domingo, 19 de octubre de 2014

Bonito San Juan del Río, Quién estuviera en tu puente!


¡Bonito San Juan del Río, Quién estuviera en tu puente!


El puente en 1785 imagen de portada en Ayala, 1981

Antecedentes

Hemos dicho antes que San Juan  del río tiene sus orígenes en un asentamiento indígena persistente de la época prehispánica, asentado en lo que hoy es el sur de la ciudad. Era muy pequeño y probablemente así hubiera permanecido por siglos, incluso a la llegada de los españoles. Junto con Querétaro fueron la parte marginal de la encomienda de Jilotepec, de Juan Jaramillo Salvatierra. Marginal porque para ese tiempo, el hoy río San Juan marcaba uno de los límites de la frontera mesoamericana. Tan olvidado estaba que muchos indios del centro de México, para evitar el pago de tributo a los encomenderos españoles, huyeron al lugar a partir de 1521, aumentando en algo la población original.
Durante los primeros años de la época colonial el Centro Norte, es decir todo lo situado delante de Jilotepec, fue poco atractivo para el tránsito a causa de ser territorio de los indómitos chichimecas, tribus semi nómadas difíciles de conquistar por no formar poblados fijos. Por ello, el avance español se dio primero por los espacios colindantes situados en ambas costas, por el Atlántico, incluso llegaron en tiempos de Cortés a Baja California y por el Golfo hasta el actual Texas.

El pequeño poblado indígena, Iztacchichimeca, que luego sería nuestra ciudad, apenas cambió cuando Jaramillo, con indios encomendados empezó a sembrar algunas tierras, al parecer después de 1528. Todo siguió igual, los mismos dioses, el mismo adoratorio, las mismas costumbres, el mismo lugar, mismo sojuzgamiento, diferente opresor.
El casual descubrimiento de minas en tierras chichimecas, originó un tráfico constante de personas por este lugar sacando de su letargo al pequeño poblado, inicialmente, es de entenderse que los viajeros utilizaran los antiguos caminos prehispánicos, entre una y otra aldea para trasladarse, pero esos caminos, las más de las veces simples veredas eran ideales para hacerlo a pie, quizá hasta a caballo, pero completamente agrestes para el  vehículo de carga de la época: las carretas tiradas por bueyes, lo que motivó su abandono por lugares más planos, amplios y adecuados para su paso.

Por ser la ruta más corta hacia las minas, el primer camino se conformó pasando por Iztacchichimeca, el viejo poblado indio, porque en los alrededores ya se habían asentado desde la  década de 1540, estancias agrícolas de españoles, además del ya mencionado Jaramillo, lo que brindaba cierta seguridad, solo había un obstáculo, el río, entonces de corriente permanente aunque no abundante. Los indios lo cruzaban por cualquier lado,  incluso tenían, en la parte trasera de la actual Central camionera, un paso permanente acondicionado con grandes piedras salteadas, que resultó inútil para las carretas, se optó por pasarlo en el primer vado que encontraron, un par de kilómetros río abajo, frente al actual cerro de la Venta.


El vado del río en San Juan. Fotografía del museo local, del plano de 1592.
El río, como ya se dijo no tenía corriente abundante, era fácil atravesarlo la mayor parte del tiempo, pero apareció el segundo problema, en tiempo de lluvias arrastraba un caudal abundante que imposibilitaba el paso de los viajeros, que se veían obligados a permanecer estacionados, a veces por varios días, en los que requerían de alimentos y servicios.  Este parece ser el verdadero origen de nuestra moderna ciudad, cuando algunos de los pocos habitantes permanentes se trasladaron hacia ahí, a proporcionar lo que requerían los viajeros, al inicio de manera esporádica, luego se quedaron de manera fija esperándolos, a la orilla del camino, en pequeñas chozas, que después serían ventas o mesones.
El hecho de que las minas tuvieran un impuesto llamado quinto Real, que era cobrado puntualmente por la administración colonial y enviado al Rey de España, motivó que las empresa mineras fueran muy auspiciadas y apoyadas.
Para la década de 1550, la ya comprobada y creciente riqueza minera de Guanajuato y por ende de sus ingresos, auspició que la corona hiciera un camino en forma, el llamado camino Real y propiciara puestos de abastecimiento para las cada vez más numerosas caravanas que en uno y otro sentido transitaban por él. Específicamente en lo que se refiere a nuestra ciudad, otorgó mercedes a los Indios de Jilotepec, con la condición de que las tierras se emplearan mayoritariamente a procurar a los viajeros. Así,  llegan a establecerse aquí nuevos habitantes, de Jilotepec y sus alrededores. No es posible determinar aún qué fue primero, el establecimiento del hoy centro histórico o el camino Real en forma, pero para 1558, ya coexisten ambos, un pueblo de Indios atravesado exactamente en su centro por el camino Real, la actual Avenida Juárez, que como ya se dijo, había iniciado una incipiente urbanización.

En el pueblo de Indios, la circunstancia de ser el último lugar “civilizado" al norte, le permitió a partir de entonces un despegue en la infraestructura urbana, que incluía una cárcel, un juzgado de registros, la primera iglesia y años después “una barda perimetral”, solo cortada por el camino, al entrar y salir. 


El Puente de Aparicio

El centro administrativo, es decir las casas consistoriales, se ubicaron a la vera del cada vez más transitado camino Real, constituyendo formalmente el pueblo de San Juan del Río, nuestra actual ciudad. Exactamente en las fechas de su establecimiento como tal, un nuevo auge minero, esta vez en Zacatecas y San Luis Potosí aumento el tráfico de personas y equipamiento hacia los fundos y en sentido contrario, el quinto real rumbo a la capital del virreinato,  incluso, se estableció,  otro camino, específicamente llamado “el camino Real que va a las zacatecas”  que de las Casas Reales, es decir el actual Centro Histórico y Cultural, avanzaba por las calles Guerrero y Morelos, para salir a la hacienda la Guitarrilla,  pasar por la Llave, el Ahorcado etc. 


Fotografía de José Velázquez Quintanar, el puente de Aparicio, circa 1995.
En este camino se construyó en el año de 1561 un puente que salvaba el río, se le atribuye su edificación al después Beato Sebastián de Aparicio, un aventurero español, que al llegar a México estableció una red de caminos, principalmente de México a Veracruz y después hacia el norte, para el tránsito de su flotilla de carretas tiradas por bueyes.

Este puente era muy pequeño, es de suponerse que por dar un rodeo, que significaba al menos una jornada más y en terrenos desolados, solo era usado en casos de urgencia. Si no se tenía ese apremio, era preferible  llegar a un lugar donde se tenía garantizada la seguridad, el abasto y el alimento para personas y bestias, es decir en el ya establecido pueblo de San Juan del Río, el tener que pasar un vado no era incomodidad en esos tiempos, los días que la corriente no dejaban cruzar eran esporádicos, así que el camino Real alterno, su puente atribuido a Aparicio y las Ventas que ya tenía fueron quedando en desuso. El puente todavía existe, pertenece al municipio de Tequisquiapan. La leyenda local dice que el Beato  fue quien trazó la Avenida Juárez y construyó el puente, lo que es ilógico, para qué dar un rodeo si lo pudo hacer en el vado de San Juan. Hasta principios del siglo pasado, el puente tenía una placa que constaba su fecha, 1561, el Rey en turno, Carlos V, el Virrey, Luis de Velasco, y su constructor Benjamín R.  de Sotomayor. Hoy yace entre árboles su único arco, ya sin agua debajo, el río cambió su curso y pasa lejos de ahí.
Una vez unificado el camino Real, a inicios del siglo XVII, el paso por el centro de San Juan del Río, quedó como único, antes había varios ramales que se unían aquí, al norte también hubo desviaciones. Este fue el único tramo común a todas las variantes, razón por la cual el pueblo se ganó el calificativo de “garganta de toda tierra adentro”.

El crecimiento fue pleno a partir de entonces; llegaron las órdenes religiosas y sus conventos e iglesia, aparecieron edificios públicos y se establecerían al interior habitantes españoles, agricultores, comerciantes, ganaderos y emprendedores que en ventas, mesones y talleres atenderían a los visitantes y sostendrían una economía que si bien estaba basada en la agricultura, recibía un flujo de efectivo que le permitió crecer y desarrollarse  por lo menos durante tres siglos.

Se dice que por no ser grande la corriente permanente del río, no hubo necesidad de un puente sobre él, sin embargo, hay documentos en los que las autoridades locales, e incluso los habitantes piden se construya uno “de cal y canto”. Creo que nunca lo hicieron con mucho énfasis, por puro sentido común, si la economía del pueblo se sostenía de los viajeros y estos llegaban a ser detenidos uno o varios días por alguna crecida de las aguas,  daba a los prestadores de servicio de uno y otro lado un superávit que  no les daría un puente.
Las quejas de arrieros, comerciantes y viajeros eran constantes pidiendo la construcción de un paso permanente, pero como solo iban de paso, las autoridades locales hacían oídos sordos, no había porqué matar a la gallina de los huevos de oro.

No se crea que la población local quedaba aislada durante esos días, recordemos que al menos había un paso para peatones debajo del Barrio de la Cruz y si la emergencia lo ameritaba, se acudía al pago de una canoa que tenía la concesión para atravesar personas, de uno a otro lado del río, su tarifa paraba en poder del clero local y no debió ser poco ya que motivó desacuerdos en cuál de las iglesias lo administraba. En el colmo de los acomodos, una disposición del virrey estableció que la revisión  de cargamentos y cobro de las alcabalas solo se debería hacer en este pueblo, así que, desde entonces, estando el río crecido o no, todos tuvieron que parar aquí, así que ¿Para qué un puente? Solo por guardar las apariencias, se formaban periódicamente comités de obras, se planificaba, se hacían colectas para su construcción, incluso hubo un par de puentes que hoy llamaríamos "hechizos",  pero todo quedaba ahí, hay bastantes documentos al respecto en el A.G.N.


Fotografía personal, el puente en 2003.
Llegado el siglo XVIII continuaba el auge minero, sobre todo en Guanajuato y la fundación de ciudades al norte y por tanto el aumento de viajeros, lo que motivó, además del crecimiento propio del pueblo y la diversificación de sus actividades, ahora sí sin objeciones, la construcción de un puente permanente, cuyo costo fue absorbido por la autoridad virreinal donativos de particulares.

Maestro mayor de arquitectura y carpintero de lo blanco

Para ello se requirió de los servicios de Pedro de Arrieta quien se presentaba como: "Maestro mayor de Arquitectura y carpintero de lo blanco”.  Nacido En Pachuca, se ignora en qué año, pero realizó estudios en la ciudad de México, donde se examinó en 1691. Favorito de la corte, desde joven hizo trabajos en distintos templos y edificios de la capital. Antes de emprender la obra del puente, había trabajado en la catedral de Valladolid (hoy Morelia) y en el palacio de la inquisición en México.

Característica de sus diseños fue siempre el empleo, como parte estructural y ornamento en sí misma, de la piedra habida en la localidad donde realizaba sus obras, si era volcánica, mejor. Los contrastes que a las fachadas daba ese tipo de piedra, hasta entonces no habían sido probados, la ornamentación la daba el aplanado posterior a la obra negra, la cantera solo se usaba en ornamentos aislados, él cambió el concepto, en sus obras, la piedra fue todo, base, adorno y fachada.


Fotografía personal,  el soberbio arco central, la cantera morena en su esplendor
Llegado a San Juan del Río, se encontró con la abundancia de una piedra volcánica con la que hasta entonces no había trabajado, la cantera morena sanjuanense, de color café con manchas negras, ninguna era igual, aunque procediera del mismo banco, una especie de mármol local, con el que se había construido todo el pueblo desde casi ciento cincuenta años antes, aunque solo como material de base, nunca como totalidad. La facilidad para moldear esa piedra y el hecho de tener yacimientos inmensos apenas a orillas del pueblo le decidió a trabajar con ella, a pesar de correr un riesgo, su resistencia a la carga. Cierto, la ciudad había sido construida con cantera morena, pero nunca en bloques tan grandes como los que él utilizaría, las casas la tenían, pero unida con mucho lodo o argamasa, él solo emplearía esta en las juntas. Se atrevió y triunfó.  El resultado fue un puente que maravilló a todo el virreinato y  hasta el final de su vida lo ostentó como carta de presentación.  Cuando en 1720 pide ser nombrado Maestro mayor de la catedral de México y de las Casas Reales, con orgullo argumentó  "… Y por mandato del excelentísimo señor duque de Alburquerque hice la puente de San Juan del Río, que es una de las obras de mayor importancia y utilidad de todo el reino como es notorio… "
Huelga decir que obtuvo el nombramiento fácilmente y muchísimas más obras, entre ellas la antigua colegiata de Guadalupe, es decir la después Basílica, donde, con otra piedra volcánica, la chiluca roja, dio rienda suelta a su fascinación por la piedra descarnada en su fachada. La mayoría de sus trabajos ya se han perdido y una de sus creaciones lo perdió a él, al trabajar por segunda vez en el Palacio de la Inquisición, contrajo una deuda con la misma, que confiscó todos sus bienes, sobre todo obras de arte. Murió el 15 de diciembre de 1738, endeudado aún, la magnánima inquisición pagó sus funerales.


Fotografía personal,  (de ayer sábado) antes carretas. Hoy, más de 300 años después automóviles en la "garganta de tierra adentro"
El  9 de enero de 1710 inicia la construcción del puente sobre el río San Juan, concluyendo el 23 de enero de 1711. Cumplió recientemente 300 años de servicio casi ininterrumpido, es él, por su forma, la verdadera “garganta de tierra adentro”.

Fotografía personal, el puente en la tumba de Rafaela Díaz, 1869 en el Panteón de la Santa Veracruz

El puente en el escudo municipal


Puente que va a tierra adentro..

 Llamado inicialmente “el puente que va a tierra adentro” después “el Puente de San Juan del Río” y más recientemente “Puente Nacional”. Localmente se conoció siempre como “el puente de piedra” (para diferenciarlo del “de fierro” dos kilómetros río abajo, por el que cruza  el Ferrocarril) o "puente de la Venta". ( Por la hacienda en su lado poniente) En 1981, un funcionario del entonces gobierno municipal,  el Lic. Felipe Muñoz, indirectamente lo bautizó como “el Puente de la Historia”, que es como se le conoce ahora.

Su sobria belleza, la simetría de su diseño, y sobre todo su utilidad le han valido elogios de los viajeros de todos los tiempos que han transitado sobre él, describiéndolo en crónicas y reseñas en libros de México y el mundo, la más curiosa, la de un despistado viajero ruso, el barón Ferdinand Petróvich, quien seguramente iba dormido cuando pasó sobre él en el año de 1836 y años después, al escribir su libro seguramente confundió sus apuntes ya que lo nombra “el acueducto de San Juan del Río”, con arcos, como el de Querétaro.
Ha sido también pretexto para  su mención o reproducción en poesías, acuarelas óleos (el más famoso, el del pintor local Orozco) y en diseños de papelería oficial y comercial.

 (continuará)

Artículo de redacción propia

domingo, 5 de octubre de 2014

Don Guadalupe Perrusquía, otro sanjuanense olvidado




 Guadalupe Perrusquía


Fotografía personal. Panteón de la Santa Veracruz, ideado por Perrusquía
En anteriores ocasiones he hablado del mapa de Ignacio Pérez que dibuja nuestra ciudad a fines del siglo XIX, su autor dice que tomó como base otro anterior, de la época de la intervención francesa realizado por Guadalupe Perrusquía y Mr. Chambeau, “Captan” ayudante mayor del 99 de línea. (Un militar extranjero)  Hoy me referiré a don Guadalupe Perrusquía ya que de no ser por dicha mención y algunos datos aislados que nos da Rafael Ayala, su nombre estaría perdido. Se elabora esta entrada con objeto de recordar en algo su vida, es de esos personajes que tanto hicieron y tanto quedaron en el olvido.
Plano de Ignacio Pérez. Encabezado, basado en el de Perrusquía

 SU ORIGEN

Nacido en la ciudad de Querétaro, a principios del siglo XIX, lugar a donde la profesión de su padre, había llevado a la familia. Fue hijo del más destacado escultor sanjuanense de todos los tiempos: José Mariano Perrusquía y Rubio cuya calidad artística le implicó recorrer gran parte del centro del ya agonizante virreinato, entre sus obras destaca el San Juan Bautista del viejo Templo del Sagrado Corazón de nuestra ciudad. Su madre fue la Señora Francisca Torres, de la que no se tienen mayores datos. Se desconoce de él la primera mitad de su vida y su fortuna, su padre por su profesión pudo haber sido o muy pobre o muy rico, pero existe el antecedente que la familia paterna fue dueña de la Hacienda de Santa Cruz Nieto, lo que pudo darle una posición holgada que le permitió estudiar, seguramente en México, la carrera de Médico cirujano. Reaparece en San Juan del Río en el año de 1837 cuando se casa con la Señora Vicenta Gutiérrez Chaparro, con quien procreó cuatro hijos; Magdalena, Manuel, Merced y María Josefa, esta última nacida en 1847.


VUELTA A SAN JUAN

No se sabe si vivía en otro lugar, parece ser que su esposa murió en el parto o poco después del nacimiento de su última hija, pero a partir de 1847 lo tenemos ya indudablemente avecindado en  la calle de Don Esteban N° 18  (En o cerca de donde hoy está una Caja Popular) en pleno Barrio de San Miguel, donde residía para entonces la aristocracia del pueblo, por lo que debió ser una persona acaudalada que creó o acrecentó relaciones con las poderosas familias conservadoras que eran sus vecinos.

Siendo ya viudo, no tardó en encontrar pareja de igual condición y vecina de  la casa de al lado, el No. 20 de la misma calle; la viuda del Gral. Juan Domínguez; Ignacia Quintanar, con quién se casó en 1851, formando una nueva familia, conformada por los hijos de sus anteriores matrimonios. (Ellos ya no tuvieron hijos propios, él tenía aproximadamente 38 años y ella 51 a la fecha de su boda)

Don Guadalupe sin duda es la persona que más moldeó el viejo San Juan del Río, del que de todos nos acordamos y existe bajo la modernidad. Basten algunos pincelazos, tomados a discreción tanto de las obras de Cano Sordo y Ayala, como del periódico la Sombra de Arteaga en sus primeros números.
SU OBRA
Quizá por sus antecedentes artísticos  y sus relaciones familiares directas o políticas, pero indudablemente por su gran capacidad intelectual y artística, al poco tiempo ya formaba parte del Ayuntamiento e indispensable para elaborar proyectos urbanos. Ignoro si entonces los puestos municipales fueran redituables en lo económico, seguramente eran más honorarios que otra cosa, así que todo lo que hizo fue en desinteresado afán de servir a su pueblo, ser útil, poner su sabiduría y destrezas a cambio de nada. Seguramente tenía caudales de sobra para retirarse a vivir holgadamente pero dedicó la segunda mitad de su vida al servicio público, destacando lo siguiente:

-1853 Proyecto del nuevo panteón de la Santa Veracruz. Prefecto de la ciudad.

-1856 Levantamiento del plano de la hacienda de la Lira.
-1870 Médico del hospital y la cárcel.
-1873 Miembro de la comisión encargada de buscar el sitio para almacenar agua para el servicio público.
- Pugnó porque los capitales donados por su segunda esposa se destinaran a obras pías.
- Realizó el plano moderno de la ciudad.
-Junto a Macotela, investiga daños causados por inundación del río, proyectando, financiando y construyendo los diques en la hoy parte trasera de B. Hidalgo y Av. Juárez.
 -Intervino en la zanja para regadíos del barrio de la Cruz.

-Hizo el presupuesto para la toma de agua de la acequia en la presa.

-Proyectó la demolición del curato viejo y casa municipal para alinear el jardín y  secciones alrededor de la hoy plaza de los fundadores. (Salitrera y de la Amargura)

- Proyectó una alameda en  los terrenos sobrantes del hospital de San Juan de Dios.
- Intervino en todo asunto que requiriera mediciones y deslindes, cálculos y proyectos.

Durante cuatro años, entre 1855 y 1859 se trasladó a la ciudad de México, a ejercer su profesión de Médico, pero regresó a nuestra ciudad y continuó su labor pública. Al parecer para siempre. Solo abandonó otra vez la ciudad a la muerte de su esposa, en 1865, en la ciudad de México, en casa de una de las hijas del General Domínguez.

SU LEGADO

Caso extraño, de su primer familia, su hijo Manuel, casado con otra sanjuanense, Ramona Torres y Layseca fue padre del primer gobernador constitucional del estado tras la Constitución de 1917, Ernesto Perrusquía Layseca, amigo personal de Venustiano Carranza, quien se avecindó en Tequisquiapan hasta su muerte en 1946. Por otro lado, una de las hijas de su segunda esposa, Refugio, casada con el español Pedro Argaín, fue madre de Salvador Argaín Domínguez, también gobernador del estado, por 1920. Ha habido un trío de familias queretanas que han tenido dos gobernadores, pero familia política, creo que es el único.
Ernesto Perrusquía, gobernador del estado, nieto de don Guadalupe.
Ernesto Perrusquía, junto al Presidente Carranza
 Dada la importancia de ambas familias, emparentaron en años posteriores con otras de las más acaudaladas de nuestra ciudad, llegando sus descendientes hasta el siguiente siglo,  baste mencionar algunos de los apellidos: Layseca, Sordo, Magdaleno, Guerrero, Rodríguez Saro etc.

Mausoleo de Don Guadalupe Perrusquía en el Panteón 1
Detalle del mausoleo




Detalle en el museo de la Santa Veracruz




Descendientes de Don Guadalupe, junto a su mausoleo.  Don Edmundo fue empresario ganadero de nuestra ciudad. 

Finalizo diciendo que por sus dotes, todo aquello que la actividad municipal le dio el menor resquicio, fue abordado por Don Guadalupe Perrusquía. Murió el 31 de julio de 1879, siendo sin duda, la persona que más de sus sueños vio consolidados, algunos perduran hasta hoy, cuando pocos recuerdan siquiera su nombre. Extrañamente, a pesar de haber ideado el panteón de la Santa Veracruz, fue sepultado en municipal junto al río, todavía existe su mausoleo, adosado a la barda que da al poniente, se distingue por adornos en forma de calaveras, idénticos a los de cantera que adornan los arcos invertidos del mirador de la Santa Veracruz, no sé si el escultor aún vivía pero hoy puede admirarse el mismo diseño.
Desafortunadamente no he localizado ninguna fotografía suya, me dicen que hay una pintura, a ver si pronto


 Más información de las familias Domínguez en la siguiente liga: http://iztacchichimeca.blogspot.mx/2014/06/como-dijo-juan-dominguez-no-me-olviden.html




viernes, 26 de septiembre de 2014

Camino Real de San Juan, no me quisiera acordar.

Retomo hoy la actividad del blog, con temas pendientes. Esta vez con el llamado Camino Real, en su paso por San Juan del Río, solicitado por una seguidora. Aclaro que no hay escritos al respecto, así que lo expuesto son conclusiones o investigaciones de un servidor, como siempre, apoyado en muchos libros y materiales, pero en redacción propia.

UN NUEVO ORDEN
Una vez conquistado el imperio azteca, los españoles empezaron a extender sus dominios, labor que les llevó más de doscientos años y lo hicieron por los antiguos caminos prehispánicos, que los había desde siglos atrás, como parte de las rutas de comercio que muchas veces también lo fueron para la guerra.

Desde el período clásico, por la extensión del imperio teotihuacano, todo Mesoamérica estaba comunicada. Dado que los traslados se hacían a pie, no había casi nunca necesidad de obra alguna, simplemente se buscaba la ruta más corta, lo demás lo hacían los pasos de los caminantes, cargados o armados. Lo que si fue indispensable era que hubiera lugares de aprovisionamiento intermedios, si no existía un pueblo aliado o sometido, se creaba una guarnición armada.
Con la contracción de la frontera mesoamericana y después por el decaimiento del imperio tolteca, que había logrado extender la comunicación hasta los actuales estados fronterizos de nuestro país, muchas de esas rutas largas fueron abandonadas, especialmente los estados del hoy llamado Centro Norte (Guanajuato, Querétaro, San Luis Potosí, Aguascalientes, etc.) Lugares donde había existido civilización mesoamericana, incluso grandes ciudades pero que se redujeron a pequeños poblados y aldeas donde los pocos habitantes se hicieron autosuficientes y con relaciones solo con quienes estaban a corta distancia, situación que los aisló  e hizo presa fácil de los grupos chichimecas que impusieron su dominio.

En el actual territorio de San Juan del Río, como parte de esa zona, hubo caminos muy antiguos. Es materia pendiente su estudio a detalle. Por evidencias arqueológicas, el más antiguo iba bordeando las barrancas al sur del municipio: San Sebastián, la Muralla Vieja, Santa Rita, la Magdalena, Cerro de la Cruz, Potrerillos, San Mateo, Huimilpan,  Apápataro y el Pueblito.  El Rosario y la Estancia se agregarían más tarde como puntos intermedios durante la dominación teotihuacana.
Fue este el camino que encontraron los primeros españoles que llegaron a nuestro territorio, en una serie de pequeños poblados, ruta que hoy parece poco práctica por pasar por lugares  insignificantes, pero que brindaba cruzar siempre con seguridad. Su incomodidad para el paso de hombres a caballo y más aún para carretas determinó que se fueran abandonando algunos de los tramos más agrestes.

De inicio los españoles solo utilizaron los caminos prehispánicos más transitados y seguros, que eran los de los aztecas: la zona del Golfo y el sureste. Por el lado del Atlántico se utilizaba la ruta de Michoacán hasta Jalisco y Colima. Hacia el norte el imperio azteca solo llegaba a algunas poblaciones del hoy estado de Hidalgo y al señorío de Jilotepec, cuyos imprecisos confines colindaban con el territorio de los indómitos chichimecas, lo que de inicio lo hizo poco atractivo.

En esos desolados sitios, existía desde la etapa clásica un poblado de regular importancia que había decaído hasta quedar a inicios del siglo XVI únicamente como guarnición mexica ante las incursiones tarascas. Se desconoce el nombre original del asentamiento, los aztecas le llamaron Iztacchichimeca, “chichimeca blanco (a)” (nombre correcto, el otro, "tierra blanca de chichimecas", es acomodo posterior, etimológicamente no corresponde) por un cerro cercano, que era lo que más destacaba. Tan pobre era el lugar que cuando Cortés dio la encomienda de Jilotepec a Fernando de Cantillana, este la rechazó por parecerle poco atractivo. El pequeño pueblo hoy se llama San Juan del Río y el cerro se llama “de la Venta”. (Para quien no lo conoce, ver la fotografía del encabezado de este blog)

Poco a poco, sobre todo por las incursiones de Nuño de Guzmán, el tránsito de viajeros fue tomando derivaciones de los caminos del  Pacífico y la costa veracruzana hacia los lugares del centro del país que se iban colonizando, detonándose en algún momento a partir de la década de 1540, ante el descubrimiento de minas de Plata en Zacatecas, Guanajuato  y San Luis potosí. Es entonces cuando se traza un camino en forma, para dar servicio a los cada vez más numerosos viajeros. Es el  llamado camino Real de Tierra Adentro, desde la capital del país hasta los centros mineros, ubicados todos en lo que se llamó la Gran Chichimeca.
La incomodidad del viejo camino para el paso de hombres a caballo y más aún para carretas determinó que fuera sustituido en algunos tramos y favoreció el paso por nuestra hoy ciudad, en terreno plano. Así, el nuevo derrotero del camino fue por San Sebastián de las Barrancas, el Rodeo, Guadalupe de las Peñas, San Juan del Río, La Estancia, San Mateo, etc.

EL CAMINO EN SAN JUAN
Mapa de 1850, el Camino Real definitivo en su paso por San Juan del Río.

No se tiene la fecha exacta ni qué fue primero, el pueblo o el camino, pero para 1558 ya se tiene un pueblo de Indios  y su camino como punto intermedio entre México y Querétaro: San Juan del Río, trazado al lado del viejo Iztacchichimeca, cuya población aumentó exponencialmente con la llegada de Inmigrantes de Jilotepec, atraídos por el paso de viajeros como punto de abasto.

Plano de San Juan del Río, 1590,el camino, todavía marcado con huellas de pies desnudos,  antes de entrar la venta de Lucas de Lara, a la salida la otra venta.

No he podido determinar la relación exacta de este camino que atravesaba el pueblo por su centro con el otro contemporáneo que es el llamado “camino que va a las Zacatecas”, supuestamente trazado por Sebastián de Aparicio, que pasaba por San Nicolás, Tequisquiapan y la Llave, con rumbo a Querétaro, no sé si venía en forma independiente del hoy Estado de Hidalgo y fue el primero y luego lo unieron con San Juan, o iniciaba en este pueblo y fue quedando en desuso.
Es importante aclarar que hubo muchos Caminos Reales, llamados así por ser  propiedad del rey. Se les daba esta calidad para que no fueran afectados ni se construyera sobre ellos. El hoy relatado fue el más importante, pero hubo muchos otros también llamados “Reales”, en San Juan los más conocidos fueron el camino Real al Rodeo y el Camino Real de Santa Rita.
Parece que inicialmente la entrada a la ciudad después de San Sebastián de las Barrancas fue por el Rodeo, la orilla de Guadalupe de las Peñas y la actual calle Melchor Ocampo, antes llamada “Coporo”, (aunque se dice que se llama así por su parecido con el Fuerte de Cóporo, Guanajuato, donde combatieron en la guerra de independencia los hermanos Rayón, hay documentos de la época colonial donde ya se llamaba así) una palabra tarasca que no casualmente significa “junto al camino grande”.

Tomamos ahora el trazo definitivo del llamado Camino Real de Tierra Adentro, en su paso por el municipio de San Juan del Río, que iniciaba en la capital del Virreinato y alguna vez terminó, con muchos ramales en el lejano Santa Fe, Nuevo México. En el estado de Querétaro sigue aproximadamente el trazo de la actual autopista México – Querétaro, que no lo cubrió, aún quedan muchos vestigios de él, como carreteras secundarias y caminos vecinales o abandonados.
Desde la ciudad de México había varios ramales: Jilotepec, por Tula, Aculco, etc. Pero todos se unían en el actual Arroyo Zarco, Estado de México, donde había un mesón. De ahí se dirigía a un lugar llamado “la Soledad” que es el actual Polotitlán y pocos kilómetros después entraba a nuestro municipio.
El primer punto sanjuanense que tocaba eran los llamados llanos del Cazadero, aunque no en la importante hacienda, sino un lugar cercano, el "Rancho del Cazadero” pasando después por la Venta de Palmillas, otro mesón, origen del moderno poblado de Palmillas, e inmediatamente al Rancho de la Palma, (actual Palma de Romero, comunidad ubicada entre los dos carriles de la Autopista) donde iniciaba la “Cuesta de los Colgados”. El desnivel de la actual autopista lo libraba el camino bajando en  gran parte por el hoy Parque Industrial oriente de nuestra ciudad a un lado del cerro Pedregoso y llegar a lo que es avenida Tecnológico, terrenos que fueron de la hacienda- venta de San Cayetano. (La venta o mesón más antiguo de la ciudad, el plano de 1590  la consigna como “la benta de Lucas de Lara”) Su edificio, en ruinas para la década de 1960,  era un enorme galerón de adobe derrumbado completamente al hacerse la carretera a Tequisquiapan, que pasa sobre una de sus esquinas. Se ubicaba aproximadamente en la cuadra donde hoy está el negocio de carnitas “el Quinto Taco”, en la Colonia Juárez. Hasta hace pocos años en la calle estaban tiradas unas grandes piedras de cantera que fue lo único que quedó. A su lado tenía un bordo rodeado por enormes árboles, en la década de 1970 ahí se construyó la empresa Kimberly que aún mantiene en su entrada uno de esos fresnos.  (De ahí viene el nombre de la Colonia San Cayetano y del Igual llamado Infonavit, construidos en la década de 1980  en lo que habían sido terrenos la hacienda, alguna vez parte del Mayorazgo de la Llave)

 EN LA CIUDAD
Pasando la hacienda, el viejo camino tomaba la actual Avenida Juárez Oriente, moderno Boulevard trazado sobre una especie de barranca poco profunda pero bastante pedregosa, en cuya acera sur, a unos 100 metros de la venta, se encontraba la entrada al pueblo, marcado por unos pilares y un pequeño edificio que había sido la garita de México, especie de aduana que sobrevivió hasta 1960.  De ahí seguía adelante, hasta la "Curva", donde concluía la barranca mencionada, que arreglos y rellenos han suavizado. Ahí iniciaba el área urbana de la ciudad, actual Avenida Juárez. (Sirva este dato para corregir a quienes dicen que el camino Real bajaba por la actual calle Panamericana, no es cierto, sí pasó por ahí la carretera Panamericana, no el camino Real) Ahí empezaba la zona de mesones, menciono los nombres de los más antiguos que he encontrado, ya en otra entrada abordé los últimos, ignoro si son los mismos y cambiaron sus nombres: Mesón de Arriba, Mesón de Mijares, de Abajo, de Don Esteban, Nuevo, de Carranza. etc.
Ya en plena urbanización, a la vera del camino, hubo dos edificios emblemáticos:

Fotografía personal: Antigua Cárcel, a su lado (casa amarilla y posteriores) estaba el Juzgado de Registros, en pleno camino Real.

El más antiguo, fue la cárcel, ubicada en el hoy Centro Histórico y Cultural, que a su lado y probablemente ocupando toda la cuadra desde el siglo XVI, tuvo la administración virreinal, que inicialmente fue el lugar donde se hacía la revisión de ganado rumbo a las minas y los nuevos territorios. Todo aquel que acarreaba unos cuantos o miles, tenía la obligación de registrar en este edificio, que tenía grandes corrales para su función, de ahí lo ancho de la calle, (no existía el jardín de la familia ni la iglesia adjunta) incluso había un funcionario especial para tal labor, el juez de registros. Solo sobrevive la vieja cárcel, muy remozada, pero que conserva partes muy antiguas.

Fotografía personal: Antigua casa de las Diligencias, a la vera del camino Real, hoy asfaltado
Al disminuir el paso de ganado y aumentar carromatos y viajeros, un par de cuadras adelante se construyó la “ casa de las Diligencias” especie de aduana, entre particular y oficial donde  se revisaba pasajeros y equipaje, se dice que al entrar se cerraba el portón y nadie podía salir hasta hacer la revisión completa. (La salida era por su parte trasera, actual calle 27 de Septiembre) También remozada, con agregados y divisiones, permanece completa, fue usado ya en este siglo como casa habitación,  biblioteca, banco, local de comercios, billar y restaurante. 

El trazo del Camino Real por esta misma avenida fue realizado sorteando pequeños arroyos, que tenía originalmente, sobre todo después de esta casa, es la razón que no esté recta y  tenga curvas que no se explican si tenían terreno libre para hacerla recta, lo que se repite hasta la salida del área urbana, junto al puente del río, hoy de la Historia, poco antes del cual estaba, en la acera norte, la garita de Querétaro, no tengo su ubicación exacta pero debió ser en alguna parte del predio que hoy ocupa la Comercial Mexicana.
El pueblo solo tuvo puente sobre el río hasta el siglo XVIII. Muchos se preguntan por qué, la respuesta es sencilla: No convenía a la economía local. En época de lluvias las caravanas tenían que esperar varios días para poder cruzar y en esos lapsos debían consumir los productos y servicios ofrecidos en los mesones, quizá si lo hubiera tenido desde el principio, no se hubiera desarrollado como lo hizo, probablemente esa omisión significó pasar del pequeño Iztacchichimeca, al pujante pueblo.
Inmediatamente después del río se encontraba otra venta, la del Refugio, que también reconstruida  aún sobrevive como hotel. Desde el siglo XVI se tienen noticias de una en este sitio. Al pasarla se tenían dos opciones de camino, uno muy pedregoso y otro más plano,  no sé cuándo se unirían, son mencionados separados en el siglo XVI pero luego solo se consigna uno, que pasa por la orilla de la autopista y cruza el poblado de Santa Matilde antes de llegar a la hacienda de la Estancia, a 10 km de San Juan del Río.

Antes del auge minero, el camino original tomaba desde esta hacienda el rumbo de Huimilpan, por los actuales poblados del Batán, (de San Mateo), Apapátaro,  el Cimatario  y el Pueblito, donde terminaba. Una desviación llevaba a Querétaro. Lo extraño de este trayecto se explica porque el actual tramo directo estaba entonces despoblado, incluso Querétaro era muy pequeño, era más importante el Pueblito. Solo a partir de 1580 con el auge minero se hizo el trazo directo de San Juan a Querétaro, con punto intermedio en Arroyo Seco, actual Pedro Escobedo, hasta donde llegaba la jurisdicción de San Juan. Para entonces Querétaro ya era cruce de caminos a Zacatecas  San Luis y Guanajuato y el Camino  real inicio su apogeo, se dice que hasta ahí llegaban las carretas tiradas por Bueyes de Sebastian de Aparicio,  primer transportista de nuestra historia, que tenían su paradero en lo que hoy es la Colonia "Carretas "de la capital queretana, de ahí su nombre.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Hombres lobos en San Juan del Río, perdón lobas

En atención a la preferencia de los seguidores del blog y a un amigo que no ha visto la película, presento esta entrada, algo extensa pero creo que les gustará, de una de las varias filmadas en nuestro municipio.



Preliminar

Aunque muchos ya no lo recuerdan, hubo una época entre 1958 y 1982 en que la humanidad estuvo en peligro. En muchos lugares del mundo, sobre todo en México, brotaron como hongos; seres sobrenaturales, entes diabólicos y mentes enfermas, desde asesinos, hombres lobo, vampiros y vampiras, zombis, espectros, hachas diabólicas, momias, (de Guanajuato y otros lares) cazadores de cabezas, Frankensteines,  brujas, profanadores de tumbas y todo lo que empezara con malo, quienes con apoyo de la magia negra, la televisión, cerebros diabólicos y tecnología de otros mundos, intentaron implantar su reino de terror. Incluso, en una año intermedio de esa era de oscuridad: 1971, el municipio de San Juan del Río vio perder su tranquilidad con la aparición, apenas a diez kilómetros de la cabecera de hombres lobo, perdón, lobas, o para no errarle: licántropos.

¿Cómo pudimos salvarnos de tan funestos personajes? Las nuevas generaciones, nacidos después de 1980, hoy presas del bullyng, el face, ciberadicciones y cualquiera de las nuevas siete plagas, están desprotegidas de esas amenazas, no tienen a quién recurrir, nosotros no lo estábamos, para defendernos de toda la parnafenalia del mal teníamos a un héroe de mil batallas, Santo, el enmascarado de Plata.

Primera estelar

Su nombre real fue Rodolfo Guzmán Huerta (1917-1984) luchador profesional desde los años treinta del siglo pasado. Merced a una rudimentaria pero efectiva mercadotecnia, se convirtió a través de cuarenta años de carrera en el superhéroe prototípico a la mexicana, popular pero efectivo, quien en un salto mortal, pasó del ring a las historietas y de ahí a la pantalla grande, protagonizando más de 50 películas, casi en todas en el papel de bueno (solo en una fue antagonista, en otra semiporno que hizo no sé cuál fue su rol, no la he visto) durante las cuales, sin más armas que sus llaves de lucha, en solo tres caídas con límite de tiempo, acababa con la amenaza en turno, fuera vivo o muerto, chico o grande, terrestre o espacial. Incluso se daba el lujo de competir en las salas contra las protagonizadas por James Bond. Varias veces fueron mejores sus autos y damitas de compañía que los del 007.
En su tiempo estas cintas provocaban llenos en los cines, fueran estrenos o mil veces vistas, lo que dio pie a la aparición de un nuevo género, el cine de luchadores,  muchos de  sus colegas lo acompañaron en sus morrocotudas misiones, otros hicieron producciones independientes que nunca tuvieron su arrastre. Oficialmente el género murió allá por 1990 con las películas de Octagón y Atlantis, pero el Santo se cuece aparte, la producción de sus películas fue de buena a completamente mala, de lo sublime a lo kitch, igual ocurría con sus guiones, de pésimos a terriblemente malos, sin embargo, en la actualidad, siguen siendo vistas con gran éxito en todos los medios posibles y lo relacionado con él ha formado un culto en México y muchos otros países del mundo.

 Mounstros en San Juan del Río
Siendo este un blog de Historia, me enfoco un momento a ella para precisar que en nuestra ciudad casi no hay leyendas o relatos de espantos, a no ser por la genérica llorona o las que se inventan los del Taxiván de leyendas. En la época antigua, en la calle Emilio Carranza, antigua “calle del Perro”, Ayala menciona que en ella aparecía “… un enorme perro negro, y que por el  hocico y ojos le salían grandes llamas. Cargado de cadenas, corría la calle todas las noches de un lado a otro”. No debió de ser tan temible, ya nadie se acuerda de él.

Ya en tiempos modernos, década de 1950, se decía que en la casa Colorada, cerca de la Estación del Ferrocarril aparecía un vampiro, (en realidad era solo una conseja para alejar a los menores del burdel que ahí funcionaba) por 1960, al aparecer otro en Cóporo,  se retomó la leyenda de la Llorona, con los mismos fines. Finalmente en los últimos años de la década de los 80s se propaló la historia de que existía un vampiro diurno en la ciudad de Querétaro y el chisme llegó a San Juan del Río, confundiéndose con la historia anterior de la Casa Colorada, se decía que vivía en las para entonces ruinas de un hotel de paso que estaba a un costado de ella, en la calle Hidalgo. En los periódicos de aquel tiempo, incluido el Sol de San Juan había notas de los lugares donde había sido visto el supuesto vampiro, después ya no se supo nada, supongo que en sus correrías se topó con el “chupacabras” otro mito de esos años que causó furor a nivel nacional  y no sobrevivió al encuentro.

 Santo vs. las lobas 


Retomando la filmografía del Santo, en 1972, año que se considera su época de oro,  se estrena otra  aventura del enmascarado de plata: "Santo contra las lobas", filmada un año antes con locaciones en nuestro municipio, específicamente en la vieja hacienda de la Estancia y sus alrededores.


Algunos la consideran como el inicio de la decadencia de sus producciones, otras dicen que es la mejor lograda, cuestión de gustos. Consigo a Ustedes los datos técnicos:
Director, guionista y productor: Jaime Jiménez Pons  Fotografía: Raúl Domínguez. Duración 85 min.
Reparto:Santo (como Santo El Enmascarado de Plata), Rodolfo de Anda (César Harker; Eric Harker), Gloria Mayo (Adriana), Jorge Russek  (Licán), Federico Falcón (Jaime Pons), Erika Carson  (joven Luba), Nubia Marti (Eloísa), Carlos Suárez (Gitano), Rosa Furman (Ana), Bruno Rey (Capitán Pacheco), Tamara Garina (vieja Luba), Carlos Jordán (Dr. Jeremías Marcus), Emilia Carranza (Julieta).

La historia se desarrolla en un pequeño pueblo, donde Luba, reina de los licántropos busca reencarnar lográndolo en una joven que, aclamada por los lobos buscará destruir a los humanos y controlar el mundo. Para ello, primero buscarán acabar con los que conocen  sus intenciones y con el Santo, quien tratará de terminar con la maldición de los hombres lobo antes de que llegue la “gran luna roja”  porque una leyenda dice que solo podrá acabar con ellos...  un símbolo de plata. Todo esto conocido por un investigador que se lo comunica al enmascarado.

Mientras Santo está en una lucha,  el investigador y Luba mueren en una pelea. Para entonces, ya ha llegado, vía ferrocarril, una caja que contiene el cadáver de Licán, rey de los hombres lobo, quien revivido por sus seguidores pide una nueva reina, que será una de las jóvenes del pueblo, lo que hace que el Santo se traslade ahí, y en memorable batalla, venza al clan en su propio escondrijo.
La trama está cargada de humor involuntario, filmada en una atmósfera oscura: su bajo presupuesto nos ofrece como lobas a unas simples viejas peludas, extrañamente, todas usan bikini; la secuencia donde el santo es perseguido por unos lobos invisibles que terminan siendo unos pinches perros flacos, pero que logran lo inverosímil, que huya de ellos como señorita y termine colgado de unas lámparas ¡pidiendo auxilio!; los lobos hombres que más bien parecen normales hombres crudos; la que toca el piano sin que sus dedos toquen las teclas; el hombre lobo que resulta ser bueno; que el rey llega de Transilvania, supuesta tierra de Drácula, es decir de la competencia, etc.

Lo interesante para el tema del blog es que fue rodada en la vieja Hacienda de la Estancia y en el moderno hotel "la Mansión". No conocí el casco  y hay pocas fotos de ella para comparar, por lo que no puedo asegurarlo, además de que nunca se sabe cuándo lo que se ve es real o solo escenografía. Por esas fechas ya estaba abandonada y próxima a ser inundada por las aguas de la actual presa “Constitución de 1917” Presento algunos fotogramas de escenas de la película que nos dan constancia. La Hacienda fue fundada en el siglo XVI, siendo una de las más productivas de la región. (Solo comparable a las de la Llave y Galindo) Con remodelaciones llegó al siglo XX, donde tuvo varios propietarios, de los últimos fueron la familia Fernández de Cevallos.  A veces, cuando el nivel del agua baja es posible ver parte de lo que fue la capilla del siglo XVII.


Fachada de la Hacienda hacia la plaza del viejo poblado de la Estancia
Desde el campanario, vista a la plaza del poblado viejo
 
Uno de los patios interiores de la hacienda



En lo alto de la hacienda, al fondo la capilla
En la vida real, el agua comenzaba a inundar los alrededores, véase el poste.

 
Al parecer estos serían anexos de la hacienda que los lugareños ocupaban como oficinas

 
Hotel la Mansión, construido en lo que era una de las trojes de la hacienda
En el moderno hotel, no recuerdo si el mural está en uno de los salones o en el bar "los cien tequilas"


Vuelo del Santo en la alberca del moderno hotel
El patio principal de la ya para entonces abandonada hacienda.


Una de las "peludas" al fondo los cuartos de la hacienda, esta imagen la tomé de internet
 Ultima caída

Después de toda una vida dedicada a hacer el bien, el santo fallece en 1984. Cuando ya les había dado en la torre a las fuerzas del mal desde décadas atrás, en sus últimas actuaciones, incluso tuvo que lidiar con Capulina y unos Karatecas.
De la película, que aún se proyecta por televisión, se vende en DVD y se puede ver en youtube, lo mejor son los textos que acompañan la portada:


La "sinopsis"
Importante aclaración
Carlitos Suárez era el gitano pelón.
No exactamente con esta película, pero al evocar este luchador, la memoria de muchos sanjuaneses, nos lleva al viejo Cinelandia de la calle 16 de septiembre, donde en extraña catarsis dominical era común que la audiencia aplaudiera cuando el "Santos" (así le decíamos) lograba levantarse en el segundo round o acababa con alguno de sus moustrosos enemigos. Juro haber presenciado en la oscuridad de la sala como, en el lleno total,  cientos de personas  coreaban a viva voz ¡Santo, Santo, Santo! acompañados de aplausos, golpes en las butacas y pisadas en el suelo. Siendo estos momentos la única vez que los de la parte baja (lunetas) se unían a los de la parte alta. (Gradas) Al término de la película todo volvía a la normalidad y los de arriba, rudos de verdad, lanzaban hacia abajo, toda clase de objetos y líquidos, desde sintéticos hasta corporales.

Creo que esta no la han publicado los vecinos, es original y  espero que si la retoman no le corten como acostumbran para poder estar en el  Sol de San Juan por cuarta vez.


Si están interesados en el tema de La estancia, pueden dar clic, en los siguientes enlaces :

La presa de la Estancia o el hundimiento de la fe

Especial de la estancia 1

La alucinante plaza de la Estancia

Un culto insólito en la estancia

El Acapulco de tierra adentro

La doble resurrección de un asentamiento

Había una vez una capilla