viernes, 30 de marzo de 2018

El camino de la cruz en San Juan del Río parte 2


 El camino de la cruz en San Juan del Río  parte 2


Continúo el recorrido del viacrucis con imágenes de sus estaciones en las distintas iglesias y otros espacios de San Juan del Río.

 ESTACION 8: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén


En la antigua parroquia de españoles, hoy Santuario Diocesano, las estaciones del víacrucis consisten en elementos de madera con forma de templo conteniendo la imagen en relieves coloreados, seguramente de pasta.

La fotografía destaca además, el elegante decorado de las paredes del que ha sido desde su construcción el principal templo de culto católico de la ciudad por ubicarse en la plaza mayor o de la independencia.


ESTACIÓN 9: Jesús cae por tercera vez


Existió en esta ciudad un convento dominico, ya desaparecido, del que persiste su iglesia. En ella las estaciones son muy parecidas a las anteriores, de madera con forma de templo y relieves coloreados en pasta. Aunque de mayor tamaño.

Este templo, con diversas modificaciones tiene también un decorado sobresaliente en las paredes, como puede verse en la fotografía que lo ilustra.


 DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras



La imagen corresponde a las estaciones de la antigua iglesia de los naturales, hoy parroquia de San Juan Bautista, pero también llamada aún Templo del Sagrado Corazón, en el centro de la ciudad. Se supone que ocupa el mismo espacio que la capilla inicial del pueblo desde su fundación.

Elaboradas en estuco, parece que tenían anteriormente el número y el nombre, pintados en espacios  arriba y abajo que aún se conservan, pero los han perdido en las remodelaciones de al menos 250 años. Comparten espacio las estaciones en los muros internos con un par de aras, con símbolos de la pasión, ya reseñados en este blog.


ESTACIÓN ONCE: Jesús es clavado en la Cruz



Repito para esta estación, la imagen del templo de Santo domingo, lugar del que en la época de conjunto conventual, situado en el antiguo Camino Real, distribuyó predicadores a distintos puntos del virreinato. El espacio de lo que fue el convento hoy lo ocupa la presidencia municipal.


DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere en la Cruz


Tomo la imagen para esta estación de las instaladas en una pequeña capilla, que contiene  una de las pocas imágenes netamente Sanjuanenses, la cual según la leyenda local, fue pintada con carbón por un preso recluido en lo que era la portería del Hospital de San Juan de Dios, que tras varios intentos de borrarla, permaneció intacta, lo que determinó que se dejara ahí y para rendirle culto, se adaptó el breve espacio como templo. Popularmente la imagen es conocida como “Jesusito” y por el lugar donde está pintada, que era la portería del convento, el templo y la figura se llaman indistintamente “Jesusito de la portería” o más cariñosamente: Jesusito.

Estas circunstancias determinaron su escaso tamaño, una entrada lateral y escasa ornamentación arquitectónica y en sus paredes, lo que no impide que sea uno de los templos más visitados de la ciudad, y aunque su culto es endémico, por no ser muy conocido en otras latitudes, no por ello deja de ser muy numeroso, especialmente lo visitan los sanjuanenses antes y después de una operación o enfermedad.

El antiguo conjunto conventual de San Juan de Dios, está cerca de los viejos panteones, situados en lo que antes eran las afueras de la ciudad, lo que implicaba que todos los cortejos fúnebres  pasan frente al templo de Jesusito. Existía entre los viejos sanjuanenses el dicho de que, cuando alguien salía de una enfermedad muy grave se le decía “te regresaste de Jesusito”, es decir, que no habían llegado al panteón.

En los casi desnudos muros de la vieja portería, las estaciones están empotradas en la pared y son de cerámica o mosaico coloreado.

  
 ESTACIÓN 13 Jesús es bajado de la Cruz


La imagen procede de una de las estaciones colocadas en la barda perimetral del Panteón Municipal uno.  En completo abandono y  a la intemperie de más de 170 años, persisten estas cruces de cantera morena, empotradas en la barda del mismo material, unida con lodo, que eran los elementos constructivos de la época.

La estación carece de número, pero todas están igual, solo se ha remozado y pintado la primera, ya mencionada al inicio de esta entrada.


ULTIMA ESTACIÓN: Jesús es sepultado



Concluyo el recorrido con otra imagen del templo de San Juan Bautista, incluido el altar mayor, en cuya parte baja, está la figura de San Juan bautista, patrono de esta ciudad, que en la fe católica, a través de los siglos creó, para esta semana, las imágenes, elementos y tradiciones que han persistido hasta nuestros días. Ojalá, que este artículo motive a sanjuanenses y visitantes a visitar los templos y además de las obligaciones religiosas, disfrute de las muestras del genuino arte popular que nos legaron las generaciones pasadas.

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Dada la especial característica de que los antiguos templos católicos de San Juan del Río están en el breve espacio del pueblo colonial, que es en esencia el actual centro histórico, la historia de esta ciudad  está determinada por ellos, así que este blog está salpicado de artículos relacionados al tema, además, la mayoría fueron situados a la vera del antiguo Camino Real, así que hoy no les marco los enlaces, porque serían muchos, mejor,  si están interesados den una revisada completa al blog. Hace mucho que no recibo comentarios, aumentan las visitas, sobre todo del extranjero, pero no hay opiniones ni crítica. Aclaro que los contenidos son originales, redactados por un servidor. 
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Ahora sí, todas las imágenes son personales.

La que da inicio a la entrada, es de la capilla del Calvario, en una pequeña loma, templo creado especialmente para, simulando el Monte Calvario, terminar el viacrucis desde la época virreinal, lo que determina que su espadaña esté presidida por las tres cruces.
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jueves, 29 de marzo de 2018

El camino de la cruz en San Juan del Río.







El camino de la cruz en San Juan del Río.

Siendo desde la época colonial un lugar eminentemente católico y siendo la religión un aspecto que determinaba en gran medida otras actividades, durante la semana mayor o semana santa, se llevaban a cabo en San Juan del Río, tradiciones diversas, algunas ya se han perdido, otras luchan por sobrevivir y algunas gozan de cabal salud.

En el perímetro del actual centro histórico, específicamente en los templos católicos quedó constancia de ello en figuras, símbolos y obra pictórica.  El acto culminante es la celebración del viacrucis, que al menos desde finales del siglo XVI  se escenifica por algunas calles de la ciudad, con la característica de que utiliza figuras de bulto para los diferentes momentos de la semana, el viernes, aparece  desde el viejo templo de los naturales, a cumplir su doloroso rito anual, el  Cristo Nazareno de las Tres Caídas, imagen que por lo menos desde el siglo XIX preside el recorrido.

Los distintos momentos o estaciones del viacrucis por las calles de la ciudad están señalados por cruces de cantera, de los que ya he escrito.

Hoy narraré dichas estaciones utilizando para ello las imágenes o símbolos que también marcan las estaciones en la mayoría de los espacios religiosos de la ciudad. Aunque ya en desuso, era una práctica común realizar, sobre todo en estas fechas, una serie de oraciones e ir recorriendo las estaciones del templo en cuestión.

Las imágenes corresponden a los espacios religiosos de la ciudad, solo no pude tomar imágenes en San Juan de Dios, que casi siempre permanece cerrado. En el templo del Calvario y los demás panteones  no hay estaciones en las paredes.


Iniciamos este  recorrido en un lugar insospechado.


 PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte.




Aunque muchos no lo saben, también en el panteón municipal 1, Están marcadas las estaciones del viacrucis, elaboradas en cantera morena y empotradas en la barda perimetral. En la número uno, que corresponde a la imagen, además está marcada la oferta de la concesión de indulgencias por hacer el recorrido y la "sacada de ánimas". Hoy está remozada y pintada en dorado, pero recuerdo que sus colores eran blanco y azul, aunque es difícil saber cuál era el original. Creo que ya no están completas todas las estaciones en el panteón, pero sobreviven la mayoría en condiciones precarias y han perdido el número.



ESTACIÓN 2: Jesús carga con la cruz


Para esta estación, tomé la imagen, del llamado “Santito”, empotrado en una barda en mitad de los dos carriles de la calle Rayón. Según un servidor, sería el último resto de un viacrucis físico ya desaparecido, probablemente de la cercana capilla de San Pedro. De ser así, la imagen, tallada en cantera morena y partida en dos partes, una fija dentro del nicho y otra suelta debajo de él, correspondería a esta segunda estación, en su parte redondeada debió contener el número.



ESTACIÓN 3: Jesús cae por primera vez


Presento una imagen, del Instituto de Cultura, Turismo y la Juventud del soberbiamente decorado  templo anexo al Beaterio. En este lugar, las estaciones están marcadas por figuras profusamente coloreadas emergiendo del plano de soporte, elaboradas en pasta o algún otro material similar. Aquí, durante el martes santo se lleva a cabo una ceremonia antiquísima, llamada “el Aposentillo” en que uno de los cristos de la pasión, específicamente creado para ello, recibe las oraciones de los fieles, tratando de aliviar la pena que produjo su encarcelamiento. (Y la figura está entre rejas).



ESTACIÓN IV: Jesús se encuentra con su madre


Esta imagen corresponde a la antigua iglesia de los naturales, hoy parroquia de San Juan Bautista. Está elaborada en estuco, integrado al muro, por lo que supongo son las más antiguas de la citada.

Este templo, de arquitectura basilical y cuya hechura no encaja en ningún estilo, contiene la mayoría de las imágenes utilizadas en las ceremonias de Semana Mayor, incluso, muchos de sus decorados indican que estaban destinadas fijas para estos eventos.



ESTACIÓN QUINTA. Jesús es ayudado por el cirineo


El nombre del hombre que ayudó a Jesús, solo era Simón, y por ser nativo de la ciudad de Cirene, se le decía cirineo, aunque igual la tradición lo ha considerado como nombre, no gentilicio, incluso en México, es nombre propio.

La fotografía que utilizo para esta estación es fragmento tomado de la página del Instituto de cultura municipal, turismo y la juventud, muestra el interior del claustro del convento del Beaterio de nuestra señora de los Dolores, único que continúa en funciones de los varios que tuvo la ciudad.  Estas estaciones son cromos, sencillamente enmarcados, colocados al interior del pasillo de la arcada y supongo, son recientes y usados por las religiosas que habitan ahí.

El convento original fue auspiciado por religiosas sanjuanenses y sus familiares, incluso económicamente.

ESTACIÓN VI: La verónica limpia el Rostro de Jesús.

Aunque el nombre de la mujer que limpió el rostro de Jesús  no es Verónica y que la palabra se refiere a la imagen que quedó plasmada en el paño, (del griego VERO= verdadero  E ikon= Imagen) tradicionalmente así se le llama a la mujer y a la estación que representa su acto.

La fotografía corresponde a la estación de ese nombre en el Santuario del Sacromonte. El más nuevo de los templos "coloniales" de la ciudad, construido ya en la época independiente, pero con arquitectura  antigua. Las estaciones son cromos en "segunda dimensión" enmarcados en madera y protegidos con resina, obviamente no son antiguos. 


  
SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez

Para esta estación, aunque la imagen no es muy buena por lo maltratado del vidrio, presento a Ustedes una pintura que representa esta etapa del viacrucis.

Está contenida en la Ermita de la calle dos de abril, que es una de las estaciones físicas del viacrucis de las calles de la ciudad. Tiene la particularidad de ser la única estación que no está marcada por una cruz empotrada en la pared, sino por una pequeña capilla, llamada popularmente “la ermita”  en cuyo interior se encuentra la pintura.  Al parecer es un óleo, aunque por la condición del vidrio es difícil afirmarlo, así como su antigüedad, pero al menos, por lo que me dicen mis familiares, desde hace 50 años ya estaba ahí, tiene una incrustación metálica en la corona de espinas.



Continuará...

Todas las fotografías son personales, excepto las dos mencionadas, del Instituto de Cultura, Turismo y la Juventud de San Juan del Río. 
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Como siempre, en estos temas pido disculpas anticipadas en caso de cometer alguna falta en la redacción, Es importante dar a conocer estos aspectos, símbolos e iconografía, que determinaron en mucho la historia local y han sobrevivido hasta nuestros días.

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Hay muchas entradas relacionadas con el tema de hoy, si eres nuevo en el blog, date una vuelta,  si no, no está de más recordarlas y conocer más de:

Las estaciones del viacrucis
Los cristos de la pasión
Los símbolos de la pasión
La ermita
El santito

Todos de San Juan del Río. 
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Ya salió la convocatoria para los juegos florales 2018, para los que en el aire las componen.

domingo, 25 de marzo de 2018

45 aniversario luctuoso


45 aniversario luctuoso



Como parece que este año nadie se acordó, casualmente un sábado 24 de marzo, pero del año  1973, falleció el insigne historiador sanjuanense Rafael Ayala Echávarri, en la tierra que le había visto nacer.

Reproduzco integro el reportaje que salió en el semanario local “La Opinión” de la familia Cabrera una semana después, el 31 de Marzo del mismo año, así como la esquela del gobierno municipal. Es el testimonio escrito más inmediato a nivel local.


Aunque en su época fue ampliamente conocido en los círculos académicos,  en  la actualidad  ya es poco mencionado, a no ser en esta ciudad, lo que no resta los méritos que consiguió como escritor, articulista y prologuista en su época.






 Comentando el contenido de la nota, efectivamente las dos obras mencionadas, son fundamentales para el estudio de la historia queretana, y especialmente de San Juan del Río.

Baste decir que casi de la nada, elaboró la historia de nuestra ciudad, la cual plasmó en su obra “ San Juan del Río, Geografía e Historia”, esfuerzo que le llevó casi 20 años de su vida, legándonos infinidad de datos, muchos de los cuales, de no ser por él, aun en la actualidad ignoraríamos. Efectivamente, a partir de su muerte, se le dio su nombre a la entonces recién construida escuela primaria de la calle Pino Suárez, de la colonia Ramos Millán, que no en la “Curva” como dice ahí. Dicha escuela iba a sustituir a vetusta “Mártir de Chihuahua” del centro de la ciudad, que se decía estaba derrumbándose y ahí se iba a trasladar a los alumnos. Hoy subsisten ambas.

La esquela, lo menciona como cronista de la ciudad, creo que nunca se le nombró oficialmente como tal, simplemente lo era. 

Por cierto, al morir se elaboró un busto mortuorio. 




Mayor información en los siguentes enlaces: 



  
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EL CHICHIMECA, AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD.

aunque por motivos personales, tenía casi dos meses sin publicar nada, este blog sigue recibiendo visitas, el pasado mes de enero pasamos de las 75, 000.

Algunas miles más de las que esperaba. Gracias, retomo  la redacción. 



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Sección comercial
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Aprovechando, en el mismo ejemplar, encontré este anuncio. además de los que están encima de la nota de ocho columnas en la primera imagen de esta entrada,  


La bebida, dicen quienes la tomaron era una verdadera agua de fuego, fabricada por las “Bodegas Queretanas”, en Juárez y Zaragoza de la ciudad de Querétaro, que extrañamente en su pequeño local fabricaba lo mismo anis, brandy, vinos de mesa, ron etc. Lo extraño, decían las malas lenguas es que todos sabían igual, solo cambiaba el color. Aquí se distribuía a granel (podías llevar tu botella) en la “Cabaña” de Av. Juárez poniente.

Creo que no se les vendía mucho otro de sus productos, el anís "El León y el Cachorro" el aperitivo ideal, según decía la XEVI, porque era muy anunciado ahí.

Y para que no se dude de ser queretano, el logotipo era la peña de Bernal. 


lunes, 1 de enero de 2018

El padre Leal


Hace algunos meses, durante la elaboración del libro “San Juan del Río a través de sus personajes”  en el que colaboré, había elegido hacer la biografía del Padre Leal, incluso la redacté y envié al editor. Y según me dijo ya estaba aprobada para el referido libro. Como no asistí a la última reunión del Consejo Editorial no supe que pasó, el caso es que apareció publicada otra, redactada por el periodista Armando Guerra. En estos días la hallé por ahí, y en esta entrada se las presento, no se trata de competencia, solo una visión más de la vida del ilustre personaje, y ni modo de desperdiciar lo escrito.

Guadalupe Eusebio Leal Rodríguez  (1917-2010)

Guadalupe Eusebio Leal Rodríguez, popularmente recordado en San Juan del Río como “el padre Leal”,  nació en la hacienda de San Gerónimo, Parroquia de San José Iturbide, Gto. Hijo de don Lino Leal, jefe de Armas de San José Iturbide y doña Inocencia Rodríguez, ama de casa.

Estudió la Educación primaria en  San Miguel de Allende y los posteriores en Querétaro. Estudiando literatura en Xichú Guanajuato, recibió instrucción militar y fue alistado, aunque no participó en hechos de armas.

Desde joven sintió el llamado al sacerdocio, aunque este ocurrió en un momento no propicio para ello, en plena guerra cristera, de la que siempre guardó el recuerdo del trance en que una partida gubernamental aprehendió a su padre por sospechas de simpatizar con los rebeldes. Durante días, el niño no se separó, dispuesto a morir con él. Afortunadamente fueron liberados pero ello significó que la familia tuviera que separase y emigrar, llegando a Querétaro, a la Hacienda de El Lobo y luego a la capital del estado. El trabajo del progenitor le obligó a hacer pausa en sus aspiraciones por largos años.

Retomó su vocación en una edad completamente inusual, 23 años, (cuando el resto tenía entre 14 y 16) ingresó al Seminario Conciliar de Querétaro en el ciclo 1941 – 1942. Con el apoyo del entonces Obispo Marciano Tinajero, a quien en una visita a Victoria, Gto., donde él se desempeñaba como Profesor suplente, relató su temprana vocación truncada. Así ingresó como anacrónico seminarista, logrando concluir gracias al apoyo de benefactoras en el año de 1951, oficiando su Cantamisa el 12 de noviembre de 1952 en su parroquia natal, San José Iturbide, Tenía 35 años de edad y mucho por hacer.

Adscrito inicialmente en la capital queretana a la Parroquia de San Sebastián,  fue llamado por el Obispo Tinajero como secretario de visitas pastorales en Tequisquiapan, Cadereyta y Vizarrón a los seis meses de ordenado. Después  fue párroco del  Doctor. Una enfermedad bronquial que le persiguió toda su vida le llevó a desempeñarse como Vicario Cooperador de la parroquia de San Sebastián, donde también fue capellán del Hospital. Posteriormente sería encargado de la Parroquia de San Pedro Aguacatlán y Capellán de Jesusito de la Portería.

En 1953, en San Juan del Río, lo mucho que tenía por hacer, sobre todo una promesa sagrada que había hecho al inicio de sus estudios sacerdotales y había intentado cumplir en su época en San Sebastián, comenzó a tomar forma material:  Inspirado en la obra humanitaria de San Juan Bosco, con ayuda de José Silva iniciaron un hogar de atención para niños huérfanos y abandonados, de los que captó 25 en la ciudad y sus alrededores y a los que dio alimento y techo en un viejo local frente al edificio del Beaterio,  (hoy Centro de Salud, en Av. Juárez) rentada a la señora de Leal por don Cándido Pérez. De ahí pasaron a la Calle Cuauhtémoc, en el antiguo edificio de la Inquisición, hoy oficinas de la junta de agua potable.

Finalmente, el Padre Guadalupe llegó a un edificio de la calle de Galeana, por donación de una parte de él, que era una huerta, por su dueña, la srita. María de la Luz Pichardo. Con ayuda de una benefactora suiza, Edith D. Wolf  se construyeron las instalaciones de lo que desde entonces se constituyó como el orfanato del pueblo, la Casa Hogar “San Juan Bosco”, en el número 37.

La superficie del lugar era una cuchilla formada por la confluencia de las calles de Galeana y Allende, cercana al pozo de Guadalupe. Con los años llegó a tener varios dormitorios comunales: uno para niños pequeños y otro para mayores, oficinas, capilla, pequeños departamentos para jóvenes, cancha deportiva, cocina, comedor  y aulas para una Academia comercial que instaló en la década de 1970 y que tuvo gran éxito por su excelente nivel y la disciplina, que le valió lograr varias generaciones de egresados.

Aunque recibía donativos en efectivo de diversos benefactores, principalmente la mencionada Wolf, el padre hacía colecta entre los comercios y productores de la ciudad con objeto de completar la dieta de los chiquillos bajo su tutela. Así, llegaban como en la parábola bíblica, leche fresca de los ranchos cercanos, pan de azúcar y bolillo de las panaderías cercanas, huevo y gallinas de las granjas aledañas, ropa y abarrotes de los tendajones. Orgulloso declaraba jamás haber tenido a un niño con hambre. (Y llegó a tener simultáneamente a más de 80) Inicialmente llegó a tener una camioneta con caja adosada al chasis, de color naranja, tan vieja que solo la intervención divina explicaba su funcionamiento aunque luego cambió por un vehículo convencional.

Todos sus adscritos debían estudiar, así que era común verlo en las diferentes instituciones públicas inscribiendo a sus “hijos”, en esos menesteres, llegó a formar  parte de varias asociaciones de padres de familia e incluso, quizá como resabio de su truncada incursión como maestro rural, fue fundador en la década de los sesenta, de la Preparatoria San Juan, de la que también fue docente algunos años.

Con el paso del tiempo, con ayuda de sus egresados, la Casa Hogar, se constituyó como Asociación civil administrada por ellos mismos. Manejaba el término “Egresados” para aquellos que una vez teniendo una profesión u oficio formaban una familia o se independizaban a la “buena”, porque también tuvo fugas de aquellos que no aceptaban su disciplina. En esta clasificación, tenía bajo su tutela niños de poca edad hasta adultos, incluso a Dimas, un protegido  muy mayor, que por motivos de Salud era difícil se sostuviera solo, lo mantuvo casi hasta el final de sus días y para no exponerlo a las dificultades del exterior, le abrió una pequeña tienda, casi al final del edificio.

Sabedor de las necesidades e inquietudes de los jóvenes, incluso les llegó a acondicionar, lejos de los pequeños, algunos departamentos con acceso independiente, y conocedor de la naturaleza humana varias veces tuvo que hacer oídos sordos ante situaciones que salían de su concepto de disciplina.

Su trato era bastante directo y recio, lo que le valía no poco frecuentes dificultades cuando externaba su pensamiento en diversos foros, “tengo el efecto de servir a la verdad, y no me callo, truene quien truene” decía. A pesar de ello, la labor que realizaba, le redituaba buena imagen entre la gente común, incluso, en la estación local, en la XVI, a invitación de don Enrique Morales, mantuvo durante varios años un gustado programa de Orientación Familiar.

Su tesonero proceder le valió mantener la Casa durante muchos años. La edad y su recurrente enfermedad poco a poco minaron sus fuerzas, en la vieja capilla, bajo el cristo de popote que le presidía o en su oficina, ante el retrato de la benefactora, hasta el final de sus días todavía hacia recuento de los muchos de sus tutelados que habían logrado una profesión y enumeraba a 4 abogados, 4 profesores, 5 militares, 1 médico, un periodista, muchos técnicos y sobre todo hombres de labor.

Caso especial fue el de este sacerdote, quien a pesar de su durísimo carácter jamás dejó sin casa, comida y sustento a los a veces muchos y a veces más niños, que eran dejados en esa casa, ya fuera por ser huérfanos, otros más solo para que “los corrigiera”. En todo cumplió.

Muchas veces requirió para sus labores de su auxiliar, “la Santa Mónica”. Contaban los pupilos que en un rincón de la arcada de acceso a los dormitorios durante ciertas noches se dejaba ver una sombra que los asustaba, enterado del hecho, el padre se apostó a esperarla. La paciencia dio resultado y una vez que la vio, se le fue encima propinándole un par de cachiporrazos a los que siguieron sendos gemidos. Al día siguiente, algunas gotas de sangre en el lugar, confirmaron la puntería del padre y la “aparición” no volvió.  

Tras cincuenta años de  ininterrumpida labor, sin fuerzas para continuar a causa de la enfermedad , debió dejar la Casa Hogar, su amada fundación en manos de las madres Vicentinas por petición del Obispo Mario de Gasperin.

Tuvo en la ciudad, el presbítero Guadalupe Leal los cargos de Capellán del templo del Beaterio, encargado y capellán de Jesusito de la Portería y del templo de San Juan de Dios.

Murió el jueves 17 de junio de 2010, antes de ser llamado a la casa de Dios, solo dos cosas le preocupaban, el no haber formado ningún sacerdote y qué sería de Dimas.



Una placa en su amado espacio de la capilla de Jesusito, el lugar más emblemático del catolicismo sanjuanenses le recuerda, y en cada aniversario luctuoso, una vez más como cuando eran niños, muchos de sus hijos asisten a recordarlo.
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Por cierto, Armando es el periodista mencionado en el texto entre los egresados del Padre Leal.  

lunes, 27 de noviembre de 2017

EL ÁNGEL DE SAN JUAN

EL ÁNGEL DE SAN JUAN

Agregar leyenda
Uno de los personajes más conocido de la ciudad, aunque no se crea, no es un político, tampoco un deportista, mucho menos un artista. Es un sencillo vendedor de dulces y esta es su historia:

Aunque nació en Tequisquiapan, por los años  vividos aquí, constituye un enlace entre el viejo San Juan, el de hace al menos unos 70 años y la moderna urbe actual.  Es común ver su lento transitar por las calles, arrastrando un diablito en busca del lugar propicio para su vendimia en el que una vez instalado, aparentemente vende poco, no es así. Observándolo un breve tiempo, puede verse que a pesar de lo exiguo de su mercancía, apenas cuatro cajitas de dulces, se le acercan infinidad de personas, todas le llaman con respeto: “don Ángel” o afectuosamente “Angelito”. El asunto es que mayormente son adultos, a los que alguna vez les vendió en su niñez y al recordarlo, acercan a hijos y nietos a que lo conozcan.
Una vez traspuesta su aparente reserva, es una delicia su conversación porque en más de cincuenta años recorriendo calles, espacios y eventos, conoció a todos los personajes públicos y privados, locales y foráneos. Su plática sabe a historia, una historia común a muchos y de la que él mismo es parte fundamental, dado que estuvo junto a deportistas, luchadores, boxeadores y artistas de época, a todos conoció, con muchos convivió, a todos recuerda. Su lista es grande, incluidos Jorge Negrete y María Félix (“a esa la tuve que ir a ver a Bernal”,  acota) El que nunca vino, dice, fue Pedro Infante.
 A los 12 años de edad, llegó a San Juan del Río, siguiendo a su padre, que había sido contratado como dependiente en un tendajón de la calle Morelos y una vez instalado, mandó traer a su familia. Este hecho trajo como consecuencia que interrumpiera los estudios iniciados en la escuela Leona Vicario de su tierra natal, los que ya nunca retomó.
Con el tiempo, el progenitor llegó a poseer en sociedad, una tienda en la mismísima plaza Independencia, “La Providencia” que cerró por mala administración. Así, el ya joven Ángel debió incursionar en diversos empleos, casi todos eventuales, pero casi siempre fue  vendedor de planta o ambulante de las más diversas mercancías.
¿Qué lo hace diferente a los demás de su oficio? Seguramente, en un día de tantos, sus pequeños ojos brillaron ante el oropel de un artista, de los muchos que se apersonaban en la Avenida Juárez, en la gran cantidad de restaurantes que había cerca del portal del Diezmo, sobre todo en la Bilbaína, sitio de reunión por excelencia de las celebridades hace medio siglo y a partir de entonces, debiendo continuar con sus ventas, al unísono utilizó el tiempo para conocer a los  famosos que cruzaban sus pasos, lo que no era difícil en pequeña ciudad. El encanto que le produjeron, no lo ha perdido, hasta la fecha conserva ese brillo en la mirada.
Es imposible en este espacio tan siquiera enlistar a los personajes que conoció, especial recuerdo guarda de cuando en una función en el lienzo charro, soltó su vitrina de gelatinas, para retratarse con Santo, el enmascarado de plata o cuando en la entrada a la calle de Cóporo vio a José Alfredo Jiménez tirando balazos y huyendo de otros empistolados, o cuando frente a él, Lucha Villa salía de la Casona durante la filmación de la película el Gallo de Oro.

Sus palabras trasladan siempre a lugares ya idos. Integrando el grupo acústico, los Líricos del Ritmo amenizó infinidad de fiestas, en la huerta de la Viña, el salón las Pompas, la Empacadora... o donde les agarrara el ritmo, así fuera el quiosco del Jardín Madero, alternando con la banda municipal. Las mejores calles de San Juan supieron de su habilidad con las maracas. Bohemio y Bullanguero en su juventud, daba rienda suelta en México a otra de sus pasiones, el baile, en los grandes salones de antaño: los Ángeles y el California o cuando asistía aquí a la cantina, la Surianita, a escuchar la sinfonola y aprovechando la cercanía, de vez en cuando ir, solo a bailar, aclara, con las damitas del 30 de Cóporo, en la hoy célebre casa de las Poquianchis.

Hasta la fecha y desde hace muchos años, porta una gorra de beisbolista, deporte del que fue espectador y practicante ocasional y en el que conoció a los jugadores locales, cuando era deporte de masas.

Dice haber presenciado las funciones de la compañía de títeres Rosete Aranda, que se instalaban en la Plazuela, en la hoy placita Morelos y la entonces desolada Rafaela Díaz, lo que le inspiró para poner en su casa un pequeño teatrito con muñecos que él mismo hizo y manejaba y al que se podía asistir  por solo 10 centavos.

Un buen día conoció a la que sería su esposa, Aracely, pero solo se casó con ella cuando en una tocada ganó mil pesos, usados para organizar la fiesta. Por cierto, dice, lo casó el Padre Leal, que tenía su Casa Hogar instalada en las actuales oficinas de JAPAM en la calle de Cuauhtémoc, de donde era y es vecino don Ángel. Formaron familia, integrada por ocho hijos, casi todos profesionistas, a quienes dio educación con su digno oficio.

Un día, hace ya muchas décadas, la necesidad le hizo salir  de casa con dos bolsas de ixtle cuyo contenido creyó de inicio era solo mercancía, poco tardó en notar su error. Bastó instalarse, esa primer mañana afuera del colegio Centro Unión, entonces en la calle 27 de septiembre: Para los niños, de esas bolsas, asomó un maravilloso tesoro: muñecos de plástico; Santo, Superman y el hombre araña; silbatos, espantasuegras, exquisitos dulces, ricos tamarindos y sobrecitos de chocolate. Ese fue el secreto, tocar el gusto infantil y venderles dulces ilusiones. Supo entonces su destino y lo aceptó, y para no errarle, repitió la fórmula, con iguales resultados en todas las escuelas, públicas y particulares de la ciudad, donde con el paso del tiempo se hizo indispensable y hasta sirvió de punto de referencia y guardería provisional. Ostenta el extraño record de ser el único ambulante que nunca ha sido corrido de afuera de las escuelas por los maestros, y ¿cómo? Casi todos. Por lo menos los nacidos aquí, fueron  sus clientes.

Adquirió por esos años, el don de la bilocación, es decir, el poder estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo: era común que dos personas se encontraban y uno de ellos decía, -acabo de ver a don Ángel afuera de la “Corregidora”. No es cierto, respondía el otro, -yo vengo de la “Querétaro” y ahí estaba, hasta le compré unos paquines. Sabrá Dios si era cierto, don Ángel dice que era rápido para trasladarse pero no tanto. 

Hasta hoy, sale siempre con el mismo cargamento, ahora en un diablito, buscando a los niños de hoy, los de antes y los de siempre. Dice haberle en vendido a casi todos los presidentes municipales y hasta a sus papás; a diputados y funcionarios. Muchos de ellos no olvidan la alegría que les dio a cambio de unos pesos, que les cumplió un sueño o al menos un gusto, como cuando instalado en la acera ancha de la Calle Mina, les vendió sobres de “Ticos” a Pedrito Fernández y Tatiana, cuando filmaban “Un sábado más”. Así, es común que a él se acerque algún joven y en el saludo le deslice un billete, -“p´al  refresco don Ángel”, o que alguien le lleve un plato  de con comida. –Es que esta señora me dejaba cuidando a sus hijos afuera de la escuela, aclara, o que le compran dulces y no le aceptan el cambio.…

Y sí, es cuestión de tiempo, porque dice que ya se le empiezan a olvidar nombres, para que descubras que conoció a tu papá, que te cuente historias familiares que ni imaginabas y hasta te halle un pariente del que no tenías idea.

Su carácter activo le impide quedarse en casa y vuelve a las calles, una vez más, quizá extrañando ya no poder ir de peregrino al Tepeyac, como lo hizo por 24 años. Aunque dice ya cansarse, nunca lo denota, todavía se le puede ver en las noches, en el jardín Independencia y los sábados por las mañana, en el tianguis del Mercado Juárez, del que fue de los vendedores fundadores, y cómo no, si hasta el Reforma vio nacer, entre “puras bardas de piedra y nopaleras”.

A últimas fechas, ha tomado costumbre de asistir entre semana, por las tardes a las funciones de cine del portal del Diezmo, a veces duerme, los asientos del foro son ideales para eso, aunque él dice que no es siempre, que según cómo esté la película. La verdad es que dormita, quizá recordando cuando hace sesenta años, en el mismo edificio entraba a ver gratis el entonces novedoso invento de la televisión, quizá recuerda el San Juan que conoció en su niñez, las calles tranquilas en que todos se saludaban, cuando sí había educación y todas sus añoranzas, que deben ser muchas. 
Tras la venta o plática, a todos despide con una bendición, que de alguien de 87 años, como don Ángel Bárcenas Martínez ha de tener singular valor. Todos la recibimos con gusto.