martes, 11 de febrero de 2014

¿OTRO MARCADOR SOLAR?


¿Otro Marcador solar Prehispánico?


En la pasada entrega hablé del marcador solar prehispánico de las Peñitas;  Como habrán leído,  tales elementos generalmente se encuentran asociados a estructuras piramidales, lo que se desconoce de manera cierta es su utilidad.  Lo único demostrado es que existen en los sitios con influencia teotihuacana. De su uso podemos teorizar:
 -Pueden ser  que los arquitectos los hacían cerca de las pirámides para guiar su orientación.
  -Puede ser que fueran la forma general de que los sacerdotes o gobernantes  tuvieran para determinar los solsticios y equinoccios (indispensables para el ciclo agrícola) aunque no comparto dicha teoría como única, hoy es muy fácil para todos decir que tal o cual vestigio indica los equinoccios y solsticios, pero cualquier cosa lo puede marcar si vamos el día determinado al lugar, lo difícil era marcarlo cuando no se contaba con un calendario.
El motivo de hacerlos con perforaciones indica que por ser marcas muy usadas pudieran resistir la erosión y ser durables,  pero también porque en ellos se introducían varas  o pequeñas rocas para llevar la cuenta de los días o meses,  o  que la sombra de las varas indicara alguna fecha importante y la unión de orificios fuera el calendario en físico. También es posible que fueran una especie de ábaco o calculadora, pero  casi todo lo que digamos  quedará en terreno de la hipótesis, solo abundaré en decir que se han descubierto varios de ellos en zonas arqueológicas de Hidalgo y los más reconocidos y estudiados son los de los alrededores de Teotihuacán, incluso en la mismísima pirámide del Sol hay varios, en los espacios intermedios entre los niveles de ella. 
Para no aburrir con teorías, siempre interesantes pero intangibles, les diré que muy erosionado y desgastado parece estar otro marcador en la cima del cerro, en el barrio de la Cruz. 
 
EL LUGAR
Desde niño, acostumbraba a hacer paseos a la zona sur del municipio: las Peñitas, las Peñas, el río y el barrio de la Cruz, (en los años setentas del siglo pasado, dicho lugar se componía de una sola calle en la que lo más atractivo era una tienda-pulquería, justo al costado poniente del cerro)  indispensable era  subir a la cima por las dos entradas que tenía. (Una es la actual,  solo que no era rampa sino que había que subir en varias etapas, otra estaba justo frente a la pulquería, en una especie de escalones que creo que ya no existen)
Al llegar a la cima, otra acción indispensable era subir al montículo de piedras que para entonces  era la pirámide, además de recorrer todo el lugar sobre todo las orillas del cerro, donde se podía, por el camino de ronda.
 
La mayoría de los sitios arqueológicos  ubicados en mesetas altas tienen alrededor un espacio despejado, llamado camino de ronda, que en esencia es un espacio entre la orilla del cerro y la plaza o pirámide,  no se sabe el objeto de este elemento arquitectónico, tal vez era para simple mantenimiento, o espacio para la construcción o para trasladarse  a algún lugar del sitio de la plaza  sin cruzarla. (hay varios ejemplos de sitios arqueológicos regionales con camino de ronda: Potrerillos, San Sebastián de las Barrancas, la Muralla vieja, etc.  El cerro de la Cruz tiene un camino de Ronda que originalmente lo circundaba por completo; por derrumbes hoy  está muy seccionado  pero recuerdo que en él había varios “petroglifos”, todos muy desgastados, la última ocasión que subí al cerro, después de muchos años de no hacerlo, (para ver la inconclusa reconstrucción de la pirámide) solo hallé uno.
IMAGEN EN PAGINA WEB LA CRUZ:  EL CAMINO DE RONDA, EN LA ROCA VIVA ENTRE EL ACANTILADO Y EL MURO DE NIVELACIÓN DE LA PLAZA.

 
 

IMAGEN: PAGINA WEB LA CRUZ: RECONSTRUCCIÓN CENTRO CEREMONIAL DEL CERRO DE LA CRUZ, NOTESE QUE LA PLAZA ESTA CIRCUNDADO POR EL ESPACIO DEL CAMINO DE RONDA


FOTOGRAFIA PERSONAL: EL ¿MARCADOR? EN EL CAMINO DE RONDA DE LA CRUZ
 

Es difícil establecer su forma por lo erosionado que está, pero me atrevo a pensar que originalmente fue otro de los marcadores solares. Presento a ustedes las fotografías de dicho elemento, y un detalle curioso: queda ubicado exactamente frente al ya mencionado marcador de las Peñitas ¿Coincidencia? Ustedes decidan,  se encuentra al costado oriente de la pirámide, justo al borde del acantilado.

Como colofón diré que en mi niñez casi nadie concebía al montón de piedras de la cima del cerro como pirámide, que sí se adivinaba la esquina noreste, que a pesar de que Don Rafael Ayala la mencionó como redondeada, parecida a la de Cuicuilco, fue hasta 1975 cuando a base de pico y pala, el arqueólogo Enrique Nalda desenterró las etapas anteriores de la pirámide, que se descubrió que no era redondeada, que se componía de varios cuerpos  con una especie de tableros talud. De pasada Nalda desenterró nuestro pasado y nos dio la conciencia de que el lugar, hasta entonces menospreciado y olvidado había tenido una grandeza, mutilada con la construcción de la Autopista, pero al fin grandeza. (Y lo redondeado era simplemente porque así acomodaban los habitantes modernos las piedras para evitar que cayeran. Probablemente a la llegada de los españoles aunque en ruinas tenía una forma parecida a lo que hoy se ve pero más grande,  fue deshecha para construir la capilla católica adjunta) 






FOTOGRAFIA PERSONAL: EL MARCADOR SOLAR DEL BARRIO DE LA CRUZ VISTO DESDE LA ZONA DEL MARCADOR DE LAS PEÑITAS
 

FOTOGRAFIA PERSONAL: ZONA DEL MARCADOR DE LAS PEÑITAS VISTO DESDE EL MARCADOR DEL CERRO DE LA CRUZ.
 
En posteriores entradas abundaré sobre el verdadero nombre del lugar, solo les adelantaré que  el que se menciona en las guías turísticas, “Tecimachti”, aunque tomado de un documento antiguo, no corresponde de ninguna manera, incluso se dice que significa “peña fuerte y redonda de los mecos” pero no aclaran en qué idioma o lengua está. Afirmo que Tecimachti  no tiene traducción ni en otomí, ni en náhuatl, antiguos o modernos. El nombre fue sacado para dar alguna legitimidad cuando empezaron la jalada de ir al cerro en el equinoccio de primavera hace unos 25 años dizque a cargarse de energía. Ese nombre y dicha ceremonia y toda la parafernalia que hacen no tienen sustento en la tradición del barrio y sus habitantes originales (los de la callecita mencionada al principio y unos cuantos más) La única fiesta original es la del 3 de mayo y es sencillamente católica, toda la onda new age es posterior y artificial.

NOTA ACLARATORIA: Como ya lo he mencionado anteriormente, este tipo de artículos están escritos al “vuelo” como vivencias personales, si desean conocer su sustento, favor de leer los “ARTÍCULOS CRÍTICOS” del blog, que sí están redactados académicamente con las fuentes y referencias de rigor. En ambos casos cualquier aseveración que se haga, puede ser confrontada en documentos. Solo lo que específicamente digo que ví, eso sí puede ser refutado por otra visión contemporánea.

miércoles, 5 de febrero de 2014

LOS MARCADORES SOLARES PREHISPANICOS DE SAN JUAN DEL RIO

LOS MARCADORES


Para los viejos habitantes de San Juan del Río era de sobra conocido el hecho de que en las llamadas “Peñitas”, (ubicadas en su parte baja en la antigua calle de Cóporo, hoy Melchor Ocampo y en su parte alta  desde la calle Pino Suárez) por la gran cantidad de vestigios prehispánicos que se hallaban en ellas, había sido un lugar de habitación y paso de nuestros antepasados.
En entradas posteriores abundaré sobre esta formación geológica y sus detalles técnicos e históricos, el día de hoy solo quiero hacer mención de dos vestigios de la ocupación, probablemente teotihuacana, de este lugar.
Para ubicarnos en tiempos modernos, solo diré que en el predio que  actualmente ocupa la escuela Primaria Rafael Ayala y sus inmediaciones, había varios montículos de tierra y piedras, ninguno de gran altura o forma  especial que llamara la atención. Seguramente desde la llegada de los españoles ya eran ruinas sin forma. Al construirse la escuela, a inicio de la década de 1970, cada zanja excavada para la construcción de los cimientos o la remoción de materiales para nivelación dejaba al descubierto material  cerámico. En aquel entonces, casi nadie le dio la importancia debida ya que en varias partes del pueblo (como ya mencioné en pasadas entradas) se podían hallar restos parecidos.

IMAGEN DE GOOGLE. EL ASENTAMIENTO DE LAS PEÑITAS
Habiendo sido testigo de la construcción de la escuela, sin conocimientos formales, puedo recordar que  lo que más se encontraba eran “caritas” de barro, algunas en técnica de pastillaje y coloridas y otras de molde, sin color pero con mayores detalles.  Los primeros alumnos de esa escuela, entre los que no me encontraba yo. (La escuela se construyó para reubicar la vetusta “Mártir de Chihuahua” que se decía estaba por derrumbarse, inicialmente se iba a llamar igual, dos hechos marcaron su destino; la explosión demográfica hizo que las dos escuelas se ocuparan, y que la nueva, por la muerte del doctor Rafael Ayala, recibiera su nombre) 

Los materiales sobrantes se fueron amontonando hacia el sur del predio, y al cubrirse los pisos con cemento, se ocultaron los vestigios y  extinguiéndose los  incipientes  arqueólogos.
Los demás montículos también desaparecieron al trazarse las calles aledañas. (la de Pino, a esa altura, lo más que se podía decir es que era un arroyo que iba a desembocar  tanto a dos de abril como a Fernando de Tapia) La última sorpresa se dio en el año 2009 cuando en el lado sur se trató de hacer un auditorio, las máquinas descubrieron restos de estructuras en el montículo mencionado además de otros objetos.  No habiendo más datos, ni escritos que lo detallen, se desconoce qué tanto abarcaba  el asentamiento de “las Peñitas” ni cuanto está cubierto por las viviendas aledañas.


Un importante vestigio, abandonado, erosionado y ninguneado, tal vez por ser casi intangible, se encontraba a unos 100 metros de la escuela, exactamente  en la orilla de las Peñitas, se trata o trataba de un marcador solar prehispánico, consistente en una serie de orificios en círculos concéntricos  y líneas igualmente  delimitadas. 


EL MARCADOR SOLAR DE LAS PEÑITAS
De niño conocí el lugar y el marcador, igualmente como algo curioso pero sin prestarle atención hasta que fue redescubierto por el Profr. Porfirio Díaz Oviedo y dado a la luz pública en un reportaje de la Revista "Querétaro" en Junio de 1990.  
 
Por respeto al descubridor y al autor, me limito a reproducir sus páginas, que narran toda la historia  y algunas explicaciones técnicas, en ellas están los datos del reportero, descubridor, fotógrafo y edición. En posteriores entradas abundaré sobre el tema.






 

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Si el tema les gustó y están interesados en conocerlo, vayan por la calle Pino Suárez sur,  justo antes de la escuela dar vuelta a la derecha por la pequeña calle Lázaro Cárdenas para llegar al mirador... un pequeño problemita, el marcador ya no existe, olvídenlo, algunos años después del reportaje se emparejó esa parte de las Peñitas,  el marcador yace debajo del empedrado, no sé si fue destruido por maquinaria o solo cubierto, para consolarse, pueden ir al mirador, al que casi nadie va precisamente por estar muy disparejo el terreno.
 

Nota, teniendo el honor de conocer al Profr. Porfirio y como se puede leer en el reportaje, él no quería dar a conocer el lugar exacto de la ubicación, hoy lo hago público a quienes no lo sabían, lamentablemente alguien le hizo demasiado caso y lo ocultó, tal vez para siempre.

 
FOTOGRAFIA PERSONAL: UBICACION DEL MARCADOR
 

martes, 28 de enero de 2014

LA LEYENDA NO

LA LEYENDA NO


Se ha demostrado por diversos autores que las versiones populares y doctas sobre las fundaciones de San Juan del Río y Querétaro incluyendo la leyenda de la celestial aparición en favor del bando español del apóstol Santiago en la última, derivan de la serie de escritos coloniales otomíes aislados pero de similar manufactura y contenido, referentes a los méritos como conquistador del cacique indígena Don  Nicolás de San Luis Montañez, específicamente uno  que en el siglo XVIII estaba en  el  convento de la Cruz en Querétaro, del que se desconoce procedencia, aunque probablemente pudo ser un original antiguo o su copia; pero el transcrito que de él se hizo, que inicialmente quedó en la biblioteca del convento, (del que hay datos claros y ubicación actual) aunque apenas data de ese siglo, se constituyó de golpe y porrazo en la fuente primigenia de nuestra historia, a pesar de su confusa redacción.

De tal documento, aunque en su contenido ni siquiera menciona el hoy muy conocido año 1531, sino que de entrada sitúa todos los hechos en la imposible fecha de 1502, se hicieron transcripciones posteriores, agregando o cambiando hechos, fechas y personas a conveniencias diversas, especialmente por los mismos frailes que aprovecharon el misticismo de los textos, y su involuntario barroquismo, lleno de elementos apropiados para acentuar los aspectos útiles para la difusión o consolidación de la fe cristiana. Convirtiéndose de esta manera en la historia religiosa “oficial”, una especie de referente ad – hoc  para una historia paralela.

A partir de ahí, tanto de él o de sus versiones de segunda y hasta tercera mano, lo copiaron   los   antiguos historiadores queretanos  y  foráneos. A fuerza  de  acomodos y agregados,  la repetición de mentiras llegó a constituirse en una especie de verdad mítica.  

Tal vez lo único cierto respecto a la participación de Nicolás de San Luis en los actos fundacionales pudiera ser su presencia física en el lugar o territorios cercanos, aunque no en el papel protagónico que se le pretende, o bien con intervención de cierta importancia pero en una época posterior, cuando esos pueblos, que eran prehispánicos, habían persistido a la conquista, continuaron al menos como caseríos indígenas, asentamientos anárquicos de españoles, o de población mixta, es decir al menos 20 años después de lo que dice la leyenda. De igual manera diserta Jaime Nieto, señalando la descripción de la fundación de San Juan del Río en 1531 que hace Ayala, más como una “representación  didáctica” es decir, no lo que pasó, sino como debía suceder, incluso menciona la existencia de un documento del Archivo Histórico Municipal de San Juan del Río relativo a un pleito de aguas, de fecha posterior, pero que señala como fecha de fundación al 9 de septiembre de 1526.
El mismo año, sin fecha es sostenido por la historiadora García Ugarte basada en el  llamado  “Códice otomí de Huichapan”  refiriéndose  a  la  fundación  otomí del  poblado por Juan  Mexici.  Aunque no  precisa qué dato del  códice  fundamenta la fecha y la relación con el citado personaje, parece ser que se trata de un texto ubicado en la parte historiográfica del mismo,  fechada con numerales calendáricos en 1526 y que dice aisladamente “Aendehe aen s[a]n iuan”  y significaría solamente San Juan del Río en otomí, no más. Al parecer, por estar escrito con tinta y grafías distintas, fue un agregado posterior, cuando los acontecimientos asociados a los glifos se escribieron en otomí, con el alfabeto castellano. Así, pudiera ser la corrección de un olvido o un útil acomodo, pero es importante aclarar que el códice no menciona al citado personaje.

La relación entre el hecho y la fecha pudieran tener algo de veraz, toda vez que al inicio del periodo colonial, la República de Indios única, incluía a los de la zona que después sería san Juan del Río, Huichapan y Jilotepec, las  últimas eran las poblaciones más importantes dentro de la encomienda, es decir, con una historia común y por tanto lógico que se inscribiera en sus anales dicha fundación o algún acontecimiento destacado.

Otro documento antiguo que retoma Ayala como apoyo para  el relato de la supuesta fundación en 1531 es el llamado, entre otros nombres “Códice Pedro Martín de Toro”, referente a  otro  personaje otomí  de  la  época, del que hace algunas suposiciones no tan  precisas, (20)  sobre  todo al  ubicarlo como  acompañante  de  San  Luis  Montañez durante la supuesta fundación de San Juan en 1531 y en no aclarar exactamente en qué ayuda el códice. Su análisis con ese propósito, deja más dudas de las que resuelve. El original, denominado  también “Códice Chapa de Mota” se encuentra en AGN, Tierras, Vol. 1783, exp. 1. Se acompaña de una especie de traducción parcial al español y láminas con dibujos de estilo indefinido, ya no son puramente indígenas como en los códices, aunque tampoco completamente europeos. La imprecisión de Ayala no es afirmar que Pedro Martín esté bajo las órdenes de Montañez, dato que fue cierto, como se verá adelante, sino en la fecha.

El texto se clasifica como códice, aunque técnicamente solo sería un escrito con dibujos, de elaboración muy posterior a los hechos que narra. Aunque incierto su origen, se presume genealógico, no territorial, detallando acontecimientos en los que se involucran dos poblaciones distintas con igual nombre; San Juan del Río, pero durante hechos ocurridos durante la llamada Guerra Chichimeca, (1550-1600) no en la etapa inmediata a la conquista. A continuación trato de dilucidar, qué pueda clarificarnos respecto a nuestra ciudad:
De manera general, describe el origen y proezas del famoso conquistador otomí don Pedro Martín de Toro quien participa al mando de tropas en la pacificación de la región chichimeca, para entonces todo territorio al norte de Querétaro. La esquiva mención respecto de San Juan del Río,  (Querétaro) es  de  un pueblo  establecido, no  uno que apenas van a conquistar, (como deja entrever Ayala) dado que las personas de apellido Bárcena que lo auxiliaron durante la campaña militar son traídas de ahí y dice claramente que ahí regresan al término de la guerra. Menciona pueblos de Guanajuato por su nombre pero que ni siquiera existirían en 1531 (También la Relación presentada por Ayala incluye, a los Bárcena, entre muchos otros conquistadores pero bajo mando de Nicolás de San Luis, tal como lo está Don Pedro Martín Toro)

En otra parte, el códice sí refiere un San Juan del Río en sentido de conquista, o al menos de enfrentamiento con chichimecas de guerra, pero es otro lugar así llamado, ubicado claramente “Adelante el  Río de Medina junto a Sonbrerete y Guadiana en la tierra adentro”,  (seguramente refiere al actual San Juan del Río, Durango, u otra población o paraje cercanos con ese nombre) como puede verse en el dibujo, subtítulo y descripción de la lámina  marcada con el no. 2  del escrito revisado.

Es ahí donde sí enfrentan y conquistan a chichimecas rebeldes, resultando muerto el caudillo “Mazadín”, quien debió ser importante, pues el hecho se festejó grandemente, al parecer en la plaza principal de Querétaro, (la del convento de San Francisco, ya establecida, lo que ubicaría la narración después de 1550) como se estilaba entonces, con un ceremonial  que  incluía corridas  de  toros.  (Tomando  como  referente otro de los dibujos de las láminas del códice, incluidas en su totalidad en la obra de David Wright)

jueves, 12 de septiembre de 2013

Crónica del cinelandia

Celebrando que el blog ya tiene 500 visitas, (muchas sé que son de los cazablogs, pero parece que ya se está formando un  público propio) daré un salto en el tiempo y presento a su consideración esta crónica del viejo cine de la ciudad. Hace poco fue publicada casi íntegra en la página San Juan del Río en el Tiempo, pero es de mi autoría. De vez en cuando para no aburrirlos haré este tipo de reseñas, la historia también pude ser divertida, este es un ejemplo; un edificio que fue icónico para muchas generaciones, espero les guste.




500 visitas, Fotografía personal, el Cinelandía en su agonía (¿Serían los marcos de cantera los del viejo teatro?)

El cine
En la vieja calle del Curato Viejo, hoy 16 de septiembre, hasta el año 2010, tras mucho tiempo en el abandono total, se encontraba el que fue el antiguo “Teatro Cinelandia”, propiedad del circuito Montes, cerrado por problemas laborales hacía 20 años, nunca volvió a funcionar.

Este local, en el número 10, cuyo interior casi ningún joven actual conoció, fue un edificio moderno de dos niveles, los marcos de cantera de sus puertas se veían de factura antigua aunque no sé si fueran las originales del local anterior ya que en el mismo terreno existió en el siglo antepasado un pequeño teatro, que para 1865 era de madera y se administraba por el Ayuntamiento.

Llamado inicialmente Calderón, (Seguramente por el dramaturgo) después Hidalgo, luego Cosío (Seguramente por el gobernador que lo reconstruyó) y al final otra vez Hidalgo, fue remozado por el gobierno estatal a fines del siglo XIX y albergó los eventos de las primeras ferias. Contaba con todo lo necesario para funciones artísticas, teatrales, musicales y eventos de toda especie, cívicos y profanos, públicos y privados. Incluso tenía palcos. Su telón de fondo era una imagen del Jardín de San Juan Bautista. (actual Plaza de los Fundadores) Administrado por una asociación civil, funcionaba como un club social.
Fue derruido por 1936, en tiempos del gobernador Saturnino Osornio para construir una, para entonces funcional sala cinematográfica, que inaugurada a inicios de los cuarentas, vio pasar por su pantalla, con llenos completos toda la época de oro del cine nacional, lo que le valió ser ampliado a dos niveles. En su último apogeo que sería a fines de la década de 1970, daba funciones diarias, tarde y noche, en programa doble y los domingos por la mañana presentaba al público infantil el popular matinée.


Siempre había muchos espectadores, pero se llenaba totalmente a partir del viernes, cuando proyectaba cintas clasificación “C”, entonces de lo más pecaminoso, completamente para adultos, aunque al encender las luces, la sala siempre aparecía repleta de alumnos de la secundaria.

Tenía una surtida y carísima dulcería. (La gente por los prohibitivos precios, cuando asistía en familia se equipaba por fuera con varias pepsis familiares, tortas y frituras de toda especie) El público podía escoger entre dos secciones, la parte baja con butacas -lunetas les decían-, que entonces se sentían muy cómodas, en la parte de arriba y hasta el fondo, gradas de cemento, más baratas e incómodas. En ambas había un policía siempre atento a que no se lanzaran objetos a la pantalla o se dijeran groserías, actos que ameritaban ser sacado ipso facto de la sala. La presencia de guardianes del orden no impedía que al iniciar la función y apagarse la luz se escuchara, dedicado al proyeccionista, el entonces nacional grito de ¡Cácaro!  Y en cualquier interrupción por falla, el muy local ¡Deja a la dulcera!  (O sea a la encargada de la dulcería) ambos gritos aún se escucharon en las primeras funciones de los entonces llamados “Multicines” frente a la presidencia municipal, luego se perdieron para siempre.

Además de cine, era el sitio ideal para graduaciones y eventos políticos y sociales de categoría y aún sin ella (en el programa de feria era obligado presentar ahí los Juegos Florales y el concurso de físico-culturismo local, llamado “Míster San Juan” asistiendo los más ponchados del pueblo, incluidos varios trabajadores del rastro. En los últimos años ya participaban féminas como concursantes -y muchos más hombres como espectadores) Tenía una excelente especie de climatización lograda por el recubrimiento de las paredes de material parecido al fibracel (entre cartón y madera) y la enorme altura de la sala. En apoyo a la graduación de unos preparatorianos estuvo en vivo la mismísima Isela Vega, actuando algunas escenas teatrales, siendo la única vez que falló la climatización.

Por ser el más popular sitio de diversión, en las esquinas del centro tenía unos marcos de herrería donde colocaba su cartelera, después los abandonaron y eran utilizados por cualquiera que requería colocar algún cartel. En esos tiempos ni pensar siquiera pegar propaganda o pintar paredes, había sitios establecidos en esquinas y postes. (Fueron proverbiales durante décadas unas pequeñas láminas metálicas clavadas en lo alto de las esquinas anunciando un ungüento muy socorrido, el 666) La anarquía gráfica fue una mala costumbre que trajeron las campañas políticas.  

Tuvo un segundo aire con la llegada del cine de luchadores. En una extraña catarsis dominical, era común que la audiencia coreara a viva voz ¡Santo, Santo, Santo! cuando el enmascarado de plata lograba levantarse en el segundo round o acababa con algún “moustro”. (Solo los de luneta, los de la gradería generalmente eran rudos, muchas veces lo demostraron, sobre todo a la salida, arrojando toda la basura hacia la parte de abajo, incluyendo envases y toda clase de líquidos corporales y externos) No se diga los sábados cuando la temática era de Karate o Kung Fu, a la salida, las bancas de la Avenida Juárez sufrían los embates de noveles karatecas que encaramados en ellas intentaban repetir las katas y sonidos de Bruce Lee.

En su última época, compitiendo con modernas y en verdad cómodas salas, (Multicines y Sagitario) lentamente fue languideciendo. Primero perdió el enorme anuncio luminoso que vertical sobresalía a su fachada, después la capacidad de presentar estrenos, casi postreramente se sostuvo proyectando indiscriminadamente un día sí y los demás también, cintas pornográficas extranjeras, ya hasta sin subtítulos o traducción. (Que en realidad no era muy necesaria, como quiera se entendía la trama) La vetusta pero gigantesca pantalla amplificaba hasta el mínimo detalle.


Fotografía personal, ¿No les ha pasado que todavía al entrar en la calle esperamos verlo?

Su final fue previsible cuando su único atractivo terminó siendo la oscuridad, convirtiéndose en sui géneris sitio de reunión dizque romántica para todo tipo de personas igualmente sui géneris En esa época, siendo constantes las fallas por lo anticuado del proyector, los gritos de los espectadores cambiaron por viles mentadas de madre a silbidos. Poco después vino el problema laboral que lo cerró para siempre. Todo su historial sin embargo no lo salvó nunca, de ser llamado y hoy recordado como “el Piojito”. En el año 2010 fue demolido.

martes, 10 de septiembre de 2013

SOLO FOTOS QUE DEBIA DE AYER

FOTOGRAFIA PERSONAL: FINAL DE LAS PEÑITAS EN LUIS ROMERO SOTO E INICIO DE LAS PEÑAS, EN GUADALUPE.


LAS PEÑITAS AL FINAL DE LA CALLE MELCHOR OCAMPO, ANTIGUO CAMINO REAL AL RODEO,  NOTESE LO RECTO DE ELLAS POR SER UNA DE LAS ZONAS DE ABASTO DE PIEDRA PARA CONSTRUCCION.
FOTOGRAFÍA PERSONAL: ÚLTIMA PARTE VISIBLE DE LAS PEÑITAS, EN LA CALLE MELCHOR OCAMPO, DESDE EL PANTEÓN DE LA SANTAVERACRUZ HASTA LUIS ROMERO SOTO

FOTOGRAFIA PERSONAL : LAS PEÑAS DETRÁS DEL BARRIO DE LA CRUZ
FOTOGRAFIA PERSONAL: LAS PEÑAS EN LOMO DE TORO

 


LAS PEÑAS EN LA CAÑADA DE SAN JOSÉ.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Las Peñas y las Peñitas


Debido a ser términos mencionados constantemente en este trabajo, es necesario abundar sobre ésta parte de la ciudad, hoy solo parcialmente visible desde la sección media del Boulevard Hidalgo pero que es muy amplia. Para muchos fue muy conocida y poco a poco fue cubierta por la mancha urbana, pareciendo disminuir pero sigue ahí, recordando un pasado que casi 500 años de ocupación no han ocultado.

Se llama Peñas a las paredes de una cañada que inicia en San Sebastián de las Barrancas, confluente de otras del municipio de Amealco y el estado de México a cuyo fondo corre el río San Juan. Llega al extremo sur de la ciudad, tomando el nombre de cañada de San José y “Lomo de Toro”. Termina la barranca abruptamente por un lado  en el cerro de la Cruz y del otro en Guadalupe de las Peñas, inicio del valle, donde hoy se cruzan el  B. Hidalgo y la autopista México -Querétaro.  A partir de ahí, el cerro del Pedregoso emerge del valle hacia el oriente formando una especie de escalón o terraza (ya no es barranca, solo se eleva por un lado y se aleja del río) que parece continuación de las anteriores pero con una separación de ½ Km.  En esta pequeña franja plana entre los dos peñascos se ubicó el camino prehispánico a México y actualmente pasa justo a su centro la autopista México – Querétaro.

 

Este escalón son “las Peñitas”, una afloración rocosa cuya parte visible es una pared vertical de toba volcánica -llamada localmente cantera morena- con longitud de 1 Km. y altura máxima de 15 m que desde la autopista siguen el trayecto marcado por la calle Melchor Ocampo. Su parte más destacada es bajo el Panteón de la Santa Veracruz pero continúan al norte, ya ocultas por construcciones, cruzando la calle Fernando de Tapia, originalmente un arroyo que descendía entre ellas. (Hasta hace poco todavía se conocía como “la Cuesta”) Aparentemente acaban en la calle Reforma, antigua “de los Leñadores”, bajo la Escuela Mártir de Chihuahua, cuya planta tiene 3 niveles, precisamente por estar sobre roca viva. En su inicio, cerca de la autopista, había pequeñas  cuevas naturales y artificiales, en cuyo exterior  (dentro era piedra llana) se Podían encontrar semienterrados restos antiguos como tepalcates y navajas trapezoidales de obsidiana. Con el crecimiento urbano, a partir de 1975, los hallazgos cambiaron a bolsas con resistol 5000 y otros inhalantes, pañales desechables y todo tipo de basura. Derrumbes naturales y de construcciones en la parte alta de la peña lentamente cubrieron lo que al parecer fue un asentamiento de nuestros antepasados, en la etapa de cazadores recolectores. (Encima, en las colonias Ramos Millán y Fátima y debajo, alrededor de la hacienda de Guadalupe y la autopista hubo restos en mayor número y a flor de tierra, al parecer ya sitios sedentarios, sobretodo navajas, comunes en la época prehispánica, cuyo filo se perdía fácilmente y debían reemplazarse constantemente, de ahí la abundancia) Cabe mencionar que la ubicación de las Peñitas en el área urbana determinó la conformación extraña, retorcida y desnivelada de las actuales calles 2 de abril, callejón de Santa Veracruz, Melchor Ocampo, Guadalupe Victoria, Fernando de Tapia, Reforma, Mariano Jiménez y la manzana de Av. Juárez del edificio del Centro Histórico y cultural, sea por estar delante, debajo, encima e incluso dentro de ellas.

El fin de su parte visible indica el inicio de la planicie del centro de la ciudad. Es de resaltar que con la cantera de las Peñitas y las Peñas se construyeron las casas del viejo San Juan, ejemplo notable de su uso integral en muros y ornamento de  fachadas puede observarse a plenitud, respectivamente en el lado oriente de la parroquia y la casa de  cantera  de la calle de 16 de septiembre. Aunque hoy la pared rocosa es relativamente recta en su frente, debido a la extracción de piedra en varias de sus secciones, (aún son visibles casi todos los espacios donde se efectuaba esta labor) originalmente debieron ser muy irregulares, con derrumbes en la parte baja, se alinearon y tomaron forma casi perpendicular al construirse el camino Real a su vera.
La cantera continúa por casi todo el pueblo, bajo capas de tierra vegetal. Lo más al norte donde asomaba era el viejo campo de futbol Fluminense (hoy centro comercial junto al fraccionamiento de mismo nombre) donde tras cualquier lluvia intensa, el arrastre de tierra afloraba secciones de cantera. Se recuerda  un canal de agua entre ambas canchas, que desfogaba agua de lluvia desde la avenida Juárez. (Parece ser uno de los antiguos arroyos)
 

Las fotos se las debo para mañana

¿Hubo una fundación?

Fotografía personal: Los tres antiguos asentamientos indígenas de la ciudad.

A continuación trataré de dilucidar porqué sostengo que es dudoso afirmar que haya habido una fundación "a la española" de San Juan del Río en 1531 o cualquier otro año posteriormente cercano. Las conclusiones son acordes con los documentos hasta hoy conocidos, aunque pudiera ser que alguno, hoy perdido, aparezca y nos dé una claridad completa.

Ya se ha dicho que por lo menos desde dos mil años antes había un poblado en este lugar, con altibajos en cuanto a población y desarrollo, siempre en la zona sur de la actual ciudad, entre las Peñas y las Peñitas. Hasta hace poco se podían distinguir tres pequeños asentamientos cercanos pero independientes, persistentes a los siglos: El Barrio y cerro de la Cruz, Guadalupe de las Peñas y Lomo de Toro, indudablemente en alguno de ellos se asentaba el lugar llamado "Iztacchichimeca" que era un puesto fronterizo de mínima importancia bajo dominio azteca, de ahí su nombre en náhuatl. Todo indica que seguían teniendo como centro ceremonial el de la cima del Cerro de La Cruz, pero sus viviendas  debieron  estar abajo de él o en los otros lugares mencionados.

Para 1521 la contracción de la frontera mesoamericana había dado lugar a que los centros ceremoniales monumentales de la región tuvieran siglos abandonados, pero la gente común seguía su vida a la orilla de río, la población era mínima. Según las condiciones de guerra lo permitieran había una mezcla de otomíes y chichimecos, que según las últimas investigaciones participaron incluso en la toma de Tenochtitlán en apoyo a los Españoles.

Cuando Juan Jaramillo el viejo, recibe la encomienda de Jilotepec hace un reconocimiento en las tierras de ella y expulsa a unas 8 familias de chichimecas, dejando solo algunos otomíes para el cultivo, esto en 1528. con un administrador de apellido Hernández.

Documentos de alrededor de 1536 hacen alusión al lugar, siempre con el nombre náhuatl, pero sin mencionar nunca ni a Nicolás de San Luis Montañez, Fernando de Tapia y menos a alguien llamado Mexici. Se menciona que en el lugar, que solo era una estancia agrícola, no un pueblo,  había un adoratorio y se identifican nombres de pobladores con más de 20 años en el lugar, jamás se menciona el que según la leyenda había sido fundado 5 años antes; San Juan del Río, es decir, no existía por lo menos en 1536 tal pueblo.

Así es que estamos hablando de un lugar anterior a la conquista, que sobrevivió a ella y por lo menos 15 años después seguía teniendo habitantes indígenas y si acaso un español, el administrador Alfonso Hernández, aunque al parecer este vivía en Jilotepec.

El nombre de Juan Mexici como fundador del pueblo, llegado de Jilotepec luego de la caída de Tenochtitlán no se sostiene en los documentos mencionados ya que los varios indios de nombre Juan que aparecen entre los documentos ninguno dice ser fundador, todo parece ser alguna confusión de los informantes de Hernando de Cárdenas que en 1582 reunió la información de los viejos habitantes para redactar la Relación de Querétaro, y alguno de ellos le mencionó a un juan Mexici, (el único filólogo que ha estudiado estos documentos dice que no es un apellido, sino que el escribiente no supo expresar lo que su informante indio le decía "mexi tzin"; en náhuatl, poquito mexicano, es decir alguien que hablaba náhuatl) como la única referencia que tenía de los viejos habitantes, lo único seguro es que se llamaba Juan y de los varios Juanes, al menos 3, que mencionan los documentos, ninguno se dice o habla de un fundador del lugar, si hubiera existido como tal, sería lo más lógico que lo mencionara, y le dieran esa calidad.

De este modo, aunque no se descarta la existencia de tal persona como fundador, si podemos decir que hasta por lo menos 1536 no hizo tal fundación porque el lugar ya existía desde al menos 20 años como un asentamiento multiétnico. Tal vez existió en alguna etapa posterior, pero ese ya es otro tema. 
Así es que podemos asegurar, a menos que el Archivo Histórico Municipal tenga algún documento que lo confirme, que las mamparas que están fuera del edificio del Centro Histórico y Cultural, en la Avenida Juárez, están equivocados, incluso mencionan un "cabildo indígena" en la cuarta década del siglo, no hay elementos para afirmarlo.  En otras entradas abundaremos sobre los años posteriores a 1536 para afirmar que no hubo fundación en ninguna época del virreinato.

Las fuentes para este artículo y su ampliación están en el libro ya mencionado, esta solo es una creación especial para este blog, con redacción libre.