, vía carta)

La situación para los imperialistas sanjuanenses en la época fue de jauja, pero solo duró  un suspiro, al cabo de apenas tres años, Maximiliano regresó a San Juan, esta vez en circunstancias adversas, rumbo a Querétaro, en un viaje del que no retornaría con vida. La suerte de espaldas que portaba no impidió que los habitantes de la vieja calle le reiteraran su apoyo, y aún más, en marzo de 1867, ya en la ciudad de Querétaro tuvo entre su ejército a tres “sanjuanenses”, los tres sobrevivirían  a la derrota, no así el emperador. Ellos eran:

Celestino Díaz Domínguez, nieto de Don Esteban, nombrado abogado del Imperio, nacido en San Juan pero refugiado en la ciudad de Querétaro desde antes del Sitio. Al no ser militar pudo salvarse. Se dedicó a la política, el periodismo y el comercio en esa ciudad, no volvió  a  San Juan.

Agustín Ruiz Olloqui: Médico radicado y casado en San Juan. En 1867, hallándose refugiado en Querétaro fue nombrado Director del Hospital de sangre durante el Sitio. El 12 de mayo de 1867, de manos Maximiliano recibió la condecoración de Caballero de la Orden de Guadalupe. No tuvo mucho tiempo para lucirla, apenas tres días después cayó la ciudad en poder del ejército liberal. Se salvó  por su profesión y el hecho de haber atendido por igual a los heridos de ambos bandos, en el Hospital. Pudo en poco tiempo regresar a San Juan del Río.

Manuel Domínguez Quintanar. En 1867 disfrutaba de su familia, ( apenas el año anterior se había casado con Adelaida Girón) posición y profesión en su casa del no. 6 de la Calle de Don Esteban cuando Maximiliano lo nombró Prefecto político de la ciudad de Querétaro durante los meses que duró el Sitio de ella. Al ser derrotados, se salvó de ser fusilado gracias a su comportamiento humanitario con los prisioneros liberales, quienes abogaron ante Escobedo para que lo perdonara, con la condición que regresara su pueblo y entregase los archivos de la Prefectura a quien se nombrara en ese puesto.

El perdón solo fue momentáneo y al aparecer su nombre entre los candidatos a ser fusilados se refugió en la Ciudad de México, donde se presentó ante el ministro de Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada, de quien obtuvo el perdón definitivo, consistente en una prisión domiciliaria en la capital. Lugar donde en sus años iniciales sufrió penurias económicas que provocaron varias veces la separación con su familia. La situación se estabilizó cuando empezó a hacerse de una clientela como médico particular y obtener el  puesto de Prefecto de la Escuela Nacional de Medicina en 1870 además de algunas cátedras en el mismo lugar. No volvió a radicar en San Juan, su vieja calle había cambiado otra vez de nombre, ahora se llamaba Iturbide.

Es en esa época, cuando conoce a Manuel Acuña, un poeta nacido en 1849 en Saltillo Coahuila, donde vivió sus primeros años, para trasladarse  en 1865 a la Ciudad de México ingresando al Colegio de San Ildefonso de donde pasó  a la Escuela Nacional de Medicina en 1868.
Manuel Acuña, el malogrado poeta.
Era muy joven, cuando en 1869, a la par de sus estudios inició una carrera como dramaturgo y poeta, en esta última a pesar de su corta producción logró consolidarse como destacado representante del Romanticismo, aquella corriente que buscaba redimir a la humanidad  por medio entre otras cosas del arte, la enseñanza y la ciencia. Publicó su obra en muchas revistas y periódico de la capital. Miembro y fundador de muchas sociedades literarias, fue muy conocido por sus contemporáneos y supo de las mieles del éxito a temprana edad.

Sin embargo, a la par de su éxito literario, su vida personal fue diametralmente opuesta. Era revolucionario y contestatario, protestaba por todo y le amargaba enormemente no obtener los resultados de sus luchas. En el terreno sentimental fue igual, romántico hasta el tuétano, se hizo de una musa real pero inalcanzable, Rosario de Peña y Llorente, su “santa prometida” a quien idolatró en sus sueños pero quien lo rechazó en la realidad, haciéndole perder la cabeza y la vida.

Este hecho, recibido por una personalidad impulsiva y balbuceante y una naturaleza enfermiza determino su destino. Decidió despreciar la gloria que sus escritos le auguraban. No deseando una vida privada del amor anhelado, toma por propia voluntad el destino fatal de los héroes románticos: Morir joven y por un ideal. Su suicidio ocurrió el 6 de diciembre de 1873.

El Doctor Domínguez nunca pudo encontrar las razones que le acercaron a aquel joven impulsivo, ateo, liberal y ¿Cómo pudieron compaginar esos rasgos caóticos con los de un hombre maduro, conservador, profundamente católico  y mesurado en sus acciones ¿Sería por llamarse igual?.
Mortificado por no haber podido impedir que un grupo de médicos de la misma escuela le practicaran la autopsia, asistió al sepelio en el Campo Florido, no pudo dejar de recordar la tormentosa fascinación que la muerte ejercía en el poeta y le llevó a escribir un poema que trágicamente  calzaba al fúnebre momento. 

ANTE UN CADAVER
¡Y bien! aqui estás ya... sobre la plancha
donde el gran horizonte de la ciencia
la extensión de sus límites ensancha.

Los años pasaron, el médico fue envejeciendo, continuó con sus cátedras y volvió a su otra pasión, la política, fue Diputado al congreso de la Unión, senador y Regidor del ayuntamiento de la capital, correspondiéndose el honor en 1878 de ser  orador del acto oficial del 16 de septiembre.
Publicó varias obras entre las que destaca el capitán fantasma, Leyendas Históricas y Fátima. Murió en México el 15 de Marzo de 1910.

El Doctor Manuel Domínguez Quintanar 
Al unísono, la obra de Acuña se revaloró. El poema que dedicó a la imposible mujer, rebautizado ya como “El nocturno a Rosario” se convirtió en el emblema del amor trágico y elevó a Rosario de la Peña, “Rosario la de Acuña” a la categoría de musa por excelencia de las letras mexicanas. Sus restos estuvieron en la Rotonda de los Hombres Ilustres antes de ser trasladados a Saltillo en 1917.

Rosario, "la de Acuña"
De la amistad entre el Médico y el poeta que no llegó a serlo, se conserva un soneto que le dedicó..
  A MI QUERIDO AMIGO Y MAESTRO MANUEL DOMÍNGUEZ

Sabiendo, como sé, que en esta vida
 Todo es llanto, tristeza y amargura,
 Y que no hay ni siquiera una criatura
 Que no lamente una ilusión perdida.

 Sabiendo que la dicha apetecida
 Es la sombra y no más de una impostura,
 Y que la sola aspiración segura
 Es la que al sueño eterno nos convida:

 Mi voz no puede levantar su acento
 Para desearte, á más de los que tienes,
 Otros años de lucha y sufrimiento;

 Pero mi voz te da sus parabienes,
 Porque sé que hasta el último momento
 Brillará la honradez sobre tus sienes.

Manuel Acuña
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Aunque el poema lo tenía desde hace varios años no se había dado la oportunidad de redactarla una entrada.La circunstancia la dio el estar trabajando en algunas biografías. Creo que esta es la mejor manera de entrelazarlo con la historia local. .Aclaro que todos los datos son reales y comprobables. Obviamente solo hice la recreación literaria de los pensamientos del Dr. Domínguez. Hoy su calle se llama 16 de Septiembre, en el centro  de San Juan del Río.___________________________________________

sábado, 3 de enero de 2015

El plano de un sanjuanense


El plano de  Guadalupe Perrusquía, 1864.

Este plano es verdaderamente importante, ya que de los conocidos, es el único del que estoy cien por ciento seguro fue elaborado por un sanjuanense, el Dr. Guadalupe Perusquía,  vecino de la entonces calle de Don Esteban. De él también ya he referido su biografía en otra entrada, hoy me limito a la descripción del documento.

Para más información dar clic aquí.  Don Guadalupe Perrusquía
                                                              El último imperialista


Teniendo cualidades artísticas y tomando como base el plano de Chambeau, en 1864 (este sí está fechado) y probablemente el de Salazar, nos legó don Guadalupe, un bello plano en color, elaborado y rotulado a mano, en escala antigua, de 1 a 600 varas,  titulado “PLANO DE LA CIUDAD DE S. JUAN DEL RIO. 1864" . (Aunque modestamente, don Guadalupe aclara en una sección del mismo, que es una copia del de Chambeau, creo que en realidad lo supera ampliamente en calidad artística y detalles)

Plano de Guadalupe Perrusquía, 1864
Esencial  es  también para la historia de nuestra ciudad ya que tiene los nombres antiguos de todas las calles de entonces, básicamente lo que hoy es el centro histórico. (En él se basó Rafael Ayala para la nomenclatura antigua en su obra “San Juan del Río, Geografía e Historia” de 1971)

Marca además varias calles que ya han desaparecido, los caminos que salían de la ya ciudad, cuya división para entonces ya no era en barrios, sino en 11 cuarteles, cada uno en diferente color, señalado en números romanos. Indica, además del área urbanizada y aún dentro de ella, las tierras de labor, huertas y solares. (Baldíos)

El dato resaltante sería que la plaza Principal (Hoy Plaza Independencia) se llamaba en ese entonces (creo que nadie lo había mencionado) y supongo que solo temporalmente: Plaza de la Emperatriz, en referencia obvia a su Graciosa Majestad, Carlota I, la que nunca vino a San Juan, pero que recibió todos los honores e igual graciosamente los declinó. Este Plano, fue elaborado antes del 16 de noviembre del año mencionado, porque es la fecha en que se dedica.

"COPYA
   por
   Guadalupe Perusquía
   sacada del levantado por el Capitan
   Mr. Chambeau"

También son importantes las firmas que contiene, de Don Guadalupe Perrusquía, artísticamente plasmada y de Manuel Domínguez, su hijastro y por entonces prefecto político de la ciudad.

Con este plano, termino la serie, el otro  que completa el pókar, como ya dije es el de Ignacio Pérez, de 188? Especialmente recomiendo su revisión a los que quieren conocer la historia de nuestra ciudad, ya que es el más completo, por su conservación, artísticamente elaborado, detallado al máximo y rotulado completamente, lo que permite apreciar todos los detalles y nombres de las calles. Los de Chambeau y Perrusquía son históricos y valiosos, pero no igualan su abundancia de detalles, colorido y resolución.  Posteriormente me referiré al de 1901, que como dije, parece una copia inacabada al lápiz de éste, solo actualizando algunas calles.

(Para ver más del plano de Ignacio Pérez, dar clic en el siguiente enlace:  El Plano de Ignacio Pérez
 Dejo también para más adelante las reseñas particulares de los detalles de los planos.

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De esta manera, con la presentación pública de estos documentos  -no digo inéditos porque fueron elaborados aquí, pero se los llevaron y no regresaron- que no habían sido vistos en nuestra ciudad en los años recientes, (y quiero insistir que creo que ningún sanjuanense vivo en la actualidad los conocía) un servidor, redactor único de este blog agradece a todos y cada uno de los que una o muchas veces se han asomado a él y se han interesado en la historia no tan escrita de San Juan del Río. Sé que 5000 visitas no significan nada en los medios actuales, pero para un blog de historia local, acotado a un público reducido, son muchas y como dije hace ya un año y medio, para mí uno solo es valioso, imagínense 5000.

Espero, por la importancia de los documentos presentados, en caso de que se use esta información para alguna otra publicación, no sé, El Sol de San Juan o los vecinos de San Juan del Río en el Tiempo, se me mencione por la primicia de su difusión, esto no por ego, sino para un asunto en el que necesito dar a conocer algunos merecimientos y espero compartir en detalle en próximos días.
Como había prometido, con estas entradas, abato un poco el rezago que a últimas fechas había tenido, ahora sí no voy a prometer regresar a la etapa prehispánica que no he podido, por andar cumpliendo temas que me piden. Hasta la próxima, espero les haya gustado la serie. 
Se agradece también a la página vecina por habernos hecho llegar, de manera indirecta, un libro difícil de conseguir, para la colección.

sábado, 23 de agosto de 2014

Agustín Ruiz Olloqui Rangel el último imperialista de San Juan del Río, Querétaro.


En los tiempos del Imperio de Maximiliano (1864-1867) la población de San Juan del Río era declaradamente imperialista, esto en razón de que en los años previos había sufrido múltiples ocupaciones por parte de los conservadores (era el sitio favorito de ataque de Tomás Mejía) y cuando estos dejaban la plaza, inmediatamente llegaba la represalia del ejército liberal que se apostaba en la ciudad a castigarlos por haberse dejado derrotar por los otros, así que, entre dos fuegos eligieron al que pensaban era el menos peor y de esa manera, convirtieron a los liberales y todo lo que oliera a ellos, en sus enemigos jurados.

De toda una ciudad pro imperialista, hubo un grupo de personajes que lo eran aún más, concentrados en la entonces llamada calle de Don Esteban,  hoy 16 de septiembre, donde residían las familias más acaudaladas, baste decir que en ella vivía la descendencia y familia de don José Luis Quintanar, los hijos del General Juan Domínguez, muchos de los hijos y nietos de Don Esteban Díaz González, la familia Berruecos, los Uribe, etc. Familias de antiguo abolengo que poco a poco habían ido perdiendo preminencia con las disposiciones de los gobiernos liberales y vieron en la llegada del imperio la oportunidad de recobrar algo de su esplendor y apoyaron, no a muerte como veremos adelante, pero sí decididamente al nuevo monarca.

El entonces Prefecto de San Juan era el Doctor Manuel Domínguez, hijo del General Juan Domínguez, quien con apoyo de familiares y vecinos tomó decididas acciones para granjearse a sus graciosas majestades, entre ellas, la idea de erigir una columna en la plaza principal, para colocar un busto de la Emperatriz Carlota (que en una de esas paradojas del destino, ella misma sugirió se dedicara mejor a la Independencia, y así nació un año después la columna que actualmente vemos en el centro de nuestra ciudad) lo que compensaron declarándola Patrona y especial protectora de San Juan del Río.

Durante la Visita de 1864 de Maximiliano, Domínguez declaró el día como fiesta nacional,  hizo liberar a los presos de condenas leves y organizó  todas las fiestas habidas y por haber ante tan fausto acontecimiento, incluso, al venir Maximiliano sin Carlota, en el baile de honor, fue la hermana del Prefecto, Paz Domínguez, quien bailó con él. (Contra lo que se sostiene, Carlota nunca estuvo en San Juan del Río, ni una ni “varias veces”. No he hallado ningún documento que pruebe su estancia aquí, todos los ofrecimientos y honores que se le hicieron fue a distancia,  vía documentos, nunca en su presencia)

Al paso de apenas tres años,  Maximiliano regresó a San Juan del Río, más solo que la vez pasada y en circunstancias adversas, con rumbo a Querétaro, en un viaje del que ya no retornaría. La suerte de espaldas que portaba no impidió que los habitantes de la antigua calle del Curato, le manifestaran nuevamente su apoyo y aún más, en marzo de 1867, ya en la ciudad de Querétaro, tuvo en su ejército a tres “sanjuanenses”, los tres sobrevivirían al cabo de tres meses, no así el emperador. Eran:

Manuel Domínguez Quintanar. Nombrado Prefecto político de la ciudad de Querétaro  durante los meses que duró el sitio de ella.  Al ser derrotados, se salvó de ser fusilado gracias a su comportamiento humanitario con los prisioneros liberales, quienes abogaron ante Escobedo para que lo perdonara. Pudo regresar a San Juan y después se trasladó a México.

Celestino Díaz Domínguez. Nieto de Don Esteban, fue nombrado abogado del Imperio, había nacido en San Juan pero se había refugiado en la ciudad de Querétaro desde antes de la llegada del emperador, ahí lo recibió. Al no ser militar pudo salvarse, pero ya no volvió aquí, se dedicó a la política, el periodismo y el comercio en aquella.

Y finalmente, también estuvo con Maximiliano:

Agustín Ruiz Olloqui Rangel


El doctor Olloqui, imagen tomada de Díaz

Nacido en Huichapan, Hidalgo, el 30 de enero de 1835. (aunque también se dice, incorrectamente que nació en San Juan y en el año de 1840) Hijo de la  Sra. Dolores Rangel y el Lic. Joaquín Ruiz Olloqui. (que había sido Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación) Obtuvo título de médico en 1860 y poco después ejercería como médico militar durante la invasión Francesa en el ejército liberal al mando de Porfirio Díaz. Entre ese año y 1863 se casó con una sanjuanense, Isabela Uribe Díaz, nieta de Don Esteban. Para 1864 estaba avecindado en San Juan y era regidor de la ciudad. De él fue la propuesta de hacer celebrar como día nacional el 7 de junio, aniversario de la emperatriz, e intervino entre los que le ofrecieron un cetro de oro.

Aquí nacería su primer hijo en 1866 y poco después, ante el avance liberal, se refugió con su familia en la capital queretana, donde ejercía su profesión de manera particular. Con la llegada de Maximiliano, fue nombrado director del Hospital de Sangre (o sea donde atendían a los heridos) durante el sitio a la ciudad. El 12 de mayo de 1867, de manos del propio Maximiliano recibió la condecoración de Caballero de la Orden de Guadalupe, aunque no tuvo mucho tiempo para lucirla, apenas tres días después cayó la ciudad en poder del ejército liberal. Se salvó  por su profesión y el hecho de haber atendido por igual a los heridos de ambos bandos, en el Hospital Civil inicialmente y luego en los que adaptó al aumentar los heridos,  con más voluntad que recursos, en el Convento de San Francisco y hasta en el edifico del Casino.

Terminado el sueño imperial en el cerro de las Campanas, pudo  al poco tiempo regresar a San Juan del Río. Aquí tenía su casa, apenas a un costado de aquella a donde sus familiares políticos ya no volvieron, en una pequeña calle conocida entonces como “de la Duda” donde seguramente pensó que iba a tener la paz que no había disfrutado en muchos años. Pero el destino le tenía preparado un último sobresalto.

Fusilado Maximiliano en 1867, fue necesario embalsamar el cadáver con el problema de que no había en toda la ciudad y alrededores ningún médico capacitado para ello, (Juárez decretó que la labor debía de ser hecha por un mexicano,) recayendo el encargo en el único que se atrevió, el Doctor Vicente Licea, un obstetra avecindado que hizo lo mejor que pudo y al carecer de instrumental adecuado tuvo que solicitarlo prestado a Agustín Ruiz Olloqui, lo cual no tendría ningún detalle en particular, solo que Licea tuvo meses después, la ocurrencia de intentar vender la vestimenta que portaba el cadáver por 15,000 pesos, según él porque no se le habían pagados sus servicios. Al descubrir el gobierno la acción provocó que fuera enjuiciado y tuvo que defenderse como gato boca arriba pues estaba en peligro su vida y llamó a varios testigos en su defensa, uno de ellos fue el Dr. Ruiz Olloqui, quien en marzo de 1868 tuvo que declarar. Ambos salieron bien librados, Licea completamente desprestigiado pero vivo.

Fotografía personal: "La solariaga" casa del doctor Olloqui en la actualidad

La casa que habitó, que aún se conserva, casi intacta, es una de las más hermosas del centro de la ciudad, no es tan grande como lo eran las  vecinas, pero es muy estética en su forma y distribución, de estilo neoclásico. (fue construida en el siglo XIX, no es colonial como dicen muchos) No tengo información reciente de ella, hasta hace pocos años todavía vivía ahí y conservaba la propiedad un descendiente suyo, que mantenía la casa en perfecto estado, incluso mucho del mobiliario antiguo.

Tras el último susto, poco tardó el Doctor en volver a la política, al menos desde 1869  ya formaba otra vez parte del Ayuntamiento de San Juan del Río. Durante el gobierno de Porfirio Díaz fue dos veces diputado y  una vez senador de la República. Aquí fue muchas veces parte del Ayuntamiento, a veces como prefecto, a veces como regidor y a la vez dirigía y atendía el Hospital Municipal (el antiguo de San Juan de Dios) y fue el médico del Ferrocarril Central. Adquirió por esas fechas el Rancho el Barreno, que por entonces era un molino de trigo. Esta propiedad  sí fue vendida por sus descendientes en el siglo. Por cierto, tuvo muchos hijos, la mayoría hicieron sus vidas en otros lugares.

Aunque se dice que editó varios libros, solo he podido localizar uno, de temas médicos, y otro con leyendas, sin embargo, era desde 1864 miembro de la sociedad Mexicana de Geografía y Estadística y desde 1872 de la Sociedad Mexicana de Historia natural. A la par de ello, se hizo por gusto historiador local, recopiló infinidad de documentos y datos sobre nuestra ciudad, aunque al parecer no los reunió nunca en libro. Estos apuntes, datos sueltos en su mayoría, han sido utilizados, desde sus tiempos hasta nuestros días en infinidad de libros, sin haberle dado el crédito correspondiente, nunca los he visto en físico, solo por referencias sé que existen y su contenido. Lo poco que sabemos de nuestra ciudad a fines del siglo XIX en nuestra ciudad fue escrito por él.

Poco antes de morir. su dinastía se prolongó, su hijo Joaquín se desempeñó todavía como Prefecto de la Villa de Tequisquiapan durante casi Todo el porfiriato y él otra vez en nuestra ciudad. En el mes de noviembre de 1904 murió en su casa de la calle de la Duda, que mucho después recibiría su nombre. Ninguno de sus antiguos amigos volvió, las familias que lo habían rodeado se habían ido diluyendo, ya casi no había apellidos Díaz, Domínguez, etc. Solo quedó él como el último de los muchos  imperialistas del pueblo.


Firma del Doctor, imagen tomada de una carta del proceso contra Licea

¿Imperialistas? ¿Reaccionarios? ¿Ilusos? Creo que a ojos actuales no nos corresponde juzgarlos, fueron hombres que vivieron, pensaron y actuaron según las circunstancias de su tiempo y tomaron las decisiones que les tocaron, asumiendo sus consecuencias, sirva esta semblanza como un homenaje a nuestro primer historiador: El Doctor Olloqui como era conocido en su tiempo, otro de los que adoptaron nuestra ciudad como segunda patria y la enaltecieron.

Les decía que la casa se conserva casi intacta porque en la fachada se le agregó recientemente un nicho de la virgen de Guadalupe, (por cierto, he escuchado que en ella se tenía hace muchos años una pintura del Greco, que alguien había dejado “encargada” ignoro si fuera cierto o solo fue una leyenda semiurbana) la otra modificación es una placa de cantera colocada al frente y que reza así:

Fotografía personal: Fachada de la casa en la actualidad

1835-1904

DESDE ESTA CASA

SOLARIAGA EL DOCTOR

AGUSTIN RUIZ OLLOQUI

EJERCIO LA PROFESION DE

MEDICO CON GENEROCIDAD Y

SENTIDO SOCIAL EN FAVOR DE

LOS SANJUANENSES MAS DESVALIDOS DE

LA EPOCA

                                                JULIO 24 DE 1926

 Fotografía personal, la placa en memoria  en la actualidad

José Luis Hernández Peña

Para mayor información de las familias de la calle 16 de septiembre, ir a este enlace:
http://iztacchichimeca.blogspot.mx/2014/06/como-dijo-juan-dominguez-no-me-olviden.HTML

La bibliografía se las debo para luego, consideren esto por mientras mis “apuntes” aclaro que el escrito es original, basado hasta el último detalle en algún texto o documento.
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Actualización 22 de Marzo de 2015

En pasada entrada había hecho una semblanza, casi biográfica de  Don Agustín Ríos Olloqui, mencionando el 4 de Noviembre de 1904 como fecha de su fallecimiento, dado que así estaba consignado en el libro de Díaz , del que tomé la fecha, parece que hay un error.


El pasado fin de semana, tras muchos años de no hacerlo pude entrar a la hoy llamada Parroquia de San Juan Bautista, que en mi niñez era “El Templo” o  el “Templo del Sagrado Corazón” (siempre que iba lo encontraba cerrado, pensé que estaba siendo remodelado)  con cámara en mano y permiso expreso para hacerlo, me dispuse a tomar fotografías, a pesar de que el interior era ocupado por una multitud de niños tomando catecismo en pequeños grupos dispersos a todo lo largo y ancho del casi basilical espacio. Nada ha cambiado en él, más que el nombre, las mismas imágenes, la omnipotente solemnidad que le da el extraordinario juego de luces naturales logrado por las linternillas y los vitrales, que hacen converger la mirada siempre hacia el altar, nada ha cambiado, incluso en la catequesis, todavía en la esquina norponiente encontré un grupo de niños, mismo lugar donde hace varias décadas, también yo era parte de otro que escuchaba no tan atento las enseñanzas de las siempre sufridas y abnegadas catequistas.  Otro día abundaré sobre el interior del templo. Recorriendo encontré un detalle, que debo haber visto en aquellas épocas, cada sábado, pero  que no recordaba, hoy se los comparto.



En una de las primeras columnas, entrando por el lado de la Plaza de los fundadores, a la derecha, se encuentra una placa, indicando que reposan ahí los restos del distinguido personaje. Sabía que había sido sepultado en la ciudad, pero pensé que había sido en el Panteón de la Santa Veracruz, donde están varios de sus familiares. 
A pesar de que la columna es muy ancha, no creo que haya sido sepultado originalmente ahí, en aquellos tiempos ya no se permitía el entierro al interior de los templos, aunque pudo hacerse una excepción dado su investidura.
En ella está una placa de mármol, empotrada en el fuste, con la inscripción que contiene además,  los restos de su esposa, Doña Isabel Uribe Díaz, (Nieta de Don Esteban Díaz González, e integrante de la familia Uribe, también vecinos de la Calle 16 de Septiembre) fallecida el  9 de octubre de 1896.
El detalle de la placa, es que todavía utiliza el modo antiguo para las abreviaturas, que consistía en poner las letras iniciales de la palabra y al final, la última letra en caracteres más pequeños.
En dicha placa, se encuentra la fecha exacta de su fallecimiento, 9 de septiembre de 1904.