sábado, 4 de junio de 2016

Recuerdos de aquellos tiempos 2

Recuerdos de aquellos tiempos 2



Continúa la recopilación de los viejos recuerdos de la pequeña ciudad que era San Juan del Río, todos fueron hechos cotidianos de la vida local, muchos quizá intrascendentes en su momento y que se nos fueron perdiendo en el frenesí de la modernidad. Sirva esta recopilación como un ejercicio para extraerlos de nuestra memoria. Y si por casualidad su lectura les arranca una sonrisa, quiere decir que ya se están haciendo “adultos en plenitud”.

Sabrás que ese momento ya llegó o se está acercando si: alguna vez en tu cada vez más lejano pasado, es decir si cuando eras niño(a):


Inmediatamente saliendo de la escuela buscabas en la calle el puesto de DON ANGEL para comprarle algunas de sus novedades, aunque generalmente los niños terminabas con un monote de plástico del “Santos”. (No se sí será solo aquí, pero al enmascarado de Plata, nunca se le decía el Santo, sino “el santos”)

Jugabas a dispararle a quien se dejara, con una liga y “parque” que eran trocitos de cáscara de naranja.
Peor aún, armabas una pistolita con la parte superior de una botella de cloro a la que en la boca le ajustabas un globo.

Saliendo de la  de la escuela, al llegar a tu casa, tomabas agua directamente de la llave. (Atrévete ahora)

El jueves anterior al viernes de Dolores, por la tarde te ibas de peregrino a pie a Soriano, por el viejo camino que era la Calle Rayón.

Ibas en diciembre a la carpa instalada entre el Mercado Reforma y la ESFAC a ver la “Feria del juguete”.
Mejor aún, si los ibas a ver a  “Novedades Capri”  en la calle Hidalgo, cuando el dueño era don David Lamadrid.

Llevaste a reparar tus zapatos con “el Guarachito” en Avenida Juárez, cerca del Portal del Diezmo.
Y te preguntabas de quién sería el huarache como de número 60 que colgaba afuera del negocio y que no se sí le dio el nombre al establecimiento y apodo al dueño  o tenía otro. (Era un guarache real, como los normales, con suela y tiras de piel auténtica, solo que enorme)

Fotografía tomada de internet. Estufa de petróleo. Hasta muy entrada la década de 1970, eran comunes en la ciudad. Muchas amas de casa aunque tenían recursos para adquirir una de gas, por miedo seguían usandolas. Esta en particular  es sanjuanense, estaba a la venta hace algunos años por internet. No sé si se vendió.

Sí en tu casa llegaron a cocinar con una estufa de petróleo  y tenías que ir a comprarlo a los expendios de la Plazuela o Mina.
Igual, si a tu mamá se le ocurría hacer tamales con leña y ahí ibas tú por el litro para encenderla.

Si te llegaron a dar, para curarte del “espanto” unos de los “espíritus” que vendían en las farmacias, especialmente en la Guadalupana de la calle Guerrero. (Creo que solo era alcohol del 96 con anilina, pero eran muy socorridos)

Tomaste “jugo de caña”, según por vitamínico en los expendios temporales ubicados en las inmediaciones del Mercado Reforma.

Comprabas muñecas de recortables de papel, con varios vestiditos, también recortables y se los “ponías” es encima con unas pestañitas que tenían.  Y por su fragilidad  guardabas muñeca y vestimenta entre las páginas de libros.

Llenabas álbumes de estampitas que vendían en sobres en las misceláneas, para ver si te ganabas un premio, con el resultado que casi siempre te faltaba “el difícil” y no lograbas ningúno.

Ibas a la secundaria esgrimiendo en la mano unas boleadoras de plástico que supuestamente con el solo movimiento de las muñecas, les hacía rebotar entre sí indefinidamente. (Esa era la teoría, generalmente chocaban contra tus nudillos)

Imagen tomada de Internet. Boleadoras de plástico. El material, era muy duro, lo que provocaba fuertes dolores en los nudillos o dedos. De vez en cuando reaparecen , aunque ya no con el auge inicial, de fines de la década de 1970, que fue cuando la primera vez las sufrí.
Conociste en el entonces Jardín Madero al Mackeihan, un vagabundo célebre por hablarse con policías  y tránsitos en sus claves. La más famosa era “oficial, tenemos  un 5 de 14 con 22". (sabe qué significaría)

Comprabas un lapicero y cuando se le acababa la tinta, ibas a la tienda a comprar un “repuesto”.

La sal, azúcar y casi todos los productos a granel los vendían en la tienda en “cucuruchos de papel “destraza”.

Llegaste a ver los faquires enterrados en hielo en la Plazuela, y pagaste tus dos pesotes por verlos.

El primer coctel de camarón lo comiste en el restaurant el Prado, de  Av.  Juárez, esquina con Hidalgo, que te lo despachaban por una ventanita, para que no entraras.

Ibas ocasionalmente a ver en el Cinelandia, durante la feria, al concurso “Mister San Juan” para ver a los más más ponchados del pueblo, incluidos los trabajadores del rastro municipal.
Mejor aun cuando descubriste que también había concurso de damas y se te olvidaron los ponchados. (bueno, a algunos no)

Tu fiesta de quince años fue en “La casona” de la Plaza independencia.

Los estands de la feria de junio los ponían en la calle Guerrero, los ofrecían gratis, y siempre quedaban algunos vacíos.

Viste jugar al equipo local de tercera división, los Gavilanes de San Juan en su flamante estadio de la Unidad deportiva y podías optar por comprar boletos de sombra o de sol. (Peor si generalmente no podías optar, porque solo ibas cuando te regalaban boletos en la XEVI o en tu escuela)

Ibas a la capilla de la colonia de Fátima, entonces en construcción a ver a la silueta de la  virgen que se movía. (En realidad era una ilusión óptica del reflejo de la luz de una lámpara de la calle atravesando un hueco de ventana ojival) No sé en qué terminó el asunto, si se fundió el foco de la calle o le pusieron ventana al hueco.

Consumiste mariscos en la “Ola Verde” en su primer local de la Plaza Independencia.

Te creías la historia que don Fidencio Osornio, en su casa, de la calle Morelos, tenía un oso como mascota.

Saliendo de la secundaria (ANTONIO CASO) te ibas a molestar al chango que vivía en una casa de la acera de enfrente.

Compraste juguetes de madera en la esquina de Av. Juárez e Hidalgo Sur y tenían tal variedad que te parecía el paraíso.

Llevaste a “vulcanizar” tus primeros  tenis “Superfaro” en la vulcanizadora en el portal del diezmo, según para que duraran más.
Peor, cuando descubriste que aunque esos tenis aunque carisimos, eran una vulgar  imitación de otros americanos llamados CONVERSE e inútilmente, cuando tuviste unos intentaste también “vulcanizarlos”.

Comprabas semillas tostadas a una señora que parecía que eternamente había estado en la equina de la Plaza independencia, frente a Regalos Mónaco”.

Por pura onda te llegaste a comprar unas “tarecuas” (especie de calzado rústico) antes de que Juan Rock las institucionalizara. La onda te duraba solo unos días, eran muy incomodas.

Un día te cerraron la tradicional y pequeña papelería “Mary” de la calle Hidalgo y te la cambiaron por la enorme MARUGA, ambas de la familia  Martínez Ugalde.

Escaneo personal, de la hoy desaparecida Mueblería "La Española" de la Plaza Independencia.

Antes de que estuvieran la actual nevería y la foto Plaza, en la esquina norponiente del jardín independencia había una mueblería llamada “La Española”, construida con madera y láminas galvanizadas.

Cuando a la policía de tránsito les decían “tamarindos” por el color del uniforme.

Cuando había necesidad de comprar algo en gran cantidad, ibas con Macario Garduño a “La Bodega” de Av. Juárez.

Las carnitas que rifaban eran las de la “Casa Raquel” de la familia Murillo. En la misma Calle.

Si ya viste 3 remodelaciones “necesarias” del Jardín-Plaza Independencia.

La reina de feria de San Juan era de San Juan del Río.


Cuando se “iba el agua” (es decir, cuando fallaba la red de agua potable)  ibas con tu cubeta a pedirles a “los campaneros” de  la calle de Allende.

Alguna de tus fiestas familiares fue amenizada por el grupo TEU. O más aún, el  “Forastero”.

Presenciaste alguna de las “carreras de la Primavera” promovida por el “Sol de San Juan” casi siempre ganadas por el corredor Filemón Obregón, “la gacela amealcence” y casi siempre tras él, el famoso “cebollas” corredor local.

Si tu mamá te espantaba con que no anduvieras en la calle solo porque te podían robar los “robachicos”.

O si no te dormías pronto, iba a llegar el “CUCO”. (Que era - o es, no sé si todavía salga-  la versión sanjuanense del temido  “coco” de otros lugares. Como nunca vi a ninguno no puedo saber en qué se diferenciaban y eso que siempre andaba en la calle y me dormía tarde)



Llovía y salías a la calle a echar barquitos de papel en la corriente que bajaba. (No que ahora, derechito a marcar al 060) 

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 EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
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Como siempre lo hago, en este tipo de notas, ofrezco una disculpa a los lectores foráneos, dado que mucho del contenido de hoy es solo completamente entendible para los sanjuanenses, sin embargo,  creo que también les puede remover algunos recuerdos de sus localidades.
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Hace algunos meses comentaba el hecho de que nuestra ciudad se hizo fugazmente célebre a nivel nacional  por aquello de haber sido parte de la ruta de escape del más famoso narcotraficante de nuestro país. Creí que con lo de su posible extradición volveríamos a la calma.

Pero ... resulta que la semana pasada, lo que no había logrado ninguna persona o hecho, lo logró la naturaleza. Los estragos de las lluvias aparecieron en todos los noticieros a nivel nacional, por todos los medios posibles, radio televisión, internet, periódicos, etc. 


Incluso, los hechos convirtieron a la ciudad en trending topic en las redes sociales a nivel nacional por primera vez, colapsando todo lo que la modernidad nos ha traido: comunicaciones, tránsito, servicios etc.  Solo comentar que por las condiciones de la ciudad, en declive en sus dos partes, la antigua y la nueva, no es posible una inundación permanente, pero por la misma razón, el agua de lluvia  se conduce por las calles y su paso es lo que provoca los estragos. No sé la razón, pero cada vez son más frecuentes  tales hechos, y siempre se dice que fueron lluvias "atípica" pero como que ya se están haciendo típicas.  A ver si no llueve otra vez.

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SECCIÓN COMERCIAL

Hoy aprovechando la coyuntura, presento a Ustedes una  nota de remisión de la desaparecida mueblería " La Española" Se encontraba en la Plaza Independencia, en el antes local de la foto Plaza, hoy nevería "La Michoacana". Si mal no recuerdo, a fines de la década de los 70s, se derrumbó o derrumbaron la vieja casona colonial que les antecedió, cuyos escombros no fueron removidos totalmente, de manera que quedó un predio como de un metro de alto sobre el nivel de la calle, y en él, para no desaprovechar la comercial ubicación de esa esquina, se construyó, con materiales improvisados, es decir madera y láminas galvanizadas, un rústico local que se destinó a mueblería.


Por extraño que parezca, a pesar de lo endeble de sus paredes y que sus ventanas, debían ser cubiertas cada noche con tablones de madera, creo que no sufrió más que un robo. 

Estuvo en activo hasta principios de la década de 1990. La nota que presento es de una compra que hice en 1991. Nótese que una máquina de escribir compacta, costaba 445,000 pesos, eran otros tiempos y otros pesos.








 

sábado, 14 de mayo de 2016

La casa de Don Esteban Díaz González en San Juan del río.

La casa de Don Esteban Díaz González en San Juan del río

Fotografía de la década de 1990, todavía tenía el letrero original de la joyería "La Guadalupana"
RETRATO HABLADO

Era como un gato, siempre caía bien parado. Sin ser un político de profesión, logró ser un auténtico camaleón de esa disciplina, de tal manera que siempre aparecía en el bando triunfador o en el que le convenía. Funcionario público local, solo por el placer de serlo, ocupó todos los puestos del Ayuntamiento local, lo que le permitió ser abajofirmante en casi todos los documentos públicos oficiales de San juan del Río, durante dos décadas. Dirigente municipal sin necesidad de serlo, en una época en que los puestos públicos significaban solo la posibilidad de no morir de hambre. Empresario de polendas, incursionó en casi todos los rubros habidos y por haber, además de inventar algunos, siempre que produjeran dinero. Exitoso hacendado, llegó a poseer casi una cuarta parte del valle de San Juan. Pestañeo siempre al poder político, que muchas veces fundió con el económico. Solo tuvo un anhelo insatisfecho:un título nobiliario, se ignora porqué; el poder económico que detentaba y le abría cualquier puerta, fácilmente le pudo acceder a las de la nobleza, lo que no ocurrió, a lo mejor no lo consideró políticamente correcto o no vio ganancia en ello.

Firma de Don Esteban,  en  un manuscrito de 1806, en el que extrañamente rechazaba un puesto público. Tomada de Suárez, 2001.

LA BIOGRAFÍA

En los primeros años del siglo XIX, llegó a nuestro entonces pequeño pueblo el militar español Esteban Díaz González de la Campa; Capitán de la Segunda Compañía del Cuerpo de Infantería urbana del pueblo de San Juan del Río. Puesto con algo de importancia, entre el poder militar y civil de la época. Su biografía está marcada por varias lagunas en momentos importantes de su vida. Se intenta esta semblanza con lo poco que de él se conoce.

Nacido cerca de 1867 en Santander España, se desconoce si su fortuna provenía de abolengo familiar, la adquirió por herencia o fue producto de su trabajo. El caso es que apenas a  10 años de su llegada ya se le consideraba  una de las personas más acaudaladas de la región en esa época. (Y a decir de muchos, de todos los tiempos) También existe la posibilidad de que sus caudales provinieran del pago de una dote. (Eran tiempos en los que la familia de la novia debía contribuir con una elevada suma de dinero para el buen desenvolvimiento del matrimonio por venir)  El caso es que al menos, desde 1809, ya en nuestra ciudad, era poseedor  de un gran caudal económico  que le permitió incluso adquirir el grado de Teniente Coronel, el máximo  posible de obtener sin intervención en batalla.

NO DE AZULEJOS, PERO SÍ DE CANTERA

Dado su privilegiado status, en un pueblo en el que la aristocracia era inexistente, decidió crear su propio feudo. Para ello adquirió un enorme terreno en el barrio de San Miguel, en la entonces llamada calle Del Curato. (Hoy 16 de septiembre) en el centro de la población, perteneciente a la Cofradía de Ánimas. Supongo que el terreno tenía al frente una vieja casona, misma que derrumbó para construir “desde sus cimientos” una enorme mansión en el año de 1810. Baste decir de ella, que a su lado tenía otra apenas menor en majestuosidad y tamaño, en la que solo vivía la servidumbre.
Aunque se dice que fue diseñada por el mismísimo  Francisco Tres Guerras, el arquitecto mayor del virreinato, los documentos indican que no aunque por su majestuosidad no habría desmerecido con otras obras del celayense. Seguramente para distinguirla de las demás, de rústicos aplanados de argamasa, ésta fue ornamentada en toda su fachada con la hasta entonces ninguneada cantera morena sanjuanense, que solo se usaba como relleno de muros. El resultado de cubrir completamente su parte frontal con placas de ese material fue una soberbia casona, ya de por sí sobresaliente  por su tamaño, lo fue más por su atrevida estilización.

La privilegiada ubicación de esta calle permitía a todas las casas que la componen, tener el servicio del agua corriente de la acequia. Así que la  reluciente casa  tuvo, además de la casa principal y la del personal del servicio, una huerta en la parte trasera (aproximadamente lo que hoy es el Fraccionamiento las Fuentes).

Los románticos dirán que por amor, pero creo que más bien en una de sus calculadas jugadas de ajedrez, contrajo matrimonio en 1808, nada menos que con Doña Ramona Torres y Arroyo, casualmente  hija del comandante realista de la región, don  José Torres y Campo, con jurisdicción en las poblaciones de lo que hoy son los estados de México, Querétaro e Hidalgo y por entonces dueño de la hacienda de Santa Rosa.

No hay imágenes de Don Esteban. Esta pintura retrata a su Esposa, Doña Ramona y a su hijo Rafael, nacido en 1809. Tomada de Suárez, 2001.
Militar de profesión, al parecer fue una comisión de su oficio lo que lo trajo a este pueblo, le gustó tanto que en 1817 solicita su baja del servicio activo para permanecer en él. (Algunos dirán que no quiso participar, al desatarse la guerra de independencia, en las acciones bélicas que su puesto conllevaba, aunque él siempre se declaró Realista… bueno hasta que le convino)
Seguramente por su parentesco, los términos en que se dio su baja le permitieron conservar el título de teniente Coronel  y poder utilizar de por vida el uniforme del cargo.

LAS PROPIEDADES

Llegó a ser poseedor de varias haciendas y ranchos  en la zona del Plan de San Juan: San Clemente, Cerritos, el Muerto, el Ahorcado, Santa Rosa y muchas más propiedades compartidas.  Ante la imposibilidad de administrar tan vasto emporio él solo, decidió buscar un administrador, para poder dedicarse de lleno al oropel de la vida pública, decidir, influir y gobernar desde lo oscurito el pequeño pueblo, tan pequeño que ni siquiera un administrador decente encontró, así que optó por, ofrecer el empleo al recién llegado encargado de la oficina de alcabalas que despachaba apenas a unos metros de ahí, en la “casa de las diligencias”, don Manuel Casabal. Seguramente el incentivo monetario fue suficiente para convencerlo.

SALTO AL VACÍO

Dado que la guerra de independencia casi no impactó en San Juan del Río, creyó tener su vida resuelta, su vida transcurría tranquila, pacífica, de vez en cuando cambiaba de puesto en el ayuntamiento, de vez en cuando firmaba  alguna disposición, el tiempo le sobraba, así que decidió dedicarse a la usura, supongo que con éxito y a administrar un Mesón. La tranquilidad le permitió a la familia contar con muchos hijos: Joaquín (1809-1861), Dolores, Concepción, Esteban, Rafael, Antonio (1820), Refugio (1823), Ignacio (1824) y Rafaela (1829-1860). La calle, su calle mientras tanto,  adquiría mayor alcurnia y familias acomodadas se establecieron en ella, para acompañar a la familia Díaz y a los Quintanar, desde antes habitantes de la acera de enfrente. Tan determinante fue, que desde que estaba en vida y hasta muchos años después la calle se llamó “de don Esteban”.

Todavía en 1820, el ayuntamiento local, confirma su adhesión al Rey y entre los integrantes del cuerpo de Gobierno, de nueva cuenta se coló don Esteban.

A veces llegaban al pueblo noticias de tierras lejanas, donde pequeñas gavillas de revoltosos aún luchaban por eso que llamaban  “independencia”, ni siquiera se preocupó, qué podía pasarle si  su suegro era el encargado de la seguridad  de los alrededores. Quizá cuando aquel fue removido del cargo se preocupó un poco, pero la suerte estaba de su lado, el nuevo jefe realista era nada menos que su vecino de enfrente, Don José Luis Quintanar.

Lejos estaba de imaginar que apenas en el transcurso de un año, el máximo jefe de las tropas del Rey, Agustín de Iturbide, pactaría con los lejanos rebeldes, para consumar la independencia nacional, y uno de sus aliados más importantes para el proyecto, en el centro del virreinato fue nada menos que don José Luis Quintanar.
Lo impensable se hizo realidad, todo el antiguo ejército Realista se unió al movimiento de Iturbide y en Junio de 1821, un numeroso contingente se presentó a sitiar el pueblo de San Juan del Río.

Casi no se ha escrito sobre este episodio, lo poco que se ha dicho es que el pueblo se rindió después de sostener  varios combates, lo cierto es  que efectivamente, un numeroso ejército al mando de Quintanar se aposentó en terrenos de la Hacienda de la Venta (casualmente propiedad de  don José Luis) sitiando el pueblo y solicitando su rendición a la causa independentista.
Efectivamente, ambos bandos formaron barricadas y se dispusieron al combate, pero solo se dispusieron, alegremente, los del pueblo, supuestamente sitiados, pasaban al otro lado a saludar a sus conocidos y viceversa. Lo único que estaba prohibido era permanecer en los pocos metros entre ambas barricadas. La fuerza sitiadora era numerosa, bien armada y contaba incluso con artillería. La fuerza de defensa del pueblo se componía de  algunos batallones realistas y algunas decenas de vecinos.  Muchos cruzaron el río para unirse a los sitiadores hasta que el pueblo casi quedó solo. No hubo lucha, el único disparo que se dio dentro del pueblo solo mató a un perro. Ante la insostenible situación, se acordó la rendición con la condición de dejar salir a los pocos integrantes de los cuerpos realistas que no habían desertado, quienes abandonaron por el camino a México, mientras el numeroso ejército de Iturbide cruzaba el Puente de piedra para entrar a él.

El ayuntamiento, que un día antes declaraba su adhesión al rey, instantáneamente se convirtió a la causa de Iturbide y se formó un ayuntamiento integrado... exactamente por las mismas personas que el anterior, pero correspondiendo el grado de alcalde de primer voto nada menos que a… Esteban Díaz González quien  seguramente lo primero que hizo fue guardar su uniforme “vitalicio” para  tomar su nueva vestimenta independentista.

EL DECLIVE

FOTOGRAFÍA PERSONAL. LA CASA EN LA ACTUALIDAD
Otra vez volvió a ser el camaleón de la política, solo dejó para siempre su faceta realista y su sueño de un título nobiliario, lo demás era salvable. Completó la década, como siempre, en la palestra pública.
Sus grandes reflejos para cambiar de bando, se fueron haciendo lentos por la edad hasta llegar a la década de 1830, durante los frecuentes cambios de gobierno, en los que seguramente no calculó en que bando caer y a pesar de su gran opulencia, en 1833, fue hecho preso en la cárcel de la Acordada, en la capital del país, de la que no salió bien librado y murió cerca de 1834, (En ese año, en la boda de uno de sus hijos, se específica que es difunto)  aunque dos años antes, sintiendo cercana la muerte “después de diez meses de padecimientos en la salud por el desgano de alimentos…”  dicta un testamento en el que, previendo casos que había conocido, de familias propietarias que  al disgregar los bienes o dejarlos en manos de administradores, nombra algunos albaceas para sus herederos universales.


Fotografía personal. La entrada principal.
No sirvió de mucho tal disposición, su viuda, Doña Ramona, en diciembre de 1834, se casa con… el administrador, Manuel Casabal, quien al enviudar quedó como propietario de los bienes, precisamente lo que no quería Don esteban y los herederos disgregaron el resto.
La opulenta casa se conservó  en poder de la familia, hasta fines de ese siglo,  por entonces, se repusieron la mayoría de sus pisos, con un para entonces novedoso material, el cemento, de tal calidad que se conserva hasta la fecha y no ha podido ser igualado con el mismo material moderno, cuando ha requerido una reparación. Como todas las de su época, se caracteriza por tener amplias habitaciones, servicios y un sobrio patio con arcadas de cantera. Curiosamente, los cuartos están señalados  con signos en los arcos del exterior. Ha persistido hasta la actualidad, casi intacta.

La mansión tiene el raro honor de que en ella se alojaron los dos malogrados emperadores que ha tenido México, en 1821 Agustín de Iturbide y en 1864 Maximiliano de Habsburgo. (Respecto de Iturbide, tengo mis dudas, creo que sí se alojó en una casa propiedad de Don esteban, pero no ésta, de cualquier manera, por dicha estancia, también se le dio el nombre de Iturbide a esa calle, hasta principio del siglo XX que cambió al actual )
Conocida con los  nombres de “la Guadalupana”, (por una joyería así llamada  que funcionó ahí muchos años, cerrada ya, conservaba en la fachada hasta hace poco el letrero que la identificaba y hoy lo hace, como plaza), “la casa de cantera” (por estar cubierta la fachada con ese material) y antiguamente “la casa de Don Esteban”.


EL LEGADO
Los hijos Díaz Torres destacaron en muchos ámbitos, especialmente Esteban, que fue jefe político de la ciudad y Rafaela, gran benefactora local, tanto en vida como a través de los legados dejados a su fallecimiento. La familia emparentó con otra de no menos  caudales con  residencia en  la misma calle, los Domínguez Quintanar, formada por Juan Bernardo Domínguez y Gálvez e Ignacia Delgado Quintanar, sobrina del General José Luis Quintanar, en cuya casona vivía.  

De la ya familia Domínguez Quintanar, dos hijas se casaron con sendos de don Esteban y sobresalieron Manuel y Ángel como jefes políticos de la ciudad durante el imperio de Maximiliano  el primero fue prefecto político de Querétaro durante el sitio en 1867.  Hasta muchos años  después, se desempeñaron  además  en  labores académicas  y cívicas en la ciudad de México.  Ángel fue después diputado y co-redactor con su par Veítez, del proyecto de lo que sería la tercera constitución de Querétaro,  miembro de sociedades científicas a nivel nacional. Fundó un instituto para la enseñanza primaria y  secundaria en el pueblo y publicó varios libros.  Otra hija,  Soledad fue a su  vez casada  Antonio Díaz Torres y madre de Celestino Díaz Domínguez.

Fotografía, debe ser de mediados del siglo XX. Crédito a quien corresponda. Uno de los patios.
Celestino, nacido en San Juan del Río, con su familia sentó residencia en Querétaro,  de profesión abogado, fue además poeta, escritor, periodista y diputado por san Juan, ministro y magistrado de justicia. Publicó la Guía del viajero en Querétaro. Maximiliano le expidió el título de abogado del imperio en 1865. Casado con Dolores Vallejo, su hijo Felipe llegó a ser dueño de las Haciendas de Carrillo, Tlacote y Mompaní en Querétaro, casado con Elodia Ramírez Llaca, fueron padres de Padre de Felipe, María Eugenia, Guadalupe, Guillermo, enrique y Fernando Díaz Ramírez, quien fuera fundador y rector de la Universidad  Autónoma de Querétaro hasta la década de 1970.

A casi dos siglos de su nacimiento, Don Esteban aún mantenía su legado a través de sus descendientes. Es el único “sanjuanense”, junto a Luis Romero Soto, cuyos documentos se encuentran en el Archivo General de la nación.


Fuentes:
Díaz Ramírez, María Eugenia, 1990 Memorias de una niña Queretana
México,  Gobierno Del Estado De Querétaro
AGN. (Archivos de particulares. Colecciones, Colección de Esteban Díaz González.
Cano Sordo, Víctor
1999 De la Luisiana a la Nueva España. La Historia de Juan Bernardo Domínguez y Gálvez  (1783 – 1847)
Ayala Echávarri  Rafael, 1981 San Juan del Río, Geografía e Historia (segunda Edición)
México, Manuel Ayala Valenzuela.
García Ugarte Marta Eugenia, 1992 Hacendados y Rancheros queretanos (1780 – 1920)
México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

Interesados en el tema, hay más datos de las familias Díaz, Quintanar y Domínguez en diversas entradas, búsquenle.
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Válgame Dios, no me lo van a creer, pero la entrada de las Poquianchis, seguramente hoy llegará a la escalofriante cifra de 3,000 visitas, si no la han visto también dense una vuelta, a descubrir porqué de su popularidad.
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Solo para sanjuanenses: Yo también tengo una prima bien guapa, no es de San Juan, es de Quiotillos, Amealco, ¿Porqué a ella no la fueron a visitar?
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  SECCIÓN COMERCIAL:  De vez en cuando pondré alguna publicidad de negocios antiguos.
  

 Esta es de la década de los 30 o 40s, cuando el fotógrafo sanjuanense Jesús Layseca Bermudez tenía su estudio en la capital del estado.


sábado, 30 de abril de 2016

La ESFAC de San Juan del Río: ¡Presente!


La ESFAC de San Juan del Río:  ¡Presente!
La obra


La extraña palabra ESFAC, representa para los antiguos sanjuanenses, la evocación a una verdadera piedra angular de nuestra ciudad, del viejo pueblo, de la moderna ciudad, de todos nuestros recuerdos, de muchos de nuestros saberes.

Las siglas nos remiten a la Escuela Secundaria Federal Antonio Caso. Institución que a partir de la segunda mitad del siglo XX proporcionó a la entonces juventud local otro nivel de estudios, al que por entonces pocos accedían dado que implicaba trasladarse por lo menos a la capital del estado ya que en nuestra ciudad solo se podía acudir a instituciones de educación Primaria.

Como había mencionado en el artículo referente a la explosión demográfica, esta escuela en sí misma, nos ejemplifica de manera real el acelerado crecimiento de la ciudad. Seguramente los pioneros creyeron que la pequeña escuela que resultó del empeño para que sus hijos tuvieran educación de otro nivel, permanecería así por mucho tiempo, sin cambios, apacible e inalterable como eran todas las cosas en la para entonces también pequeña ciudad. Lejos estaban de imaginar que el aumento poblacional implicaría para la institución un igual crecimiento acelerado que no se detendría hasta bien entrada la década de 1990, cuando físicamente ya fue imposible el crecimiento de su infraestructura y su matrícula.

Para entonces ya lejos quedaba el recuerdo del puñado de alumnos que inició clases en el salón de cabildo de la Presidencia Municipal con su posterior traslado a la entonces casa Chavarría, junto al Portal de la Empacadora, también iba quedando en el olvido cuando la institución se convirtió en Federal y estrenó flamante edificio, construido exprofeso, con instalaciones por entonces de lo más moderno para el nivel de Educación secundaria en la calle Zaragoza.

El crecimiento que experimentaba la ciudad, y la consecuente demanda de los espacios para estudiantes hizo que en solo una década, esas instalaciones fueran completamente insuficientes y se requirió dar el cambio final, a un amplio terreno en lo que en la década de 1960 eran las afueras de la ciudad. Según lo que me dicen ni siquiera calle había, hasta poco tiempo antes habían sido unas milpas, arrasadas para  establecer unos campos tierreros de futbol.

Recreación personal. El área de la Esfac en la década de los 70s . La línea azul con verde indica el paso de la acequia, hoy bajo la banqueta de la fachada.
Quiso la casualidad, que el terreno donde se construyó era el final de la meseta del pueblo y estaba delimitado al frente por el paso de la Acequia del Pueblo. Así, esta característica determinó la actual fisonomía de su fachada que al estar en la meseta, queda al nivel de la calle, pero todas las instalaciones están metros debajo de él, fuera de la meseta.


El municipio, siempre previsor, ocultó la acequia debajo de la banqueta del frente y le dio nombre a la calle resultante: Heroico Colegio Militar. En esta, su actual ubicación, pasó de apenas tres grupos por grado a dos decenas de ellos, a tener que establecer un turno vespertino, a utilizar hasta el último espacio del terreno disponible para instalaciones educativas que fue requiriendo con los años, incluso, inicialmente el terreno solo  abarcaba la mitad de la cuadra, y a mediados de la década de 1970, se anexó lo que hoy son las canchas deportivas, que hasta entonces eran un parque infantil.


En esta entrada, contrario a la tendencia de este blog, solo diré estos datos de su historia, básicamente de los edificios que ocupó. Por haber sido durante muchos años la única escuela de nivel secundaria de la localidad y siempre una de las más  prestigiadas entre las muchas que hoy la acompañan en su labor educativa, cubriendo un nivel, en el municipio.

Para los sanjuanenses de cierta edad la mención de esas siglas es mencionar la Secundaria por antonomasia, la de siempre, la de nuestros recuerdos, a la que todos llegábamos caminando porque ni había ni se necesitaba transporte público, siglas que nos recuerdan la inocente barda de apenas un metro y medio de altura que la rodeaba y que nos permitía, sin permiso poder degustar en el recreo las exquisitas tortas de don David en el mercado Reforma, causa de que hoy las bardas tengan casi 4 m de altura. La siglas evocan los baldíos que hasta hace poco, excepto la fachada, la circundaban, escenario final inevitable de la mítica frase “nos vemos en la salida”. Los actuales patios, hoy completamente cubiertos por cemento o adoquín ya no levantan el polvo, que surgía en las batallas campales de grupo contra grupo, del tepetate que era por entonces el suelo, con los consecuentes “reportes”.


Anuario 1978 de la ESFAC. Fotografía aérea Nótese que la fachada está en la meseta y las instalaciones fuera de ella, metros abajo. Se ve la entrada original. La acequia fue cubierta, solo sobrevivió de ella el gran fresno, de los muchos que tuvo a sus orillas. Persiste en la actualidad, podado varias veces. 
Inútil es en este espacio hacer un recuento de los alumnos que tuvo. Aquí estuvieron todos los posible durante décadas, destacados para bien o para mal en todos los aspectos, incluso redactores de blogs fueron alumnos de la institución.

Igualmente es difícil abarcar a los grandes maestros que hicieron historia en la institución y nuestras vidas, sin embargo, se abre una posibilidad:
En el pasado mes, creo que sin mayor publicidad, se presentó un libro que es una semblanza de los 65 años que la institución acaba de cumplir. Lamentablemente por lo ya dicho no asistí al evento, pero habiendo ya pasado por manos, vista y mente, me permito hacer una semblanza del mismo, con objeto de despertar su interés para que lo adquieran.

Como para que la cuña apriete… la autora es la Mtra. Angeluchy Sánchez  (aunque en los créditos se ostenta como Directora Editorial?) Ex alumna y actual maestra de la propia escuela. Impreso en papel satinado de gran calidad, permite en muchos casos que los gráficos tengan una resolución excelente.

Entrada actual de la Escuela. Fotografía personal.
Se titula “65 años Una Realidad que hace historia” Consta de 145 páginas. En 6 capítulos que en realidad son 5, nos remonta desde el origen, descripción, homenajes, recuerdos y anécdotas de la institución hasta llevarnos  a su propio futuro.


El marco histórico cuenta con unas breves páginas que de manera concisa nos ubican en el tiempo espacio y circunstancias que dieron origen a la institución, así como los mismos factores que en tiempos posteriores permitieron su desarrollo. Una estricta investigación que nos da los datos duros necesarios de una historia de la que casi cuatro generaciones de sanjuanenses conocemos solo un segmento, incluyendo una semblanza de algunos personajes que fueron importantes en la fundación y en su posterior desarrollo.


Después de ello, más que texto, es una recopilación de imágenes que constituyen la mayor parte y la esencia del libro, ya que abarcan todos los tiempos de la escuela, incluyendo fotografías tanto de eventos como de docentes, actos y cuadros generacionales.
Esta riqueza visual, a la vez es el punto débil de la publicación ya que no se incluyen todas las generaciones, aún en años en que eran pocos grupos y resulta decepcionante ir viendo los que te antecedieron y resultar que tú no estás. (como ocurrió en mi caso) Creo que en un volumen era imposible abarcar todas las generaciones hasta la época actual, pero si se hubiera hecho en dos, con cierto año como límite para el primero y los demás en el segundo, se hubiera podido incluir a todos. Igualmente con algunas de las Plantillas de Profesores. No están todas. Creo que sería mi único reproche y el de muchos. Obviando el punto anterior, debemos agradecer que aún con esas incompletas fotografías la autora nos permitió viajar a los recónditos espacios de la memoria y volver a nuestra niñez, a recordar entre generación y generación nuestra adolescencia. Les va a ocurrir que cada serie de imágenes, por los recuerdos que atrae, tarden más en dar vuelta a la siguiente. Especialmente si encuentra los tres años en los que fueron estudiantes de la escuela. (... Bueno, algunos más de tres)
Ahí encontrarán al amigo olvidado, a la primera novia, (o intento de  ) al gandalla, al que no hablaba, al que se fue y nunca lo volvimos a ver, al que destacó, al amigo que hasta hoy es, al que entonces era. En fin, a todos los que nos acompañaron en el breve espacio de vida, solo tres años, pero que tanto significan ahora.

Igualmente, les ocurrirá con los maestros, viendo la misma fotografía, según la generación y el hecho de que muchos permanecieron toda su vida laboral en ella, algunos diremos “Qué joven estaba” o “que viejo era. Recordaremos con sus imágenes como empezaban sus clases, sus manías, sus frases célebres, sus apodos, etc. (todos tuvieron)

Por la gran cantidad de nombres de alumnos, autoridades y docentes que se manejan, hay varios errores, que cada uno podrá ir descubriendo, pero creo que no afectan el propósito general de la obra.
Así es que si quieren una máquina del tiempo funcional, no duden en adquirir el libro, de los pocos escritos por sanjuanenses y con un tema original, no la común repetición de otros. Supongo que como casi todos los que escribimos al respecto, la autora (no tengo el gusto de conocerla personalmente, sé de ella por sus actividades artísticas) más que el puro interés monetario, está el difundir recuerdos, tal vez simples, pero significativos para muchos, en este caso de verdad muchos, adquieran el libro y le permitan emprender otro proyecto.

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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD

El libro está a la venta en la librería Confabulario de la Av. Río Moctezuma, por la calidad de edición vale la pena el precio.  

miércoles, 13 de abril de 2016

El Hotel de Tripulaciones de la Estación de San Juan del Río.

El Hotel de Tripulaciones de la Estación de San Juan del Río.

Fotografía Personal, 2007 El hotel de tripulaciones en la calle Álvaro Obregón. Los postes de concreto marcan el antiguo paso de la acequia. Tomada del libro "La acequia del pueblo"

PRESENTACIÓN

No es una construcción tan vieja ni entrañable para casi nadie, pero representa uno de los cada vez más escasos vestigios de una importante etapa de la vida de nuestra ciudad.

Por su ubicación alejada, y el hecho de que hasta hace pocos años la parte frontal del predio donde está ubicada tenía una línea de frondosos pirúes la ocultaban algo de la vista, casi no es conocida. Fue hasta hace pocos años, cuando la prolongación de la calle Álvaro Obregón fue ampliada y pavimentada hasta el Barrio de san Isidro y los nuevos asentamientos del norte de la ciudad, que al derribarse algunos de los mencionados árboles se pudo observar de manera casi completa el edificio que hoy comentaré para Ustedes. Para los viejos habitantes del barrio, acostumbrados hasta antes de la década de 1990, a trasladarse a pie al centro de la ciudad, era habitual el poderlo ver. Hoy la modernidad y el pasar por esa vía casi siempre en vehículo solo nos da una fugaz visión de una grandeza hoy perdida.

Desde hace algún tiempo tenía por ahí la información del mismo, pero por uno u otro motivo se fue quedando por ahí, en la bandeja de futuros artículos. Solo hasta en días pasados, en las redes sociales algunos usuarios comentaban sobre el mismo y su deterioro, ilustrando con una fotografía su estado actual, que recordé que por ahí tenía la información que hoy se la presento.


ANTECEDENTES

A finales del siglo XIX, se instaló aquí el complejo de las instalaciones ferroviarias del Ferrocarril Central, cuya parte más visible  era su estación. Pocos años después, por la importancia de la ciudad para la actividad mercantil y el consecuente uso del nuevo medio de transporte, se pudo dar el caso de que en dicho complejo confluyeran las dos línea más importantes del Ferrocarril;  México - Laredo, y México -Ciudad Juárez.

La parte más visible de esas instalaciones fue siempre la Estación, sin embargo, para el adecuado funcionamiento de la misma, en el amplio terreno que la rodeaba, hubo otras construcciones, algunas ya absorbidas por el crecimiento urbano y otras abandonadas desde hace muchos años. Hoy solo me ocuparé de una de ellas: El hotel de tripulaciones.

Como toda estación original, la de San Juan del Río se construyó en un amplio terreno en las afueras, al norte de la ciudad. Aunque tenía algunos otros edificios aislados más céntricos, podemos ubicar en la actualidad sus límites de la siguiente manera:
Al Sur: El Bulevar Pablo Cabrera.
Al Norte, la calle Salvador Carrillo.
Al Este: La Calle Álvaro Obregón.
Al Oeste: El Río San Juan.

Dentro del rectángulo resultante, se levantaron las instalaciones mencionadas y en los espacios vacíos se plantaron grandes cantidades de eucaliptos, árbol de rápido crecimiento  cuya madera era usada para la fabricar los durmientes de las vías.

Por la ubicación estratégica del terreno, aprovechando que una desviación de la acequia del pueblo pasaba por un lado, se tomó el agua de ella y se hicieron otros dos canales derivadores, de tal manera que los árboles tuvieron riego por tres de sus límites; Álvaro Obregón, Salvador Carrillo y Pablo Cabrera. El resultado fue un abundante bosque de Eucaliptos que rodeaba la  estación y cuyos últimos ejemplares sobreviven hasta nuestros días, son ya muy pocos pero de gran tamaño. En el transcurso del siglo XX se fueron talando poco a poco principalmente para la construcción de campos deportivos. En ese bosque se ubicó el mítico campo de Beisbol y futbol “La estación”, en el lado de Pablo Cabrera y el “San Isidro” al extremo contario, ambos ya desaparecidos.

Recreación personal del año 1970. La zona de la estación. El # 16 indica el hotel de tripulaciones, el 14 la Estación del Tren. Muestra todos los elementos mencionados en el artículo. Tomada del libro "La acequia del pueblo"
Con la privatización de los ferrocarriles en la década de 1980, el amplio terreno y lo que quedaba de bosque pasó a manos particulares y fue circulado casi por completo, impidiéndose el acceso a ambos campos.

EL EDIFICIO

Casi como consolación, en el extremo oriente del predio, donde quedaba algo del bosque de eucaliptos, se instaló recientemente un nuevo campo de futbol. Colindante con el Hotel de Tripulaciones.

Decía al inicio que no es tan viejo, data de inicios del siglo XX, pero su arquitectura es completamente diferente a cualquiera de la ciudad, ya sea moderna o antigua.
Su construcción es totalmente de ladrillo rojo, de altas paredes y techos de un material entonces desconocido en el pequeño pueblo de techos de teja: láminas de zinc de dos aguas, sostenidos por extrañas vigas lo que nos da una reminiscencia a algún edificio inglés.
Fotografía INAH , lateral del edificio circa 2000.

En sus tiempos, la construcción debió de ser de alto lujo. Considerando que siendo el ferrocarril, el vehículo más moderno de la época, las personas que lo conducían se ubicaban en una alta posición del sector laboral, de ahí que para su alojamiento, merecieran una instalación de gran costo. Inicialmente, la tecnología e infraestructura necesaria para los trenes y sus estaciones, se importaban principalmente de Inglaterra, de ahí no es difícil deducir que viene la arquitectura del de nuestra ciudad.


Fotografía INAH , lateral del edificio circa 2000. Notese atrás, la barda de adobe

EL LUJO

Esta especie de abadía, cuyo material, ladrillo rojo, se utilizó hasta en la fachada,  está como dije en el mismo terreno, pero algo alejado de la estación y las vías, seguramente para evitar el ruido de las máquinas y el bullicio de la gente. En él se alojaban tripulaciones enteras en descanso, listas para relevar a otras que ya venían con muchos kilómetros encima o para abrir corridas extras.


Fotografía INAH , Interior del edificio circa 2000, Nótese el techo de madera.
Por dentro tenía lujos impensables y hasta desconocidos en la pequeña ciudad. Incluía pisos y plafones de duela y ornamentaciones artísticas. Aunque parezca ocioso de mencionar, incluía otro aditamento entonces de superlujo: servicios sanitarios interiores.

El porqué de este tipo de construcciones se justificaba en su época por las largas distancias que recorría el ferrocarril en los yermos terrenos, con solo pequeñas poblaciones que  carecían de algún espacio regular para alojar a los por entonces importantes operarios. El progreso del país con el transcurso de las décadas y del mismo sistema ferroviario con tiempos más rápidos, hizo innecesarias este tipo de instalaciones, que poco a poco fueron descuidándose.

Fotografía INAH , Planta del edificio.
En su etapa de grandeza, el edificio incluía un patio que le rodeaba completamente . delimitado por una barda de adobe de la que quedan pocos tramos, con adornos de cantera. Seguramente tuvo un jardín que la hermoseaba. Otro de sus lujos era tener a un lado agua corriente de la acequia, para las labores de limpieza.


EL DETERIORO

No hay constancia de cuando se dejó de usar por completo, me dicen que para la década de 1960 ya estaba abandonado. La intemperie acabó pronto con el adobe de la barda perimetral, hoy solo hay pocos restos de él y sus adornos y remates de cantera.El edificio, por ser de una sola pieza de ladrillo, sufría ya de cuarteaduras y la oxidación del zinc provocó daños en el plafón de madera, el piso creo que ya había desaparecido por completo.

Hasta hace unos diez años, se mantenía completo, solo con el ofensivo grafiti, poco después, los dueños del predio lo destinaron a taller mecánico y  avanzó el deterioro hasta llegar a su deplorable estado actual.

Repito, creo que no es entrañable para nadie, sus fugaces habitantes un día se fueron y no volvieron, el bosque de eucaliptos que lo rodeaba cada día es más raquítico, por su frente dejó de correr el agua hace muchos años, es un monumento registrado pero nadie se ocupa de él, ni de las otras instalaciones que hace ya 130 años formaron la vieja estación, se está desintegrando, como la Casa Redonda, como la Garza, como el Aljibe…
Fotografía tomada de la pagina de Alfredo Flores, 2016. Graffiti y óxido avanzan
   
Tomo la fotografía actual de la página del Lic. Alfredo Flores,  (por cierto, vecino mío de la niñez) quien la dio a conocer y manifestó su preocupación por el edificio.
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EL CHICHIMECA AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Las fotografías del INAH proceden de un archivo en un formato muy antiguo, por lo que hay que convertirlas a otro que no permite mayor calidad.
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Para aquellos que en el aire las componen, ya salió la convocatoria para los Juegos Florales. Solo una cosa puedo asegurar, Roque lo intentará nuevamente.
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Se sigue invitando a dar sus comentarios, adiciones, rectificaciones, contesto a todos. Una disculpa a los que me han contactado por Facebook, pero casi no ocupo esa red, aquí sí reviso seguido.