El bombero involuntario y otros datos a propósito del 50 aniversario del
cuerpo de bomberos de San Juan del Río.
Estación de bomberos en la actualidad. Fotografía de Demetrio Alegría Durán. |
En la actualidad, el abundante tráfico diario de
vehículos y lo cotidiano que se ha vuelto escucharlos dirigirse rumbo a alguna
toma clandestina, han restado notoriedad al ruido de la sirena de las
motobombas del cuerpo de bomberos, hace todavía algunos años, ante el apabullante
sonido, indicando que se dirigían a una misión, casi toda la ciudad se daba por
enterada de que algo había ocurrido, motivando la alarma y los consabidos comentarios
de los habitantes. Esta pérdida de notoriedad no ha disminuido, sin embargo, la
importancia de la agrupación y lo noble de una labor realizada por sus
integrantes, mayormente voluntarios.
Antecedentes.
Durante el presente mes, en los diversos medios
de comunicación se ha publicado respecto al 50 aniversario de la fundación del
Cuerpo de Bomberos de esta ciudad. El antecedente directo de la agrupación, hoy
bastante equipada en vehículos y maquinaria y altamente capacitados
técnicamente, data del año de 1969, cuando un grupo de pioneros, encabezados
por don Felipe Cabello Leyva, con más voluntad que recursos, tomaron en sus
manos la loable tarea tras una serie de conflagraciones que se habían dado y
aunque atendidas por las agrupaciones de Querétaro y otros lugares cercanos,
dejaron la sensación de que a nivel local se podía hacer algo de manera más
inmediata, derivando en la creación de
Protección y Ayuda A.C. Había nacido el cuerpo de Bomberos de San Juan del Río.
Al traspasar la década inicial, gracias al apoyo
de Chino California, ciudad hermana de San Juan del Río, traducido en
donaciones de vehículos y equipo de su cuerpo de Bomberos, aquellos pioneros
vieron que su sueño comenzaba a tomar forma y empiezan a llegar nuevos
elementos, en su carácter de voluntarios. Dada la gran cantidad de datos
históricos y fechas que se han dado a conocer en los últimos días, enfoco esta
entrada en vivencias e información de otra especie, proporcionados por uno de sus integrantes a fines de la década de los setentas e inicio de los
ochentas,
El Bombero involuntario.
Una tarde del año de 1976, sonó el teléfono de la
tienda “La Mexicana”, situada en Avenida Juárez 53 poniente, frente a la
presidencia Municipal. El dependiente, un joven que apenas tenía ese día atendiendo el local, se mostró extrañado por lo que oyó en la línea, contestó
que no, que ahí era una tienda y procedió a colgar.
Atento a lo que ocurría, el dueño de la tienda,
Jesús Hernández Ramírez preguntó quién era, el dependiente contestó, -Una
señora que quería reportar un incendio, le dije que aquí no era.
-¡Cómo que no!, fue la rápida respuesta. -Sí es
aquí, ora avísale a Pesqueira a la gasera de Lomalinda que hay un servicio. Y
apúrate porque nos vamos.
El dependiente confuso cumplió la orden, marcando
al 2 00 04 que estaba a la mano. Lo que
ocurrió a continuación fue un caos para él. De la nada aparecieron en la tienda
dos jóvenes de su misma edad, también dependientes de ella y del fondo de la misma, que era su vivienda, emergió, portando un
uniforme su patrón don Jesús y le dijo.
-Cierra todo y te vienes con nosotros,
vamos a apagar el incendio.
-Pero. ¿y la tienda? -Ahorita ya no es tienda, y
tú, yo y tus compañeros ya no somos tenderos, somos bomberos.
Para entonces, ya se habían congregado en el
lugar varios jóvenes más, que abordaron una pipa marca International, que también
había llegado y de golpe y porrazo cayó en la cuenta de que era el camión de
bomberos y había que subir aunque la vestimenta que portaba ese día no era la más
adecuada para combatir un incendio, cuando había hecho trato con don Jesús para
el empleo, le había dicho que había que ir presentable, porque a la tienda lo
mismo iba el Presidente Municipal, que jueces, abogados, notarios y secretarias,
así es que el día narrado portaba su pantalón Topeka, una camisa floreada y
unos zapatos de plataforma de moda en ese entonces llamados “Sube Pelayo sube”.
De esta manera, el cuerpo de bomberos agregó a un
nuevo integrante; su nombre: Félix Hernández Peña, ya después le dieron un
uniforme y un casco, que tenía que llevarse a casa. Fue uno de los miembros más
jóvenes de ese cuerpo, durante la época romántica, que transcurrió en los años
en los que se desempeñó. Cumplió con un gran número de servicios, los que sucedieron mientras estaba en su horario de trabajo y muchos más, cuando al escuchar
la sirena, salía intempestivamente de su casa, en la Plazuela Guadalupe
Victoria, a alcanzar la motobomba en la Avenida Juárez.
Consigno estos años como etapa “romántica” de la
agrupación, porque se integraron muchos jóvenes y adultos, por el solo
gusto de servir.
El inicialmente bombero involuntario que relato,
Félix, fue uno de ellos, llegó de manera incidental pero adquirió el gusto por
el servicio y el amor a la agrupación, hasta la fecha, a más de cuarenta años,
se ostenta orgulloso como bombero de esa época y asiste regularmente a los
eventos que a últimas fechas se realizan, como la de inicio de este mes, en que
se instaló una muestra de diversos documentos, fotografías y objetos que
abarcan los 50 años de los bomberos voluntarios de San Juan del Río.
Todavía alcanzó a estrenar lo que para los
pioneros y románticos parecía un sueño, una verdadera estación de bomberos,
construida, gracias a donaciones y apoyos de particulares y autoridades que
como pocas veces conjuntaron esfuerzos para un bien común, traducido en la
actual Estación, ubicada en la antigua carretera a Tequisquiapan, hoy Paseo Central, junto a la Cruz Roja.
La vida llevó a Félix por otros caminos, por lo
que tuvo que dejar su querido cuerpo de bomberos, que para él era una familia
paralela con la que convivió por años, compartió su tiempo, esfuerzos y
alegría. Con ellos acumuló sueños y desvelos en su Estación, y siempre que
escuchaba el ulular que los llamaba, acudía a los servicios, las más de las
veces apenas con el tiempo suficiente para colgarse en la parte trasera del
camión que veloz los separaba del incierto destino al que se dirigían, la única
seguridad siempre fue que iban a tragar humo, y allá iban gustosos.
Tras muchos años, acude regularmente a los llamados y reuniones de todo tipo relacionadas con los antiguos
bomberos, aunque no es el de mayor edad, conoce a todos, muchos fueron sus
contemporáneos, otros sus antecesores, ya casi no queda ninguno de sus
superiores pero no pierde el gusto por compartir aquellos años, aquellas
vivencias, aquella vida. De su época sobre todo extraña el hecho de que por
entonces no había protagonismos, todos los que acudían a los llamados sabían a
lo que iban y juntos enfrentaban las situaciones que se les presentaban, por
duras que fueran y los jefes lo eran porque eran los primeros en presentar batalla, junto a los subordinados, el fuego no distingue rangos y en esos
momentos tampoco ellos.
Algunos años después de dejar el Cuerpo, terminó
la época romántica que tanto vivió. Tras duros reveses en misiones que
significaron incluso la pérdida física de algunos integrantes y lesiones graves
en otros, debieron tecnificarse y adoptar protocolos de seguridad,
situación que se mantiene hasta la actualidad. Con las anteriores épocas, solo
se comparte la permanente falta de recursos económicos fijos.
Hace un par de años, en una de esas reuniones de
añoranzas, le pidieron compartiera alguna de sus experiencias, para la
publicación de un libro sobre los bomberos, lo cual hizo con gusto, luego
dijeron que siempre no, que iba a ser un video libro… a la fecha, parece que la
idea se volvió humo, así que no vaya a ser, creo que para el etéreo libro acuñó la frase de inicio del siguiente recuento. Y como es mi hermano mayor …
EL RECUENTO.
“Un bombero siempre será bombero, no importa
donde esté o a dónde vaya.”
24 de febrero de 1980, así lucía la flamante Estación de Bomberos. Fotografías de José Luis y Darío Velázquez. |
Un recuerdo importante fue la inauguración de la
Central de Bomberos de San Juan del Río, Qro. Hoy Avenida Central esquina con
Francisco Villa, aunada a la XXIX convención de Bomberos del centro de la República,
a la que asistieron los de Querétaro, Celaya, Salamanca, San Luis Potosí,
Aguascalientes y Morelia, siendo presidente municipal don Jorge Herbert Pérez.
Recuerdos personales.
Primera Escolta uniformada, con casco y con
hacha.
24 de febrero de 1980, la flamante escolta. Fotografías de José Luis y Darío Velázquez. |
Juan Manuel Ocampo Álvarez
Rafael Zamorano Zúñiga
Alejandro Garduño Camacho
Guillermo Garduño Camacho
Félix Hernández Peña
Marcelino Olmos Mata
Para mí fue una grata sorpresa que nos nombraran
a Marcelino y a mi, parte de esa escolta ya que éramos los de menor edad en ese
tiempo. También fue un gran orgullo y distinción que nos tomaran en cuenta.
Sin temor a equivocarme, en ninguna foto
estuvimos juntos todos (las que salieron en periódicos y revistas de esa fecha)
con el uniforme azul.
En la convención, en el Salón de Cabildos de la
presidencia solo hay 20 en la foto, faltan Rafael Zamorano, Zúñiga, José Manuel
Figueroa Mejía, José Salvador Figueroa Mejía y José Luis Figueroa Mejía.
En la foto de la Central de Bomberos solo hay 19,
faltan Felipe Zamorano Zúñiga, Juan Ugalde Alegría, Gabriel Valencia Jurado y
José Manuel Figueroa Mejía.
24 de Febrero de 1980, el cuerpo en su nueva Central. Fotografía proporcionada por F. H. P. |
En la foto de la comida de “Agua Rica” solo hay
21, faltan Román Morales Martínez, Héctor Callejas y Gabriel Valencia Jurado.
1.- Sergio Pesquera, Primer Comandante.
2.- Jesús Hernández Ramírez 2° Comandante.
3.- Gilberto Cabrera
Muñoz 2° Comandante.
4.- Rafael Zamorano Zúñiga.
5.- Felipe Zamorano Zúñiga.
7.- Guillermo Garduño Camacho.
9.- José Manuel Figueroa Mejía.
10.- José Luis Figueroa Mejía.
11.- Juan Manuel Ocampo Álvarez.
12.- Román Morales Martínez.
13.- Héctor Manuel Callejas Solís
15.- Demetrio alegría Duran.
16.- Félix Hernández Peña.
17.- Marcelino Olmos Mata.
18.- Juan Alegría Ugalde.
19.- Antonio Mora Atilano.
20.- Óscar Martínez López.
21.- Gabriel Valencia Jurado.
Compañeros de esa fecha finados:
Jorge Sánchez Aspeitia.
Jesús Hernández Ramírez
José Antonio Hernández Ramírez.
Gilberto Cabrera Muñoz
Alejandro Garduño Camacho.
Martín Estrella Chávez.
Raúl Estrella Peralta.
Y como datos curiosos, en esas fechas estuvieron
los siguientes hermanos:
Hernández Ramírez Jesús y José Antonio.
Zamorano Zúñiga Rafael y Felipe.
Figueroa Mejía José Salvador, José Manuel y
José Luis.
Garduño Camacho Alejandro y Guillermo
Garduño Camacho Alejandro y Guillermo
Algunos apodos con los que eran conocidos en esos
tiempos:
El churro, el Cara, el Muelón, Chavita, Mane, el
Bigotes, el Blanquita, el Maestro Toño, el Cejas, el Fiat, el Avión, el Chimpa,
el Petocho, Queliche, el Chilacas.
También otro dato curioso, que, en ninguna corporación
militar, policiaca o de servicios tuviera dos segundos comandantes, el cuerpo
de Bomberos de San Juan del Río los tenía: Jesús Hernández Ramírez y Gilberto
Cabrera Muñoz.
Doy fe que lo escrito es lo que recuerdo.
Félix Hernández Peña.
Estación de Bomberos en la actualidad, El recuerdo a los mencionados aquí y muchos más. Fotografía de Demetrio Alegría. |
43 años después, los jóvenes mencionados en el relato inicial. Demetrio, Marcelino y Félix. Fotografía de Demetrio Alegría. |
Cartel del Instituto de cultura, Turismo y la Juventud de San Juan del Río, solo se les olvidó poner la Hora, es a las 19:00. |
Cartel del Instituto de cultura, Turismo y la Juventud de San Juan del Río. Últimos días. En la imagen, los pioneros en el jardín de Santo Domingo. |
Como colofón del festejo de los 50 años, el
próximo martes, habrá un panel. Asista, evento gratuito y si no ha ido, aún puede observar también en el lobby la exposición conmemorativa de los 50 años.
... MIENTRAS TANTO EN SAN JUAN
Presento a Ustedes el encabezado de una factura de la negociación de Don Felipe Cabello Leyva situada en la avenida Juárez Poniente. Además de fundador de los bomberos, fue un visionario y exitoso comerciante. El documento es de la época de los sesentas, precisamente la de la fundación del Cuerpo. Imagen compartida por Felipe Cabello (su nieto). Nótese que el teléfono solo tenía 3 números y que los arcos del puente entonces eran muy delgados.
Me gusta, recordar es vivir, luchar por la vida de los demás; el servir, es lo mejor de nuestra existencia el que no nace para ello, no sirve para vivir
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